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Fecha: 08-Abr-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

La Loba

relatosmilord
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Relato Voyeur-Filial // Un joven es testigo involuntario de como un compañero de él domina a su madre. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Mis padres siempre fueron muy solidarios y participaban en trabajos de acción social sin fines de lucro, para ayudar a los más necesitados, colaboraban sobre todo con una comunidad católica que tenía una escuela de boys scouts, la misma era principalmente un movimiento infantil y juvenil que buscaba educar a los jóvenes con valores ideológicos de ayudar a nuestro prójimo y en ser buenas personas, y a los descarriados y problemáticos encausarlos para que puedan llegan a ser el día de mañana, hombres de bien. Este grupo también servía para que quienes participaban en las políticas comunitarias pudieran dejar a sus hijos a buen cuidado, al tiempo que ellos estaban ocupados en otras cosas.

Los hechos que les voy a contar pasaron cuando yo tenía 18 años, pero antes les diré que mi nombre es Máximo (me apodan Max) y siempre fui muy retraído, hasta el día de hoy me cuesta mucho hacer amigos, los pocos que tenía eran de mi grupo scouts ya que en la escuela la única persona que sabía mi nombre era la profesora, para el resto de mis compañeros no existía. Papá se llama Marcos, es oficinista y en esa época tenía 43 años y al igual que hoy una voluminosa panza; Susana es el nombre de mamá, tenía 39 años cuando todo ocurrió, es alta, pelo castaño y largo hasta pasar sus hombros, tez blanca, delgada, cintura esbelta, bonita de cara y cuerpo, siempre tuvo muy buena figura, con unas piernas bien torneadas, senos medianos y lo mejor de todo un trasero redondo de buen tamaño, muy apetecible.

Especialmente todos los sábados por las mañanas nos congregábamos en la parroquia, los adultos discutían las acciones a desarrollar durante la semana, como plantar árboles en el barrio, pintar las escuelas, presentar una petición de mayor luminarias públicas viales a la municipalidad, arreglar las plazas, etc., y nosotros los chicos nos agrupábamos en la escuela de scouts. Por ese entonces, el Scouter responsable de mi grupo de Raiders dejó la ciudad por una mejor oferta laboral y le pidieron a mi madre que lo reemplazara. Para evitar cualquier problema, a los Raiders se los dividían en dos grupos, “Los Caminantes” el grupo de varones y “Las Lobas” el de mujeres, mi madre desde hacía un par de años era Scouter del grupo de las chicas, pero como no encontraron quien aceptara ser nuestro líder por la fama de revoltosos que teníamos, optaron las autoridades parroquiales por ella.

Al principio hubo revuelo, mis compañeros no tomaron a bien que nuestro líder sea una mujer, pero como la mayoría la conocía de vista o por ser mi madre, lo asimilaron rápido y fueron amables, de vez en cuando alguno le hacía alguna broma y siempre mamá lo tomaba con sentido del humor, cuando mis compañeros eran más amigable con ella que conmigo me causaba celos. Pero todo esto cambió el día que incorporaron al grupo a Diego, un chico problemático, que lo habían echado de varios colegios y con problemas policiales, pues hacía poco lo encontraron robando y a pedido de sus padres el cura de la parroquia intervino ante el juez para que no lo envíen a un reformatorio y le dieron “un probation”, que es la suspensión del juicio a prueba, para evitar los efectos negativos de permanecer encerrado con otros delincuentes de su edad, la justicia le impuso que cumpla ciertas pautas de conducta y lo obligaron por un plazo de dos años a asistir sin faltar a todas las reuniones los boy scouts y parroquiales.

Diego tenía 18 años, alto, morocho, musculoso, cara lánguida, con un corte de pelo desprolijo similar a un emo, de aspecto sucio, vestía informal con pantalones raídos y remeras manchadas, vivía en un barrio de gente pobre, cerca de la parroquia, su lenguaje era muy coloquial y cargado de malas palabras, al poco tiempo de su llegada desvirtuó al agrupo, pasando a ser el cabecilla y haciéndolos participes de sus actos de mala conducta y vandalismos.

El cura le pidió a mamá que fuera más tolerante con él que con el resto de nosotros, ya que necesitaba de nuestra ayuda para reencausarlo en la sociedad, que se le notaba la falta de afecto recibido y que con amor y disciplina lograrían hacer de él un hombre de bien.

Diego la primera vez que vio a mi madre, nos comentó lo buena que estaba y las cosas que le haría a ese culazo, el hijo de puta provocaba desorden para después pedir a los demás que se calmen y así quedar ante los ojos de ella como un chico ejemplar. Él nos cargaba y decía que eramos unos traga cirios, unos nenes de mamá y a quien opinaba diferente a él, lo cagaba a trompadas, por eso nadie lo contradecía y se plegaban a sus ocurrencias. No sé si con el correr de las semanas se enteró que yo era el hijo de Susana o simplemente no le importó un carajo, porque seguía opinando de ella en un tono chabacano, provocando la gracia de el resto del grupo.

Por lo general mamá vestía blusas hipponas, jeans ajustados o polleras cortas que dejaban adivinar los contornos de su bombacha que era tipo bikini ( V ) y zapatillas o sandalias planas con tiras de cuero; Diego con sus comentarios provocaba que las hormonas de mis compañeros hormonas se alborotaban con la figura imponente de mamá, a quien apodó como “La Loba”, en un claro juego de palabras aludiendo a su cuerpo y al nombre de su antiguo grupo de chicas.

Un día que mamá se puso unas calzas con una remera que apenas le tapaba su cola pero que al moverse se subía dejando ver el contorno de su culo como si fuera una segunda piel, Diego se tocaba su bragueta en clase, para quien estaba adelante era inadvertido dado que lo tapaba el pupitre, pero para mí que estaba atrás de él era claro como el agua. En el recreo, nos llevó a varios de nosotros al baño y nos retó a que sacáramos nuestras pijas para ver quien tenía la más larga, todos nos asombramos en un inicio pero aceptamos el juego, de uno en uno íbamos exhibiendo el pito y cuando le tocó a Diego, éste nos mostró una verga no muy larga pero excesivamente gruesa y venosa, parecía una culebra con la cabezota morada y brillante mojada por el líquido preseminal que emanaba; Haciendo alarde de su tamaño nos dijo:

Mi pija parece hecha a medida para el culo de La Loba... se nota que la pobre debe pasar hambre, seguro que el cornudo de su marido tiene un pitito jajajaja... cuando la puta me vea la garcha se me va a prender como bebé a la mamadera, se va empachar con mi leche jajajaja...

Escucharlo y ver las caras de los chicos mirándome burlonamente me provocaba muchos celos y excitación, por miedo a que me fajen no me animaba a defenderla.

Mamá en casa siempre me hablaba de como la hacía reír Diego y que no era como lo describían los demás, que seguramente lo trataban de delincuente y marginal porque no lo conocían, pero que era un chico servicial y gentil, tal vez llevado por las malas compañías a delinquir.

Má, ojo con ese pibe, te aseguro que no es trigo limpio...

¿Vos crees? A mí me parece que es un buen chico, ya vas a ver como con el tiempo va a aprender a comportarse y hablar bien.

Es un desgraciado, todos le tienen miedo...

A mi me parece todo lo contrario, si le temieran estaría solo y los chicos lo siguen a todos lados, Max tenés que dejar tus prejuicios de lado y tratar de hacerte amigo de él, haceme caso y vas a tener un montón de amigos... siempre te veo solito, tenés que ser sociable..

¿Si Diego es tan buen chico entonces decime por qué está obligado a venir por la justicia?

Para vos todo es más fácil porque naciste en una buena familia, pero ponete en sus zapatos, si hubieras nacidos en barrio marginal y con una familia abandónica, seguramente te rodearías de malas compañías y terminarías como él...

Por más que tratase de abrirle los ojos ella era demasiado buena como para creerme.

A la semana que nos retó al juego de quien tenía la pija más grande, con el grupo salimos de excursión, aprovechamos un fin de semana largo y fuimos a un pueblo cercano a ayudar a los inundados por las fuertes lluvias de días pasados, llevarles ropas, alimentos no perecederos y demás provisiones; El bus era pequeño y no contaba con tantos asientos para que todos fuéramos sentados, nos acomodamos como pudimos, viajaron sentados adelante el cura parroquial y mi papá junto con un par de autoridades eclesiásticas más, muchos tuvieron que ir parados en el pasillo.

Fue un día de mucho calor y tanto yo como mis padres decidimos viajar con prendas cómodas, Diego y mis compañeros quedaron helados al ver llegar a mi mamá usando un vestido corto de gasa, floreado, con breteles en los hombros y un escote en “V” tanto en el frente como en la espalda que dejaba claro que no llevaba sujetador, con una falda plisada que alcanzaba la mitad de sus torneados muslos.

Para ir ella viajó sentada al lado de papá y todo el camino tuve que escuchar como el grupo cuchicheaba lo excitados que estaban con ella. En el pueblo mamá me comentó que se aburrió con la conversación que papá tuvo con los curas y que prefería regresar a mi lado. A la vuelta fuimos con mami sentados en el último asiento, que era largo como el ancho del bus, con butacas para cinco personas, en frente nuestro estaba el pasillo con muchos de mis compañeros parados, ella estaba sentada justo en el medio, conmigo a su izquierda y a su derecha se hallaba Diego con sus ojos clavado en los pechos de mamá.

El el trayecto ese degenerado le hablaba al oído y como quien no quiere la cosa, le apoyaba una mano en el muslo y de a poco la iba subiendo, ella se la retiraba pero él la colocaba en el mismo lugar hasta donde había trepado. Para evitar incomodarme y evitar retarlo, provocando un escándalo frente a todos, mamá cedió su butaca a un chico y continuó el trayecto, parada frente a mí de perfil, sujetándose de la manija del último asiento de la fila individual.

Producto del calor y de la falta de aire acondicionado del bus, la transpirada falda de mamá se pegaba a la piel de sus glúteos, trasluciendo una diminuta tanga azul y delineaba a la perfección el carnoso y deseado culo, haciéndolo ver más grande. Ella le estaba dando la espalda a Diego, quien se apretaba la pija por encima de su pantalón. Él estiró su mano agarrando por la espalda al chico que estaba parado delante suyo y lo obligó a ocupar su lugar, pegándose Diego a mi madre, por atrás, rozándole el culo con su bragueta.

Al sentirlo, ella se estremeció un poco pero no dijo nada, intentó correrse pero había tan poco espacio que apenas pudo, en cada frenada del bus, el hijo de puta con un golpe pélvico le hacia sentir la dureza de su pija. Ellos estaban parados justo delante mío, a escasos treinta centímetros y por suerte o desgracia el acoso de él solo pudo ser presenciado por los compañeros que estaban sentados a mi lado, mirando absortos sin perderse detalles.

Mamá estaba ruborizada y por el movimiento de su tórax advertí que respiraba en forma agitada, Diego con una mano bajó el cierre de su pantalón y extrajo su verga con venas bien marcadas, totalmente erecta y emanando un fuerte olor que llegaba hasta donde me encontraba, causándome picazón la nariz. Con el glande acarició la tersa piel del culo, haciéndola estremecer, para luego situarla en medio de las nalgas, la escasa tela de la tanga separaba la vagina de la tremenda pija. Disimulando agarrarse de la manija apoyó su mano derecha sobre la de ella y con su mano izquierda la tomaba por delante, rodeándola con sus brazos y evitando que se separe de su cuerpo.

Los febriles labios de Digo besaban su cuello mientras que con lentos movimientos coitales hundía su verga en las profundidades de sus muslos, sintiendo en la parte superior de su pija el roce de la mojada biquini y el calor de la vulva. La pasividad de mi madre lo animó a tocarle la concha por sobre la tanga, luego de un instante ella se mordió el labio inferior al advertir algunos dedos penetrándola vaginalmente.

Yo no salía de mi asombro, sentí un delicioso nudo en el estómago al ver que las tetas se movían hacia delante y atrás siguiendo el ritmo de los pijazos que eran cada vez más fuertes, mamá giró su cara para verme, por breves segundos nuestras miradas se encontraron, fingiendo que su acoso no era evidente, le pregunté:

Má te veo cansada ¿No querés sentarte en mi lugar?

Nnnnno... ya falta poco... para que llegue...mos... -respondió entrecortado Diego-

No te preocupes hijo... mmm... quedate sentado y mirá por la ventana...así te distraes...

Al tiempo que hablaba con mi madre, el sinvergüenza levantó más la parte delantera de la falta, pudiendo ver como la cabeza de la verga asomaba y se escondía entre las piernas de ella. El viaje parecía no tener fin, la mayoría no estaba al tanto de lo que sucedía en el fondo del bus, pero el bulto de las entrepiernas de mis compañeros que estaban sentados a mi lado, me daba a entender que eran testigos al igual que yo.

Al tiempo que ella abría y cerraba la boca como pez fuera del agua, en su busto dos pequeños botones carnosos, gordos como pequeñas fresas, se evidenciaban bajo la tela del vestido. De pronto la pelvis de Diego toma distancia del cuerpo de ella, con su mano izquierda se sujeta la verga que empieza a palpitar escupiendo abundante leche en todo el culo. En eso escucho murmurar a quien tenía a mi derecha:

¡El asqueroso se está corriendo sobre tu mamá!.. que enfermo...

Con su glande esparció uniformemente los restos de semen por las nalgas y luego de limpiarse con la tela de la pollera su pija, la guardó dentro del pantalón, ella acomodó su falda y dándose vuelta lo empujó, diciéndole por lo bajo:

Infeliz, si te me acercás de nuevo, te mato... ¿Entendiste?

Todos los de la última fila estábamos muy excitados y sin emitir una sola palabra bajamos del bus.

Al llegar a casa, mamá entró apresurada al baño a ducharse y yo me encerré en mi habitación para masturbarme. Papá se extrañó que ni su esposa ni su hijo bajaran a cenar, pero lo atribuyó al cansancio de la ardua jornada.

Después de ese día, mamá alegando mil excusas se rehusaba volver a ser nuestra coordinadora, pero papá sin saber los verdaderos motivos, se negaba a que abandonara y le exigía cumplir con su obligación dado que sería una pena para el cura párroco y un dolor de cabeza para la comisión al intentar conseguirle un reemplazo.

Para su suerte, Diego no se presentó ese día y los siguientes, y ninguno de los chicos del grupo hizo un comentario de lo sucedido pero me miraban con culpa. Al segundo fin de semana el cura y el juez obligaron a Diego a concurrir o sería enviado al reformatorio.

Mamá al verlo fue como si hubiese visto al diablo, no existió trato entre ellos.

Un día a la salida del colegio y a pocas cuadras de casa, Diego apareció de la nada y sujetándome fuerte del cuello me arrinconó contra un árbol y me dijo:

Pendejo de mierda quedate tranquilo y escuchá bien lo que te voy a decir, sé que viste la paja de lujo que me hice con la puta de tu mamá y una de dos, o te gustó o sos una mierda cagona que no se animó a ayudarla... me importa un carajo cual de las dos sos... pero si no querés que te desfigure la cara a trompadas o que te haga cosas peores y sabés muy bien que soy capaz, me vas a ayudar...

¿Con qué? Plata no tengo ahora, pero le puedo pedir a mi papá y mañana te la doy...

Si quiero dinero voy y lo robo, no necesito eso de vos...

¿Entonces?

¿A qué hora regresa tu papá del trabajo?

Casi siempre después de las cinco...

El viernes a eso de las cuatro y media nos encentramos acá y me vas a invitar a tu casa...

¡¿Eh?! ¿Para qué?

¿A esa hora no tomás la merienda?

Ssiii

Por eso... tu mamá va a tomar la leche... MI LECHE jajajajaja... voy a terminar lo que empecé y vos me vas a ayudar...

Noooooo

Extrayendo de un bolsillo una cortaplumas y haciéndome sentir su filo en mi garganta me obligó a aceptar. Temblando regresé a casa, mi madre advirtió inmediatamente mi palidez y me preguntó el motivo pero le contesté mintiéndole que era por algo que comí y me cayó mal. Con miedo y angustia los días transcurrieron como segundos, temblando de miedo el viernes fui a encontrarme con ese hijo de puta.

Él estaba parado apoyado en el árbol esperándome, con la misma ropa de siempre, la única diferencia era que parecía peinado y con una sonrisa de oreja a oreja.

Cuando entremos decile al cornudo de tu papá que nos encontramos de casualidad, dale a entender que nos hicimos amigos en los scouts y si pregunta le decís que cambié, que ya no soy un delincuente y ahora me porto bien, una boludes como esa...

Pero mamá no te puede ni ver, ella sabe que eso es mentira...

De La Loba me encargó yo, vos tenés que convencer a tu papá que somos amigos o vas a terminar con las tripas afuera...

En casa mi papá tomó a bien ver a Diego y ponderó el cambio de actitud y que el cura le dijo que estaba haciendo buena letra, que era algo rebelde pero que se estaba encarrilando, en cambio mamá casi se desmaya, enseguida me llevó a la cocina y me preguntó:

¿Qué carajo haces con ese tipo? No quiero que te juntes con él...

Pero má, vos me dijiste que era buen pibe, que si se portaba mal era porque tenía mala juntas y que debíamos ayudarlo, estoy siguiendo tu ejemplo...

Papá entró a la cocina pidiéndole a mamá que prepare la merienda ya que deberíamos tener hambre, esto hizo que la charla con ella terminase abruptamente, junto a papá regresé a la sala.

Como si fuera mi mejor amigo, él le narraba a papá un montón buenas acciones que hicimos juntos para ayudar a las personas del barrio y que jamás sucedieron, mamá sirvió la merienda y regresó a la cocina, no quería estar presente junto a él.

En cierto momento Diego pidió permiso para ir al baño, pero en vez de eso, sin previo aviso entró a la cocina, papá no lo advirtió porque estaba de espaldas a ese lugar y hablaba conmigo. Los minutos pasaban pero ni él ni mi madre salían y para colmo no se escuchaba nada.

Al rato, con un fuerte olor a transpiración apareció Diego y anunció que se tenía que ir, saludo a mi padre y me hizo señas para que lo acompañara a la puerta, al despedirse de mí me entregó un bollo que llevaba dentro de su puño apretado y me dijo “Nos vemos mañana en los scouts”.

Antes de entrar me fijé bien en lo que me dio y con sorpresa me percaté que se trataba de la bombacha de mamá, era rosa de encajes con el borde superior negro y un diminuto moño al frente, algo más anchas que las que usa habitualmente pero muy sensual, con las yemas de mis dedos noté que estaba húmeda e inmediatamente la olí, percibiendo un aroma muy dulce. Está de más mencionar que la guardé y me hice incontables pajas con ella.

Al día siguiente en la clase de scout Diego miraba sarcásticamente a mi madre y ella le devolvía la mirada cargada de odio. En el recreo él me llevo al baño y no dejó que nadie más entre, me arrinconó contra una puerta y bajándose los pantalones me dijo:

Mirá como me pone tu mamá... la tengo dura como una piedra... los huevos me duelen de tanta leche que junté para ella pero no me quiero pajear, es toda para la conchita de mami... cuanto más enojada esté más me calienta jajajajajajaja... se hace la santa pero se muere por sentirla adentro... prometo que te va a gustar que yo sea su amante, su macho...

Al terminar la clase, mamá esperó que todos se marcharan para no encontrarse con él y fuimos juntos al encuentro de papá, pero cuando estábamos por salir el cura llamó a mi padre a la secretaría, ese ínterin aprovechó Diego para sujetarla y a pocos pasos apostarla contra una columna y besarla salvajemente de la lengua mientras apoyaba su dura entrepierna contra la pelvis de ella.

Fingiendo no saber lo que estaba pasando, me acerqué a la puerta de la secretaría y de reojo lo vi romperle la remera, bajar el corpiño y estrujarle las tetas, para evitar que gritara le apretaba el cuello. Los pezones rosados eran mordidos y chupados salvajemente como si Diego fuera un bebé famélico. Mamá parecía un maniquí, no reaccionaba, solamente abría grande los ojos incrédula.

El hijo de puta le pegó un par de sonoras cachetadas en las lolas y en las mejillas, la volvió a besar y luego la obligó a agacharse, con una mano le tiró del cabello hacia atrás y con la otra liberó su durísima verga levemente arqueada hacia arriba y con la cabeza inflamada como si fuera un hongo, le pegó con fuerza repetidamente en la cara hasta que ella abrió la boca, entonces él introdujo el glande hasta el fondo produciéndole arcadas, aferrando con sus fuertes manos la cabeza, la penetró por la garganta hasta que los huevos hicieron tope contra la pera, la pija entraba y salia brillosa por la saliva que la recubría. Apenas se escuchaba un leve:

Ah, ahhhhh, ahhhhhh... ayyyyyyy... mmm... glup, glup... ahhh... ahhhhhhhh...

Que me excitaba enormemente y al mismo tiempo me generaba mucha culpa. Por las lágrimas el delineador se corrió manchando de negro sus ojos. No daba crédito a que una mujer madura como mi madre fuera dominada por un niñato de casi mi misma edad.

Ella continuaba en cuclillas con las tetas en punta, con sus labios envolvía todo el capullo, con la mano de la alianza matrimonial lo masturbaba y con los finos dedos de la otra mano sopesaba los peludos huevos, lamia la larga verga en toda su longitud moviendo la lengua como una serpiente, de a momentos él retiraba la pija de la boca y jugaba con un pezón, apretándolo con su gordo glande, ella haciendo trompita con sus labios esperaba a que la cabeza de la verga regresara para prodigare besos mojados, pero Diego prefirió retomar las penetraciones brutales, enterrándosela hasta el fondo de la garganta.

Luego de un rato largo, sacó la pinga escurriendo babas, hizo un gesto de abofetearla y ella con sus labios pulposos colmó de besos tiernos toda la cabeza de la chota, esa ternura no condecía con la brutal mamada. Cuando él tensó todo su cuerpo emitiendo un gemido ahogado, mamá abrió al máximo su boca y sacó su lengua para recibir el profuso torrente blanco de semen dejándola pastosa, los chorros que no pudieron ser atrapados se depositaron en las tetas.

Diego se fue más rápido de lo que apareció, mamá arrancó uno de los jirones de su remera y se limpió con los senos y la cara, por suerte llevaba una chaqueta la que cerró completamente, se acercó a donde yo estaba y me expresó un tibio:

Los espero en el auto.

Miré como se retiraba y con ligereza tomé la tela con la cual se acicaló, estaba empapada de esperma caliente. Se abrió la puerta de la secretaría y papá salió, guardé el trapo en mis pantalones para que nadie la viera y juntos nos subimos al coche, en el trayecto a casa la leche impregnada en el trapo y que mi madre albergara en su boca y busto, escurría por mis piernas, provocando que eyaculara sin tocarme.

Todos los miércoles por la tarde y hasta altas horas de la noche, había reunión de acción católica en la parroquia, en donde concurrían todos los adultos, entre ellos mi padre, para diagramar las tareas comunitarias a realizar el fin de semana, los scouts no participábamos.

El lunes nuevamente Diego me esperó a la salida del colegio y me dijo:

Pendejo decile a Susana que el miércoles por la tarde te vas a quedar a estudiar en la casa de algún compañero porque tienen que hacer un trabajo práctico y que regresas para la cena, más o menos a eso de las tres de la tarde hacés que te vas y volvés como a la hora sin hacer nada de ruido, ¿Entendiste? Que nadie se dé cuenta que regresas antes, porque te cago a trompadas...

¿Por qué?

No te tengo que dar explicaciones, vos hacelo...

El miércoles al regresar del colegio me sorprendió verla a mamá vestida elegante y sumamente sugerente, con el pelo suelto y alisado, usando un vestido que alternaba el gris con el negro tipo príncipe de gales, muy ceñido al cuerpo, con escote cerrado, mangas largas hasta unos centímetros más allá del codo y la falda terminaba justo en la unión de los glúteos con los muslos, zapatos stilettos negros de finas tiras de charol con tacones de aguja, no usaba medias, de pendientes una perla colgando de cada oreja, su perfume era riquísimo y apenas estaba maquillada, solo los labios pintados de un rojo apagado y los ojos delineados de negro, el detalle que me sorprendió era que tantos las uñas de los pies como las de las manos estaban esmaltadas de negro. Ella estaba hablando por teléfono y cuando cortó me informó que luego que yo me marchara a la casa de mi compañero, ella iba a salir, tenía que ir al cumpleaños de una amiga, tenía ganas de preguntarle el nombre de la amiga pero preferí no incomodarla, la intriga me desbordaba y moría de ganas por saber que pasaría.

Como a la media hora de mi llegada le avisé a mamá que me iba, esperé un rato largo en la esquina y al ver a Diego que tocó timbre en casa y mamá lo hizo pasar, me picó la curiosidad y el odio, decidí dejar pasar varios minutos y regresé entrando por la puerta trasera sin hacer el menor ruido. Pasé por el lavadero y al llegar a la cocina oí que hablaban en voz baja, lo poco que alcancé a escuchar me dejó helado, eran sonidos de besos y jadeos, traté como pude de abrir la puerta para ver lo que pasaba allí dentro y cuando lo hice, observé que los dos estaban en el comedor, ella en tetas con el vestido enrollado a la cintura, la tanga a la altura de las pantorrillas, inclinada boca abajo sobre la mesa con las piernas separadas y él le manoseaba descaradamente los cachetes del culo mientras la cogía fuerte por la concha. Entre gemidos ella decía:

Esto no es correcto y Diego, es pecado... ahhhhhhhhh

Cuanto más hablaba, más fuerte la embestía, la voz de ella lo enardecía, las manos subieron y se posaron en las tetas, estrujándolas como queriéndole hacer daño.

Me da pena admitirlo pero me excitaba ser testigo de como un chico degenerado de casi mi edad poseía sexualmente a mi madre. ¿Cómo una mujer adulta, culta, bonita, inteligente y sobre todo casada y con un hijo pudo caer bajo el dominio de ese hijo de puta adolescente?

Un rato largo el pijudo la embistió frenéticamente hasta que gritó:

¡Te llenó de lecheeeee! Mmmm

Noooo, adentro no que no estás usando forro...

Esto me dejó perplejo, mamá no se quejó porque un desgraciado estaba abusando de ella o porque él estaba mancillando su buen nombre y honor, todo lo contrario, su bronca era porque ese infeliz le eyaculó dentro y corría riesgo de quedar embarazada.

En ese momento la odié con todas mis fuerzas, salí lo más rápido posible de casa pero ni bien pisé la vereda una mezcla de celos y excitación corrió por mis venas llevándome a perder la cabeza, no podía dejarla con ese tipo, tenía que hacerle comer todas las mentiras, sin pensar metí mi llave en la cerradura de la puerta principal para cagarles el juego en búsqueda de venganza, los nervios me jugaron una mala pasada, intenté abrir con la llave equivocada y encontrar la correcta me hizo perder tiempo.

Mami, llegué...

Dije tratando que mi voz sonara normal, dirigiéndome hasta donde los había dejado, mi corazón latía más fuerte con cada paso que daba. Al llegar al comedor la encontré a mamá sentada a la mesa con la ropa acomodada y muy nerviosa, Diego estaba parado al lado de ella con una sonrisa sarcástica.

Hijo, ¿Qué estás haciendo acá?

Yo también vivo acá, ¿Te olvidaste?

Es que no te esperaba tan pronto, ¿Pasó algo?

Mis compañeros se adelantaron con el trabajo práctico y para cuando llegue ya habían terminado. ¿Vos no tenías un cumpleaños? ¿Y Diego que hace acá?

Eeeh... bueno... yooo...

Tu medre se descompuso en plena calle y casi se desmaya, da gracias a que justo pasaba por ahí y pude recogerla... y traerla hasta acá...

Esoooo, eso es lo que pasó hijo, menos mal que él estaba...

Cuando la recogí la tenía parada y muy dura... me refiero a tu madre, apenas podía caminar... jejeje

Por suerte ya estoy bien... mejor vayan a la sala que yo voy a preparar té... eso nos va a ayudar a relajarnos...

¿Relajarnos?

Si hijo, relajarnos, o por lo menos yo... no olvides lo que dijo Diego, que me descompuse y eso me pone nerviosa...

El descarado sujetándome de un brazo en mi propia casa me llevó al sofá de la sala, me sentó de prepo y me pegó una trompada en la parrilla costal que me sacó el aire.

¿Qué mierda hacés? Te dije muy claro que mantengas distancia...

No voy a permitir que te abuses de mi madre...

Como se nota que sos un pendejo y no tenés experiencia con las mujeres jajajaja... yo no le hago nada que ella no disfrute... ella arde por una buena verga, es una loba a la espera de una presa joven para disfrutarla...

Eso es una puta mentira...

La única puta es tu mamá y vos no me vas a joder mi polvo (expresó al tiempo que me golpeaba una y otra vez en las costillas), ¿Vos crees que te tengo miedo?.. mejor que no te metas en mi camino porque vas a terminar muy mal..

Molido por los fuertes golpes me doblé de dolor, cubriéndome con los brazos me incliné hasta que el pecho tocó a mis rodillas, en ese momento se presentó mamá trayendo una bandeja con la tetera, tres tazas y galletas, cuando estaba apoyando todo en la mesa ratona frente al sofá, mi posición me ayudó a advertir que los dedos de su pie derecho tenían algo raro, un grumo de semen cubría a tres de sus dedos y a gran parte del empeine de su zapato.

¿Qué pasa hijo?

Nada Susana, Max está buscando un botón que se le cayó.

No te preocupes que luego paso la aspiradora y si lo encuentro te lo coso...

Como un tarado permanecí inclinado sobre mis piernas un instante, tratando de convencerme que no era guasca esa mancha, que yo estaba viendo una alucinación producida por mi mente febril. Cuando mamá se sentó en un sillón frente a nosotros para servirnos el té, el corto vestido y la ausencia de la tanga me dio un panorama inmejorable de su vagina enrojecida y mojada.

Mi inesperada presencia no le dio tiempo a limpiar la gran cantidad de esperma eyaculada en su interior, seguramente estaría goteando leche y los nervios no la hacían darse cuenta. Me levanté y fui a la cocina a buscar la bombacha, busqué por todos lados pero no la encontré.

Max, cariño el té se te está enfriando...

Ya voy Má...

Disimulé mi abrupta escapada diciendo:

Fui a buscar la leche para cortar el té.

¿A vos también te gusta la leche, no Susana?

¿?

En el té... creo recordar que alguna vez me pediste que te dé leche... para cortar tu té...

¡Ah!.. siiiiiiiii, cierto... me olvidaba.

Mamá con una de sus manos sostenía la taza y con la otra a cada momento trataba de bajarse la falda. Diego como si nada, bebía su infusión y comía, pero debió ver el lechazo del pie porque dejó caer una galleta y al levantarla la pasó por los dedos y el zapato para recoger los vestigios de su simiente, para luego con picardía colocársela a ella en el platito de la taza. Grande fue su sorpresa cuando observó el bocado cubierto esperma e inmediatamente se lo llevó a la boca.

Verla comer la galleta con el esperma de Diego me hizo parar la pija, a pesar de la repugnancia que me provocaba el acto, al mismo tiempo era muy morboso. El hijo de puta ni siquiera tuvo la decencia de tapar su risa con la servilleta.

Como nadie pronunciaba palabras la merienda fue muy corta, ella se levantó para llevar las cosas a la cocina y fue ahí cuando él me pasó por la cara un trapo diciéndome:

Sentí como huele la concha de una hembra... es la bombacha de tu mamita... ¿Esto es lo que fuiste a buscar a la cocina? jajajaja ¿Querías encontrarla para hacerte una pajita a la noche? Jajajaja... ¿Sos un pajerito de mamá? Quedate acá sentado y no te pares hasta que te diga o te rompo los huesos.

Diego entró a la cocina, se escuchaba murmullos y ruidos como a un forcejeo, luego de un ronco “no que está mi hijo presente”, me acerqué, entreabrí a penas la puerta y vi que él estaba agachado lamiendo la vagina:

Putita, te voy a chupar tanto la concha que nuestros hijos van a salir peinados...

Él arrodillado tras de ella, le separaba las nalgas y pasaba su lengua por los dos agujeros, cuando su lengua estaba en la concha dos dedos le hurgaban el ano, y viceversa, de la entrepierna de ella escurría saliva. Mi madre cerraba los ojos y se pasaba una mano por la cabeza gimiendo para luego cubrirse la cara sin dar crédito a la locura que estaba haciendo.

Para estar más cómodos ella se acostó de espaldas en el frio suelo, levantó aun más su falda y apoyó sus piernas en los hombros de él, quien hundía su cara en las profundidades femeninas. Por encima del vestido se le marcaban los erguidos pezones, ella abría sus piernas como si estuviera en una sala de parto y él le enterraba la lengua en la zanja, le abría los labios dejándome ver una conchita chiquita y rosada que era comida a besos, la nariz de él jugaba con el clítoris. Por lo visto era verdad que sabía tratar a las mujeres.

Al rato continuó con el ano, su lengua puntiaguda perforaba y recorría el esfínter anal incansablemente, las caricias en la vagina ahora se las prodigaba ella misma.

Cogeme por favor Diego, necesito sentirla... ufffff...

Él no le respondía y seguía con su trabajo. Mamá no aguantó más y se levantó para acomodarse apoyando su pecho sobre la mesa como cuando los había sorprendido. Diego abrió la heladera, sacó un trozo grande de manteca, fue hasta donde estaba ella y le untó el culo, de pronto tres dedos se le colaban sin dificultad. Entonces con una mano acomodó la venosa verga y de un empujón le perforó el culo, ella tuvo que morderse la mano para no gritar.

La pelvis de él al chocar con las nalgas producían un sonoro PLAF-PLAF-PLAF que era hipnótico.

Por ahí noooooooo... nunca me gustó que me hagan el culo...

Porque no te lo hicieron bien, ya vas a ver como yo te hago gozar por el orto..

Diego aferraba su mano en la melena de ella obligándola a girar su cara en dirección a la de él, para besarla salvajemente, mordiéndole los labios. Los gordos muslos de las piernas de mamá se veían tentadores, ya me hubiera gustado estar en el lugar de ese hijo de puta. Ella con los puños golpeaba la mesa y se quejaba repitiendo como un mantra “esto no puede ser”.

De la nada Diego enardeció y sus penetraciones fueron violentas, temí que con su gorda pija pudiera lastimarla, ella suplicaba “despacio”.

Cuando todo indicaba que estaba por acabar, él agarró la silla que estaba en una punta de la mesa y más alejada de la puerta de la cocina, se sentó y obligó a que mamá se vuelva a encular sentándose sobre él, dándole la espalda, con fuertes cachetadas en las nalgas ella se enterraba repetidas veces la gruesa verga hasta el fondo de sus tripas. Impensadamente el la sujetó muy fuerte por la cintura, sin dejarla mover y me llamó casi gritando.

Inmediatamente que entré, ella tiró del blanco mantel para que la tela los cubriera y yo no pudiera ver que estaba ensartada en la verga de Diego.

¿Qué pasó? (pregunté)

A tu mamá nuevamente le dio un vahído, menos mal que pude atraparla antes que se caiga... yo te la sostengo y vos servile algo fuerte de beber para que se recupere...

Le serví un whisky bien cargado deseando que ojalá se le atragante en la garganta como el pito que tenía atragantado en su culo. Cuando volví, Diego me pidió que le diera sorbitos, muy despacio. Mientras yo sostenía la cara de mi madre ayudándola a beber, él retomó el bombeo, ella iba y venía siguiendo el ritmo coital, de una manera casi imperceptible.

Todo era una locura, le estaban rompiendo el culo a mi madre en mi presencia y ella seguía sentada a horcajadas sobre su amante. Mamá me exhalaba su fuerte aliento en la cara, cuando no le llevaba el vaso a la boca, se mordía el labio inferior si apartar su mirada de la mía, de una manera muy lujuriosa y perversa.

Él fue aumentando las embestidas y por consiguiente acrecentaba el desplazamiento del cuerpo de ella, tanto que en uno de los empujones llegó a golpearme la frente con su cabeza y a modo de disculpa me dio un húmedo beso en la mejilla. Cuando los movimientos eran burdos, Diego fingía que le estaba dando un masaje enérgico en la espalda para reanimarla.

¡¡¡AHHHH!!!... ya la tenés toda adentrooooh... mmmmm...

Siiiiiii

¿La sentís?

Es mucha y me quema... ahhhh... que rico...

¿Qué cosa mamá?

La bebida hijoooo... me quema la garganta mmmm... y es bastanteee... ufff...

La maldita me hablaba como si yo no supiera que le llenaron de esperma el culo.

Luego de unos minutos se levantó fingiendo una mejoría y casi al mismo tiempo que se erguía se bajaba la elevada falda, pero a pesar de su rápido movimiento no contó con que de su culo se escapara un “GLUP” cuando la gorda y venosa verga escapó de su ano. Como mamá le daba la espalda a Diego, no se enteró que él me mostró su morcillona pija llena de los excrementos de ella y semen, los cuales se limpió con el mantel.

Mamá tomándome de los hombros me dijo:

Max se está haciendo tarde y tu papá está por venir, andá poniendo la mesa que yo me ducho y empiezo a preparar la cena... por supuesto Diego se queda a cenar, después de como estuvo en el momento preciso para ayudarme, lo menos que puedo hacer es reponerle las energías perdidas con una suculenta comida ¿No?

Terminó de hablar y caminando algo ridículo, como si fuera un pingüino, corrió al baño con una mano apoyada en su cola por sobre el vestido, como para que su gotero de semen cayera en la tela durante su corto trayecto.

Siempre se dijo que mamá era una buena anfitriona, invita a cenar incluso a quienes le rompen el culo.

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