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Fecha: 16-Abr-19 « Anterior | Siguiente » en MicroRelatos

Un final feliz

Toulouse
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Una experiencia real sobre un centro de belleza (no asiático) convertida en relato erótico. Espero que os resulte tan excitante y placentero como a mi la visita. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Se acerca el verano y es el momento de irse preparando. Para esto, acudí hace unos días a un centro de belleza. Fui a depilarme y a que me hicieran un tratamiento de hidratación de la piel y nutrientes. Hay que cuidarse.

Nunca había ido a ese centro y la primera impresión fue muy positiva. Todo decorado con maderas, plantas y una sensación muy natural. Una chica de unos 40 años, me recibió con mucha simpatía. Fue con la que hablé por teléfono.

Acto seguido, me invitó a sentarme en una pequeña zona de espera mientras su compañera preparaba todo. Apenas unos minutos, salió una chica más joven y aparentemente más tímida. Me miró y sin hablar me hizo el gesto con la cabeza de que la siguiera.

Entramos en un cuarto con la camilla, luz tenue y un hilo musical apenas inapreciable pero que mezclaba música relajante con ambiente de la naturaleza. Me dió un albornoz y me pidió tímidamente que me quitara pantalón y camiseta.

La obedecí en todo lo que me dijo. Todo ocurrió igual que las anteriores veces que me he hecho cosas similares en otros sitios. Hasta que ocurrió algo que al principio me avergonzó.

Tuve una erección. Ella lo notó rápidamente porque me dijo que me había puesto muy tenso. Yo intenté disimular pero ella lo descubrió sola. Me dijo que no tenía de qué avergonzarme. Que era una reacción natural del cuerpo y que le ocurría a más gente. Entre bromas me dijo que me diera la vuelta. Me colocó una toalla por encima y aun así, la erección era difícilmente disimulable.

Fue un momento tenso, no hablo solo de la erección. “Relájate” escuché suavemente. Lo siguiente fue sentir su mano por mi pubis. Tuve un pequeño sobresalto. Me miró y la miré. El tiempo se congeló. Ella también se sobresaltó. Quitó rápidamente su mano. Yo pregunté: ¿final feliz? Ella se relajó. Ahora fue directa a agarrar mi polla bajo la toalla. La otra mano me la puso sobre los ojos. Yo los cerré y me concentré en las sensaciones.

Primeramente, sentí como quitó la toalla. Fue muy sugerente y morboso. La deslizó por mi cuerpo. El roce de la toalla recorriendo mi cuerpo lentamente me resultó una grata sorpresa.

Empezó a frotar su pulgar por mi glande. Después el resto de la mano. Terminó con una paja hecha a mano completa. La diferencia de las que saben dar masajes y usar las manos a las que no, es abismal. Sentía un placer inmenso. Entre el contexto de relax y que ella también lo hacía todo despacito y lento. Era una sensación muy muy buena.

Continuó con el masaje y poniéndome aceites esenciales, hidratante o lo que fuera. Esa paja se tansformó en caricias y juegos por el torso. Pasados varios minutos, sentí su cuerpo por mi cabeza. Sus pechos por mi cara. Instintivamente abrí la boca y saqué la lengua. Uno de sus pechos llegó a mi boca. A los pocos segundos, se retiró y me susurró que no hiciera ruido.

Volvió a masturbarme, ahora con las dos manos a la vez. Puso toallas por mis piernas y abdomen y me dijo que me corriera cuando lo necesitara. Yo estiré uno de los brazos para sobarle el culo. Pero me lo quitó y dijo que me concentrara en la corrida, que íbamos mal de tiempo. Fue aumentando el ritmo de la paja hasta llegar a hacerlo realmente rápido, todo  a una mano mientras manoseaba mis huevos con la otra.

Incluso antes de que yo lo notara, ella adivinó la corrida y rápidamente me puso una toalla sobre la polla. Así siguió masturbándome y apretándome el glande. Fue una corrida apoteósica. Sentí como 6 o 7 veces el impulso de mi cuerpo expulsando el semen. Ella no detuvo su movimiento de manos y dedos en ningún momento hasta que yo no acabé.

Al terminar, como en todos estos sitios, me dejó que me vistiera y me esperaba fuera.

Según salí, me preguntó la chica mayor que tal. Le dije que magnífico. La chica joven estaba al lado suya mirándome de forma cómplice. Me “recomendó” hacer otra sesión la semana que viene y me dió ya la cita apuntada en una tarjeta. Según salía, miré la parte de atrás de la tarjeta y me había puesto. “Trae condones”.


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