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Fecha: 13-Abr-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

La familia protectora

El Cuentacuentos
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Raúl se encuentra enamorado por primera vez en su vida, y se ha decidido a pedirle a la chica que le gusta que sea su novia, sin embargo... ¿como reaccionarán la madre y hermanas que siempre han sobreprotegido al muchacho? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Raúl Rodríguez era un chico común y corriente hasta cierto punto, era alegre y muy extrovertido, tenía bastantes personas a las que podía considerar amigo y era un estudiante con calificaciones arriba del promedio, lo único que tenia que no lo hacía ser tan común era su físico, a sus 19 años se había labrado un físico que volvía locas a todas las mujeres que conocía, aunque la modestia con la que había sido educado le hacía no darse cuente, su vida estaba a punto de cambiar…

Pero comencemos por el principio, la familia Rodríguez estaba compuesta en un inicio por un padre, de nombre Ricardo, una madre, de nombre Maya y 3 hijos:

Ana, la mayor que para el comienzo de esta historia tiene 26 años.

Andrea, la del medio con 23 años de edad.

Y Raúl, el menor, nombrado así en honor a su abuelo que tenía 19 años.

Cuando Raúl tenía solo 3 años, su padre falleció en un accidente en su trabajo, era arquitecto y una ocasión que fue a visitar una obra cayó desde un piso 30 y no quedó nada de él.

En consecuencia, Maya y sus dos hijas mayores tuvieron que cuidar del pequeño Raúl, mientras Maya trabajaba (en una empresa de publicidad) Ana y Andrea cuidaban a su pequeño hermano al salir de la escuela.

Contrario a lo que muchos pudieran pensar, para las chicas esto no fue ninguna molestia o parecido, adoraban a su hermanito y verlo crecer solo hizo que lo quisieran más, con el paso de tiempo ambas chicas se mostraron más y más protectoras con el joven al punto de que el a veces se avergonzaba de que lo cuidaran tanto.

Pero las quería también, sabía bien el esfuerzo que habían hecho para cuidarlo y se los agradecía, por eso nunca se había peleado con ninguna de ellas.

Ana era muy seria y responsable, desde niña al tener que tomar el papel de mayor por las ausencias de su madre desarrolló en ella un sentido de la responsabilidad mayor que en sus hermanos, le gustaba divertirse, pero siempre después de hacer los deberes y obligaba a Raúl a hacer todo el trabajo de la escuela antes de poder salir a jugar ya sea con ellas o con sus amigos.

Ana por otra parte era mucho más extrovertida, se soltaba más y jugaba mucho con Raúl, era intrépida e inquieta, no paraba de hablar nunca, en general era con quien mejor se llevaba Raúl.

Aunque pueda parecer que los chicos crecieron sin figura materna nada está mas alejado de la realidad.

Es cierto que Maya trabajaba mucho, a veces hasta doble turno para llevar comida a la mesa, aunque el seguro de vida de su padre había servido bastante bien pues era una buena cantidad de dinero, Maya sabía que no era suficiente y había trabajado para ahorrar otro tanto y lograr que sus hijos crecieran sin que les faltara nada.

Pero además, fue una excelente madre pues sus pocos tiempos libres los pasaba con sus hijos a quienes educaba de la mejor manera posible, esos momentos eran en cierto modo los que más apreciaba Raúl, su madre siempre lo mimó y le cumplía cada capricho, incluso ahora, a sus 19 años no es que fuera un niño de mami como se les llama, había aprendido a valerse por su mismo, pero todavía le encantaba abrazar y besar en la mejilla a su madre.

-------------------------------------------------------------------------Nuestra historia comienza un día de primavera cuando Raúl se decidió por fin a declarársele a la chica que le gustaba.

Cursaba su segundo año en la universidad, la carrera de informática fue la que eligió, y desde el primer día quedó prendido de una joven rubia que se sentó en el asiento delantero de la clase, el se sentaba siempre en el del rincón, no es que él lo eligiera, si no que el primer día llegó tarde y todos los demás asientos estaban ocupados por lo que le tocó sentarse ahí y durante dos años ocupó el mismo asiento, tampoco es que le molestara.

La chica en cuestión se llamaba Jessica, todos la llamaban Jess, era la mujer mas hermosa que había visto nunca Raúl, sin contar a sus hermanas, que obviamente, para el no contaban de esa manera.

Rubia y con ojos verdes, de tez blanca, una piel libre de imperfección, una mirada que le erizaba los pelos cada vez que por casualidad se cruzaban, y claro, tenía un cuerpo de infarto, un culo respingón que se alzaba cada vez que llevaba alguna prenda ajustada, y unas tetas de un tamaño bastante considerable, no eran enormes, como las de su madre, tampoco grandes, como las de sus dos hermanas, pero eran de un tamaño perfecto, Raúl fantaseaba con que podía tomar cada una con sus manos y veía como un poco de carne se escaba entre sus dedos.

Sin embargo, en esos dos años que llevaban en la misma clase nunca le había hablado, al menos nada que fuera algo más que un “Hola” o aquella vez que ella le pregunto “¿Cómo te fue en el examen?”, él se había quedado de piedra sin saber que decir, no era bueno con las chicas así que solo tartamudeo un “b…b…bien”, ella solo lo miró y aunque sonrió, se alejó de él y nunca volvió a intentar hablarle.

Raúl era guapo como ya lo habíamos dicho, el joven más guapo y por ende el más deseado de la escuela, aunque él no se diera cuenta, pero a pesar de eso, nunca había tenido una novia, al menos no una que durara más de una semana, sus hermanas lo protegían tanto que en cuanto se enteraban que andaba tras los pasos de una chica ellas de alguna u otra forma la ahuyentaban, por eso desde hace un par de años había dejado de intentarlo, supuso que cuando conociera a la indicada sus hermanas tendrían que aceptarla, el las haría aceptarla si fuera necesario, y en su mente, Jessica era la indicada, por eso, luego de armarse con todo el valor posible, se le declaró.

—Lo siento, no puedo ser tu novia —esas palabras fueron la respuesta de la chica.

—Oh, entiendo, perdona por hacerte perder el tiempo —Raúl estaba destrozado y aunque trataba de disimularlo no lo logró demasiado bien.

—No es que no quiera —la joven le dijo cuándo el muchacho ya se había retirado del lugar, al escucharlo se giró de nuevo —es que no puedo.

—Claro —dijo el forzando una sonrisa —tienes novio, no lo pensé.

—No, no tengo novio —la chica seguía mirándolo a los ojos.

—¿Entonces? ¿Por qué no puedes?

Jessica se le quedó mirando como examinando si se estaba haciendo el loco.

—¿De verdad no eres consiente?

—¿Consiente de qué? —Raúl giró un poco la cabeza denotando su duda.

—Vaya, en serio no lo sabes… —cuando estaba a punto de volver a preguntar a que se refería, Jessica lo tomó del brazo —ven conmigo.

Raúl no entendía, pero se dejó llevar, al fin y al cabo, una oportunidad de tocar, aunque sea el brazo de esa muchacha no se le iba a presentar de nuevo.

Estaban en la parte trasera de la Universidad así que se encaminaron a la cafetería.

—No digas nada —Jessica repentina tomó su mano entrelazando sus dedos, como normalmente haría una pareja y se encaminó a la entrada de la cafetería, era la hora del almuerzo así que estaba lleno.

El chico estaba que no aguantaba el corazón, estaba de la mano con la chica que le gustaba, no lo podía creer, pero entonces, cuando habían dado unos pasos en la cafetería notó algo… todos se le quedaban mirando, sobre todo las chicas, y no de un modo amigable, pero si las miradas que le dedicaron a él fueron hostiles, las que le dedicaron a Jessica fueron aún peores.

—Saldré primero —le dijo la chica al oído —te esperó donde estábamos hablando.

Dicho eso, la chica le soltó la mano bruscamente, como si estuviera enojada, luego se le quedó viendo como enfadada y sin decir nada se largó haciendo movimientos más exagerados de lo normal.

Raúl sintió algo de vergüenza por esa escena así que miró a su alrededor, las chicas ahora lo miraban de otra forma, le sonreían y parecían más felices que antes, se puso incomodo así que salió también de la cafetería.

—¿y bien? ¿lo notaste? —le dijo Jessica una vez se reencontró con ella

—Noté algo extraño, me miraban bastante mal.

—¿A ti? Tal vez un poco, a mí me miraban como si me fueran a matar —se llevó la mano a la cabeza en un gesto que a Raúl le pareció hermoso.

—¿Porqué? —preguntó el recargándose en una pared cercana.

—¿Cómo que por qué? Por ti tonto.

—¿Por mí?

—Claro, eres el chico más atractivo de la escuela, prácticamente todas las chicas quieren contigo, el solo hecho de pasear a tu lado ya pone a una chica en la lista negra, ni se hable de caminar tomados de la mano

Lo cierto que Raúl nunca se había percatado, su propia modestia hacia que él no se considerara demasiado guapo ni atractivo, pero al parecer la gente a su alrededor si.

—Entonces ¿no quieres salir conmigo porque eso significaría que te odiarían?

—Exacto, discúlpame, me gustas mucho, pero no creo que pueda aguantar ese nivel de odio.

—No creo que sea para tanto, ninguna persona es capaz de provocar algo así.

La joven solo se le quedó observando, esta vez con los brazos cruzados, Raúl consideraba inverosímil eso, por mucho que fuera el caso de que lo consideraran atractivo, no debería generar odio hacia alguna persona que el quisiera, pero no parecía que fuera a poder explicarle eso a Jessica, así que tuvo que resignarse.

—Está bien, lo siento por pedírtelo.

Sin decir más, se dio la media vuelta y se marchó.

Todo el resto del día estuvo bastante distraído, con el corazón roto y además sorprendido por lo que había pasado, no puso atención en clase y al final del día salió del aula incluso sin despedirse de sus amigos como hacia siempre.

Cuando estaba ya en la puerta de la universidad sintió una mano en su hombro que lo hizo pegar un salto del susto, al girarse vio que era Jessica que lo miraba sonriendo.

—Vamos, no pongas esa cara hombre, si vas así de triste todas pensarán que te hice algo jajaja.

Él sonrió, pero solo un poco.

—Mira, para que no estés triste, podemos ser amigos, no creo que nadie me asesine por ser tu amiga.

Sin darle tiempo a contestar lo tomó del brazo y lo llevó a subirse al autobús que acababa de llegar.

—Hoy me vas a acompañar a mi casa —la joven le mostró una sonrisa tan encantadora que Raúl sintió alegría de nuevo.

No sabía dónde vivía la muchacha, pero el solo pasar tiempo con ella para el ya era bueno, se bajaron en una calle que le pareció conocida, la chica lo fue guiando del brazo hasta que el se dio cuenta de porque le parecía conocida la calle.

—Oye ¿Qué te pasa? —Jessica lo miró con cara de interrogación.

—Nada —mintió él.

Siguieron caminando un par de minutos cuando ella le dijo:

—Oye, tengo hambre, invítame a comer aquí.

Raúl vio el lugar que estaba señalando y sus nervios se dispararon, era un restaurante común y corriente, pero para él no lo era, había estado ahí en más de una ocasión.

—¿No prefieres otro lugar?

—No —dijo ella —además he escuchado que aquí trabaja una mujer muy hermosa, tal vez te enamores de ella y ya no te sientas tan triste —la chica rio y sin que el pudiera evitarlo se encaminó al local y entró.

—Si —dijo Raúl en voz baja —sé bien quien trabaja ahí.

Suspirando, sabiendo lo que iba a ocurrir ahora se resignó y entró.

Trató de evitar que alguien lo reconociera mirando al piso pero fue inútil, en cuanto hubo alcanzado la mesa donde Jessica se había sentado escuchó:

—Ah, Raúl qué bueno que te pases a visitarnos.

Era Nicole, una mujer bastante atractiva y con un gran cuerpo que trabajaba, en ese restaurante.

—¿La conoces?

Raúl asintió, preparándose mentalmente para lo que venía.

—¡Ana, tienes visita! —gritó Nicole y se fue a la cocina, no sin antes mirar a Jessica y luego sonreírle a Raúl con una sonrisa maliciosa, ella también sabía bien lo que se venía y quería estar lejos.

—¿Ana?

—Mi hermana —dijo Raúl tratando de mantener la sonrisa mientras echaba una mirada al local.

El restaurante estaba vacío salvo por ellos dos que acababan de entrar.

—¿Visitas? —dijo una voz que él conocía muy bien, acercándose por su espalda.

Se giró y ahí estaba su hermana, tan hermosa como siempre, a sus 26 años estaba en el máximo de su juventud sin duda, alta, casi tanto como el, con su cabello castaño bien trenzado y sus ojos cafés que de alguna forma parecía que uno se perdía al mirarlos, sus labios carnosos, su sonrisa perfecta, su cuerpo de miss universo, sus tetas grandes… era la mujer perfecta y Raúl lo sabía, en su etapa de adolescente calenturiento más de una vez se masturbó pensando en ella, aunque al crecer comprendió que estaba mal desear a su hermana, lo cierto es que aún le dedicaba alguna paja de vez en cuando.

—Raúl —dijo sorprendida Ana —¿Qué haces aquí?

Cuando lo abrazó Raúl escuchó un:

—Wow —proveniente de Jessica.

También lo escuchó Ana que dirigió la mirada hacia ella y su expresión de felicidad pasó a endurecerse.

—¿Quién es ella? —mientras preguntaba tomó la mano de Raúl como expresando que era su propiedad y miró de la peor forma posible a Jessica.

Tal vez porque se sintió ofendida, tal vez porque sintió su orgullo herido, pero lo cierto es que a Jessica no le gustó la forma en que la miró esa mujer tan hermosa, sin duda la más hermosa que había visto en su vida, se sabía guapa, más que la mayoría y aun así se sintió fea comparada con ella, lo cierto es que decidió interrumpir a Raúl cuando el empezaba a dar explicaciones:

—Es una…

—Su novia —dijo Jessica con una sonrisa poniéndose de pie y tomando la otra mano de Raúl.

—¿Perdón? —la expresión de Ana se endureció aún más y tiró del brazo de Raúl, tirón que fue respondido por Jessica.

—Dije que soy su novia.

—Lo siento —dijo con una sonrisa maliciosa —pero el no puede tener novia.

—¿Y porque no? —respondió con la misma sonrisa.

El joven no entendía que estaba pasando, pero sentía que hablar en ese momento sería un error así que se limitó a mirar hacia otro lado, desde el fondo de la cocina las otras chicas del restaurante se reían a carcajadas de él.

—Porque antes de ser su novia, cualquier mujer tiene que ser aprobada por mi mamá, mi hermana y yo.

—Vaya —Jessica soltó una risita —pero no voy a ser la novia de ustedes, solo de el, creo que ya puede decidir solito.

—No, no puede.

—Es un hombre

—No, es un niño

Tras cada frase cada una tiraba de Raúl como si fuera una pelea por algún juguete, el seguía sin decir nada, conocía muy la ira de su hermana y no quería conocer la de Jessica, no es que fuera cobarde, solo era… precavido.

—Pues no me importa, él es mi novio, me lo pidió de una forma tan romántica que no pude negarme.

—¿De verdad?

Esa pregunta de Ana iba dirigida a él, estaba pensando en negarlo, pero le pareció divertido por una vez burlarse de su hermana así que no lo negó.

—Si.

Fue todo lo que dijo, pero hizo que Ana mostrara verdadero enojo, tiró con fuerza de Raúl logrando soltarlo de la mano de Jessica.

—¡Ya me voy! —gritó

—¡Hasta mañana! —le respondió alguien entre risas desde adentro de la cocina.

—¿Nos vamos? —preguntó Raúl tratando de resistir al tirón de su hermana, pero no con demasiada fuerza la verdad.

—Si, parece que aún eres un niño y necesitas disciplinarte.

—Adiós cariño —le dijo Jessica con una sonrisa y haciendo énfasis en la palabra “cariño”

Mientras avanzaban por la calle, Raúl sabía que le esperaba un infierno, pero se limitó a quedarse callado, sabía que cuando su hermana mayor se enfadaba, lo mejor era no responderle nada.

Llegaron a la casa, Ana gritó llamando a su madre o a su hermana Andrea, pero como era lógico, nadie estaba en casa a esa hora, era al menos unas 4 horas más temprano de la hora en que ambas salían de sus trabajos.

Si, en la familia Rodriguez Raúl era el único que no tenía un trabajo, él había querido conseguirse uno un par de veces, algo que hacer por las tardes, pero tanto su madre como Ana se habían negado, sus dos hermanas tenían trabajos normales, una en un restaurante y la otra en una tienda de ropa porque habían dejado la universidad, no eran demasiado buenas en la escuela y ambas sabían que no llegarían lejos, pero Raúl era con diferencia el más inteligente de los tres, al menos en cuanto a calificaciones de la escuela, por esa razón se habían negado a dejarlo trabajar, para que no se distrajera de sus estudios, confiaban en que lograría terminar su carrera y ser un profesionista de verdad, un ingeniero informático, lo cierto es que tampoco es que el insistiera demasiado, le gustaría ganarse su propio dinero, pero al mismo tiempo le gustaba también estar en casa en la tarde, solo, jugando videojuegos, leyendo, lo que sea.

Pero volviendo a nuestra historia.

Cuando Ana corroboró que no había nadie miró a los ojos a Raúl y tirando de él lo obligó a subir las escaleras y lo llevó directo a su habitación.

Raúl apenas si había entrado un par de veces a la habitación de sus hermanas a lo largo de su vida (a pesar de que ellas se pasaban mucho en la habitación de él molestándolo o jugando), pero reconoció algunas cosas que ya estaban hace tiempo, como el peluche que él le había dado hace ya varios años por su cumpleaños, un oso genérico que había comprado en una tienda con un poco de dinero que le había dado su madre, aún recordaba la reacción de su hermana cuando se lo entregó, al parecer le había gustado tanto que aún lo conservaba a pesar de tanto tiempo, también había cosas típicas de las habitaciones de mujeres, maquillajes, ropa encima de la cama, un closet, una televisión y una cama bastante grande.

Al entrar, Ana se giró y aún con mirada severa comenzó a regañarlo.

—Eres un tonto.

Raúl no dijo nada.

—Ya sabes que no puedes tener novia si nosotras no lo aprobamos.

—Ana, estoy perfectamente seguro que puedo hacer lo que yo quiera, ya no soy un niño al que tienes que cuidar —se lo dijo con una sonrisa sincera, no podía enfadarse con ella, por más que le molestara su actitud sobreprotectora sabía que en el fondo lo hacía por su bien. —Además ella no…

Justo cuando estaba a punto de decirle la verdad, que Jessica no era su novia y que no entendía porque ella había dicho eso, su hermana lo abrazó.

—Sé que ya no eres un niño, pero me preocupo por ti y tu seguridad. —sus palabras tenían firmeza, pero también dulzura. —eres mi hermanito y no voy a dejar que cualquier gata te separe de nosotras.

—No tienes que preocuparte, nada ni nadie haría que me separara de mi familia.

Ella se separó del abrazo y le sonrió, con la misma sonrisa cálida que siempre le daba cuando hacía algo que la complacía.

—Además ella no…

De repente Ana puso una cara de alarma, como si se acabara de dar cuenta de algo.

—E…espera, si es tu novia eso significa que tu y ella… ya…

Comenzó a hacer gestos con las manos que demostraban sin problemas lo que estaba pensando.

—No —dijo Raúl entre alarmado y divertido por la reacción de su hermana —Ella y yo no hemos tenido relaciones porque ella no…

—Bájate los pantalones. —la frase fue tan sorpresiva para el que creyó que no la había escuchado bien.

—¿Qué?

—Bájate los pantalones, ahora —el gesto de su hermana se había tornado serio, el mismo gesto que ponía cuando el hacía alguna travesura demasiado fuerte.

—¿Por qué?

—Hazlo, ya.

A Raúl no le quedó de otra que hacerlo, aunque con mucha vergüenza, por fortuna para él no estaba erecto así que su pene se mantuvo oculto entre su ropa interior.

—Eso también —dijo Ana sin siquiera parpadear.

—Pero joder Ana, ¿cómo quieres que me quite todo frente a ti?

—Te digo que lo hagas, así que hazlo de una vez.

—Ok, si tu insistes —Raúl no era un hombre demasiado puritano, así que pasada la vergüenza inicial y la sorpresa, decidió que si su hermana quería ver su miembro, se lo enseñaría, se bajó la ropa interior dejando al descubierto un pene que ahora si estaba semierecto, que ya dejaba entrever un tamaño considerable y un grosor bastante bueno.

—Listo ¿feliz?

Ana no dijo nada, lo empujo de modo que cayera sobre la cama sentado, luego acto seguido se puso de rodillas frente al pene de Raúl.

—Hey hey hey, ¿Qué haces?

Su hermana lo miró y por primera vez en varios minutos le habló.

—Voy a comprobar si lo que dices es cierto, si te acostaste con ella no te lo voy a perdonar.

—¿Qué vas a comprobar? ¿Cómo lo harás?

Sin decir nada más, Ana tomó entre sus manos el miembro de su hermano que ante la situación ya estaba más erecto, aunque aún no en su limite.

La mujer se limitó a observarlo de arriba abajo, meneándolo de un lado a otro, buscó entre sus testículos como si estuviera investigando alguna escena de un delito, al poco tiempo comenzó a olerlo.

Era la situación más extraña en la que se había encontrado nunca Raúl, tener una mujer, a su hermana nada menos, oliendo sus partes le resultaba mas morboso que excitante.

Cuando terminó de oler, su hermana lo miró y le dijo:

—¿De verdad no te acostaste con esa fulana?

—En serio, es la verdad, ¿podrías parar por favor? Es incomodo que mi hermana esté en esta situación.

Ella le sonrió, todo rastro del enfado que tenía hace unos segundos desapareció de su rostro que pasó a mostrar una expresión más calmada, casi… seductora.

—No deberías sentirte incomodo teniendo esto hermanito, hace muchos años que no te veía desnudo, parece que los otros músculos de tu cuerpo no fueron los únicos que crecieron.

Mientras decía esto no había soltado el pene de Raúl que cada vez comenzaba a excitarse más.

—¿De verdad de verdad no te has acostado con ella ni con nadie?

—Si, de verdad

Ana sonrió y a su cara de seducción se sumó por un segundo una de alegría.

—Bien.

Sin decir nada mas se introdujo el pene de Raúl en la boca, lo que sorprendió enormemente al muchacho que se quedó en shock durante unos segundos.

—Espera —la tomó por la cabeza y la separó de el —¿Qué haces?

—¿No es obvio? Te doy una mamada.

—Pero no puedes, somos hermanos.

—Sí, pero he decidido que desde hoy yo voy a aliviar tus cargas, así no tendrás la tentación de ir a revolcarte con la primera zorra que encuentres.

Sin decir otra cosa, se volvió a meter la verga de Raúl en la boca.

Comenzó a chuparla poco a poco, el joven no tenía experiencia, pero pudo sentir que su hermana tampoco había hecho eso mucho porque su técnica no era la mejor, aun así, se dejó hacer.

Era consciente de que hacer eso entre hermanos estaba mal, pero tampoco era tonto, era un hombre y como tal sabía perfectamente que su hermana era la mujer más hermosa que conocía y que seguramente conocería en la vida.

Mientras disfrutaba de la mamada de su hermana mayor, por su mente pasó que Jessica, su otra hermana y su madre, incluso Nicole, la compañera de trabajo de Ana eran mujeres preciosas, pero a quien la naturaleza había dotado de casi una perfección al menos anatómicamente, era a Ana, el estaba seguro que sus sentimientos por Jessica eran amor verdadero, pero el tener a su hermana en esa posición hizo que despertara algo que no había sentido nunca por ella, algo más allá del cariño fraternal que siempre había tenido.

Mientras pensaba en eso, su hermana continuaba con su trabajo aún de rodillas sobre la alfombra, se metía y sacaba la verga de Raúl de la boca, a veces lamia un poco, a veces le daba besos en la punta.

—¿Te gusta? —le preguntó en una ocasión en que se la había sacado de la boca.

—S…si, pero, ya voy a…

—Está bien, hago esto para que disfrutes así que no te contengas y suéltalo todo, déjale el trabajo sucio a tu hermana.

Al decir esto le guiñó el ojo, y volvió a metérsela en la boca.

Siguió chupando durante unos segundos más hasta que sintió que la verga comenzaba a palpitar, entonces se la sacó de la boca y con una sonrisa recibió todo el semen que manaba en su cara, algunas partes en sus tetas también.

—¿Y bien? ¿estás satisfecho?

El joven solo se limitó a asentir.

—Bien —Ana, aun llena de semen en la cara se puso de pie y sonriendo le dijo:

—A partir de hoy, yo te ayudaré a desahogarte, con la condición de que no lo hagas con ninguna zorra que aparezca por ahí, ¿de acuerdo?

El, de nuevo solo pudo asentir.

Su hermana sonrió, esta vez con malicia.

—Ya quiero ver como reaccionaran Andrea y mamá cuando les diga que te has conseguido una novia jajaja.

Mientras reía entró al baño y se encerró en el, Raúl se quedó sentado sin entender exactamente que había pasado, hasta que luego de un par de minutos escuchó el ruido del agua cayendo en el baño, su hermana se estaba dando una ducha, el aún turbado salió de la habitación de su hermana y se dirigió a la suya, se recostó en su cama, no supo en qué momento se quedó dormido.

Unas horas más un grito desde afuera de su habitación lo despertó, alguien llamaba bastante fuerte.

—Hey, despierta, tenemos que hablar.

Reconoció la voz, era su otra hermana, Andrea, mucho más enérgica, más expresiva y sobre todo, mucho más escandalosa que Ana.

Aún con sueño, se levantó de la cama y abrió la puerta, ahí la vio.

Era hermosa, cabello negro como la noche, corto, no le llegaba a los hombros, al igual que sus ojos que al mirarlos fijamente cualquier hombre se perdería en ellos, unos labios rosados carnosos que invitaban a besarlos.

Y un cuerpo exuberante, no tenía tantas curvas como su hermana, pero no le pedía demasiado, sus tetas eran un poco más pequeñas que las de Ana, y su culo menos respingón, pero había algo que a Raúl le encantaba de Andrea desde que era joven y que hasta entonces no había encontrado en ninguna otra mujer, ni siquiera en Ana, las piernas, no es que fuera un fetichista ni nada por el estilo, pero las piernas de Andrea estaban tan bien torneadas y tan bien depiladas que se antojaba pasarse horas solo acariciándolas, por suerte para él, ella andaba muchas veces en la casa con shorts bastante cortos que permitía apreciarlas.

Lo miraba con cara de enfado, sabía que esto pasaría, en muchos sentidos Andrea lo sobreprotegía más que Ana.

—Vamos a la sala.

Fue todo lo que dijo, se dio media vuelta y bajó las escaleras, Raúl la siguió lentamente, sabiendo perfectamente lo que se venía.

Sentadas en el sofá estaban las tres mujeres de la familia, Andrea estaba con su cara de enojo y mirándolo bastante feo, Ana le sonreía pícaramente y su madre, Maya le sonreía con cariño, algo que el apreció, sabía que no tenía que preocuparse por su mamá, el problema eran sus hermanas.

Tomó el único asiento libre y en cuanto lo hizo Andrea le lanzó un cojín del sillón a la cara.

—Eres un tonto

El la observó por unos minutos y después le sonrió tiernamente.

—¿Por qué soy un tonto hermana?

Nunca la llamaba “hermana” siempre lo hacía por su nombre, sabía que le molestaba que se refiriera a ella como hermana, por eso lo hizo.

—Sabes porqué —su gesto no se suavizó. —no puedes tener novia.

Luego de que Andrea haya dicho esto, Raúl repasó los rostros de las tres mujeres, nada había cambiado en sus expresiones.

—¿Quién lo dice? —Raúl no quitó su sonrisa al decirlo.

—Yo

—¿Y por qué no?

—P…pues, p…porqué eres un niño, no sabes diferenciar una buena mujer de una lagartona y hasta que no sepas no voy a dejar que tengas novia.

—Ya no soy un niño Andrea.

—Si lo eres.

Raúl sabía lo terca que era Andrea, no daba una discusión por perdida aunque no tuviera la razón, así que lo mas inteligente era simplemente darle por su lado, así que el joven consideró que era buen momento para decirles que en realidad Jessica no era su novia.

—En todo caso, creo que hay un malen…

—¿Ustedes no van a decir nada? ¿Mamá? ¿Ana?

—El y yo ya tuvimos una… charla —dijo Ana sin dejar de sonreír —le dejé claro lo que pienso al respecto.

—¿Y tú mamá? ¿Estás de acuerdo en que una fulana venga y te robe a tu único hijo?

—Bueno —Maya sonrió, la sonrisa que más tranquilizaba a Raúl, la de su madre —Es cierto que no me gustaría que Raúl me dejara sola, pero, aunque ustedes no quieran aceptarlo ya es un hombre, puede tomar sus decisiones.

Raúl le sonrió, sabía que siempre podía confiar en ella.

Pero Andrea se levantó del sillón, furiosa.

—¡Sabía que te pondrías de su lado! ¡Siempre lo has hecho!

Se encaminó hacia las escaleras, pero antes se giró hacia el.

—Pues yo no acepto que tengas novia, no voy a dejar que cualquier zorra te aleje de nosotras.

Subió a paso firme las escaleras.

Raúl se puso de pie para seguirla, pero su madre lo detuvo.

—Déjala sola, necesita tiempo, ya se le pasará el enfado.

El joven sabía que era cierto, cuando Andrea se enojaba lo mejor era dejarla sola para que pensara, aun así se sentía mal por ella, se había enfadado por una mentira.

—Vamos a cenar —la sonrisa maternal y cariñosa de su madre no desapareció.

La cena fue incómoda para él, aunque las dos mujeres sentadas a la mesa con el no hicieron nada para hacerlo de ese modo.

Su madre hablaba como siempre, contando como había sido su día en el trabajo, historias divertidas que había escuchado, chismes y esas cosas.

Ana hablaba con ella cordialmente como siempre lo hacía, respondiéndole a todo lo que madre hablaba.

Parecía como si nada hubiera pasado, aunque ocasionalmente notaba como su hermana lo miraba y le sonreía fugazmente.

Al acabar de cenar, cada uno se retiró a sus respectivas habitaciones, una vez en la suya, Raúl no podía terminar de entender todo lo que le había pasado, se recostó de nuevo en su cama y mirando al techo se quedó unas de horas, pensando en todo lo que había pasado, miró su reloj, era casi la una de la madrugada justo cuando se iba a dormir, escuchó que llamaban a su puerta, era un ritmo mucho más lento que el de la tarde así que pensó que sería Ana o su madre que quería hablar, pero al abrir la puerta se encontró a Andrea, ahora en pijama y lo veía con un gesto de ternura, ya no de molestia.

—¿Puedo pasar?

El asintió y se hizo a un lado para que su hermana entrara.

—Lo siento —dijo sentándose en la cama —me comporté como una niña.

—No pasa nada, no estoy molesto.

—Lo sé, tú nunca te enfadas conmigo o con Ana, no importa lo egoístas que seamos.

Dio unos golpecitos a la cama indicándole que se sentara junto a él.

—Escucha —comenzó a decir Raúl —En realidad yo no teng…

—¿Qué pasó? —lo interrumpió Andrea ahora con una cara de curiosidad —Entre tú y Ana

A Raúl se le helaron las venas.

—¿De que hablas?

—Los conozco bien a ambos, sé que pasó algo entre ustedes, la forma en que se miraron hace rato no es como se miran normalmente.

—N… no pasó nada —se forzó a sonreír pero era obvio que su sonrisa no convencía a Andrea, era más perspicaz de lo que podría parecer.

—No me mientas

—En serio, no pasó nada.

Andrea no dijo nada durante un par de minutos mirando al piso, hasta que levantó la mirada para verlo directamente a los ojos.

—Ustedes hicieron algo ¿verdad? Algo que no se debe hacer entre hermanos.

La expresión de Raúl debió delatarlo porque Andrea enseguida dijo:

—Lo sabía, cuéntamelo todo o le diré a mamá.

Al joven no le quedó más remedio que contarle todo a su hermana, muy avergonzado y sin mirar a su hermana.

Cuando terminó, miró a Andrea pero ella no dijo nada, lo miró también pero en su rostro no había alarma ni desagrado, más bien parecía ¿decepción?

—Vaya —dijo pasados unos minutos —no me esperaba que Ana fuera a ir tan lejos.

Luego sonrió de repente

—Pero ¿Sabes? No es mala idea.

Sin que Raúl pudiera reaccionar, su hermana se lanzó directamente sobre el tumbándolo en la cama, quedando ella arriba de el y con su rodilla comenzó a frotar la verga del joven por encima del pantalón.

—No me gusta que tengas novia, pero no me molesta compartirte con Ana, así que desde hoy yo también te ayudaré a calmarte y así no podrás pensar en ninguna zorra de ahí afuera.

Raúl normalmente se habría intentado resistir, pero lo que pasó con Ana había abierto una nueva puerta para él, tal vez no estaba tan mal hacer esas cosas con sus hermanas, al fin y al cabo, aunque nunca lo admitiría, a él tampoco le gustaba la idea de que otros hombres estuvieran con ellas.

Así que decidió que no se negaría a las muestras de cariño de sus hermanas.

Desde esa posición llevó sus manos directamente a las piernas de su hermana y comenzó a acariciarlas.

Era como estar en el cielo, el tacto era increíble, demasiado terso, como pensaba, se podría pasar horas acariciándolas.

—Sí que te gustan mis piernas, he notado como las veías durante todos estos años.

—Lo siento

—¿Por qué? Crees que si me molestara no hubiera dejado de vestir estos shorts hace años, yo quería que me miraras.

Raúl no se esperaba esas palabras, por lo que la impresión hizo que dejara de acariciarla, aprovechando esto, Andrea se separó de él, parándose en el piso se inclinó de nuevo para bajar el pantalón de dormir a Raúl, liberando la verga de su prisión, que saltó de alegría al verse libre.

—Vaya hermanito, si que has crecido.

Se agachó y comenzó a pajearlo un poco, pero cuando estuvo a punto de llevárselo a la boca, se detuvo.

—No, no voy a chuparlo, eso ya lo hizo Ana y yo quiero que la primera vez que hacemos algo sea especial.

Sonrió a Raúl como cuando alguien tiene una buena idea.

—Ya sé.

—Se subió a la cama y haciendo gala de una elasticidad bastante buena se sentó en el pecho de su hermano, a quien le costó respirar por un segundo, con las piernas apuntando a la verga de Raúl.

El joven había visto algunos videos porno y hentai donde las mujeres pajeaban a los hombres con los pies, no le gustaban, le daba asco a decir verdad, así que cuando pensó que su hermana iba a hacer lo mismo estuvo a punto de detenerla.

Para su sorpresa, su hermana colocó una mano a un lado de el, sobre la cama, liberando un poco el peso sobre el pecho del joven, y con la otra tomó la verga y la acomodo entre sus muslos.

—Ya que te gustan tanto mis piernas, y como ya las sentiste con tus manos, vamos a hacer que ahora las sientas con tu amiguito.

Después de acomodarla, puso su otra mano en la cama y apoyándose así comenzó a hacer el movimiento de sube y baja, primero lentamente, luego mas rápido.

Para Raúl ya era demasiado, que su hermana le estuviera haciendo una paja, con sus muslos era el cielo, el tacto que sentía en su verga provocado por las piernas de su hermana el paraíso.

Su hermana continúo subiendo y bajando hasta que Raúl notó que se le estaban casando los brazos de cargar con todo su peso, así que la tomó con fuerza de la cintura, de la cual tenía una espléndida vista así como de su culo y comenzó a levantarla haciendo el sube y baja más rápido.

No tardó mucho para que el chico notara que se iba a correr.

—Andrea, me corro.

—Adelante hermanito, hazlo, no te contengas.

Dicho y hecho, del pene de Raúl comenzaron a brotar chorros y chorros de semen caliente que fueron a parar todos a las piernas de su hermana que jadeaba cansada.

—Vaya —esta caliente.

Tomó con un dedo un poco del semen de sus piernas y se lo llevó a la boca, aunque Raúl no pudo ver el gesto que hizo que estaba de espaldas a el.

La chica se levantó y poniéndose de pie a un lado de la cama se dejó caer sobre el de nuevo.

—¿Te gustó hermanito?

—Si.

—Entonces… ¿quieres ir más lejos?

Raúl no supo que contestar, una cosa era una paja, ¿pero más? ¿se refería a sexo? El sexo entre hermanos está mal, el lo sabía, y aún así, cuando una mujer como esa te propone tal cosa, simplemente no hay modo de negarse, por más que sea tu hermana.

Raúl asintió.

Andrea sonrió y poniéndose de nuevo de pie comenzó a quitarle la blusa que llevaba puesta, pero justo cuando iba a revelar sus grandes pechos, alguien llamó a la puerta.

—Hijo ¿estás bien? Escuché ruido —era la voz de Maya desde afuera de su habitación,

Andrea asustada se tiró al piso y se metió bajo la cama.

—Si mamá, estaba jugando videojuegos, lo siento.

—¿Jugando a estas horas? Deberías dormir, mañana tienes que ir a la universidad.

—Si mamá, ya me voy a dormir.

—Bueno, descansa —tras decir esto se escucharon los pasos de Maya y la puerta de su habitación que se cerraba.

—Estuvo cerca —dijo Andrea saliendo de su escondite —debería irme a mi habitación antes de que regrese.

Se acercó a su hermano y sin darle tiempo a reaccionar le dio un tierno beso en los labios.

—Duerme bien, hermanito.

A la mañana siguiente, Raúl despertó bastante feliz, lo que había pasado el día de ayer era sin duda lo mejor que le había pasado en la vida, sentía un poco de remordimiento por dejar que sus hermanas hicieran algo así, pero se le pasó rápido, ese día tenía la mañana libre ya que sus clases empezaban a las 11 así que cuando vio que se había despertado poco más tarde de las 8 se relajó.

Andrea salía de casa a las 8 de la mañana para llegar a su trabajo a tiempo ya que estaba bastante lejos, en cambio Ana salía a las 8:30 y su madre a las 9, así que no le sorprendió que al bajar a la sala Andrea ya se hubiera marchado y su mamá y Ana ya estuvieran listas para hacerlo.

—Buenos días —dijo su madre con una sonrisa.

—Buenos días —Raúl respondió bostezando aún.

Para su sorpresa, sin previo aviso, apenas bajar las escaleras Ana se paró frente a él y se le quedó mirando fijamente a los ojos, como si esperara algo de el.

—¿Q… qué pasa?

—Mi beso —paró los labios.

—¿Beso? ¿de que hablas?

—Pues he decidió algo… —mientras decía esto, se llevó sus manos a su espalda y se paró de puntillas para alcanzar la boca de Raúl, quien correspondió el beso, aunque fuera solo en los labios, con su madre enfrente, que sorprendentemente no dijo nada.

—¿Qué decidiste?

—Pues, que a partir de hoy quiero un beso tuyo de despedida y otro de bienvenida —sonriendo, sin decir nada más salió por la puerta y se fue a trabajar.

De ese modo Raúl quedó solo con su madre, quien lo miraba sonriendo mientras él estaba nervioso por lo que acababa de pasar.

—No te preocupes, no me molesta.

—¿Eh?

—Sé muy bien lo que pasó ayer entre tú y tus hermanas, pero no me molesta.

La sorpresa fue inminente en el rostro del joven, obviamente no entendía como su madre se enteró de eso.

—Soy su madre, claro que sé cuándo algo pasa con mis hijos.

Como si hubiera leído su mente, su madre le respondió.

—Además… —al decir esto se sonrojó un poco —anoche estuve pensando que yo tampoco quiero que nos dejes y te vayas con alguna mujer, eres mi bebé y no quiero que te vayas.

Se acercó hasta poner sus grandes tetas en el pecho de Raúl, como si quisiera abrazarlo, pero sus brazos no rodearon al joven, si no que más bien llevo sus manos y tomó ambas mejillas del muchacho.

—Sabes, hace mucho que a mi no me dan un beso de despedida….

Continuará…

 Nota: este es un relato de introducción, si no hay demasiadas situaciones eroticas es por eso, en las siguientes partes sin duda añadiré más. 


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