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Fecha: 03-Mar-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Familia unida. (Introducción)

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La historia de una familia, que comienza para el hijo menor. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Juan se despertó por culpa de la ligera luz que se colaba por las finas lineas de la persiana que iluminaba ligeramente su cuarto. Al mirar la hora en su móvil ,que estaba en la mesilla de noche, pudo ver que faltaban aun quince minutos hasta que sonara el despertador y, tras pensarse si apurar sus últimos minutos de sueño o comenzar su día antes de lo pensado, se levanto de la cama sin pensárselo mucho y tras coger la ropa, se dirigió hacia el cuarto de baño. Mientras el agua caía sobre su cuerpo pensaba en el día que estaba por venir. Era un día cualquiera, o eso pensó en un principio, hasta que recordó que hoy cumplía la mayoría de edad. Pese a la celebración que le esperaba y los posibles regalos, el no sentía el día como nada especial. Lo primero que haría seria ir a clase, en la hora del almuerzo comería algo con unos compañeros de clase y la cena la pasaría con su familia en algún restaurante, como era habitual. Tras el aseo y los pensamientos que le habían acompañado, se dispuso a  peinar su corto cabello moreno y a vestirse. Al mirarse al espejo observo su look, los vaqueros ajustados oscuros iban a juego con la camiseta negra, que dejaba marcado su torso, que pese a no estar marcado, aparentaba algo robusto. Después de peinarse y ponerse algo de colonia, salió hacia la cocina.

Ahí le separaba su padre, Antonio, que como era habitual vestía de traje, que con su pelo corto moreno con unas pocas canas, debido a los cuarenta y cinco, años que había cumplido unos meses atrás, y recién afeitado, le quedaba como un guante. Juan había sacado la altura de su padre, ya que ambos median un metro ochenta aproximadamente. Nada mas verle, su padre se acerco directamente hacia su hijo para unirse en un abrazo cariñoso.

  • Muchas felicidades hijo, dieciocho ya, cuidado con la bebida eh. 
  • Gracias papa, sabes que soy responsable con eso.

Tras una charla tranquila y animada con risas incluidas, su Antonio le sirvió el desayuno a su hijo. Juan comía siguiendo la conversación con su padre, hasta que Marta, su madre, irrumpió en el cuarto. Ese día estaba guapísima, Juan no sabia si era por su cumpleaños o simplemente fue lo primero que cogió, pero el vestido granate que estaba muy ceñido a su cuerpo dejaba marcada cada parte de este. Sus pechos, que Juan siempre había intuido de gran tamaño, sus caderas, y sus piernas, que quedaban al air ya que el vestido era muy corto, destacaban bastante. Su larga melena rubia y sus ojos claros, destacaban en su cara preciosa, que junto con sus labios pintados del mismo color que el vestido, era lo que mas le impresionaba de ella, pese a los cuarenta y cuatro años, que tenia, su madre aparentaba diez años menos. Acompañaba el vestido con unos largos tacones del mismo tono. Pese a que ella no era tan alta como su marido, con esos tacones casi se ponía a su altura. La madre se acerco directamente a Juan y, como anteriormente hizo su padre, procedió a felicitar a su hijo:

  • Felicidades cariño, que guapo estas para celebrar la mayoría de edad, por cierto, vete pensando donde quieres cenar hoy. 

Tras las cariñosas palabras de su madre, ella le dio un beso en la mejilla. Nada mas separar sus labios, restregó con cuidado el dedo por la zona para quitar todo el rastro del pinta labio.

  • Tu hermano llega esta tarde del viaje, y tu hermana entra mas tarde a clase, así que quedamos en vernos directamente en el restaurante. Por cierto, ¿tienes dinero para el almuerzo?
  • Si mama, no te preocupes.
  • Quieres el regalo ahora o esta noche.
  • Si quieres esta noche, así estamos todos.
  • Vale, que tengas un buen día en clase, nos vemos después cariño.

Tras sus ultimas palabras me dio otro beso en la mejilla, para hacer el mismo procedimiento con el dedo. Sus padres se fueron a trabajar, Marta trabajaba en una perfumería, y su padre encargado en un concesionario. Tras ellos, Juan salió solo unos minutos después, para ir andando mientras escuchaba música hasta su instituto. Actualmente estudiaba un grado medio, ahí había echo algunos amigos.

Las horas fueron pasando, y las clases terminaron mas rápido de lo que creía, tras esto, fue con sus amigos como habían hablado a comer algo. Después de despedirse de todos con bastante cariño, volvió a su casa. Al abrir la puerta se encontró con sus padres en el salón de la casa viendo la tele. El, después de saludarlos, fue directamente a su cuarto a hacer los deberes, jugar a la consola, y ver la tele. Llegado la hora se puso una camisa limpia, la primera que cogió, y salió con sus padres a su restaurante favorito. Ya ahí se encontró con su hermano, que llegaba directamente del el viaje que había hecho con un pequeño grupo de amigos a Londres. Su hermano Marco, el mayor con veinticinco años, era tan alto como su padre, el pelo corto, que era rubio como el de su madre, ojos castaños y una barba recortada. Ese día vestía con pantalón vaquero gris y un polo negro. Nada mas verse se abrazaron y, tras recibir las felicitaciones con agradecimientos, estuvieron charlando los cuatro hasta que vio llegar de fondo a su hermana. Ana la mediana, con veintidós años, que siempre había sido su mejor amiga, sobretodo cuando eran pequeños, pero también su fantasía, de pequeño y no tan pequeño. Ana tenia la misma estatura y tono de pelo que su madre, aunque ella llevaba el pelo hasta los hombros. Su cara era fina, por eso destacaban sus ojos, oscuros pero grandes, y sus labios carnosos, que en esta ocasión iban pintados de morado. Llevaba una falda de tubo del mismo color que sus labios, que dejaban sus finas y preciosas piernas para poder disfrutarlas los demás, y tras bajar la vista al completo se podían ver unos tacones iguales que los de la madre, con la diferencia de ser un poco mas bajos y oscuros. La parte de arriba solo estaba cubierta por un top negro que dejaba a la vista el ombligo, y que ademas tenia un pronunciado escote, que dejaba entrever sus pechos, que pese a que Juan sabia que eran pequeños, siempre había soñado con tenerlos entre sus manos.

Ella se acerco primero a el, y le dio el abrazo mas fuerte y cariñoso de todo el día, acompañando de un beso en la mejilla y las felicidades oportunas. Juntos los cinco fueron hacia la mesa que habían reservado y pasaron la cena con charlas interesantes, y sobretodo muchas risas. Tras la amena cena, llegaron los regalos, sus padres le dieron algo de dinero y ropa, su hermano un videojuego que llevaba tiempo esperando, y Ana una figura que hacia tiempo quería pero no había podido hacerse con ella y un cómic. Finalmente volvieron a casa, y tras darle las gracias a todos y desear las buenas noches, fue a su cuarto. Ese era el momento que estaba esperando. Una vez se había puesto el pantalón de pijama y dejo la parte de arriba desnuda, cogió el ordenado y los pañuelos. Se relajo buscando algo de porno, se conformaba con poca cosa. No había tenido muchas experiencias reales y hacía tiempo desde la ultima vez, por lo cual pasaba mucho tiempo en frente de la pantalla del ordenado masturbandose. 

Cuando por fin encontró algo que le excitaba bastante, Elsa Jean nunca le decepcionaba, puesto que le recordaba a su hermana cuando era mas niña. Nada mas comenzar a “relajarse”, llamaron a su puerta y rápidamente esta se abrió. Juan cerro el portátil lo mas rápido que pudo y lo puso a su lado, para intentar taparlo junto con su cuerpo ,por la erección, con la manta. Era su madre que, como el, se había puesto cómoda con un camisón muy cortito, blanco con encajes negros, que transparentaba ligeramente su ropa interior, que encima era negra, cosa que ayudaba a ser vistos.

  • Perdón por entrar así, pero quería hablar contigo antes de que te durmieses.
  • No hay problema mama.

Ella se sentó a un lado de la cama, y Juan intentaba que el bulto de su entrepierna se notara lo menos posible.

  • Te quería decir que, como ya eres mayor, tienes que tener cuidado con las chicas. Ya se que no eres virgen, pero igualmente quería hablar de ese tema.
  • ¿Como lo sabes?
  • No soy tonta hijo, y el día que estabas “jugando” con tu amiga Clara, yo llegue antes a casa, y os oí... y os vi.
  • ¿Que me viste?, ¿Como que me viste?
  • Bueno, la puerta estaba ligeramente abierta y tenia algo de curiosidad. Pero bueno, a lo que iba, las chicas, aveces, solo buscan un polvo con cualquiera y solo quieren pasárselo bien ellas, sin importar como se lo pase su compañero.
  • Ya, bueno, pero mientras disfrutemos ambos y tengamos precaución.
  • El problema es que no les importa que disfruten ambos, solo ellas.
  • ¿Y como voy a saber quienes son “egoístas” y quienes no?
  • Esa pregunta no puedo respondértela, pero si puedo decirte que tienes a tu familia para no pasar penas.
  • ¿Como?

Sin responder a esa pregunta, fue directa hacia su hijo y comenzó a besarle. Un morreo largo y sensual. Juan había pasado de la incredulidad a la excitación un muy corto periodo de tiempo. Sus manos estaba en las caderas de su madre, mientras ella posaba las suyas en las mejillas de su hijo. Marta se separo solo un segundo, lo suficiente para coger las manos de su hijo y colocarlas en su culo, luego siguieron con los labios juntos, disfrutando lentamente. El apretaba las nalgas de su madre, notandolo casi desnudó ya que la única pieza de ropa que pudo palpar debajo del camisón era un tanga. Entonces ella echo a un lado la manta, y  vio el ordenador. Se separaron y ella fue directamente a ver que estaba viendo su hijo. Juan no noto sorpresa en el rostro de su madre cuando vio el porno reproduciéndose. Elsa Jean estaba de rodillas haciendo un oral a un hombre maduro.

  • Con que eso es lo que te gusta

Sin mencionar ni una sola palabra mas, su madre bajo por la cama, hasta llegar al pantalón y bajarlo a la misma vez que el calzoncillo. El pene de su hijo salto como un resorte y la mano de ella lo intentó cubrir, sin llegar a taparlo. Mientras miraba a su hijo, su mano se movía lentamente de arriba hacia abajo, a paso lento pero constante. La mirada de Marta dejaba entrever lujuria mientras la sonrisa que marcaba su boca lo confirmaba. Tras ver como el pene de su hijo empezaba a lubricarse ligeramente solo, se lo llevo a la boca. Era la primera vez que le hacían un oral a Juan, siempre había esperando en sus relaciones que se animaran, pero nunca llegaron a hacerlo. El notos el calor y la humedad, los labios de su madre y el roce de su lengua, hacían que la excitación no desvaneciese. Ella notaba el calor, sobretodo de la punta, para ella no era la primera vez que estaba en esa posición, pero el echo de hacérselo a su hijo pequeño le ponía muy cachonda. La mamada siguió sin parar, el ritmo aumentaba hasta que sonaba el ruido del pene de Juan en la boca de su madre. 

  • Me voy a correr, no puedo aguantar mucho mas.

Ella hizo caso omiso y siguió a lo suyo. Y al par de segundos, como el había advertido, comenzó a notar el semen de su hijo llenando su boca. Juan comenzó a sentir posiblemente el mayor orgasmo de su vida. Una vez el se quedó completamente vacío, ella aparto su boca y, mirándole con la misma lujuria que hacia un momento, abrió la boca para mostrarle todo su semen en ella. Y sin dudarlo se lo trago, relamiéndose después, saboreandolo, cosa que a el le excitaba aun mas si podía. Volvió a colocar la ropa que momentos antes había bajado a su hijo. Se acerco a el una vez mas, y le dio otro beso en la boca, esta vez mas corto.

  • Buenas noches hijo, felicidades por ultima vez, descansa. Espero que te lo hayas pasado bien.
  • Ha sido el mejor momento de mi vida. ¿Va a ser único?
  • Por supuesto que no, ahora vas a saber lo que es la familia unida.

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