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Fecha: 15-Mar-19 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

Mi segundo amor 15

Bella15
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—Lo que te voy a contar, sucedió en mi época universitaria, cuando apenas tenía diecinueve años—expuse—En aquel entonces, tenía una novia con la que había planeado varias cosas a futuro —confesé. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Hola Hombre FX: No encuentro la manera de darte mi más sincera gratitud por leer cada capítulo que publico y por tus comentarios que son muy asertivos. Está de más decir que eres una de las personas que me ha seguido desde mis inicios y a pesar de los años, continuas siendo el primero en postearme. Realmente gracias, muchas gracias por continuar apoyándome.

PD: Es interesante que seas una persona extrovertida, realmente no me lo hubiese imaginado. Pero es fascinante. En cambio, tu escritora, le encanta escuchar la música independiente (esa que incluye todos los géneros existente) como dijo Silvia, suelo ser una persona curiosa, que disfruta los riesgos y es sumamente difícil que me quede quieta en algún lugar. Cuídate y hasta la siguiente entrega.

 

Capítulo 15-Mi turno

 

Alondra

El lugar a donde me había traído Jane era hermoso y paradisiaco, con una impresionante vegetación digna de admirar y especialmente la pureza de sus manantiales. Desde pequeña, había escuchado a mis padres hablar de este espacio turístico, un lugar al que siempre quise venir, pero no había podido.

Sin embargo, no esperaba conocer la cascada del vino en manos de Jane, cuando la vi en el conservatorio, no imagine que me traería al Parque Nacional Dirina. Tampoco sospeche que esa tarde, terminaría conociendo el motivo de su mirada triste y su temor a salir con alguien más. Era tanta la información que me había suministrado, que mi cabeza comenzó a dar vueltas, me sentí mareada y mi reacción para intentar calmar su dolor, fue darle un beso suave.

Un beso que al principio no fue correspondido, pero que de a poco tomo forma y pude sentir los labios de Jane envolviendo los míos. Ese beso me dejo sin aliento, había deseado besarla hace mucho tiempo y tenerla allí, frente a mí, me hizo imposible controlar mis deseos.

Jane era una mujer hermosa, una que había sufrido demasiado, pero que hoy gracias a su valentía, logré conocer su historia, también conocí ese lado sensible que escondía ante los demás, ese lado que me cautivo desde el primer día que la conocí.

No se por cuánto tiempo estuve besándola o en qué momento sus manos se enredaron en mi cabello para profundizar aquel beso, pero mi instinto me llevo a acariciar su costado. Cuando Jane se separó de mis labios, tuve la pequeña impresión que me abofetearía por ser tan atrevida, pero no fue así, en su lugar, me regalo una sonrisa tímida.

—Discúlpame, no debí ser tan impulsiva —dije apenada, al mismo tiempo que comencé a retirar mi mano sobre su mejilla.

—No te disculpes —dijo, sin dejar de mirarme.

Me regañe a mi misma por no controlar el impulso de besarla, sólo me deje llevar y no medí las consecuencias. Pero, sentir el suave tacto de sus labios, hizo que mi corazón dejara de latir por un instante. No había dejado de mirarme y sentí la necesidad de acariciar sus labios con mi pulgar, como expresándole que me dejara besarla de nuevo.

—¿Estás bien? —le pregunté, al perderme en su mirada profunda.

No obtuve ninguna respuesta de su parte, pero su mirada me lo decía todo. Acercó su rostro lentamente, hasta que sus labios se rozaron suavemente con los míos, depositando un tierno beso. Me asombré por ese exquisito y delicado beso, no imagine que ella tomaría la iniciativa de besarme, pero no quise pensar, sólo deje que ese gesto invadiera mis sentidos.

La mano que Jane tenía sobre mi mejilla, descendió por mi cuello y se deslizó por mi pecho con cierta dulzura que me erizó la piel. Cuando su mano se detuvo en mi abdomen, percibí como Jane se alejó lentamente de mis labios, dejándome un vacío en mi interior, pero indicándome que el deseo estaba latente.

Me quedé sumergida en su mirada, dejándome llevar por su lado tierno, por su sonrisa de medio lado y ese brillo que desprendía sus ojos. Era el momento adecuado para confesarle algo, para sincerarme tal como lo había hecho ella hace un instante.

—Ahora que me has escuchado, ¿Quieres seguir intentándolo? —me preguntó, mientras sus dedos jugaban con los míos.

—Por supuesto, quiero conquistarte, pero —dije, sin completar la frase.

—Pero —repitió.

—Quiero contarte algo —confesé.

—Cuando quise traerte a este lugar, no era con la intensión de que me contaras cosas de las que tal vez, no estés lista para hablar —me dijo.

Pude notar cierta incertidumbre en su mirada. La misma incertidumbre que yo tenía hace unos instantes cuando ella comenzó hablarme de su difunta esposa.

—Al igual que tú, lo necesito y quiero que entiendas que para mí tampoco es fácil salir con alguien—expuse—Si te soy sincera, no tengo idea del porque quiero arriesgarme contigo —aclaré.

—Alondra, no es necesario —insistió.

—Seré franca contigo, tal vez luego de mi confesión seas tú quien no desees verme —repetí sus mismas palabras.

—Está bien, pero quiero que dejes de beber. El clima no está a nuestro favor y puedes embriagarte muy rápido —me sugirió.

—De acuerdo —le devolví el vaso de ginebra.

Inhale una bocanada de aire para mantener un poco de autocontrol, repetí el proceso dos veces hasta que sentí que mi cuerpo estaba libre de tensión. Me aclare la garganta y comencé a relatar.  

—Lo que te voy a contar, sucedió en mi época universitaria, cuando apenas tenía diecinueve años—expuse—En aquel entonces, tenía una novia con la que había planeado varias cosas a futuro —confesé.

—Te engaño con tu mejor amiga —soltó de repente.

Su comentario y su gesto de preocupación, me hizo reír, no conocía ese lado espontáneo de Jane, pero me parecía tierno. Negué con un movimiento de cabeza para dar respuesta a su afirmación.

—¿Entonces? —frunció el ceño.

—Veras—entrelacé sus dedos con los míos para calmar su estado de ansiedad—Todo sucedió en una noche fría, cuando me aventure a ir a una discoteca con mi novia, bailamos, reímos y hasta nos metimos a un baño para hacer el amor —me sonroje por aquel recuerdo.

—¿La amaste mucho? —me preguntó.

—Sí, en su momento, pero nada dura para siempre —mis ojos se cristalizaron.

—Te comprendo—me dio un leve apretón de mano—¿Ella fue tu primer amor? —note cierta curiosidad en su voz.

—No —respondí.

—Disculpa por interrumpir —me regaló una sonrisa, como invitándome a que continuara con la historia.

—Cuando nuestros cuerpos se cansaron de bailar, la acompañe a su casa que estaba cerca de la discoteca—dije—El Uber que había pedido para regresar a mi hogar, nunca llegó, por lo que decidí ir hasta el paradero—mi cuerpo se tensó—En el trayecto, dos tipos me intersectaron de manera brusca y por un momento, pensé que me iban a robar, pero me equivoque, conocía a uno de ellos  —mi voz tembló.

—Espera —me interrumpió para darme un tierno beso en la frente, como si quisiera tranquilizarme.

Ese gesto no me lo esperaba, pero me dio el valor que necesitaba para continuar con mi historia. Me aferre más a su agarre y mis ojos se perdieron en algún punto del suelo.

—El tipo al que reconocí, era el padre de mi novia —sentí un nudo en la garganta

—Alondra, creo que es suficiente —dijo, al limpiar las lágrimas que recorrían mis mejillas.

—No, déjame continuar —supliqué.

—Me duele verte en ese estado, tú más que nadie sabe que hay cosas de la que es mejor no hablar —me dio un beso en las manos.

 —Lo sé —intenté tranquilizarme.

—Tomate el tiempo que necesites para continuar —me sugirió. Tal como si hubiese comprendido la necesidad que tenía de contarle esa aparte de mi vida.

—Cómo te había mencionado, aquel tipo resulto ser el padre de mi novia Zoe. Cuando le pregunte si todo estaba bien, él me dio una sonrisa que me puso la piel de gallina—mis mejillas estaban húmedas por las lágrimas que caían sin control—Quise huir, grite, di algunas patadas, recibí unos golpes de su parte, pero nada sirvió. Esa noche, me arrebataron una parte de mí, creando una cicatriz tangible en mi alma —sentí como Jane se acercó para abrazarme.

—Tranquila, ya pasó —me dijo, mientras yo me aferraba a ese abrazo como si no hubiese un mañana.

—Lo siento, no quería que me vieras así —limpie mis mejillas.

—Estamos a mano, me acabas de ver en la misma situación—sonrió—Ahora comprendo porque tu mirada también reflejaba cierta tristeza —manifestó, al mismo tiempo que me regalo una mirada tierna, como dándome a entender que me comprendía a la perfección.

—Podríamos decir que para mí fortuna, sólo ese tipo abuso de mí, mientras que su amigo vigilaba—mencioné—Cuando desperté, no sabía dónde estaba, pero reconocí que era un hospital por sus paredes blancas —aclaré.

—¿Pusiste la denuncia? —preguntó.

—Sí, aunque él lo negó, pero su ansiedad de poseerme, lo llevo a cometer un terrible error—expuse—El muy idiota, no uso protección y dejo su semen en mi interior —añadí.

—Dime que le dieron una condena a ese imbécil —manifestó con rabia.

—Pasaron dos meses entre el juicio y una serie de papeleos, hasta que le dieron su veredicto final. Pasaría veinte años en prisión, sin derecho a libertad condicional—comenté—Pensé que eso había sido lo peor, hasta que me entere que había quedado embarazada de ese infeliz —desvíe mi mirada. Por un momento, me sentí avergonzada.

—Entonces, Abigail es —no pudo completar la frase.

—Sí, ella es producto de esa violación—mis ojos coincidieron con los de ella—Jamás se lo he contado y puede que nunca encuentre el valor para hacerlo —dije con un hilo de voz

—¿Qué le has dicho a tu hija cuando pregunta por su padre? —indagó.

—La misma mentira que te dije a ti en aquel restaurante, que ella es producto de una inseminación artificial —contesté con cierta tristeza. Era una de las más grandes mentiras que le había dicho a mi hija, pero era por su bien, para no lastimarla, ni herir sus sentimientos.

—¿Tus padres como reaccionaron ante ese incidente? —expuso.

—Fue un duro golpe, mi padre estuvo a punto de matar a ese desgraciado y mi madre, se sintió muy culpable por lo que pasó —respondí.

—¿Qué te hizo querer tener a Abigail? —acarició mi mejilla.

Era evidente que Jane no comprendía el motivo por el que decidí llevar mi embarazo a término. Después de todo, ninguna mujer que es abusada sexualmente, desea tener a una criatura que le recuerde diariamente lo que le ocurrió. Y yo no fui la excepción, pues en varias ocasiones pensé en abortar y continuar con mi vida como si nada hubiese ocurrido.

—Bueno, no tienes que decirme si no deseas —sentí temor en sus palabras.

—Los primeros meses, fue sumamente difícil, llore miles de veces, maldije otras tantas, hasta quise suicidarme, pero el sentir como crecía y distinguir su diminuto cuerpo en la primera ecografía.  Comprendí que esa criatura no tenía la culpa de lo que me paso—mencioné—Sin embargo, nada de eso hubiese tenido sentido, sin la ayuda de mis padres y las visitas periódicas al psicólogo —añadí.

 —Te admiro Alondra —me acarició la mejilla.

—¿Crees que deba decirle a mi hija sobre su origen? —quería conocer su opinión.

—No lo sé, pero cuando decidas hacerlo, puedes contar conmigo —manifestó.

—Gracias, sería de gran ayuda —deposite un beso en su mano.

—Por cierto, ¿Qué paso con tu novia? —inquirió.

—Lo que era de esperarse, Zoe no me creyó—dije—Tampoco le importo lo que me había sucedido, ni nuestro planes a futuro, simplemente decidió terminar nuestra relación —confesé.

—Que hija de perra, espero nunca te la vuelvas a cruzar en tu vida—sentenció—Aunque debo suponer que ella te rompió el corazón, ¿Cierto? —expuso.

—Supones bien—dije sin poder mirarla—Un corazón roto, refleja un cerebro golpeado, es algo que te hace recordar lo importante que resulta escoger con quien te cruzas y como te recuperas de una desilusión —mencioné.

Por un instante, mi mente recordó lo que sentí cuando Zoe me terminó. Estuve varios días en donde me sentía desequilibrada, sin ganas de nada, confundida por no saber cuándo me dejó de amar, sólo quería cerrar los ojos e imaginar que era mentira. Qué recapacitaría y volvería conmigo para criar al bebé que venía en camino, pero por más días que esperé, nunca sucedió. Ella nunca me busco.

—Explícame, ¿Qué tiene que ver el cerebro? —manifestó, como si no hubiese comprendido mis palabras.

—Ante un corazón roto, el cerebro también se aturde cuando sufres un golpe emocional—me perdí en su mirada—Cuando una desilusión llega a tu corazón, el cerebro se pone en alerta y recrea pensamientos negativos, absurdos, conversaciones, imágenes y revisa todos los recuerdos que tienes archivados como queriendo encontrar un porque que resuelva tu tristeza. Es un proceso que se repite durante el tiempo de duelo, tal como si fuese un bucle —le expliqué.

—Ahora comprendo, por eso dicen que debes mantener tu mente y tu cuerpo ocupados en varias tareas para alejar los pensamientos negativos —manifestó.

Lo que decía Jane era cierto, pero también influye el tiempo. El tiempo sana todas las heridas, te fortalece y te hace comprender cosas que no entendiste en su momento, el tiempo te hace crecer y ver lo valiosa que eres. No obstante, también te ayuda a olvidar, a no sentir nada, ni amor, ni odio hacia esa persona que rompió tu corazón. Simplemente te resignas a que esa persona nunca te amo como solía expresarlo.

—Alondra —dijo para llamar mi atención.

—Lo siento—me disculpe, no pude evitar que mi mente se divagara—Como te decía, uno se encuentra en una especie de bucle, pero nace una imperiosa necesidad de buscar una dosis de esa emoción que acabas de perder y es algo normal. Porque tu cuerpo quiere aferrarse a esa ilusión que te quitaron de golpe —comenté.

—Ahora que conozco como se ve afectado el cerebro, cuando alguien te rompe el corazón. He llegado a la conclusión de que tu cerebro tiene la capacidad de dar órdenes, pero uno es el que tiene el poder de mandar sobre él y evitar que sigas haciéndote daño con recuerdos innecesarios —dijo.

—Me gusta conversar contigo—mis dedos delinearon sus labios—Por cierto, gracias por escucharme —acaricié su mejilla.

—No agradezcas, era algo que ambas necesitábamos—me sonrió—¿Qué haremos ahora? —me preguntó.

—¿Disculpa? —no sabía a qué se refería.

—¿Qué pasara entre nosotras? —frunció el ceño.

Podría acostumbrarme a ese gesto que me parecía tierno, ahora que conocía un poco más de ella, me tenía más embobada que desde el principio.

—Podríamos ir despacio, sin prisas como si tuviéramos todo el tiempo del mundo —sonreí.

—¿Qué te parece una primera cita? —me propuso.

—Entonces, ¿Aceptarías esa invitación que te hice aquella vez? —la mire de manera divertida.  

—Sí—dijo—Hablando de eso, te traje un regalo —se giró para buscar algo en su bolso.

—No era necesario —dije. Aunque moría por ver ese obsequio que me trajo.

—Te he traído dos flores, una dalia rosa y un tulipán blanco —extendió su mano.

—Son hermosas—cogí las flores y aspiré su olor—Me gustaría conocer su significado —manifesté, sin dejar de mirar sus ojos.

 —El tulipán blanco, simboliza muchas cosas, pero en esta ocasión, lo que deseo expresarte son mis más sinceras disculpas por como reaccione a tu petición—acomodó un mechón de cabello tras mi oreja— Y la Dalia rosa, expresa que haré lo que este en mis manos para hacerte feliz —me regaló una sonrisa.

—¿Me hubieses dado las flores, aunque no hubiese aceptado hablar contigo? —intenté permanecer sería, sólo para hacerla sufrir un poquito.

—Indudablemente, sólo que te la hubiese dejado en tu salón de clases —me miró de manera divertida.

—¿Te ibas a escabullir en el conservatorio? —entrecerré los ojos. No podía creer que Jane fuera a cometer semejante locura, aunque hubiese sido un gesto muy lindo.

—Quería tu perdón a como dé lugar y sí, me hubiese escabullido en el conservatorio —comentó con una mirada pícara.

—Eso es algo que me atrae de ti, puedes ser muy persuasiva cuando te lo propones —acaricié su mejilla con el tulipán.

—¿Quieres irte ya? —me preguntó.

—No, sólo quiero que me beses otra vez —sugerí con una mirada divertida.

—Me parece una excelente idea —se acercó para darme un beso.

Un beso que yo intensifique, mientras mis manos acariciaban sus costados. Podía sentir su respiración, su aliento que desprendía cierto toque de licor y su lengua, una lengua que luchaba con la mía para ganar más terreno.

Sentirla tan entregada en cada beso, generaba en mi cierto placer que no podía describir, sólo quería seguir besándola, sintiendo como sus manos se paseaban por mis pechos, por mi abdomen y de cómo jalaba mi blusa para profundizar sus besos.

Con cada beso que le daba, la fui tumbando sobre el suelo para sentir su cuerpo bajo el mío. Era una sensación placentera, exquisita y muy electrizante, pero lo que más adoraba, era esa sonrisa traviesa que se formaba con cada beso que me daba.

—¿Te encantaría ir a mi casa para cenar? —le propuse, sin dejar de besarla.

—Creo que se te ha subido la ginebra a la cabeza —expuso con una pequeña sonrisa.

—Tal vez—mi mano se deslizó por el interior de su blusa para acariciar su piel—Te haré una exquisita cena  —insistí.

—Sólo sí me dejas ayudarte —su mirada coincidió con la mía.

—Trato hecho—sonreí—¡Vamos! —le expresé.

La ayude a levantarse, cogió su bolso y antes de partir, me regaló una hermosa sonrisa. Amaba verla sonreír, era como si quisiera trasmitirme esa felicidad que la embargaba en ese momento, era como si la pena que llevaba en su corazón, se hubiese esfumado. Y de cierto modo, hacía que mis penas viajarán sin un rumbo fijo, desvaneciéndose con el viento, mostrándome que podía ser feliz a su lado.

En el camino, estuvimos conversando de varios temas que nos permitieron conocernos un poco más y conforme escuchaba, me daba a entender que Jane, no había cambiado su esencia o quién era en realidad, simplemente las cosas que le habían pasado, la llevo a formar una barrera y una máscara ante los demás para que no vieran su lado frágil. Tal como lo hice yo en su momento.

Cuando llegamos, desabroche mi cinturón y observé la silueta de Jane. Sin querer, había aprendido a mirarla mientras ella no se daba cuenta, porque de alguna forma, podía apreciar sus reacciones espontáneas, unas reacciones que decían lo especial que era ella y que en su corazón, aún había amor.

—¿Te puedo dar un beso? —me dijo tímidamente.

—No necesitas pedirme permiso, puedes besarme cuando desees —me acerque a sus labios.

Las manos de Jane, tomaron mi rostro para profundizar el beso, podía sentir como su corazón latía fuertemente, como su respiración estaba acelerada y su ansiedad de devorar mis labios. Su manera de besarme, era más desenfrenada que la primera vez que la bese, era como si no quisiera separarse de mí, podía sentir la adrenalina correr por mi cuerpo y aunque deseaba seguir sumergida en ese mar de sensaciones. Debía parar, debía separarme de sus labios, porque después de todo, habíamos quedado que iríamos despacio.

—Es hora de entrar —dije, con mi respiración agitada.

—Lo siento, es que —coloqué mis dedos sobre sus labios, no quería que se echará para atrás.

—Nos espera una rica cena —manifesté, al mismo tiempo que la anime a salir.

Al salir del auto, entrelacé sus dedos con los míos y le indique el camino. Cuando gire la perilla, Split salió a recibirme como era de costumbre, me ubique a su nivel y le acaricie su cabeza, pero no tardó en darse cuenta de la presencia de Jane, a quien se le quedó mirando fijamente.

—No creo que se acuerde de mi —expuso.

—Ven—la invite a colocarse a mi nivel—Acerca tu puño ligeramente cerrado a su nariz, para que huela, es la forma correcta de saludarlo, así no se sentirá amenazado —le indiqué.

—¿Lo estoy haciendo bien? —me preguntó.

Apreciaba que se tomara la molestia de interactuar con mi cacharro, era como si quisiera formar parte de mi vida y eso, me hacía feliz.

—Sí, ahora puedes acariciarle el cuello—expresé.

Split se había comportado sereno, relajado y se acercó a Jane como si la conociera de toda la vida. Después que lo saludo y todo parecía estar en orden, nos dispusimos a preparar un delicioso pollo a la Carbonara, pero a mitad del proceso, llegó mi hija, quien saludo amablemente a Jane y se nos unió a la cena.

Quizás sería la primera cena de muchas, pero no podía negar que me encantaba ver cómo interactuaba con mi hija. También me hipnotizaba esa forma en que me miraba, en que me sonreía y esa dulce manera de acariciar mi mano debajo de la mesa como indicándome que todo estaba bien.


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