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Fecha: 10-Abr-19 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series

Emputeciendo a la mujer de mi amigo – 2

Valenciano
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Tiempo estimado de lectura: [ 109 min. ]
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Mi amigo no tiene suficiente con lo que ha logrado hasta el momento. Está empeñado en decir que su mujer puede ser mucho más caliente y quiere averiguar hasta dónde puede llegar. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Este tiempo de trabajo intensivo, el viaje, los roces con Noelia, había dejado un poco de lado a mi amigo Juan Carlos, podía parecer que estaba enfadado, pero no, lo que quería que se dieran un respiro. Porque lo conocía y sabía que la noche de Madrid tuvo un subidón, pero luego lo mismo no le hacía gracia. Íbamos al futbol juntos con más amigos, pero llevaba ya varios partidos faltando, pero no por él, por otras causas. Le respondí a un whatsapp diciéndole que había sido una temporada de mucho trabajo, a ver cuándo nos veíamos, pero esto último lo dije por decir. No con la intención de quedar en una fecha cercana. Todo cambio cuando el Valencia perdió en el nou camp 2 – 0.

Ese día los whatsapp del grupo de los amigos del futbol echaban humo. Decían que no podíamos fallar y no ir a los pocos partidos que quedaban. Todos como fieras decían de ir la semana siguiente, nada de fallar. Empezaron a aparecer pulgares hacia arriba y el único que no puso nada fui yo, hasta que después de todos darme la bronca, dije que sí. Juan Carlos me puso, “Pasas tú por mi o te recojo yo” quedamos que me recogía el.

Fuimos al partido y estábamos eufóricos, nuestro rival en la liga era el Sevilla, estábamos los dos muy igualados. Ese día jugábamos contra el Granada. Ganamos 4 – 0, fue un alivio. Salimos más eufóricos de lo que habíamos llegado. Ya hablábamos del siguiente partido que era contra el Rayo en su casa. Estábamos un poco revolucionados, había algunos que irían a Madrid a ver el partido y otros nos quedaríamos. Uno de los que se quedaban, propuso ir a casa de alguno a ver el partido y yo ofrecía la mía. El resto dijeron que mejor en casa de Juan Carlos, porque tenía una TV de 55’, no quise decir nada, pero Juan Carlos se ofreció enseguida. Luego Juan Carlos me llevo para mi casa y cuando llegamos, quiso que habláramos y aunque le dije de subir a mi casa, prefirió hacerlo en el coche.

- Quiero que sepas, que lo de Madrid no me lo esperaba, me cogió desprevenido, es que pensé muchas cosas, pero nunca lo que sucedió.

- No te puedo decir que lo siento, porque mentiría. Ocurrió y ya está. Tu querías algo nuevo y te lo di. La que podría protestar más seria Amparo, que ella si iba a ciegas. Ya te lo avisé. Ahora lo tienes todo más claro.

- Claro y clarísimo.

- Pues como veo que te dejo tocado, volvemos a la normalidad, a vuestra normalidad mejor dicho y por mi parte, no te tienes que preocupar.

- Si no me preocupo, si lo hemos hablado Amparo y yo, en frio y detenidamente. Hemos llegado a la conclusión de que supiste organizarlo  muy bien y de forma discreta. No vamos a mentir nos gustó y cada vez que lo recordamos imagínate.

- ¿Entonces no estas mosqueón?

- Que va, hablo por mí, nunca me he puesto tan cachondo como esa noche, te lo juro. Por Amparo no puedo opinar, pero le ha subido un montón la autoestima y la libido, no lo puedes ni imaginar.

- Pues me alegro, no sé qué decir, salvo eso, que me alegro.

- Pues puedes decir que nos tienes otra nueva aventura preparada, jajajaja.

- La verdad, que no. Porque no sabía cómo os había sentado, sobre todo a ti.

- Pues ves vete poniendo las pilas, que Amparo necesita algo más de marcha, que lo noto.

- Muchos pues me dices. Ahora te diré yo uno, pues el día del partido me follare a Amparo.

- No jodas, que no estaremos solos.

- Eso le da más morbo. No le digas nada a ella. Quiero que sea una sorpresa.

No puso muy buena cara, aunque tampoco protesto. Seguro que según lo pensara se iría empalmando, que lo conocía muy bien. Los días trascurrieron de lo más normal y eso me escamaba, porque otras veces Juan Carlos no había parado de mandarme mensajes mostrándome las ganas que tenia de que llegara el momento. Así que le envié un whatsapp para saber cómo estaba el ambiente. Le dije, “Juan Carlos no sé si podre ir a ver el partido, que lo mismo se me complica el día” vi que estaba escribiendo, que se paraba y eso que suele pasar que nunca llega la contestación. Entonces me llamo directamente y con voz enfadad me dijo, “No puedes fallar joder, que Amparo cuando se lo he dicho, me dijo que ella se iría con sus padres y no veas la que he tenido que montar para que no se vaya, así que TU VIENES” me alegro oírle así, quería decir que tenía muchas ganas.

Llego el día del partido y creía que sería el primero en llegar, pero ya habían llegado dos amigos. Nos juntamos contándome yo, cinco en casa de Juan Carlos. Amparo iba con una falda vaquera un poco más arriba de las rodillas, una blusa verde y el pelo recogido. No llevaba una cara de mucha alegría y eso sí, cuando entré en su casa y la di dos besos, fueron muy cerca de sus labios, es mas en el segundo, nuestras lenguas se tocaron muy hábilmente. Estando ya todos, me ofrecía a echar una mano y fui por unas cervezas a la cocina, nada más entrar le di un buen morreo a Amparo, que se puso muy nerviosa y me decía que mucho cuidado. Antes de irme metí mi mano por debajo de su falda, le acaricie el culo y al oído le dije, “La próxima vez que meta mi mano, no quiero nada debajo” luego le di un leve mordisco en su oreja y me fui.

Tanto a Juan Carlos como a mí, ese día el partido nos daba igual, además en concreto fue un poco malo. Juan Carlos estaba más pendiente de mí y de su mujer. Como suele ocurrir en estas reuniones, cada uno decía su equipo ideal, hacían de entrenadores, hablaban de la mejor táctica. El descanso yo aproveche para comer un poco, estos no, porque estaban más cabreados que un mono, ya que al Valencia le habían metido un gol prácticamente en el primer cuarto de hora y ellos querían que fuéramos ganado de goleada. Empezó la segunda parte. Estaban más al futbol que a otra cosa. Amparo no estaba con nosotros, ella estaba viendo en un cuarto de estar la TV.

Me levante muy discretamente mientras boceaban por el mal partido y cuando me vio me sonrió, me dijo que no fuera malo, que había muchos moscones. No la hice caso, extendí mi brazo, ella extendió la suya y la levante, otra vez nos fundimos en un beso divino. Me dijo que por lo menos tuviera la prudencia de cerrar la puerta y le dije que no, que la dejara así, porque en el momento que alguno abriera la puerta del salón lo oiríamos perfectamente. Estaba reacia, pero cuando estando abrazados, baje mis manos y levante su falda, que me costó un poco, pude acariciar su culo y notar que no llevaba nada. También pude sentir lo mojada que estaba. Sabía que no disponía de mucho tiempo, así que la apoye en la mesa camilla que había y me saque el rabo, entro muy fácilmente y soltó un gemido importante. Maldecía y me decía, “Joder, así no me va. Sabes que me gusta poder gemir con tranquilidad, ahora ya no me gusta aguantarme, para, para” yo seguí empotrándola contra la mesa, que se movía con facilidad.

No aguanto mucho, se agarró a los borde de la mesa y haciendo un auténtico esfuerzo para evitar que se la oyera, se corrió de forma desorbitada, pero no me pare, la folle con autentica rabia hasta que me corrí dentro de ella, que bien me sentó esa corrida, pero a que poco me supo. Por eso le dije que estuviera atenta a todo, no quise decirle lo que se me acababa de ocurrir. Regresé con los demás y a los cinco minutos dije que me tenía que ir, todos me dijeron que hasta otro día, menos Juan Carlos que se quedó con mala cara y se ofreció a acompañarme, se lo impedí y en eso apareció Amparo y seguro que Juan Carlos se dio cuenta de que me la había follado. Ella me acompaño a la puerta, abrimos y cerramos, me fui hacia su habitación. Ella al rato entro y dijo que se iba a acostar porque le dolía la cabeza.

Cuando vino a su habitación, ya estaba desnudo y ella se desnudó para mí, lo hizo provocándome. Vino a la cama y me empezó a comerme por los pies. Que lengua más buena que tenía, me encantaban los mordisquitos que me daba, paso junto a mi rabo, pero solo le dio una lametada a todo lo largo. Siguio besando y lamiendo mi tripa, hasta que llego a mis pectorales, los mordía con un punto de rabia y se empezó a entretener con mis pezones. De pronto se oyó mucho alboroto y mucho grito salvaje, quería decir que el Valencia había empatado. A nosotros nos daba igual y en ese momento que me empezó a hacer una de sus magistrales mamadas mucho menos. No me lo pensé, cogí mi móvil que lo había dejado en la mesilla y marqué el número de Juan Carlos, tardo en contestar.

- Espera que me salgo a la terraza que no se oye bien.

- ¿Ya me oyes bien?

- ¿Qué si te oigo bien? Eres un cabronazo, por marcharte así. Pues que sepas que hemos empatado. Porque te has ido poniendo una excusa barata (No me dejaba hablar) y ya me dirás qué coño tenías que hacer tan importante. Que sepas que no te lo perdono y (Tuve que cortarle)

- Te quieres callar. Pues lo que tenía que hacer, más exactamente lo que me tenían que hacer, es lo que me está haciendo una zorrita, una mamada de categoría, mientras el cornudo de su marido ve el futbol en el salón con unos amigos.

- ¿No me jodas? ¿De verdad?

- No te miento y por si te interesa, ya le he llenado el coño de leche y cuando quieras vienes a comérselo, que ella estará muy agradecida.

Le corte la llamada y Amparo me dijo con cara de viciosa, “Eres un auténtico vicioso y un cabronazo, le has puesto empalmado seguro y lo que te encanta, y me encanta tener al marido más cornudo, eso me hace que le ame más” lleve de nuevo su cabeza hasta mi rabo, para que no hablara y siguiera comiéndome el rabo. Poco después había acabado el partido, porque oíamos como a toda prisa Juan Carlos se despedía de nuestros amigos, con la disculpa de que Amparo estaba mal y estaban un poco cabreados por el empate. Le dije a Amparo que se pusiera con el culo hacia a puerta, para cuando viniera Juan Carlos que tuviera una buena visión. Me volvió a mirar con esa cara de viciosa que tanto me excitaba.

No tardo nada en aparecer Juan Carlos y la visión que tuvo al abrir la puerta era espectacular y encima Amparo empezó a mover el culo con mucho arte, no dejándome de mirar mientras me seguía comiendo el rabo. Es más en un momento me guiño el ojo y no sé cómo lo hizo o que hizo, porque no me di cuenta, pero fue automático, guiñarme el ojo y Juan Carlos ponerse detrás de ella a comerle el coño. Menudos meneos le daba a su mujer, le tenía que estar metiendo la lengua hasta el fondo. Gemía y respiraba con fuerza, hasta que me miro intensamente y se volvió a correr, Juan Carlos se había portado muy bien.

Se quedo como agotada, pero solo era una impresión, porque lo que hizo a continuación fue ponerse a horcajadas sobre mí, agarrar el rabo y colocárselo para metérselo hasta el fondo de su coño. Empezó con movimientos muy suaves, para darnos placer mutuamente pero también para que su marido desde donde estaba pudiera ver sus movimientos y como mi rabo entraba y salía. Se agacho, morreándome y dejando su culo a disposición de su marido, que estaba tan cachondo que no se daba ni cuenta. Es que se quedaba ensimismado viendo a su mujer follar. Tuve que sacarle del “trance” diciéndole que el culo de su mujer esperaba.

Se fue directo a meterle su rabo en el culo, me quede parado para facilitarle las cosas, eso lo aprovecho Amparo, para pegarse bien a mí y decirme muy suave, con voz excitada, “No te corras dentro de mi esta vez, quiero que lo hagas en mi boca, para compartirlo con mi amado cornudito” ya notamos que Juan Carlos la tenía bien penetrada y empezamos los movimientos, ya lo hacíamos mucho mejor, nos compenetrábamos muy bien. A el marido se le oía bufar cada vez más, estaba a tope y con ganas de correrse, se le notaba y a ella le pasaba más o menos lo mismo, su cara lo decía todo.

El primero en correrse fue Juan Carlos, que lo hizo con mucho ruido y maldiciendo no haber aguantado más, se salió y ahora Amparo se movía con mucho mas ímpetu y mis caderas la acompañaban en el movimiento, porque le deba buenos empujones hacia arriba. Tuve que avisarla de que estaba bastante a punto, ella se tocó para deleite de su marido y mío. Cuando se corrió, que lo hizo como lo hacía siempre, vaciándose de prejuicios y de falsa moralina, estuve a punto de hacerlo yo, pero ella se quitó rápido fue muy hábil.  

Esos cortes en la follada, provocaban que me relajara y no sé porque, aguantara bastante más. Se puso a hacerme una mamada y dio un golpe en la cama mirando a su marido, este se acercó y se sentó en donde ella había dado con su mano, que era en el borde de la cama. Se sentó y me daba prácticamente la espalada. Solo tenía ojos para lo que hacía su mujer.

Amparo paro de comerme el rabo y teniéndolo agarrado, le dijo a su marido que si quería un poco, Juan Carlos no decía nada y ella le dijo, “No seas tonto, si lo estas deseando, que te conozco y lo estoy viendo en tus ojos, venga” pero él seguía sin decidirse, hasta que le agarro la cabeza y con un leve movimiento de su mano, él se agacho y empezó a mamar. Amparo se vino a mi lado y decía en voz alta, que le ponía mucho, al máximo, ver a Juan Carlos así y la avise de que me iba a correr, no pude aguantarme más y mientras ella acariciaba la cabeza de su marido, diciéndole que luego la besara, me empecé a correr en la boca de Juan Carlos, mientras ella le decía, “Venga cornudo mío, trágate la leche de nuestro macho y luego me besas, joder que cachonda me pones cornudo” Juan Carlos nada más terminar de correrme yo, se fundió en un morreo increíble con su mujer. Me gustaba ver la complicidad que tenían entre los dos.

Luego ya relajados los tres, les dije que en breve seguiríamos con el “aprendizaje” de ella, los dos se miraron y se les veía contentos. Amparo quiso saber cómo sería esta vez y lo único que le dije que sería de nuevo en Madrid. Ella pensaba que sería de nuevo con el italiano, lo que no sabía que esta vez seria con una mujer. Lo tenía bastante avanzado. A la semana les avise para que se prepararan para viajar a Madrid el siguiente fin de semana. Me lleve una sorpresa cuando Juan Carlos me dijo que lo mismo no podía ser y le pregunte que sucedía, “Pues nada, que su prima se ha divorciado y se ha plantado en casa. Como además es su mejor amiga, pues le da apuro dejarla sola” y al decirme su prima, quise saber si era en concreto una que conocí en su boda, “Oye Juan Carlos, por casualidad, ¿No será es que iba teñida de pelirroja que estaba rellenita y con un marido con cara de estreñido?” y mi amigo me respondió, “Jajaja, lo de estreñido es verdad, si es esa, ¿Por?”, “Por nada, pero tienes que lograr que esta tarde tomemos un café, aunque sea rápido, tu mujer, tú y yo”

Aunque le dije que tenía que lograr, sabía que tenía que hacerlo. Seguimos hablando y me decía que tendría que ser cerca de su casa, porque le diría a Amparo, que dejara a su prima con su hija, mientras ella bajaba a comprar algo de forma urgente. Quise saber cómo había sido de traumático ese divorcio y Juan Carlos me lo conto. “Era algo que se veía venir. Estaba todo el día perdió por ahí, picoteando en otros nidos y el nido de su casa lo tenía desatendido. La mujer le pillo con otra y descubrió también un pufo económico” “Jajajaja, amigo mío que poético te has vuelto con lo de los nidos, jajajaja. ¿Pero no tiene arreglo?” y con cara de enfado me dijo, “Buf, no lo creo. Aunque ella le hubiera perdonado, peo como el chulo le dijo, que la culpa de que el estuviese con otras, era porque ella follaba mal, sin imaginación y que estaba gorda. Eso ha sido la espoleta que ha hecho que ella no tenga marcha atrás”

Claramente era un gilipollas el marido, porque ella a pesar de esos kilitos de más, estaba buenísima. Era la mujer ideal para mis intenciones, además si salía bien, se le subiría la autoestima muchísimo. Llegamos a la cafetería en la que nos veríamos con Amparo y Juan Carlos la mando un whatsapp para decirla que estábamos esperando. No tardó mucho en llegar.

AMPARO.- Ya me tenéis aquí. ¿Qué sucede? ¿Qué es eso tan importante?

JUAN CARLOS.-        Que Pelayo lo tenía todo preparado para el próximo fin de semana. (Amparo le interrumpió)

A.-    Eso de momento va a ser imposible. Me imagino que te habrá contado lo de mi prima. No la puedo dejar en la estacada, sé que lo comprenderás.

YO.- Tienes razón, lo comprendo y aunque hay que cambiar algunas cosas, lo podemos hacer aquí, no hace falta ir a Madrid.

A.-    Olvídate no puedo dejar sola a mi prima, lo que nos llevaría a tener que hacer lo que fuese en nuestra casa y mi prima no es tonta, imposible. Porque no tendríamos manera de escondernos.

JC.- Eso está claro. Opino como tú.

Y.-    ¿Quién ha dicho nada d esconderse?

A.-    Pues ya me contaras. Porque no la vanos a anestesiar.

Y.-    Tampoco será eso. Simplemente cambiaremos los protagonistas. En Madrid íbamos a meter a una amiga mía. Pues lo que haremos, será meter a tu prima.

JC.-  ¿Estoy entendiendo lo que estoy entendiendo?

A.-    Ni en Madrid ni aquí. No pienso enrollarme con una tía, que os quede claro y mucho menos con mi prima.

JC.-  Tampoco te pongas divina, que bien que me animas a mí, ya sabes a que me refiero.

Y.-    Pues yo ya he dicho lo que tenía que decir. Si no quieres o no queréis, pues ya está. (Lo dije serio)

A.-    Joder, joder, tampoco te pongas serio. Me poneis tan nerviosa que me hacéis hablar mal. Es que tampoco sabría cómo entrarle a mi prima. Tampoco sé si en el momento de la verdad sería capaz.

JC.-  Si os lo contáis todo, no me extrañaría que le hubieras contado todo lo nuestro.

A.-    Te aseguro que no se lo he contado a nadie, ni una insinuación.

Y.-    ¿Cómo es vuestra confianza?

A.-    Total. Exceptuando lo de mi embarazo y este rollo que tenemos contigo. Nos lo contamos todo.

Y.-    Pues cuéntale solo lo del rollo y parte de lo que queremos hacer, con tacto y según lo que te responda, lo sabremos.

A.-    Estaré tan nerviosa, que se me olvidara la mitad de lo que me diga y tampoco sabre bien como se lo ha tomado.

JC.-  Pues nosotros estaremos en otra habitación escuchando.

A.-    Pareces nuevo, sabes que cuando estabais su marido, tu o los dos, se cerraba en banda y no hablaba de nada indiscreto.

JC.-  Pues lo grabas con el móvil o nos hacemos una llamada y lo dejas conectado.

Y.-    Mira tú por donde, ha tenido la mejor de las ideas. ¿Tú qué opinas?

A.-    No sé cómo saldrá, pero se puede intentar, ahora tener una cosa muy clara, los dos pervertidos. Si no me sale bien, no quiero enfados ni regañinas y si mi prima se cierra en banda, se acabó.

Ella se fue y un poco más tarde llegamos nosotros. Al entrar me encontré con su prima y Amparo me dijo, “No sé si te acordaras de mi prima Mercè, pero si no te acuerdas, te la presento de nuevo” y yo le conteste, “Como me iba a olvidar de una mujer tan guapa” ella em dio las gracias se azoro un poco y luego me dijo, “Eso se lo dirás a todas, que bien has quedado, pero muchas gracias, hace tiempo que nadie me dice nada así” mi replica la dejo impactada. “No lo he dicho por decir. Llevabas un vestido color turquesa, con un bonito escote y la espalda al aire. El pelo lo llevabas de un pelirrojo intenso, aunque ahora lo lleves rubio, ¿Algo más?” y ella con una sonrisa amplia movió la cabeza mirando a su prima.

La cena estuvo muy divertida y logre que Mercè sonriera durante toda la velada. En los postres propuse el ir a tomar una copa y como estaba todo preparado, Amparo dijo, “Hoy no tenemos quien se quede con la peque. Pero iros vosotros un rato y así nos quedamos las chicas cotilleando sin moscones por medio” nos estábamos haciendo los remolones y Mercè fue al aseo, en el momento que se fue, Amparo me expreso lo contenta que estaba por ver reír a su prima, que haría todo lo que pudiera. Marco el número de su marido y dejamos preparados los móviles. Nos fuimos a un bar de copas cercano, pero había mucha gente y no podríamos oír los dos bien el teléfono, así que coloqué los auriculares y me puse a escuchar yo solo. Juan Carlos me decía que si había algo interesante se lo contara. En un principio se oían voces y murmullos como en la lejanía. Poco a poco esas voces se fueron aclarando. Estaban hablando de los padres de ambas y en especial de los de su prima, que no habían encajado muy bien su divorcio.

- Venga Mercè hablemos de otra cosa, que si no te pondrás de nuevo a llorar y con lo alegre que has estado en la cena no lo estropeemos.

- Si es que vuestro amigo es muy simpático. Además de estar muy bueno. En la boda no me fije mucho, pero jope como esta.

- Si, es verdad, esta para hacerle un favor. Jajajaja.

- Jajajaja, si me apuras has dos, jajajaja.

- Pues ahí lo tienes, soltero, con un buen trabajo, todo un chollo.

- Jajajaja, cuando te mira de esa manera tan, tan… penetrante y con esa pinta de empotrador que tiene, te alegra el día, jajajaja.

- Mira tú, Pelayin ha puesto “tontita” a la tímida Mercè.

- No tan tímida. Que eso es lo que decía el imbécil de mi ex. Porque él no es que fuera muy potente en la cama, aunque no he probado a otro, muy normalito. Que fuimos tontas prima, que antes de casarnos tan jóvenes teníamos que haber probado, lo de la variedad. Míranos solo con un hombre.

- Eso lo dirás por ti.

- ¿QUE? ¿CÓMO? Porque siempre hemos estado juntas y nos lo contábamos todo. (Voz de sorprendida)

- Secreto, jajaja.

- Te estas burlando de mí.

- Te juro que no.  

- Pues cuéntame, no seas borde, siempre nos lo hemos contado todo. ¿Lo conozco? ¿Quién es?

- Mercè pero como siempre esto solo entre nosotras.

- Ya sabes que sí, venga suéltalo.

- Con Pelayo.

- No fastidies, ¿Con el mejor amigo de tu marido? Si son más que hermanos. Menudo falso que es el tío. Sabes que si Juan Carlos se entera le va a doler doblemente, su mujer y su mejor amigo. Ya te podías haber buscado otro, hija.

- No te escandalices por lo que te voy a contar. Así lo entenderás. La idea fue de Juan Carlos, quería que probara con algún hombre más, le costó convencerme y elegimos a Pelayo, porque sabíamos que no diría nada.

- Me has dejado sin palabras. Pero con muchas preguntas. ¿Ha sido solo una vez? ¿Cómo os lo habéis tomado? ¿No os da mal rollo?

- Ya lo hemos hecho más de una vez, para ser más concreta bastantes y nos va muy bien, ahora cuando estamos Juan Carlos y yo solos, saltan chispas recordando lo que hacemos y pensando en las nuevas sorpresa que nos tiene Pelayo.

- ¿No os afecta en vuestra relación?

- Lo que nos hemos dado cuenta, que nos amaos mucho más, somos más cómplices y míralo de esta manera, cuanto te tiene que amar tu marido, para querer eso. Aunque él se lo pasa muy bien también.

- Pues que suerte y que envidia me das. Y oye, ¿Cómo es en la cama?

- Un salvaje empotrador. Aguanta lo indecible y no se cansa nunca, te deja con agujetas para varios días. Jajajajaja

- Jajajaja. A mí nunca me han dejado con agujetas. Por curiosidad ¿Esta mejor dotado que Juan Carlos?

- Pues bastante más. Ni te lo imaginas. Jajajaja.

- ¿Cómo es de tamaño?

- Así de grande y así de gorda. (Imagine que se lo señalaba con las manos)

- Venga ya. No puede ser. Eso no es una polla entonces, es una trompa, vamos un señor pollón.

Siguio contándole con pelos y señales, como y donde me la había follado. Las juergas de Madrid menos lo sucedido con el italiano. Hasta donde llego Juan Carlos, lo minimizo, hasta que ella hizo un comentario de cómo le pondría ver a un tío chupándosela a otro y eso le dio paso a Amparo a decir, que sí, que ver a Juan Carlos haciendo ciertas cosas, la llevaban al borde del orgasmo, pero no específico las cosas. Lo que llevaron Mercè a tener más curiosidad. Amparo lo estaba haciendo muy bien, porque tenía a su prima con un alucine bestial.

- Ya te lo voy a contar todo.

- ¿Todavía queda más?

- El viaje ultimo a Madrid, ¿Te acuerdas?

- Si me acuerdo.

- Pues íbamos a tener una buena sesión de sexo, sin encontrarnos a nadie de aquí. Pues nos tenía una sorpresa preparada, que ni Juan Carlos ni yo teníamos ni idea, ni nos lo imaginábamos. Resumiendo, trajo a un amigo suyo italiano, buenísimo como el e imagínate el resto.

- No me imagino nada, que lo que me viene a la cabeza es muy fuerte.

- Jajajaja, pues muy fuerte, sí. Menuda me “dieron” los tres, sobre todo ellos, porque Juan Carlos estaba tan cachondo, que era tocarle y correrse.

- Mmmm, que suerte prima. Solo de pensarlo me pongo “mala”. Pues menuda mente más perversa tiene vuestro amigo y eso que se le ve muy simpático y parece un buen niño.

- Jajajaja, si lo es. Igual te lo hace con furia, en plan “bestia” empotrándote de locura, como luego te acaricia con una suavidad única. Con mucha ternura. Sabe muy bien lo que te tiene que dar. Ahora a esperar lo próximo.

- Caro, no tendrás ni idea.

- Que va esta vez sí.

- ¿Y qué será?

- Muy fuerte. Pues se ha empeñado que quiere verme con otra mujer.

- Pues igual de fuerte que con su amigo italiano.

- Es que yo no me veo con otra mujer dándole al tema.

- Tampoco es para tanto. ¿Nunca has tenido fantasías lésbicas?

- Yo NO. ¿Y tú?

- Alguna.

- Eso me lo tienes que contar.

- Pues eso, que alguna vez me he preguntado como seria, lo mismo por la falta de atención de mi ex. ¿Nunca de pequeña hiciste nada con alguna amiga?

- Pues NO. ¿Y tú?

- Alguna tontería.

- ¿A qué llamas tontería?

- ¿Te acuerdas de Mamen y Yoli?

- Si claro.

- Pues cuando mamen cumplió los 14, en la fiesta que tú no fuiste porque no os tragabais. Por la noche nos quedamos las tres juntas durmiendo en la misma habitación. Pues da igual como sucediera, pero nos tocamos entre las tres pero solo con los dedos y algún pico. Lo que más recuerdo era Yoli como besaba y como tocaba, nadie me hizo sentir así nunca.

- Que cerda que eres y nunca me lo contaste.

- No lo hice por lo mal que hablabas de las lesbianas o de las chicas que hacían algo. Luego como no paso más, pues para que decir nada.

- Sabes que no te hubiera dicho nada malo. Me he puesto tontorrona, cuando venga Juan Carlos me lo voy a comer.

- Que puta que eres, mira que decirme eso a mí, que llevo a pan y agua casi un embarazo.

- ¿9 meses sin nada de nada?

- Si descartamos a mis deditos, nada de nada.

- ¿Por qué no has buscado a alguien?

- Hija está claro, porque nunca he sido infiel y porque digámoslo suavemente, estoy rolliza.

- Jajajaja, pues según Juan Carlos, Pelayo dice que estas muy buena. (En ese momento llame al teléfono fijo de la casa, para decirle a Amparo, que fuera a por todas)

- ¿Siiiiii? ¿lo dices de verdad?

- Eso es lo que me dijo mi marido. Y ya de paso, si quieres, sin compromiso alguno, te podías apuntar a esa “fiesta” que quieren hacer.

- Amparo, ¿Te refieres a montárnoslo las dos como quiere tu amigo?

- Pues sí, se me acaba de ocurrir.

- Ni de coña. Una cosa es fantasear y además somos primas hermanas. ¿Es que estamos locas?

- Vale, vale. Ha sido una tontería. (La voz de Amparo sonaba con preocupación)

Nos fuimos a toda velocidad para su casa, para que Amparo se encontrara mejor. Al llegar la vimos más que sofocada, incomoda. Aguantando el tipo y cuando nos vio, nos miró con cara de circunstancias. Era hora de quitar hierro a ese malestar de Amparo. Dije que me quedaba un poco más y que me iba. Juan Carlos se puso a preparar bebida y dijo que hasta que no me la acabase no me movía. Mi charla se centró más en Mercè y la note receptiva, tanto a mis halagos como a que estuviera pendiente de ella. En un momento de la conversación la mire descaradamente y ella con cierta vergüenza me pregunto, “¿Por qué me miras así?” y mi respuesta fue muy directa, “Que no he tratado con tu ex, pero tiene que ser un tonto de cuidado. Dejar escapar a una mujer que esta tan buena, no lo entiendo” ella se puso de golpe, roja como un tomate y solo esbozo una sonrisa.

Era el momento preciso para irme y antes de hacerlo, mire a Mercè y les dije a mis amigos, “Oye porque a la cena del sábado no viene vuestra prima, ¿Te apetece venir una noche de juerga y locura?” ella contesto un tímido “no sé”, me despedí de todos y cuando lo hice de Mercè lo hice de forma muy provocativa, porque los dos besos se los di sin ningún rodeo en la comisura de sus labios, dos besos intensos, como quien no quería la cosa. Me gusto sentir su nerviosismo.

A los dos días me llamo Juan Carlos diciéndome que la prima había dicho que sí. Por lo que se ve hablo con Amparo y le dijo que iría, pero que no pensaba hacer nada. Que esperaba que la respetase y que Amparo le dijo que lo que ella dijera. Según Juan Carlos, Amparo desde el día que le hizo la proposición a su prima, se había quedado muy tocada, avergonzada. Por motivos imprevistos, el sábado no podía ir a cenar pero si a tomar algo por ahí. Por lo que Juan Carlos iría con las dos primas a cenar y luego a las 12 de la noche quedamos en un sitio muy habitual para mí, donde podías bailar o estar tranquilo hablando, con zonas casi oscuras.

Sábado por la noche, Juan Carlos me manda un whatsapp diciéndome que ellos ya habían terminado de cenar, que ya no podía entretenerlas más y que iban para el sitio donde habíamos quedado. Me decía también que las dos estaban muy animadas. Le respondí diciéndole que yo ya iba de camino. Llegue antes que ellos y el portero, que ya nos conocíamos bien, me contaba una cosa que le había sucedido con un par de tíos que iban muy pasados. Vi llegar el coche de Juan Carlos, se bajaron las mujeres y él se fue a buscar donde aparcar. Las dos venían espectaculares, como diría el propia Juan Carlos estas van de “boa”, Las dos venían con dos vestidos increíbles. Bien escotadas, taconazos, medias (esperaba que no fueran pantys) y en concreto Mercè que llevaba un vestido azul marino oscuro, se veía que no llevaba sujetador, se le notaban las tetas mucho más grandes que las de Amparo y eso que las de Amparo no eran pequeñas exactamente.

Nos quedamos hablando fuera hasta que llego Juan Carlos, como nos conocían saludamos a mucha gente y nos fuimos a mi rincón, como me decía uno de los camareros. Ellas venían muy graciosas y Juan Carlos me decía que lo que él no había bebido por tener que conducir lo habían bebido ellas. Juan Carlos no es de mucho bailar, pero le convencimos de ir a bailar los cuatro. Me costó un pequeño “soborno” pero al rato pusieron música lenta. Juan Carlos se emparejo con su mujer y yo con la prima. En la segunda canción estábamos tan pegados que no cabría ni un folio entre nosotros. Como esperaba mi rabo hizo de las suyas y se puso durísimo. Pensaba que ella al notarlo se apartaría un poco o simplemente diría de irnos a sentar. Pero que va. Se pego bien pegada y al notarlo empezó mi “ataque”

Mis manos bajaron un poco más debajo de la cintura, lo suficiente para tocar con discreción su culo. Ni rechisto. Fui a decirle una cosa al oído, cuando quito una de sus manos del cuello, para ponerme un dedo en mis labios, para que guardara silencio. Pues nos quedaríamos mudos. Pero lo que no hice fue estarme quieto. Empecé a besar su cuello muy suavemente, su piel se erizaba, movía con mucha excitación su cuello. En cualquier otro momento sabía lo que significaba todo eso, pero éramos cuatro, no se me tenía que olvidar. Estábamos los dos muy entregados y los movimientos de ella me indicaban que estaba como yo quería. Hice una seña a Juan Carlos para que cambiáramos de pareja. Él se nos acercó y dijo de cambiar, Mercè soltó algo parecido a una queja, pero se puso a bailar con Juan Carlos.

Nada más ponerme con Amparo le dije, “Tu prima está más que lista, yo he hecho mi parte, ahora te toca a ti hacer la tuya” ella nerviosa me respondió, “Joder es que me da mucho apuro, ¿Y si me da otro corte como el otro día?” la tranquilice diciéndole que seguro que no se lo daba, pero que ella tendría que tomar muchas decisiones antes que su prima, para allanarle el camino. Estaba preocupada pero ya la conocía y también estaba cachonda, tal vez lo que más le asustaba era lo desconocido, la primera vez. Le dije que ahora se fuera para nuestro sitio y que se llevara a Juan Carlos. Así lo hizo y nos quedamos Mercè y yo solos bailando.

Otra vez estábamos bien pegados y al no estar su prima ella estaba como más tranquila, volví a besar su cuello, hasta que se giró y nos dimos un buen morreo. Luego bailando, bailando, me la fui llevando a un sitio apartado y bastante discreto de la vista de personas no deseadas. Allí nos pusimos como locos y mi mano al final fue debajo de su falda, cuando llegue a su coño estaba su ropa interior empapada. Aparte rápido su ropa interior y con dos dedos empecé a tocarle el clítoris, que estaba muy duro. Se puso candente y cuanto más se ponía, “peor” estaba y me pedía pegando su boca a mi oído, “Para, para, para, PAAAARA, no es el sitio adecuado” la hice caso y se quedó cortada, porque yo sabía que no quería que me parara. Ella para justificarse y no quedar con cara de ¿Qué ha pasado? ¿Por qué se ha parado? Trato de “convencerme”

- No es que no quiera. No me siento cómoda, aquí a la vista de quien pase. ¿Me entiendes? (Quise “putearla” un poco)

- Si te entiendo. Además todavía tienes que recuperarte de la ruptura. Todavía lo tendrás en la cabeza.

- Que tonterías dices. Ni me acordaba de él. Si tú supieras.

- Yo se muchas cosas.

- ¿Si? Pues yo también se otras muchas.

- ¿Cómo qué? (Seguía metiéndola mano, pero esta vez con más suavidad)

- Mejor no digo nada.

- Que sucede, ¿Tu prima te ha contado algo?

- No, nada. (No resulto convincente)

- No sé, pero no te creo. Pero da igual, luego lo sabremos en su casa o en la mía. ¿Por qué vendrías a mi casa, verdad?

- Si fuéramos los dos solos a tu casa, ahora mismo, sin pensármelo, pero si vamos los 4, es más difícil.

- Jajajaja, ves como si lo sabes. Ya eres libre, no tienes ataduras, ¿Por qué tanta duda? ¿nunca has tenido fantasías?

- Bastantes preocupaciones he tenido desde que me case, como para tener fantasías y aunque hubiera tenido alguna, que no me acuerdo, seguro que no entraban ni mi prima ni su marido. Que es MI PRIMA.

- ¿Y?

- JAJAJA, ¿Cómo que, y? Contigo alucino, tiene razón mi prima, tienes muuuuucho peligro. Pero lo peor es que veo que me embaucas.

- No embauco a nadie. En esto siempre está la opción del SI y del NO. De poder iniciar algo y de la misma manera, en el momento que uno quiera echarse atrás.

- Me lías, me has liado. No prometo nada. Mejor en casa de mi prima, por si es NO, tener un sitio donde meterme. Ahora me voy al aseo y… SOLA no me mires así, que te veo venir.

Me reí y ella se fue. Regrese con Juan Carlos y con Amparo. A ella le dije que su prima estaba en el aseo y que de momento por lo menos lo quería intentar y Amparo se fue al aseo. Sería un poco más complicado que si fuera con mi amiga de Madrid, porque ella seria la que hubiera tomado la iniciativa con Amparo, tenía que lograr “provocar” adecuadamente a Amparo. Al verlas regresar las vi que venían sonriendo, pero cuando estuvieron con nosotros, era difícil saber cuál de ellas estaba más nerviosa. Se fueron a bailar y me quede de nuevo a solas con Juan Carlos. Le explique más o menos como intentaría que fueran las cosas y también le dije, que el participara, que no se quedara esperando. Me miro serio, sin decir nada, pero se le notaba que con ganas de decirme algo y al final se arrancó, con cierta solemnidad, muy habitual en él.

 “Mira amigo, no te equivoques por quedarme algunas veces mirando únicamente o la mayor parte del tiempo, no te equivoques. No sabes, ni te puedes imaginar, el placer que me da ver a Amparo follando, es que no me pierdo ni un detalle, de cómo se mueve su cuerpo, ver las expresiones de su cara, como me mira, oír como grita. Todo eso si estas en faena te pierdes la mayoría. No me di cuenta hasta que me paso. Tú no te preocupes por mí, participare cuando quiera”, es verdad que no le podía entender, pero si comprenderle. Era algo que había descubierto sin esperárselo. Vinieron a dar un sorbo a sus bebidas y dije de irnos, rápidamente Amparo dijo que a la casa de ellos. Nos fuimos a por el coche andando, ya se palpaba en el ambiente más nerviosismo. Amparo me dijo llegando al coche que fuera yo delante con su marido. Abrí la puerta y entro Mercè dejando me ver todas sus piernas y lo que no eran sus piernas, al tener que pasar al fondo del asiento.

Luego fue a entrar Amparo y me puse por medio, diciendo que yo iría en medio de las dos. Nos echamos a reír y cada uno dijo algo subido de tono, pero bromeando. Estábamos a 20-30 minutos como mucho de su casa. Una vez en marcha, empecé a meterme con las dos y pase cada brazo por encima de una de ella. Mis manos quedaron justo en sus tetas y no me corte, empecé a tocarlas. Juan Carlos miraba por el retrovisor y ponía cara de cachondo. En la primera rotonda que cogimos, en vez de encaminarse para su casa se fue por otro sitio. Las dos tenían los pezones duros, estaban cachondas, como lo estábamos todos. Quite mi mano detrás de Amparo cogí su mano y la lleve a mi entrepierna. La mire con intensidad y ella me entendió. Me tocaba por encima, al segundo mi rabo estaba tieso. Con mi mano la hice una seña y cogió la mano de su prima, para ponerla encima de mi rabo, pero Mercè echo su mano para atrás, pero no dejaba de mirar.

Ahora metí mis manos por debajo de cada falda, Amparo, se colocó y abrió un poco más las piernas y su prima se hacia la dura, no me facilitaba las cosas, pero tampoco me lo impedía. Tuve que dejar un momento a Amparo y me fui a por su prima, ahora todo fue más fácil y en el momento que mi mano toco su coño, ya no hubo más tonterías, le di un buen morreo y nos comimos la boca con rabia, con desesperación. Luego hice lo mismo con Amparo que fue más agresiva, estaba más caliente o eso parecía. Me dejo los labios destrozados.

Llegamos a su casa y mientras subíamos a casa le hacía señas a Juan Carlos para que no se quedase parado. Mientras nosotros preparábamos unas copas, ellas desaparecieron. Juan Carlos me decía, “De verdad, tú me dice hace un tiempo de hacer un trio con otra mujer y me hubiera vuelto loco de alegría, pero nunca podrás saber lo que es mirar a tu mujer, verla, como nos miramos, no siento la necesidad imperiosa de participar, porque ya estoy participando, eso no quiere decir que no me meta en un momento dado. Que lo mejor son luego los polvazos que nos pegamos recordando como la follabas, no sabes cómo son esos encuentros ni te lo imaginas” me lo decía tan serio, que le llegaba a envidiar, porque estaba encantado de haber descubierto esas sensaciones.

Estaba ya pensando como empezar todo sin perder mucho más tiempo. Hice que Juan Carlos pusiera una música apropiada. Sabia como era Amparo, como había evolucionado, que había perdido su timidez conmigo. Se dejaba llevar y como siempre decía ella, ahora disfrutaba del sexo a tope, que antes aunque lo disfrutaba, se había dado cuenta que era al 50% como máximo. No me gusta suponer, pero suponía que a su prima le pasaría lo mismo.

Las vimos regresar y me quede con la boca abierta. Habían tardado, pero venían con una lencería muy sugestiva, enseñando sin enseñar. Amparo traía todo de blanco y Mercè toda de negro. La cara de Juan Carlos era como la mía. No dijimos nada, ellas tampoco, solo se oía la música de fondo. Música sensual. Amparo con la voz un poco “temblorosa” aunque aguantando el tipo, pregunto por sus bebidas, se las pasamos y ellas siguieron de pie dando unos sorbos. Nos dijeron si no íbamos a bailar con ellas y antes de que nadie dijera nada, yo dije que de momento no, sabiendo que Juan Carlos casi seguro que diría que no, como así fue.

Mercè en tono chulesco dijo, “Prima si estos se han creído que no vamos a bailar porque ellos no quieran van listos” le agarro de la mano y se pusieron a bailar a unos dos metros de nosotros. Amparo paso sus brazos por la cintura de Mercè y ella por el cuello de Amparo. Era una imagen idílica, morbosa, a mí me dio un subidón de impresión. No porque fuera la primera vez que veía a dos mujeres juntas, en vivo y directo, como le pasaba a Juan Carlos. El calentón me venía por ver a dos mujeres primerizas en esas lides, nerviosas, sin saber qué hacer y dos hombres “babeando” ante ellas.

Una vez más las cosas no salían como las había pensado, algo que suele suceder con más frecuencia de lo que se pueda imaginar. Decidí hacer “huelga” de brazos caídos, quería saber hasta dónde llegarían. Mi mirada se cruzaba con la de ellas de vez en cuando. La de Amparo era como queriendo saber lo que tenía que hacer. No quería que se tensionaran más de la cuenta y decidí levantarme para unirme a ellas, esta vez sí achuche a Juan Carlos, para que fuera más sencillo. Me puse detrás de Amparo, que se relajó al notarme. Mordisquee su cuello, se lo bese. Ante la atenta mirada de Mercè.

En ese momento Juan Carlos se puso detrás de la prima y más o menos empezó a hacer lo mismo que hacía yo. Amparo se reboto, paro y se apartó y con voz de cabreo, voz seria le dijo a su marido, “Eso sí que no. Hasta aquí hemos llegado. Que tú quieras verme de distintas maneras, lo he acabado aceptando, porque era lo que tu querías. Pero que te enrolles con otra tía no está en el trato, aunque se empeñe este (el este era por mi) no lo admito, así que lo dejamos”, se fue y nos quedamos todos helados. Rápidamente reconduje la situación, calme los ánimos y seguimos bailando, lo único que cambiamos el sitio Juan Carlos y yo. Parecía que todo volvía a su cauce. Pero de pronto Amparo dijo que iba a darse un respiro.

Se fue al sillón grande, al de tres plazas. Fui detrás de ella y me senté en medio, haciendo que se echara a uno de los extremos. Luego hice una seña para que Mercè se sentara a mi otro lado. Juan Carlos se sentó en el sillón más próximo a su mujer. Había un silencio tenso. Poco a poco acariciaba los muslos de una o de otra. Costo pero volvieron a ponerse en situación. Primero le di un morreo a Amparo que la activo más. Al cuarto de hora ellas ya estaban solo, con las medias, el liguero unas minúsculas braguitas. La que empezó a desnudarme fue Amparo, me quito ella sola todo lo de arriba y luego pidió ayuda a su prima para quitarme los pantalones.

Me desabrocharon el cinturón, se pusieron de rodillas delante de mí, me hicieron levantar un poco el culo y fueron tirando de mi pantalón, cada una de un lado, luego me quitaron el slip, saltando mi rabo como si llevara un resorte. La cara de Mercè, porque no decirlo fue de deseo. Las primas se miraron lanzándose una sonrisa pícara. La que tomo la iniciativa fue Amparo, empezó a lamer mi rabo por todos los sitios, unas veces me miraba a mí y otras a su prima. Juan Carlos esta vez muy listo, sabía que necesitaba poner a su mujer a tope, si queríamos que no se echara atrás. Por lo que fue quitándole la braguita a su mujer y una vez que se la había quitado, empezó a comerle el culito y el coño.

La prima se animó y ella se parto lo suficiente para que las dos lenguas me pudieran lamer el rabo sin necesidad de tocarse ambas lenguas. Juan Carlos cada vez encendía más a su mujer, la respiración la delataba. Como también la delataba el momento en que quería meterse todo el rabo en su boca, que no era poco lo que se metía. Juan Carlos se paró, porque Amparo estaba a punto de correrse. Ahora si las dos bocas coincidían, se atropellaban entre ellas, cada vez se cortaban menos, los prejuicios estaban a punto de desaparecer.

Vi que era el momento indicado, veríamos como salía todo. Hice que Amparo se sentara, que abriera las piernas y me puse a comerle el coño. Mi boca se llenaba de sus jugos, pare y me acerqué a Mercè que estaba a mi lado. Morreándola, para que probase como sabia su prima. No se cortó para nada, más que morrearnos nos devorábamos la boca con mucho ardor. Me puse casi detrás de ella, le dije al oído, “ahora te toca a ti. Enséñale a tu prima lo buena que eres” no tuve que hacer mucho más. La cara de Amparo era de no, pero no cerro sus piernas y en el momento que noto la boca de su prima en su coño, cerro los ojos y echo la cabeza hacia atrás.

Mercè lo hacía con un poco de timidez, pero en el momento que de forma inesperada le metí mi rabo hasta el fondo, cambio su actitud, empezó a devorarle el coño. Juan Carlos se puso de pie en el sillón y le acerco su rabo a la boca de su mujer. Que nada más sentirlo en sus labios, abrió los ojos y luego la boca, menuda mamada le hacía. O mejor dicho como le follaba Juan Carlos la boca.

La primera en correrse fue Mercè que era más escandalosa que su prima, daba gusto oírla. Luego se corrió Juan Carlos, que le había pedido a su mujer que parase un poco y ella no le hizo caso. La siguiente fue Amparo, que agarraba la cabeza de su prima, pegándola bien hacia ella. Ya la conocía y cuando hacia eso es que se corría sin remedio. Una vez se corrió pare de follar a Mercè, estire de Amparo y la

Este tiempo de trabajo intensivo, el viaje, los roces con Noelia, había dejado un poco de lado a mi amigo Juan Carlos, podía parecer que estaba enfadado, pero no, lo que quería que se dieran un respiro. Porque lo conocía y sabía que la noche de Madrid tuvo un subidón, pero luego lo mismo no le hacía gracia. Íbamos al futbol juntos con más amigos, pero llevaba ya varios partidos faltando, pero no por él, por otras causas. Le respondí a un whatsapp diciéndole que había sido una temporada de mucho trabajo, a ver cuándo nos veíamos, pero esto último lo dije por decir. No con la intención de quedar en una fecha cercana. Todo cambio cuando el Valencia perdió en el nou camp 2 – 0.

 

Ese día los whatsapp del grupo de los amigos del futbol echaban humo. Decían que no podíamos fallar y no ir a los pocos partidos que quedaban. Todos como fieras decían de ir la semana siguiente, nada de fallar. Empezaron a aparecer pulgares hacia arriba y el único que no puso nada fui yo, hasta que después de todos darme la bronca, dije que sí. Juan Carlos me puso, “Pasas tú por mi o te recojo yo” quedamos que me recogía el.

 

Fuimos al partido y estábamos eufóricos, nuestro rival en la liga era el Sevilla, estábamos los dos muy igualados. Ese día jugábamos contra el Granada. Ganamos 4 – 0, fue un alivio. Salimos más eufóricos de lo que habíamos llegado. Ya hablábamos del siguiente partido que era contra el Rayo en su casa. Estábamos un poco revolucionados, había algunos que irían a Madrid a ver el partido y otros nos quedaríamos. Uno de los que se quedaban, propuso ir a casa de alguno a ver el partido y yo ofrecía la mía. El resto dijeron que mejor en casa de Juan Carlos, porque tenía una TV de 55’, no quise decir nada, pero Juan Carlos se ofreció enseguida. Luego Juan Carlos me llevo para mi casa y cuando llegamos, quiso que habláramos y aunque le dije de subir a mi casa, prefirió hacerlo en el coche.

 

- Quiero que sepas, que lo de Madrid no me lo esperaba, me cogió desprevenido, es que pensé muchas cosas, pero nunca lo que sucedió.

 

- No te puedo decir que lo siento, porque mentiría. Ocurrió y ya está. Tu querías algo nuevo y te lo di. La que podría protestar más seria Amparo, que ella si iba a ciegas. Ya te lo avisé. Ahora lo tienes todo más claro.

 

- Claro y clarísimo.

 

- Pues como veo que te dejo tocado, volvemos a la normalidad, a vuestra normalidad mejor dicho y por mi parte, no te tienes que preocupar.

 

- Si no me preocupo, si lo hemos hablado Amparo y yo, en frio y detenidamente. Hemos llegado a la conclusión de que supiste organizarlo muy bien y de forma discreta. No vamos a mentir nos gustó y cada vez que lo recordamos imagínate.

 

- ¿Entonces no estas mosqueón?

 

- Que va, hablo por mí, nunca me he puesto tan cachondo como esa noche, te lo juro. Por Amparo no puedo opinar, pero le ha subido un montón la autoestima y la libido, no lo puedes ni imaginar.

 

- Pues me alegro, no sé qué decir, salvo eso, que me alegro.

 

- Pues puedes decir que nos tienes otra nueva aventura preparada, jajajaja.

 

- La verdad, que no. Porque no sabía cómo os había sentado, sobre todo a ti.

 

- Pues ves vete poniendo las pilas, que Amparo necesita algo más de marcha, que lo noto.

 

- Muchos pues me dices. Ahora te diré yo uno, pues el día del partido me follare a Amparo.

 

- No jodas, que no estaremos solos.

 

- Eso le da más morbo. No le digas nada a ella. Quiero que sea una sorpresa.

 

No puso muy buena cara, aunque tampoco protesto. Seguro que según lo pensara se iría empalmando, que lo conocía muy bien. Los días trascurrieron de lo más normal y eso me escamaba, porque otras veces Juan Carlos no había parado de mandarme mensajes mostrándome las ganas que tenia de que llegara el momento. Así que le envié un whatsapp para saber cómo estaba el ambiente. Le dije, “Juan Carlos no sé si podre ir a ver el partido, que lo mismo se me complica el día” vi que estaba escribiendo, que se paraba y eso que suele pasar que nunca llega la contestación. Entonces me llamo directamente y con voz enfadad me dijo, “No puedes fallar joder, que Amparo cuando se lo he dicho, me dijo que ella se iría con sus padres y no veas la que he tenido que montar para que no se vaya, así que TU VIENES” me alegro oírle así, quería decir que tenía muchas ganas.

 

Llego el día del partido y creía que sería el primero en llegar, pero ya habían llegado dos amigos. Nos juntamos contándome yo, cinco en casa de Juan Carlos. Amparo iba con una falda vaquera un poco más arriba de las rodillas, una blusa verde y el pelo recogido. No llevaba una cara de mucha alegría y eso sí, cuando entré en su casa y la di dos besos, fueron muy cerca de sus labios, es mas en el segundo, nuestras lenguas se tocaron muy hábilmente. Estando ya todos, me ofrecía a echar una mano y fui por unas cervezas a la cocina, nada más entrar le di un buen morreo a Amparo, que se puso muy nerviosa y me decía que mucho cuidado. Antes de irme metí mi mano por debajo de su falda, le acaricie el culo y al oído le dije, “La próxima vez que meta mi mano, no quiero nada debajo” luego le di un leve mordisco en su oreja y me fui.

 

Tanto a Juan Carlos como a mí, ese día el partido nos daba igual, además en concreto fue un poco malo. Juan Carlos estaba más pendiente de mí y de su mujer. Como suele ocurrir en estas reuniones, cada uno decía su equipo ideal, hacían de entrenadores, hablaban de la mejor táctica. El descanso yo aproveche para comer un poco, estos no, porque estaban más cabreados que un mono, ya que al Valencia le habían metido un gol prácticamente en el primer cuarto de hora y ellos querían que fuéramos ganado de goleada. Empezó la segunda parte. Estaban más al futbol que a otra cosa. Amparo no estaba con nosotros, ella estaba viendo en un cuarto de estar la TV.

 

Me levante muy discretamente mientras boceaban por el mal partido y cuando me vio me sonrió, me dijo que no fuera malo, que había muchos moscones. No la hice caso, extendí mi brazo, ella extendió la suya y la levante, otra vez nos fundimos en un beso divino. Me dijo que por lo menos tuviera la prudencia de cerrar la puerta y le dije que no, que la dejara así, porque en el momento que alguno abriera la puerta del salón lo oiríamos perfectamente. Estaba reacia, pero cuando estando abrazados, baje mis manos y levante su falda, que me costó un poco, pude acariciar su culo y notar que no llevaba nada. También pude sentir lo mojada que estaba. Sabía que no disponía de mucho tiempo, así que la apoye en la mesa camilla que había y me saque el rabo, entro muy fácilmente y soltó un gemido importante. Maldecía y me decía, “Joder, así no me va. Sabes que me gusta poder gemir con tranquilidad, ahora ya no me gusta aguantarme, para, para” yo seguí empotrándola contra la mesa, que se movía con facilidad.

 

No aguanto mucho, se agarró a los borde de la mesa y haciendo un auténtico esfuerzo para evitar que se la oyera, se corrió de forma desorbitada, pero no me pare, la folle con autentica rabia hasta que me corrí dentro de ella, que bien me sentó esa corrida, pero a que poco me supo. Por eso le dije que estuviera atenta a todo, no quise decirle lo que se me acababa de ocurrir. Regresé con los demás y a los cinco minutos dije que me tenía que ir, todos me dijeron que hasta otro día, menos Juan Carlos que se quedó con mala cara y se ofreció a acompañarme, se lo impedí y en eso apareció Amparo y seguro que Juan Carlos se dio cuenta de que me la había follado. Ella me acompaño a la puerta, abrimos y cerramos, me fui hacia su habitación. Ella al rato entro y dijo que se iba a acostar porque le dolía la cabeza.

 

Cuando vino a su habitación, ya estaba desnudo y ella se desnudó para mí, lo hizo provocándome. Vino a la cama y me empezó a comerme por los pies. Que lengua más buena que tenía, me encantaban los mordisquitos que me daba, paso junto a mi rabo, pero solo le dio una lametada a todo lo largo. Siguio besando y lamiendo mi tripa, hasta que llego a mis pectorales, los mordía con un punto de rabia y se empezó a entretener con mis pezones. De pronto se oyó mucho alboroto y mucho grito salvaje, quería decir que el Valencia había empatado. A nosotros nos daba igual y en ese momento que me empezó a hacer una de sus magistrales mamadas mucho menos. No me lo pensé, cogí mi móvil que lo había dejado en la mesilla y marqué el número de Juan Carlos, tardo en contestar.

 

- Espera que me salgo a la terraza que no se oye bien.

 

- ¿Ya me oyes bien?

 

- ¿Qué si te oigo bien? Eres un cabronazo, por marcharte así. Pues que sepas que hemos empatado. Porque te has ido poniendo una excusa barata (No me dejaba hablar) y ya me dirás qué coño tenías que hacer tan importante. Que sepas que no te lo perdono y (Tuve que cortarle)

 

- Te quieres callar. Pues lo que tenía que hacer, más exactamente lo que me tenían que hacer, es lo que me está haciendo una zorrita, una mamada de categoría, mientras el cornudo de su marido ve el futbol en el salón con unos amigos.

 

- ¿No me jodas? ¿De verdad?

 

- No te miento y por si te interesa, ya le he llenado el coño de leche y cuando quieras vienes a comérselo, que ella estará muy agradecida.

 

Le corte la llamada y Amparo me dijo con cara de viciosa, “Eres un auténtico vicioso y un cabronazo, le has puesto empalmado seguro y lo que te encanta, y me encanta tener al marido más cornudo, eso me hace que le ame más” lleve de nuevo su cabeza hasta mi rabo, para que no hablara y siguiera comiéndome el rabo. Poco después había acabado el partido, porque oíamos como a toda prisa Juan Carlos se despedía de nuestros amigos, con la disculpa de que Amparo estaba mal y estaban un poco cabreados por el empate. Le dije a Amparo que se pusiera con el culo hacia a puerta, para cuando viniera Juan Carlos que tuviera una buena visión. Me volvió a mirar con esa cara de viciosa que tanto me excitaba.

 

No tardo nada en aparecer Juan Carlos y la visión que tuvo al abrir la puerta era espectacular y encima Amparo empezó a mover el culo con mucho arte, no dejándome de mirar mientras me seguía comiendo el rabo. Es más en un momento me guiño el ojo y no sé cómo lo hizo o que hizo, porque no me di cuenta, pero fue automático, guiñarme el ojo y Juan Carlos ponerse detrás de ella a comerle el coño. Menudos meneos le daba a su mujer, le tenía que estar metiendo la lengua hasta el fondo. Gemía y respiraba con fuerza, hasta que me miro intensamente y se volvió a correr, Juan Carlos se había portado muy bien.

 

Se quedo como agotada, pero solo era una impresión, porque lo que hizo a continuación fue ponerse a horcajadas sobre mí, agarrar el rabo y colocárselo para metérselo hasta el fondo de su coño. Empezó con movimientos muy suaves, para darnos placer mutuamente pero también para que su marido desde donde estaba pudiera ver sus movimientos y como mi rabo entraba y salía. Se agacho, morreándome y dejando su culo a disposición de su marido, que estaba tan cachondo que no se daba ni cuenta. Es que se quedaba ensimismado viendo a su mujer follar. Tuve que sacarle del “trance” diciéndole que el culo de su mujer esperaba.

 

Se fue directo a meterle su rabo en el culo, me quede parado para facilitarle las cosas, eso lo aprovecho Amparo, para pegarse bien a mí y decirme muy suave, con voz excitada, “No te corras dentro de mi esta vez, quiero que lo hagas en mi boca, para compartirlo con mi amado cornudito” ya notamos que Juan Carlos la tenía bien penetrada y empezamos los movimientos, ya lo hacíamos mucho mejor, nos compenetrábamos muy bien. A el marido se le oía bufar cada vez más, estaba a tope y con ganas de correrse, se le notaba y a ella le pasaba más o menos lo mismo, su cara lo decía todo.

 

El primero en correrse fue Juan Carlos, que lo hizo con mucho ruido y maldiciendo no haber aguantado más, se salió y ahora Amparo se movía con mucho mas ímpetu y mis caderas la acompañaban en el movimiento, porque le deba buenos empujones hacia arriba. Tuve que avisarla de que estaba bastante a punto, ella se tocó para deleite de su marido y mío. Cuando se corrió, que lo hizo como lo hacía siempre, vaciándose de prejuicios y de falsa moralina, estuve a punto de hacerlo yo, pero ella se quitó rápido fue muy hábil.

 

Esos cortes en la follada, provocaban que me relajara y no sé porque, aguantara bastante más. Se puso a hacerme una mamada y dio un golpe en la cama mirando a su marido, este se acercó y se sentó en donde ella había dado con su mano, que era en el borde de la cama. Se sentó y me daba prácticamente la espalada. Solo tenía ojos para lo que hacía su mujer.

 

Amparo paro de comerme el rabo y teniéndolo agarrado, le dijo a su marido que si quería un poco, Juan Carlos no decía nada y ella le dijo, “No seas tonto, si lo estas deseando, que te conozco y lo estoy viendo en tus ojos, venga” pero él seguía sin decidirse, hasta que le agarro la cabeza y con un leve movimiento de su mano, él se agacho y empezó a mamar. Amparo se vino a mi lado y decía en voz alta, que le ponía mucho, al máximo, ver a Juan Carlos así y la avise de que me iba a correr, no pude aguantarme más y mientras ella acariciaba la cabeza de su marido, diciéndole que luego la besara, me empecé a correr en la boca de Juan Carlos, mientras ella le decía, “Venga cornudo mío, trágate la leche de nuestro macho y luego me besas, joder que cachonda me pones cornudo” Juan Carlos nada más terminar de correrme yo, se fundió en un morreo increíble con su mujer. Me gustaba ver la complicidad que tenían entre los dos.

 

Luego ya relajados los tres, les dije que en breve seguiríamos con el “aprendizaje” de ella, los dos se miraron y se les veía contentos. Amparo quiso saber cómo sería esta vez y lo único que le dije que sería de nuevo en Madrid. Ella pensaba que sería de nuevo con el italiano, lo que no sabía que esta vez seria con una mujer. Lo tenía bastante avanzado. A la semana les avise para que se prepararan para viajar a Madrid el siguiente fin de semana. Me lleve una sorpresa cuando Juan Carlos me dijo que lo mismo no podía ser y le pregunte que sucedía, “Pues nada, que su prima se ha divorciado y se ha plantado en casa. Como además es su mejor amiga, pues le da apuro dejarla sola” y al decirme su prima, quise saber si era en concreto una que conocí en su boda, “Oye Juan Carlos, por casualidad, ¿No será es que iba teñida de pelirroja que estaba rellenita y con un marido con cara de estreñido?” y mi amigo me respondió, “Jajaja, lo de estreñido es verdad, si es esa, ¿Por?”, “Por nada, pero tienes que lograr que esta tarde tomemos un café, aunque sea rápido, tu mujer, tú y yo”

 

Aunque le dije que tenía que lograr, sabía que tenía que hacerlo. Seguimos hablando y me decía que tendría que ser cerca de su casa, porque le diría a Amparo, que dejara a su prima con su hija, mientras ella bajaba a comprar algo de forma urgente. Quise saber cómo había sido de traumático ese divorcio y Juan Carlos me lo conto. “Era algo que se veía venir. Estaba todo el día perdió por ahí, picoteando en otros nidos y el nido de su casa lo tenía desatendido. La mujer le pillo con otra y descubrió también un pufo económico” “Jajajaja, amigo mío que poético te has vuelto con lo de los nidos, jajajaja. ¿Pero no tiene arreglo?” y con cara de enfado me dijo, “Buf, no lo creo. Aunque ella le hubiera perdonado, peo como el chulo le dijo, que la culpa de que el estuviese con otras, era porque ella follaba mal, sin imaginación y que estaba gorda. Eso ha sido la espoleta que ha hecho que ella no tenga marcha atrás”

 

Claramente era un gilipollas el marido, porque ella a pesar de esos kilitos de más, estaba buenísima. Era la mujer ideal para mis intenciones, además si salía bien, se le subiría la autoestima muchísimo. Llegamos a la cafetería en la que nos veríamos con Amparo y Juan Carlos la mando un whatsapp para decirla que estábamos esperando. No tardó mucho en llegar.

 

AMPARO.- Ya me tenéis aquí. ¿Qué sucede? ¿Qué es eso tan importante?

 

JUAN CARLOS.- Que Pelayo lo tenía todo preparado para el próximo fin de semana. (Amparo le interrumpió)

 

A.- Eso de momento va a ser imposible. Me imagino que te habrá contado lo de mi prima. No la puedo dejar en la estacada, sé que lo comprenderás.

 

YO.- Tienes razón, lo comprendo y aunque hay que cambiar algunas cosas, lo podemos hacer aquí, no hace falta ir a Madrid.

 

A.- Olvídate no puedo dejar sola a mi prima, lo que nos llevaría a tener que hacer lo que fuese en nuestra casa y mi prima no es tonta, imposible. Porque no tendríamos manera de escondernos.

 

JC.- Eso está claro. Opino como tú.

 

Y.- ¿Quién ha dicho nada d esconderse?

 

A.- Pues ya me contaras. Porque no la vanos a anestesiar.

 

Y.- Tampoco será eso. Simplemente cambiaremos los protagonistas. En Madrid íbamos a meter a una amiga mía. Pues lo que haremos, será meter a tu prima.

 

JC.- ¿Estoy entendiendo lo que estoy entendiendo?

 

A.- Ni en Madrid ni aquí. No pienso enrollarme con una tía, que os quede claro y mucho menos con mi prima.

 

JC.- Tampoco te pongas divina, que bien que me animas a mí, ya sabes a que me refiero.

 

Y.- Pues yo ya he dicho lo que tenía que decir. Si no quieres o no queréis, pues ya está. (Lo dije serio)

 

A.- Joder, joder, tampoco te pongas serio. Me poneis tan nerviosa que me hacéis hablar mal. Es que tampoco sabría cómo entrarle a mi prima. Tampoco sé si en el momento de la verdad sería capaz.

 

JC.- Si os lo contáis todo, no me extrañaría que le hubieras contado todo lo nuestro.

 

A.- Te aseguro que no se lo he contado a nadie, ni una insinuación.

 

Y.- ¿Cómo es vuestra confianza?

 

A.- Total. Exceptuando lo de mi embarazo y este rollo que tenemos contigo. Nos lo contamos todo.

 

Y.- Pues cuéntale solo lo del rollo y parte de lo que queremos hacer, con tacto y según lo que te responda, lo sabremos.

 

A.- Estaré tan nerviosa, que se me olvidara la mitad de lo que me diga y tampoco sabre bien como se lo ha tomado.

 

JC.- Pues nosotros estaremos en otra habitación escuchando.

 

A.- Pareces nuevo, sabes que cuando estabais su marido, tu o los dos, se cerraba en banda y no hablaba de nada indiscreto.

 

JC.- Pues lo grabas con el móvil o nos hacemos una llamada y lo dejas conectado.

 

Y.- Mira tú por donde, ha tenido la mejor de las ideas. ¿Tú qué opinas?

 

A.- No sé cómo saldrá, pero se puede intentar, ahora tener una cosa muy clara, los dos pervertidos. Si no me sale bien, no quiero enfados ni regañinas y si mi prima se cierra en banda, se acabó.

 

Ella se fue y un poco más tarde llegamos nosotros. Al entrar me encontré con su prima y Amparo me dijo, “No sé si te acordaras de mi prima Mercè, pero si no te acuerdas, te la presento de nuevo” y yo le conteste, “Como me iba a olvidar de una mujer tan guapa” ella em dio las gracias se azoro un poco y luego me dijo, “Eso se lo dirás a todas, que bien has quedado, pero muchas gracias, hace tiempo que nadie me dice nada así” mi replica la dejo impactada. “No lo he dicho por decir. Llevabas un vestido color turquesa, con un bonito escote y la espalda al aire. El pelo lo llevabas de un pelirrojo intenso, aunque ahora lo lleves rubio, ¿Algo más?” y ella con una sonrisa amplia movió la cabeza mirando a su prima.

 

La cena estuvo muy divertida y logre que Mercè sonriera durante toda la velada. En los postres propuse el ir a tomar una copa y como estaba todo preparado, Amparo dijo, “Hoy no tenemos quien se quede con la peque. Pero iros vosotros un rato y así nos quedamos las chicas cotilleando sin moscones por medio” nos estábamos haciendo los remolones y Mercè fue al aseo, en el momento que se fue, Amparo me expreso lo contenta que estaba por ver reír a su prima, que haría todo lo que pudiera. Marco el número de su marido y dejamos preparados los móviles. Nos fuimos a un bar de copas cercano, pero había mucha gente y no podríamos oír los dos bien el teléfono, así que coloqué los auriculares y me puse a escuchar yo solo. Juan Carlos me decía que si había algo interesante se lo contara. En un principio se oían voces y murmullos como en la lejanía. Poco a poco esas voces se fueron aclarando. Estaban hablando de los padres de ambas y en especial de los de su prima, que no habían encajado muy bien su divorcio.

 

- Venga Mercè hablemos de otra cosa, que si no te pondrás de nuevo a llorar y con lo alegre que has estado en la cena no lo estropeemos.

 

- Si es que vuestro amigo es muy simpático. Además de estar muy bueno. En la boda no me fije mucho, pero jope como esta.

 

- Si, es verdad, esta para hacerle un favor. Jajajaja.

 

- Jajajaja, si me apuras has dos, jajajaja.

 

- Pues ahí lo tienes, soltero, con un buen trabajo, todo un chollo.

 

- Jajajaja, cuando te mira de esa manera tan, tan… penetrante y con esa pinta de empotrador que tiene, te alegra el día, jajajaja.

 

- Mira tú, Pelayin ha puesto “tontita” a la tímida Mercè.

 

- No tan tímida. Que eso es lo que decía el imbécil de mi ex. Porque él no es que fuera muy potente en la cama, aunque no he probado a otro, muy normalito. Que fuimos tontas prima, que antes de casarnos tan jóvenes teníamos que haber probado, lo de la variedad. Míranos solo con un hombre.

 

- Eso lo dirás por ti.

 

- ¿QUE? ¿CÓMO? Porque siempre hemos estado juntas y nos lo contábamos todo. (Voz de sorprendida)

 

- Secreto, jajaja.

 

- Te estas burlando de mí.

 

- Te juro que no.

 

- Pues cuéntame, no seas borde, siempre nos lo hemos contado todo. ¿Lo conozco? ¿Quién es?

 

- Mercè pero como siempre esto solo entre nosotras.

 

- Ya sabes que sí, venga suéltalo.

 

- Con Pelayo.

 

- No fastidies, ¿Con el mejor amigo de tu marido? Si son más que hermanos. Menudo falso que es el tío. Sabes que si Juan Carlos se entera le va a doler doblemente, su mujer y su mejor amigo. Ya te podías haber buscado otro, hija.

 

- No te escandalices por lo que te voy a contar. Así lo entenderás. La idea fue de Juan Carlos, quería que probara con algún hombre más, le costó convencerme y elegimos a Pelayo, porque sabíamos que no diría nada.

 

- Me has dejado sin palabras. Pero con muchas preguntas. ¿Ha sido solo una vez? ¿Cómo os lo habéis tomado? ¿No os da mal rollo?

 

- Ya lo hemos hecho más de una vez, para ser más concreta bastantes y nos va muy bien, ahora cuando estamos Juan Carlos y yo solos, saltan chispas recordando lo que hacemos y pensando en las nuevas sorpresa que nos tiene Pelayo.

 

- ¿No os afecta en vuestra relación?

 

- Lo que nos hemos dado cuenta, que nos amaos mucho más, somos más cómplices y míralo de esta manera, cuanto te tiene que amar tu marido, para querer eso. Aunque él se lo pasa muy bien también.

 

- Pues que suerte y que envidia me das. Y oye, ¿Cómo es en la cama?

 

- Un salvaje empotrador. Aguanta lo indecible y no se cansa nunca, te deja con agujetas para varios días. Jajajajaja

 

- Jajajaja. A mí nunca me han dejado con agujetas. Por curiosidad ¿Esta mejor dotado que Juan Carlos?

 

- Pues bastante más. Ni te lo imaginas. Jajajaja.

 

- ¿Cómo es de tamaño?

 

- Así de grande y así de gorda. (Imagine que se lo señalaba con las manos)

 

- Venga ya. No puede ser. Eso no es una polla entonces, es una trompa, vamos un señor pollón.

 

Siguio contándole con pelos y señales, como y donde me la había follado. Las juergas de Madrid menos lo sucedido con el italiano. Hasta donde llego Juan Carlos, lo minimizo, hasta que ella hizo un comentario de cómo le pondría ver a un tío chupándosela a otro y eso le dio paso a Amparo a decir, que sí, que ver a Juan Carlos haciendo ciertas cosas, la llevaban al borde del orgasmo, pero no específico las cosas. Lo que llevaron Mercè a tener más curiosidad. Amparo lo estaba haciendo muy bien, porque tenía a su prima con un alucine bestial.

 

- Ya te lo voy a contar todo.

 

- ¿Todavía queda más?

 

- El viaje ultimo a Madrid, ¿Te acuerdas?

 

- Si me acuerdo.

 

- Pues íbamos a tener una buena sesión de sexo, sin encontrarnos a nadie de aquí. Pues nos tenía una sorpresa preparada, que ni Juan Carlos ni yo teníamos ni idea, ni nos lo imaginábamos. Resumiendo, trajo a un amigo suyo italiano, buenísimo como el e imagínate el resto.

 

- No me imagino nada, que lo que me viene a la cabeza es muy fuerte.

 

- Jajajaja, pues muy fuerte, sí. Menuda me “dieron” los tres, sobre todo ellos, porque Juan Carlos estaba tan cachondo, que era tocarle y correrse.

 

- Mmmm, que suerte prima. Solo de pensarlo me pongo “mala”. Pues menuda mente más perversa tiene vuestro amigo y eso que se le ve muy simpático y parece un buen niño.

 

- Jajajaja, si lo es. Igual te lo hace con furia, en plan “bestia” empotrándote de locura, como luego te acaricia con una suavidad única. Con mucha ternura. Sabe muy bien lo que te tiene que dar. Ahora a esperar lo próximo.

 

- Caro, no tendrás ni idea.

 

- Que va esta vez sí.

 

- ¿Y qué será?

 

- Muy fuerte. Pues se ha empeñado que quiere verme con otra mujer.

 

- Pues igual de fuerte que con su amigo italiano.

 

- Es que yo no me veo con otra mujer dándole al tema.

 

- Tampoco es para tanto. ¿Nunca has tenido fantasías lésbicas?

 

- Yo NO. ¿Y tú?

 

- Alguna.

 

- Eso me lo tienes que contar.

 

- Pues eso, que alguna vez me he preguntado como seria, lo mismo por la falta de atención de mi ex. ¿Nunca de pequeña hiciste nada con alguna amiga?

 

- Pues NO. ¿Y tú?

 

- Alguna tontería.

 

- ¿A qué llamas tontería?

 

- ¿Te acuerdas de Mamen y Yoli?

 

- Si claro.

 

- Pues cuando mamen cumplió los 14, en la fiesta que tú no fuiste porque no os tragabais. Por la noche nos quedamos las tres juntas durmiendo en la misma habitación. Pues da igual como sucediera, pero nos tocamos entre las tres pero solo con los dedos y algún pico. Lo que más recuerdo era Yoli como besaba y como tocaba, nadie me hizo sentir así nunca.

 

- Que cerda que eres y nunca me lo contaste.

 

- No lo hice por lo mal que hablabas de las lesbianas o de las chicas que hacían algo. Luego como no paso más, pues para que decir nada.

 

- Sabes que no te hubiera dicho nada malo. Me he puesto tontorrona, cuando venga Juan Carlos me lo voy a comer.

 

- Que puta que eres, mira que decirme eso a mí, que llevo a pan y agua casi un embarazo.

 

- ¿9 meses sin nada de nada?

 

- Si descartamos a mis deditos, nada de nada.

 

- ¿Por qué no has buscado a alguien?

 

- Hija está claro, porque nunca he sido infiel y porque digámoslo suavemente, estoy rolliza.

 

- Jajajaja, pues según Juan Carlos, Pelayo dice que estas muy buena. (En ese momento llame al teléfono fijo de la casa, para decirle a Amparo, que fuera a por todas)

 

- ¿Siiiiii? ¿lo dices de verdad?

 

- Eso es lo que me dijo mi marido. Y ya de paso, si quieres, sin compromiso alguno, te podías apuntar a esa “fiesta” que quieren hacer.

 

- Amparo, ¿Te refieres a montárnoslo las dos como quiere tu amigo?

 

- Pues sí, se me acaba de ocurrir.

 

- Ni de coña. Una cosa es fantasear y además somos primas hermanas. ¿Es que estamos locas?

 

- Vale, vale. Ha sido una tontería. (La voz de Amparo sonaba con preocupación)

 

Nos fuimos a toda velocidad para su casa, para que Amparo se encontrara mejor. Al llegar la vimos más que sofocada, incomoda. Aguantando el tipo y cuando nos vio, nos miró con cara de circunstancias. Era hora de quitar hierro a ese malestar de Amparo. Dije que me quedaba un poco más y que me iba. Juan Carlos se puso a preparar bebida y dijo que hasta que no me la acabase no me movía. Mi charla se centró más en Mercè y la note receptiva, tanto a mis halagos como a que estuviera pendiente de ella. En un momento de la conversación la mire descaradamente y ella con cierta vergüenza me pregunto, “¿Por qué me miras así?” y mi respuesta fue muy directa, “Que no he tratado con tu ex, pero tiene que ser un tonto de cuidado. Dejar escapar a una mujer que esta tan buena, no lo entiendo” ella se puso de golpe, roja como un tomate y solo esbozo una sonrisa.

 

Era el momento preciso para irme y antes de hacerlo, mire a Mercè y les dije a mis amigos, “Oye porque a la cena del sábado no viene vuestra prima, ¿Te apetece venir una noche de juerga y locura?” ella contesto un tímido “no sé”, me despedí de todos y cuando lo hice de Mercè lo hice de forma muy provocativa, porque los dos besos se los di sin ningún rodeo en la comisura de sus labios, dos besos intensos, como quien no quería la cosa. Me gusto sentir su nerviosismo.

 

A los dos días me llamo Juan Carlos diciéndome que la prima había dicho que sí. Por lo que se ve hablo con Amparo y le dijo que iría, pero que no pensaba hacer nada. Que esperaba que la respetase y que Amparo le dijo que lo que ella dijera. Según Juan Carlos, Amparo desde el día que le hizo la proposición a su prima, se había quedado muy tocada, avergonzada. Por motivos imprevistos, el sábado no podía ir a cenar pero si a tomar algo por ahí. Por lo que Juan Carlos iría con las dos primas a cenar y luego a las 12 de la noche quedamos en un sitio muy habitual para mí, donde podías bailar o estar tranquilo hablando, con zonas casi oscuras.

 

Sábado por la noche, Juan Carlos me manda un whatsapp diciéndome que ellos ya habían terminado de cenar, que ya no podía entretenerlas más y que iban para el sitio donde habíamos quedado. Me decía también que las dos estaban muy animadas. Le respondí diciéndole que yo ya iba de camino. Llegue antes que ellos y el portero, que ya nos conocíamos bien, me contaba una cosa que le había sucedido con un par de tíos que iban muy pasados. Vi llegar el coche de Juan Carlos, se bajaron las mujeres y él se fue a buscar donde aparcar. Las dos venían espectaculares, como diría el propia Juan Carlos estas van de “boa”, Las dos venían con dos vestidos increíbles. Bien escotadas, taconazos, medias (esperaba que no fueran pantys) y en concreto Mercè que llevaba un vestido azul marino oscuro, se veía que no llevaba sujetador, se le notaban las tetas mucho más grandes que las de Amparo y eso que las de Amparo no eran pequeñas exactamente.

 

Nos quedamos hablando fuera hasta que llego Juan Carlos, como nos conocían saludamos a mucha gente y nos fuimos a mi rincón, como me decía uno de los camareros. Ellas venían muy graciosas y Juan Carlos me decía que lo que él no había bebido por tener que conducir lo habían bebido ellas. Juan Carlos no es de mucho bailar, pero le convencimos de ir a bailar los cuatro. Me costó un pequeño “soborno” pero al rato pusieron música lenta. Juan Carlos se emparejo con su mujer y yo con la prima. En la segunda canción estábamos tan pegados que no cabría ni un folio entre nosotros. Como esperaba mi rabo hizo de las suyas y se puso durísimo. Pensaba que ella al notarlo se apartaría un poco o simplemente diría de irnos a sentar. Pero que va. Se pego bien pegada y al notarlo empezó mi “ataque”

 

Mis manos bajaron un poco más debajo de la cintura, lo suficiente para tocar con discreción su culo. Ni rechisto. Fui a decirle una cosa al oído, cuando quito una de sus manos del cuello, para ponerme un dedo en mis labios, para que guardara silencio. Pues nos quedaríamos mudos. Pero lo que no hice fue estarme quieto. Empecé a besar su cuello muy suavemente, su piel se erizaba, movía con mucha excitación su cuello. En cualquier otro momento sabía lo que significaba todo eso, pero éramos cuatro, no se me tenía que olvidar. Estábamos los dos muy entregados y los movimientos de ella me indicaban que estaba como yo quería. Hice una seña a Juan Carlos para que cambiáramos de pareja. Él se nos acercó y dijo de cambiar, Mercè soltó algo parecido a una queja, pero se puso a bailar con Juan Carlos.

 

Nada más ponerme con Amparo le dije, “Tu prima está más que lista, yo he hecho mi parte, ahora te toca a ti hacer la tuya” ella nerviosa me respondió, “Joder es que me da mucho apuro, ¿Y si me da otro corte como el otro día?” la tranquilice diciéndole que seguro que no se lo daba, pero que ella tendría que tomar muchas decisiones antes que su prima, para allanarle el camino. Estaba preocupada pero ya la conocía y también estaba cachonda, tal vez lo que más le asustaba era lo desconocido, la primera vez. Le dije que ahora se fuera para nuestro sitio y que se llevara a Juan Carlos. Así lo hizo y nos quedamos Mercè y yo solos bailando.

 

Otra vez estábamos bien pegados y al no estar su prima ella estaba como más tranquila, volví a besar su cuello, hasta que se giró y nos dimos un buen morreo. Luego bailando, bailando, me la fui llevando a un sitio apartado y bastante discreto de la vista de personas no deseadas. Allí nos pusimos como locos y mi mano al final fue debajo de su falda, cuando llegue a su coño estaba su ropa interior empapada. Aparte rápido su ropa interior y con dos dedos empecé a tocarle el clítoris, que estaba muy duro. Se puso candente y cuanto más se ponía, “peor” estaba y me pedía pegando su boca a mi oído, “Para, para, para, PAAAARA, no es el sitio adecuado” la hice caso y se quedó cortada, porque yo sabía que no quería que me parara. Ella para justificarse y no quedar con cara de ¿Qué ha pasado? ¿Por qué se ha parado? Trato de “convencerme”

 

- No es que no quiera. No me siento cómoda, aquí a la vista de quien pase. ¿Me entiendes? (Quise “putearla” un poco)

 

- Si te entiendo. Además todavía tienes que recuperarte de la ruptura. Todavía lo tendrás en la cabeza.

 

- Que tonterías dices. Ni me acordaba de él. Si tú supieras.

 

- Yo se muchas cosas.

 

- ¿Si? Pues yo también se otras muchas.

 

- ¿Cómo qué? (Seguía metiéndola mano, pero esta vez con más suavidad)

 

- Mejor no digo nada.

 

- Que sucede, ¿Tu prima te ha contado algo?

 

- No, nada. (No resulto convincente)

 

- No sé, pero no te creo. Pero da igual, luego lo sabremos en su casa o en la mía. ¿Por qué vendrías a mi casa, verdad?

 

- Si fuéramos los dos solos a tu casa, ahora mismo, sin pensármelo, pero si vamos los 4, es más difícil.

 

- Jajajaja, ves como si lo sabes. Ya eres libre, no tienes ataduras, ¿Por qué tanta duda? ¿nunca has tenido fantasías?

 

- Bastantes preocupaciones he tenido desde que me case, como para tener fantasías y aunque hubiera tenido alguna, que no me acuerdo, seguro que no entraban ni mi prima ni su marido. Que es MI PRIMA.

 

- ¿Y?

 

- JAJAJA, ¿Cómo que, y? Contigo alucino, tiene razón mi prima, tienes muuuuucho peligro. Pero lo peor es que veo que me embaucas.

 

- No embauco a nadie. En esto siempre está la opción del SI y del NO. De poder iniciar algo y de la misma manera, en el momento que uno quiera echarse atrás.

 

- Me lías, me has liado. No prometo nada. Mejor en casa de mi prima, por si es NO, tener un sitio donde meterme. Ahora me voy al aseo y… SOLA no me mires así, que te veo venir.

 

Me reí y ella se fue. Regrese con Juan Carlos y con Amparo. A ella le dije que su prima estaba en el aseo y que de momento por lo menos lo quería intentar y Amparo se fue al aseo. Sería un poco más complicado que si fuera con mi amiga de Madrid, porque ella seria la que hubiera tomado la iniciativa con Amparo, tenía que lograr “provocar” adecuadamente a Amparo. Al verlas regresar las vi que venían sonriendo, pero cuando estuvieron con nosotros, era difícil saber cuál de ellas estaba más nerviosa. Se fueron a bailar y me quede de nuevo a solas con Juan Carlos. Le explique más o menos como intentaría que fueran las cosas y también le dije, que el participara, que no se quedara esperando. Me miro serio, sin decir nada, pero se le notaba que con ganas de decirme algo y al final se arrancó, con cierta solemnidad, muy habitual en él.

 

“Mira amigo, no te equivoques por quedarme algunas veces mirando únicamente o la mayor parte del tiempo, no te equivoques. No sabes, ni te puedes imaginar, el placer que me da ver a Amparo follando, es que no me pierdo ni un detalle, de cómo se mueve su cuerpo, ver las expresiones de su cara, como me mira, oír como grita. Todo eso si estas en faena te pierdes la mayoría. No me di cuenta hasta que me paso. Tú no te preocupes por mí, participare cuando quiera”, es verdad que no le podía entender, pero si comprenderle. Era algo que había descubierto sin esperárselo. Vinieron a dar un sorbo a sus bebidas y dije de irnos, rápidamente Amparo dijo que a la casa de ellos. Nos fuimos a por el coche andando, ya se palpaba en el ambiente más nerviosismo. Amparo me dijo llegando al coche que fuera yo delante con su marido. Abrí la puerta y entro Mercè dejando me ver todas sus piernas y lo que no eran sus piernas, al tener que pasar al fondo del asiento.

 

Luego fue a entrar Amparo y me puse por medio, diciendo que yo iría en medio de las dos. Nos echamos a reír y cada uno dijo algo subido de tono, pero bromeando. Estábamos a 20-30 minutos como mucho de su casa. Una vez en marcha, empecé a meterme con las dos y pase cada brazo por encima de una de ella. Mis manos quedaron justo en sus tetas y no me corte, empecé a tocarlas. Juan Carlos miraba por el retrovisor y ponía cara de cachondo. En la primera rotonda que cogimos, en vez de encaminarse para su casa se fue por otro sitio. Las dos tenían los pezones duros, estaban cachondas, como lo estábamos todos. Quite mi mano detrás de Amparo cogí su mano y la lleve a mi entrepierna. La mire con intensidad y ella me entendió. Me tocaba por encima, al segundo mi rabo estaba tieso. Con mi mano la hice una seña y cogió la mano de su prima, para ponerla encima de mi rabo, pero Mercè echo su mano para atrás, pero no dejaba de mirar.

 

Ahora metí mis manos por debajo de cada falda, Amparo, se colocó y abrió un poco más las piernas y su prima se hacia la dura, no me facilitaba las cosas, pero tampoco me lo impedía. Tuve que dejar un momento a Amparo y me fui a por su prima, ahora todo fue más fácil y en el momento que mi mano toco su coño, ya no hubo más tonterías, le di un buen morreo y nos comimos la boca con rabia, con desesperación. Luego hice lo mismo con Amparo que fue más agresiva, estaba más caliente o eso parecía. Me dejo los labios destrozados.

 

Llegamos a su casa y mientras subíamos a casa le hacía señas a Juan Carlos para que no se quedase parado. Mientras nosotros preparábamos unas copas, ellas desaparecieron. Juan Carlos me decía, “De verdad, tú me dice hace un tiempo de hacer un trio con otra mujer y me hubiera vuelto loco de alegría, pero nunca podrás saber lo que es mirar a tu mujer, verla, como nos miramos, no siento la necesidad imperiosa de participar, porque ya estoy participando, eso no quiere decir que no me meta en un momento dado. Que lo mejor son luego los polvazos que nos pegamos recordando como la follabas, no sabes cómo son esos encuentros ni te lo imaginas” me lo decía tan serio, que le llegaba a envidiar, porque estaba encantado de haber descubierto esas sensaciones.

 

Estaba ya pensando como empezar todo sin perder mucho más tiempo. Hice que Juan Carlos pusiera una música apropiada. Sabia como era Amparo, como había evolucionado, que había perdido su timidez conmigo. Se dejaba llevar y como siempre decía ella, ahora disfrutaba del sexo a tope, que antes aunque lo disfrutaba, se había dado cuenta que era al 50% como máximo. No me gusta suponer, pero suponía que a su prima le pasaría lo mismo.

 

Las vimos regresar y me quede con la boca abierta. Habían tardado, pero venían con una lencería muy sugestiva, enseñando sin enseñar. Amparo traía todo de blanco y Mercè toda de negro. La cara de Juan Carlos era como la mía. No dijimos nada, ellas tampoco, solo se oía la música de fondo. Música sensual. Amparo con la voz un poco “temblorosa” aunque aguantando el tipo, pregunto por sus bebidas, se las pasamos y ellas siguieron de pie dando unos sorbos. Nos dijeron si no íbamos a bailar con ellas y antes de que nadie dijera nada, yo dije que de momento no, sabiendo que Juan Carlos casi seguro que diría que no, como así fue.

 

Mercè en tono chulesco dijo, “Prima si estos se han creído que no vamos a bailar porque ellos no quieran van listos” le agarro de la mano y se pusieron a bailar a unos dos metros de nosotros. Amparo paso sus brazos por la cintura de Mercè y ella por el cuello de Amparo. Era una imagen idílica, morbosa, a mí me dio un subidón de impresión. No porque fuera la primera vez que veía a dos mujeres juntas, en vivo y directo, como le pasaba a Juan Carlos. El calentón me venía por ver a dos mujeres primerizas en esas lides, nerviosas, sin saber qué hacer y dos hombres “babeando” ante ellas.

 

Una vez más las cosas no salían como las había pensado, algo que suele suceder con más frecuencia de lo que se pueda imaginar. Decidí hacer “huelga” de brazos caídos, quería saber hasta dónde llegarían. Mi mirada se cruzaba con la de ellas de vez en cuando. La de Amparo era como queriendo saber lo que tenía que hacer. No quería que se tensionaran más de la cuenta y decidí levantarme para unirme a ellas, esta vez sí achuche a Juan Carlos, para que fuera más sencillo. Me puse detrás de Amparo, que se relajó al notarme. Mordisquee su cuello, se lo bese. Ante la atenta mirada de Mercè.

 

En ese momento Juan Carlos se puso detrás de la prima y más o menos empezó a hacer lo mismo que hacía yo. Amparo se reboto, paro y se apartó y con voz de cabreo, voz seria le dijo a su marido, “Eso sí que no. Hasta aquí hemos llegado. Que tú quieras verme de distintas maneras, lo he acabado aceptando, porque era lo que tu querías. Pero que te enrolles con otra tía no está en el trato, aunque se empeñe este (el este era por mi) no lo admito, así que lo dejamos”, se fue y nos quedamos todos helados. Rápidamente reconduje la situación, calme los ánimos y seguimos bailando, lo único que cambiamos el sitio Juan Carlos y yo. Parecía que todo volvía a su cauce. Pero de pronto Amparo dijo que iba a darse un respiro.

 

Se fue al sillón grande, al de tres plazas. Fui detrás de ella y me senté en medio, haciendo que se echara a uno de los extremos. Luego hice una seña para que Mercè se sentara a mi otro lado. Juan Carlos se sentó en el sillón más próximo a su mujer. Había un silencio tenso. Poco a poco acariciaba los muslos de una o de otra. Costo pero volvieron a ponerse en situación. Primero le di un morreo a Amparo que la activo más. Al cuarto de hora ellas ya estaban solo, con las medias, el liguero unas minúsculas braguitas. La que empezó a desnudarme fue Amparo, me quito ella sola todo lo de arriba y luego pidió ayuda a su prima para quitarme los pantalones.

 

Me desabrocharon el cinturón, se pusieron de rodillas delante de mí, me hicieron levantar un poco el culo y fueron tirando de mi pantalón, cada una de un lado, luego me quitaron el slip, saltando mi rabo como si llevara un resorte. La cara de Mercè, porque no decirlo fue de deseo. Las primas se miraron lanzándose una sonrisa pícara. La que tomo la iniciativa fue Amparo, empezó a lamer mi rabo por todos los sitios, unas veces me miraba a mí y otras a su prima. Juan Carlos esta vez muy listo, sabía que necesitaba poner a su mujer a tope, si queríamos que no se echara atrás. Por lo que fue quitándole la braguita a su mujer y una vez que se la había quitado, empezó a comerle el culito y el coño.

 

La prima se animó y ella se parto lo suficiente para que las dos lenguas me pudieran lamer el rabo sin necesidad de tocarse ambas lenguas. Juan Carlos cada vez encendía más a su mujer, la respiración la delataba. Como también la delataba el momento en que quería meterse todo el rabo en su boca, que no era poco lo que se metía. Juan Carlos se paró, porque Amparo estaba a punto de correrse. Ahora si las dos bocas coincidían, se atropellaban entre ellas, cada vez se cortaban menos, los prejuicios estaban a punto de desaparecer.

 

Vi que era el momento indicado, veríamos como salía todo. Hice que Amparo se sentara, que abriera las piernas y me puse a comerle el coño. Mi boca se llenaba de sus jugos, pare y me acerqué a Mercè que estaba a mi lado. Morreándola, para que probase como sabia su prima. No se cortó para nada, más que morrearnos nos devorábamos la boca con mucho ardor. Me puse casi detrás de ella, le dije al oído, “ahora te toca a ti. Enséñale a tu prima lo buena que eres” no tuve que hacer mucho más. La cara de Amparo era de no, pero no cerro sus piernas y en el momento que noto la boca de su prima en su coño, cerro los ojos y echo la cabeza hacia atrás.

 

Mercè lo hacía con un poco de timidez, pero en el momento que de forma inesperada le metí mi rabo hasta el fondo, cambio su actitud, empezó a devorarle el coño. Juan Carlos se puso de pie en el sillón y le acerco su rabo a la boca de su mujer. Que nada más sentirlo en sus labios, abrió los ojos y luego la boca, menuda mamada le hacía. O mejor dicho como le follaba Juan Carlos la boca.

 

La primera en correrse fue Mercè que era más escandalosa que su prima, daba gusto oírla. Luego se corrió Juan Carlos, que le había pedido a su mujer que parase un poco y ella no le hizo caso. La siguiente fue Amparo, que agarraba la cabeza de su prima, pegándola bien hacia ella. Ya la conocía y cuando hacia eso es que se corría sin remedio. Una vez se corrió pare de follar a Mercè, estire de Amparo y la tumbe sobre la alfombra, en esa posición le puse los pies sobre mis hombros empecé a follarla, ahora si gemía desde el principio, Juan Carlos y Amparo le comían las tetas a la vez lo que hacía que se pusiera “loquísima” y todos disfrutábamos de ella.

 

Hice una seña a Mercè, para que se pusiera sobre la boca de su prima, ni lo dudo ni se lo pensó, ni titubeo. Amparo cuando vio cómo se colocaba su prima, se quedó un poco parada, le duro ese impase hasta que Mercè le puso el coño en su boca. La mire tratando de saber que pasaba y Mercè con una cara de zorra suprema, sonrió, medio cerro los ojos de placer y movió la cabeza afirmando suavemente. Lo que me sorprendió fueron los gritos que dio de pronto Mercè, se estaba corriendo más salvajemente que antes. Cuando acabo, se apartó quedando tumbada sobre la alfombra con cara de felicidad.

 

Pare mi follada me tumbe e hice que Amparo se sentara para cabalgarme, según lo estaba haciendo, Juan Carlos que se había repuesto, se puso detrás de su mujer y empezó a follarle el culo. Su prima al verlo se quedó con la boca abierta y dijo, “Prima ¿También eso? que puta que eres y que callado lo tenías, como se lo pasa la guarra” y Amparo era oír eso y se ponía más cachonda, la conocía, no le desagradaba. Nos gritaba que no parasemos y ella y yo nos corrimos a la vez, corriéndose esta vez el ultimo Juan Carlos. Nos quedamos los tres quietos, prácticamente abrazados.

 

De forma inesperada, Amparo empezó a decir que ahora le estaba dando mucha vergüenza, que no sabía el motivo y se fue hacia el baño, su prima quiso entrar pero había echado el pestillo. Mercè se fue a otro baño y Juan Carlos quiso ir con su mujer. Por lo que decidí marcharme y dejarles ese momento para ellos.

tumbe sobre la alfombra, en esa posición le puse los pies sobre mis hombros empecé a follarla, ahora si gemía desde el principio, Juan Carlos y Amparo le comían las tetas a la vez lo que hacía que se pusiera “loquísima” y todos disfrutábamos de ella.

Hice una seña a Mercè, para que se pusiera sobre la boca de su prima, ni lo dudo ni se lo pensó, ni titubeo. Amparo cuando vio cómo se colocaba su prima, se quedó un poco parada, le duro ese impase hasta que Mercè le puso el coño en su boca. La mire tratando de saber que pasaba y Mercè con una cara de zorra suprema, sonrió, medio cerro los ojos de placer y movió la cabeza afirmando suavemente. Lo que me sorprendió fueron los gritos que dio de pronto Mercè, se estaba corriendo más salvajemente que antes. Cuando acabo, se apartó quedando tumbada sobre la alfombra con cara de felicidad.

Pare mi follada me tumbe e hice que Amparo se sentara para cabalgarme, según lo estaba haciendo, Juan Carlos que se había repuesto, se puso detrás de su mujer y empezó a follarle el culo. Su prima al verlo se quedó con la boca abierta y dijo, “Prima ¿También eso? que puta que eres y que callado lo tenías, como se lo pasa la guarra” y Amparo era oír eso y se ponía más cachonda, la conocía, no le desagradaba. Nos gritaba que no parasemos y ella y yo nos corrimos a la vez, corriéndose esta vez el ultimo Juan Carlos. Nos quedamos los tres quietos, prácticamente abrazados.

De forma inesperada, Amparo empezó a decir que ahora le estaba dando mucha vergüenza, que no sabía el motivo y se fue hacia el baño, su prima quiso entrar pero había echado el pestillo. Mercè se fue a otro baño y Juan Carlos quiso ir con su mujer. Por lo que decidí marcharme y dejarles ese momento para ellos.                            


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