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Fecha: 15-Abr-19 « Anterior | Siguiente » en Gays

Amor adolescente - introducción

escritorprin
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Tiempo estimado de lectura: [ 9 min. ]
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Alejandro comienza su primer día en el Instituto tras el verano. Aparentemente todo es como siempre, sin embargo, la llegada de Hugo, un nuevo alumno a su clase, trastocará al vida de nuestro protagonista. ¿Qué pasará de ahora en adelante? Amor, drama y sexo se entremezclarán en esta historia. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

No me lo podía creer. El despertador me acababa de sonar y no tenía fuerzas para levantarme. Eran las 7:00 h y si no me daba prisa llegaría tarde al primer día de clase. ¡Qué pereza y qué pocas ganas... uff! Finalmente, tras cinco minutos dando vueltas y con mucha fuerza de voluntad, conseguí levantarme e ir al baño para darme una ducha fría que lograra despertarme.

Congelado, tras una ducha corta pero intensa (y sumamente helada), salí corriendo a mi habitación para vestirme lo mejor posible, ya que siempre el primer día hay que dar una buena impresión. Mientras elegía la ropa en el armario con gran indecisión y una gran presión por la hora que era, me miré al espejo, me eché un vistazo general y me di cuenta de que no estaba nada mal: 1,75 y 65 kg de pura fibra conseguida a base de natación y atletismo desde los 6 años, unos ojos verdes heredados de mi abuelo británico, un pelo castaño cobrizo, una piel morena con poco vello y una sonrisa que tod@s me decían que era mi fuerte. Ah, y no hay olvidar un culo nalgón de escándalo fruto de mis genes y mi esfuerzo físico...

 De repente, ensimismado viéndome ante el espejo, oí unos gritos desde la planta de abajo: 

-      Alejandro, joder, ¡BAJA YA! - gritó mi padre hecho una furia. 

 Ante los gritos, me vestí rápidamente con el vaquero y la camiseta blanca que había elegido, cogí la mochila y bajé a la cocina donde estaban desayunando mi padre y mi hermano mayor. 

-       Enano, como siempre vas a llegar tarde- dijo Marcos mientras se levantaba de la mesa. 

-       Déjame en paz tío, es el primer día y necesito acostumbrarme al horario- repliqué con una sonrisa en la boca

-       Oh, el pobre niño necesita su período de asimilación- me decía mientras imitaba la voz de un bebé y salía de la cocina hacia la ducha. 

-       Gilipollas- dije en voz baja mientras me tomaba el zumo de una vez. 

 Marcos es mi hermano mayor y el tío más potente que conozco. A sus 24 años es un puto toro de 1,85 y 80 kg de puro músculo debido a su profesión (es entrenador personal) y su amor por el deporte. Además, tengo que decir, para que lo conozcáis más, que a pesar de su chulería y de su aspecto de chico malo, es un tío genial que siempre me ha apoyado y protegido como un puto animal salvaje. Recuerdo una vez, cuando era pequeño, que unos chicos mayores se metieron conmigo, y que, al enterarse mi hermano, se volvió tan loco que lo expulsaron 3 días del instituto por mal comportamiento. Lo dicho, es un crac. 

 -       Venga, vámonos Alejandro, que ni tú vas a llegar al instituto ni yo al hospital- gritó mi padre saliendo hacia el garaje con la tostada en la boca. 

-       Ya voy papá- dije mientras cogía la mochila y me metía a presión la tostada en la boca. 

 Como todas las mañanas, mi padre consiguió llegar al instituto a las 7:50 h. no me digáis cómo lo consigue, pero no quiero dar explicaciones por si acaso lea esto la policía y le detenga por conducción temeraria. Tras la despedida reglamentaria, y tras bajarme del coche, procedí a entrar al instituto. 

 Mientras avanzaba caminando, empecé a ver muchas caras conocidas, tristes en su mayoría, por volver otro curso más, y otras felices, por los reencuentros tras el verano.  Pero, entre tanta tristeza y alegría, vi repentinamente a quienes estaba buscando de verdad: Diego y Marta, mis mejores amigos de toda la vida. Corrí hacia ellos como un caballo desbocado y nos abrazamos como si no nos hubiéramos visto en años (y realmente nos habíamos visto el día anterior). 

 Sobre Diego y Marta solo puedo decir cosas buenas. Marta, por su parte, es una tía genial, súper inteligente, y además de guapa, la tía con más ovarios que conozco. Nos conocemos, al igual que Diego, desde los 3 años, y desde ese instante no nos hemos separado. Diego, por otro lado, es mi mejor amigo desde la primera frase que nos dirigimos, pero, al contrario que Marta, es un chico muy tímido y demasiado bueno, por lo que siempre hemos tenido que ir a sacarlo de más de un problema porque el pobre no era capaz. Además, su timidez se ve acrecentada por su aspecto aniñado, de piel blanca, rubio, ojos azules, cara angelical y 1,70 de estatura, algo que le hace ser blanco de las burlas. Aunque, como ya dije, tanto Marta como yo no permitimos que nadie se pase ni un pelo con él. 

Tras los abrazos correspondientes, nos dirigimos hacia nuestras respectivas aulas con alegría, pero con tristeza porque este curso nos íbamos a separar por primera vez ya que a cada uno nos había tocado un grupo distinto: a mi, 1º Bachillerato C, a Marta, 1º B y a Diego, 1º A. De hecho, cuando nos enteramos, lo pasamos muy mal, pero al final decidimos que unas cuantas horas separados fortalecerían nuestra relación más aún. Antes de entrar nos dimos muchos ánimos, para luego dirigimos cada uno a nuestra aula corriendo ya que al final nos habíamos entretenido y llegábamos un poco tarde. 

Al entrar en mi clase, un poco cansado por la carrera que me había metido, vi muchos rostros conocidos: Paula, Isaac, María, Lucas, Jonás, etc. Sin embargo, al ser tarde, ya todos estaban sentados dejando solo dos sitios libres al fondo, por lo que, tras saludar brevemente, me dirigí hacia el fondo para sentarme en uno de los sitios libres. 

Tras sentarme, entró el profesor de Historia, saludando efusivamente y acompañado de alguien que me dejó helado. Junto a Mariano, el profesor, estaba erigido el chico más guapo que había visto en mi vida con diferencia. Debía medir casi 1,90, tenía una cara seria, con unos rasgos angulosos, unos ojos marrones oscuros y una suave barba que le quedaba extraordinariamente bien. Además, llevaba unos vaqueros rotos, que le hacían unas piernas impresionantes y una camiseta negra que marcaba todo su escultural cuerpo de gimnasio. De repente, salí de mi nebulosa porque el profesor empezó a hablar:

 -       Bueno chicos y chicas, os quiero presentar a Hugo, un nuevo alumno que se incorpora este curso. Por favor, quiero que lo integréis y lo ayudéis en todo que es nuevo en la ciudad ¿de acuerdo?

-       Si profe- dijeron todos al unísono mientras yo no podía articular palabra. 

-       Bueno, sois bastante este curso ehhh, no me esperaba que fuerais tantos. Pero bueno, da igual. Por favor Hugo, siéntate ahí detrás, al fondo, al lado de Alejandro- dijo Mariano señalándome.

 En ese momento en el que vi a Hugo viniendo hacia mí, pensé que el corazón se me iba a parar. Vi cómo se acercaba con parsimonia y chulería hasta sentarse a mi lado. Sentía que no podía ni girarme para verle porque sino se daría cuenta de mi estado. Dios, al sentirle tan cerca de mí, me había temblar. 

 -       Bueno chicos vamos a empezar la primera clase del curso con un repaso general- dijo el profesor de historia. 

 No podía ni atinar palabra, miraba de reojo a Hugo y solo lo veía pensativo mirando al profesor. No sabía cómo actuar, cómo ponerme y cómo atender. Los 50 minutos de clase fueron los minutos más eternos de toda mi vida. De hecho, cuando sonó el timbre y todos salieron a educación física, incluido Hugo, tuve que estar un minuto reflexionando para relajarme y poder levantarme porque estaba extasiado y en un estado de puro nervios inexplicables. 

 Cuando por fin decidí salir, el profesor de historia me paró y me dijo:

 -       Alejando, mira, te quería comentar una cosa. Como soy vuestro tutor este año, y Hugo es nuevo, he decidido, si no te importa, que Hugo sea tu compañero de trabajos en todas las asignaturas ya que eres uno de los mejores estudiantes y le puedes ayudar mucho. ¿Qué te parece? ¿tienes algún inconveniente? 

-       Me parece bien profe. Sin ningún problema- dije sin apenas pensarlo.

-       Muy bien, genial. Estoy seguro de que os llevareis muy bien. Bueno, vete a clase que vas a llegar tarde por mi culpa. Hasta luego Alejandro. 

-       Adiós profe. 

 Salí de clase hacia el gimnasio sin saber que había pasado con mi vida. En apenas una hora me había quedado prendado de un tío, que a primera vista era un hetero macarra de barrio, y encima, para más inri, me hago responsable de él en todas las asignaturas. Dios, ¿qué estaba haciendo? Sin más, intenté centrarme y pasar el día sin pensar más en Hugo e intentar no mirarle demasiado. Pasaron las horas de clase sin inconvenientes e intenté llevar a cabo mi objetivo, hasta que finalmente algo pasó. Mientras recogíamos para irnos a casa, oí que alguien desconocido a mi espalda me empezaba a hablar con una voz extremadamente masculina: 

 -       Ey, ¿tú eres Alejandro no? 

 Me di la vuelta y lo vi: Hugo me estaba hablando. Sin saber que decir solo puede atinar un tímido sí.

 -       Ah, genial. Encantado, yo soy Hugo- dijo mientras me tendía la mano. 

 Le di la mano y Dios, como apretaba, ¡que puta fuerza! 

 -       Mariano me ha dicho que ibas a ser mi compañero y que me ibas a orientar un poco, y quería decirte tío que muchas gracias de antemano. Hace tiempo que no estudio y estoy bastante perdido asique que hayas aceptado el marrón de ayudarme te honra colega. 

-       No tienes porque darme las gracias. Por mi encantado de ayudarte- dije con un hilito de voz que no supe ni como sacar.

-       Nada brother, te las tengo que dar. Mira, ¿qué te parece si esta tarde quedamos y te explico un poco mi situación y así nos vamos conociendo?

-       E..e… Claro, por mi genial- dije agarrándome porque pensaba que me iba a desmayar ahí mismo. 

-       Perfecto tío, toma mi número de móvil- dijo mientras me daba un folio con su numero - escríbeme luego y quedamos. ¿te parece?

-       S… sí.. cla.. claro. Titubé

-       Genial. Bueno tío, me largo que tengo mucha hambre y quiero llegar a casa. Chao colega.

-       Adiós Hugo- dije con una vocecilla.

 Tras esta inesperada sorpresa ahí me quedé, con su número de teléfono y una promesa de vernos por la tarde. Por segunda vez en el día me pregunté, ¿qué coño estaba haciendo?

Continuará….

_________________________________________

Muchas gracias de antemano por leer mi relato. Espero que os guste y por favor, escribidme sobre qué os ha parecido y si queréis aportar sugerencias a mi correo: escritor.principiante95@gmail.com

 Además, deciros que es mi primer relato, por lo que lamento los pequeños fallos que encontréis. 

 Saludos a todos mis lectores.  



© escritorprin

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