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Fecha: 16-Abr-19 « Anterior | Siguiente » en Dominación

La profesora sumisa

Mayeutic
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Susana es una chica joven y atractiva que acaba de conseguir trabajo en un instituto marginal. Los alumnos, delincuentes juveniles en su mayoría, no han pasado por alto los encantos de la orgullosa profesora de Literatura. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Ser una atractiva chica aun bastante joven (24 años) y ser profesora en un instituto de un barrio marginal, quizá no sea la experiencia más sencilla del mundo, pero para Susana, no hay desafíos imposibles. Sí, todo el tiempo tiene que fingir que no oye ciertos comentarios y aguantar que la escaneen de arriba a abajo un grupo de delincuentes juveniles, pero mientras la paga fuese buena, por ella podían pajearse pensando en ella todo lo que quisieran.

 

Ella, por si acaso, prefería ir lo más recatada posible, disimulando bajo gruesos jerseys sus más que generosos pechos y procurando no llevar faldas ni pantalones ajustados que resaltasen su escultural culo más de lo necesario.

—Bueno, el lunes no olvideis de entregar la redacción de la generación del 27 los que queráis eliminar esa parte del temario, ¿de acuerdo?

Un murmullo de asentimiento recorrió la clase, sin mucho entusiasmo. Tenían ya la cabeza en el fin de semana.

«27 polvos te voy a dar» escuchó por lo bajo. Comentarios más que habituales, pero decidió pasarlos por alto. Venían del fondo, donde estaban los peores muchachos, muchos de ellos en el punto de mira de la policía por tráfico de drogas. Probablemente hubiese sido «el Juli» o «el Vicen», los dos más chungos de la clase.

—Hasta mañana —se despidió. Tenía prisa por salir de allí, cada día los comentarios subidos de tono subían más de volumen. Llegaría un día en el que no podría pasarlos por alto, en el que tendría que enfrentarlos. Por hoy iba a pasar.

Antes de irse, pasó por la sala de profesores para usar el baño. Era la última hora de un viernes, así que no encontró a nadie, como de costumbre. En aquel instituto, raros eran los profesores que se lo tomaban tan en serio como para no cortar cinco minutos antes las clases para salir pitando, pero ella no era así. Soltó sus cosas en su mesa y se dirigió al baño. Sin embargo, estaba cerrado con llave.

—Pero bueno —murmuró para sí misma— ¿Otra vez averiado...?

Considerando el día y la hora que era, y cada vez con más ganas de mear, se le pasó por la cabeza la idea de ir en un momento al baño de los estudiantes. Sería un momento y nadie la iba a ver; en esos momentos, el instituto estaría ya más que desierto. Intentando que sus tacones no hicieran demasiado ruido, se apresuró por el pasillo para alcanzar el baño de chicas.

—Oh, hola, señorita —su corazón le dio un vuelco. Una estudiante suya salió del baño justo antes de que abriese la puerta.

—Ah hola, Jessica. ¿No te has ido todavía?

—Jeje, no, ya me iba... —dijo, ruborizándose un poco. A saber qué estaría tramando.

—Pues hasta el lunes, ¡pasa buen fin de semana! —dijo, metiéndole un poco de prisa para que se fuera.

Fingió un poco que rebuscaba algo en su bolso mientras la chica se alejaba por el pasillo con bastante prisa, sin despedirse de ella. Una vez dobló la esquina, entró en el baño de chicas. Vacío.

Rápida y sigilosamente, se dirigió a la última cabina del baño y se levantó la falda. Lamentablemente, el pestillo estaba roto y no pudo echarlo. Procuró darse prisa. Sin embargo, a mitad de la meada, se dio cuenta de que no estaba sola, pues alguien acababa de tirar de la cadena unas cuantas cabinas más allá. Miró hacia arriba y el corazón casi se le sale por la boca. El Vicen estaba grabándola con el móvil.

—¡Pero bueno, Vicente! ¡Qué haces con el móvil! —dijo, subiéndose las bragas como podía, tratando de taparse.

—¡Jajaja! ¡Señorita, pero qué haces tú aquí! ¡Jajaja! ¡Juli, ven pacá, mira quién está aquí! ¡La Susi!

De la cabina donde habían tirado de la cadena, salió corriendo el Juli, encendiéndose un porro.

—Vaya, vaya... ¿señorita, pero no ha visto que este es el baño de tíos?

«No me jodas», pensó Susana. «No me jodas que este es el de tíos...»

—P-pero... ¿y Jennifer?

Cuando preguntó por ella, los dos se echaron a reír, cómplices. La manera en que se comportaban esos dos niñatos, sudándoles la polla todo, despertó algo dentro de ella, por mucha vergüenza que le dé luego reconocérselo a sí misma.

—¡La Jenni dice! ¡La Jenni estaba chupándonos la polla! ¡Jajaja! ¿Qué va a hacer aquí si no?

—Será que esta quiere rabo también, ¿no? —dijo Julián, mirándola de arriba a abajo desde arriba de la cabina, como un depredador a su presa arrinconada. Su corazón le latía a mil. Pero de una manera que... le gustaba—. Va Susi, voy para allá.

Vicen no dejaba de grabar con el móvil, y Juli había bajado del váter de al lado y se dirigía a su cabina, que estaba abierta, sin cerrojo. No podía... no podía permitir aquello. Hoy iba a enfrentar a estos dos capullos.

—¡Pero qué coño dices! ¡Te voy a meter una denuncia que lo vas a flipar, chaval! ¿Quién coño te crees que eres?

Juli no dijo nada, y Vincen se rió un poco. Sin prisa, abrió la cabina y empezó a sacarse la polla.

—¡Voy a gritar! ¡Se os va a caer el pelo! —dijo. Sin embargo, sin darse cuenta, empezó a mirar el enorme bulto que tenía Juli en los calzoncillos.

—Mira Susi, tal como lo veo esto es lo que hay: tú has entrado aquí porque incoscientemente vas buscando una buena polla, y además te tenemos grabada meando. Si quieres que lo borremos, vas a tener que hacer algo por nosotros, ¿no?

Susana no dijo nada. Estaba congelada por la situación, con la mirada fija en el paquete de aquel niñato.

—¿Ves? Si sabes que tengo razón. Venga —dijo, sacándose de los calzoncillos una tremenda barra de carne—, de rodillas y a mamar

Vicen le rió la gracia mientras seguía grabando.

Susana, sin protestar nada, hipnotizada por la polla de Juli, se puso de rodillas. Era oficial, ya no podía seguir engañándose a sí misma: estaba cachonda perdida.

—Eso es, Susi. Ahora, abre la boquita, guapa...

—Claro Susi —apostilló Vicen—. Si nosotros con las tías somos muy buenos. ¿No ves la Jenni qué contenta iba? ¡Jajaja!

Susana abrió la boca y sintió el calor de la polla de Juli contra su lengua. No paró ahí, y pronto dio con su campanilla. Intentó retroceder instintivamente, pero la tenía cogida de la cabeza y apretaba con ímpetu. Su boca era suya ahora.

—Uff joder Susi, ¡vaya boquita tienes...! —dijo, mientras empezaba a embestir contra su tráquea— ¡Esto sí es un bueno uso, y no la generación del 37 esa, o como sea!

Vicen le rió la gracia desde lo alto. Ella trató de zafarse empujándo a Juli, pero imposible. El cabrón estaba fibradísimo (pudo notarlo al tocarle los abdominales) y ella no era demasiado fuerte. Y además, tampoco insistió mucho. A estas alturas, se resistía porque sentía que tenía que hacerlo, pero realmente, quería que aquellos dos hijos de puta la convirtieran en su depósito de semen personal.

Podía sentir los huevos de Juli golpeando su barbilla, y su polla abriéndose camino garganta abajo. Los sonidos de arcada se mezcablan con los gemidos del muchacho, y la temperatura, así lo sentía Susana, empezaba a subir.

—Bueno loco, ahora me toca a mí, va —dijo Vicen, bajando del váter de al lado—. Además, ya hemos grabado suficiente.

«Ya hemos grabado suficiente», pensó Susana. «Se acabó. Voy a ser su esclava sexual de por vida». Este pensamiento la asustó en un primer momento. Luego, hizo que su mano se fuese sola a su coño, y empezara a frotar su empapado coño.

—¡Jajaja! ¡Mira a la señorita, Vicen! ¡Menuda perra! —rió Juli, viendo cómo empezaba a tocarse.

Vicen entró en el habitáculo con la polla ya en la mano. Era tan descomunal como la anterior. En ese momento, Juli dejó de percutir su cara y le sacó la polla de golpe. Susana volvió a respirar, aunque hilos de líquido preseminal y babas le corrían por la barbilla, cayendo y manchando su jersey. 

—¡Toda tuya, bro! —dijo Juli, no sin antes restregar su húmedo falo por la cara de Susana, marcándola y corriéndole el maquillaje.

—¡Ven pacá! —dijo Vicen, agarrándola del pelo y acercándola a su rabo erecto. Sin piedad, lo hundió en su boca y empezó a follarla sin compasión. 

—¡Jaja cuidado bro, que tiene que durarnos un rato más, que yo aun quiero correrme! —dijo Juli, riéndose. Aquella forma de hablar de ella, como si fuera un mero objeto sexual, un mero juguete, la puso más cachonda todavía. Su coño estaba ya empapado como nunca lo había estado.

—Es que le tenía ganas —respondió, sin dejar de follarle la cara ni un solo momento— que para el examen anterior estudié un poco y aun así me cateó, la muy perra.

—¡Jajaja! ¡Bueeeno pues dale caña entonces! —se rió Juli, chocando puños con su colega.

—Joder que si le voy a dar caña... —murmuró Vicen.

En ese momento, paró en seco y le sacó la polla. Nuevos hilos de babas y líquido preseminal se derramaron sobre su jersey, que era ya un desastre. Su rímel estaba todo corrido y su pelo despeinado y apelmazado allá donde se había mojado. Cuando se dio cuenta de por qué le habían sacado la polla de la boca, vio ante sí un ojete peludo.

—Vamos perra —ordenó Vicen— ¡A comer!

Juli la agarró de la cabeza y se la pegó al ano de su compañero.

—¡Vamos, déjalo reluciente! ¡Jajaja!

Susana empezó a lamer, tal como le ordenaban. Incluso se agarró a los muslos de Vicente, para ayudarse y lamer con más ganas.

—¡Parece que se estaba muriendo de hambre, la pobre! —rió Juli.

Vicen estaba disfrutando del beso negro y no respondió, pero era cierto; Susana estaba lamiéndole el culo como si no hubiese un mañana, recorriendo con su lengua todos los recodos de su ano, dejándolo babeado y reluciente.

—Bueno, ya está bien —proclamó Juli, agarrándola de los pelos y arrastrándola fuera de la cabina—. Vamos aquí, que hay más espacio. Toca follar a esta perra.

Susana sintió que algo saltaba en su interior. Estaba deseando que esos dos cabrones la empotraran como es debido.

—¿Cada uno lo suyo, no? —preguntó Vicen. Susana no entendió la pregunta.

—Claro bro —dijo Juli, poniéndola a cuatro patas y arrancándole las bragas de un tirón—. Eso es así.

Susana se estaba relamiento pensando en su coño siendo destrozado. Sin embargo, sintió que Julián le escupía justo en el ano. 

—¿Q-qué estás...? —preguntó, pero era tarde. Casi 20 cm de carne en barra, hicieron su entrada en su recto sin ninguna piedad.

Susana fue a gritar, pero el grito salió ahogado. Con la boca abierta de par en par, Vicen aprovechó y le metió la polla hasta la garganta, reemprendiendo el acoso y derribo contra su cara. Mientras, Juli castigaba su culo sin piedad. Su primera vez por el culo, de hecho. A ningún novio le había dejado usar su agujerito trasero y, sin embargo, aunque la había pillado por sorpresa, ahora no le importaba en absoluto. Es más, conforme fue avanzando el tiempo, empezó a disfrutarlo casi más que el sexo vaginal. Sus piernas empezaron a estremecerse con cada arremetida y empezó a sentir intensos impulsos eléctricos por todo su cuerpo. ¿Esto era un orgasmo anal?

Presa del más absoluto placer, Susana se retorció como una culebra, cayéndose de boca en el suelo. A Juli no le importó, sino que siguió follándola aun contra el suelo. Vicen paró de follarle la cara, pero sí que le restregó la polla por el pelo, dejándoselo perdido.

Tras unos momento, Juli fue el que empezó a manifestar espasmos y a jadear y gemir. Y pronto, Susana sintió una descarga de un líquido espeso y caliente en el fondo de su culo. Juli se había corrido de lo lindo dentro de ella. No se lo podía creer. Jamás había follado sin condón ni había dejado a nadie que se corriese ni en su cara, ni en su boca, ni mucho menos en su culo. Y el capullo este la había usado como a una puta barata. 

Y encima le había encantado.

Sin embargo, la cosa no había acabado. Juli le sacó la polla del ojete y se la limpió un poco contra sus nalgas, haciendo aumentar en Susana esa ya agradable sensación de indignidad y humillación. Y, con vigor y confianza, Vicen le dio la vuelta y la puso bocarriba. Susana estaba con los ojos cerrados, pero de pronto oyó un «clic». Entreabrió un poco los ojos para ver, horrorizada, el brillo de una navaja automática. Sin embargo, estaba demasiado extenuada como para intentar huir.

—No te preocupes Susi —dijo Vicen, mientras rajaba su jersey y los botones de su camisa y, luego, su sujetador—. Así mejor, ¿no?

Sus tetas se desparramaron, libres, hacia los lados. Susana asintió levemente. Vicen se quitó su camiseta y dejó ver un cuerpo bien moldeado y fuerte.

—Qué buenas tetas tienes, perra —dijo, pellizcando sus pezones. Sin más dilaciones, le metió su enorme polla, esta vez en su chorreante y cálida vagina.

—Uff... qué calentito tienes el coño, putón... —gimió Vicen. Juli, que acababa de volver de asearse un poco, se rió.

—Vaya domingas tiene la perra esta, ¿no? Me parece que vamos a pasar unas tardes super entretenidas en el local a partir de ahora, ¿eh?

Vicen no respondió, estaba ocupado follándole a pelo el coño a su profesora. Susana sentía toda esa carne bombeando dentro de su coño. No fue duro como Juli lo había sido con su coño, sino que se lo hizo más despacio, más gentilmente. El tamaño y el ritmo, y la situación en sí misma, hicieron el resto: Susana acabó corriéndose como una perra en pocos minutos. Poco después, Vicen hizo lo propio, vertiendo una considerable cantidad de lefa en el fondo de su empapado coño. Cuando le sacó la polla, un chorro de leche blanca se derramó hacia sus nalgas, donde se mezcló con el semen de Juli. La habían dejado hecha un cromo.

—Bueno Susi —dijo Juli—. Mientras te follaba el Vicen te cogí el móvil. Te he apuntado nuestros números de teléfono, ¿va? Ya te llamamos cuando necesitemos de tus servicios, ¿vale?

Susana suspiró. Se encontraba extremadamente relajada y agusto. 

—Sí claro. Cuando queráis —dijo. Los chavales chocaron los puños una vez más y se fueron del baño, dejándola allí, sola.

Susana se tocó el coño y mojó sus dedos en la corrida de los muchachos. Estaba caliente. Se la llevó a los labios y la probó. Cada vez que los chavales decían alguna guarrada en clase, deseaba que se atrevieran. Pero aquello había superado con creces todas sus fantasías.


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