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 3.292 Lectores conectados [ Comunidad de Cams +18 ]  23.935 Autores | 139.911 Relatos eróticos 
Fecha: 17-Sep-23 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Volviendo a sentir 2

Apasionado 2
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Volviendo a sentir 2

La lava salía como un géiser enrabietado, al tocar el agua del lago se creaba vapor y este estaba subiendo la temperatura paulatinamente, además era un calor muy húmedo. Tuvimos que apartarnos unos cien metros para que aquel calor no nos abrasara la piel, todavía tenía el miedo en el cuerpo, pero la verdad es que me sentía bien, habíamos conseguido detener un cataclismo. Mire a Illia él seguía con un semblante muy serio, me acerque a él.

• ¿Qué ocurre Illia?

• Calculo que la lava seguirá saliendo, durante aproximadamente una semana.

• ¿Seguimos en peligro?

• Al ser una caldera artificial, no puede adivinar como se comportara.

• ¿Qué quieres decir?

• Cuando es una caldera creada de forma natural, el magma asciende del centro de la tierra hacia arriba.

• Eso lo entiendo.

• En esta caldera, el magma se ha creado de la nada, la caldera podría derrumbarse en vez de enfriarse como lo haría una natural.

• Pensaba ir a buscar a Isabella, pero por lo que dices tal vez sea mejor que siga con sus tíos.

• Sí, será lo mejor, en una semana veremos si mis miedos se cumplen o, por lo contrario, estaba exagerando.

Aquella noche no dormí nada, el sonido de la lava saliendo de aquel agujero sonaba como el rugido de una bestia, el vapor había hecho que la temperatura alrededor de aquel géiser fuera infernal, eran las dos de la mañana y el termómetro marcaba cuarenta grados. Busque a Illia por toda la casa, se encontraba sentado en el porche con el portátil apoyado sobre sus piernas y tecleando datos en un programa que no conocía.

• ¿Tú tampoco puedes dormir Illia?

• Con este calor es imposible, además me están llegando muchos datos que tengo que comprobar.

• Dime que va todo bien.

• De momento todo va según lo planeado, la caldera empieza a enfriarse, así que si todo sigue así, la crisis estará resuelta – dijo Illia sin levantar la cabeza del portátil.

Me era imposible no mirarle, esa noche me la pase viéndole trabajar. De vez en cuando me miraba de reojo y sonreía, para cuando nos dimos cuenta empezó a salir el sol, más calor todavía. Illia cerro su portátil y lo puso a cargar, se estiró y cogiéndome totalmente desprevenida, se acercó a mí y me beso apasionadamente, roja como un tomate lleve las yemas de mis dedos a mis labios y sonreí tímidamente entonces le mire y le dije.

• ¿Y esto?

• Muestras de cariño hacia mi novia – decía con una sonrisa.

• ¿Novios?, que yo sepa no me lo has pedido.

• Eso ya no se estila mujer.

• Además, ¿quién te ha dicho que aceptaré ser tu novia?

• Tu lenguaje corporal – se echó a reír en cuanto soltó la frase.

No le faltaba razón, cada vez que estaba a su lado, mis manos sudaban y me costaba hablar sin tartamudear, le mire y le dije que aceptaría si me lo pedía como era debido, con una cena en un buen restaurante. Me miro y me dijo que eso estaba hecho, conocía un restaurante no muy conocido a las afueras de Nápoles, pero que daban de comer muy bien. Le miré sonriendo y le dije que le llevaría a una cafetería donde se desayunaba muy bien, la cafetería estaba regentada por una muy buena amiga, su nombre era Andrea.

Andrea era la única de mis amigas que estaba al margen de este mundo lleno de violencia del que proveníamos Illia y yo. Después de ducharnos nos pusimos ropa cómoda y nos montamos en mi todoterreno, no tardamos nada en llegar, no habíamos ni aparcado cuando el móvil de Illia empezó a sonar, este se bajó del todoterreno para dejarme aparcar mientras atendía la llamada. Aparque y me indico que fuera pidiendo un café con leche sin azúcar para él, al entrar Andrea me esperaba fuera de la barra para abrazarme como acostumbraba a hacer.

• ¿Dónde has dejado al terremoto?

• Está en el norte con sus tíos.

• Me alegro de que vuelvas a tener relación con tu hermano y siento la muerte de tu padre, de tu otro hermano mejor me callo.

Entonces Andrea miro por la ventana y vio a Illia, seguido me miro a mí y me dijo.

• ¿De dónde has sacado a ese pichón?

• Es Illia, mi casi novio – dije mientras le miraba.

• Con que, ¿casi novio, eh? – dijo Andrea mordiéndose el labio.

• Andrea, que nos conocemos, no líes una de las tuyas.

Andrea se empezó a reír, dejo de hacerlo cuando Illia entro en la cafetería y se puso a mi lado. Si Illia de lejos era guapo, de cerca era guapísimo, Andrea se quedó con la boca abierta incapaz de decir su nombre para presentarse. Illia y yo estallamos en una carcajada, Illia fue a darle la mano cuando Andrea se adelantó y le dio dos besos una vez se recuperó de la sorpresa, Mientras él iba a coger una mesa yo me quede esperando a los cafés, aproveche para ponerme al día con Andrea.

Una vez con los cafés me dirigí hacia la mesa que Illia había elegido. Vi que estaba absorto en sus pensamientos y había algo que me quería decir, pero le daba miedo o vergüenza.

• Venga pregunta.

• ¿Entre vosotras dos hubo algo verdad? – su pregunta no tenía mala intención.

• Sí, en la universidad, nos liamos un par de veces, después no volvió a pasar nada hasta la traición de Leandro.

• Ya…

• Illia, Andrea, me ayudo mucho, estuvo a mi lado en uno de los peores momentos de mi vida, solo paso una vez más, después las dos nos dimos cuenta de que el sexo estaba muy bien, pero podía complicar nuestra relación de amistad.

• Lo siento Antonella, son mis inseguridades las que hablan.

• Tranquilo, ahora mismo la que tendría que estar preocupada soy yo – Illia me miro asombrado y rojo como un tomate.

Illia agacho la cabeza y empezó a contarme un suceso del pasado que lo dejo marcado, después de que Boris propiciara que no nos volviéramos a ver. Illia pensó que no volvería a enamorarse de nadie más, que inocentes somos los humanos cuando somos jóvenes. Irina habló con su hijo y le dijo que las cosas no funcionaban así y que se volvería a enamorar, cosa que paso pasado un tiempo. Su nombre era Anastasia, la mujer por la que me olvido durante un tiempo.

En el rostro de Illia se podía ver el dolor mientras me lo estaba contando, Illia era hijo de Boris, uno de los hombres más poderosos, sumado a esto, estaba la belleza de Illia así que Anastasia se enamoró perdidamente de él. El problema vino cuando ella se dio cuenta de que Illia no tenía nada que ver con su padre, Anastasia se empezó a alejar de Illia, él no entendía a que venía ese cambio de actitud, todo quedo claro la noche que descubrió que esa falta de interés era porque ya había encontrado un recambio para él.

El problema era que ese recambio no era otro que Boris, Illia se rompió mientras me contaba como descubrió el engaño por pura casualidad. Aquella noche había quedado con su madre para cenar, la casa de Anastasia quedaba de camino. Al pasar delante de esta vio el coche de su padre aparcado. Llamo un par de veces, pero nadie contesto, así que decidió quedarse y esperar a su padre. Llovía, pero eso a Illia le daba igual, llamo a su madre llorando y le dijo que zanjaría ese problema esa misma noche.

Habían pasado dos horas y estaba empapado, pero Illia no se había movido ni un ápice, entonces la puerta del portal se abrió y padre e hijo se vieron cara a cara. Illia paro su relato y apretó sus puños con fuerza, una vez recuperada la calma siguió con el relato. Se abalanzó sobre su padre, conectando un puñetazo en todo el rostro que hizo que este cayera al suelo, de repente Illia se vio rodeado por hombres armados, todos bajaron las armas al ver que era Illia quien había golpeado a su padre. Boris se levantó y paso al lado de su hijo sin decir nada, Illia miro al portal viendo a Anastasia mientras esta se tapaba la cara con las manos.

• Ya veo, ¿y te crees que yo te haré lo misma verdad? – dije algo molesta.

• No, Antonella, no creo que tú lo hagas, pero no puedo evitar sentir dudas, es muy confuso.

• Ahora mismo solo me importas tú, si esto no llega a buen puerto te aseguro que no será porque yo te sea infiel con un hombre o una mujer.

• Entendido.

Illia me miro más tranquilo y con una tímida sonrisa, entonces Andrea miro a nuestra mesa viendo como la miraba yo, trago saliva la pobre. Seguro que pensó que si se acercaba a Illia la estrangularía o algo, a Andrea le gustaba coquetear, tanto con hombres como con mujeres, conmigo lo hacía constantemente y seguro que cuando tenga confianza con Illia también lo hará. La diferencia es que yo confió en Illia, me ha demostrado su integridad con hechos, pero también confió en Andrea. Sabe perfectamente que me gusta mucho Illia, no irá a más, terminamos de desayunar y nos despedimos de Andrea que se recuperó rápidamente mandando una de sus miradas a Illia, haciendo que el pobre termine rojo como un tomate, Andrea y yo nos miramos y me guiña un ojo haciendo que me riera. Llegamos a mi casa, el calor debido al vapor que el magma crea al contacto con el agua mantenía una temperatura muy alta, además de gran humedad. Solo bajar del coche era suficiente para que empezáramos a sudar, mientras Illia iba a comprobar los datos que arrojan los medidores, yo me disponía a preparar algo para comer.

Me gusta mucho cocinar, Isabella disfrutaba mucho de la comida que yo preparaba y me esmeraba, para mi hija lo mejor. Escucho cuando Illia entra en casa y me pide permiso para darse una ducha. Le digo que en el armario del pasillo tiene toallas limpias, Tengo todos los ingredientes listos, solo falta darle el último toque para empezar a comer, pero en mi cuerpo empiezo a sentir un hambre diferente. Me empiezo a mover en dirección al cuarto de baño, me acerco pisando con las puntas de los dedos como una ladrona. No quiero que me pille espiándole, por fin llego a la puerta del cuarto de baño.

La puerta está a medio cerrar, puedo ver a través de la mampara el cuerpo de Illia, lleno de cicatrices, pero con los músculos bien definidos sin ser nada exagerados. Me pregunto quién ganaría en un combate entre los dos, no puedo evitar reírme, porque sé qué clase de combate quería con él y no podía esperar para tenerlo. Me desnudo mientras camino en dirección de la ducha, abro la mampara y puedo ver su mirada llena de asombro, asombro que enseguida pasa a una media sonrisa. Me agarra de la cintura, atrayéndome hacia él, se está duchando con agua fría y no puedo evitar gritar al sentir el contacto con el líquido frió.

Illia acerca sus labios a los míos besándome apasionadamente, besa muy bien, mucho mejor de lo que lo hacía Leandro y a la altura de Andrea. Mi mano va directa a su herramienta, la empiezo a pajear notando como gana en dureza en mi mano. Tiene un tamaño normal, pero eso nunca me ha preocupado. Cualquier arma es inútil si la persona que la empuña no tiene destreza y algo me decía que Illia tenía destreza de sobra. Viendo que yo jugaba con su polla, él empezó a jugar con mi clítoris, mientras metía dos dedos en mi ya encharcado coñito.

Lo hacía tan bien que me tenía a punto de correrme, él también estaba a punto. Pare de masturbarle y me agache, por primera vez la tenía delante de mí, brillante y pidiéndome que me la metiera en la boca y así lo hice. Pude notar como Illia poso una de sus manos sobre mi cabeza con sumo cuidado, mientras posaba la otra sobre la pared de baldosas. Me esmeré en hacerle la mejor de las mamadas, podía ver como sus gemidos de placer eran cada vez más altos hasta que me aviso de que estaba a punto, la metí hasta el fondo de mi garganta para tragarme todo.

Nos separamos mientras Illia recobraba el aliento y yo degustaba mi segundo desayuno, para mi sorpresa no tarda mucho en estar listo para el segundo raun. Pose mis manos sobre la fría pared y coloque el culito en posición para que pudiera penetrarme desde atrás. Pude notar como pasaba la punta por toda mi rajita haciéndome desearla cada vez más, desesperada le grite que me la metiera y lo hizo de un solo golpe. Notar como me llenaba de repente, me corto la respiración, sus penetraciones eran fuertes y profundas.

Oleadas de placer recorrían mi cuerpo, pasando por la columna vertebral hasta llegar a mi cerebro. Para cuando me di cuenta ya me había corrido por segunda vez, Illia empezó a pellizcarme los pezones aumentando el placer que estaba sintiendo. Tuve que echar mano del grifo para no caerme, el paso su brazo por debajo de mí estómago para que no me resbalara. No sé cuantos orgasmos tuve antes de notar como su corrida inundaba mi vagina, pero podía notar como todos los músculos de mi cuerpo estaban tensos. Como pude me levante, poniéndome delante de él y nos volvimos a besar, terminamos de ducharnos y decidimos tumbarnos un rato hasta la hora de comer.

Después de la comida cogimos el todoterreno y nos acercamos hasta donde Illia había colocado los sensores y aparatos de mediciones. El géiser de lava daba verdadero terror, pero se podía apreciar que iba perdiendo en intensidad, según Illia, para el final de semana la lava dejaría de salir enfriándose la caldera definitivamente, lo único que le preocupaba era que el techo de la caldera se derrumbase y esta provocara una erupción, por eso nos quedaríamos toda la semana. Echaba a Isabella mucho de menos, lo que más deseaba era tenerle entre mis brazos y abrazarla, también jugar con ella en el porche y leerle el libro que sus tíos le habían regalado antes de irse a dormir

Illia pareció leer mi mente y me dijo.

• Tranquila, si todo va bien, pronto estarás al lado de Isabella.

• ¿Cómo sabes qué estaba pensando en ella?

• Tienes la misma expresión que ponía mi madre.

Illia sonrió mientras me lo decía, pero fue una sonrisa llena de tristeza por la perdida de su madre, después siguió mirando los datos. Paso la tarde y llego la hora de ir a cenar, me puse un precioso vestido negro con los zapatos a juego, él un traje que le quedaba como un guante, perfecto. Nos montamos en el todoterreno, le entregué las llaves y condujo hasta llegar al restaurante. Estaba a las afueras de Nápoles, jamás había estado, pero desde fuera parecía muy bonito y acogedor. Al entrar fue mejor de lo que me esperaba, el servicio fue de diez y la comida, simplemente exquisita.

Los dueños del restaurante se acercaron a saludar a Illia y a darle las condolencias por la muerte de su madre.

• Illia sentimos mucho la muerte de tu madre – dijo la dueña del restaurante

• Gracias – contesto un emocionado illia.

• Espero que todo sea de vuestro agrado – dijo el dueño del restaurante.

Les dije que todo estaba muy bueno y que acababan de ganar dos clientas, en cuanta Isabella probara esta comida, también querría volver. El matrimonio empezó a reírse con mi salida, después trajeron los postres. Menudos postres, no podía terminarlo, estaba siendo una noche mágica. Illia recupero la sonrisa otra vez, pero como se suele decir, la alegría dura poco en la casa del pobre. Unos hombres entraron por la puerta que hicieron que el semblante de aquel matrimonio, pero sobre todo el de Illia cambiara.

Era un hombre con un marcado acento ruso, seguido por unos cuantos armarios roperos, se acercaron a nuestra mesa.

• Hola Illia, cuanto tiempo sin vernos, no estuviste en el funeral de tu padre – mientras reía, Illia ni se dignó a contestarle.

• Veo que has venido con una zorrita muy rica, veo que tenemos el mismo gusto – el imbécil dijo eso poniéndose a mi espalda mientras me empezó a estrujar los pechos.

Illia apretó los dientes e hizo ademán de levantarse, pero no le dio tiempo, de un rápido movimiento estampé mi cabeza contra su nariz, después levantándome a la velocidad del rayo le di una patada con todas mis fuerzas en la cara que hizo que terminara estampándose de morros contra la mesa de al lado. Terminando su cabeza metida dentro de la tarta, de no estar tan cabreada, me hubiera empezado a reír. Uno de los armarios empotrados saco su arma y apunto hacia mí con la intención de disparar, Illia le cogió de la muñeca, empezó a apretar y pronto se escuchó como los huesos de aquel musculitos empezaban a romperse.

• Deja de intentar aparentar, si tu padre no fuera quien es, ya estarías muerto – le dijo Illia.

• Me lo vais a pagar caro, sobre todo tu zorra y sé cómo me lo vas a compensar – intento reírse, pero le dolía demasiado la cara.

• Tú no te enteras de nada, ¿verdad Andrei?, la mujer a la que acabas de llamar zorra entre otras lindezas se llama Isabella – todos los hombres de Andrei se pusieron blancos.

• Eso es, veo que tus hombres han hecho los deberes, tú como de costumbre vives en una burbuja – dijo un enfadado Illia.

• ¿Quién es Isabella?, ¿si puede saberse?

• Ella es miembro de la familia que más temía tu padre y el mío.

Andrei se empezó a poner blanco, yo estaba demasiado cabreada y me arranqué a por él, uno de sus guardaespaldas se interpuso entre los dos mientras otros dos guardaespaldas aprovechaban para sacar a Andrei del restaurante. Illia puso su mano sobre mi hombro y me dijo con una señal que lo dejara pasar, que no merecía la pena. Después se acercó a la barra junto a aquel asustado matrimonio y además de pagar la cena, les dio dinero para cubrir los gastos de todo lo que habíamos roto.

Nos despedimos de aquel amable matrimonio con la promesa de volver y me llevo a un local para que nos tomáramos una copa, era un local muy tranquilo y poco a poco se me paso el cabreo, pero algo dentro de mí me decía que un enemigo cobarde como Andrei no se quedaría quieto, habíamos pulverizado su orgullo y seguro que se querría vengar dándonos donde más nos dolía, en este caso a mí, pues Illia no tenía a nadie aparte de mí, en su vida.

La semana paso y como predijo Illia la lava dejo de fluir y el agujero empezó a cerrarse, decidimos que iríamos a recoger a Isabella en persona y de paso pasaríamos unos días con mi hermano, cuñada y sobrinas. El viaje fue muy tranquilo, entramos en la calle donde mi hermano tenía la casa al final de esta, cuando estábamos a unos doscientos metros, la casa de mi hermano salto por los aires, la onda expansiva nos sacó de la carretera, de haber estado más cerca tal vez nos hubiera matado. Mire que Illia estuviera bien y salí del todoterreno con la intención de entrar en esa casa que estaba siendo consumida por las llamas, Illia me sujeto como pudo.

• ¡¡¡Isabella!!! – grité a pleno pulmón, aterrada, con la cara arrasada en lágrimas.

Continuará.

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