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Fecha: 01-Mar-19 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduras

Dos casadas, maduras libertinas.

Valenciano
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Tiempo estimado de lectura: [ 23 min. ]
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Eran familia entre ellas, vivían en un lugar aburrido y ellas necesitaban un desahogo, nunca lo habían tenido, hasta el día que se dieron las circunstancias necesarias. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Una semana antes del bautizo, hice una escapada a Valencia, quería pillar a mi amigo a solas y sin que se lo esperara, quería tener una conversación seria con él. Fui en el primer tren de la mañana, para volverme luego por la tarde. Le pille por sorpresa no me esperaba. Después de un momento de incertidumbre se acercó y me dio un intenso abrazo. Trato de organizarme el fin de semana y le dije que no, que me iba esa misma tarde, que solo había ido para tener una conversación tranquila con el solo. Frunció el ceño y me dijo que por lo menos que comeríamos juntos. Acepte porque me daba tiempo. Me dijo que esperara un momento y al rato salió diciendo que ya no teníamos que tener ninguna prisa y nos fuimos a charlar relajadamente, en el camino al lugar donde fuimos a tomar una copa, me fue recriminando el distanciamiento.

- Y no me digas que son imaginaciones mías, que cada vez es menos de ti y lo que se es por terceros. Así que ahora con calma ¿Qué es lo que te pasa conmigo, con Amparo o con los dos?

- Si tienes razón, he querido poner tierra de por medio o un poco de distancia entre vosotros y yo, pero no quiere decir que no te siga apreciando y que no te considere más que un amigo. Simplemente he creído que era lo mejor, sobre todo para vosotros.

- ¿Pero de que vas? ¿Te has convertido ahora en mi padre? Que ya somos adultos para saber lo que hacemos, lo que queremos o lo que no queremos, así que no me jodas. (Bastante enfadado me dijo esto)

- Ya sé que no soy tu padre, quiero evitar que se pueda dar otra vez la misma situación y no quiero joderte.

- Pero porque ahora te has vuelto tan jodidamente pulcro. De acuerdo que sobrepasamos con creces lo que acordamos, pero no fuiste tu solo, fue cosa de los tres. Amparo no se arrepiente y yo tampoco. Aunque algo jodido sí que estoy.

- ¿Por qué estas jodido? Y se claro.

- Porque las cosas no han vuelto a ser igual y ante de que te fustigues. No han vuelto a ser igual, porque ni Amparo ni yo no hemos cogido los mismos calentones que contigo. Lo intentamos pero no hay manera, es más, le propuse de buscar a alguien y se niega con un desconocido.

- Pues lo siento, no sé qué decirte, me coges por una vez perdido.

- Que con esto no quiero decir que queramos algo contigo, no creas que te quiero embaucar, que no es eso.

- No, si yo no pienso nada.

- Te lo digo para que estés tranquilo el próximo fin de semana cuando te quedes en casa, te juro que no te violaremos, jaja.

- No le veo la gracia, pero cuando te diga esto no te vas a reír. Si he puesto esa distancia es porque si vuelve a suceder, antes y después todo sería normal, como siempre, pero en él durante te trataría de una forma bien distinta a ti y a tu mujer, porque coincido con Woody Allen en que el buen sexo tiene que ser sucio. Te lo haría pasar putas, por cómo te trataría y por como trataría a tu mujer, aunque sé que ninguno de los protestaría.

- Asustas, ¿Qué quieres decir con todo eso?

- Pues que te haría el rey de los cornudos y a tu mujer la reina de las…

- Calla, calla, no sigas. No es necesario de que seas tan explícito.

- Entonces, ¿Ahora me entiendes?

- No te entiendo, tu nunca has sido tan temeroso y las cosas no pasan porque si o porque tú quieras. Así que olvida tus temores y no lo hablemos más, el fin de semana que viene duermes en nuestra casa y punto.

- Estas loco hermano, de verdad que estás loco. Te gusta jugar con fuego.

- Sabes que siempre quise ser bombero. Y ahora vamos a comer.

Finalizo la conversación y nos fuimos a comer. Llegando al restaurante me conto que comíamos con sus suegros y su mujer, que ya había quedado. Cuando llegamos ya estaba sus suegros, su mujer y él bebe. Como nada más había visto a la niña por fotos o videos, me la enseñaron y lo típico, los ojos son del padre, la nariz de la madre, etc. y yo callado, asintiendo a todo lo que decían. Lo único que sé que me recorrido un escalofrío al ver a la niña. La mirada de Amparo fue muy peculiar y no sabría decir el motivo. Para mi estaba siendo un momento bastante tenso, aunque trataba de disimularlo con una amplia sonrisa y hablando con el padre de Amparo. Que se interesaba como me iba todo por Madrid. Nos avisaron de que la mesa estaba lista y no fuimos a sentar, rápidamente conté y quedaban cuatro sitios libres.

Poco después llegaron dos parejas. La hermana de la madre de Amparo y su marido, venían con otra pareja que era la prima de la madre y su marido. Ambas parejas vivían fuera de Valencia, en el mismo sitio. Las tres eran más o menos igual, muy estilosas. La madre de Amparo, Mirian (50) su hija se le parecía mucho, buena figura y muy agradable. Buen pecho y el culo un poquito grande. Su marido Damián (53) un hombre muy pasota y pendiente todo el momento de su nieta, se le caía la baba. La hermana Carmen (43) morena y de pelo muy largo, totalmente liso, tenía un morbazo tremendo. Ojos claros y boca más grande de lo normal, con una sonrisa y una dentadura perfecta. sobre 1.70 y unas tetas que no sabía si eran naturales o no. El culo era más discreto pero tenía una buena forma. Su marido un tío anodino, algo raro, no le pegaba a esa mujer. Iba vestida con un pantalón ajustado y una chaqueta, que quedaba bien claro que no la podía cerrar por el volumen de su pecho y unos botines que realzaban sus piernas y su culo. Luego estaba la prima Marta (39) más o menos de la misma altura de su prima. Tenía un pecho grande también, pero comparo con el de su prima, se veía pequeño. Un culo muy alto y respingón. Ojos color miel con una mirada intensa y penetrante. Desde el primer momento me di cuenta de que no llevaba sujetador. Llevaba una falda vaquera y unas botas vaqueras, se veían unas piernas muy bonitas. Llevaba una cazadora a juego y una blusa rosa. Su marido Paco (44) era un tío muy campechano y bastante hablador.

Me presentaron a todos ellos, ya que era un invitado de última hora. Desde el principio hubo mucha química entre Miriam, marta y yo. Tanto que Paco de cachondeo me decía, “Cuidado con esas que son el demonio, que son malísimas, jaja” nos reímos y seguimos a nuestro aire, ante la atenta mirada de Amparo, que tenía cara de malas pulgas. En la conversación me entere de donde vivían y ellas decían que era la muerte en vida y me lo recalcaban una y otra vez, que ya hacía dos años que habían cerrado hasta el único cine que había. Con eso estaba dicho todo. Con la excusa del bautizo se habían venido a Valencia unos días y aprovechaban para salir de fiestas. Estábamos tan bien que no nos dimos ni cuenta que éramos los últimos.

Nos salimos del restaurante y propusieron ir a tomar algo a algún sitio, les dije, “Lo siento, ya me gustaría, pero me tengo que volver a Madrid” tanto Marta como Miriam y Paco, se pusieron a convencerme y se les unió mi amigo Juan Carlos. Me excuse por no haber traído ni ropa para cambiarme, tampoco tenía hotel, Juan Carlos muy rápido se ofreció a que me quedara en su casa y el resto me trataba de convencer de que me quedara en su hotel, porque ellos estaban hospedados en un hotel. Me encontraba discutiendo, con todas las mujeres menos con Amparo y con Damián, que las apoyaba. Llevábamos un arto así cuando se metió en la conversación Paco, que se había retirado a hablar por teléfono. “Ya no tienes excusa he llamado a nuestro hotel y ya tienes habitación, así que no hay nada más que hablar” al final acepte, sobre todo por esas dos mujeres que estaban para comérselas y porque no tendría que quedarme en la casa de mi amigo.

Estábamos en una cafetería cuando alguien y no me acuerdo, propuso de ir a cenar por ahí y después como decían de fiesta. No me pareció mal. Los suegros de Juan Carlos se ofrecieron a quedarse con la niña para que ellos pudieran salir y Amparo acepto a regañadientes. El otro que dio la nota fue el marido de Mirian que decía que le parecía todo muy bien , pero que él tomaba algo en el hotel y se iba a dormir, que nos lo pasáramos bien, lo decía de buena gana, nada de sentirse mal. Pues así lo hicimos nos fuimos a cenar. Pero antes Amparo tenía que pasar por su casa y los demás querían pasar por el hotel. Quedamos en hora y media. Me subí a mi habitación y no sé porque lo hice. Me descalce me di un poco de agua en la cara y del minibar me tome un refresco. Me senté y a esperar que pasara el tiempo.

Como Juan Carlos y su mujer llegaron rápido, me dio un toque y baje. Amparo venia en plan “comerme” estaba para eso, para comerla entera. Nos fuimos al bar del hotel y no sentamos, nos quedamos en la barra. Los siguientes en bajar fueron Marta y Paco, no tenía nada que envidiar a Amparo, buf, como venía también. La última fue Carmen, que aparentaba cualquier edad menos 50, traía casi una minifalda que dejaba ver unas buenas piernas y cara de loba, por no decir otra cosa y al llegar lo primero que hizo, fue agarrarse de mi brazo y decir, “Jaja, ¿Os gusta mi pareja? Pues adjudicado, como estamos solos, ale, a dar envidia” lo dijo en voz alta y Amparo le replico, “Tía, por favor, compórtate” y ella le dijo, “Joder con la monja de mi sobrina, jaja” la verdad que todos nos lo tomamos como una gracia de Carmen.

Íbamos a ir en taxi, por eso de las copas. Tuvimos que llamar a dos porque no cabíamos en uno. Carmen fue la que primero dijo, que en un taxi íbamos ella y yo, que si querían que se apuntara alguien más y si no que fueran los cuatro en el otro, Amparo dijo que Juan Carlos iba con nosotros. Abrí la puerta trasera para que entrara Carmen y detrás me metí yo, dejando a Juan Carlos que fuera delante. Las piernas se veían fabulosas y en “un sin querer” en un “despiste” mío, puse mi mano un poco más arriba de la rodilla para hacer un comentario jocoso de lo que íbamos hablando. Ella se echó a reír y me dio en la mano cariñosamente, pero se veía que sin ninguna doble intención. La cena se desarrolló en muy buen ambiente, muchas risas, comentarios graciosos de todo tipo. Hasta que Carmen pregunto haciendo de paso un comentario a Marta y Paco, “Pelayo triunfaría en donde ellos vivían, ¿Verdad que si prima?” se echaron a reír Paco y Marta, Paco se adelantó diciendo, “Jaja, triunfar es poco y si lo tiene todo igual de proporcionado, jaja, ya no te digo” y su mujer dentro de las risas dijo, “porque nos coges casadas, que si no, jaja” pero todos los comentarios a pesar de ser subidos de tono en muchos momentos, no llevaban maldad ni ninguna intención, se notaba claramente.

De allí nos fuimos a tomar una copa y bailar. En un principio bailamos todos y todo lo que ponían, el que era un auténtico festero era Paco. El primero en sentarse y dejar de bailar fue mi amigo Juan Carlos, detrás fue al raro su mujer Amparo no sé si porque no tenía ganas de bailar o porque se había cansado. Se notaba que Paco y Marta sabían bailar, una vez más me dio cabreo de no bailar mejor. Llego el momento que pusieron salsa y bachata. Paco dijo que él se iba a refrescar el gaznate y su mujer fue detrás de él. Carmen y yo nos quedamos. Empezamos a bailar muy tranquilos, hasta que ya nos rozábamos con bastante frecuencia. Llego un momento que sin poder evitarlo el rabo se me puso “cantarín” y como es lógico ella se dio cuenta, porque en uno de esos momentos que la tenía agarrada por detrás y nos rozamos, ella dio como un frenazo pero siguió bailando.

Traté de evitar otro roce hasta que me dije que más da. Así que los roces desde ese momento fueron descarados y mi sorpresa, que ella no los rechazo, todo lo contrario, cuando me notaba en el centro de sus nalgas, se movía y se apretaba mucho más. Necesitábamos beber algo que estábamos secos. Fuimos a donde los demás y de pronto se fueron Carmen y Marta al aseo. Volvían con muchas risas y miradas que lo decían todo. Volvimos a bailar y como Paco estaba enfrascado en una conversación con Juan Carlos, fuimos Marta, Carmen y yo. Amparo se quedó con cara agria. Esta ve bailábamos los tres y las dos entraron en mi “juego” sin ningún problema y todos con muchas risas. Pero las miradas y lo demás ya no iban sin “maldad” me hinche a tocarlas y las dos eran muy sociables, en uno de esos vaivenes, no sé si de casualidad, Marta me toco el paquete y de cachondeo le dijo a Carmen, “Prima he tocado un fenómeno paranormal, que susto, jajaja” y su prima se reía con ella.

Cogí por la cintura a Carmen y le dije al oído, “ven para los aseos, te espero allí” no espere contestación y me fui hacia la zona de aseos. El pasillo hacia como una L, en la primera parte estaban los aseos para hombres y en el otro lado más retirado de la vista, los de mujeres. ¿Vendría? ¿No vendría? Me asomé y las vi a las dos apartadas hablando. Le daría cinco minutos y si no, pues nada. Apareció al final. Muy seria me miro y me dijo no sin cierto solemnidad, “No sé lo que crees que soy, pero lo que si se es que te has confundido conmigo, te has equivocado mucho” lo decía de aquella manera, pero tampoco podía forzar mucho más la situación, así que le dije, “Pues disculpa mi malentendido, porque para mí ha sido una pena, como me equivocado, pues perdona” y cuando me iba a ir. Me agarra con fuerza de la muñeca y tira de mi hacia el aseo de mujeres.

Al entrar había dos chicas que se nos quedaron mirando, ella paso de todo, se metió en uno de los reservados y tiro de mí. Estaba como fuera de sí. Cerro la puerta y nos empezamos a morrear. En un segundo se quitó lo que llevaba en la parte de arriba y se quedó en tetas, que le colgaban algo, con el tamaño y la fuerza de gravedad, era lógico, pero que se veían muy apetecibles. Se puso a desabrocharme el cinturón mientras decía, “Es una locura, pero si no se hacen locuras en la vida, es que estas muerta en vida” una vez me lo desabrochó se sentó en la taza del váter y al sacar mi rabo, me miro lascivamente diciéndome, “menudo atracón me voy a dar” me lamia el tronco de mi rabo, esta así un rato hasta que se lo mete en la boca golosamente y menuda mamada que me hacía, con que ganas y que placer me daba. Hasta que freno en sexo y dijo, “Espera que todavía no te puedes correr, ahora me toca a mí” se apoyó en la cisterna del váter, se apartó la braga a un lado y me dijo, “Vamos métela y no te pares”

No me costó nada metérsela, porque estaba más mojada de lo que esperaba, cuando mi rabo llego hasta el fondo, ella gimió fuerte y desde fuera se oyeron unas voces que decían, “Dale fuerte y si no puedes déjanos a nosotras, jaja” eran las dos chavalas que habíamos visto al entrar. Entre las embestidas que le daba yo y las que me daba ella a mi echando con fuerza su culo para atrás, nos correríamos en nada. Ella tardó poco, porque se puso a correrse y vaya que si lo note, porque se oyó de una manera muy sonora, gracias a que la música exterior anularía el sonido de ella. En cuanto se corrió me hizo sentarme y se agacho hasta meterse mi rabo en la boca y no paro hasta que me corrí, no sé porque la avise de que me iba a correr, pero ella aguanto como una leona y se lo trago todo. Nos compusimos con calma y le dije de ir yo delante para disimular. Ella me dijo que no, que saliéramos juntos como si nada, que si llegábamos los dos a la vez, no llamaríamos tanto la atención y así lo hicimos.

Al llegar a donde nuestros acompañantes, Paco y Juan Carlos seguían tan entretenidos con su conversación, Marta miro a su amiga con una sonrisa cómplice y Amparo con cara de amargada. Marta dijo que iba al aseo y Amparo la acompaño. Al quedarnos solos y como los otros dos pasaban de nosotros, nos pusimos a hablar, para poder oírnos bien, teníamos que pegar la boca a la oreja del otro. Le dije, “Sabes que tu prima está muy buena, no me importaría follármela” ella se echó a reír y me respondió, “Ya sé que está muy buena y casi seguro que a ella tampoco le importaría pegarte un buen polvo, pero no creo que a Paco le hiciera ni puta gracia, jaja” al regresar Marta y Amparo, Carmen quería ir a bailar de nuevo, como era de esperar Amparo no quiso y yo las deje ir solas para observar. Antes de ponerse a bailar vi como hablaban entre ellas, quien más lo hacía era Carmen y Marta se llevaba la mano a la boca y se reía. No tenía ninguna duda de lo que hablaban.

Ahora sí, me fui a bailar y como habían cambiado el estilo de música, poco juego tuvimos y decidimos volvernos hasta que volvieran a poner música que os gustara. Pero no nos habíamos sentado cuando Amparo se puso enrabietada diciendo que ella se quería ir, Paco se quejaba y decía que a él le tocaba invitar a una ronda y yo dije lo mismo. Amparo cedió ante los reproches que le había Juan Carlos. Estuvimos hablando un rato y no habíamos empezado a beber las nuevas consumiciones, cuando Amparo se pone de pie y dice que se va y que se iba. Nos cortó el buen rollo a todos. Paco de un sorbo se tomó su bebida y dijo que nos íbamos. Antes de salir, agarre a Amparo por el brazo para retenerla un poco y le dije al oído, “te has comportado como una cría, te hubiera dado unos buenos azotes” y la deje allí parada. Al salir a la calle, ellos se irían a su casa en un taxi y nosotros en otro al hotel.

Paco cuando llego el taxi dijo, “Me pido delante” y se fue lanzado, lo único que me falto a mí, fue frotarme las manos, ya que estaba pensando cómo hacerlo para ir detrás. Para que ella fueran más cómodas me ofrecí a ir en medio. Paso primero Carmen, que aunque pudo hacerlo por la otra puerta, lo hizo por la que pasamos todos y al hacerlo nos hizo una exhibición de muslos y lo que no eran muslos muy llamativa. Luego me metí yo y la última fue Marta, que aunque en menor grado, hizo también su exhibición particular y es que con esas faldas era inevitable.

No perdí nada de tiempo, una vez sentados, colocaron ambas mujeres unas chaquetas que levaban sobre sus regazos. Lo que aproveche para tocas las piernas de Marta, que rápidamente puso su mano para impedir mi avance, pero no me acobarde y continúe, hasta que logre tenerla entre sus muslos, pero ahí puso más empeño, al cerrar bien sus piernas y poner muy disimuladamente y con estrategia sus manos. Había una forma, pero me tenía que mover ostensiblemente y eso llamaría la atención de todos. Entonces me eche hacia los asientos delanteros para decirle a Paco, “oye ahora cuando lleguemos al hotel, tomamos la última que invito yo” mientras le decía eso, pude mover mi mano y llegar al coño de Marta, que aunque llevaba bragas, estaban totalmente húmedas. Como sabia por lo que había visto durante toda la tarde, Paco tardaría en darme una respuesta, porque antes de decir un sí o un no, se enrollaba como las persianas. La que si dio un pequeño “lamento” cuando mis dedos tocaron su coño fue Marta.

Carmen que era demasiado lista se dio cuenta y guiñándome un ojo, me quito y fue ella la que con su cuerpo echado hacia delante, entre los dos asuntos tapo que nadie pudiera ver. Marta abrió las piernas lo que pudo y me dedique a acariciarla bien, con la habilidad de mis dedos y con una sola mano, logre apartar sus bragas y mis dod dedos, empezaron acariciar su clítoris, que estaba bien hinchado y duro, era bastante más grande que el des su prima. Se recostó bien sobre el asiento y vi su cara de puta, estaba entregada, su mirada me comía y la mía a ella. Se mordía los labios y aunque la boca la tenía cerrada, su pecho se hinchaba cada vez más, parecía que la estuvieran hinchando con un fuelle. Todo se cortó cuando el taxista dijo, “Bueno ya hemos llegado” el coche dio como un bote, al subir el bordillo de la entrada del hotel, saqué mi mano bien empapada y mirándola me lamí los dedos.

A pesar de haberme corrido en la discoteca, necesitaba imperiosamente follarme a esa mujer. Lo que resultaba muy difícil teniendo a su marido al lado y por lo que ya había podido comprobar, no solo por lo dicho por Carmen, no era de los que le gustara “compartir” a su mujer. Nada más entrar al hall del hotel, nos dirigimos al bar. Tenían música en vivo de un pianista y un saxofonista. Busque la mesa más solitaria y nos sentamos. De una solo vistazo pude contar las personas que había, nueve, sin contarnos a nosotros. Se acerco un camarero con cara de circunstancias avisándonos que en 10 minutos, lamentándolo mucho tenían que cerrar, que si quería nos servían algo, pero que ya sabíamos. Paco dijo entonces que no, que para tomarse algo así deprisa y corriendo que no. El camarero ya se iba cuando le pregunte, “¿Hay por aquí cerca algún sitio donde tomar una copa y que no necesitemos coche?” se quedó dubitativo y al final nos dijo, “Bueno, aquí cerquita ni cinco minutos andando, hay dos sitios, uno enfrente del otro prácticamente, lo único que no se si les gustara”, su cara era nuevamente de circunstancias.

Quise salir de dudas y le pregunté, “¿Pero que les pasa, se comen a la gente? Jaja” y el ahora más cordial me respondió, “No que va, si son muy buena gente. Lo que pasa que no a todo el mundo les gusta. Que yo he ido alguna que otra vez al salir de aquí. Lo que pasa que uno es de ambiente gay y el otro es música tribal, pero como hay mucha gente de color, pues como que a la gente le da reparo” se marchó el camarero y Paco dijo, “Que se os quite de la cabeza, (dirigiéndose a su mujer y a Carmen) ni voy a un local gay ni tampoco voy a un sitio de negros” Carmen le acuso de racista, creo que lo hizo para picarle y el trato de justificarse, “discutieron” Carmen y el, lo veía claro Carmen le estaba haciendo el lio. Y vaya que se lo hizo, al final pedí la dirección del local y el camarero me dio todas las explicaciones, pero antes de irme me aviso de que si me ofrecían aguardiente de manpoer, que tuviera mucho cuidado, que aun estando acostumbrado a beber, pegaba muy fuerte.

No tuvimos complicaciones para encontrar el sitio. Tardamos nada y en la puerta había dos negros gigantescos. Entramos y nos sorprendimos todos, estaba muy bien ambientado el local y estaba también bien de ambiente. Había una zona apartada de lo que podíamos denominar zona de baile y copa, de una zona en la que podías comer hamburguesas y otro tipo de comida. Era un local grande y aunque había mucho negro, también había bastantes blancos. Nos trajeron una carta de bebidas y cocteles. Todo con nombres africanos, pero que luego venia la composición de la bebida. Muchas de ellas eran las típicas, pero con nombre cambiado y había muchas que no eran típicas. A la camarera que vino, que por cierto estaba muy bien, le pregunte antes de pedir, “Algo que este bueno, típico vuestro, pero eso sí, que el alcohol que lleve no me deje KO” la chica se echó a reír y aunque hablaba mal el español, me indico una bebida que era con café. Me fie de ella, Carmen y Marta se apuntaron a lo mismo, Paco un poco más fanfarrón, por no decir mucho, le dijo a la chica que él quería algo más fuerte. Me pregunto por la bebida que había dicho el del hotel y no me acordaba.

Lo que si recordé que era como aguardiente y entonces ella dijo dos, Paco pregunto la que más fuerte y ella le dijo varias que llevaban manpoer. Trajeron las bebidas y me quede que no sabía que decir. Porque se suponía que nuestra bebida era algo con café y era el líquido completamente blanco. Lo probé y estaba buenísimo y si tenía un sabor tenue a café. Estaba muy bueno. A ellas también les gusto. Paco cogió el suyo que era de un color verde claro. Lo probo, decía que estaba dulzón y se lo bebió en un par de sorbos. Añadiendo, “Joder si esto es lo que más alcohol tiene, vaya patata” y pidió otro. La camarera le miro extrañado y se fue. Esta vez la bebida la trajo un camarero y cuando nos la dio, se puso a hablar con nosotros, hablaba muy bien el español y llevo la conversación a donde quería, a la bebida, diciéndonos, “Hay que tener cuidado con esa bebida (refiriéndose a la de Paco) que entra muy bien, pero luego pega como un puñetazo en el estómago, además que es de resaca muy mala” Paco en vez de aceptar el consejo y ya está, se puso a contarle sus hazañas con el alcohol.

Cuando termino de soltar su rollo, el negro se encogió los hombros y se fue. Se tomo otras dos más y Marta fue al aseo. Cuando volvió, todos pudimos ver como tres negros la “entraban” y como ella se aguantaba una sonrisa. A Paco se le veía muy entero, lo mismo no era para tanto la bebida. Hasta que una vez que llego Marta y se sentó, nos fuimos a bailar Carmen y yo, cuando nos alejamos un poco de nuestra mesa me dijo preocupada, “Paco tiene que tener una moña encima de no te menees” y le conteste, “Que va, se le ve bastante bien, a lo mucho, contentillo” y con la misma cara de preocupación Carmen me dijo, “Mira, cuando he visto a los tres tíos esos abordando a Marta y su marido ni se ha inmutado, es que esta ciego. Porque de lo contrario se hubiera levantado, habría armado una bronca monumental a los tíos y luego a Marta, que no lo conoces” se nos acercó Marta y nos quedamos extrañados, más Carmen que yo y antes de que le pudiera decir nada, Marta nos dijo que estaba el camarero y estaba de conversación con Paco.

Así que nos pusimos a bailar y mientras lo hacían, Marta confirmo lo mismo que había dicho Carmen. Porque nos dijo que ya veríamos como lo llevábamos al hotel. Una vez nos habíamos puesto a bailar, ya teníamos cerca a los que se habían acercado a Marta. Lo que hizo que ella se moviera más sensualmente, se notaba su cachondez. Se dejaba querer, pero mirándome a mí. Me estaba calentando y provocando. No le estaba costando nada. Quise ver hasta donde llegaba y me salí, quedándome apoyado en una columna. Uno de los negros la agarro por detrás bailando y vi como abría los ojos de golpe. El negro le tenía que estar arrimando de todo. Pero Carmen también lo estaba dando todo, menudas dos zorras. Ya me había comentado Carmen, que donde vivían era un lugar pequeño, donde no se podían exceder en nada, porque había mucho chismoso. Ese momento tan cachondo se fue a la mierda, cuando se acercó el camarero del hotel a decirme que mi amigo estaba fatal, hice una seña a las dos y se vinieron conmigo.

Paco se había puesto hasta el mismísimo culo de alcohol. A Carmen le daba la risa y le costaba aguantarse. Pague las copas y el camarero se ofreció a ayudarme a llevarlo. Espera que al salir, el aire de la noche le hiciera recuperarse un poco, pero que va, lo único que hizo el aire fue que dijera más tonterías y menos que ya estábamos alejados del sitio, porque muchas eran sobre el local. Llegando al hotel, que nos costó muchísimo, se estiro y no dejaba que nadie le ayudara. La cara de mala leche de su mujer era total. Se puso a andar solo y aunque iba de un lado para otro, se lograba mantener, así que le dimos las gracias al camarero y seguimos solos. Al entrar en el hotel y cuando parecía que todo iba bien, Paco hizo un piscinazo a lo largo del hall. Nos dio la risa porque decía que alguien le había hecho la zancadilla y no había nadie. Salieron de la recepción y ya lo había cogido yo y nos metimos en el ascensor.

Le dije a Carmen que no se preocupara que ya le ayudaba yo a Marta y lo entendió perfectamente, su amiga le dijo lo mismo y ella se quedó junto a su puerta diciéndonos, “Buenas noches y no hagáis nada que yo no hiciera, jiji” saliéndole una sonrisa maliciosa. Marta con voz de mala leche le replico, “Si, como que está la cosa para gilipolleces” y nos encaminamos para su habitación. Paco además no colaboraba, porque quería irse de nuevo para la calle. Logramos abrir la puerta y aunque nos costó entramos, ahora empezó a decir que se meaba y que lo quería hacer allí mismo. Marta se puso medio histérica diciéndole que se esperase, lo llevamos al baño y Marta le saco el rabo y se lo sujeto, menuda meada que echo el tío. Luego sin meterle el rabo ni nada lo llevamos casi catatónico a la cama, se dejó caer, murmuro varias tonterías y al rato estaba KO.

Marta se puso a quitarle la ropa y le costaba porque era un peso muerto. Desde mi posición, que estaba sentado, veía la parte de atrás de marta, no se le veía el culo, pero casi. Me acerque diciéndole si necesitaba que le echara una mano y su respuesta fue, “Si, gracias” pero cuando me puse detrás, donde le eche la mano fue a su coño por detrás de ella. Pego un salto y furiosa me dijo, “No seas cabrón, ahí no quiero que me eches la mano, sino con el tarugo este” con mi ayuda lo desvestimos en un momento. Ella me dijo que iba a lavarse las manos, la puerta del baño estaba medio abierta y se oía el agua del lavabo. Mire y la vi echándose agua en la cara, me coloque detrás de ella y alzo la vista, mirando al espejo. Meneo la cabeza con indulgencia diciéndome, “Va a ser que no. Te vas a tener que conformar con lo del coche” a estas alturas no la iba a hacer caso. Empecé a pegarle bien mi rabo y aunque ella se quejaba en voz baja para que su marido no la oyera, que tampoco se enteraría, mi rabo fue creciendo y endureciéndose.

Sus “quejas” ya eran menos quejas y el tono de voz también iba cambiando. Metí mis manos por debajo de su falda sin ninguna oposición por su parte. Cogí las bragas por la zona de las caderas y la fui bajando. Cuando las deje por sus muslos, ella seguía quejándose y cuando noto mis manos, que acariciaban su culo y su coño entero, movió las piernas hasta que las bragas cayeron del todo al suelo, quitándoselas muy hábilmente. Ahora ella lo único que repetía una y otra vez era, “Esto no está bien, esto no está bien y menos estando Paco ahí, es una locura, esto no está bien, no quiero, no quiero, déjame, déjame por favor” mi respuesta fue, “Está bien te dejare, pero antes me tienes que dejar que te dé un beso en el coño como premio y me voy” y ella con “resignación” me dijo, “Pero júrame que solo un beso, júramelo” no di ninguna contestación, le di la vuelta le di un pequeño morreo que fue correspondido metiéndome su lengua. La cogí y la senté sobre la encimera del lavabo.

Hice que levantara su falda y se quejó de lo frio que estaba la encimera. Me agache y ella abrió las piernas, pero no mucho. Metí mi cabeza y bese su coño, pero mi lengua “ataco” sin miramientos a su clítoris. Fue como si ese botón fuera el resorte para que abriera sus piernas. Hice que me iba a quitar y ella me garro la cabeza la empujo contra su coño, me quite un poco y con mucha sorna le dije, “No, no, que tu marido está ahí al lado. Pero si tú me lo pides bien, eso sería otra cosa” me sonrió y me dijo, “Que le den por culo a mi marido y sino que no se hubiera emborrachado, que le jodan” seguí comiéndole el coño, follándoselo con mis dedos y aunque al principio se resistió también le folle el culo con mis dedos. Aguantaba sin emitir apenas ni un ruido, solo se oía su respiración más acelerada. Hasta que pareció que empezaba a no controlarse, se iba a correr, me agarro con fuerza de los pelos de mi cabeza y en ese momento justo, me quite, ante su rabia.

Me levante, esta vez nos dimos un beso muy profundo y ella con voz melosa me dijo, “venga, sigue, no seas malo, estaba a punto, lo necesito, venga, que lo haces muy bien” y con el mismo tono de voz, lo único que se lo dije pegando mi boca al oído fue, “Claro que te vas a correr, ero te vas a correr con mi rabo llenado tu mojado coño y va a ser delante de tu marido, me lo suplicaras” ella se rebotaba y me decía que no. Me desnude por completo mientras ella me pedía que no lo hiciera. Le dije que se quitara la blusa y no me hizo caso. Miraba a mi rabo y le pregunte, “¿Es como te lo esperabas después de lo que te dijo Carmen?” le dio una risa tonta y movió la cabeza diciendo que no. Me acerque a ella y roce su coño con mi rabo, su cara se ilumino, se llenó de deseo. Sin que se lo esperase di dos tirones y se quedó sin blusa, la rompí toda, el sujetador fue detrás. Le decía que lo tenía que pedir y al final me dijo, “Venga fóllame ya, que tienes una polla mucho mejor de lo que había dicho Carmen, venga no me hagas pedírtelo más” le metí mi rabo muy lentamente, quería ver su cara, me miraba fijamente, pero según mi rabo entraba, se mordía los labios y me miraba con placer.

Se agarro fuertemente a mi cuello, la agarre bien de su culo y la levante, la tenía penetrada estando yo de pie y ella enroscada a mi cintura con sus piernas. Tal como estábamos ande hasta donde estaba su marido y ella se resistía. Allí estábamos a un metro de su marido roncando y yo penetrándola. La poye contra la pared cerca del cabeceo para que lo viera mientras la follaba. No quito su mirada, lo miraba y al poco se corrió, trato de no hacer ruido pero no lo pudo evitar, como se dio cuenta de que Paco ni se inmuto, se terminó de correr a gusto. Seguí follándola y ella enseguida estaba de nuevo a punto. Esta vez la baje, se quedó extrañada, hice que se apoyara en la cama, no quería pero al final, la empotre por detrás y cayó sobre su marido, que balbuceo algo y seguí follándomela así. Esta vez se corrió mordiendo la ropa de la cama.

Estaba a punto de correrme y quise dar el toque final, me acosté junto a su marido y esta vez no dije nada, porque vi en sus ojos nada más que puro vicio, se engancho a mi rabo y aunque tenía la boca más pequeña que Carmen, me dio una buena mamada. Corriéndome en su boca y como se quitó le cayó, algo en el pelo, cara y en las tetas. Me levanté me vestí rápido y me fui a mi habitación a darme una ducha y a dormir. En la puerta antes de irme me dijo que yo era el demonio, le pregunte si por el rabo y se echó a reír. Al día siguiente en el desayuno me los encontré a todos, incluyendo a Amparo y Juan Carlos. El que peor cara tenía era Paco. Al preguntarle me dijo, “BUF, ni me preguntes, que mal me he levantado” todos nos reímos y Marta con mucha sorna dijo, “Y mejor que no cuente las pesadillas que dice que ha tenido, que nos pondríamos rojos”. Después de desayunar y a pesar de volver a insistir porque me quedara un día más, dije, “Lo siento, ya me gustaría, porque para mí ha sido un placer conocer a dos parejas tan divertidas” y tanto Marta, como Carmen, dijeron que para ellas había sido un inmenso placer y que descansara para el próximo fin de semana, que estaríamos de juerga todas las noches. Me comprometí a ello.


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