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Fecha: 26-Mar-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Me hicieron creer que era afeminado. (10)

tauro47
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Ya iba teniendo conciencia de mis habilidades y ya podía devolver las atenciones que había recibido desinteresadamente, los pedidos llegaban encadenados y todos estábamos contentos pero se me presentaba un reto, debía tomar mis decisiones y además hacerme valer como hombre. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

                                                  Por la tarde llamé a doña Francisca y me dijo que no iba a estar en casa, tenía una reunión extraordinaria en la iglesia con las cofrades de la patrona y me confesó que estaban todas revolucionadas por los cambios que habían notado en muchas cosas y me prometió que me contaría los chismes y rumores que corrían por allí y de paso me haría publicidad gratuita.

                                                  Al no tener nada que hacer esa tarde llamé a la señora Merche, le dije que ya tenía su vestido listo y si le venía bien que fuera a su casa, esto lo dije para saber si estaría sola o no porque su marido trabajaba a turnos y no quería que estuviera o al menos despierto, me aseguró que estaría sola y le creí.

                                                  Al llegar a su casa me recibió poniéndome un dedo en la boca rogándome silencio, pasé de puntillas y no me explicó nada hasta que estuvimos en su habitación, en efecto su marido estaba en la mina haciendo el turno de doce horas seguidas pero había surgido un pequeño problema, su hija Asun que en teoría debía estar en casa de una amiga estudiando, al no poder encontrarla había vuelto y se había encerrado en su habitación.

                                                  Ella misma le había dicho a su madre que no quería que la molestara por lo que me recomendó el mínimo de ruido, con mucho sigilo le enseñé el vestido, abrió los ojos de admiración, había sabido captar sus deseos cuando me hizo el boceto y además le había puesto mi toque personal, sabiendo lo coqueta que era me había atrevido a hacerle un escote en corazón que le marcaba el canalillo hasta límites insospechados.

                                                  Los que había llevado hasta entonces eran redondos y sólo mostraba sus hermosas tetas sólo si se agachaba, ahora ya no tendría que hacerlo y estaba convencida que sería la sensación en los paseos domingueros, tanto si iba acompañada de su marido como si no.  El pobre hombre no era de salir mucho, cuando veía la luz del sol tenía que ponerse gafas ahumadas porque le deslumbraba y los días que podía tener fiesta prefería la penumbra de un bar con los amigos que el sol del paseo a mediodía con la coqueta de Merche.

                                                  Lo primero que hizo fue probárselo, sobre la cama ya tenía toda la exposición de lencería que pensaba ponerse con el vestido según las ocasiones, me había pedido que el escote de la espalda fuera lo más bajo posible porque tenía un sujetador ideal para ese escote pero al ver el que le había hecho, se probó uno que le pareció adecuado, yo estaba frente a ella admirando los cambios de lencería.

                                                  Merche no era una mujer tímida precisamente y no me privaba de la visión de su figura, sabía que tenía un cuerpo precioso y quería lucirlo y más si se lo reconocían.

  • Este modelo de sujetador es precioso, no se ven por estos pueblos.
  • No, me los manda una amiga que vive en Madrid, tiene una tienda de lencería y cuando le muestran los catálogos me encarga lo más provocativos, ya conoce mis gustos y sabe mi talla.
  • Ya he visto que tiene una bonita colección, pensé que se los mandaba su hermana desde Paris.
  • Eeeeh… pues no, sí que me gustaría pero son más caros que aquí.

                                                  Ya no pude contenerme y estaba decidido a terminar con aquella farsa y le quité el sujetador de un tirón, ella no comprendía y por eso no se dio cuenta de que, de un empujón, la había echado sobre la cama aplastando aquellos sujetadores tan delicados, con un pie le separé las piernas y me puse detrás de ella.

  • Merche, no tengo costumbre de tratar así a las mujeres decentes pero tú me has demostrado que tienes muy poco de eso, compadezco a tu marido, un hombre que trabaja de sol a sol para que tú y tu hija organicéis orgias con cualquiera que pase, las dos tenéis un cuerpo precioso pero eso no os da licencia para que folléis juntas o en separado a vuestro capricho y menos manejando a vuestro antojo a los hombres y menos a mí, ahora te voy a follar, sí, te voy a follar a mi gusto, es más vamos a follar los tres porque tu hija también tiene que participar, os vais a repartir mi polla pero les voy a dar a las dos la misma medicina, así que prepárate.
  • ¿Qué dices insensato?
  • Ya lo verás… ¡ASUN!

                                                  La hija vino enseguida, seguramente estaba esperando de un momento a otro asomar la nariz por allí pero no podía creer que su madre ya estaba siendo enculada, lo hice con rabia, Merche lloriqueaba porque le había desgarrado el ano, no podía creer que le estuviera pasando esto a ella, acostumbrada a que los hombres se rindieran a sus pies ahora era yo, un muchacho imberbe, quien le había plantado cara y sin mediar ningún preámbulo le había partido el culo sin miramientos.

  • ¡Hija quítame este monstruo de encima, me va a matar!
  • Ni lo pienses, tú Asun eres tan cómplice como tu madre, viniste a mi casa como una inocente damisela y te faltó tiempo para organizar con tu madre el numerito del teléfono y la hermana invisible, ahora te toca compartir así que ponte delante de tu madre porque te va a comer el coño a la vez que le follo este culo tan apetitoso.
  • Es que yo… no creas que yo le dije nada…
  • No te creo, ahora todo son caras de buena chica pero ya veremos, también tengo planes para ti. -PLAS-

                                                  Le di una palmada a su madre que Asun sintió como si le hubiera dado a ella, no tardó nada en quitarse el pantaloncito que llevaba y la camiseta y sentarse frente a su madre, ésta se resistía pero una serie de palmadas en el culo -plas, plas- la convencieron de que aquello iba en serio aunque aún titubeaba con el coño de su hija en las narices y la obligué dándole una metida en el culo que le aplastó la nariz entre los labios de la chica.  No paré de clavarle la polla, en un principio las dos estaban cortadas pero fueron comprendiendo que iba en serio.

                                                  Asun fue la primera que aceptó el castigo porque su madre le estaba comiendo el coño con una devoción desmedida, yo la animaba a no perder el interés, moviéndome sin cesar y vi cómo cogía a su hija de su cadera y la apretaba contra ella.  La chica se echó hacia atrás porque le estaba dando un placer brutal y se corrió en su boca, la madre intentó evitar la oleada de flujo que salió del coño pero Asun ya había perdido la vergüenza y le sujetó la cabeza para que no se alejara y siguiera lamiéndola, gritó escandalosamente cogida al pelo de su madre que con brazos y piernas intentaba zafarse de mí y de su hija pero no pudo y seguí bombeando entre sus nalgas coloradas.

  • Hija, deja que me mueva, no puedo respirar, me ahogo con tu flujo.
  • No mamá, me das mucho gusto y me he corrido como nunca, comes el coño como nadie.
  • No seas así, soy tu madre, no me digas eso.
  • Es cierto y me voy a correr otra vez.
  • Nooo, Carlos por favor déjame ya, no puedo aguantar el dolor, me partes el culo.
  • No voy a parar, sólo te mereces que te traten como a una puta.
  • ¡Oooh maldita sea Carlos!, no siento las piernas pero me está dando gusto aunque tienes una polla que mata y te lleva a la gloria, sigue follándome aunque llore.
  • Eso quisieras, ahora le toca a Asun.
  • ¿Yo, por qué yo, qué me vas a hacer?
  • Imagínatelo, ¿no sois iguales, no compartir los mejores bocados? ¡ponte de cuatro y cómele el coño a tu querida madre, y no pares hasta que se corra como una loca!
  • ¿Y tú que me vas a hacer?
  • Tu culo es tan bueno como el de tu madre, por lo tanto te lo voy a llenar de carne como a ella.
  • ¡No por favor!, mi madre está más acostumbrada que yo, sigue con ella.
  • Jajaja, que fácil es echarle a tu madre la culpa, no te acordaste que eras una jovencita cuando me viste la polla y se lo contaste, ahora vas a probar su medicina.

                                                  La chiquilla estaba asustada al ver mi polla roja del rozamiento que le había dado al esfínter de Merche pero la puse en cuatro y su madre se colocó delante de ella, ya estaba resignada y quería evitar males mayores.  Al penetrarla el grito se oyó en toda la casa y su madre se acercó para que no siguiera gritando, le aplicó el coño como un bozal y se debatía al notar cómo le taladraba el culo, gemía de dolor suplicando que la dejara y a su madre que la soltara pero ninguno de los dos hacíamos caso.  

                                                  Merche se corrió y Asun fue la que bebió toda la oleada de flujo espumoso, cuando se repuso se acercó a su hija que seguía recibiendo mi polla y la acarició intentando consolarla, no quise correrme porque tenía mi arma secreta preparada y me puse el condón estriado.  A Merche le pareció un arma letal y me esquivó todo lo que pudo pero caí sobre ella y aunque juntaba las piernas para evitarme le mordí un pezón y se estuvo quieta, entré como una locomotora y ella gimió, no era de dolor, le entraba y le abría la vagina pero a la vez le proporcionaba un gusto que la elevaba.

  • Sí Carlos, si eso sí que me gusta, métela hasta adentro.
  • Te voy a follar hasta que me pidas perdón.
  • Sííí, Carlos lo que quieras pero no pares.
  • Te advierto que si quieres que te folle siempre, te la meteré primero como hoy.
  • Lo que mandes, vale la pena el sufrimiento del culo, esta polla me llena y me va hacer correr…  ¿Dónde estás hija?
  • A tu lado mamá, casi no me puedo mover.
  • ¡Cómeme las tetas Asun, te lo suplico, lo necesito!

                                                  La chica reptó por la cama y se apoderó de una teta de su madre pero ésta le ofrecía las dos juntas, se las chupó ávidamente hasta que su madre explotó gritando.

  • Sí Carlos sí, hazme lo que quieras pero quiero ser tuya siempre.
  • Fíjate lo que dices porque lo vas a ser, vas a ser mi puta.
  • Lo que quieras Carlos pero no me dejes ahora.

                                                  No me cambié siquiera de condón y al ver a Asun mamarle las tetas me acerqué y le levanté una pierna, de lado le metí la polla forrada y la chica gimió lastimosamente.

  • No te preocupes hija es sólo un momento de dolor pero luego te inundará una ola de placer inmensa.
  • Sí mamá ya me llega, es una oleada de gusto, me voy a correr mamá.
  • Espera te voy a comer las tetas y verás…

                                                  Le pagó con la misma moneda a su hija y la chica probó las mieles del placer, yo dudé y me iba a correr dentro de Asun pero aproveché el condón y les hice poner una sobre la otra, tuve los culos y los coños de las dos a mi disposición y no lo dudé cerré los ojos y empujé.  Mi polla entraba en un agujero u otro sin distinción, las dos gemían y gritaban por igual pidiendo que no parara que se iban a correr, les estaba llevando al cielo a las dos, que con las tetas pegadas y aplastadas se besaban, les hacía abrir las piernas y ellas me complacían con sumisión.

                                                  Ya no se quejaban si les entraba por el culo o por la vagina, estaban en un estado de excitación que no querían terminar pero mi idea era correrme sobre las dos y las hice tumbar en la sábana con las caras pegadas, les pasé el capullo de una boca a la otra, ellas pugnaban por poseerla pero al notar que me iba a correr quise regarles a las dos por igual y esperé a que con las manos me hicieran una paja monumental llenándoles los ojos, el pelo y las mejillas de leche, lo que les cayo certeramente en la boca lo saborearon relamiéndose los labios para después quitárselo la una a la otra los restos que habían caído afuera.

                                                  Era una imagen perfecta, las dos mujeres habían gritado tanto por los dolores como por los placeres y ahora rogaban porque no terminara todo allí, quería que siguiera en el tiempo, me prometieron  que estarían siempre dispuestas para mí tanto la una como la otra, en solitario o en conjunto, las dejé sobre la cama esparcidas llenas de semen y con los orificios rojos de irritación, tengo que reconocer que mi polla también parecía una rosa pero salí contento de aquella casa, en adelante tendría más cuidado en mis relaciones.

                                                  Ya más tranquilo moralmente y con el dinero cobrado por mi trabajo me fui pensando en que tendría que comenzar a “marcar las pautas” para que no se aprovecharan de mí, aún con inexperiencia, me daba cuenta que no dejaría que me usaran o usaran “lo mío” como quisieran y a voluntad. 

                                                  En la cena estuvimos casi todos en silencio, mi madre fue la última en sentarse tenía mucho trabajo con el cuidado de la ropa de todos y se notaba agotada, fue la primera en despedirse y en irse a dormir, mis primas que tenían que madrugar para ir al colegio no tardaron mucho y mi abuela tampoco, cuando se despidió pasó por mi lado y me pasó la mano por la cabeza, era la que mejor me conocía y me apoyaba.

                                                  Dormí bastante mal, la tarde con Merche y su hija no me habían dejado buen sabor de boca, me gustaba más la dulzura de Cintia y su madre, pese a la preñez que le crecía por momento eran más cariñosas y sobre todo nada interesadas, al poco rato me venció el sueño mientras pensaba en los trabajos que tenía pendientes.

                                                  Por la mañana llamé a la señora Francisca, tenía ganas de hablar conmigo, le picaba la curiosidad por saber el resultado de la visita a su recomendada, yo también tenía ganas de pasar una tarde con ella, ya hacía mucho tiempo y no quería perder el contacto con mi mecenas, en su casa me recibió muy cariñosamente, en la misma puerta me abrazó y me besó apretando su cuerpo con el mío, eso produjo el efecto deseado por los dos y cuando íbamos por el pasillo ya le había masajeado el culo, la señora fingió sentirse ofendida pero al llegar al salón le rodeé con mis brazos por detrás y le besé el cuello. 

                                                  Quedó inmovilizada mientras mis manos soltaban los botones del vestido, no nos habíamos sentado aún cuando ya tenía medio cuerpo desnudo, ella protestaba decía que era demasiado impetuoso pero al notar por detrás mi polla entre sus muslos, se volvió hacia el sofá y se arrodilló en el asiento poniendo la cabeza sobre el respaldo.  Le pasé la polla entre las nalgas a la vez que ella mojaba sus dedos con saliva y humedecía los labios para que penetrara mejor, no habíamos intercambiado ni un saludo formal y ya estábamos follando desesperadamente.

  • Mmm, que maravilla Carlos, cuánto tiempo esperando este momento, esperaba tus besos y tus caricias pero me demuestras que has crecido y que vas al grano, te gusta tomar lo que es tuyo y eso me encanta, fóllame y luego hablamos.
  • Esa era mi intención, luego hablamos.

 

                                                  Le cogí las caderas y no dejé de clavarle la polla hasta que se estremeció y apoyada sobre los brazos en el respaldo se corrió, arqueaba la cintura para que le metiera más y más hondo la polla y con las piernas totalmente separadas me dediqué a satisfacerla, no había descansado del orgasmo cuando le escupí en el culo y le metí el glande, gimió como si le abriera en canal pero no le sirvió de nada me hundí en ella abrazado a su cintura, con la falda sobre los riñones le cogí las tetas que colgaban y la follé como un perro de salida, coincidimos los dos en corrernos, la mujer estaba encharcada de flujo y el semen acabó de lubricarla, al sacarla el sofá se manchó de leche y jugos vaginales.

  • ¡Aaaah!  Ahora, por el momento estoy saciada, ya puedes contarme cómo te fue con la señora que te mandé.

                                                  Le iba a comenzar a contar todo pero antes, con seriedad, le pregunté por qué quería saber de ellas pues yo no tenía por costumbre eso de andar contando lo que hacía, no me parecía que así debía proceder un hombre y tampoco nadie se enteraba lo que hacía con ella.  Me felicitó y me agradeció por eso y me dijo que no esperaba menos de mí.  Después me explicó que era por morbo, que se calentaba cuando recordaba lo que yo le contaba y que siempre “caía” algún que otro dedo cuando no me tenía cerca pero jamás le diría nada de lo que yo le contara a otra persona.

                                                   Me dijo que le gustaba notar que, a pesar de mi físico chico, yo estaba adquiriendo una personalidad fuerte y dominante, que a las mujeres eso las ponía más que una polla grande.

  • Es más, si quieres me cuentas de las que quieras o eliges a quien tomarle medidas, lo único que te pido es que no me faltes, necesito alguna que otra tarde contigo.
  • Eso ya es otra cosa, sólo quería advertirle que no me gusta ser marioneta de nadie aunque la respeto mucho, yo soy yo y nadie más.
  • Me encanta oírte hablar así, no puedo estar más de acuerdo contigo, eres muy discreto pero por favor sigue, sigue contando…
  • ¿La señora?… sí… resulta que en un principio me sorprendió y no paró de asombrarme, salió con que no quería un vestido para ella, quería una sotana para el cura que resultó ser su hermano, yo, mirando por usted, transigí y dado que me había traído la sotana vieja pude copiar el patrón, así no tuve que tomarle medidas al cura pero ella resultó ser una mujer irascible y después de abofetearme pude darle su merecido, aunque me quedé corto porque su hermano, que ya el día anterior nos había visto, se “curó” de repente y sacando una polla enorme de la sotana folló a su hermana delante de mí, incluso me invitó a compartirla, a partir de ahí que yo sepa duermen juntos.
  • Jajaja,  tengo que pedirte perdón y a la vez agradecerte que me hayas contado todo, te confieso que estaba enterada a medias de esto, sabía que era la hermana del cura y que tenía un carácter… especial pero el resto ha sido la mayor sorpresa que me has dado y te felicito porque…

 

                                                  Estábamos desnudos en el sofá y sonó el timbre de la puerta, me asusté y busqué la ropa para vestirme pero Francisca no tenía intención de ser molestada y no abrió pero ante la insistencia se cubrió con el vestido y salió a abrir, yo me vestí lo justo y cuando entraban por el pasillo reconocí la voz de Juana la hermana del cura, las dos venían hablando animadamente cuando entraron en el salón, al verme Juana se sorprendió pero Francisca la tranquilizó totalmente aunque a mí me dejó frío.

  • Mira Juana que visita más interesante tengo, ¿te acuerdas de Carlos?
  • Claro querida, ¿cómo no me iba a acordar?

                                                  Al mismo tiempo se daban un beso en la boca que me tuve que apoyar en una silla y no fue un beso de cortesía, fue un morreo en toda regla.

  • Jajaja, lo siento Carlos pero no te había dicho nada todavía, esperaba comentártelo más “suavemente” en un rato.  Como sabes me encanta follar contigo, tienes todo lo que hay que tener para hacer feliz a una mujer pero el sexo con una mujer no es nada despreciable y Juana y yo… ya sabes… nos llevamos muy bien.  Ella no había probado ningún hombre y yo le insistí y la convencí para que le enseñaras lo que es bueno, por eso su reacción violenta al principio, de la que está profundamente arrepentida, luego le enseñaste lo que se había perdido estos años y como remate descubrió que su hermano la “colmó” de polla, ahora folla con él pero no ha renunciado a nuestra amistad y seguimos queriéndonos y gozando de la dulzura del cuerpo femenino.

                                                  No me lo podía creer, yo que la había doblegado, incluso con su hermano la habíamos penetrado los dos a la vez y fue sólo para probar cómo follaba, me indigné pero lo tomé como otra lección y renuncié a follarlas a las dos cuando Francisca me lo propuso,

  • Lo siento Francisca, agradezco el ofrecimiento pero es muy difícil follar a la vez a dos damas como ustedes, me han pillado cansado con lo que hemos hecho antes y si me excusan me voy a marchar.
  • Te noto contrariado y lo entiendo, en parte ha sido una prueba para que en el futuro te sirva de experiencia y te voy a compensar, toma esta nota tienes la dirección y la hora, en ella encontrarás a una persona que he citado para un nuevo vestido y te aseguro que no te arrepentirás.
  • No quisiera más sorpresas Francisca, no quiero que piense que por su influencia para que estudie mi carrera voy a estar siempre ligado a usted haciendo sus experimentos sexuales, yo también tengo mi orgullo y mi corazoncito.
  • Jajaja, me gustas Carlos, vas creciendo en todos los sentidos y te aseguro que ya no habrá más sorpresas pero por favor hazme caso y acude a la cita.

                                                  Llegué a casa enfadado conmigo mismo pero después de darme una ducha larga se me aclararon las ideas, comprendí que en la vida iba a conocer a muchas personas y debía verlas venir desde la distancia.  Francisca me estaba dando realmente una serie de aprendizajes y me fui adormir después de tomar una ligera cena.  La familia me miraba preocupada pero como yo no decía nada respetaron mi silencio, mi madre parecía triste como siempre y mi abuela ansiosa por saber que me pasaba, de mi tía no dudaba lo que quería y mis primas más o menos esperaban mi visita a su habitación.

                                                  Me costó dormir pero al final caí en un sueño intranquilo, me desperté inquieto a mitad de la noche, no había forma de volver a dormir y me levanté para ir al baño, al pasar por la habitación de mi madre abrí un poco y me asomé, estaba tapada hasta el cuello de lado al borde de la cama, pasé de puntilla y a la leve luz de la calle admiré su rostro, tan callada trabajadora y tan buena madre, me acerqué y le di un beso en la frente, ella se giró un poco, me pareció que abría los labios y que estaba soñando, la volví a besar, sólo un roce en sus labios pero ella los abrió más esperando otro. 

                                                  Apoyé mi boca en la suya y suspiró, indudablemente estaba soñando, se le notaban los ojos moviéndose debajo de los parpados cerrados y se destapó un poco, lo suficiente para dejar un hombro al descubierto, mi curiosidad me movió para ir descendiendo un poco más hasta ver el tirante del camisón, tiré de él y pude ver el pecho que nacía y descansaba sobre el otro, mi curiosidad ya no era tal, ahora quería ver más y más y fui bajando la prenda hasta dejarle la teta a la vista. 

                                                  Estaba en una posición difícil pero mojé los dedos con saliva y acaricié el pezón, el efecto fue inmediato y se giró boca arriba, ahora la teta salía libre hacia un lado y ya pude besarla directamente, el pezón y la areola aumentaron de volumen y por el rabillo del ojo vi como el otro lo imitaba.  Con cuidado lo saqué y mi madre suspiró, las piernas las tenía medio cruzadas pero se las separé con cuidado, el camisón era corto y no tardé en subirlo a la cintura, las bragas eran un inconveniente pero las hice a un lado y fui dándole besos entre los muslos. 

                                                  Ella iba separando las piernas mientras rumoreaba palabras ininteligibles y cuando pude me arrodillé entre sus muslos y le besé la ingle, levanté él camisón, con dos dedos separé el elástico de la braga y fui bajándola hasta que la saqué por los pies, mi madre debió sentir la libertad por lo que la oprimía y terminó de separar la piernas, con las rodillas y los codos fui reptando sobre el cuerpo durmiente, no la llegué a rozar y al llegar a su boca volví a besarla, me abrazó y me devolvió el beso pero en un momento abrió los ojos, estuvo un instante intentando comprender.

  • Carlos, ¡oh Carlos!, ¿eres tú de verdad?, estaba soñando contigo, me estabas haciendo el amor y era tan real que hasta sentía tus besos.
  • Me alegro, lo he notado.
  • Ha sido un sueño maravilloso,  estaba contigo en la cama como ahora, me hacías el amor muy dulcemente y te abrazaba como te estoy abrazando ahora mismo, sentí que mis pezones se endurecían, mi sexo se mojaba y deseaba tus caricias sin saber que realmente me las dabas y al abrir los ojos te he visto, me has besado como a una amante y sólo deseo que sigas amándome, déjate caer sobre mí, mi cuerpo está ansioso por recibirte, lléname y hazme gozar como una mujer feliz.
  • Gracias Teresa, he dudado en despertarte, sabía que estabas soñando y no quería interrumpir el sueño, notaba que estabas amando y sólo me atreví a tocarte los pechos pero cuando te vi los pezones duros no pude contenerme y te los besé.
  • Si, noté cómo se endurecían los dos y los labios de mi coño también reaccionaron pero me faltaba algo, esperaba de un momento a otro que entraras en mí y la dulzura de tu beso me despertó.
  • Sólo fue un preámbulo, ahora es cuando voy a ser tuyo.
  • Sí, te espero con ardor, estoy tan lubricada que no hace falta más, déjate caer y húndete totalmente en mí.

 

                                                  Mi madre había echado toda la carne en el asador, había abierto las piernas plegándolas un poco y elevaba un poco el culo para que coincidiera con mi polla que ya le apuntaba directa entre los labios, ella misma me buscó y nos encontramos, los dos estábamos impacientes por tenernos el uno al otro y nos fundimos en un abrazo que pegó los pubis de un sólo golpe.  Dio un gemido profundo y yo un suspiro que me salió del alma, nos costó un momento reaccionar, queríamos sentir ese contacto íntimo profundo y caliente, ella notaba las palpitaciones de mi capullo y yo las contracciones de su vagina.  

                                                  No sé cuál de los dos fue el primero pero en el siguiente beso nuestros cuerpos empezaron a moverse al unísono, mis manos acudieron a sus tetas y las suyas a mi nuca, acariciándome el pelo y pegando mis labios contra los suyos, las caderas de ambos se contorneaban buscando la máxima sensibilidad y no hizo falta más caricias, una sola palabra desencadenó una explosión de placer, mi madre con una mezcla de susurro, de un ruego y un deseo profundo me dijo.

  • ¡Carlos, córrete conmigo!

 

                                                  Me hundí entre sus piernas y ella me rodeó con las suyas, los temblores, espasmos y latigazos fueron mutuos y no sabíamos a quien le pertenecían pero los gozamos al máximo, no dijimos ninguna palabra, no hacía falta, la comunión de espíritus era total y la mezcla de fluidos ayudó a que fuera tan agitado y a la vez tan dulce que quedamos extenuados, el orgasmo de mi madre fue más largo y el mío más intenso pero no por eso nos separamos, quedamos así hasta quedar completamente relajados.

                                                  Caí al lado de Teresa, ella se había quitado el camisón cuando me dejé caer sobre ella y estaba sudada igual que yo, el fresco de la noche nos apaciguaba sobre todo las zonas más húmedas, por su coño manaba semen y flujo y de mi polla goteaba leche residual y el jugo que llegaba hasta los huevos.

  • Teresa ¿qué te pasa?  A mí me lo puedes decir, ya lo sabes.
  • ¿Qué quieres que te diga Carlos, no te lo imaginas?
  • Sí, creo que lo sé yo también estoy preocupado y apenado.
  • No debes estarlo, ya eres un hombre, en poco tiempo has crecido y no sólo físicamente ahora piensas como un hombre y actúas igual, no creas que porque no te digo nada no me doy cuenta de muchas cosas pero creo que son necesarias para tu formación, estoy triste porque pronto te vas a alejar de nosotros, nos vamos a quedar desamparadas porque tú eres el hombre de la casa y, aunque parezcamos que nos bastamos y sobramos para todo, el saber que estás nos da ánimos.
  • Pero Teresa, yo estaré siempre cerca y para cualquier cosa me tendréis con vosotras.
  • Ya lo sé pero tú debes seguir tu camino, el pueblo te queda pequeño y debes volar y vivir tu vida, sólo te pido que no te pierdas por malos caminos, estoy convencida que se te presentarán retos duros y difíciles pero te hemos educado entre todas para que te manejes en situaciones complicadas.
  • Eso espero, ya sabes que no tengo estudios y me da miedo la gran ciudad.
  • Por eso no te acomplejes, la educación que tienes y lo que sabes de la vida vale mucho más que mil diplomas, tu abuela, tu tía y yo te hemos enseñado lo que creemos que debías saber y nos lo has demostrado con creces y a tus primas las has tratado con mucha delicadeza y responsabilidad.
  • ¡Mamá!  ¿Qué quieres decir?
  • Que tu madre no ha salido del pueblo pero no está ciega ni sorda y sin entrar en detalles sé lo que ha pasado entre éstas cuatro paredes y te confieso que no me ha sabido mal, todo ha sido por tu bien.
  • Gracias mamá, me has quitado un peso de encima, ahora que sé esto, ¿te puedo pedir un deseo?
  • Claro Carlos, lo que quieras, me gustará complacerte, ya sabes que soy tu Teresa.
  • ¿Cómo lo has adivinado?
  • Porque soy tu madre y tu amante Carlos, ¿quieres follarme otra vez, verdad?
  • Sí, Teresa.
  • Estaba esperando que me lo pidieras, yo también te deseo.

 

                                                  Fue el sexo mejor que he tenido, creo que en este momento se unió la ternura de mi madre y la mía además de la ganas de follar de los dos, de darnos placer el uno al otro sin tabúes, como dos amantes que acaban de descubrir sus cartas y no tienen secretos ni recelos ocultos.  Teresa se me ofrecía para que yo gozara lo más y mejor posible con ella y a la vez yo hacía lo mismo, tomaba lo que ella me daba y ella agradecía mi total entrega.

                                                  Ya no acordábamos posturas sexuales, era un movimiento continuo buscando cada zona erógena donde acariciar, besar, lamer o penetrar y ya no contábamos los orgasmos, ni las eyaculaciones, no nos conteníamos, ni nos avisábamos, fue una maratón de amor sexual, ya clareaba el día cuando caímos rendidos.

  • Carlos siempre recordaré este momento, así no será tan dura tu ausencia cuando te vayas.
  • Y para mí no habrán momentos de soledad, recordándote a ti será como vivirlo cada vez.

                                                  Nos besamos abrazados y con los ojos húmedos nos despedimos, ya estaba amanecido y mi tía en cualquier momento aparecería por la cocina.

                                                  El día que me indicaba la nota de Francisca acudí con cierta reserva, era una casa del pueblo en la que nunca me había fijado pero cuando llamé me encontré con una chica joven, su cara me era conocida pero no la situaba, cometí el error de preguntar si estaba la señora, dando por hecho que la chica sería la criada u otra persona pero cuando me llamó por mi nombre me quedé extrañado.

  • Hola Carlos, soy Ana, veo que no me recuerdas aunque me conoces, reconozco que no te habría reconocido tampoco por el cambio que has dado pero pasa y hablamos.
  • Gracias señorita Ana pero no caigo, me parece conocerla y confieso que soy muy mal fisonomista.
  • Me has visto varias veces y si te digo quien es mi marido lo sabrás seguro.
  • ¿Su marido?  ¡Si es usted muy joven!
  • Mmm, gracias Carlos, muy amable, no soy muy mayor lo reconozco, soy bastante más joven que mi marido lo que ocurre que no suelo salir mucho a la calle, mi marido es el médico del pueblo.
  • ¿Don Cayo?, claro que lo conozco, siempre me ha curado él de mis múltiples enfermedades pero…  Don Cayo es muy mayor y usted…
  • Eso es, yo soy… más joven y aquí reside el problema, soy amiga de la señora Francisca y me ha hablado de ti, conoce mi situación y cree que eres la persona que puede ayudarme, sé que eres muy discreto y eso para mí es vital y además tienes otras virtudes que para mí son muy importantes.
  • Bueno, es cierto que soy discreto, fue lo primero que me recomendó doña Francisca y mis habilidades no son tantas, me gusta la costura y pretendo aprender cada día por eso voy vistiendo a las señoras del pueblo y a la vez que aprendo me preparo para ir a una academia de Madrid.
  • Sí, algo de eso me ha contado, por el momento me gustaría que me hicieses un vestido, te prometo que no te arrepentirás.
  • Bien pues empecemos por tomar medidas.

                                                  Vestía con sencillez pero con elegancia en el salón de la casa saqué mis artículos de costura, primero el metro y libreta de notas, desde el primer momento noté una total disposición para facilitarme las cosas, pese a su juventud no tenía los reparos de las mayores y cualquier postura de brazos o piernas que le pedía para pasar la cinta métrica ella la adoptaba sin dudar.  

                                                  Como señora del médico no la recordaba, en alguna ocasión había aparecido por la consulta cuando yo había ido pero con la preocupación que llevaba no me había fijado nunca, ahora si porque la tenía pegada a mí, era pelirroja y olía muy bien, cuando le tomé la medida de hombros vi la cantidad de pecas que le nacían desde el cuello y aumentaban por la espalda, al pasar las manos sobre la blusa fina que llevaba no mejoró la visión pues en el pecho todavía tenía más y, al ver que mi mirada se asomaba al escote, el rubor que le dio hizo encender sus las mejillas y el pecho.

  • Lo siento señora Ana, no he querido molestarle.
  • ¿Qué, no habías visto a una pelirroja nunca?
  • Nunca, lo confieso y siempre he tenido curiosidad.
  • Pues somos como todas las demás mujeres excepto en esto.

 

                                                  La señora abrió los botones de la blusa y vi el nacimiento de las tetas, las pecas aumentaban en cantidad y en color, yo sin querer violentarla me asomé y vi que entre las dos tetas se concentraban las pecas y la oscuridad.

  • ¿Qué te parece Carlos, te gustan mis pecas?
  • Me encantan, me mareo sólo de verlas desaparecer en la profundidad de su escote.
  • Jajaja, nunca me habían dicho algo así, te voy a hacer un regalo.

                                                  La chica terminó de desabrocharse la blusa, el sujetador era negro y aún resaltaba más la blanca piel con la nube de pecas cada vez más abundantes.

  • Te gustan más así.
  • Mucho más pero permítame que le haga yo otro regalo, señora Ana.
  • Por favor no me llames señora, simplemente Ana.
  • Ana te voy a hacer un regalo y espero que lo recibas como lo que es.
  • Me hará ilusión.

                                                  Yo estaba en una tensión total y mis pensamientos ya no regían con sensatez, además estaba un poco desestabilizado por lo que había vivido con la señora Francisca y Juana y me decidí sin pensar.  Con las manos cogí los tirantes del sujetador negro y los bajé haciendo que las copas fueran arrastradas hasta el estómago de la pelirroja.  No sé la expresión que hizo porque no pude mirarla a los ojos, mi mirada se centró en sus dos tetas puntiagudas, llenas de pecas como salpicadas de azafrán y unos pezones naranja también en punta que estaban coronados por unas puntas rugosas, la chica me miraba sonriente esperando mi reacción, lo interpreté como una aceptación y me lancé a chuparlos. 

                                                  En un principio hizo mención de evitarme pero al notar mi boca aspirar aquellas puntas naranjas cedió toda su resistencia  me abrazó la cabeza, mi boca acudía a uno y al otro con avaricia y ella me tenía que contener porque le hacía daño a veces, su mano me buscó la polla y la cogió sobre el pantalón.

  • Dios mío, Francisca no me ha engañado.
  • ¿Qué dices Ana?
  • Nada Carlos, sigue comiéndome las tetas pero deja que saque esta maravilla que acabo de descubrir.

                                                  La chica pelirroja, buscó ávidamente y me sacó la polla a estirones hasta tenerla entre sus manos, la descapulló y la besó todo a lo largo, lo hizo varias veces de arriba abajo y cuando se centró en el capullo lamió y relamió el frenillo hasta que mi glande brilló con un tono rojizo, luego lo engulló.  Yo ya no me conformaba con las tetas, ahora ya no eran color calabaza, tenían ronchas moradas de los lametones que les había dado y le aflojé la falda, en el estómago estaba el sujetador negro y lo solté, las bragas negras también contrastaban con el vientre pecoso y los muslos, quise ver más y me llevé la grata sorpresa de que el vello púbico era también del mismo color que su melena. 

                                                  Hundí mi cara entre el vello y debajo de él encontré los labios mojados, los lamí hasta separar en dos la mata de vello, el clítoris en una zona rosa pálida destacaba arrugado,  lamí y con la lengua levanté el prepucio hasta sacarle la pepita brillante, la chica gemía con la boca llena, no quería por nada del mundo soltarme, ni para respirar, mis dedos se hundieron uno en cada agujero, ella no estaba acostumbrada por el de atrás y dio un salto para evitarlo pero ante mi insistencia y la saliva me dejó hacer.

                                                  Con un dedo en el coño y otro en el culo y dos sujetándole el clítoris erguido y la lengua pulsándole la pepita rosa se corrió, la casa sonaba vacía, en el sofá gemía y se retorcía sin soltar mi polla en la boca y quise compensar su devoción, no le avisé pero acusó las oleadas de semen que le llenaban la garganta hasta que no tuve más que darle.  Seguía sacudida por sus espasmos hasta que le saqué los dedos de sus agujeros, quedé sentado en el sofá, ella con la cabeza sobre mi regazo acostada en el asiento, a la vez que le acariciaba suavemente las tetas, la chica, sobre su cabeza, alcanzaba mi polla manteniéndola erecta.

  • Ha sido mejor de lo que esperaba.
  • Me alegro, tú también te has portado bien sabes follar y tienes un cuerpo de infarto, estoy admirado de lo joven que eres.
  • Sí, tengo 32 años, me casé con el doctor porque era una manera de asegurarme la vida, aquí no hay salidas para nada, yo fui su enfermera un tiempo hasta que me fui a la ciudad, trabajé en algún hospital pero no hacía más que lavar culos a viejos y volví con el doctor.  Le hacía falta y me propuso ser su ayudante, Cayo casi no ve y yo suplía su deficiencia.  Me propuso que nos casáramos, me advirtió que en la cama no podía esperar mucho de él, aunque jamás pensé que fuera tanto y he sufrido en silencio la falta de sexo.  Me uní a las mujeres que se reúnen y la señora Francisca me demostró amistad y comprensión, le conté un poco mi problema pero hasta la semana pasada no me dijo que tenía la solución.
  • Pero yo no soy “la solución” de nadie, soy un modisto que quiero aprender y coser y hacerme un futuro en la ciudad.
  • También lo sé por eso quería conocerte, quería saber si era verdad lo que me decía o exageraba y la verdad se quedó corta, Carlos quiero que sigamos viéndonos, quiero que me folles siempre como hoy, haré lo que me digas pero no quiero perderte.
  • Ana, me halagas pero mi intención no es follarte “a pedido”, lo que ha pasado hoy es un impulso inesperado, tu eres una preciosidad de mujer pero no puedo ser un gigoló tuyo, tienes a tu marido y es una persona importante y respetada, si se corre la voz se hundirá mi carrera, tu vida se destruirá y tu marido perderá su respeto, ten en cuenta que esto es un pueblo pequeño, aquí se sabe todo, fíjate, si me ven seguido venir a tu casa cualquiera supondrá que no hemos venido a rezar el rosario precisamente.
  • No me subestimes Carlos, esta casa no es mía, es de una amiga y está desocupada mucho tiempo y además tengo muchos planes para nosotros.  Yo soy de Madrid, vine aquí esperando encontrar trabajo en un ambiente tranquilo y rural pero no he conseguido todo lo que buscaba, después de que me hayas hecho correr tan deliciosamente, he estado pensando, tengo un piso en Madrid, está en un barrio castizo, de gente trabajadora que no dan problemas, creo que podrás acomodarte allí, si quieres, estarías en el centro mismo a un paso de todo, no te cobraría nada, podrías ir a clase, coser, es grande con techos altos y bien conservado, podrías recibir a tus clientas, sólo quiero que cuando yo puede escaparme de aquí me acojas contigo, pido tener un lado en tu cama y paso un día de vez en cuando, no creo que sea mucho sacrificio para ti pero te necesito, quiero que me folles y me tengas saciada hasta que necesite de ti, te llamaría con cualquier clave para que supieras de mi y mientras tú, serías el Carlos que quieres.
  • ¿Y tu marido, te has olvidado de él?
  • No, nada de eso él siempre me ha dicho que debía alquilarlo por lo que fuera, sólo por mantenerlo abierto y ocupado para que no se arruine, sería la solución perfecta y además él te conoce, sabe de tu debilidad de salud y tu… inclinación sexual o eso cree, sería perfecto, ¿qué me dices?
  • No sé Ana, me viene tan de sopetón todo, por una parte me ilusiona, podría acelerar mis estudios, el hospedaje en una pensión para mí es un problema pues no tendría libertad para trabajar … pero por otra parte no me parece bien que me costees la estancia, es demasiado y me sentiría un mantenido a tu costa.
  • Por favor me ofendes, lo hago con todo el cariño aunque tengo que reconocer que un poco egoísta también pero si quieres puedes pagar tú los gastos, luz y agua, tu familia se sentirá bien y tu también y mi marido encantado y yo… no te digo cuanto.
  • ¿Y el doctor no sospechará de tus visitas a Madrid sabiendo que vienes a “mi” casa?
  • Cayo es muy inteligente, cuando nos casamos hablamos claro, yo tenía reticencias para hacerlo por su edad, como persona es excelente, no quería que sufriera por eso y él mismo me dijo que comprendía todo y aceptaría que tuviera mi espacio, podría ir a Madrid cuando quisiera, no pondría objeciones ni preguntas, mejor lejos que en el pueblo y seguro que contigo estará muy feliz.
  • Vale, me lo pensaré, se lo diré a mi familia, a mi madre sobre todo.

                                                  Mientras hablaba elocuentemente las manos de Ana masajeaban mi polla dándole golpecitos, a la vez mis manos recorrían sus tetas y se alargaban a su entrepierna que con las piernas cruzadas escondían el coño apretado, al pasar los dedos por los labios sus piernas se fueron separando hasta plegarlas, al notar mis dedos acariciar el clítoris otra vez se dio la vuelta y se apoyó con los codos en mis muslos y atrapó la polla con la boca, me dio una mamada hasta que me hizo escurrir en el sofá, se sentó sobre mí y apoyada en el brazo del sofá se penetró y saltó sin parar hasta que me corrí en ella, me di cuenta tarde pero ella me tranquilizó.

  • No te preocupes Carlos, estoy protegida, privilegio de la mujer del doctor, tomo la píldora.

                                                  Cuando salí de la vivienda me di cuenta que realmente estaba en un sitio discreto y casi todo deshabitado, me dirigí a mi casa con la cabeza llena de ideas de todo tipo, con los pro y los contra no sabía qué hacer, tendría que exponerlo a las mujeres de la familia.

Continuará.

Agradezco sus valoraciones y comentarios.

Gracias.                                


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