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Fecha: 15-Sep-23 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

El nuevo compañero de trabajo

charlines
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  • EL NUEVO COMPAÑERO DE TRABAJO  

  • CHARLINES  

  

  

  • 5  

  

  

Al despertar, se ducharon y se vistieron, Ruth se puso una blusa blanca bajo la que portaba un sujetador de encaje blanco, que lo insinuaba todo, pero no dejaba ver nada. Una minifalda, no muy atrevida cuatro dedos por encima de las rodillas, unas medias con blonda de color negro como la falda y unos zapatos de tacón de unos ocho centímetros, negros. Ángel se había puesto un traje de lino azul marino con una camisa blanca y unos mocasines negros.   

  • Estas espectacular, hoy hacemos una buena compra. Siéntate sobre la mesa.    

Ruth se sentó sobre la mesa mientras Ángel lo hacía en el sofá.   

  • Cruza las piernas con lentitud.   

Cuando Ruth cruzó sus piernas Ángel pudo notar el encaje de las blancas braguitas que Ruth portaba.   

  • Perfecto, un delicioso cruce de piernas que levantara más de un rabo jajajajaja   

  • Eres un grosero jajajajaj   

Partieron hacia el centro de Ibiza donde estaban las oficinas de los vendedores. Llegaron cinco minutos antes de la cita y les pasaron a una sala de espera. A los pocos minutos una guapa muchacha los acompañó hasta la sala de juntas.    

Había cinco hombres perfectamente trajeados y con cara expectante. Ruth dio un rápido vistazo a la sala, dejó su portafolios sobre la mesa e inclinando su cuerpo lo suficiente para enseñar el nacimiento de sus pechos, procedió a sacar los dossiers. Estos le habían llegado a la recepción del hotel muy poco antes de salir. Lentamente y con una buena cadencia de caderas, fue entregando los dossiers uno por uno, rozando en lo posible los hombros de los compradores con sus tetas. Una vez hecha la entrega, comenzó su exposición. De los precios del día anterior, había bajado dos mil euros hasta los seis mil. Una vez concluida la exposición, uno de los hombres, posiblemente el negociador de la parte contraria expuso. Que a su entender eso estaba muy por debajo del precio del mercado y que por supuesto muy por debajo de lo que ellos tenían pensado.    

Ruth se sentó en una pequeña mesa frente a los hombres, se soltó el pelo y cruzó sus piernas muy lentamente, lo que les dejó apreciar sus braguitas por unos instantes.    

  • Veamos, el precio por obra nueva de media en Ibiza está sobre los seis mil euros, algo menos. El de segunda mano, estará sobre los cuatro mil. Si a esto añadimos que los apartamentos estarán durante al menos seis meses vacíos, hará bajar su precio hasta un máximo de tres mil quinientos o como muchísimo cuatro mil. Yo le ofrezco seis mil, me parece un más que buen precio. Ahora, si no les parece una buena oferta, no estoy autorizada a ofrecer más dinero, lo siento. Mi compañero y yo estaremos esta semana en Ibiza, si cuando nos marchemos no tenemos noticias suyas, entenderemos que no hay trato.   

  • Entiendo su postura, pero entiéndanos a nosotros, son unos apartamentos en primera línea de playa y están en muy buen estado.    

  • Bien, háganme ustedes una oferta, ya les dije que tienen una semana.   

  • Nuestra oferta sería al menos seis mil quinientos euros por metro cuadrado.   

  • Déjenme hacer una llamada.   

Ruth salió eufórica al pasillo, le iba a rebajar un buen pico a los apartamentos. Aguanto unos minutos y entro con cara de circunstancias. Se volvió a sentar en la silla esta vez con las piernas un poco abiertas, sus impolutas braguitas aparecieron ante la vista de los hombres, que ahora fijaron sus ojos en ella. Se mostró pensativa y dándose un pequeño susto, cerró sus piernas. El efecto había hecho mella en los hombres que ahora estaban atentos a sus palabras.  

  • Bien, he hablado con mi jefe y me autoriza a un máximo de seis mil doscientos cincuenta, por metro cuadrado, esta sí que es mi última oferta.   

  • El hombre que llevaba la voz cantante se levantó eufórico de la mesa, salió al pasillo y buscó el despacho de su jefe.    

  • Señor Bofarull, he conseguido seis mil doscientos cincuenta.   

  • Muy bien Juan Luis, muy bien. Ya tengo los documentos preparados, pero cítalos el miércoles para firmar.   

  • Si señor, como usted diga.   

Juan Luis salió del despacho rumbo a la sala de juntas. Al llegar se sentó en la mesa, mesó su barbilla y contestó que estaban de acuerdo.   

  • Nos agrada llegar a un acuerdo, el próximo miércoles a las doce, estarán los documentos redactados para la firma. Ahora si les apetece les invitamos a comer.   

  • Muchas gracias por la invitación, pero tenemos la agenda repleta, hemos de hacer varias operaciones en la isla. Si es posible quedar el miércoles a primera hora, digamos las nueve, se lo agradecería, así podemos relajar la agenda un poco.   

  • Creo que no tengamos ningún problema, si lo hay yo mismo le avisaré. Siento que no se puedan quedar a comer.   

  • Pues muchas gracias y el miércoles nos vemos.   

  • Ruth extendió su mano y dejó cerrado el trato. 

 Una vez fuera de los edificios, Ángel subió en brazos y besó a Ruth.   

  • Joder tía, esto hay que celebrarlo, has conseguido casi dos mil euros menos por metro cuadrado. Ahora tenemos treinta y cinco millones más. Tendremos que celebrarlo.   

  • De eso no tengas dudas, vamos al hotel y les preguntamos.   

Llegaron al hotel sobre la una del mediodía. Subieron a la habitación y dejaron sus cosas, tal y como estaban volvieron a bajar. Ruth solo se retoco un poco en el baño antes de salir. Al llegar a recepción, preguntaron dónde comer y el recepcionista muy amable les contestó.   

  • No podemos dar información de ese tipo, pero mis tíos tienen un restaurante en Santa Eulalia, que está muy bien.   

Buscó una tarjeta en su bolsillo y apuntó, restaurante marytierra.   

Debajo puso, buenos clientes del hotel y firmó.   

  • Se lo dan a mi tío al llegar, ahora llamo yo para reservarlos una mesa.   

  • Muchas gracias, nos pides un taxi, por favor.   

  • Eso está hecho.   

  • Mira qué bien, de paso podemos echar un vistazo a los apartamentos y nos hacemos una idea.  

  • Me parece una idea fantástica.  

Rápidamente llegó el taxi que amablemente les había pedido el recepcionista. Les dejo en la misma puerta del restaurante. En su viaje hasta Santa Eulalia, pudieron ver cómo el paisaje de la isla iba cambiando dependiendo de la dirección que tomasen. Santa Eulalia era algo más verde y tenía otro color más azul. Santa Eulalia es un pueblo que ha crecido mucho en los últimos veinte años, pasando de ser un pequeño pueblo, a un gran pueblo de treinta y cinco mil habitantes.  

Entraron en el restaurante, le dieron la tarjeta al metre y éste los acompañó a una pequeña sala donde un gran ventanal se abría frente al mar. El sitio era una maravilla y los dos se pusieron muy contentos.  

Comieron una degustación de los platos del restaurante, así como de los postres y un cafelito, pidieron una botella de cava.  

  • Por favor una botella de cava.  

  • ¿Un Nuria Claverol, les va bien?  

  • Lo que usted nos diga, no entendemos mucho.  

  • Esto les gustará, seguro.  

El camarero volvió con el cava, lo sirvió y esperó a ver las caras de satisfacción de los clientes.  

  • Excelente elección, muchas gracias. ¿por cierto, andamos buscando un constructor, de garantía y serio, ¿conoce usted a alguien?  

  • Pues miren que casualidad aquí al lado está comiendo don Máximo un hombre serio y recto, de los de antes. ¿Si quieren le puedo preguntar si le apetece hacerles compañía?  

  • Para nosotros será un honor.  

A los cinco minutos volvió el camarero con un hombre de unos sesenta y cinco años, bien parecido y con un atlético cuerpo. Tenía una sonrisa canalla, lo que denotaba que en su juventud había sido todo un conquistador.  

  • Aquí les presento a don Máximo.  

  • Un placer, yo soy Ruth y mi compañero Ángel.  

Se estrecharon la mano cordialmente y don Máximo se sentó con ellos.  

  • ¿Le apetece una copita de cava?  

  • Si no le importa, prefiero un buen Duque de Alba.  

  • Lo que usted quiera.  

Ángel se levantó a pedir una copa de coñac mientras Ruth departía con don Máximo.  

  • Ante todo, muchas gracias por su amabilidad. Tenemos la intención de comprar unos apartamentos en la zona y me gustaría que nos hiciera un informe de su estado y la cantidad que se podría pagar por ellos en euros metro cuadrado.  

  • Conozco muy bien la zona y ahora en venta hay cuatro o cinco cosas aquí en Santa Eulalia y un par de ellas en es Canar.  

Ruth le dio el nombre de los apartamentos y don Máximo tras reflexionar un poco, le comento.  

  • Los conozco ambos. Los de es Canar, los compraría con los ojos cerrados, por poco más de doscientos mil euros estarían perfectos para abrir el uno de junio. Yo me encargaría de que así fuese. Pueden pagar por ellos no más de dos mil euros el metro cuadrado  

  •  Los de Santa Eulalia, tienen mucho tomate. Ahí, aunque la zona es inmejorable, hablamos de al menos tres o cuatro millones en los arreglos, suponiendo que no tengamos que tirar y volver a hacer. Esto además supondría casi un año de trabajo, pero les revalorizará al doble seguro, es una buena inversión. Por estos yo pagaría entre mil ochocientos y dos mil doscientos el metro cuadrado. ¿Tiene un mapa de la zona?  

Ruth sacó su ordenador y buscó un mapa de la zona. Se lo pasó a don Máximo.  

  • Mire tiene estos, que están en venta y se podría abrir como muy tarde el quince de junio. Como va fuera de temporada, tengo amigos con hoteles y apartamentos que siempre andan escasos de sitio y seguro le llenan los apartamentos.  

  • Lo valorare con mi compañero, mañana tenemos que hacer una oferta por los más decrépitos. ¿si pudiese usted acompañarnos?  

  • No hay problema, tome mi teléfono y me dice a qué hora y dónde he de estar.  

Siguieron conversando mientras apuraban sus copas, hablando un poco de todo. Después se retiraron a sus respectivos alojamientos. Ruth le comentó Ángel la jugada y este rápidamente hizo cuentas y pudo comprobar que tenían dinero si no se excedían en los precios de compra. Ese día eufóricos aun, cenaron algo muy suave en el restaurante del hotel y subieron a la habitación. En el ascensor, Ángel sujetó con fuerza el pelo de Ruth y la atrajo hacia él.  

  • Ahora putita, te voy a follar como la puta que eres hasta que me pidas parar.  

Las bragas de Ruth se inundaron, a la vez que sus ojos se abrían desmesuradamente. Así sujeta del pelo, Ángel la llevó hasta la habitación, abrió la puerta y nada más pasar, la dejó caer de rodillas en el suelo, se sacó la polla y se la colocó en la boca.   

Ruth abrió su boca todo lo que pudo y dejó que esa polla traspasase su garganta. Una arcada fue dominada mientras su coño se apretaba y soltaba pequeñas gotitas que sobrepasaron la tela de sus braguitas.   

Ángel le daba con fuerza y su polla le entraba y salía de la boca con extrema dureza. Saco su polla de la boca, la levantó del pelo, la flexionó sobre el respaldo del sofá, le arrancó las bragas.   

En este momento, Ruth tuvo su primer orgasmo.  

  • ¿Te gusta jugar duro ehh putita?  

Ángel no le dio tiempo a contestar y de una metió su polla en ese encharcado coñito que le esperaba con ansia. Sujetó con fuerza sus muñecas y clavando sus pechos en el respaldo le dio tan fuerte que en pocos minutos un charco aparecía en el suelo.  

  • Si, jodeer cabrón, me matas, me matas.  

Ángel le metió sus propias bragas en la boca para acallar sus gritos. Saco la polla totalmente blanca del coño de Ruth y se la metió por el culo. Las bragas apagaron su grito y las piernas le temblaban con fuerza. Ángel paró un poco hasta que las piernas recuperaron sus fuerzas y sujeto con fuerza a sus caderas, la sodomizó sin compasión.  

  • Me matas, joder, me matas, para, no puedo más para por favor.  

Ángel notaba como las piernas perdían fuerza y el cuerpo de Ruth no paraba de temblar, esto le excitó al máximo. Clavando con fuerza su polla la levantó en vuelo y pudo sentir como sus corridas bajaban por sus piernas.  

  • ¿Así te gusta putita, así?  

Ruth aun temblando y ya 

de rodillas en el suelo le dijo.  

  • Si, así me gusta si, nunca me había puesto tan perra.   

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