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Fecha: 05-Mar-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Me hicieron creer que era afeminado. (3)

tauro47
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Mis habilidades con la aguja y el dedal iban paralelas a mi ampliación de conocimiento con las féminas, una cosa iba unida a la otra y yo cumplía mi sueño. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

                                                  Cuando salí de la casa del Jefe de policía dejé a las dos mujeres vistiéndose como iban de costumbre, ya era media tarde y bajé por la empinada calle hacia el pueblo, en la lejanía vi al jefe subir por la acera que iba andando con dificultad, tropezando en cualquier cosa y agarrándose a las farolas, evidentemente iba bebido y crucé de acera para evitar encontrarme con él porque no sabía cómo podía reaccionar si me veía.  No tuve suerte, ni bebido perdía el instinto de sabueso y al pasar a su altura me llamó desde la otra acera con voz pastosa.

  • ¡Eh, muchacho, ven!
  • Dígame señor.
  • ¿Cómo ha ido la cosa, ya le has tomado las medidas?  Jajaja.
  • Sí señor, ya tengo lo principal.
  • Espero que no le hagas nada demasiado exagerado, ya ves cómo me gusta que vista.
  • Sí ya me di cuenta, no se preocupe, procuraré hacerle algo bonito pero discreto, ¿le puedo ayudar?
  • Eso es veo que eres un chico listo, ya que lo dices no me vendría mal que me acompañases, ¡sólo un trozo!  Es que he tomado dos copas y se ve que me han sentado mal.
  • Sí, ya veo.
  • Pero no creas que estoy borracho, es que como no he comido… pero dime ¿qué te ha parecido mi mujer, es guapa verdad?
  • La verdad no me he fijado mucho, como es tan discreta…
  • Si mucho, pero la que está muy bien es la chica, mmm. si yo te contara…
  • Si usted lo dice, apenas le he mirado a la cara…
  • Es una chica estupenda y tiene un culo… jajaja.  Bueno vale ya, déjame que ya puedo solo, gracias chico, eres un… muchacho formal jajaja.

                                                  Al llegar a casa encontré la abuela y a sus hijas hablando animadamente y callaron cuando me vieron.

  • ¿Ya estás aquí Carlos, como te ha ido en casa del jefe de policía, te dejó entrar?
  • Hola, me fue muy bien y sí que me dejó entrar aunque… al verme se rió un poco de mí.
  • Es que… Carlos… si fueras mi hijo yo también me hubiera reído.
  • Y yo, haces una pinta…
  • Dejad a mi nieto, yo sé bien que “el hábito no hace al monje”.
  • Y yo también lo sé, ¿verdad hermana?
  • Dejemos el tema Julia.

                                                  No me cogió de sorpresa cuando mi abuela me dijo que me acostara con ella a la siesta como tampoco al ver que debajo de la sábana ya se había quitado el camisón y sólo llevaba las bragas, yo había querido sorprenderla quitándome también los calzoncillos antes de subir a la cama pero al entrar nos sorprendimos ambos.  Antonia me esperaba de lado en el centro de la mullida cama y por el peso rodé en el colchón de lana hasta donde estaba ella y prácticamente nos quedamos frente a frente, notaba la tibieza de su piel y el olor a jabón de “olor” como se decía antes, se acercó a mí hasta tenerme casi pegado.

  • Cuéntame Carlos ¿qué ha pasado en casa del poli?, me han dicho que su mujer es muy guapa, apenas la ha visto nadie, es de buena familia y cuando el jefe se casó en Oviedo con ella la trajo y casi no la deja salir.
  • Sí que es guapa abuela, es rubia y tiene el pelo muy bonito.
  • Y… tú ya me entiendes… de cuerpo, ¿qué tal?
  • Por las medidas que le tomé no está mal.
  • Venga Carlos no te hagas de rogar, ¿tiene muchas tetas?
  • Pues… vestida como iba apenas se le notaban pero luego… Uf, tiene casi cien de pecho.
  • No me digas que la viste sin el vestido.
  • Claro, llevaba un sujetador que le oprimía el pecho y yo necesito las medidas reales.
  • Jajaja, ¡qué pillín eres Carlos!

                                                  Antonia ya había notado que la proximidad suya me estaba afectando y la polla iba ganando tamaño y fue a su encuentro, como siempre la descapulló y la recorrió hasta el principio luego la cogió con la mano cerrada y la fue moviendo despacio mientras que hablábamos.

  • Y dime Carlos, ¿cómo tenía las tetas, te gustaron?
  • Como es rubia tenía el pezón claro pero con el círculo bastante grande y duro.
  • ¿Qué, se los tocaste, le tocaste los pezones a la mujer del Jefe?  Jajaja, no me lo puedo creer.
  • Fue sin querer, le pasé el metro y con los dedos le rocé, se le pusieron como olivas y duros.
  • ¿Más duros que los míos?  Toca Carlos y dime.

                                                  Apoyé las manos sobre las tetas de mi abuela, las tenía juntas al estar de lado y pude apretarle los dos a la vez, cerró los ojos y sacó pecho para que los tocara mejor, le cogí con la mano la teta entera y la sopesé, también estaba dura aunque no tanto como la de Jacinta, Antonia acusó la caricia, apretó mi polla y aceleró los meneos.

  • ¿Quién tiene las tetas más duras Carlos, la señora o yo?
  • La señora Jacinta es más joven abuela pero las tuyas huelen muy bien.
  • ¿Ah, te gustan como huelen mis tetas?  Si quieres huélelas más, espera que me ponga boca arriba y las hueles.

 

                                                  Se puso boca arriba y bajó la sábana hasta la cintura descubriendo las dos tetas, yo me acerqué a olerlas pero ella me cogió de la cabeza y me la acercó hasta que el pezón se me pegó a los labios, apenas los abrí cuando me entró uno, estaba áspero y duro pero olía muy bien y al entrar en mi boca me di cuenta que sabía todavía mejor, ella me movía la cabeza dirigiéndola hacia donde quería que la chupara, le dejé las dos tetas mojadas de saliva y los pezones salidos.  Me soltó la polla y sacó la mano llevándosela a la nariz.

  • Mmm, pues tu polla también huele muy bien, ¿me dejas que la huela?
  • Lo que gustes abuela.

                                                  Acabó de retirar la sábana hasta los pies mi polla estaba como el faro de Llanes y el capullo encendido, se asomó y le gustó lo que vio, poco a poco se incorporó y poniéndose de rodillas gateó hasta acercar la cara a mi entrepierna, oí por un momento cómo aspiraba oliéndome y al momento noté la humedad de su lengua y luego toda mi polla sintió el cálido aliento de Antonia, se había tragado mi polla.

  • Mmm, deliciosa Carlos, no te puedes imaginar qué bien sabe, ¿te gusta que te la chupe?
  • Sí abuela, me ha gustado mucho, si quieres puedes seguir un poco más si no te cansas.
  • ¡Qué voy a cansarme, espera y verás!

                                                  Mi polla desapareció en la boca de Antonia, de rodillas a mi lado se apoyó con los codos en el colchón y sólo movía la cabeza, le veía subir y bajar, intenté colaborar levantando el culo pera que llegara mejor pero me tocó el culo para que me dejara caer, prefería hacerlo a su manera y reconozco que era lo mejor, yo relajado me di cuenta que el culo de ella lo tenía a mi lado y le pasé la mano.  Antonia se acercó más y seguí por los muslos, abrió las piernas para que llegara y al tocarle las bragas mi abuela con una mano se las bajó hasta las rodillas y luego levantando una pierna se las quitó del todo, yo no podía verle el coño pero mi mano sí que le llegaba y cuando pasó suave entre la raja del culo hasta adelante noté lo mojada que estaba.

                                                  Antonia seguía sin dejar de tragar mi polla pero de cintura hacia abajo se movía ofreciéndome la mejor postura para que la acariciara, en un momento se acercó tanto que pasó una pierna sobre mí y me dejó un muslo a cada lado, ahora ya podía verle el coño, no tenía el pelo demasiado poblado pero olía bien y lo toqué con la lengua, dio un salto de sorpresa pero enseguida volvió a bajar y esta vez abriendo las piernas se dejaba caer sobre mi cara, apenas podía respirar con los labios de su coño en mi boca pero mi lengua notó el clítoris hinchado y lo lamí hasta hacerlo salir, no había visto a mi abuela tan agitada nunca, se había abrazado a mis piernas y había abandonado mi polla hundiendo la cara en mi ingle, yo notaba su respiración agitada en mis huevos cuando se estremeció, aguante sin respirar mientras se corría en mi boca, fue una corrida abundante pero mi lengua no dejó de moverse, ella balbuceaba a la vez que se estremecía sin control.

  • ¡Para Carlos Para, que me vas a matar, ya no puedo resistir tanto gusto, me he corrido como hacía muchísimos años!
  • Me alegro mucho, tú también me has dado mucho gusto.
  • ¡Si no te has corrido aún!  Qué maravilla pero no te preocupes Antonia no te dejará así.

 

                                                  No habló más, se incorporó y volvió a meterse la polla en la boca y no paró hasta que no pude más, la toqué desesperadamente en el culo para que parara, le iba a llenar la boca de leche pero ella no me hizo caso y me rendí, cogí las tetas que colgaban y las estrujé a la vez que me vaciaba en su boca, no desperdició ninguna gota, con los labios apretados recogió la leche según salía y la iba tragando rápidamente, hasta que salió todo el semen luego se dejó caer sobre la sábana agotada, las rodillas y los codos los tenía rojos pero las tetas también de las caricias mías.

  • ¿Te ha gustado Carlos?
  • Sí me ha encantado abuela.
  • Pues no ha sido nada comparado con lo que me has hecho sentir a mí.
  • Estabas muy mojada.
  • ¿Mojada?  Estaba chorreando flujo como una fuente, aunque tú no sé de donde sacas tanta leche.
  • ¿Tenía mucha?
  • Muchísima, no daba abasto a tragar con la que salía a golpes pero está deliciosa.
  • A mí también me gusta tu jugo.
  • Gracias, creí que no te gustaría.
  • Me ha encantado ver cómo disfrutabas.
  • Y a mí.

                                                  Estuve en los días siguientes cosiendo las cortinas de mi tía, ella venía de vez en cuando a ver cómo iba la cosa y de paso aprovechaba para agacharse y enseñarme las tetas, llevaba los escotes casi siempre abiertos cuando entraba en mi habitación y me ponía la polla a mil aunque yo procuraba taparme con la cortina para que no se notara, a Julia le gustaba ponerme caliente a cualquier momento y yo tenía que cuidarme porque enseguida se me empinaba la polla.

                                                  Una tarde mi prima Alicia se asomó por mi puerta, detrás de ella se oía que había alguien, seguro que era Cris.

  • Oye Carlos, ¿quieres venir un momento a nuestro cuarto?  Tenemos otra cosa que enseñarte.
  • Ya me imagino que será, ya lo he visto.
  • No, éste no de verdad, te va a gustar.

                                                  Recogí un poco todo y fui al cuarto de mis primas, yo sabía que sería otro sujetador que le habría comprado mi tía.

  • A ver ¿qué es eso que tanto me iba a gustar?
  • ¡Mira que sujetador más bonito y… grande!

                                                  El sujetador en verdad era bonito, no como el que llevaban ellas pero lo que me llamó la atención era la talla, era más propio de Julia ¡qué digo, a mi tía le vendría grande!

  • ¿Te ha gustado? Pues imagina cómo serán las tetas que necesita esto.
  • ¿A quién se lo habéis quitado?
  • A mí.

                                                  Me volví, detrás de la puerta estaba Asun, la amiga de mis primas, se había quitado la camiseta y llevaba las tetas al aire, un par de tetas como no había visto yo antes, grandes, perfectas, altas y duras, mis primas me miraban y yo estaba encandilado con aquella hermosura y mis manos sin querer avanzaron hacia ellas.

 

  • Un momento primo, le hemos contado a mí amiga la polla que tienes, se estaban burlando de ti y tuvimos que contárselo y no se lo cree, le hemos hecho venir para que se la muestres con la condición de que te deje tocar las tetas pero sólo si tú le enseñas tu polla.
  • Os dije que no se lo dijerais a nadie, no me gusta enseñarla como si estuviera en el circo.
  • Vamos primo… si ella no va a decir nada… sólo quiere verla y de paso le tocas las tetas.

 

                                                  El argumento era abrumador, sin decir nada me bajé los pantalones hasta los tobillos, la chica se acercó a mí y se pusieron las tres de rodillas, Alicia como siempre era la maestra de ceremonia me cogió la polla y me retiró el prepucio.

  • ¡Oh, qué maravilla, esto sí que es una verga no cómo la de Germán, siempre está presumiendo y no tiene ni la mitad y no puede descubrir el capullo como tú!
  • Ahora ya la ha visto, Carlos ya puedes tocarle las tetas.

                                                  Mis dedos me picaban de impaciencia y me lancé a por ellas, la chica se incorporó un poco para que alcanzara y amasé las dos maravillas con ansias, mi prima le estaba haciendo demostraciones de mi polla y pronto se le unió Cris.  Noté su mano pero ya no noté la mano de la amiga que también se unió, tan ciego como estaba por aquellas tetas no me di cuenta que una boca se apoderaba de la polla hasta que la sacó para que entrara en otra boca y me dio frío, las tres chicas me la mamaron, mis manos también buscaron las tetas de mis primas, aunque no tenían nada que ver con las de la amiga.  Alicia ya apuntaba maneras y  Cris con su pezón gigante suplía la falta de volumen, ya estaba a punto de correrme, me importaba un rábano en qué boca iba a soltar la lechada pero de pronto se levantó y mis primas extrañadas la siguieron.

  • ¿Qué te pasa?
  • No puedo más, necesito correrme.
  • Pues córrete, ¿quién te lo impide?
  • Quiero que me acaricie el coño Carlos.

                                                  Se bajó la bragas y se levantó la falda, le vi el triángulo moreno y ella me quitó una mano de una teta y se la llevó a la entrepierna, al momento me di cuenta que el triángulo moreno era por el vello recortado que llevaba apenas de un milímetro y que tenía unos labios muy carnosos, entre ellos sobresalía un clítoris duro y brillante, me abrió los labios para que abarcara bien y metí los dedos presionando el apéndice sensitivo, la chica se me abrazó abriendo las piernas, con su mano me meneaba la polla que mi prima Alicia tenía en su boca y Cris amasaba mis huevos.

                                                  Para Asun fue suficiente, me rodeó con los brazos el cuello clavándome los pezones en el pecho y se corrió, atrapó mi mano entre sus piernas y se estremeció, mis primas esperaban de un momento a otro que yo me corriera también, Alicia estaba atenta a mis pulsaciones pero en ese momento llamaron a la puerta, el abrazo y la mamada terminó de forma brusca, y cuando contestó Cris le dijo a su madre que me estaban explicando lo que habían dado en clase, el peligro pasó pero ya no volvimos a empezar, en parte me alegré porque no sabía en que podía haber acabado aquello.

                                                  Alicia se asomó a la puerta antes de darnos luz verde para salir, la amiga se había vestido otra vez aunque se había puesto una compresa en el coño porque le caía flujo por los muslos y yo me guardé a duras penas la polla que no había podido descargar.

                                                  Desaparecí por el pasillo, y al pasar por la puerta del cuarto de la lavadora vi a mi madre preparando la ropa para lavar, ella también me vio y me llamó inmediatamente.

  • ¡Eh Carlos, ven un momento!
  • ¿Qué quieres mamá?
  • ¿Te has cambiado de ropa interior esta mañana?
  • Pues… no, se me ha olvidado.
  • Entonces ya puedes quitártela porque voy a lavar la ropa blanca.
  • Voy a mi habitación y me cambio.
  • No que te olvidas, quítatela aquí, te cubres con una toalla y te pones la limpia en tu habitación.

                                                  Mi madre también sabía mandar y no me dejó opción a replica, me quité el pantalón y la miré, con el pié daba golpecitos impaciente en el suelo, tuve que seguir y me bajé lo calzoncillos hasta los pies y me los quité, ella abrió los ojos asustada.

  • ¿Pero qué te pasa hijo mío?  ¡Tienes el pito rojo y además lo llevas todo duro e irritado!
  • No sé mamá, de momento se me pone así y no lo puedo remediar.
  • … A ver… caray Carlos, ¡si lo que tienes es una erección de caballo! anda, ve a tu habitación y te alivias…
  • ¿Y cómo me voy a relajar con esto así?
  • Hijo… vamos a ver… ¿tú no… no te… no te haces pajas?
  • No mamá, no me hecho nunca eso.
  • (Joder este niño…) ¿me quieres decir que no te has meneado la polla nunca tú solo?
  • De verdad mamá nunca lo he hecho.
  • A tu edad es normal hacerse una paja de vez en cuando, las hormonas las tenéis alborotadas y por eso se te pone la polla así.
  • No sé, será como dices.
  • Vamos a ver, estas cosas son para que te las explique un hombre pero aquí no hay ninguno, ¡tendré que ser yo tu madre la que te enseñe a hacerte una paja…!
  • Lo que quieras mamá pero si me lo explicas yo me acordaré.
  • No digas tonterías, ¡no querrás que te lo anote en un papel hijo!, déjame ver, mira te lo voy a explicar y espero no tener que repetirlo, cuando tu polla se pone así de dura, (Dios, que talla calza) debes aliviarte porque además de la incomodidad es feo que se te note el bulto entre las piernas.

 

                                                   Con toda la paciencia me hizo sentar sobre la lavadora dejando las piernas colgando y cogiendo una silla se sentó frente a mí, buscó crema para las manos y se repartió abundantemente, me cogió la polla con toda naturalidad y le dio un par de meneos, ya la había despejado de la piel y su expresión iba cambiando, su mirada estaba fija en el capullo redondo y con cuidado lo iba untando de crema también.

  • Carlos saca el culo un poco de la lavadora porque no llego bien y apoya los pies en mis rodillas.
  • ¿Así mamá, con las piernas abiertas?
  • Eso es hijo, las piernas bien abiertas y fíjate como lo hago yo.

                                                  Mi madre tenía mucho interés que lo hiciera bien y empezó desde el principio, aunque tenía las manos lubricadas se escupió en la palma y me aferró la polla del tronco, las venas se me hincharon y estuvo tanteando lo dura que estaba, luego fue bajando hasta que llegó a los huevos, con la otra mano me cogió el capullo y la deslizó hasta chocar con la otra mano que fue retirando hasta dejar libre un trozo de polla en la punta que enseguida cogió, así iba recorriendo toda la polla a lo largo como una paja sin fin, las dos manos se alternaban y mi polla estando al máximo no daba señales de progresar a más.

  • Caray hijo, que aguante y eso que me estoy esmerando, te estoy haciendo una paja especial y tú no te inmutas, a ver si te falta motivación.

                                                  La bata que llevaba era escotada y podía verle, desde arriba de la lavadora, parte de las tetas, hasta el canalillo pero no más, ella se encogió para ahuecar el escote pero poco pudo progresar y se abrió dos botones, así ya el canalillo se veía profundo y algo debió de notar porque vio que era buena la idea.

  • Espera hijo, a ver si esto va adelante o no de una vez.

                                                  Se abrió el vestido hasta la cintura, sacó los tirantes por las mangas y se soltó el sujetador sacándolo por una manga como un trapo, las dos tetas saltaron sueltas, me recordaron las de Alicia pero en grande, las acababa de estar sobando y en un impulso mi mano quiso notar la diferencia, mi madre en un primer momento me esquivó pero comprendió que con las tetas afuera ya daba lo mismo si se las tocaba y se acercó más a mí, le cogí las dos tetas y le estrujé los pezones, mi madre siguió con el juego de manos, parecía un malabarista.

  • Carlos saca un poco más el culo que no llego bien.

                                                  Me quedé en el mismo canto de la lavadora y la polla a 45º frente a mi madre, sus manos eran un ir y venir continuo y el capullo lo tenía morado de tanto roce.

  • ¡Qué cosa más rara, con el masaje que te estoy dando y no te corres!, a ver si es por falta de lubricación, le echaré saliva.

                                                  Se acercó y desde arriba le echo un par de salivazos pero apenas le salió porque tenía la boca seca, la solución que encontró en lubricarla directamente y se la metió en la boca, quitó una de las manos y el glande entró con cuidado de no arañarlo con los dientes, me miró desde abajo y con los ojos me preguntó si me iba bien, yo para confirmarlo le cogí la cabeza del cogote y la apreté contra mí, se tragó más de media y tosió.

  • Hijo por favor, que mi garganta no es un buzón de correos, si quieres yo intentaré meterla hasta donde pueda pero con cuidado.

                                                  Volvió a meter el glande y poco a poco fue tragando, notaba la lengua que engullía y me apretaba contra el paladar, me miraba a los ojos demostrándome que lo intentaba, llegó más hondo que yo con el empujón, en el cuello se le notaba el bulto y cuando sólo le faltaban dos dedos la puse las manos en la cabeza, quizás temió que le obligara y prefirió hacer un último esfuerzo llegando a tocarme la mata de vello de mi pubis con la nariz, los ojos le lloraban y le acaricié las tetas en agradecimiento, me cogió los huevos sin sacar la polla de la garganta y antes de que se diera cuenta le estaba llenando el estómago de semen, no pudo ni saborearlo, le pasó directamente sin mojarle el paladar, casi se atragantaba pero tragaba a toda velocidad.

  • ¡Aaaaag joder Carlos, haberme avisado, si no lo trago me ahogas en leche, que cantidad fabrican tus huevos, no lo había visto nunca!
  • Gracias mamá, me ha gustado mucho, y sobre todo tocarte las tetas, las tienes muy duras y me encantan.
  • Me alegro hijo, ya he notado que cuando me las acariciabas te crecía más la polla pero…  ¿Qué te pasa, después de la descarga que has tenido no se te baja la erección?
  • No sé a veces me pasa.
  • Si no lo veo… eso es que te queda leche todavía, espera… pon la polla entre mis tetas y verás cómo te sale toda.

                                                  Bajé de la lavadora y mi madre sentada en la silla se echó hacia atrás dejando las telas a la altura de mi polla, se la puse en el canalillo y ella la atrapó con sus pechos.

  • Ahora muévete Carlos, ¿eso si que sabes hacerlo no?
  • Si mamá eso sí.

                                                  Empecé a moverme, el capullo desaparecía y asomaba llegándole hasta debajo del cuello, me abarcaba hasta los huevos, me cogí a sus hombros y empecé a moverme rápido.

  • Así hijo, así rápido no tengas miedo que no me haces daño y córrete cuando quieras.

                                                  Despatarrado sobre mi madre me movía como una máquina de vapor el embolo de mi polla entraba entre sus tetas y salía por la otra parte, de vez en cuando echaba un salivazo y se deslizaba mejor, la corrida fue espectacular, mi madre se asombraba de las lechadas que le llegaban, ella suponía que se me iba a escurrir un poco por el capullo pero cuando le llegaban al pelo y a los ojos los cerró y abrió la boca con la lengua afuera, algún chorro le entró directo pero la mayoría se repartieron por las mejillas, con la lengua alcanzó los que pudo y el resto con los dedos.

  • Espera cariño, no te muevas, te voy a limpiar bien.

                                                  Esperé con la polla entre sus tetas, estaba todo mojado de leche y ella recogió toda la que tenía en el canalillo, luego me buscó la verga y terminó de dejármela como nueva.

  • Ale hijo, ya puedes ir a cambiarte de ropa, espero que hayas aprendido a hacerte una paja pero de todas formas aquí estoy yo para ayudarte.

                                                  Tenía la polla irritada y me di una ducha, después salí a la tienda para ayudar a mi abuela, habían dos o tres clientas cuando entraron dos más, al contraluz de la puerta no me fijé y ellas se sentaron en unas sillas esperando, cuando les llegó el turno mi abuela me dio un codazo, eran Jacinta y Olivia, traían las telas de los vestidos que habían comprado en la tienda de tejidos, habían salido las dos juntas y parecían muy amigas, las dos estaban muy guapas, se les notaba un semblante alegre y más feliz cuando salí del mostrador para recibirlas, en eso entró otra clienta y comentó.

  • ¡Vaya hombre más grosero, encima que está espiando a quien viene a comprar, me ha dicho una grosería!
  • ¿Quién es ese desgraciado? -dijo mi abuela­-
  • ¡Quién va a ser, el jefe de policía!

                                                  Miramos y en la acera de enfrente estaba el marido de Jacinta, estaba espiando a su mujer y mi abuela enseguida le dio un saquito de azúcar y un paquete de chocolate y les dijo que salieran para que las viera, el marido se hizo el sorprendido, ellas le enseñaron lo que habían “comprado”, él se convenció y les dijo que pasaba por allí de paso y se marchó a seguir la ronda.

                                                  Las dos mujeres volvieron a entrar y le dieron las gracias a Antonia, me contaron que el día que les tomé medida fue borracho y que intentó darle por el culo a Olivia, esta se resignó a recibirlo pero la polla no se le empinó, ella le dijo que le daría unas friegas con alcohol, el no se lo pensó quería meterla en caliente pero sí que lo consiguió, el alcohol le calentó la polla hasta parecer que le ardía y se metió a la ducha con agua fría loco de quemazón, las dos mujeres se reían al recordarlo, desde aquel día, se había portado bien aunque refunfuñando siempre.

  • Ya con la tela me pondré enseguida a coser, ¿cómo le gustaría que fuera el vestido?
  • Como te guste, confío en ti.
  • Si por mí fuera lo haría mucho más escotado y corto del que lleva, parecía un hábito y a Olivia le haría uno mucho más corto y juvenil.
  • Qué más quisiéramos nosotras pero si quieres hazlo un poco más bonito que el mío y entre las dos lo convenceremos para que nos deje salir juntas y lucirlo.
  • Muy bien ya tengo alguna idea en la cabeza, ¿cuándo quiere que vaya a probárselo?
  • Por mi mañana mismo pero si quieres me avisas, tú ven vestido como tú sabes, mi marido se burla de ti cuando te recuerda pero eso es bueno, no pondrá pegas y si quieres… nos puedes probar uno o dos o los dos a la vez... mmm.
  • Mmm, me daré toda la prisa que pueda, Jacinta.  Adiós Olivia, me alegro de verte tan guapa.
  • Y yo también, te esperamos impacientes.

                                                  Mi abuela estaba haciendo cosas disimulando pero oyéndonos, estaba admirada, todas sus suposiciones se habían quedado cortas, había adivinado que a las dos les iba a hacer el mismo “vestido” y notó una ligera humedad entre sus piernas.

                                                  Dejé un poco de lado las cortinas de Julia, de todas formas no tenía prisa y le servía de excusa para venir a verme y calentarme.  Me gustó la tela que me habían traído y enseguida hice un boceto, se lo enseñé a mi abuela, le encantó entre otras cosas porque ella nunca había hecho ninguno, se apañaba con unos viejos patrones de papel y a todas les hacía los vestidos parecidos, yo le enseñé unos dibujos de los que en verdad les haría y los que me gustaría hacerles, mi abuela alucinaba se imaginaba a las dos chicas con aquellos vestidos, serían dos bellezas que admirarían en toda la comarca pero con aquel marido…

                                                  Con el visto bueno de Antonia me puse a cortar y empecé a coser, no salía casi de mi habitación y mis primas se asomaban de vez en cuando para hablar conmigo.

  • Primo ¿qué te pareció mi amiga… buenas tetas, eh?
  • Uf, tienes razón, tiene dos tetas preciosas, aunque las vuestras no son peores.
  • Ya lo notamos cuando nos acariciabas, nos gusta cómo nos pellizcas los pezones, nos pones calientes.
  • ¿Carlos un día nos harás eso que le hiciste a Asun ahí abajo?
  • Mmm.  Alicia… eso es un poco pronto y sois mis primas.
  • Por eso, si a mi amiga le gustó a nosotras con más razón para que nos lo hagas.
  • Está bien, ya veremos pero repito no digáis de esto a nadie, sino ya no habrán juegos de estos.
  • Vale Carlos no te enfades… ¡ah, se me olvidaba!, mi amiga le ha contado a su madre que coses vestidos y le ha dicho que le gustaría que le hicieras uno o dos, ¿qué te parece?  Te puedes ganar un dinerito.
  • Madre mía, Alicia, no me metáis en líos, bastante trabajo tengo con éstos.
  • Bueno le diré a Asun que no quieres coserle a su madre…
  • No espera, tampoco es eso, me interesa que la gente me pida trabajos, así practicaré pero no le digas cuando.
  • Vale, gracias Carlos.

                                                  Cris parece que se había despabilado bastante en poco tiempo porque al despedirme me besó en la mejilla pero rozándome los labios y muy lentamente, por un momento me acordé de sus pezones y la polla dio dos cabezadas, pensé que mis primas estaban andando por el filo de una navaja y seguramente se iban a cortar.

                                                  Debí suponerlo porque al día siguiente una señora vino a la tienda, preguntó a mi abuela por mí y dijo ser la madre de Asun, no sé qué dirían mis primas o su hija pero ella por su cuenta vino a buscarme.  Antonia me llamó y al decirme qué quería la señora sonriendo vi que ya se imaginaba lo que iba a pasar, era clienta suya y ya la conocía, tenía un carácter muy alegre y muy abierto, hablaba de su marido que era un adicto al trabajo y hacía más horas que un reloj en la mina y se quejaba que en su “mina” no picaba mucho, ya se imaginaba que yo le picaría seguramente y eso le hacía moverle la sangre.

                                                  Tragué saliva al ver a la señora, a ella no había que aconsejarle que se hiciera los vestidos más vistosos, con un escote impresionante que enseñaba todo lo que tenía y más me dio una idea de lo que me esperaba.

 

Continuará.

 

Agradezco sus valoraciones y comentarios.

 

Gracias.


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