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Fecha: 16-Abr-19 « Anterior | Siguiente » en Gays

Un vecino Gay

pern
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Todo el mundo sabia que le gustaban los chicos jóvenes. Yo mismo le había visto besándose con alguno por la calle y entrando en su adosado con chicos que a cada año que pasaba superaban en menos tiempo mi edad. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Todo el mundo sabia que le gustaban los chicos jóvenes. Yo mismo le había visto besándose con alguno por la calle y entrando en su adosado con chicos que a cada año que pasaba superaban en menos tiempo mi edad.

Desde luego con mis padres no comentaba nada, no es que fueran muy estrictos o no asumieran variaciones en la sexualidad sino que simplemente en casa no se hablaba de sexo. Con lo cual lo que yo iba aprendiendo venía de otras fuentes y los gustos que iba cultivando bastante eclécticos o simplemente es que estaba cachondo a todas horas.

Como resultado de ello a mis dieciocho años mi experiencia era bastante escasa a la vez que mis deseos eran enormes. Desde luego que no tenía ni idea de como entablar contacto con él o con cualquier chica o chico al que deseara. Y me limitaba a mirar como otros chicos iban con él a disfrutar de sus cuerpos y a ganarse alguna propina, como otros disfrutaban mas que yo.

También notaba que de vez en cuando cada vez que nos cruzábamos por la calle él me miraba con lo que yo suponía y ansiaba fuera deseo. Una mañana de julio calurosa salí al patio con un pantalón de deporte, el mas pequeño y ajustado que tenía, descalzo y sin camiseta. Sabia que podía verme perfectamente desde la ventana de su dormitorio.

Tirado en una colchoneta me limitaba a tomar el sol. Sabia que él estaba de vacaciones y que no tardaría en asomarse desde detrás de sus cortinas.

Desde la calle una alta valla tapaba la vista, así que sin pensarlo mucho más me saqué los pantalones y me empecé a dar crema bronceadora por la polla y el culo. Sin dejar de vigilar de reojo sus ventanas por si descubría algún movimiento.

 
Me imaginaba que estaba dando un buen espectáculo, acariciando mi cuerpo, pero con mi poca experiencia ni siquiera podía estar seguro.
Hacía unos días que había empezado a afeitarme la polla y los pocos pelos que me salían en el pecho y sobacos así que exhibía mi piel suave. Por fin se asomó. El también exhibía su torso sin vello aunque no sabia si iba desnudo del todo. Pero me sonreía. Se limitó a hacerme un gesto con la mano para que me reuniera con él en su casa. Por fin iba a conseguir algo de acción.
 
 Volví a calzarme el pantalón, una camiseta y unas chanclas y con las llaves en la mano llamé a su puerta.
 Estaba preparado y me abrió enseguida, para que nadie me viera esperando.
 
Para tener mas de cuarenta su cuerpo estaba estupendo delgado y atlético y solo cubierto por un bañador tipo slip rojo y negro que marcaba su polla y huevos.

Me ofreció un refresco y lo acompañé a la cocina viendo como su culo duro se marcaba bajo la escasa tela del bañador. Apoyé el mío en la encimera sin dejar de mirarlo mientras sacaba las latas de la nevera. Me ofreció una, rozando mi mano con sensualidad y acercándose tanto que casi se rozaban nuestras rodillas. Nuestros ojos lanzaban chispas sin separarse aunque él todavía no estaba seguro de mis intenciones y eso que había hecho todo lo posible por aclararlas.

 

Sin apenas intercambiar palabra apoyo su mano en mi cintura directamente sobre la piel por encima de las bermudas. Deslizó una rodilla entre mis muslos. Dejó la lata en la encimera a mi lado y cogió la mía de entre mis dedos. Apoyó su pelvis en la mía y me besó con suavidad.

 Estaba tan caliente que mi polla ya llevaba dura un rato, cosa que él notaba.
 
Así que ante el roce de sus labios abrí los míos y saqué la lengua al encuentro de la suya. Ni siquiera juntamos los labios solo las letras lascivas en una danza interminable fuera de las bocas. Intercambiábamos saliva con el sabor del refresco y por fin pude acariciar una piel que no era la mía.
 

Lo abracé fuerte apretándole contra mi cuerpo, acariciando su fuerte espalda. Comenzó a bajar mi pantalón y como no tenia nada debajo mi pene duro saltó entre nuestros cuerpos a la vez que las bermudas caían a mis pies. Les dio una patada para librarme del pantalón corto y yo hice lo mismo con su bañador.

 
Cogió las dos pollas con la mano apretándolas juntas en una suave paja, rozando una contra otra. Sensaciones que nunca había sentido recorrían mi columna vertebral en rápidos escalofríos. Recogió un bote de sirope de chocolate y me arrastró a su dormitorio sin soltar mi polla. Yo lo seguía como un corderito temiendo que me la arrancaría sino iba bien pegado a él.

 Un enorme poster de un guapo chico tumbado desnudo enseñando sus encantos con descaro en una playa caribeña adornaba la pared sobre la gigantesca cama. Las sabanas estaban revueltas y de un tirón dejó solo la bajera, todo lo demás fue al suelo sin contemplaciones. Mientras lo hacia yo me arranqué la camiseta, lo único que me quedaba puesto y me tumbé boca arriba esperando sus expertas caricias.

 
 Con el frasco en una mano fue dejando finos regueros de chocolate en mi cuerpo. El frescor hizo que mis pezones se endurecieran cuando dejó unos pequeños montones de sirope sobre ellos.

Lineas marrón oscuro recorrieron mi pecho axilas y vientre y un buen chorro resbalaba desde mi glande por el tronco de mi polla hasta los huevos. No se conformó y continuó por mis suaves piernas hasta decorar los dedos de mis pies. Tiró en frasco a un rincón y se metió estos en la boca. Chupó mis dedos lamió la planta, goloso por el chocolate y por mi piel. Su lengua arrancaba mis jadeos. Para dar mi primera experiencia estaba probando cosas que nunca había imaginado.

 Su lengua subía despacio por las pantorrillas y los muslos recorriendo toda mi piel y excitándome todavía mas. Mi embadurnada polla esperaba ansiosa y dura la caricia de sus labios. Pero me burló y con un suave lametón a mis huevos subió a besarme de nuevo pasándole el sabor del chocolate en su lengua. Sujetaba mis manos por encima de mi cabeza con lo que yo apenas había podido darle unas leves caricias.

 
Esta vez empezó a recorrer mi cuerpo desde el cuello hacia abajo y con leves mordiscos, besos y lametones recogió el sirope que adornaba mi tórax, vientre axilas y ombligo sin prisa poniéndome a mil.
 
 Cada poro de mi piel estaba excitado cuando por fin su lengua alcanzó la base de mi rabo, mi piel suave, subió por el tronco salivando y mezclando chocolate con sus babas, cuando se metió el glande en la boca acariciándolo con la lengua, apretándolo contra el paladar. Su mano acariciaba mis testículos tirando con suavidad del escroto. Volvería a bajar por el duro miembro hasta meterse cada huevo en la boca, entonces me pajeaba suave. Yo estaba tan excitado que apenas pude aguantar más el ritmo de sus caricias.
 
 Le avisé que me corría y lo que hizo fue volver a meterse el glande en la boca recibiendo su semen en ella. Esperó a que terminara de salir guardándolo sobre su lengua y de inmediato subió a besarme. Abrí la boca lascivo y vi como él dejaba caer desde un palmo de altura la mezcla de semen, saliva y chocolate, lo paladee a gusto antes de sujetar su cuello con la mano y bajar su cabeza hasta la mía donde nuestras lenguas volvieron a enredarse en un beso lascivo que pareció durar horas mezclando y batiendo ese delicioso zumo que había preparado.

Con toda esa excitación mi polla apenas perdió dureza y ya estaba de nuevo en marcha deseosa de nuevos placeres. Pero antes debía dedicar con mucho gusto un buen rato a hacerle disfrutar a él. Tenía muchas ganas de tener en mis manos y boca mi primera polla. Así como estaba, con toda mi piel sudada y manchada de chocolate. Recogí el frasco de chocolate y puse una generosa cantidad en el tronco del pene de mi vecino, coronándolo con un buen montón en su glande. Me lo tragué de inmediato ansioso aunque él me pidió que fuera mas tierno, que disfrutara de las lamidas y chupadas de la piel suave y caliente.

Me relajé y empecé a hacerlo con mas calma acariciándolo con la lengua y las manos. De vez en cuando me la hurtaba y me besaba con lascivia aprovechando para acariciarme, pellizcar mis pezones o jugar conmigo. Yo tumbado en la cama y él con ambas rodillas a los lados de mi cabeza me metía el rabo en la boca, o sus huevos o subía aún mas y yo pasaba la lengua por el perineo entre sus duros muslos hasta que me puso el culo en la cara.

Pasaba la lengua por la raja y el ano que se abría a mis caricias.

Él mismo lo lubricaba con mas sirope y yo con saliva, con la clara intención de que le follara. Que se sentara sobre mi polla, de nuevo muy tiesa, inclinado sobre mí para seguir besándome. Sujetaba mi nabo con la mano mientras se dejaba caer despacio sobre él. Yo notaba como su ano lo apretaba de la punta del glande a la base poco a poco hasta que sus nalgas se apoyaron en mis muslos.

 
Apenas podía creerlo me habían hecho una mamada, yo había correspondido y ahora estaba follando mi primer culo. Empezó a moverse despacio subiendo y bajando mientras mis manos recorrían su piel. Pellizcaba sus pezones con suavidad y nos comíamos la boca cruzando las lenguas. Todo era pura lascivia mientras el sol del verano entraba por las cortinas abiertas y calentaba aún mas nuestros cuerpos.
 
Me cabalgaba sin prisa apretando el culo como si quisiera exprimir mi polla. A ese ritmo pausado aguantaba sin correrme disfrutando del polvo como nunca había disfrutado. Cuando me acercaba al orgasmo volví a avisarle de ello y él siguió sin preocuparse quería mi semen caliente en su duro culo. Quería que lo llenara con mi lefa y yo se lo di. Yo también quería correrme dentro al follar mi primer culo.

Estaba aprendiendo a marchas forzadas y dejándome llevar por mi fantasía. Así que ¿por que parar ahora?. Al terminar los espasmos de mi corrida lo voltee y volví a lamer su ano. Si antes solo con su culo limpio eso me pareció genial ahora con mi semen rezumando fue maravilloso y morboso. El había estado duro casi todo el tiempo aunque ninguno de los dos le habíamos prestado mucha atención a su rabo aparte de algunas caricias y lamidas despistadas cuando se sentó sobre mi cara.

 
Él por que sabia que yo era virgen y se centro en mi placer y yo por que aparte de masturbarlo al principio no se me ocurría otra cosa que hacer y después por que estaba muy centrado en mi mismo.

Ahora después de dos corridas y la mamada que me había hecho yo estaba mas tranquilo y tenía alguna idea sobre lo que hacer a continuación.

De su ano bajé por el perineo hacia sus suaves huevos que chupé como caramelos y de ahí a su durísima polla que necesitaba con urgencia mis caricias para poder relajarse.

No se las negué en absoluto aun sin experiencia le di larga lamidas al tronco subiendo hacia su glande, me ayudaba con la mano para conseguir su orgasmo y chupaba su glande como si del mas rico chupa chups se tratara. Aun no me sentía con la confianza como tragarme una polla sin hacerle daño con los dientes. Pero él no se quejó en absoluto simplemente disfrutó de mi inexperta mamada.

 
Hasta que explotó en mi boca de nuevo una experiencia que no había tenido nunca y que me dio un morbo tremendo. El sabor de un semen que no era el mío en la lengua, orgulloso de mi mismo por haberlo conseguido me lo tragué sin poner pegas saboreando su fuerte aroma.

El tiempo hacia ido pasando con todos esos juegos y mi madre volvería pronto del trabajo. En aquel momento satisfecho y aún cachondo me hubiera dado igual que supieran de donde salía pero él con mejor criterio me indicó que me diera una ducha y volviera a casa antes que mis padres. Aun en la ducha me estuvo mirando mientras yo perfeccionaba mis habilidades de exhibicionista acariciando mi cuerpo en su ducha de hidromasaje con el gel de baño.

 
No llegó a volver a ponerse duro, pero se acariciaba la polla de todas formas. Igual si le hubiera pasado, una nueva erección, mis padres me hubieran pillado en su casa.

Tampoco le había pedido nada mas que placer, más que el que me iniciara en los placeres del sexo aun así él deslizó algunos billetes en el bolsillo de mis bermudas. Eso en vez de cortarme me hizo sentir mas morbo, me habían pagado por sexo y además por un sexo estupendo y lascivo.

Que decir tiene que volví bastantes veces a la casa de mi vecino en cuanto me apetecía follar y podía darle esquinazo a mis padres. Nunca fue algo exclusivo y siempre fue generoso conmigo, aunque sabia que no necesitaba pagar por sexo eso le daba un aliciente, un morbo añadido, para él y para los chicos que íbamos allí.

De hecho, a mí, follar con él me dio la confianza necesaria para ligar por mi cuenta con chicos y con chicas.

 


© pern

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