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Fecha: 16-Abr-19 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

El salón del sexo.

Madurasexi
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Después de una junta de padres, el padre de una de mis alumnas, me hace pasar un excitante momento. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Hola lectores y escritores de esta maravillosa página de relatos eróticos, soy Leticia, Letty para los amigos, y para ustedes. Empiezo a escribir esta historia, que es totalmente verídica, hoy viernes 12 de abril, sentada en el sofá de mi casa, esperando a que llegue mi sobrino/ex alumno/amante, con el recuerdo de lo que pasó tan fresco en la memoria, que dudo que se borre tan fácilmente, tal vez termine de relatarlo todo antes de que él llegue, si no, ya lo finalizaré otro día. Esto sucedió este mismo día, más temprano, después de una junta de padres que se organizó en el colegio donde trabajo en la tarde.

El día estaba siendo extenuante, ser maestra en dos centros educativos diferentes, realmente es agotador, aunado a esto, los últimos días el calor en la ciudad es opresivo, esto ha hecho que salgan a relucir los vestidos cortos, los escotes, las mini faldas, y todas aquellas prendas con las que las mujeres podamos combatir un poco esta ola de calor que nos azota, y sí, yo no fui la excepción. Que sea maestra, no quiere decir que no pueda hacerlo, claro, en un nivel más discreto que cuando no doy clases, pero también salieron de mi armario todas mis minis y vestiditos, eso hace que todos, alumnos y compañeros de trabajo volteen a verme de manera morbosa, pero ¿qué se le va a hacer?

Como dije, el calor era fatigante desde el turno de la mañana, y en el turno vespertino arreció bastante, lo bueno era que para las 6:00 pm, terminaría de dar clases porque tenía junta de padres con dos de los tres grupos a los que atendía, y al menos eso, se llevaría a cabo en el salón más grande de todo el colegio, uno de los pocos donde tenemos aire acondicionado. Caminando por los pasillos de la escuela, me daba cuenta de las miradas que los chicos me lanzaban, claro, están en plena efervescencia hormonal, y vestida como iba, a todos ellos se les iban las miradas a mi escote o a mis piernas, me gusta, y me excita que los hombres, sean de la edad que sean, me vean.

Preparé todo para la junta, papeles, boletas de calificaciones, reportes… todo lo necesario para dar malas noticias a padres y madres confiados de que sus hijos son excelentes estudiantes. Diez minutos antes de las 6:00 pm, fui al baño exclusivo para profesoras, necesitaba hacer mis necesidades fisiológicas, adecentarme un poco, y retocarme el maquillaje, gracias a la vanidad femenina, todas las maestras nos juntamos y mandamos poner un espejo mural en una de las paredes. Cuando terminé, en el pequeño espejo de los lavamanos me retoqué el maquillaje y me solté el cabello.

Giré a verme en el gran espejo, me gustó mi reflejo, tengo 48 años, a meses de cumplir 49, pero me conservo tan bien, que los que apenas me conocen dicen que no paso de los 35, soy de tez morena clara, mido 1.68, mi cabello lo traigo largo hasta la cintura, negro y chino natural, soy delgada, ojos color café, pero de mirada sensual y seductora cuando tengo la intención, boca chica y labios carnosos, piernas bien torneadas porque los fines de semana doy y recibo clases de baile, mis medidas son 88 – 60 – 98,  no tengo mucho pecho, pero el que tengo es suficiente, y además, soy algo caderona, y por lo tanto, tengo un buen trasero que mantengo firme gracias al baile, y me gusta lucirlo con prendas entalladas.

Para mitigar el calor, resolví vestirme con una blusa de licra blanca, de escote redondo que dejaba ver mis hombros, parte de mi pecho y de mi espalda, pero sin ser demasiado sugerente, falda un palmo arriba de las rodillas, beige y algo ajustada que remarcaba perfectamente mi trasero, a completaban mi atuendo unas botas blancas, de tacón alto de aguja, con lo que mis nalgas se notaban un poco más, el cabello suelto, y poco maquillaje, eso era lo que veían los demás, por debajo de la ropa, donde nadie más distinguía, o a lo mejor sí, un conjunto blanco de encaje, brasier de media copa y broche frontal, y una breve tanguita.

Le sonreí a mi reflejo, y este me devolvió la sonrisa, estaba espectacular, tal vez cuando saliera llamase a mi sobrino/exalumno/amante para pasar una buena noche, pero eso sería después, salí del baño con rumbo a donde sería mi junta aún con la sonrisa en mis labios, mis tacones resonaban por los pasillos, y a cada paso, alumnos y compañeros volteaban a verme, mi sonrisa se amplió, Llegué al salón de la junta, varios padres y madres del primer grupo ya estaban ocupando los pupitres, pero no eran todos, saludé, y fui directo al escritorio, donde acomodé mis cosas, haciendo tiempo para que terminaran de llegar los padres faltantes.

Inicié la junta diez minutos después de la hora, el salón estaba repleto, di el típico discurso de profesora, reportes, calificaciones, dudas, etc… todo tranquilo y normal, antes de las 7:00 pm ya había despachado al primer grupo. El siguiente grupo de padres empezaría a llegar a partir de las 7:30 pm así que durante media hora me dediqué a preparar los mismos papeles, pero del nuevo grupo, volví a ir al baño, me adecenté, y regresé al salón. En punto de las 7:30 pm empezaron a llegar los primeros padres, diez minutos después, ya estaban todos los interesados en la educación de sus hijos, me sorprendió que mientras el grupo anterior de padres el 75% eran mamás, este grupo más del 80% eran padres entre 40 y 45 años.

Ya llevaba diez minutos de haber iniciado la junta, cuando la puerta del salón se volvió a abrir, no interrumpí mi discurso, pero si volteé a ver quién entraba, era un hombre alto, de unos 44 años, algo fornido sin llegar a estar marcado, con el cabello corto y mirada penetrante, cuando me miró, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo, sin dejar de hablar, asentí con la cabeza en señal de que pasara, él avanzó por entre la fila de pupitres hasta llegar al fondo, donde se quedó de pie, el resto de la junta me la pasé viendo a ese hombre de reojo, y cada que nuestras miradas se cruzaban, le sonreía sin saber porque.

Sentía su mirada en mi cuerpo, y aquello me estaba empezando a afectar, mi vagina se humedeció un poco, y mis pezones se querían endurecer, definitivamente, cuando terminara de todo aquello, le hablaría a mi sobrino/exalumno/amante y me lo llevaría a mi casa para no dejarlo descansar por lo menos toda la noche, afortunadamente, la junta terminó, y todos los padres se acercaron para resolver dudas y firmar papeles, incluso él, que resultó ser el papá de una de mis mejores alumnas. Despaché a todos, y cuando estaba sola al fin, empecé a arreglar mis cosas para irme, saliendo de ahí, le mandaría mensaje para que viniera y nos fuéramos a mi casa, lo estaba deseando.

-¿le falta mucho profesora?-, escuché que preguntaba una voz grave que me asustó, y por el mismo susto los papeles se desparramaron por la mesa.

-No-, dije mientras me daba la vuelta para ver quién era, -¿necesita algo?-

Era él, el hombre que llegó tarde a la junta, el padre de mi mejor alumna, entre tanto bullicio, su voz se había perdido entre las demás, pero ahora que estábamos solos en aquel salón, me parecía que era grave, tanto que hizo que me resonara en los huesos. Su mirada me recorría de pies a cabeza, y de regreso, poniendo especial atención en mis piernas, en mi escote, y en mis tetas, desnudándome con los ojos, aquello me excitó aún más de lo que estaba, no sabía que quería, no sabía para que estaba ahí, pero de pronto caí en cuenta de que estábamos solos, totalmente solos, y ese salón estaba hasta el fondo del colegio.

-Estoy…, estoy a punto de salir-, le dije algo nerviosa, -¿necesita algo?-

-Sí-, dijo volviendo a mirarme de pies a cabeza, -quisiera seguir hablando sobre mi hija-

-Si claro-, le dije dándome la vuelta para volver a ordenar mis papeles, -hablemos en mi oficina, solo deje termino de acomodar esto-

No contestó, y eso estuvo bien, yo empecé a acomodar las hojas que había desparramado por el escritorio, estaba nerviosa, ese hombre me ponía así, sus miradas, la forma en que me quitaba la ropa con la mirada, no sé, había algo en él que me hacía sentir así, pero también excitada. Por un momento me olvidé de él, tenía que ordenar mi desastre, las manos me temblaban, y por eso me estaba tardando tanto, el silencio en el salón era opresivo, y a pesar de tener el aire acondicionado a todo lo que daba, yo sentía demasiado calor, y entonces me percaté de una presencia detrás de mí, no lo escuché aproximarse, pero cuando volteé a ver por encima del hombro, ahí estaba, a un paso detrás de mí.

-Señor-, dije apenas en un susurro.

-la verdad-, dijo acortando la distancia, y pegando su cuerpo al mío, -lo que realmente quiero de usted es otra cosa que un informe más detallado de la actividad escolar de mi hija-, rodeó mi cintura con sus brazos, y siguió en un susurro en mi oído, -desde que llegué, me la he imaginado desnuda, gimiendo, y pidiéndome más-

-Señor-, le volví a decir en un susurro, -esto no es correcto, estamos en un plantel escolar, soy la maestra de su hija, y además…-

-y además-, me dijo después de besar mi cuello, -además está excitada, puedo ver sus pezones desde aquí, niégueme que tiene los pezones duros-

No, no podía negarlo, estaba excitada, ese hombre sin hacer mucho me tenía sumamente caliente, mi vagina estaba empezando a segregar líquidos abundantemente, tanto que mi tanguita se estaba empapando, y como él había dicho, tenía los pezones extremadamente duros, tanto que parecía que querían atravesar la tela de mi brasier y mi blusa, podía sentir su verga a través de mi falda, estaba dura, y parecía latir, se notaba de buen tamaño y buen grosor, volvió a besarme en el cuello, y sus manos acariciaron en círculo mi vientre por encima de la blusa.

No se dijo más, no hubo más palabras, sus manos subieron hasta mis tetas, las masajeó y apretó muy rico, haciéndome gemir de placer, en mi oído escuché una pequeña risa de él, no sabía su nombre, no sabía nada de él, y no me importaba, sus labios se volvieron a posar en mi cuello, besando y lamiendo hasta llegar a mi nuca, yo solo suspiré, no podía creer que me estará dejando manosear por un completo desconocido, y que ese mismo desconocido me tuviera tan excitada. Sus manos abandonaron mis tetas, y empezaron a recorrer mi torso, sin dejar de besar mi cuello y mis hombros, y cuando llegaron al escote de mi blusa, la bajó por mis brazos.

Poco a poco la fue deslizando, y mis tetas, cubiertas con mi brasier., fueron quedando al descubierto, como una autómata, saqué mis brazos de la prenda, y quedó remangada en mi cintura, dejando al aire mi torso semidesnudo, inmediatamente sus manos volvieron a mis tetas, sobándolas y apretujándolas, estaba segura, de que a esa alturas, podía sentir mis pezones enhiestos, con un hábil movimiento de dedos, soltó el broche de mi brasier, y sin separarse de mi espalda, me lo quitó, yo solo lo vi caer a un lado del escritorio, ahora sí, estaba desnuda de cintura para arriba.

El calor de las palmas de sus manos sobre la piel desnuda de mis tetas, y sobre mis pezones, me derritió por completo, entregándome a ese desconocido, haciendo que la poca resistencia que tenía hacia aquella situación se desvaneciera, y con ello, el escaso pudor que me producía estar en mi centro de trabajo, pegué más mi trasero a su paquete, y con una mano acaricié su cabello, con ello estaba claro que estaba completamente entregada, que podía hacerme lo que quisiera, y no tardó en entender mi referencia, porque suavemente me dio la vuelta, dejándome frente a él, cara a cara, su mirada era intensa y llena de deseo.

Le sonreí  cómplice, en vez de devolverme la sonrisa, se apoderó de mis labios en un beso apasionado, tenía los labios suaves, y yo me dejé llevar, devolví el beso de manera salvaje, como queriéndolo devorar, nuestras lenguas se encontraron, y empezaron a bailar en una danza de fuego y pasión, que recorrió todo mi cuerpo de pies a cabeza, me pegué más a él, sintiendo la dureza de sus pectorales, su vientre marcado, pero sobre todo, la rigidez de su verga, que parecía una barra de hierro bajo sus pantalones, sus manos acariciaron mi espalda, recorriendo una a una las vértebras de mi columna, hasta posar ambas palmas en cada una de mis nalgas.

El beso en veces era frenético y apasionado, y a veces tierno y amoroso, mis manos fueron reflejo de las suyas, y también lo empecé a acariciar, las metí por debajo de su camiseta, sintiendo la firmeza de sus músculos, hice por quitarle la prenda, y para hacerlo de mala manera tuvimos que dejar de besarnos, cuando estuvo con el torso al aire, creí retomaríamos el beso, pero no, volvió a besarme en el cuello, para lo que hice mi cabeza a un lado, dándole un mejor acceso, dejó un reguero de besos por mis hombros, hasta que empezó a descender hacia mis tetas, di un paso atrás, recargándome en el escritorio, con lo que sus manos tuvieron que moverse de lugar.

Sus labios llegaron al nacimiento de mis tetas, y besó y lamió por todo el contorno, y después en espiral hasta llegar a los pezones duros, con la lengua dejó círculos mojados alrededor de cada uno de ellos, con lo que mis pezones se endurecieron más, haciéndome gemir por el placer recibido, los chupó, no como un bebé, si no como una bestia, lo hacía como loco, incluso los mordía y eso me hacía sentir muy bien, demasiado bien, sus manos acariciaban mis piernas, y poco a poco fue subiendo mi falda, hasta dejarla enrollada en mi cintura a modo de un cinturón beige, dejando mi tanguita, mis piernas, y mis nalgas al aire.

Siguió con la atención a mis tetas, y sus manos seguían acariciando mis piernas, hasta que una de ellas llegó hasta mi rajita cubierta, y sentí una leve caricia entre mis labios vaginales, sabía que a esas alturas, aquel trozo de tela estaría más que mojado, deslicé mi mano por su espalda hasta la cinturilla del pantalón, y siguiéndola, me acerqué a donde su verga formaba una tienda de campaña, se notaba dura y palpitante. Inconscientemente separé las piernas, él entendió esto como una invitación a pasar, hizo a un lado la tela de mi tanguita y sentí sus dedos directamente sobre mi rajita cubierta por mis fluidos vaginales, acaricié su verga suavemente con mi mano, cada vez me costaba más resistirme.

Sus dedos se llenaron de mis jugos, y delinearon  todo el contorno de mis labios vaginales, hasta llegar a mi clítoris, donde le dedicó una atención especial, el estímulo de sus dedos aunado al de su lengua juguetona en mis pezones, hizo que un par de minutos después, estallara en un orgasmo sorpresivo que me hizo lanzar un gemido, cruce con un grito, que acallé mordiéndome los labios, por el lugar donde estábamos, de haber estado en cualquier otro lugar, hubiera gritado como loca, me temblaban las piernas, y mi respiración era pesada, pero él aprovechó para introducir un dedo dentro de mi rajita, sacando más de mis líquidos orgásmicos.

Él se separó de mí, dejando mis tetas, llenas de su saliva, y con mis pezones totalmente duros, pero su dedo permaneció dentro de mí, me miró a los ojos, me sonrió, y le devolví la sonrisa, y entonces, su dedo comenzó a moverse, primero lento, y con forme pasaban los segundos, más y más rápido, abrí más las piernas, y dos dedos se clavaron dentro de mí, me besó, y di gracias al cielo por aquel beso, ya que estuve a punto de ponerme a delirar como una perra en celo, redujo un poco la velocidad de su masturbación, y dejó de besarme, volviendo a bajar por mi cuello, deteniéndose un minuto en mis tetas, chupando mis pezones nuevamente, pero prosiguió con su camino descendente.

Besó y lamió mi vientre plano, y en mi ombligo introdujo la punta de su lengua, provocándome un poco de cosquillas, sus dedos seguían entrando y saliendo de mi interior, y con su pulgar volvió a estimular mi clítoris, haciéndome gemir cada vez más fuerte, y cuando estaba a punto de alcanzar otro orgasmo, su mano se apartó de mi intimidad, dejándome con ganas de más, y entonces, dedicó sus caricias bucales a mis piernas, primero externamente, y después internamente, ascendiendo hasta llegar a mi centro, donde su lengua por fin hizo lo que yo anhelaba, y se apoderó completamente de mi rajita mojada, haciéndome cerrar los ojos, suspirar, y olvidarme por completo de mi entorno.

Su lengua jugaba con mis labios vaginales, perfilándolos y abriéndolos para introducirse, sacando más de mis jugos, posé mis manos en su cabeza, para que no escapara, para que continuara con el placer que tanto me gustaba, sus manos jugaban en mi trasero, acariciando entre mis nalgas, rosando mi anito, mis manos subieron a mis tetas, las acaricié, las apreté, y pellizqué mis pezones, retorciéndolos para darme más placer, podía sentir como un nuevo orgasmo se aproximaba, mis músculos se tensaron para recibirlo, pero antes de que llegara, él se volvió a detener, se apartó de mí, y me miró a los ojos, en ellos pude ver que sabía lo que había hecho, me ha dejó a medias, necesitaba ese orgasmo que me había negado dos veces.

Se puso de pie, no sabía cómo era que se había aguantado tanto sin abalanzarse sobre mí y metérmela de una sola, porque otros ya lo hubieran hecho, me besó apasionadamente, pude sentir mi sabor en su boca, y eso me excitó más, sus manos se quedaron quietas en mis muslos, hasta que finalizó el beso, se apartó de mí, y suavemente me indicó para que me diera la vuelta, inmediatamente supe lo que quería, y sin que él me dijera nada, coloqué mis manos sobre el escritorio, y me incliné  sobre el mueble, separé mis piernas todo lo que pude sin perder el equilibrio, y puse mi frente sobre la fría superficie, cerré los ojos, y esperé por la tan ansiada penetración.

Jugó con las tiritas de mi tanguita, mientras me acariciaba mis nalgas, entonces sentí como se agachó, con ello bajó mi tanguita, deslizándola por mis piernas, hasta que quedó en mis tobillos, sin perder la posición, levanté un pie para sacar la prenda y luego el otro, aventándola a cualquier lugar con la punta de mi bota, empezó a lamer mis nalgas, las mordisqueaba un poco, pasó su húmeda lengua por mi anito, haciéndome estremecer, y levanté más mi trasero, sus manos acarició los lados de mis caderas y mis piernas, empezó a lamer de una forma descomunal todo mi culo, recorriendo desde mi ano hasta mi vagina, todo esto me excitaba, cuando no lamía, mordisqueaba mis nalgas en diferentes intensidades, sentía una sensación eléctrica muy rica, estaba a punto de alcanzar un 2º orgasmo. No pude más, sus lamidas constantes en mi vagina me hicieron terminar en un orgasmo descomunal que me hizo bañarle la cara con mis jugos.

 

Aquello no detuvo lo que hacía, al contrario, empezó a hacerlo con más ahínco durante unos minutos más, con lo que mi excitación en vez de disminuir con el orgasmo, aumentara con las caricias de su lengua en mis dos orificios de placer, después se detuvo y se separó de mí, pero su lengua inmediatamente fue sustituida por dos dedos que entraron fácilmente en mi vagina, los cuales empezó a meter y sacar de forma que me estaba volviendo loca, y mis gemidos amenazaban con convertirse en gritos de placer, sus dedos volvieron a salir de mí, y su boca se volvió a apoderar de mi intimidad, su lengua me exploraba, se introducía, y jugaba dando pequeños toques a mi clítoris, estaba tan absorta en mis sensaciones, que di un respingo y un pequeño grito de sorpresa cuando un dedo travieso entró casi sin dificultad por mi anito.

 

El estímulo era doble, su lengua jugando en mi vagina, y su dedo entrando y saliendo de mi culito, todo aquello me estaba llevando rápidamente a la gloria, y a las puertas de otro orgasmo, a esas alturas, estaba tan mojada, que ya no sabía si era producto de mis jugos, o de la saliva de él, pero eso no importaba demasiado, empecé a mover las caderas al mismo ritmo que aquel dedo explorador entraba y salía de mi ano, entonces, cuando estaba a punto de estallar de placer, él se detuvo de golpe, y sacó su dedo de mi interior, dejándome algo frustrada, volteé a verlo por encima del hombro, para preguntarle con la mirada por qué lo había hecho, mientras llevaba una de mis manos hasta mi rajita para masturbarme yo.

 

Vi cómo se ponía de pie, y llevando sus manos a su cintura, dejó caer su pantalón, por la posición no podía ver su verga, pero por el tacto, sabía que era de considerable tamaño, luego apoyó sus manos en mi cadera, y acercó su verga a mis nalgas, el contacto me hizo estremecer y cerré los ojos, volví a poner mi frente en la tibia superficie del escritorio, mientras él jugaba con su verga entre mis nalgas, con su cabeza recorrió toda la raja que las separa, puso su verga en la entrada de mi anito, y presionó ligeramente, con lo que gemí, más que de dolor, de placer, pero desistió, y se dirigió a la entrada de mi rajita, al poner ahí su verga, se llenó de mis jugos, mi vagina estaba chorreando, y solo la dejó ahí en la entrada, haciéndome anhelar que la metiera, que me penetrara de golpe, la sentía gruesa, y moría porque me abriera con aquello.

 

Con un suspiro al aire, y una ligera presión, por fin sucedió lo que tanto anhelaba, y empezó a meter lentamente su verga por mi rajita, mis gemidos se hicieron más sonoros. Podía sentir como su verga iba abriendo mis labios vaginales, poco a poco se iba abriendo paso por mi canal vaginal, gracias a la lubricación de mis dos orgasmos anteriores, y a toda la saliva que me había dejado, su verga entró con facilidad, hasta que mis nalgas chocaron con su pubis, sus vellos en mi trasero, eran un estímulo extra a toda aquella excitación que bullía en mi interior, por fin la tenía dentro de mí, por fin, como dicen los chicos a los que doy clase, me tenía bien ensartada, me tenía en esa posición que tanto nos gusta a las mujeres, porque nos vemos y nos sentimos sometidas a un macho semental que puede y hará con nosotras lo que le apetezca, ustedes me entienden ¿verdad?

 

Lentamente sacó su verga de mi interior, moví mis caderas para indicarle que no lo hiciera, y de golpe me la metió, lo que me hizo gritar, olvidé por fin el lugar donde nos encontrábamos, solo éramos él y yo cogiendo maravillosamente, escuchar como su pubis chocaba contra mis nalgas, era y es una melodía que cualquiera quisiera escuchar. Metía y sacaba su verga de mi vagina muy despacio, volviéndome loca de placer, quería más, más velocidad, más fuerza, pero aun así, no paraba de gemir/gritar, sus manos siguieron en mi cadera, acariciando mis nalgas, luego fue acariciando mi cintura y mi vientre, para al final, llevarlas hasta mis tetas, tuve que levantar un poco el torso para que sus manos se llenaran de ellas, las apretó, masajeó, y pellizcó los pezones, aquello me hizo gritar, la velocidad con la que entraba y salía de mí fue aumentando, cada vez más rápido, cada vez más fuerte.

 

Ahí estábamos en ese frenesí de pasión, mis caderas se movían al mismo ritmo en que me penetraba, en un momento dado, me levantó, sosteniéndome de las tetas, y volteando mi cara a un lado, comenzamos a besarnos furiosamente, en ese beso no había más que lujuria y deseo, nuestras lenguas se enredaban en una danza frenética, y todo aquello, sin dejar de meterme y sacarme su verga. Poco a poco su verga creció más dentro de mí, y su cuerpo se tensó, él comenzó a gemir más todavía, y a moverse aún más rápido,  supe lo que se avecinaba, y lo deseaba, así que moví mis caderas en forma circular, eso hizo que el explotara en un gran orgasmo, llenándome con toda su leche.

 

Él se quedó estático unos segundos, terminando de vaciarse dentro de mí, pero yo no dejé de moverme, y a pesar de que ya había sacado su leche, su verga aún continuaba enhiesta, con cada uno de mis movimientos, provocaba que la leche saliera por los costados, escurriendo por mis piernas, cuando se recuperó, retomó el vaivén, volviendo a entrar y salir de mi interior. Un par de minutos después, empecé a gritar mucho más fuerte, anunciándole mi orgasmo, sentí como mis músculos vaginales se contraían alrededor de su miembro, y escuché como él gruñía como un animal, entonces mis jugos orgásmicos salieron como a presión, bañándole la verga y los huevos, el tercer orgasmo había llegado, y había sido demasiado intenso, pero aun así, su verga permanecía dura como al principio, y mi excitación aún seguía encendida.

-Ese culito tuyo me está volviendo loco desde que llegué a la junta y te lo vi-, me dijo al oído, eran las primeras palabras que se escuchaban en ese salón desde que todo empezara, -te quiero coger por el culo, y no acepto un no por respuesta-

-pues entonces hazlo-, le susurré, y sonreí ante la perspectiva, -no será la primera vez-, y me volví a colocar en la misma posición, poniendo nuevamente mi frente en la tibia superficie del escritorio.

No se dijo más, él soltó mis tetas, y poco a poco fue deslizando sus manos por mi torso, hasta posarlas de nuevo en mis caderas, lentamente fue sacando su verga del interior de mi vagina, y sentí el dolor del vacío que su miembro dejaba en mi vagina al salir por completo, pero inmediatamente después, percibí la punta de su barra de carne en mi entrada anal, no me resistí, y me relajé lo más que pude, él hizo presión, y mi esfínter fue cediendo gradualmente, una de sus manos fue de mi cadera a jugar con una de mis tetas, y la otra se deslizó por mi cintura, viajando rápidamente a mi rajita mojada y excitada, para juguetear con mi henchido y excitado clítoris.

Su verga estaba llena de mis jugos vaginales, perfecto lubricante para poder meterla en mi culito, y no perdió el tiempo, en cuanto la cabeza de su miembro entró, él siguió metiéndola, lento pero sin pausa, al mismo tiempo, tres de sus dedos entraron en mi vagina, haciéndome gemir por el placer de la doble penetración, claro, no era equiparable a tener dos vergas en mi interior, pero se aproximaba mucho, se quedó quieto dentro de mí, pero sus dedos empezaron a entrar y salir de mi vagina, mientras con el pulgar daba pequeños toquecitos a mi clítoris, con lo que me hizo gritar.

Poco a poco él fue sacando su verga, dejando sus dedos en donde estaban, yo gemí, y apreté los puños, más que de dolor, fue por el placer que aquello me provocaba en el cuerpo, la sacó hasta dejar solo el glande dentro de mí, volví a gemir, y apretujé mi ano, él gimió y volvió a meter su verga, sacando esta vez los dedos que tenía en mi vagina, suspiré, y la acción se repitió varias veces, cuando el salía de mi ano, sus dedos entraban en mi vagina, toqueteando mi clítoris, y cuando el entraba, sus dedos salían, así lo hizo por algunos minutos, yo no paraba de gemir, y gritar.

La velocidad de sus arremetidas fue aumentando con el paso del tiempo, junto con mi excitación, y los gritos/gemidos que de mi boca salían, sus dedos también hacían maravillas en mi vagina, y la otra mano se agarraba fuertemente a mi cadera para no perder el equilibrio, sentía placer, y como el siguiente orgasmo se aproximaba, movía mis caderas en círculos, apretaba mi ano, y paraba más mi trasero a pesar de los tacones altos que traía. Y él se movió más rápido, dejando a un lado mi vagina que penetraba con los dedos, para poder sostenerse mejor de mi cintura y poder arremeter con más fuerza.

Y entonces, él se vino dentro de mí, podía sentir los chorros de semen que ese maravilloso desconocido dejaba dentro de mi ano, a pesar de haber terminado antes, la cantidad que me dejó fue impresionante, siguió arremetiendo, pero yo todavía no terminaba, mi orgasmo se había quedado, digamos, que, “atorado”, seguía excitada, necesitaba ese orgasmo que estaba a punto de llegar, cuando terminó, él saco su verga de mi culito, y sentí como su semen salía y se resbalaba por la parte interna de mis muslos, me enderecé, con la intención de despedirlo para poder hacerme un dedo antes de llamar a mi amante.

-¿te importaría limpiarme la verga?-, sabía lo que quería, tal vez, y solo tal vez, pudiera lograr que ese tipo me diera ese otro orgasmo que me negó al venirse dentro de mi ano.

-para nada-, dije lo más sensual que pude, y lentamente me puse de cuclillas frente a él.

Primero pensé en hacerle la mamada en cuclillas, pero con los tacones me cansaría más rápido, así que coloqué mis rodillas en el suelo, que dicho sea de paso, estaba frío por acción del aire acondicionado, y me dispuse a hacer lo que él me pedía. Abrí un poco las piernas, para que él viera desde su altura mi rajita, aún podía sentir como su semen salía de mi anito, y le sonreí, entonces vi su miembro, aunque estaba perdiendo la erección, se  veía bastante respetable, larga y gruesa, llena de semen y mis fluidos.

“Dios, ¿Cómo me pudo caber eso en mi ano?”, pensé con bastante sorpresa.

Sin meter las manos, saqué la lengua y con la punta, toqué la cabeza de aquella verga, estaba complacida, si en semierección imponía, completamente dura tendría que ser majestuosa para la vista, atrapé la cabeza por completo entre mis labios, y lo miré a los ojos, se veía el placer que aquello le producía, y poco a poco, muy lento, con sensualidad, la fui introduciendo en mi boca, sentía el sabor de su semen y mis fluidos, y eso me excitó, abrí un poco más las piernas, y empecé a masturbarme, mi vagina estaba completamente empapada, y nada más rosarme, gemí por el placer que el contacto produjo en mi cuerpo.

Cuando media verga ya había entrado, empecé a mover mi lengua en círculos, provocándole un gemido, y que él me agarrara de los costados de mi cabeza, mis dedos seguían haciendo maravillas en mi rajita, acariciando mis labios, y toqueteando mi clítoris, con lo que la mamada se hacía más intensa. Saqué la verga de mi boca, y fui directamente por los huevos, grandes, peludos, maravillosos, los chupé y me metí uno a uno en la boca, mordiendo suavemente con los labios, después, pasé de nuevo a ese miembro, recorriéndolo con la lengua desde la base, hasta la punta, donde la dejé encima de mis labios cerrados.

-vuélvetela a comer-, me dijo con voz ronca, -pero esta vez hasta el fondo-

-¿garganta profunda?-, pregunté inocentemente.

-si puedes hacerlo, hazlo-, dijo apuntalando su verga en mis labios.

Sonreí lo más sensual que pude, y abrí mi boca, poco a poco fui metiendo ese gran pedazo de carne, al mismo tiempo, tres dedos entraban en mi vagina al mismo ritmo que la verga, no me costó nada hacer lo que él me pidió, porque su verga empezaba a perder su erección, mi nariz tocó su pubis exactamente cuando mis dedos hicieron tope en mi rajita, y así me quedé unos segundos, viéndolo a los ojos, con su verga en mi boca, y tratando de esbozar algo parecido a una sonrisa, mientras mis dedos volvían a hacer estragos dentro de mi vagina, entrando y saliendo como locos.

Empecé a pasar mi lengua por ese falo enorme, que para estar morcillón, ocupaba un buen espacio dentro de mi boca, y a cada lengüetazo, sentí como volvía a recuperar rigidez, ya no dejándome sitio libre para hacer nada, así que poco a poco fui deslizando esa verga afuera, y para cuando solamente quedaba el glande entre mis labios, aquel portento estaba tan duro como al principio. En ningún momento dejé de mirarlo a los ojos, y mis dedos, jamás dejaron de entrar y salir de mi vagina, haciendo como cuando bebes un líquido a través de una pajilla o  popote, (según la conozcan), fui metiendo de nuevo ese pedazo de carne, lento, sensual, de la misma forma la fui sacando, empezando un ritmo lento y sensualmente erótico, hasta que él tomó las riendas de aquella mamada.

 Me agarró de los costados de mi cabeza, empezando a guiar el ritmo de la mamada, poco a poco fue aumentando la velocidad, hasta que yo no tenía que hacer movimiento alguno, tomó tal celeridad, que aquello, más que una mamada, parecía que me estaba cogiendo por la boca, lo mejor, es que mis dedos adoptaron en mi vagina el mismo ritmo, y poco después, mi orgasmo llegó, pero no podía gritarlo por obvias razones, aun así, mis dedos siguieron jugando en mi interior. De repente él se detuvo, con la respiración entrecortada, me miró, y sacó su verga de mi boca, me ayudó a ponerme nuevamente en pie, pero mis piernas parecían de gelatina, con lo que prácticamente me tuve que sentar en el escritorio.

Antes de que pasara cualquier otra cosa, me besó, un beso lleno de deseo, lujuria y pasión, creí que le daría asco besarme, después de haber tenido su miembro en la boca, pero ese beso me demostró que le valía, sus manos acariciaron todo mi cuerpo, haciendo que mi excitación remontara, y yo lo rodee con mis brazos dejándolo entre mis piernas, rodeando su cintura con ellas, acercando de esta forma su verga de nuevo a mi rajita, que palpitaba por volverla a sentir dentro de mí.

No me hizo esperar, y después de colocar la punta en la entrada de mi vagina, la fue metiendo, sin detenerse, hasta que sus huevos chocaron con mis nalgas, yo solo gemí, pues el beso no se había interrumpido, se quedó así un minuto, y después empezó a salir, para volverla a meter de golpe, antes de salir por completo, inició un mete y saca cadencioso con sus manos en mis nalgas, y las mías en su cuello, cuando aumentó la velocidad, tuve que interrumpir nuestro beso, para poder gritar con soltura, también dejé de sostenerme de su cuello, y poniendo las manos detrás de mí con las palmas en el escritorio, quedé de manera inclinada hacia atrás.

De esta forma, él tuvo acceso directo a mis tetas, se apoderó de mis pezones, uno a la vez, pasando su lengua en círculos, con lo que, aunado a la cogida que me estaba dando, me estaba llevando rápidamente al cielo, haciéndome gritar más fuerte, así estuvimos unos segundos, sin que ninguno de los dos terminase, hasta que él se detuvo un segundo para recuperar el aliento, lo empujé suavemente, liberando su cintura de entre mis piernas, y se salió de mí, pero lo senté en la silla del profesor, y yo me senté en sus piernas, con mi mano guie su verga a mi entrada vaginal, y me la fui metiendo poco a poco, mirándolo todo el tiempo a los ojos.

Todo fue muy despacio al principio, yo chorreaba en mi interior y aquel pedazo de carne entró sin ninguna dificultad, tras unos instantes sintiéndola dentro de mí por completo, comencé a cabalgar sobre él, me sujeté a la silla y comencé a cogérmelo como una loca, su verga aparecía y desaparecía en mi interior, mi culito chocaba contra sus muslos produciendo un ligero chasquido que parecía un ruido atronador en el silencio del salón, a pesar de mis gritos de placer.

Un gusto maravilloso comenzó a  atenazar mi cuerpo, pues mi orgasmo se aproximaba nuevamente, se notaba que sería intenso, implacable, arrollador, nuestros cuerpos sudaban, producto de tan extenuante ejercicio, sus manos en mi trasero acompañaban mi cabalgata, y su boca, a veces tapaba mis gritos con un beso, a veces se apoderaba de mis pezones, mientras, los espasmos recorrían mi cuerpo y toda mi piel se erizaba, hasta que mi orgasmo llegó, durante unos segundos mi cuerpo me abandonó, trasladándome al país del éxtasis.

Al mismo tiempo, él movió sus caderas, empujando un par de veces, hasta que él también tuvo su orgasmo, soltando toda su leche en mi interior, con lo que mi éxtasis se prolongó unos segundos más. Nos quedamos ahí sentados, al menos él, y yo encima, con su verga aún dentro de mí, soltando los últimos chorros de su leche caliente, con la respiración acelerada, y mi corazón palpitando fuertemente. Cuando perdió totalmente la erección, y su verga flácida salió de mi interior, lo miré a los ojos, y le di un suave beso en los labios, sonriéndole cómplice, y me puse de pie, claro, las piernas me temblaban un poco, pero me sostuvieron.

-supongo que ya no quiere hablar de su hija, ¿verdad?-, le dije pícara, mientras caminaba a recoger mi ropa y la de él.

-supongo que ya dije lo que tenía que decir-, me dijo desde la silla con los ojos cerrados, -fue una plática muy intensa, extenuante, y con puntos de vista que penetraron profundamente-

Ambos nos reímos de su comentario, le entregué su ropa, y nos empezamos a vestir, el terminó antes que yo, y cuando me estaba poniendo mi tanguita, decidí hacer algo mejor, me la volví a quitar, y se la di en la mano, con una sonrisa, y un beso en los labios, después, me quité el brasier, y lo metí en mi bolsa, y me puse lo demás, la falda, y la blusa, que como aún tenía los pezones algo duros, se marcaban perfectamente en la tela, con todo el movimiento, sentía como el semen depositado en mis dos orificios salía poco a poco, deslizándose lentamente por entre mis piernas, no me importó, me gustaba aquella sensación.

-por cierto, soy Mario-, me dijo mientras él mismo acomodaba todos mis papeles desparramados.

-Leticia-, le dije guardando en mi bolsa todo el papelerío.

Salimos de ahí los dos, el colegio estaba completamente vacío, miré la hora en mi reloj, eran más de las 9:00 pm, para ser exactos, eran las 9:25 pm, habíamos estado poco más de una hora en ese lugar dejándonos llevar por el deseo y la pasión del momento, Mario se despidió de mí con un casto beso en la mejilla, y se dirigió al estacionamiento de la escuela, y yo fui a la dirección, ahora nerviosa pensando en que alguien nos hubiera descubierto. Cuando llegué, la directora, que es mi amiga desde hace mucho, me sonrió ya también se preparaba para irse.

-¿todo bien Letty?-, me dijo sin perder su sonrisa.

-sí-, respondí ahora si nerviosa, -todo bien, ¿por qué?-

-por nada amiga-, dijo soltando una carcajada, se acercó a mí, y me dio un suave beso en los labios, -yo también me lo hubiera cogido-

Le sonreí  más tranquila,  checamos nuestra salida, y nos fuimos al estacionamiento, donde el esposo de Claudia, la directora, y mi amiga, ya la esperaba en su camioneta, en el trayecto, Claudia me contó, que hasta donde ella sabía, solo ella se había dado cuenta de lo que ese hombre y yo hacíamos en el salón de conferencias, que nos vio por unos minutos, dudando si interrumpir y participar o no, pero que al final se decidió por retirarse, y dejarnos terminar con gusto, al llegar a su camioneta y mi auto, le agradecí y salimos de la escuela, rumbo a unas merecidas vacaciones.

Finalmente, para terminar, aunque tuve una buena sesión de sexo, y había tenido varios orgasmos, de camino a mi casa, le mandé mensaje a mi sobrino/ex alumno/amante, para que llegará a eso de las 10:30 pm, pensaba hacerlo con él al final del día, y pasar el fin de semana juntos, antes de irme de vacaciones tal vez con él, tal vez con mis amigas, en ese momento no sabía, y sí, le pedí tanto tiempo, para poder llegar y darme un buen baño, no lo recibiría llena de semen de otro macho ¿verdad?, también para vestirme lo más sexi y provocativa para él, al final de cuentas, lo que menos importaba era la ropa, siempre, por más esfuerzo que hagas para vestirte bien, todas las ropas terminan en el suelo de la habitación.

Termino de escribir esto hoy lunes 15 de agosto, en el balcón del hotel donde me hospedo, sentada con mi portátil en las piernas, mirando de vez en cuando el sol, la arena de la playa, y el mar azul, con la brisa alborotando mi cabello suelto, vestida tan solo con un bikini blanco, y una copa de vino en una mesa cercana, sonriendo por el recuerdo, y algo excitada por el hecho de escribir lo que pasó el viernes pasado, a lo mejor por la noche salga a conseguir a un buen macho, o algo así.


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