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Fecha: 16-Abr-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Me hicieron creer que era afeminado. (14)

tauro47
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Ya en mi casa madrileña iba adaptándome a la vida de la ciudad e intentaba integrarme en el barrio, por lo pronto ya había hecho amistades o conocidos y en la Academia, tras un mal comienzo, empecé a coger el ritmo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

                                                  En la clase siguiente mis compañeras se dedicaron a hacer el pantalón a medida que les había mandado la profesora como ejercicio, entre ellas murmuraban y me miraban de vez en cuando.  Ese día también había sido el primero en llegar, Rosa me miró con poca simpatía y me dio unos buenos días más fríos que la mañana, Sonia seguía en su rincón y no hablaba más que cuando le preguntaban a ella directamente, que eran muy pocas veces, yo me cuidaba mucho en no darle motivos a la Profesora para que me tomara manía y todo iba más o menos bien hasta que Adela como siempre dijo en voz alta.

  • Rosa, ya tenemos casi el pantalón, ¿se lo podemos probar a Carlos?

                                                  Rosa me miró, yo hubiera preferido que me tragara la tierra pero con una sonrisa irónica le contestó.

  • Claro Adela, es vuestro maniquí pero tened en cuenta que os voy a poner nota porque habéis tenido un maniquí de excepción y es una ventaja.
  • Por supuesto Rosa, las medidas están bien tomadas, seguro.

                                                  Me hicieron el pasillo hacia el taburete elevado que hacía de estrado y subí mirando al techo, varias manos se acercaron a mí, tenía la esperanza que ante la mirada atenta de Rosa se contendrían y así lo hicieron… a medias, todas ellas actuaban de la manera más inocente, por lo menos, en apariencia porque con la excusa de probarme la prenda me quitaron la mía, en calzoncillos y con las piernas y las caderas huesudas daba una imagen patética, en el fondo de la clase veía sentada a Sonia en su silla, con la cabeza baja parecía que no quería ver lo que me esperaba.

                                                  Rosa se acercó a las alumnas para comprobar de cerca los defectos de su trabajo, algunas manos me habían colocado el pantalón en su sitio aunque no evitaban rozarme la polla, a todas les gustaba estirar de aquí o allá para quitar arrugas y Rosa les daba las soluciones y correcciones necesarias. 

                                                  Cuando ya parecía que había pasado el suplicio me bajaron el pantalón, yo estaba apurado por este momento y con Rosa a tan corta distancia no creí que se atrevieran a nada pero me equivoqué porque a la vez del pantalón alguna mano generosa o maliciosa arrastró el calzoncillo hasta los pies, la polla la llevaba a media asta, no llegaba a estar horizontal pero ya mostraba maneras.  Las compañeras esperaban la reacción de Rosa y a ésta sólo se le escapó un ¡ooooh! que ya decía bastante y sin más se volvió a su mesa.

                                                  Las señoritas remilgadas de otras ocasiones ahora me cogieron la polla, la agitaron rápidamente y para cuando Rosa se volvió hacia nosotros ya había alcanzado un ángulo bastante ascendente, ella se cubrió la cara con las manos intentando no ver o hacer como que no había visto nada pero las chicas se quedaron esperando algún comentario.

                                                  Al volver a mi sitio Sonia me dijo en voz baja.

  • Hoy has tenido suerte, no se han portado demasiado mal.
  • ¿No?, si me han estado palpando disimuladamente y provocándome una erección para que Rosa dijera algo, no sabes lo mal que lo he pasado, ¿no has visto como la tenía al final?
  • No he querido mirar pero me lo imagino.
  • Gracias pero me siento muy violento, ¿te puedo acompañar a casa hoy?
  • Me sabe mal que te desvíes tanto.
  • ¡Qué va, sólo dos calles!, así hablamos un rato, aquí en clase estamos tan aislados…
  • Como quieras pero ya sabes… hasta donde el otro día, luego ya sigo sola.
  • Tú mandas.

                                                  Al salir a la calle cada una cogió una dirección y yo me esperé a los últimos, Sonia fue la última a excepción de Rosa que cerraba casi siempre, la Directora venía a ratos, se metía en el despacho y apenas la veíamos.

  • ¿Te apetece tomar algo Sonia?, te invito a lo que quieras.
  • No gracias, ya sabes que mi tía me controla y si llego un poco tarde enseguida se lo dice a mis padres.
  • Está bien, sólo era por estar un rato charlando, me gusta tu compañía.
  • Y a mí pero es muy difícil, con lo grande que es Madrid y me parece mi pequeño pueblo.
  • En cambio a mi me parece inmenso y estoy deseando que llegue el domingo para pasear y ver cosas, ¿a ti no?
  • Claro pero a mi tía se le ocurre limpiar la casa los domingos, ella es así.
  • ¿Y tu novio, no te escribe?
  • ¿Y dónde me va a enviar las cartas?  Mi tía las rompería antes de dármelas…
  • Joder, habrá que pensar algo.

                                                  Se me hacía cortísimo el paseo con Sonia hasta dos calles antes de su casa pero, por el momento, por su bien, no había más remedio que seguir sus normas, cuando volví a casa abrí la nevera y me di cuenta que me había descuidado y no tenía ni pan para cenar, me asomé al balcón y vi a Vero que estaba bajando la persiana del horno, ya era hora de cerrar y le grité.

  • ¡Vero!, ¿te queda pan aunque sea duro?
 

                                                  La Panadera sonrió moviendo la cabeza y enseguida salió con dos paquetes en la mano.

  • Gracias, ahora bajo.
  • No espera, tengo que enseñarte una cosa, ¿en qué piso vives?
  • Jajaja, pulsa “al cielo” y si el ascensor llega estarás en mi casa, te espero.

 

                                                  Ya me había puesto el pijama para estar por casa pero me volví a poner los pantalones cuando llamaron a la puerta.

  • Uf, ya estoy aquí, menos mal que tienes ascensor porque hay muchas casas que no lo tienen aunque me vendría bien para rebajar peso.
  • No digas eso que estás estupenda.
  • Jajaja, que mentiroso eres, no hace falta que me digas como estoy, tengo espejo en mi casa.
  • Pues yo sólo veo a una chica preciosa… con unas poquitas curvas sólo, jajaja.
  • Gracias por tu intento pero no te creo, mira lo que te he traído.
  • Si no hacía falta, sólo un trozo de pan… aunque sea de ayer.
  • No me refería a eso, en esta bolsa te he traído unas empanadillas, no las he podido vender y mañana ya no estarán buenas…
  • Estarán tan buenas como tú, bombón.
  • Jajaja, ¿yo buena?, qué más quisiera, en esta otra te he traído una tela que he comprado, quisiera que la vieras, si te gusta y quieres me puedes hacer algo y si no se lo digo a la modista.
  • ¿A la modista, serías capaz?, te lo haría yo aunque fuera tela de saco jajaja.
  • Es una tela que me ha gustado de la tienda de enfrente pero con mi cuerpo no sé qué se puede hacer…
  • Seguro que más de lo que imaginas pero si no te importa ¿por qué no nos comemos las empanadillas juntos?, así no ceno solo, ¿tienes prisa o algún chico por ahí…?
  • Eso quisiera yo, no he tenido novio nunca.
  • Pues ahora verás, con el vestido que te haga tendrás cola en la tienda y no será para comprar pasteles, sino para comerte a ti.
  • Jajaja, ¡que Dios te oiga!

                                                  Despejé la mesa y nos sentamos, Vero me había engañado, no sólo había traído las empanadillas, también había recogido todo lo que había sobrado en el mostrador y de postre unos deliciosos pastelillos, hasta tuvo la idea de coger una botella de vino dulce que le quitó a su padre.  La cena fue un banquete especial, nos reímos mucho contándonos anécdotas y acabamos sentados en el sofá medio abrazados riendo y haciendo monerías, en una de ellas me incliné sobre ella y caí sobre sus piernas, con la cabeza me apoyé en sus tetas que me parecieron una almohada, nos miramos y nos tronchamos de risa, entre carcajadas ella dijo.

  • ¿Qué te parece los almohadones que tengo? para que digas que no.
  • Bah, tampoco es para tanto, además se está comodísimo.
  • ¿Ah sí, pues aprovecha y pon la cabeza sobre ellas pero… no te duermas eh?
  • Jajaja, no creo si acaso soñaré con ellas.

 

                                                  Entre risas y bromas apoyé la cabeza en la delantera de Vero, ella me sujetaba para que no me escurriera y me mantenía en su blando mostrador.

  • Mmm, muaaak, ¡qué maravilla, lo que se pierden algunos madrileños!, tienes unas tetas deliciosas.
  • Jajaja y eso que no las has visto.
  • No me hace falta, se te notan los pezones, mira como los muerdo.
  • ¡Ay, qué malo que eres, me has hecho daño!, los tengo muy sensibles.
  • No te preocupes le haré una cura de urgencia.
  • No sé cómo.
  • Tranquila es un secreto, ábrete la camisa y verás.

 

                                                  Vero me miraba desconfiada pero sonriente, al abrir la camisa asomaron dos masas de carne blanquísima, prácticamente no tenía canalillo, era todo una pieza pero yo empecé a darle besos cortos por todo el pecho, ella reía sin parar pero cuando le bajé el tirante que se le marcaba en el hombro por el peso que soportaba, la copa quedó suelta y el pecho se descubrió, quedó justo cubriéndole la areola que en realidad era mínima, apenas tenía un circulo rosado y un pezón bastante prominente de forma de cereza. 

                                                  Entre beso y beso con la lengua pasé por debajo de la copa y pulsé el pezón, ella se estremeció, yo dudé sobre lo que podría pasar a partir de ahí pero Vero acabó de bajar la copa dejándome la masa de carne blanca sobre la cara y el pezón en la boca, apenas podía respirar pero mi lengua no dejaba de lamer y chupar aquel pezón.

  • ¿Vero, tu padre no se enfadará si tardas?
  • ¡Aaaaah! no Carlos, sigue chupándome el pecho, eres el primero que me lo hace, olvida a mi padre ahora.
  • Lo decía por ti y… por mí, es muy grande.
  • Y bruto… pero no te distraigas y cómeme las tetas.

                                                  Vero acabó de sacar la otra teta y el banquete estaba servido, nunca había visto ni mucho menos lamido un par de tetas como aquellas, no me tenía que preocupar de nada, donde chupara era teta, como premio tenía los pezones que me los encontraba de vez en cuando, le cogí la mano y ella no opuso resistencia cuando la llevé a mi polla.

  • ¡Dios mío si parece una baguette, que dura!
  • No exageres Vero pero lo que te puedo asegurar es que está casi tan deliciosa como tus empanadillas, ¿quieres probarla?
  • Mmm, si tú lo dices… me encantaría.

                                                  Ella se ocupó de todo, me soltó el pantalón y me sacó la polla, tuvo sus dificultades porque la tenía como una estaca pero al verla se quedó maravillada.

  • ¿Es qué no habías visto ninguna Vero?
  • Al natural no y menos como ésta, ¿y no te hace daño tan dura?
  • Un poco pero ya sabes cómo se cura esto.

                                                  La Panadera no era tonta ni mucho menos y enseguida se inclinó de forma que no me dejara sin sus tetas pero llegó a mi polla, le dio dos lamidas y el glande desapareció en su boca, según iba chupando yo me iba bajando los pantalones hasta quitarme todo, busqué en su entrepierna y entre los muslos gruesos vi al fondo una raya blanca que resultaron ser las bragas.  No dejé de acariciarle los muslos por dentro hasta que llegué a las mismas, tampoco fue fácil encontrar hueco para separarlas a un lado pero cuando lo conseguí mis dedos separaron los labios rollizos, eran muy apetitosos y los hubiera lamido al instante pero Vero no me dejó hasta que le toqué el clítoris, entonces se tumbó junto a mí, a su lado yo parecía una “I” pero la polla me excusaba.

                                                  Mi boca buscó en su pubis con abundante vello y en los labios mordí sin reparos, cada labio ocupaba mi boca y en el centro encontré el clítoris que, para tener un coño tan relleno, era pequeño pero nada más lamerlo, se irguió como un caracol y pude cogerlo con cuidado con los dientes y lamerlo quitándole el prepucio.  La chica abrió sus piernas temiendo que no llegara a todos sus rincones, se equivocaba porque mi cabeza se hundió entre sus piernas y abarqué el coño, ella me chupaba la polla con una maestría propia de una experta, el instinto la había guiado por el buen camino y acertaba donde más gusto me daba.

                                                  Los temblores semejaron un terremoto, sus carnes temblaron agitadamente y las tetas se bamboleaban sin orden, soltó mi polla y estirándose los pezones gritó sin recato.

  • Carlos, cielos me corrooo, sí me corro, cuánto tiempo esperando esto, no pares, sigue.

                                                               Seguí procurando no incidir tanto en el clítoris para que tuviera un orgasmo menos intenso pero más duradero.  Cuando se relajó de las sacudidas más fuertes enseguida se aplicó a mi polla y no paró hasta que la leche salió a borbotones, Vero tragaba y tragaba sin cesar y al terminar se relamió, quedamos tendidos exhaustos sobre el sofá.  Si me lo hubiera pedido le habría metido la polla en el coño, no sabía si sería virgen de verdad pero eso podía esperar, ahora estaba demasiado agotada.

                                                  Al levantarse me recordó una ninfa de Rubens, cogí la cinta métrica y le tomé medidas, le pregunté cómo quería el vestido y me dijo que confiaba en mi y en mí gusto, también me contó que su madre parecía otra, siempre estaba cantando cuando no estaba su padre en casa y se notaba dichosa, le iba a dar mi diagnostico: “porque está bien follada” pero me contuve, cuando terminamos la acompañé a su casa, tuve que hacer lo mismo que con Sonia, me quedé en la esquina hasta que entró en el patio y volví a casa.

                                                  Por la mañana al ir hacia la Academia pasé por delante de la Panadería y Vero me saludó discretamente desde adentro, a su lado vi la sombra del señor Paco y seguí mi camino.

                                                  Rosa ya estaba en la clase cuando subí, apenas levantó la cabeza al verme y me dio los buenos días, yo esperaba alguna referencia a la escena de la prueba del pantalón pero en cambio me susurró.

  • Carlos no te confíes… te estoy vigilando y te lo voy a poner difícil.
  • Sí, señora Rosa.
  • Ya te he dicho que sólo Rosa, nada de señora que no soy tan vieja.
  • Lo que usted diga se… Rosa.

                                                  La Profesora tenía palabra y siempre que explicaba algo se volvía para mirarme, no sabía a qué atribuirlo pero no me decía nada, hacía los dibujos de los patrones en la pizarra y me miraba para ver que decía, a veces me daba cuenta que se equivocaba pero no era así, lo hacía adrede para ver que hacía yo, descubrí que aunque yo no decía nada mi expresión era la de querer hacerlo y ella volvía a la pizarra sonriendo.

                                                  Estaba dispuesta a putearme de cualquier forma y lo conseguía siempre, hasta que me dijo.

  • Carlos, tú que sabes tanto de patrones, ¿te atreverías a hacer uno de una blusa y una falda?
  • Creo que sí, por lo menos a mi manera que seguro que no será la correcta.
  • Me gustaría que me lo demostraras… a ver Adela, sube al taburete que hoy vas a ser tú la modelo.
  • Claro Rosa, como soy la que tiene el cuerpo más bonito…

                                                  Las demás compañeras murmuraron ante la petulancia de Adela pero ninguna rechistó.

  • Venga Carlos, enséñanos de lo que eres capaz y sin miedos, hoy serás tú el modisto que quieres ser.

                                                  Vi el cielo abierto, Adela en pose de modelo de pasarela y las demás con cierto malestar por su altanería, Rosa divertida a ver qué pasaba y Sonia como siempre en su rincón aunque le vi interesada por lo que pasaba, -esto sí que es una sorpresa-, pensé.

                                                  Envalentonado por el ambiente me acerqué a Adela, con el metro en la mano, ella me miraba desde lo alto con cierto desprecio y eso fue lo que me hacía falta, lié la cinta métrica en mi cuello y me arrimé, le cogí el primer botón de su camisa y se lo solté, miré a Rosa y con la cabeza me indicó que le parecía bien y que siguiera.  

                                                  Adela con el tercer botón ya no estaba tan segura de sí misma en cambio las demás estaban con los ojos abiertos de par en par, uno tras otro los botones fueron abriéndose hasta dejarle el sujetador al aire, todas alabaron el modelo tan moderno para la época y ella volvió a presumir, ya no se daba cuenta que estaba en sujetador, todas eran mujeres y yo…. no contaba como hombre.

                                                  De vez en cuando miraba a Rosa, se lo estaba pasando en grande aunque hacía cara de indiferente y cuando estiré la camisa sacándola de la cintura de Adela el ambiente fue haciéndose tenso, ninguna adivinaba por donde iba a salir y menos la modelo, le pedí que cambiara de postura y le solté la falda, la dejé caer de golpe y quedó sólo con las medias, con las ligas y las bragas a conjunto del sujetador, las demás tuvieron que reconocer que Adela era un monumento de mujer y eso a ella le hizo olvidar que iba muy ligera de ropa, al fondo vi a Sonia sonreír interesada.

                                                  A Adela se la tenía jurada y aproveché bien, les iba explicando a todas lo que hacía, le corregía los ajustes del sujetador, las tetas cambiaban de posición y las manejaba a mi voluntad, ella miraba a Rosa incrédula pero Rosa miraba hacia otro lado, en un momento con la excusa de que se me había trabado un tirante dejé caer la copa y por consiguiente la teta de Adela quedó al aire, apenas se movió porque las tenía altas y duras, sonrió ante la admiración de todas pero yo hice lo mismo con la otra, ya con las dos al aire les expliqué que sería mejor ajustarlo quitando la prenda.

                                                  La solté y las tetas siguieron tan erguidas como antes, Adela estaba orgullosa de sus pechos, procuré lamer mis dedos y pasarle dos por los pezones a la vez que los soplaba, los dos salieron como ratones de la madriguera, una exclamación de admiración llenó la clase, incluso Sonia se admiró de ver aquellas tetas tan perfectas, les di tiempo para que las admiraran y le quise poner el sujetador otra vez pero Adela estaba en su mejor momento y prefirió quedarse como estaba.

                                                  Me vino bien porque me dediqué a la parte de abajo, las bragas le ceñían apretándole las caderas, las separé un poco para quitarle las marcas del elástico y ella lo agradeció pero no las dejé y fui enrollándolas sobre el culo y dejándolas caer a sus pies, un triángulo de vello rizado apareció sobre su pubis, estaba bien recortado y las chicas ladearon el cuello para verlo mejor.

                                                  Adela cambió de postura por “comodidad” pero dejó las piernas separadas para que se apreciara bien la melena y los labios semi ocultos, miré a Rosa y ella ya también estaba interesada, se movía en su asiento mirándome y mirando a Adela de arriba abajo, saqué del bolsillo el peine que siempre llevaba y sin dar la menor importancia peiné el pubis de Adela, separando en dos mitades los rizos, claramente se adivinaba el clítoris que ya asomaba húmedo, incidí en él con el peine y la modelo aguantó los roces con pequeños gemidos, las compañeras que estaba cerca pudieron notar la humedad que bajaba de su vagina y los pechos duros como piedras con los pezones que no dejaban de sobresalir,

                                                  Adela ya no miraba a nadie y con los ojos cerrados se cogía las tetas y cruzaba las piernas, un temblor en todo su cuerpo delató a las más avispadas que se estaba corriendo y que no era una corriente de aire, las otras hacían cábalas y Rosa detrás de la mesa escondía las manos entre las piernas, Sonia lo estaba pasando de lujo, era la primera vez que la veía reír y aplaudir suavemente.

                                                  La toma de medidas fue lo más lenta que pude, le pasaba la cinta fría entre los muslos y la sacaba mojada, por las tetas la enganchaba con los pezones haciéndolos saltar vibrando y al medirle la espalda le soplaba en la nuca poniéndole la carne de gallina, cuando terminé recogí el sujetador de la mesa y le subí las bragas por las piernas con las medias, las desenrollé y las ajusté a la ingle.  

                                                  Abarqué con la mano abierta el coño entero y el dedo corazón lo introduje en la vagina disimuladamente, Adela gimió y se estremeció, cuando terminé de devolverle la ropa le di la mano para ayudarle a bajar, noté que le temblaba y le mandé un beso al aire, no me guardaba rencor y me lo devolvió.

  • Tengo que reconocer que desde que soy Profesora no había visto tomar medidas tan meticulosamente y la verdad me ha encantado, gracias Adela, ¡ah tienes un cuerpo perfecto!
  • Gracias Rosa, ya os lo dije.
  • Supongo que también querrás que Carlos te haga las otras pruebas.
  • Estoy deseándolo Rosa.

                                                  Al terminar la clase las compañeras me rodeaban, me preguntaban si siempre tomaba las medidas así y les dije que era mi norma inexcusable, algunas se oyeron decir que se harían un vestido en la primera ocasión. 

                                                  Sonia me esperaba en la puerta de la calle, ahora era ella la que quería que la acompañara y lo hice gustoso, se la notaba encantada por la “master class” que había dado aunque le tuve que confesar que no todo era preciso hacerlo, ella comprendió entonces y rió a carcajadas, cuando llegamos al punto de separación me preguntó si me podía pedir un favor, por supuesto que se lo haría.

  • Es por Daniel mi novio, bueno no es mi novio pero es el chico que me gusta, le he escrito una carta, no debí hacerlo sin consultarte primero pero se me ocurrió y pensé que era buena idea.
  • Bien y que decía la carta si se puede saber.
  • Claro, le decía si me podía enviar sus cartas a tu dirección, tú me las darías a mí y yo le contestaría, ¿qué te parece?
  • Me parece estupenda idea, anota mi dirección y se la mandas, cuando venga alguna te la daré.
  • Gracias Carlos eres un chico encantador.

                                                  No me dio tiempo a contestarle, me dio un beso en la mejilla y salió corriendo hacia su casa, la vi marchar y me pareció una chica especial, lástima que ya quisiera a un chico y que otro estaba al acecho para casarse con ella sin quererlo.

                                                  Esta vez pasé por la Panadería antes de subir, Vero estaba muy hermosa, se había pintado los labios y un poco de sombra en los ojos, su padre acababa de irse a casa y nada más verme me hizo pasar por detrás del mostrador al obrador, me apretó contra unos sacos de harina y me besó, poniéndome las manos en sus tetas, noté que las tenía más duras y no tan desparramadas, ella se bajó el delantal y se subió la camiseta, me enseñó el sujetador nuevo que había estrenado, éste ya le hacía canalillo y las tetas tenían forma más natural, sacó un pezón y me lo ofreció, se lo chupé, me supo a poco y le busqué el otro que estaba igual de rico pero entonces, cuando su mano iba buscando mi polla, se oyó que alguien entraba en el horno. 

                                                  Tuve que esperar a que se fuera y cuando volvió a mí ya tenía la polla afuera, me dio dos lamidas y se oyó otra voz desde la tienda preguntando si habían cerrado, tuve que guardar mi arma y cuando se fue el cliente salí decepcionado, no era ni el momento ni el lugar, cuando salía por la puerta me gritó.

  • ¡Carlos, sacúdete que vas lleno de harina!

                                                  Al marcharme me había dado una barra de pan y le dejé el importe que ya tenía separado en el bolsillo, ella intentó devolvérmelo ofendida.

  • Vero, los negocios son los negocios.

                                                  Por la mañana como siempre llegué pronto pero no el primero, Rosa ya estaba en la clase organizando las sillas y borrando la pizarra, la limpiadora acababa de fregar el piso y se había ido, la Profesora al verme me sonrió, yo acostumbrado al gruñido de las mañanas me sorprendí y cuando dijo que me acercara temí lo peor, se sentó en su mesa y cuando estuve a su alcance estiró de mí y me rodeó con sus piernas.

  • ¿Carlos, esa forma de tomar medidas la podrías repetir ahora?
  • Bueno… cuando venga Adela lo podemos hacer…
  • No me entiendes… te pregunto si me podías tomar medidas a mí.
  • Mmm, supongo, siempre tomo medidas más o menos así
  • ¿De verdad?  Que interesante, ¿y nadie se te ha quejado?
  • Hasta ahora no.
  • Anda tómame medidas como acostumbras… tus compañeras aún tardarán, ya las conoces.

                                                  Una oleada de calor me subió a las mejillas, me pasaron por la mente las malas caras, las humillaciones y los desprecios y se me ocurrió, “como de costumbre” había dicho, le separé las piernas para salir de su lazo y las levanté haciéndola tumbar sobre la mesa, ella se dejaba hacer, me di cuenta que debajo de aquellas faldas largas habían unas bonitas piernas y entre ellas unas bragas negras que mi boca atrapó, abrió las piernas subiendo la falda sobre su pecho, quité las bragas y la hice bajar de la mesa, la tumbé sobre el tablero y le separé los pies. 

                                                  Las nalgas estaban blancas pero duras, no tenía celulitis sino unos hoyuelos tentadores, le busqué las tetas por debajo del vestido y se las saqué del sujetador dejándolo debajo del cuello, no las tenía nada despreciables, le pasé la polla como un pincel por el coño, lo tenía húmedo ya y al pasar por la vagina metí el capullo, ella se acabó de tumbar sobre la mesa con los pies en el suelo y me metí de un golpe, más que un gemido fue un gruñido lo que salió de su boca pero mi polla ya estaba mojada de flujo y entraba y salía sin dificultad, se corrió muy pronto ante mi sorpresa.

  • Rosa, ¿me dijo que cómo acostumbraba?
  • Síiííí, no cambies de normas ahora.

                                                  La polla seguía paseando entre los labios pulsando el clítoris y la vagina mojada pero apunté más alto y llegué a mojarle el culo, ella no esperaba que me fuera a quedar allí, esperó y esperó pero empujé y la polla se abrió paso en su culo, el gruñido ahora fue un lamento, le entró el capullo más fácilmente de lo esperado y seguí hasta enterrar el tronco a la mitad.

  • Joder Carlos, ¡que costumbres tienes pero no las cambies por mí, sigue!

 

                                                  Al otro empujón acabé de enterrarla y cogido a sus tetas movía la mesa en cada movimiento, Rosa tendría mal genio pero se corría como los ángeles, cogida a los cantos de la mesa aguantaba las embestidas pidiendo más y más, hasta que notó que mi capullo palpitaba demasiado.

  • ¡Noooo, espera Carlos, en mi culo no!, hoy no, quiero beberme tu leche.
  • Por mi no hay problema, date la vuelta Rosa.

                                                  Chica obediente, se arrodilló frente a mi polla y se la metió en la boca, la cogí de la nuca y le follé la boca como había hecho en el culo, ella intentaba zafarse pero la tenía bien sujeta y cuando lloraba pidiendo que parara, me corrí, haciendo gárgaras y llorando fue tragando la leche acumulada de un par de días, cuando se levantó me miró entre agradecida y enfadada, salió de la clase con la braga en la mano y la falda medio subida, en el pecho se le notaba el bulto del sujetador, apenas me había guardado la polla llegaron la primeras alumnas.

                                                  Mi pesadilla era sin duda el ascensor de mi casa, por cada piso que pasaba se tambaleaba tanto que parecía que iba a caer al vacío por eso cuando coincidí otra vez con la anciana de la silla de ruedas y su acompañante me dije eso de “mal de muchos…”.  La señora, sabía mucho de la vida y no se resignaba a la vejez, me hizo la misma maniobra de la otra vez, con los dedos apoyados en la silla me tocaba la polla, logró ponerla a media asta pero se conformó, para ella fue una alegría.   

                                                  En el bolsillo llevaba un sobre que había cogido asomando de mi buzón de correos, como remitente sólo ponía una D, yo imaginé que sería de Daniel y lo acerté, no la abrí y a la mañana siguiente se la di a Sonia, no esperó y la abrió enseguida, los ojos se le llenaron de lágrimas, le dio un montón de besos al papel y se lo guardó en el sujetador al lado del corazón.

                                                  De la idea que había tenido yo no fue nada, todos los días tenía una carta en el buzón, todas con la D e, invariablemente, Sonia les daban un montón de besos y se la guardaba en el pecho pero llegó un día que me dijo al acompañarla a la casa.

  • Carlos, tengo un apuro… te quiero pedir otro favor.
  • Dime Sonia, lo que quieras, ya lo sabes.
  • No tengo donde guardar las cartas, si las ve mi tía…
  • ¿Y porque no las tiras?  Una vez leídas…
  • ¿Qué dices?  Si son como si fuera mi vida, Daniel es mi ilusión de vivir, cada letra y palabra son mi consuelo.
  • Vale Sonia, ¿qué quieres, que te las guarde yo?
  • Sí, si no es molestia, en una caja de zapatos en cualquier rincón, sólo te pido que no las tires.
  • Eso no mujer, si tanto representan para ti.

                                                  Cuando me las dio las llenó de besos, parecía que se estaba despidiendo de un familiar querido.

  • ¿Y Daniel también guarda las tuyas?
  • Claro, me lo ha jurado, las tiene todas y las lee y las relee.  Le he puesto perfume del que uso y le encanta, me gustaría ponerle algo más pero no se me ocurre nada.
  • Estoy pensando una cosa…  ¿Has probado a pintarte los labios y marcarlos en la carta?, eso creo que lo hacen los enamorados, es como si le dieras un beso con tus labios grabados.
  • ¿No crees que es demasiado atrevido?
  • No mujer ya verás cómo le encanta.

 

                                                  Y vaya que le encantó, a los dos días, cuando la acompañaba a la casa, me dijo.

  • ¡Carlos tenías razón, le ha encantado, no ha dejado de darle besos a mis labios!, dice que…
  • ¿Qué dice?
  • No me atrevo a decírtelo…
  • Venga Sonia, ¿no confías en mí?
  • Si pero… es… dice que se le ha puesto eso como a ti el otro día.
  • Jajaja, ¿te refieres a mi polla?
  • Si a eso, a tu… po… polla.
  • Ya te lo dije, a los hombres nos gusta mucho besar a las chicas.
  • Y a nosotras también, gracias Carlos.

                                                  Salió corriendo después de darme otro beso en la mejilla, éste fue más notable y no tan huidizo como el primero, la chica decididamente me gustaba pero estaba Daniel…

                                                  Las clases seguían, yo adelantaba más que las otras que sólo acudían a clase a pasar el rato pero lo mejor eran los paseos con Sonia, ella me contaba que su novio secreto había progresado, no se atrevía a especificar más y me costó dos días sacárselo.

  • La carta de ayer sí que era fuerte, ¿tú no las leerás verdad?
  • Por favor Sonia el correo es confidencial, ¿qué te dice?
  • No me atrevo a decírtelo.
  • Vamos Sonia, si ya me has dicho que se le puso dura que más puede ser.
  • Que se la acarició.
  • Normal mujer, mientras lee la carta con una mano con la otra…
  • Pues a mí me da mucho apuro sobre todo porque insiste para que le mande alguna cosa más que besos y yo no sé qué hacer…
  • Vamos a ver Sonia, ¿desde cuándo sois novios?
  • Bueno… novios de verdad todavía no.
  • Entonces no sois ni novios…
  • No pero nos queremos mucho.
  • Ya, no sé qué decirte Sonia te voy a preguntar una cosa, si quieres no me contestes pero es por darme una idea.
  • Pregunta lo que quiera contigo no tengo vergüenza.
  • Ni falta que te hace, ¿hasta dónde habréis llegado en vuestra relación?
  • Pues… uf, algún día me besó.
  • Y… tocar, ¿no os habéis tocado? 
  • ¿Tocado el qué?
  • Vamos Sonia que ya no eres una niña, que si te ha tocado… ya sabes…
  • El día que me besó, la última vez, cuando me vine me puso la mano sobre mi pecho…
  • ¿Y?
  • Nada, fue sólo un momento pero se la quité, me daba mucha vergüenza y se me ponían duros.
  • Claro y ¿tú a él no le has tocado… aquí?
  • Noooo, bueno una vez bailando me rozó, noté en el vientre una cosa dura, supongo que sería eso.
  • Joder Sonia que inocente que eres, tendremos que curar eso.

 

                                                  La cosa pintaba mal, la chica era demasiado inocente, imagino que su familia sería súper protectora y no había salido de las faldas de su madre y ahora con la tía menos, tendría que idear algo para solucionar su problema.

                                                  Los días pasaban en la Academia y Rosa ya me miraba con otros ojos, en apariencia era dura conmigo pero muchas veces hacía los dibujos mal y me miraba, yo le hacía una mueca y ella asentía, sabía que iba aprendiendo y poco a poco me convertí en su alumno aventajado.

                                                  Mi madre me había metido en la maleta entre otras muchas cosas un montón de sobres y cartas con sellos para que les escribiera “todos” los días, en realidad cuando la vida en Madrid se fue normalizando fui espaciando las cartas aunque tenía ganas de saber cosas de ellas.  Ella me ponía al corriente de lo que pasaba en casa pero era mi abuela la que me informaba de lo que se decía por el pueblo, me contó que Asun estaba a punto de parir, que llevaba un bombo enorme y su madre había cambiado de aspecto.

                                                  Cuando ya me habían contado lo más importante, cada una me hacía una aportación personal, mi tía me “recordaba” que las cortinas habían quedado muy bien colgadas y mis primas que estudiaban mucho las dos juntas en su habitación y que como pasaban calor muchas noches se les olvidaba ponerse los pijamas, a mí se me ponía la polla dura pensando lo que podría estar disfrutando en casa pero ahora tenía otras inquietudes.  A mi abuela le pregunté por sus siestas y me dijo que procuraba que no fueran demasiado aburridas y para dormirse se acariciaba antes y mi madre me decía que era el “hombre” de la casa y que me echaba mucho de menos con doble intención, claro.

                                                  Con Vero lo llevaba bien, cuando pasaba a por el pan que me guardaba procuraba que su padre ya no estuviera y esperaba a que no hubiera clientes para pasar al almacén, ya teníamos un rincón desde donde se podía ver la tienda y nos dábamos unas mamadas que, si no había clientela que nos interrumpiera, nos corríamos varias veces, la hornera disfrutaba como una loca y yo por supuesto también, luego al salir le dejaba el importe del pan y hasta otro día.

                                                  Una tarde Vero me dijo que su madre le preguntaba muchas veces por mí, recordé que su vestido estaba casi terminado pero no del todo y me excusé pero me insinuó que aquella tarde su padre estaría en el horno todo el día esperando un pedido de harina y que llegaría tarde a casa, me lo dijo de una forma que me pareció que había cierta complicidad entre madre e hija, eso me gustó y por la tarde me presenté con la idea de darle un repaso a su madre.

                                                  La mujer me recibió con una sonrisa muy amplia y me invitó a entrar con urgencia, me llevaba de la mano por el largo pasillo hacia el salón y yo con la otra ya me había sacado la polla.  Al pasar por su habitación no esperé a llegar al salón, la cogí por detrás y la abracé, mis manos se aferraron a sus tetas y mi polla se encajó en el leve vestido entre sus nalgas, Inma al notar el calor que le quemaba en el culo suspiró inclinando la cabeza a un lado, la besé en el cuello y en el hombro, un escalofrío le recorrió el cuerpo y antes de llegar a la cama ya se había vuelto hacia mí y de rodillas me mamaba la polla. 

                                                  Le fui abriendo la blusa y aparecieron las dos tetas cónicas separadas, las dejé al descubierto por si me tenía que correr en ellas pero Inma siguió abriéndose el vestido hasta quitárselo del todo, me hizo un regalo para la vista, había ampliado el vestuario de lencería y estrenaba uno nuevo, me gustó pero pude admirarlo poco tiempo porque se lo solté y le quité el sujetador, sus tetas no tenían nada que ver con las de su hija, ésta había salido a su padre en lo corpulenta pero por suerte a su madre en la cara tan linda que tenía.

                                                  La hice levantar, no me gusta ver a una mujer de rodillas frente a mi aunque me esté comiendo la polla y la tumbé sobre la cama, Inma comprendió que las bragas aunque bonitas, a estas alturas, eran un impedimento y levantando las piernas al cielo se las quitó, pude ver los labios apretados del coño y las nalgas blancas pero antes de bajar las piernas las abrió a cada lado y me enseñó el tesoro que me guardaba.  

                                                  Trepé sobre ella con un ligero descanso para chuparle los pezones y cuando llegué a morderle el lóbulo de la oreja ya mi polla estaba entrando en su coño, Inma me guiaba, se había mojado con saliva los labios para que no tuviera ningún roce y entré tan suave que me supo a poco, ella suspiró al notarse llena y me abrazó.

  • Muévete cielo, fóllame.

                                                  Me gustó la confianza con que me hablaba y le hice caso, estuve bombeando en su coño entre sus muslos, Inma en la posición del misionero iba haciendo variantes, levantaba las piernas al aire o se las sujetaba por las rodillas pero siempre abiertas, el ruido mojado de mi polla al entrar y salir era el único sonido aparte de sus jadeos.  Yo le decía al oído lo buena que estaba y no debía estar acostumbrada a piropos porque se deshacía al oírlos elevando el coño y sus tetas, le decía también lo que sentía mi capullo al presionarle el útero, Inma entonces movía el culo para que entrara más y yo procuraba complacerla.

  • Carlos, me dices unas cosas… que vas a hacerme venir.
  • Eso quiero, me gusta ver tu hermosa cara sintiendo el orgasmo en todo tu cuerpo.
  • Por favor cállate que me voy a correr y no quiero todavía, quiero sentir tu polla adentro abriéndome en canal.
  • Pues te voy a llenar de leche porque tu coño estrecho me va a hacer eyacular sin remedio.
  • Nooo Carlos no, aguanta un poco, luego te corres donde quieras.
  • Ya no aguanto más, ¡date la vuelta!
  • ¿Por el culo Carlos?
  • Seguro que por el culo, ya puedes relajarte.
  • Diooos, con esa polla tan gorda Carlos, me matas, me cuesta aguantar todo eso por el culo.
  • Si mujer, tú relájate y yo iré echando saliva.
  • Espera, tengo crema de las manos que será mejor.
  • A mí me da igual
  • Pero a mí no, ¿ves?

                                                  Tenía razón Inma la polla untada con crema y el ano repleto también se deslizó como una anguila entre los dedos, me dio el tiempo justo para llegar al fondo y correrme, me cogí a las tetas puntiagudas y pellizcándole los pezones noté como crecían entre los dedos.

  • Carlos te has adelantado demasiado, quería que nos corriéramos juntos.
  • No te preocupes aún no he acabado contigo.

 

                                                  Seguí metiéndole la polla, estaba deseoso de Inma y me mantuve hasta que la mujer se corrió por el culo, daba golpes en la sábana a la vez que se sacudía de espasmos.

  • Me has engañado Carlos, me has hecho correrme y tú no me has acompañado.
  • No te preocupes Inma, porque te vas a correr otra vez y esta vez sí que lo vamos a saborear juntos.

 

                                                  Al sacar la polla del culo de Inma por el ancho agujero que quedó muy dilatado no tardó en asomar una cascada de semen espeso, la mujer quedó tendida boca abajo sobre la sábana y yo sobre ella, seguí besándole la nuca y la espalda, ella se movía perezosa sintiendo la piel erizada, por sus lados asomaban los pechos coronados por las areolas en forma de cono, los apreté, eran una delicia, parecía que estaba con mi tía Julia, era una feliz casualidad pero parecían gemelas en casi todo.

                                                  Me hice a un lado y ya se pudo dar la vuelta, las tetas quedaron separadas pero erguidas hacia arriba, me acerqué reptando sobre ella y aspiré un pezón, le dio un calambre y suspiró, mi boca fue recorriendo su cuerpo, le besé las tetas por todos lados, estaban deliciosas y con un sabor salado por el sudor, fui bajando por su estómago hasta llegar al ombligo, volví a recordar a Julia, la diferencia estaba un poco más abajo, un triángulo rizado las diferenciaba, a Julia le gustaba más sentir piel contra piel pero los labios estaban donde debían y el clítoris entre ellos.  

                                                  Inma acusó la primera lamida con un gemido, le pasé una pierna sobre ella y mi polla un poco flácida osciló sobre su cara, la madre de Vero miraba el péndulo sobre sus ojos hasta que le rozó los labios, abrió la boca y aspiró, mi polla al descubierto se coló como si tuviera imán, el capullo desapareció entero y siguió aspirando.

                                                  Al mismo tiempo las piernas de Inma se abrían y mostraban los labios mojados, olía a mujer caliente y de una pasada de lengua acabé de separar los menores y dejar la vagina abierta, sus sensaciones las trasmitía en mi polla que ya le llenaba la boca, después de darle un repaso de arriba abajo me centré en el clítoris y el culo de ella me buscó, se abrazó a mí culo y me atrajo, no podía escapar ni tampoco quería, fue una lucha a muerte y ganamos los dos. 

                                                  Cuando sintió que le llegaba su orgasmo elevó todavía más la cintura, yo con los codos hincados en la cama y las manos sujetándole las nalgas deslicé dos dedos y los metí en el coño y en el culo, ella no quiso ser menos y buscó entre mis cachetes, fue una impresión inesperada pero me gustó porque se había mojado el dedo con saliva y me lo había metido en mi ano que aún sin darle permiso no pudo resistir la invasión, las consecuencias fueron inmediatas.

                                                  Los dos gruñíamos como animales con el bozal puesto y no se nos entendía nada pero abrazados al revés nos retorcíamos queriendo separarnos y juntarnos a la vez, mi cara estaba tan mojada de flujo que sentía hasta las orejas pegajosas pero ella tragaba y tragaba la leche que vomitaba mi polla.

                                                  Nos costó un buen rato revivir, los dos tendidos en el colchón cruzados con mi polla caída a un lado y sus piernas abiertas dejando secarse el flujo espumoso, decidí que era el momento de irme y en un supremo esfuerzo de voluntad me levanté y cogí el vestido, se lo puse y comprobé que ya estaba acabado, le quité los últimos hilvanes y lo di por bueno.  

                                                  Inma insistía en pagarme pero me negué en rotundo, era un regalo muy importante para mí, porque me reafirmaba en mi habilidad de coser con cualquier retal y tampoco fue difícil pues tenía las medidas de mi tía en la mente, cuando salí de casa de Paco, ya era casi de noche y al entrar en mi calle vi a Vero y su padre que bajaban la persiana de la Pastelería, esperé a que se alejaran y subí en el ascensor suicida.

Continuará.

 

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