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Fecha: 16-Abr-19 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

Mi segundo amor 22

Bella15
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—Tu eres la que luce preciosa cariño —susurró en mi oreja. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

¡Hola mis queridos lectores! Lamento la demora, por eso quise darles este regalo de publicar dos capítulos simultáneos. Uno corresponde a la semana pasada y este, el de hoy. Espero les haya gustado la sorpresa, hasta la próxima.

 

Capítulo 22-Cambio

 

Silvia

 

Habían pasado dos semanas desde que regrese de la capital y aunque algunas cosas habían cambiado, mi enfermedad seguía igual, la densidad ósea de mis huesos se mantenía dentro del rango normal para una osteoporosis primaria.

Sin embargo, cuando el médico me evaluó, encontró que estaba en la etapa inicial de una osteoartrosis. Una afección que afectaría considerablemente las articulaciones de mis rodillas, por lo que se me dificultaría cuidar a mi nieta y realizar ciertas actividades.

El insomnio que había tenido por el constante dolor en mis rodillas, era otro factor que estaba afectando mi salud y eso produjo que Jane se preocupara más de lo normal. Su preocupación fue tanta, que el mismo día en que regrese de la capital, me propuso que me fuera a vivir con ella.

Una decisión muy apresurada desde mi punto de vista, no quería incomodarla y más ahora que se estaba dando una oportunidad con Alondra. No obstante, no pude persuadirla de su alocada idea y sin mi consentimiento, empezó a buscar una casa de dos pisos.

De hecho, me pidió que colocará anuncios en el periódico para contratar a dos personas que pudieran ayudarme con los quehaceres de la floristería. Una labor, que resultó ser un poco difícil, ya que ninguna de las candidatas cumplía mis expectativas. Luego de  que contrate a dos jovencitas, le expliqué la dinámica de la floristería y bajo mi supervisión, manteníamos todo en orden e incluso, ellas me ayudaron con todos los preparativos para la fiesta de cumpleaños que le hicimos a Francy en el parque del este.

Aquel día, fue memorable, mi nieta disfruto con sus compañeros de clase al aire libre, de algunos juegos y los regalos que recibió por parte de Alondra y su hija. Debía admitir que esa mujer, se había convertido en una parte fundamental para Jane, no sólo la ayudaba con algunos pedidos en la tienda, sino que era muy atenta y cariñosa con ella. Hasta me incluía en sus salidas con Jane y me ayudo con ese pequeño problema que Francy tenía en la escuela.

—¿Qué piensas abuela? —preguntó mi nieta, al colocar sus manitas sobre mi rostro.

—En nada cariño—acaricié su mejilla—¿Cómo te fue en la escuela? —dije.

—Bien abuela, hoy me estaban enseñando a leer la hora en un reloj —sonrió.

—Me parece una buena idea, así sabrás cuando es hora de dormir —besé su mejilla.

Desde que comenzó el acoso escolar de mi nieta, la pobre no podía ir a dormir en su recamara, siempre tenía pesadillas o simplemente se quedaba jugando con sus juguetes sin medir el tiempo. Algo que fue afectando su patrón del sueño y tuve que llevarla a terapia con el psicólogo para que me ayudara. Fue un proceso difícil, pero se obtuvo los resultados deseados.

—Francy, ¿Qué te he dicho sobre dejar tu bolso tirado en el pasillo? —expresó Jane, con el ceño fruncido.

—Lo siento Jane, iré a recogerlo —se disculpó la pequeña.

—Francy, ve a cambiarte el uniforme que pronto vamos a almorzar —manifestó Jane.

—Aún no he preparado nada —dije apenada.

—No tienes que hacerlo—se acercó para saludarme—¿Cómo te has sentido en tu nuevo hogar? —inquirió.

—No me puedo quejar—sonreí—Aunque me siento un poco triste, se cuánto significaba la otra casa para ti —expresé.

Pese a que no quería que Jane se desprendiera de su antiguo hogar por el gran significado que tenía para ella, tuve que aceptar su decisión, pues siempre me anteponía ante cualquier cosa y era algo que le agradecía. Quizás ella no era mi sangre, pero la quería como si fuese mi propia hija, una hija que ahora era feliz y todo se debía a esa mujer de ojos violetas.

—Silvia, la casa es algo material, no importa los buenos momentos que pase en ese lugar, ahora mi prioridad eres tú y la niña —sostuvo mis manos.

—Te quiero —la abrace.

—También te quiero Silvia—dijo—¿Qué deseas almorzar hoy? —me preguntó con una sonrisa.

—Necesito hablar contigo sobre un tema delicado —mencioné, al coger aquel sobre manila que tenía a mi lado.

—¿Hablar?, ¿Pasó algo?—expuso preocupada—¿Te has desvelado de nuevo por el dolor de las rodillas? —expresó.

—No es nada de lo que debas preocuparte—acaricié su mejilla—Mientras estuve en la capital, quise hacer un trámite muy importante que te involucra a ti y a la niña—le sostuve la mirada—Sé que mi enfermedad seguirá su curso y que en un par de años, no podré cuidar a mi nieta como es debido. Por eso, decidí que seas la tutora legal de Francy —le expliqué, al mismo tiempo que le pase el sobre que contenía los documentos oficiales para ejercer su poder como tutora.

—Pero —pronunció Jane.

—Soy consciente que a mi nieta nunca le faltara nada contigo y que la cuidaras con la misma estima que lo has hecho conmigo—continúe—Hace unos días, me encargue de explicarle a Francy que tú serías su tutora y que ella podría decirte Jane o mamá,  pero que eso no cambiaría el hecho de que yo sea su abuela —dije.

—No sé qué decir —sus ojos se cristalizaron.

—¿Crees que eso afecte tu relación con Alondra? —expuse preocupada.

Aunque ese par, aún no eran novias oficiales, no podía negar que Alondra quería a Jane, hacía mucho tiempo que no la veía con una sonrisa en su rostro o con un brillo en su mirada. Sin duda, Alondra era la mujer indicada para ella.

—Alondra adora a Francy y hasta me atrevería a decir que son muy unidas —mencionó.

—Lo sé, sería tonto no darme cuenta que Francy había llegado a formar parte de su vida y que su hija Abigail, la veía como su hermanita pequeña —manifesté con los ojos vidriosos

Mientras Jane me daba un abrazo que resumía toda la felicidad que nos embargaba en ese momento, pude sentir como alguien se acercaba a nosotras.

—¿La comida esta lista? —no tardo en preguntar Francy.

—Aún no cariño—manifestó Jane, al separarse del abrazo—¿Quieres que pidamos comida china? —le sugirió.

—Sí, y también pedimos una Coca-Cola —sonrió.

 —Francy, ya hable con Jane sobre lo que te mencione hace unos días —quise explicarle.

—Entonces, ¿Cómo debo llamarte Jane? —preguntó la pequeña.

—Como tú desees cariño —acarició su mejilla.

—Si te digo mamá, ¿Alondra se enojaría? —su rostro mostro preocupación.

—No cariño, puedo asegurarte que se va a poner feliz —le dio un beso en su frente.

—¿Hoy vendrá a comer con nosotras? —expuso con emoción.

—Sí, vendrá a cenar con Abigail —sonrió.

—¿Ya le pediste que sea tu novia? —pronunció sin anestesia.

—¡Francy!—la regañe, como iba a poner en aprieto a la pobre Jane—Te he dicho que esos comentarios no se hacen —suavicé el tono de mi voz.

—Tranquila Silvia—abrazo a la pequeña—Todavía no le he pedido que sea mi novia —le explicó a la pequeña.

—Pero lo harás, ¿Cierto? —manifestó preocupada.

—Sí, sólo busco el momento adecuado —mencionó.

—¿Puedo saber porque tienes tanto interés Francy? —no pude evitar preguntar. Me causaba mucha curiosidad lo que estuviese pasando en la cabecita de mi nieta.

—No puedo decirlo, es un secreto —la pequeña se cubrió la boca con sus manitas.

—¿Un secreto? —repetí, no entendía de que estaba hablando.

—No te preocupes, Alondra y ella tienen un secreto del que no me he enterado —me explicó Jane.

—Bueno mamá, te acompaño a pedir la comida —expresó la pequeña, al entrelazar sus manos con la de Jane.

Mi nieta podía ser muy persuasiva cuando deseaba evadir un tema, era una niña muy lista para su edad y eso me alegraba. Al menos, podía usar todo su potencial para obtener las mejores oportunidades que le ofreciera la vida. 

Abigail

                                                                           

Con los años, entendí que tocar un instrumento en la etapa de la niñez, tenía ciertos beneficios que iban más allá de estimular las habilidades cognitivas y sociales. También te ayuda a fortalecer el desarrollo del pensamiento crítico y lógico, así como adquirir una excelente memoria.

El cerebro aprende a grabar y a registrar toda la información de una manera más profunda en la infancia, pues educa al oído para distinguir ciertas notas musicales y ayuda a que los dedos adquieran más flexibilidad para ejecutar las diferentes técnicas.

—¿Estás lista? —escuché la voz de Sofía.

Su melodiosa voz, interrumpió la concentración que tenía, aún no estaba preparada para salir como ella quería. Necesitaba controlar mis nervios para poder ejecutar Perfect de Ed Sheeran, sin ningún contratiempo.

Me dejé llevar por esa sensación indescriptible que se apodera de ti antes de subir al escenario. Es una mezcla de miedo, intranquilidad y preocupación porque todo salga bien, algo que resulta ser un poco abrumador.

Sin embargo, hoy me encontraba en una situación fuera de contexto y la sensación que invadía cada poro de mi piel, era totalmente diferente, no tocaría mi violonchelo ante cientos de personas, tampoco sería en un auditorio, sino más bien, en mi habitación, frente a mi novia.

—Cariño, ¿Estás allí? —dijo.

—Sí, sólo dame unos segundos, por favor —imploré.

Mi ansiedad estaba ganando terreno y dominaba la poca tranquilidad que tenía en mi interior. Quizás no era la primera vez que tocaba frente a mi novia, pero sentía unos nervios tremendos. Intentaba respirar profundo y colocarme esa armadura invisible que usaba en todos mis conciertos, esa misma armadura que me hacía sentir confiada, aunque me estuviese muriendo de miedo.

—¿Por qué tienes dos violonchelos en la habitación? —me preguntó.

—Uno es de mi madre —respondí, mientras inhalaba una vez más para intentar tranquilizarme.

No le había explicado a mi novia que mi habilidad de tocar aquel instrumento, no sólo se debía a que estudie en una academia desde pequeña, sino que mi madre se dedicó a enseñarme y a practicar conmigo de manera constantemente para ser la mejor. También me enseñó que aquel instrumento, era un compañero de por vida que se quedaría a mi lado de manera incondicional.

—Pensé que mi suegra tocaba sólo la guitarra, aunque en el conservatorio la vi tocar el violín por  aquella presentación —manifestó.

Aunque no podía ver su expresión, sabía que se encontraba sorprendida, pues hace unos días, mi madre saco su violonchelo de su lugar privado para tocar algunas melodías conmigo y sin querer, lo dejo en mi habitación.

—Lo sé, mi madre adora su guitarra, pero sabe manejar otros instrumentos a la perfección —dije, al coger mi instrumento para salir.

—Pensé que te habías arrepentido —manifestó, al ver mi atuendo.

—Jamás —me límite a decir.

—¿Entonces? —expresó de manera divertida.

Mis mejillas se sonrojaron, no podía creer que termine accediendo a una de las fantasías de mi novia. Coloque mi instrumento a un costado y con un movimiento lento, desate el nudo que tenía mi bata de baño. A medida que la fina tela se deslizaba por mi piel, mis ojos percibieron sus gestos y cuando la bata estuvo en el suelo, sentí que mi piel se erizó.

—¡Que hermosa te ves! —pronunció Sofía, mientras su mirada recorría cada centímetro de mi piel.

—¿Recuérdame porque estoy en esta situación? —fruncí el ceño.

Por la manera en que me miraba, tenía mis dudas de que me dejaría culminar la melodía. La conocía tan bien, que podría jurar que se me lanzaría a mitad de la presentación.

 —Porque perdiste una apuesta cariño —se mordió el labio inferior.

Moví mi cabeza, al recordar su alocada apuesta, no podía creer que se había salido con la suya después de todo. Para la próxima, tomaría mis precauciones antes de ceder a ese juego basado en el azar, pues la única que salió beneficiada fue mi novia.

—¿Por qué demonios tuve que apostar que tocaría mi violonchelo desnuda? —me regañe a mí misma.

Estaba segura que ganaría, tenía el presentimiento que el universo estaría de mi parte, pero me equivoqué. Ahora debía asumir las consecuencias y quedarme con las ganas de ver cocinar a mi novia, en traje de Eva.

—Vamos cariño, empieza o te me vas a resfriar —me alentó.

—Quiero mi revancha —sentencié.

—Cuando quieras baby, pero ambas sabemos que tú te embriagas más rápido que yo —sonrió.

—Ni que lo digas —dije.

Recordé que hace unos días, habíamos comprado una caja de cerveza para estudiar cual de las dos, podía beber sin emborracharse con tanta facilidad. De hecho, hicimos una apuesta en el proceso y la que resultara como perdedora, debía cumplir su palabra y no echarse para atrás.

Ante la mirada de mi novia, me ubique en mi asiento, apoye mi instrumento entre mis rodillas y mi mano izquierda sujetaba el mástil para empezar con mi labor. Pero antes de que mi mano derecha deslizara el arco sobre las cuerdas, mi novia llama mi atención.

—¡Espera!—se acercó a mí para darme un tierno beso, pero una de sus manos se deslizó por mi abdomen y llegó hasta mi centro—Sabia que estabas tan húmeda como yo —dijo, antes de volver a la cama.

—Eres un caso —expresé, sin dejar de sonreír.

Retomé mi postura, mientras que la letra de aquella canción invadía mi mente. Cerré mis ojos y deslice el arco, al mismo tiempo que mis dedos realizaban la técnica de pizzicato para producir el sonido deseado.

Encontré un amor para mí 

Cariño, sumérgete y déjate guiar por mí.

Bueno, encontré una chica, bella y dulce 

Oh, nunca supe que eras tú quien esperaba por mí.

 

Me deje llevar por la suave melodía y por un instante, me olvidé que estaba desnuda frente a mi novia. Simplemente dejé que mis manos hicieran lo suyo, que crearán el sonido, cambiando de posición con mis dedos para expresar la nota de manera espontánea.

Cariño, estoy bailando en la oscuridad contigo en mis brazos 

Pies descalzos en el césped, escuchando nuestra canción favorita.

 

Mientras movía el arco, quise mirar a mi chica para ver su rostro. Se encontraba tan feliz por aquella melodía que le estaba dedicando, que la apuesta quedó a un segundo plano. Su mirada y su lenguaje corporal, me trasmitía de manera inconsciente todo ese amor que sentía por mí.

Me encantaba ese gesto que hacía al jugar con su cabello mientras me observaba, solía hacerlo para coquetearme o cuando estaba nerviosa, y podía jurar que en ese momento. Estaba muy nerviosa por como la miraba mientras tocaba aquella melodía

Aún somos chicas, pero estamos tan enamoradas 

Luchando contra todas las dificultades.

Cerré mis ojos para continuar con mi labor, a cada movimiento que hacía con mis dedos, generaba las notas que eran necesarias para ejecutar esa grandiosa melodía. Mientas deslizaba el arco, me fui adentrando a cada estrofa de esa canción y sentí un ligero escalofrío por mi espalda. Realmente me estaba excitando esa situación frente a mi chica.

Cuando te vi en ese vestido, luciendo tan hermosa.

No merezco esto, cariño, luces perfecta esta noche

—Tu eres la que luce preciosa cariño —susurró en mi oreja.

Mi corazón se aceleró, no supe en qué momento se levantó de la cama para colocarse detrás de mí. Pero sin importar lo tentador que era sentir sus caricias por mis costados, quise continuar, no quería dejarme llevar por todo ese mar de sensaciones que ella me producía.

—No sabes cuánto me estoy conteniendo para no hacerte mía —mordió el lóbulo de mi oreja.

Ese gesto, fue suficiente para que mi cuerpo reaccionará y terminará en un delicioso orgasmo que no vi venir. Un orgasmo que me hizo estremecer por completo.

—Ahora es mi turno—cogió  mi rostro para darme un beso apasionado—Una caricia tuya, será suficiente para que yo también pueda correrme  —me confesó.

No tuve que pensarlo dos veces para dejar mi violonchelo a un costado, cargué a mi chica y la llevé a la cama. Con un movimiento ágil, le fui retirando cada una de sus prendas para estar en igualdad de condiciones, deseaba tanto hacerle el amor de una manera lenta, que me era imposible cumplir su petición. Sólo quería perderme en sus gemidos y sentir su entrega total.

Pero mi novia estaba tan deseosa, que al sentir mi cuerpo desnudo sobre el de ella, se tensó y llegó en un exquisito orgasmo. Sus piernas se enredaron en las mías, me abrazo de una manera tierna y junto su frente con la mía.

—¡Que intenso! —expuso, con su respiración agitada.

—Demasiado —le di un tierno beso.

—¿Crees que podamos con otro asalto antes que llegue mi suegra? —me miró de manera divertida.

—¿Sólo uno? —mis labios dejaban besos húmedos sobre su cuello.

—Mmm —gimió.

—¿Cuántos asaltos quieres? —succione uno de sus pechos.

—Muchos —respondió, al mismo tiempo que sus labios atraparon los míos.

Una lucha de besos, caricias, suspiros y gemidos que demostraban la imperiosa necesidad de amarnos, hasta que nuestros cuerpos no dieran más batalla.


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