En Link World Network S.L. utilizamos cookies de Google Analytics para realizar un análisis del tráfico web que recibimos y para analizar el comportamiento de los visitantes de nuestra web. Si sigues navegando por nuestra web entenderemos que aceptas el uso de estas cookies. Más información sobre las cookies que utilizamos: Política de Cookies.
Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 6.904 Usuarios Conectados [ Contactos ] [ Cams Porno ] [ Twitter ]  1.465.430 Miembros | 20.948 Autores | 109.543 Relatos 
Fecha: 12-Mar-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Me hicieron creer que era afeminado. (6)

tauro47
Accesos: 28.287
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 43 min. ]
 -   + 
Los encargos iban saliendo pero los pedidos llegaban sin cesar, me costaba esforzarme mucho para cumplir pero tenía buena voluntad y las clientas quedaban satisfechas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

                                                  Al día siguiente me levanté pronto aunque no me apetecía nada y lo primero que vi eran las perchas con los vestidos a medias y el calendario donde anotaba los trabajos con las fechas de entrega, desayuné rápido y me puse a la tarea, ya era medio día porque mi abuela acababa de cerrar la tienda y me trajo un paquete envuelto.

  • Toma Carlos, esto lo han traído para ti.
  • ¿Quién ha sido?
  • No me acuerdo de su nombre pero me parece que era aquella señora tan agobiada que vino hace unos días, creo recordar que era un vestido para su hija.
  • Ah, será la señora Elvira, su hija está preñada y ella está muy compungida.
  • ¿Has dicho compungida? Pues parecía más alegre que unas castañuelas, estaba de lo más habladora y se le notaba muy alborozaba.
  • Mmm, me imagino porqué será, ayer le probé el vestido premamá para su hija y quedó tan contenta que su hija la va a regalar otro a ella.
  • Vaya hijas más generosas, se nota que quiere lo mejor para su madre.
  • Sí y su madre está muy contenta con ella, parece que ya se ha hecho a la idea.

                                                  Comimos todos, juntos procuré no hacerme esperar como el día anterior y fui el primero a la mesa, mi tía guisaba de maravilla y todos la elogiamos, al servirme todas notaron que los mejores trozos me los ponía a mí, hasta mi madre se dio cuenta y en broma le dijo.

  • Hay que ver Julia, tratas a mi hijo mejor que a tus hijas, a saber que te dará.
  • Oye, Carlos es mi sobrino favorito y es un sol de chico, además debemos cuidarlo porque él también nos trata a todas muy bien, ¿verdad que sí chicas?

                                                  Todas a coro mostraron su acuerdo, mis primas y mi abuela las primeras, mi madre fue la más remisa pero debió hacer memoria y se unió al grupo, alentada por todas mi tía se acercó a mí y me abrazó, como yo estaba sentado y ella de pié me apretó la cara contra sus tetas, me mantuvo unos momento apretado mientras decía.

  • ¡Aquí está el hombre de la casa!, el que nos cuida y nos da cariño a todas, se lo merece.

                                                  Con los vaivenes que hacía con los brazos como si diera un discurso me llevaba la cara de una teta a la otra, mi madre la miraba divertida y mi abuela sonreía, mis primas se partían de risa al verme indefenso con la nariz entre las dos bolas de su madre.

                                                   Antonia no podía estar más de acuerdo y con la excusa de que quería saber cómo le iba a hacer el vestido a la señora Elvira me invitó a su siesta, el cuarto de mi abuela era como su santuario, pocas personas entraban normalmente allí y menos en su cama, ella se hacía la cama y arreglaba todo aunque mi madre le limpiaba y le cambiaba la ropa y algunas veces le intrigaba al ver alguna mancha en las sábanas.

  • Ya me contarás la historia esa de la hija y la madre, no sé porqué hay algo que no me cuadra.

                                                  Me lo decía cuando estaba retirando la colcha de la cama y la sábana, ya se había desnudado y con las tetas colgando de lado a lado con sus movimientos me invitó a subir primero, yo ya sabía que la ropa estorbaba en la cama de Antonia y dejé caer los calzoncillos al suelo, sonrió al verme la polla un poco dura ya, debajo de una corona de vello púbico, me nacía como por arte de magia y que a ella le hacía gracia, yo no tenía más pelo en el cuerpo que ahí abajo y era tan ridículo que parecía el mostacho de un francés.

                                                  Me puse a un lado y mi abuela entró por el otro lado se acercó dando vueltas, cuando se pegó a mi noté el olor a jabón que tanto me gustaba, olía a hogar limpio y tranquilo y sólo con eso me habría conformado pero ella quería saber más del tema.

                                                  Ahora con toda la confianza que teníamos ya no iba con ceremonias, lo primero que hacía era buscar mi polla y poner sus tetas a mí alcance para que las pudiera tocar sin problemas.  Le estuve contando como quería un poco de la visita a la casa de Elvira, de cómo su hija le había “martirizado” mostrándose desnuda ante mí y como le había convencido para que le tomara medidas, mi abuela se reía a carcajadas a la vez que me pajeaba lentamente.

  • Jajaja, que chicos, me imagino a la señora toda puritana viendo como su hija le enseñaba el coño al chico que le metía mano con la excusa de tomar medidas, jajaja.
  • No te cuento cuando le tomé las de la madre, entonces sí que pasó un mal rato por lo menos al principio.
  • No me cuentes más Carlos, esas cosas debes mantenerlas como secreto profesional aunque no niego que me gustaría saber todos los detalles pero conociéndote me puedo imaginar algo.
  • Pues… te quedas corta jajaja.
  • Pero hijo, no te olvides de mi consejo, usa mi regalo siempre, no quiero que tengas un compromiso no deseado.
  • Tranquila abuela pero dime, ¿el otro día dormiste bien?
  • Como los ángeles, fue el mejor despertar que he tenido.
  • ¿De verdad, y cuando te diste cuenta?
  • Mmm, creí que estaba soñando al principio, sentí que me llenabas, me quemaba tu verga y según me entraba me derretías por dentro, no quería despertar por si fuera un sueño pero cuando me cogiste las tetas ya lo tuve claro, nadie puede acariciar las tetas como tú.

 

                                                  Mi abuela parecía una chiquilla mimosa y se volvió de espaldas a mí, por entre sus piernas pasó la mano y me buscó, había levantado la pierna lo suficiente para tirar de mí y apoyarla en la entrada de su vagina, al sentirme hizo el culo hacia atrás y se clavó entera la polla, me abracé a ella y me llevó las manos a las tetas, se las cogí y la besé en la nuca.

  • A esto me refería, sabes acariciar con dulzura, he sentido tu miembro entrar en mi y tus manos atrapar mis tetas pero el beso que me has dado me ha puesto la piel de gallina, eres el hombre más dulce que he conocido, ¡fóllame Carlos!

                                                  Estuve abrazado a ella mucho rato apenas me movía porque estaba muy a gusto, la caricia de su espalda en mi pecho y el frescor de su culo en mi vientre no mitigaban el calor que desprendía su coño, con la cabeza intentaba acompañarme echándola hacia atrás cuando le besaba el lóbulo de las orejas, los pezones entre mis dedos parecían deshacerse como la mantequilla y dando un gemido largo se hizo una pelota y se corrió.  No la abandoné y seguí moviéndome, se había puesto en posición fetal y yo seguía pegado a ella, cuando me corrí no le avisé pero ella esperó a que me calmara y dando la vuelta me abrazó, el calor de las tetas en mi pecho me hizo dormir plácidamente.

                                                  No sé el rato que estuve durmiendo pero me desperté con una languidez que me impedía situarme, sólo sentía de mi cuerpo el calor húmedo de la boca que me estaba mamando la polla, al aclarar la vista sólo vi la cara de mi abuela mirándome, estaba con los pies en el suelo inclinada entre mis piernas abiertas y me comía la polla con extrema delicadeza, me amasaba los huevos animándolos para que descargasen en su boca y así lo consiguió, no me moví mientras vomitaba leche y le llené la boca con los carrillos hinchados porque no quiso ir tragando según le llegaba, me enseñó lo llena que la tenía y luego vi cómo engullía toda a la vez.

                                                  De allí me fui a la ducha, estaba amodorrado, la falta de sueño de las noches pasadas me había pasado factura y ahora debía seguir trabajando si quería cumplir los plazos, le dije a mi madre que me trajera un bocadillo porque no quería perder tiempo y estuvo conmigo mientras me lo comía.  Me contó que le había emocionado su hermana ofreciéndome lo mejor en la comida, demostraba que me quería como a un hijo incluso me daba preferencia a sus hijas, mis primas también estaban contentas y su madre por supuesto.  No me demostró tener ningún recelo por la complicidad que tenía con todas las mujeres de la casa, parecía que incluso la noche en que me bajaron la fiebre entre las dos hermanas lo había considerado como una cura de “urgencia” normal.

                                                  Cuando me dejó solo otra vez me abrazó y sentí el calor de su cariño, se le humedecieron los ojos y me contagió, me costó concentrarme en el trabajo otra vez y una vez logrado tuve que decir a mis primas que habían entrado alborotando que me dejaran tranquilo, tenían ganas de jugar y sus juegos ya no eran infantiles, su curiosidad por el sexo era insaciable.

                                                  No me di cuenta de la hora que era, en la casa no se oía ningún ruido pues era muy tarde por eso cuando se abrió la puerta de mi habitación sigilosamente me asusté, no suelo tener miedo pero no era lógico ese sigilo, primero apareció un pie descalzo y a continuación se fue ampliando a la pierna y al pasar la rodilla ya sospechaba yo de quien se trataba, al llegar al muslo no tenía duda.

  • Pasa tía Julia, no te quedes ahí que te van a ver ¿qué te ocurre?
  • ¿Te ha gustado mi entrada?  Lo vi cómo lo hacían en una película.
  • Muy sexi pero no me has contestado.
  • No sé qué me pasa, no me puedo dormir y este silencio…

 

                                                  Mi tía venía directamente de su habitación y llevaba sólo el camisón puesto, no era nada provocativo se podría calificar de cómodo pero al llegar cerca de mi abrió mi cama y se quitó el camisón metiéndose debajo de las sábanas, me miró y levantó un poco la ropa llamando mi atención.

  • Carlos te espero, fíjate lo que tengo para ti.
  • Julia por favor… tengo mucho trabajo, si no puedes dormir velas pero quiero adelantar esto porque me va a pillar el toro.
  • Mmm, vale sobrino pero te haré compañía, cuéntame. ¿Qué tal se portan tus clientas? Debes de ser muy… eficiente porque estás muy solicitado.
  • No me va mal, en esto funciona mucho el boca a boca y se corre la voz, por eso debo de ser lo más formal que pueda.
  • ¿Y qué estás haciendo ahora que no puedes terminar mis cortinas?
  • Mira el calendario, todos esos apuntes son trabajos pendientes, ya no puedo abarcar más.
  • La abuela podría ayudarte si se lo pides.
  • Ya me da ideas por las siestas, me explica cómo debo hacerlo porque quiere que me defienda sólo, yo procuro seguir sus consejos y parece que está contenta conmigo.
  • Todas estamos contentas contigo pero… vamos acuéstate ya, es muy tarde y te vas a quemar la vista y… tengo frio.
  • No tía déjame, que termine sólo esto y además debes irte a tu cama, si se asoma alguna la tendremos clara.
  • No, esta noche no me voy, la voy a pasar contigo, tengo ganas de pasar una noche juntos.
  • Tía por favor… una cosa son unos juegos inocentes y otra acostarse con todas cerca.
  • Tranquilo, ya he pasado por todas las habitaciones, mi madre ronca, mis hijas están desparramadas en sus camas, no sé que voy a hacer con Alicia, tiene la manía de quitarse la bragas nada más entrar en casa, dice que se le meten entre los labios y ya es una mocita, si vieras… ya tiene pelos en el sexo, ¡qué niña y unas tetas!, me va a ganar cualquier día pero no las tiene como yo, ¿ves, yo las tengo de punta y separadas pero ella se parece más a tu madre, ¿te acuerdas cómo son las tetas de tu madre?
  • Tíaaaa…
  • Te lo diré, las tiene redondas y duras y para el peso que tienen las mantiene altas casi como yo, me gustan las tetas de tu madre, ¿a ti?  Mmm, seguro que sí y no te digo las de Cris, apenas se le notan pero el día que le crezcan con esos pezones que tiene va a tener problemas, no va a poder ponerse blusas finas, va a ir marcando pezones siempre y no te digo nada de mi madre.  De pequeña siempre quería que me las enseñara y aún las conserva bastante decentes sí, siempre las ha tenido muy sensibles, cuando me daba de mamar yo le mordía los pezones y ella chillaba, me lo ha contado tu madre, ¡qué mujer, lástima que se quedara viuda tan pronto! aunque a mí de poco me ha servido para lo que follo…
  • Por favor Julia no me distraigas que no me cunde, ya me he pinchado dos veces con la aguja.
  • Ya me gustaría que me pincharas tu con la tuya, jajaja.

                                                  Estaba claro que la noche no iba a ser productiva además mi tía tenía razón los ojos ya me hacían lucecitas y no podía dar las puntadas bien por lo que decidí enfrentarme al problema, por todos los medios insistí a Julia que se fuera a su habitación pero ella por toda contestación se destapaba lo justo para enseñarme casi una teta, dejaba el canto de la sábana justo al borde de la areola y se la apretaba para que se le marcara el pezón, al final tuve que claudicar y me quité la ropa, Julia con el dedo me señaló los calzoncillos y no tuve otra solución que quitármelos también, cuando me tapé con la sábana sólo rogaba que no apareciera nadie por allí.

  • Carlos… me gustaría saber lo que has aprendido…
  • Julia, he aprendido muchas cosas, le estoy haciendo un vestido muy bonito a la mujer del Jefe de policía, un premamá a una chica embarazada y varios a otras, cada uno de forma diferente.
  • Shhht, no sigas, no me refiero a esas habilidades, quiero saber si has aprendido a follar bien.
  • Tía, si soy muy joven aún.
  • No, ya tienes edad para ir aprendiendo, debes hacerlo muy bien y te aseguro que no te faltarán mujeres.
  • Con la pinta que tengo… la gente se burla de mí.
  • Porque no saben que tienes esto entre las piernas…

                                                  Mi tía se pegó a mí y cogió sin pensarlo la polla como si fuera un garrote, por reflejo la descapulló y la atrajo hacia ella arrastrándome a mí.

  • Acércate y verás lo mojada que estoy, ¿sabes que me apetece?, me gustaría que te subieras sobre mí, quiero sentir cómo me metes la polla,  me hace sentir más mujer, me gusta que me dominen, el otro día me gustó cuando te pusiste duro conmigo, no te he visto nunca tan masculino.

                                                  Julia me fue tirando de la polla y yo iba a rastras detrás para que no me la arrancara, abrió las piernas y me puso sobre ella, fue culeando hasta ponerse en el centro de mi cama, mi polla se clavaba en el colchón o le apuntaba en la ingle o en el muslo con torpeza.

  • Espera Carlos, vamos a ver, te explico, lo que hemos hecho hasta ahora es jugar, ¿me entiendes? Un polvo, un escarceo, unas pajas o unas comida de coño, lo de follar es otra cosa y eso si no lo sabes te lo voy a enseñar yo, tenemos toda la noche por delante, ¿quieres aprender?
  • Claro que sí Julia, yo creía que ya sabía.
  • Tampoco es eso, me he pasado y lo haces bien pero quiero que lo hagas mejor, lo de comerme el coño es buena idea para el principio, así ya me tienes caliente y mojada para cuando me metas esa maravilla.

                                                  Me cogió de los hombros y empujó hacia abajo dirigiéndome entre sus muslos, había dejado la lamparita de la mesita encendida y la sábana se trasparentaba un poco, fui viendo al bajar las dos tetas separadas pero duras, más que un canalillo era el estrecho de Gibraltar, los pezones eran una prolongación cónica de las tetas y salían después de una areola oscura, el estómago era suave y subía y bajaba al compas de su agitada respiración, el ombligo me gustó, nunca me había fijado pero lo tenía perfecto, mi abuela era muy detallista en eso y se había preocupado en que a sus hijas les dejaran muy bien cosidos el cordón umbilical.

                                                  No pude reprimir la tentación de lamerle el ombligo, fue como si le diera la corriente y gimió, desde el ombligo hacia abajo ya no guardé la lengua y fui lamiendo el vientre directamente hacia abajo, el gemido era un suspiro continuo y cuando llegué al pubis depilado levantó la pelvis para sacarlo más, mi prima tenía razón su madre tenía unos labios carnosos como Alicia pero el clítoris era como el de Cris, saqué la lengua todo lo que pude y la puse en punta, como un arado en la tierra separó los labios, en un primer momento Julia quiso cerrar las piernas pero se lo impedí con mi cuerpo, pasé por alto el clítoris y seguí hacia la vagina, aquellos labios me encantaban eran como dos hojas de libro que se abrían forzados por mi lengua y le metí la punta en la vagina.

                                                  Mi tía me tenía cogido del pelo de la cabeza, cuando se veía perdida me estiraba pero yo aguantaba, todo el pelo que me faltaba en el cuerpo lo tenía en la cabeza y podía aguantar el tirón, noté el sabor agridulce de las primeras oleadas de jugos vaginales, y ya me lancé al clítoris de una vez, lo atrapé con los labios y aspiré, entró pegándose al paladar y con la lengua levanté el pequeño prepucio dejando la almendra brillante para mis dientes, ya había soltado el pelo ahora me sujetaba por las orejas y me dirigía con suavidad para que no le dejara ningún hueco sin chupar.

                                                  De un tirón quitó la sábana que nos cubría y pude verla entera, las tetas le brillaban de gotas de sudor y el pecho y el estómago estaba rojo de rubor igual que las mejillas.

  • Así… sí así se hace Carlos, cómetelo todo… me gusta, esa lengua es maravillosa, me vas a hacer venirme en tu boca si no paras, te aviso.
  • Eso es lo que me gustaría, quiero beberme tus jugos.
  • Joder Carlos no me hables así que me pones a mil…
  • Pues aguanta, aún no he terminado de comerte.

                                                  Julia movía las caderas en el aire con un vaivén ofreciéndome todo lo que tenía, bajé hasta el perineo, a medio camino del culo había notado que era una zona que le gustaba y le pasé la lengua como un pincel.

  • Canalla… me gusta, ¡qué malo que eres conmigo!

                                                  Al llegar al culo, ya estaba apoyada sólo de los pies y del cuello, arqueada del todo tenía abierto el culo y los labios del coño como una flor, le lamí el agujero oscuro y rugoso, gimió y jadeó sin parar esperando lo que no sabía que le iba a hacer pero pronto lo notó en sus carnes, el dedo pulgar, el más gordo se lo metí en el culo de golpe, sin dilatar siquiera, aún se elevó más y le enterré dos dedos en la vagina, se desplomó en el colchón.

  • No aguanto más cabrón, ¡fóllame ya!
  • Noooo espera, ¿no querías sexo?
  • Si pero esto es demasiadoooo.

                                                  Los dedos que tenía en el coño los acompañé con otro más y los giré hacia arriba, buscado el punto G, yo no lo noté pero ella sí y volvió a levantar el culo en un arco imposible cuando sin soltarla le absorbí otra vez el clítoris.

                                                  Se corrió, en un grito reprimido, se corrió con unos temblores que agitaban todas sus carmes, los muslos, las pantorrillas y qué decir tiene del vientre y las tetas, la cabeza le iba de un lado al otro sin control y cayó entre estertores, subí sobre ella y de un golpe le metí la polla hasta hundirle el útero hasta el alma

  • Nooo por favor, me vas a partir el coño en dos, me vas a matar jodido mamón.
  • Me lo has recordado, trae las tetas.

 

                                                  Me las dio sin rechistar, las juntó y las ofreció para que se las mordiera estirando los pezones hasta casi hacerle daño seriamente.

  • Fóllame, sí fóllame duro, no pares aunque llore o grite, quiero sentirte dentro de mí, que me quemes con tu polla al rojo vivo y córrete adentro, no pares, no me importa que me preñes, quiero que me preñes hijo de… perdón no quería… pero sí eres un cabrón y me estás follando como nadie lo había hecho en mi vida, ni el hijo de perra de mi marido.
  • Sí, te voy a follar con lo poco que sé pero tú me vas a enseñar esta noche y te voy a preñar, si puede ser de gemelos, y te tendrán envidia las mujeres de este pueblo.
  • Sí, lo que quieras pero no pares, no pares de meterla, hasta correrte.

 

                                                  En la mesita tenía los condones preparados, no tenía la más mínima intención de cumplir mi palabra, mi abuela era una mujer sabia y sabía que a nosotros nos podía la polla pero a las mujeres cuando se desataban tampoco regían sus cabales y las consecuencias eran demasiado poderosas.

                                                  La mujer gemía y chillaba con la mano en la boca aguantando mis envites y volvió a correrse, ya no podía más con la tensión y rodó en la cama obligándome a salirme, se quedó de lado atacada por los espasmos pero por detrás se le veían los labios manando flujo espumoso.  Le levanté la pierna y de rodillas me acerqué a ella, no ofreció resistencia pero al apretar la polla en su culo se calló enseguida, en la habitación se hizo el silencio absoluto y cuando apreté se oyó un gemido sordo, había mordido la almohada y metido la cabeza debajo de ella.  

                                                  El glande aplastado entró forzando el esfínter pero entró, estaba bañado en flujo que facilitó bastante la visita, una vez adentro soltó la almohada y empezó a sollozar levemente, fui entrando pero no me dijo nada más, los lamentos dejaron paso a los suspiros y estos a los gemidos de placer, mi tía se estaba calentando otra vez y esta vez el orgasmo iba a ser anal.

                                                  Con una pierna de Julia vertical sobre mi hombro y la otra caída fui entrando de rodillas hasta que mis huevos se pegaron a su coño, notaba el tacto sedoso del recto, así podía aguantar mucho más que con las rugosidades de la vagina y me moví lentamente, su cabeza se hundía en la almohada al compás de mis empujones y mis manos llegaban a sus tetas, la tenía tan hundida que mi culo apenas se movía dos centímetros adentro y afuera y con la mano pude llegar a los labios encharcados, el pulgar dentro de la vagina y el índice y el corazón alrededor del clítoris, fue subiendo la presión hasta límites explosivos y en un estallido el orgasmo estalló dentro de su intestino y me arrastró a mí, por la polla pasó una cantidad de leche que le llenó el recto.

  • Por favor Carlos, descansa un poco que ya no puedo más, me has hecho el culo como un pozo sin fondo, estoy agotada, me escuece el coño y estoy toda sudada.
  • Está bien Julia, vamos a descansar un poco.

 

                                                  Mi tía no tardó nada en quedarse dormida dándose la vuelta, a mí me costó mucho más, estaba también agotado pero pensando en la noche que llevaba, hasta ahora habían sido encuentros breves y esporádicos pero el calor que desprendía mi tía al lado de mi cama estrecha me decía que era una noche especial, por fin me venció el sueño.

                                                  No sé cuanto rato había pasado pero me desperté desorientado, no sabía dónde estaba, tenía claro de que no estaba sólo pero no recordaba si estaba en la siesta con mi abuela o donde, el calor del culo que sentía pegado a mi me desconcertaba pero pensando rápidamente me di cuenta que el colchón no era el mullido de lana de Antonia, era el estrecho de mi cama, para mayor seguridad alargué la mano y la pasé por encima de aquel cuerpo tibio que dormía serenamente, por debajo del brazo nacían unas protuberancias que seguí hasta que llegue al final en punta, apreté y noté salir el pezón de mi tía, enseguida vinieron a mi mente las escenas que había vivido un rato antes.

                                                  Las nalgas de mi tía me presionaban queriendo acomodarse mejor, tuve que ponerme detrás de ella y mi polla al quedar entre los cachetes del culo empezó a ponerse dura, no tenía intención de seguir con el sexo pero quise apartar la polla del culo y noté que el capullo que había rozado los labios apretados estaba mojado de sus jugos, pasé los dedos para comprobarlo y Julia inconscientemente levantó un poco la pierna acercándome más el culo, yo estaba en el mismo borde de la cama y quise acercarme al centro, la polla resbaló entre las valgas y siguió el camino que me llevó a sus labios. 

                                                  Con sólo una leve presión noté que se introducía resbalando hacia adentro, Julia no hizo ningún movimiento por lo que me animé a seguir, pude acercarme tanto que su culo quedaba entre mi regazo, centímetro a centímetro la barra de carne dura se fue metiendo, Julia no despertaba sólo movía las caderas ligeramente, pasé la mano por debajo de su brazo y volví a coger la teta que había dejado antes, se notaba que estaba más dura y turgente, ya no descansaba sobre la otra como antes ahora se mantenía elevada por ella misma.

  • Oh cariño, ¿qué haces?  Anda déjame dormir.
  • Perdona pero es que no puedo dormir, teniéndote al lado tocándome con el culo y sabiendo que tienes esas tetas tan duras…
  • ¿Ah sí, te gustan mis tetas?
  • Mucho Julia, mucho.
  • ¿Más que las de tu madre?
  • ¡Julia, por favor!...
  • Anda Carlos no seas tímido, dime cuales te gustan más.
  • Es que son diferentes, las tuyas están duras se mantienen erguidas y separadas y las de mi madre son redondas y le caen un poco.
  • Sí ya lo sé y los pezones ¿qué pezones te gustan más?
  • Ya sabes que no se pueden comparar, cada una es diferente, los tuyos son de punta y me encantan pero los de mi madre tiene una areola… siempre me han gustado las areolas grandes.
  • Pues si vieras las que tiene la abuela… te gustarían más.
  • Seguro.
  • Espera que me ponga boca arriba y me chupas las tetas un poco pero poco porque es muy tarde.
  • Si, es un poco más de las cinco.
  • Ya ves y tenemos que dormir que mañana hay que trabajar.
  • Espera, déjame un poco con la polla adentro de ti, estás muy lubricada.
  • Sí, te noto muy suave, espera que levante un poco más la pierna.
  •  No, mejor que te pongas de rodillas sobre la sábana.
  • ¿Y qué me vas a hacer?
  • Ya lo verás curiosa.

                                                  Julia me obedeció sin mucha convicción y se puso a cuatro patas, le dije al oído que apoyara la cabeza en la almohada y lo hizo, me cogí a las caderas y de un golpe le metí la polla en el coño.

  • Uf, qué susto, creí que querías metérmela en el culo otra vez.
  • No tía, ahora te voy a follar el coño.
  • Vale pero quiero que te corras adentro, antes me has engañado.
  • Te lo prometo.

                                                  La cabeza y las tetas de Julia se balanceaban al impulso de mis empujones, se oían los plas, plas de mis muslos contra sus nalgas, pensé que era una verdadera pena no correrse dentro de Julia, se lo merecía de sobra y lo estaba deseando, me adelanté y le cogí las tetas para que no le rozaran los pezones en la sábana, le salían por los lados sin esfuerzo, de paso abrí con cuidado el cajón de la mesita y saqué un condón, con los dientes rompí el sobrecito y dejé la goma en el hoyuelo del culo de Julia.  Se oían los jadeos con cada clavada que le daba y murmurando me pedía.

  • Más fuerte Carlos, más fuerte, méteme esa polla divina, y córrete cuando quieras, yo ya voy a hacerlo.

 

                                                  Acababa de decirlo y ya se estaba estremeciendo, cogió la almohada y la puso sobre la cabeza para que no la oyera nadie y gritó.

  • Síííí, eso es Carlos dame fuerte, me gusta sentirte adentro, aaaah.
  • Me voy a correr Julia, no puedo aguantar más.
  • Pero adentro chiquillo, adentroooo.

                                                  En un movimiento rápido saqué la polla me puse el preservativo en la punta y con apenas dos centímetros desenrollados en el glande volviendo a meterla, en la misma vagina mi tía me presionaba para sentirme más, eso me ayudó y el condón se fue acoplando sobre mi tronco pero no del todo, me daba igual, me pegué en su culo y le dejé mi mensaje líquido, ella gemía al notar el calor del esperma en su matriz y yo esperé hasta que ya no quedaba ni una gota, fui a sacar la polla y el condón no salía, me asusté, creí que lo había perdido pero a menos de la mitad del miembro noté que se había enganchado el aro, lo pellizqué y lo saqué lleno de leche blanca estirando hasta el final, no había visto ninguno lleno y me sorprendió ver toda la leche que había eyaculado reunida, Julia al verse vacía se dejó caer en la cama.

  • ¡Qué gusto Carlos, me has hecho correrme otra vez, nunca había tenido tantos orgasmos y tan buenos!  Ahora vamos a dormir cielo, creo que por esta noche ya hemos follado bastante, mañana tengo que madrugar para hacer los desayunos.
  • Esta noche si pero mañana quiero que me traigas el desayuno a la cama y que me des una mamada de buenos días.
  • Joder Carlos, me parece que estás aprendiendo mucho y muy rápido.
  • Lo dicho, recuérdalo, desayuno y mamada matutina.

                                                  No me enteré cuando se levantó pero temprano noté que me destapaban y me cogían la polla, la boca de mi tía estaba llena cuando abrí los ojos y vi en la mesita una bandeja con café con leche y tostadas con mantequilla, me permití incorporarme sobre la almohada y coger una tostada con una mano y el café en la otra, a la vez que la cabeza de Julia subía y bajaba entre mis piernas, cuando me iba a correr paró y me miró.

  • Sigue Julia sigue y acaba lo que estabas haciendo.

                                                  Dócilmente mi tía siguió hasta llenarse la boca de semen, me volvió a mirar y le dije.

  • Gracias Julia ha sido una mamada perfecta, eres un encanto.

                                                  Me tapó aún con la boca hinchada y cuando iba a salir se abrió la puerta y entró mi madre, Julia tragó precipitadamente lo que llevaba en la boca.

  • ¡Buenos días!  Mira que bien, eso es vivir la vida no te quejarás de tu tía.
  • Le he traído el desayuno, esta noche ha trabajado mucho y ha dormido poco.
  • Gracias hermana pero no lo mimes tanto por favor.

 

                                                  Mi madre se acercó a la cama y cuando vio que mi tía había salido me puso la mano sobre la polla, no la notó y me destapó.

  • A ver, mmm vaya eso ya me gusta, es la primera vez que te veo el pito desmayado, se ve que has seguido mis consejos, seguro que te has hecho una paja.
  • ¡Mamá!, qué cosas dices...
  • Y seguro que has pensado en mis tetas.
  • Está bien mamá, sabes que pienso mucho en tus tetas.
  • Me encanta que te gusten pero hoy no necesitas de mi ayuda aunque te las voy a enseñar para que no se te olviden.

                                                  Mi madre se levantó la camiseta que llevaba cogiendo de paso el sujetador, con las dos prendas juntas tiró hacia arriba y las dos tetas redondas cayeron pesadamente, eran una maravilla, con aquellos pezones que pedían a gritos que me los comiera, fui a tocárselos pero ella bajó de golpe la ropa y salió riéndose.

  • No pillín no, esta vez ya tienes bastante, otra vez será.

 

                                                  No fue la última visita antes de levantarme, al momento mis primas entraron  sin llamar y casi me pillan destapado aunque la polla estaba hundida entre las piernas y los huevos.

  • Hola primo, ¿hoy no has madrugado?
  • No, estuve trabajando hasta muy tarde con el vestido de la madre de Asun, esta mañana iré a la primera prueba, ¿Asun estará en el instituto verdad?
  • Sí, seguro nos toca matemáticas, un rollo… hasta la tarde primo.

 

                                                  Alicia cuando salió dio una vuelta rápida para que la falda del uniforme volara y me enseñó las bragas blancas.

                                                  Cuando llamé a casa de Merche, se me alegraron los ojos, era una mujer con una simpatía natural, siempre sonriente pero eso no era más que parte de ella el resto era toda sensualidad, pensé que le había avisado de mi visita, la mujer iba envuelta en un albornoz, creí que me había adelantado y que le había pillado en la ducha pero me hizo pasar, me dijo que estaba sola, su marido acababa de bajar a la mina en el turno de la mañana y Asun estaba en el instituto, de todo eso yo me alegré y en el salón sobre el sofá le enseñé el vestido que le traía hilvanado, se lo puso sobre la bata y se miró en el cristal de la puerta, la sonrisa que hizo me demostró que le gustaba y lo dejó en el sofá para probárselo, apenas se había abierto el albornoz vi que debajo no llevaba nada, estaba completamente desnuda pero el ruido de la puerta de la calle le hizo cerrarlo precipitadamente, al momento la cabeza de Asun apareció en la puerta.

  • ¡Hola a todos!  Estoy aquí.
  • ¿Qué pasa Asun, porqué no estás en el colegio?
  • Es que me sentía mal, creo que tengo fiebre, a lo mejor es constipado, me han dejado venir a casa.
  • A ver… pues yo diría que fiebre no tienes pero si estás mal… mejor que te vayas a tu habitación y te acuestes, tómate un vaso de leche caliente y no te destapes.

 

                                                  La chica hizo todo lo que le ordenó su madre sin rechistar y Merche dijo.

  • Vamos a mi habitación, allí estaremos más tranquilos.
  • Lo que quiera Merche.

                                                  La mujer me llevó a la habitación, la recordaba por haber oído de donde salían los ronquidos de su marido en la anterior visita, entornó la puerta y corrió las cortinas, seguidamente dejó caer el albornoz al suelo y se volvió hacia mí.

  • Es que me acabo de duchar, no me gusta que la ropa huela, de todas formas voy a buscar unas cosas para probarme con todo.

                                                  Del armario sacó agachada varias prendas, todas ellas de lencería, unos sujetadores primorosos, de todos los modelos, para grandes escotes, por delante y por detrás incluso unos que se adherían a la piel y no se sujetaban con nada más.

  • Así verás si hay que modificar algo, primero me voy a probar este nuevo, se le pueden quitar los tirantes y aunque tengo mucho pecho no se cae.

                                                  Le abrí el vestido con cuidado y le ayudé a ponérselo para que no se soltaran los hilvanes, no le caía mal, apenas unos retoques pero ella todo era encontrarle defectos.

  • ¿No te parece que aquí me hace una arruga y este pliegue del pecho?

                                                  Con sumo cuidado con los alfileres iba volviendo a enlazar las piezas hasta que sin querer le pinché.

  • ¡Ay, me has pinchado en un pecho, ten cuidado! Mira y me has hecho sangre, voy a buscar un pañuelo o… mejor ponme saliva que se curará antes.

                                                  Antes de terminar la frase ya tenía la teta en mi cara apenas cubierta por el sujetador.

  • Espera que me lo quite, te va a molestar.

                                                  La tentación era muy fuerte y aún así intenté lamer con sólo la punta de la lengua la gota de sangre que le salía, debí pincharle en alguna venita porque al momento otra gotita aparecía.

  • Chupa, Carlos, chupa sin miedo que sigue saliendo.

                                                   A esa corta distancia los chupetones no se centraban sólo en la gota de sangre y pronto se extendieron por todo alrededor hasta que ella misma se movió para que le alcanzara el pezón.

  • Mmm Carlos, la verdad es que chupas los pezones de maravilla, todavía me acuerdo de la última vez que viniste pero… ¿qué veo, si se te ha puesto el pajarito duro?, jajaja ¡qué sensible que eres, si te gusta bésame el otro!, puestos ya…
  • Están deliciosos señora Merche.
  • Tú sí que estás bueno, esta polla me vuelve loca, coloca el vestido ahí y deja que haga lo mismo con tu polla.

                                                  Me empujó sobre la cama y tiró de los pantalones, la polla se alzó vertical y ella con ojos golosos se apoyó en mis caderas y se tragó la polla, sus tetas me tocaban las rodillas y ella con el culo en alto sin llegar a arrodillarse movía la cabeza rítmicamente, ya la tenía roja cuando pudo respirar y ensalivada, casi entera se la había tragado y cuando se dio la vuelta para sentarse sobre mí no tuvo que lubricarla, apoyada en mis rodillas se dejó caer, le cogí las tetas por detrás y se puso a saltar suavemente.

                                                  Las tenía duras de verdad, parecía que estaban operadas pero no le vi ninguna cicatriz, eran perfectas y entorné los ojos, la mujer empezó a coger velocidad y a gemir, ya casi gritaba cuando se corrió, ella no lo oyó pero yo sí el chirrido de la puerta de la habitación, por la rendija la cara de Asun asomaba mirando cómo follábamos, es decir su madre me follaba a mí y disfrutó viendo su orgasmo.  Llevaba un pijama corto y se subió la camiseta para que le viera las tetas, si las de su madre eran perfectas las de su hija además eran tan tiernas que parecían de crema con una guinda roja, su mano desapareció en el pantaloncito corto y los nudillos se le marcaron en el coño.

                                                  Merche no dejó de cabalgarme, se dio la vuelta y subió a la cama, en cuclillas volvió a meterse la polla y cara mi me dejó que le mordiera los pezones, el segundo orgasmo fue más fuerte que el primero, por mi polla bajaba una oleada de flujo espumoso cuando desde el fondo de la casa se oyó a Asun.

  • Mamá la tía Cecilia de Francia te llama por teléfono, ponte.

 

                                                  Con desgana Merche se levantó sacándose la polla que sonó a un plop y cubriéndose mal con la bata salió al salón.  Asun había desaparecido en cuanto sonó el teléfono, Merche contestó y efectivamente era su hermana, hablaban animadamente y se reía, se le notaba que estaba contenta pero al momento entró a la habitación y no era ella, era Asun que en un salto subió a la cama junto a mi cogiéndome la polla que había decaído un poco, se la tragó aún con los jugos de su madre y al llegar al nivel que le gustó se sentó sobre mí.

  • ¿Qué haces Asun?, te vas a hacer daño, te vas a desvirgar tú sola.
  • Tranquilo chico.

                                                  Se dejó caer, noté que estaba mojada también y de dos golpes de metió la polla caliente aún de su madre, saltaba y cabalgaba al galope, seguramente apremiando porque su madre seguía hablando por teléfono, no noté ninguna diferencia, esperaba notar algo especial al desvirgarla pero le entró como a cualquiera de las demás.  Le cogí las tetas que bailaban sobre mí y las amasé, la chica gemía con voz juvenil y no aguantó tanto como su madre, se corrió sin más, yo estaba preocupado porque aunque llevaba dos condones en previsión de Merche pero no alcanzaba a cogerlos, la chica siguió cabalgando hasta tener otro orgasmo, no parecía querer acabar nunca, su madre estaba habladora y ella quería aprovecharlo, le dije con voz entre cortada.

  • Asun por favor, bájate porque me voy a correr dentro de ti.

                                                  La chica pareció no oírme pero al momento bajo y se metió la polla en la boca dispuesta a terminar el trabajo oralmente, desde el comedor se oía…

  • Bueno Cecilia… te tengo que dejar porque tengo visita, me alegro de oírte y a ver si vienes pronto, ya tengo ganas de abrazarte.

 

                                                  Asun  tuvo que dejar la polla como una vela y salir corriendo, recogió el pijama del suelo y desapareció antes de que su madre apareciera.

  • Vamos a ver Carlos… ¿por dónde íbamos?  Ah sí.

                                                  Merche recogió el testigo de Asun y lamió chupó y tragó la verga, yo ya había cogido el condón del bolsillo en previsión y esperé a que sacara la polla de la boca.

  • Chico precavido, me gusta pero antes de correrte en mi coño quiero que me la metas en el culo ¿te parece?

                                                  No sé para qué preguntaba porque se subió otra vez a la cama y se sentó pero esta vez metiendo la polla en su trasero.

  • Así es incómodo, voy a ponerme en cuatro y para ti también será mejor.

                                                  Lo dijo y lo hizo, me puse detrás de ella, puso las manos en la cama quedándose de pie, le metí directamente la polla en el culo, desde el ángulo que estábamos Asun veía como la verga desaparecía en el culo de su madre, vi como llevaba una mano al coño porque se había bajado el pijama y otra mano a su culito.  Primero me enseñó que se iba a meter un dedo y al momento lo sacó mojado, luego me enseñó dos, yo estaba como un burro y lo pagaba su madre que no se quejaba, el orgasmo fue brutal, cayó de bruces sobre la cama y la saqué, me puse el condón ahora bien puesto y se la volví a enterrar esta vez en el coño, su hija estaba desesperada, con dos dedos en cada agujero, tiritaba de gusto y se corrió en silencio, se quitó la camiseta del pijama y dejó caer el pantalón, estaba desnuda cerca de mí a espaldas de su madre y paso a paso se acercó cauta hasta pegarse a mi espalda, se agachó entre mis piernas y me cogió los huevos, su madre empezó a gemir fuerte.

  • Así Carlos, eso no me lo había hecho nadie, me encanta, sigue así.

                                                  Yo no hacía nada especial pero vi que a la vez que me acompañaba los huevos la hija le frotaba el clítoris a su madre, le cogí las tetas a la chica y ya no pude más, los masajes de Asun y las presiones de los músculos vaginales de la madre me fulminaron o, mejor dicho nos fulminaron a los dos porque Merche volvió a correrse por los efectos de nosotros dos, llené de leche el preservativo hasta rebosar por el anillo, Asun me ayudó a que no se me cayera al sacar la polla y al ver que su madre se había desplomado en la cama desfallecida me dio la vuelta y me chupó la polla impregnada de leche, al terminar pellizcó el condón de la punta y se metió el anillo en la boca, exprimió la goma como si fuera un helado y todo el semen desapareció entre sus labios, agachada para que no la viera su madre salió de la habitación.

                                                  La prueba terminó bien, cuando se repuso, se probó sin sujetador, y me prometió que a la próxima se los pondría todos.  Cuando llegué a casa mis primas ya me estaban esperando.

  • ¿Primo, cómo ha ido la prueba a la madre de Asun?
  • Muy bien pero Asun se puso enferma y volvió al rato.
  • Jajaja, eso es lo que dijo cuando se enteró que ibas a ir.
  • Pues se llevó un chasco casi, si no llega a ser porque llamó por teléfono la hermana de Merche y tuvo que salir a contestar.
  • Jajaja, ¡Merche no tiene ninguna hermana, se lo inventó, ya habían quedado en eso!
  • ¿Entonces, con quién hablaba Merche?
  • Con nadie, sabía lo que estabais haciendo vosotros.
  • ¿De verdad?
  • Claro, ya te dijimos que se cuentan todo y comparten lo que pueden, jajaja.  ¿No te parece bien?

Continuará.

 

Agradezco sus valoraciones y comentarios.

 

Gracias.


Comunidad de Autores y Lectores de TodoRelatos
Chatea online con webcams!

comunidad.todorelatos.com



© tauro47

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (2)
\"Ver  Perfil y más Relatos de tauro47
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.


CAMS PORNO: 100 MONEDAS GRATIS EN LA COMUNIDAD TODORELATOS