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Fecha: 25-Feb-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Me hicieron creer que era afeminado (1)

tauro47
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Parecía que había encontrado mi destino, la aguja y el dedal no sólo eran mis amigos, también eran mis compañeros de aventuras. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

                                                  Estoy enamorado, sí estoy muy enamorado de…. la vida, ante mi tengo todo lo que más me gusta, estoy sentado arrebujado en mi bata de seda y mis babuchas a juego frente al ventanal de mi habitación, no es un ventanal cualquiera es un cristal que ocupa toda la pared de mi dormitorio, es muy grueso y aguanta los envites del viento y de la lluvia, ante mí el Mar Cantábrico en toda su extensión, a muy pocos metros el acantilado por el que salen las olas a mucha altura cuando chocan contra las rocas, les llaman bufones y el rugido es estremecedor, el color del agua y el cielo se confunde en el horizonte, tanto cuando hace buen tiempo o cuando hay galerna como hoy pero siempre es de una belleza incomparable.

                                                  Nací en una zona de Asturias hace cincuenta y tres años, en una aldea cerca de Mieres, en plena cuenca minera, todo allí giraba en torno a la actividad imperante, la extracción del carbón, desde hacía años había sido una zona de bonanza, aunque todo el dinero que ganaban era poco para el terrible trabajo en las profundidades de la mina.  Mi abuelo trabajaba de encargado y mi abuela había abierto una tienda en la que se podía encontrar de todo, mi madre se casó con un minero, apenas recuerdo a mi padre siempre volviendo a casa con la piel impregnada de mineral, la hermana de mi madre se casó con un oficinista de la compañía y entre todos vivíamos bien.

                                                  Pero la vida dio un giro radical en poco tiempo, mi tía había tenido dos hijas con poca diferencia de tiempo cuando yo era aún pequeño y los tres éramos inseparables, mi abuelo un día cuando estaba en su turno de trabajo sufrió un infarto y murió, fue un duro golpe para todos pero mi abuela que era la más fuerte de carácter siguió adelante con la tienda, al poco tiempo otra desgracia nos sacudió, mi padre en un desprendimiento en la mina también murió, fue un mazazo y todo el pueblo se volcó con mi familia porque había sido la única víctima entre varios atrapados, todo esto eran cosas inevitables pero mi tía tuvo que sufrir otra desventura, su marido un día se hartó y sin decir nada hizo como se decía entonces, “se fue a por tabaco” y no volvió, mi abuela recogió a toda la familia y la cobijó bajo su amparo, la tienda de momento daba para comer por lo menos.

                                                  Yo siempre he sido enclenque y enfermizo y quizá el ambiente en el valle no era propicio para mi salud, los demás chicos en cambio pese a todo jugaban y hacían las trastadas propias de su edad pero yo casi siempre estaba enfermo y faltaba mucho en la escuela, a mí no me sabía mal de que los demás niños se burlaran, yo no jugaba con ellos a casi nada y a la vez me inclinaba más por mis primas y mi familia, al ser todo mujeres sin darme cuenta las imitaba en todo especialmente en la manera de hablar y de moverme, esto me creó un fama entre la gente que aún me aislaba más, además me gustaba jugar más a las cosas de mis primas, muñecas cocinas etc.

                                                  Mi abuela era también una buena modista, nos cosía toda la ropa y además se atrevía a hacer cosas a las mujeres más pudientes de la comarca, yo me quedaba embelesado al ver lo que podía hacer con la aguja y el dedal.

                                                  Con mis primas jugaba a hacer funciones de teatro, yo tenía mucha imaginación y con cajas de cartón hice un teatro con decorados y todo y cosí muñecos vistiéndolos con retales que me daba mi abuela, a mis primas les encantaba y siempre me estaban pidiendo que hiciera nuevas obras de teatro y nuevos personajes.

                                                  Un día escuché sin querer, mientras estaba cosiendo un vestido a una muñeca a mi madre y mi abuela, ellas habían observado mis aficiones y estaban preocupadas, las maneras en que me movía sobre todo las manos y los andares eran calcados a los de ellas y mis aficiones no eran lo que se esperaba entonces de los chicos, los balones y el tirarse piedras en las “guerras” entre críos.

                                                  Mi madre era la más preocupada porque mi padre había sido siempre un hombre muy hosco, de modales muy rudos, lo que entonces se esperaba de un “hombre” y más en aquella sociedad, mi abuela confiaba más en mí porque hacía cosas que a ella le gustaba, disfrutaba verme coser sentado a su lado con las rodillas juntas pidiéndole que me enseñara cómo hacer las cosas pero harta de oír a mi madre que también estaba apoyada por mi tía prometió que me controlaría.

                                                  El control sólo fue una serie de preguntas aparentemente inocentes mientras cosíamos, (que si me gustaban las chicas, que si no me gustaba jugar con los chicos), me iba tanteando para ver por donde le salía, pero parece ser que no encontró ningún motivo para preocuparse, la verdad es que no mostraba interés ni por los chicos ni por las chicas, simplemente mi única afición era coser y para eso allí estaba ella, para enseñarme.

                                                  Una noche en el valle se concentró una tormenta que diluvió y llenó de rayos y truenos todas las montañas, se fue la luz y hasta en las minas tuvieron problemas, en mi casa la única solución fue dejar todo, cerró la tienda y después de cenar con velas nos fuimos a dormir, mi abuela me preguntó si me quería acostar con ella por si me daban miedo los truenos, a mi no me preocupaban demasiado pero me lo pidió de una manera que parecía que me salvaba la vida al verme tan desvalido, mis primas también se acostaron con su madre.

                                                  Mi abuela dormía en una cama alta con un colchón de lana que todos los días mullía y al acostarme noté cómo me hundía hasta casi desaparecer, ella era bastante alta pero no gruesa y aunque estábamos pegados apenas nos sentíamos en la blandura del colchón.

                                                  Antonia, que así se llamaba mi abuela no tardó en dormirse y pronto empezó a roncar, yo estaba muy a gusto tan blando, notaba el calor del cuerpo de mi abuela al lado e imaginaba el frío que hacia afuera, estaba pensando cómo vestir a mi próximo muñeco de espadachín cuando noté que mi abuela se volvía hacia mí, notaba el aliento en mi cara y me daba frío, me tapé la cara con la manta, con el ambiente cálido de la cama, las sábanas que olían de maravilla, (mi madre era la encargada de lavar y mi tía de guisar), mi abuela despedía un calor que a mí me gustaba, yo estaba helado con mis pocas calorías y me arrimé a ella, cambió de postura y su mano quedó sobre mí, me estuve quieto porque me daba calor en el pecho y estuve gozando del ambiente oyendo los truenos y la lluvia.

                                                  La mano de mi abuela se movió, debía estar soñando porque entre ronquido y ronquido parecía que hablaba, la mano fue bajando hasta quedar en mí bajo vientre, noté una sensación extraña, creo que nunca había sentido nada igual y estaba tranquilo pero cuando puso la mano un poco más abajo, mi polla, que nunca me había preocupado, empezó a cambiar, no era la primera erección que tenía porque alguna mañana me levantaba duro pero lo achacaba a las ganas de mear, lo curioso para mí era que debajo de su mano dormida empezó a ponerse dura de tal forma que se salió del calzoncillo y siguió creciendo hasta llenarle la mano, los dedos de mi abuela no se movían pero iban dejando hueco para que siguiera creciendo, le llené la palma de la mano hasta que se volvió hacia el otro lado y siguió con sus ronquidos.  A mí me costó que se me bajara la polla pero pronto me venció el sueño.

                                                  No tardé mucho en tener otra ocasión de probar el colchón de mi abuela, esta vez era por la siesta, hacía calor y la habitación era fresca, la casa de piedra era muy acogedora, la tienda se abría a las 5 porque antes no había nadie por la calle, mi madre aprovechó para lavar las sábanas de todos y mi tía preparaba la cena con tranquilidad, yo me dormí antes pero al rato sentí la cercanía de mi abuela, su mano estaba cerca de mi entrepierna, yo no me había dado cuenta pero al acercarse se iba poniendo algo dura pero no como la otra vez.  Me cogió la mano y con cuidado la dejó cerca de ella, ante el nulo cambio que había dado yo la cambió sobre su estómago, apenas me hizo reacción pero mi abuela estaba dispuesta a despejar las dudas, se abrió el camisón y me puso la mano sobre tu teta.

                                                  Yo estaba medio dormido pero me di cuenta de que tenía la mano sobre la teta de mi abuela, nunca había pensado en aquello, muchas veces había visto a mi madre en ropa interior incluso una vez a mi tía y a mis primas muchas más, cuando nos bañábamos juntos sólo llevaban bragas y mi tía les puso bañador cuando empezaron a crecerles las tetas pero a mi abuela nunca le había visto ni el escote porque siempre llevaba la ropa de luto muy tapada.

                                                  El tacto de la carne de mi abuela era suave, nunca lo habría pensado, en mi ignorancia pensaba que estaría arrugada y fofa pero aquella teta estaba suave y bastante dura aunque lo que más me llamó la atención fue que el pezón que hasta entonces no había notado sobresalió de la piel y se fue abriendo paso entre mis dedos, esta vez mi polla sí que empezó a crecer, yo no sabía porqué pero mi abuela al notarlo me hizo bajar los calzoncillos y con toda libertad la polla creció todavía más.  Antonia la rodeó con la mano y noté como decía una expresión que nunca le había oído.

  • Dios mío ¡qué polla!
  • ¿Dices algo abuela?
  • No, nada Carlos no me hagas caso.

                                                  Mi abuela no me soltó la polla, la sostuvo entre sus dedos, apenas la recorría, sólo parecía estar tanteándola y me cambió la mano a la otra teta, curiosamente el pezón ya lo tenía duro y se lo cogí con los dedos, noté su sensación porque cerró su mano sobre mi verga, sobresalía bastante de su puño cerrado y al momento la aflojó, el capullo estaba hinchado y rojo, mi abuela empezó a jadear y a suspirar y al rato dejó de apretar y pasándole la mano suavemente me dejó tranquilo me subió el calzoncillo y se giró para el otro lado.

                                                 

                                                  Por la noche la oí hablar con mi madre, apenas podía seguir la conversación pero parecía que hablaban de mí.

  • Creo que no te debes preocupar por Carlos, es un chico normal, tiene sus cosas pero cada uno es como es.
  • Pero madre, ¿no lo ves?  Si mueve las manos y parece más femenino que nosotras.
  • Ya pero eso no quiere decir nada, ten en cuenta que hace lo que está acostumbrado a hacer, estoy yo, tú, tu hermana y las nietas, todo mujeres, ¿qué quieres?  Los niños aprenden lo que ven.
  • No sé, me temo que no le gusten las chicas, ni a sus primas les hace caso, ya sabes que entre primos muchas veces se aprende lo que es un hombre y una mujer.
  • Tranquila, estoy segura de que responde como un hombre pero no te preocupes seguiré observándole.

                                                  Antonia estaba decidida a ver hasta donde llegaba yo o si sólo era un reflejo instintivo por eso otra tarde volvimos a hacer la siesta juntos, este verano era de lo más caluroso que se conocía según los mayores y yo me acostaba sólo con los calzoncillos, mi abuela curiosamente también se acostó ligera de ropa, se volvió de espaldas y hasta que se tapó no se volvió hacia mí, no le pude ver pero sabía que no llevaba nada en la parte de arriba tampoco, me hizo un interrogatorio más a fondo, me preguntó sobre las chicas, las novias, mis primas… yo le respondía con monosílabos, tampoco tenía nada que contarle y ella se fue acercando hasta casi pegarse a mí de lado, en mi brazo noté el roce de una de sus tetas tibias a la vez su mano se posó al lado de mi calzoncillo, noté pronto la dureza de su pezón rozándome y mi polla empezó a crecer, mi abuela haciendo bromas y burlándose de mi hizo lo posible para bajarme el calzoncillo y cuando lo hubo hecho metió la cabeza debajo de la sábana y miró, le oí dar una exclamación de asombro y admiración.

  • ¡Madre mía, qué maravilla, si no lo veo no lo creo y que negra la tiene!
  • ¿Dices algo abuela?
  • No Carlos, sólo que te he visto el pajarito, ¡qué callado te lo tenías! ¿no se lo has enseñado a nadie?
  • No abuela ¿a quién quieres que se lo enseñe y para qué?
  • Claro, soy una tonta, ¿me dejas verlo bien?
  • Lo que quieras abuela.

                                                  Antonia me quitó la sábana de encima rodeándose el cuerpo con ella y me terminó de quitar los calzoncillos, yo miré también, mi abuela tenía razón aunque yo entonces no lo sabía, el contraste de mi piel lechosa donde se notaban todas la venas azuladas con mi polla era notorio, el conjunto de la verga y los huevos que eran casi negros, la piel morena aparecía de repente sólo con la excepción del glande que Antonia se preocupó de descubrir, con la mano cerrada  sobre mi palo le sobresalía otro tanto y el capullo redondo lo coronaba como un champiñón.

                                                  Las preguntas que me hizo entonces eran ya relativas a lo que llevaba en la mano.

  • Dime Carlos, si te bajo la piel ¿no te hace daño?
  • No abuela.
  • ¿Entonces te da gusto?
  • Pssche.  No sé.
  • ¿Cómo que no sabes, no sabes si te duele o te da gusto?  A ver…

 

                                                  Mi abuela se acomodó decidida a convencerse de una cosa u otra y se escupió en la mano y me cogió con decisión, me iba recorriendo la polla de alto en bajo a la vez que me miraba la expresión de la cara, yo mirando al techo estaba cómodo pero aún con la polla tiesa no avanzaba nada o por lo menos todo lo que esperaba de mí, según iba acelerando la mano yo me sentía mejor pero hundido en el colchón era como si estuviera entre nubes de algodón.

                                                  Antonia recordó la argucia del día anterior y poco a poco se fue descubriendo el pecho, llegó a quedar con la sábana en la cintura, sus tetas colgaban por la gravedad pero mucho menos de lo que se podía pensar, para mayor premura me dejó caer una sobre mi brazo aplastando el pezón casi tan duro como mi polla, ya empecé a mejorar porque su mano no tenía tanta prisa pero tenía más intención, la movía acariciándome el frenillo con el pulgar y su otra mano me amasaba los huevos, la sensación que me daba era que cada vez volaba más alto sobre la nube, mis manos buscaron sus tetas y encontraron a las dos, ella se acercó más para que pudiera abarcarlas con facilidad y siguió meneando la verga, la miraba fijamente hasta que en un momento el volcán entró en erupción, nos sorprendimos los dos, para ella fue una alegría y para mí algo nuevo, pero de mi capullo salían chorros intermitentes de leche que llegaba a salpicarle mientras que ella seguía sin inmutarse.

  • ¡Muy bien Carlos, eso es, me gusta ver cómo te corres!
  • ¿Me he corrido abuela?
  • Claro.  ¿Qué no lo has notado o es que es la primera vez?
  • Creo que sí abuela.
  • ¡Por Dios, que cosas que tiene que ver una!

                                                  Antonia se incorporó, limpiándose la mano de semen, yo era la primera vez que lo veía líquido, a veces había visto por las mañanas los calzoncillos manchados pero ya estaba seco y creía que era normal.

                                                  Mi abuela no tardó en darle la buena nueva a mi madre cuando ésta le volvió a insistir sobre mí, lo primero que le dijo que pese a la apariencia delicada y pálida de mi piel estaba muy desarrollado y además con una polla casi negra que me sobresalía con los huevos pegados a ella de una matita de vello púbico rubio, del resultado del manoseo que me había ofrendado no le dijo nada y del magreo de tetas que yo le había hecho tampoco, mi tía Julia entró en ese momento y al ver cuchichear a las dos se interesó sobre lo que hablaban, mi abuela supo eludir sus preguntas pero mi madre contenta por lo que le había contado mi madre fue explicándoselo casi todo.

                                                  Julia no era tan discreta como mi madre y mi abuela y le intrigó el tema, no estaba tan convencida y decidió convencerse por sí misma, buscó el modo de interrogarme a su manera, en principio las preguntas eran las mismas de mi abuela, yo le tuve que contar lo mismo, no quedó contenta y para mayor comprensión me comentó que mis primas iban creciendo y se iban convirtiendo en mujercitas y me preguntaba si no me había dado cuenta de que les iban creciendo las tetas y las caderas, le dije que sí pero como una cosa normal y ella insistió, me preguntó si yo también me iba desarrollando igual porque con lo delgado que estaba igual seguía teniendo el “pito” de un niño, le tuve que decir que no, que yo también iba desarrollándome a mi manera, mi tía Julia se movía contorneándose y provocando que su blusa se ahuecara lo suficiente para que yo me fuera asomando por su escote, viendo que no le prestaba demasiada atención me pidió.

  • A ver Carlos, a tus primas les vigilo el crecimiento, me gustaría ver cómo vas desarrollándote tú porque te noto un poco… delicado diría yo.

                                                  Julia no esperó a que respondiera y se arrodilló frente a mí y me bajó el pantalón y los calzoncillos a la vez, abrió los ojos asombrada al verme la polla que aunque todavía blanda colgaba entre las piernas.

  • ¡Joder Carlos, que desarrollo llevas!  Pero… ¿siempre está así?
  • No a veces se despereza, tía Julia.
  • Vamos a ver cómo se despereza, ¡creo que sólo le hace falta algo de mimo!

                                                  Julia me cogió el prepucio con dos dedos cómo si le diera miedo a romperlo y lo deslizó hacia atrás hasta descubrirme el glande, estaba blando y al verlo le dio un beso suave, luego otro y al tercero abrió la boca y con la lengua lo lamió, le debió gustar porque lo rodeó con los labios y aspiró fuerte, el glande entró tragado como en un aspirador y medio tronco detrás de él, yo miraba la cara de Julia, había cerrado los ojos y estaba concentrada en apretarme el capullo con la lengua y el paladar, me cogió de las piernas y me atraía hacia ella y me alejaba debía tener calor porque se abrió tres botones de la blusa que ya era escotada y aparecieron dos tetas nada comparables a las de mi abuela, hasta entonces aquellas eran lo mejor que había tocado y no me resistí a tocar las de Julia, mi tía no me dijo nada al contrario, se deslizó los tirantes del sujetador y me llevó la mano hasta debajo de la copa para que abarcara toda la teta entera, aquel pezón me impactó, no era tan suave como los de mi abuela, aquel raspaba la mano estaba duro y no se doblaba aunque lo apretaba.

                                                  Julia ahora era ella la que movía la cabeza a su ritmo, mi polla ya estaba tan dura que había tenido que dejar salir un buen trozo porque no le cabía y tenía arcadas, ahora se centraba en el capullo sólo y lo rodeaba con la lengua con cuidado de no rozarme con los dientes, mis dos manos estaban muy ocupadas con sus tetas pero la postura era incómoda por lo que buscó una silla, me hizo sentar y acabó de quitarse la blusa, no había nadie en casa en ese momento y cuando se arrodilló entre mis piernas ya sólo le veía la melena morena de la cabeza, mis manos apenas llegaban a las tetas pero ella hacía lo imposible para que nos las soltase, sentí la misma sensación… volaba entre nubes como en el colchón de mi abuela pero cuando se lo iba a decir Julia abrió la boca más y en un esfuerzo se tragó más de la mitad de mi polla, al momento me dejé ir y empecé a bombear leche en su boca, Julia se sorprendió, no esperaba todavía esto pero no quiso perdérselo y fue tragando lo que pudo, por la nariz le salía también leche hasta que se me acabó.

                                                  Julia esperó con la polla en la boca a que me calmara y me bajara la erección pero fue inútil, la polla seguía en su paladar, el capullo igual de redondo y dando palpitaciones, lentamente se separó y me miró, debió verme la cara de inocente y luego de comprobar que la polla seguía vertical pensó que era una verdadera pena dejar pasar aquella oportunidad, su marido hacía mucho que se había ido “a por tabaco” y no había vuelto y ahora ella tenía un “puro habano” delante y no lo iba a despreciar, se agachó y buscó debajo de su falda, en sus manos sacó las bragas que se había quitado y se acercó a mí, no llegué a ver nada, sólo levantó la falda lo necesario para sentarse sobre mis piernas, lo hizo con sumo cuidado, hacía mucho que no follaba y aquella polla no era broma, me cogió de los hombros y ella misma fue buscando mi capullo, lubricada iba de sobra y yo también tenía la polla mojada de su saliva.

                                                  Noté un calor diferente a su boca y cuando se fue dejando caer aún lo noté más, un gemido largo se le escapó de la garganta y se sentó sobre mis piernas, un tibio húmedo me rodeó todo la polla desde la punta hasta la raíz y más cuando empezó a moverse sobre mí, parecía mareada porque se movía en todas las direcciones, me dijo que le volviera a coger las tetas, ahora sí que era fácil, las tenía a mi disposición y las estrujé, amasé y pellizqué lo que quise, Julia no se quejó, con mi torpeza de principiante seguro que le haría daño pero para ella era placer, cuando echó la cabeza hacia atrás creí que se iba a caer y la cogí de los hombros, ella volvió hacia mí, nos dimos un cabezazo pero no lo acusó, me abrazó, me clavó las uñas en la espalda y los dientes en la oreja, se hundió entre mis piernas clavándose la polla hasta lo máximo y tras unas convulsiones brutales se quedó quieta, en mi polla notaba como me apretaba y soltaba dentro de ella, tampoco le avisé pero sentía que me iba a correr.

                                                  Toda la paz que saboreaba de momento se le pasó y dio un salto al notar que la estaba llenando de semen.

  • ¡Por Dios Carlos! ¿qué haces, no sabes que me vas a preñar?
  • Lo siento tía, no lo sabía.
  • ¿No lo sabías?  Pues te lo voy a decir para que lo sepas de una vez, tienes una polla impresionante, muy buena, no lo hubiera creído nunca por eso me he dejado llevar y ha pasado lo que ha pasado pero eso es muy peligroso, si lo haces otra vez puedes hacerle un hijo a una chica y… ¿tú no quieres eso, verdad?
  • No tía, no volverá a pasar.
  • Está bien Carlos, no pasa nada pero una cosa… esto que ha pasado ha sido sin pensar, por lo que no lo puede saber nadie pero… nadie ¿me entiendes Carlos?
  • Si tía, no lo diré a nadie.
  • Eso es Carlos, eres un chico listo.

                                                  Mi tía Julia es una mujer de buenos propósitos pero no puede guardar un secreto y no tardó en ponerse al lado de mi abuela, sin decirle que me había follado estuvo de acuerdo con ella en que no era lo que parecía o por lo menos ya no era tan rigurosa, le dijo a mi madre que no se preocupara pero ya se sabe lo que son las madres…  

                                                  Yo al ser tan delicado cogí unas fiebres que hasta el médico creía que no salía de aquello.  Mi madre estaba desesperada, una noche me subió la temperatura a 40º casi deliraba en la cama empapado de sudor y mi madre estaba abrumada, la pidió a mi tía que le ayudara, me iban a meter en la bañera según le había recomendado el médico, entre las dos me arrastraron al baño, yo no sabía lo que decía y por fin el agua me cubrió, no sé que sería lo que me produjo aquella reacción pero mi polla empezó a levantarse, se salió del calzoncillo, mi tía le dijo a mi madre que me lo quitara porque me doblaba el miembro y lo hizo, mi madre que hasta entonces no creía en un momento creyó, la polla subía como un periscopio de submarino, recta y cabezuda.

                                                  Yo me movía cogiéndola y estirándola parecía que me iba a romper el prepucio, mi madre se frotaba las manos sin saber qué hacer, mi tía estaba nerviosa, temía que me hiciera daño y se le ocurrió.

  • Tienes que hacer algo Teresa, Carlos se va a hacer daño.
  • ¡Y yo que sé, no se me ocurre nada!
  • Es preciso calmarlo, hazle una paja a ver, no puede ser malo.
  • ¿Tú crees Julia?  Si es un niño aún.
  • ¿Un niño Teresa?  No has visto que polla tiene, esa herramienta no la tenía ni mi marido.
  • Ni el mío que en Gloria esté pero así… ¿has dicho una paja?  Suena tan mal…
  • Pues llámalo como quieras, una caricia, un consuelo, lo que quieras pero haz algo.
  • Ayúdame tú Julia, tú eres su tía también.
  • Está bieeen, tranquilo Carlos te vamos a calmar…

                                                  Mi tía con una mano me acariciaba la cabeza calmándome y con la otra me cogía la polla por el tronco dejándole la otra mitad a mi madre, ésta no se atrevía a tocarme y con dos dedos me rozaba apenas, mi tía cogió la iniciativa.

  • ¡Toma Teresa cógele tú por aquí, yo le agarraré el capullo!

                                                  Mi madre obedeció pero al notar lo dura y caliente que estaba la soltó enseguida.

  • Se nota que no has follado desde hace mucho ¿ya no te acuerdas lo dura que se pone una polla y lo caliente que estaba?  Aunque esta se pasa de dura y de caliente…

                                                  Mi madre se animó y la cogió fuerte, Julia me bajó la piel y empezó a menearla, el agua hacía de lubricante pero aún así Julia le echaba saliva, cuando se le acabó la saliva se agachó en la bañera y se la metió en la boca yo levanté el culo para que llegara mejor.

  • Cuidado Julia no le hagas daño.
  • No te preocupes, ¿no ves que levanta el culo para que pueda llegar? Ya debe estar mejor.

                                                  Era cierto, ya me encontraba mejor, la fiebre habría bajado a 38º pero dentro del agua casi flotaba, mi tía con las tetas dentro de la bañera se afanaba en chuparme la polla mientras mi madre me la sujetaba, tuvo que dejarla y descansar, cuando se levantó tenía la cara roja del esfuerzo.

  • Anda Teresa ahora te toca a ti, yo no puedo más, la tiene muy gorda y dura.
  • ¿Tú crees que está bien que se la chupe a mi hijo?
  • ¡Teresa! ¿a estas alturas me preguntas eso, no ves que está mejorando mucho con lo que le he hecho yo?, ¡sigue tú ahora!

 

                                                  Mi madre no rechistó y, agachada, se metió la polla en la boca, mi tía me cogió de los huevos, al principio iba con ascos pero pronto se dedicó en cuerpo y alma, el agua salpicaba su vestido y le mojaba las tetas, se le trasparentaban los pezones y mi tía se dio cuenta, ella mismo le dijo.

  • Te estás mojando toda, déjame que te ponga la mano para que no te salpiques.

 

                                                  Julia me miró y con la mirada me señaló las tetas de mi madre mojadas, me cogió la mano y la puso en el canto de la bañera, a su lado puso la suya pero realmente la mano que sujetaba las tetas era la mía, pronto noté el cambio, sus pezones aún mojados sobresalían del vestido, no eran como los de Julia pero las areolas eran grandes y oscuras, mi madre dedicada a bajarme la fiebre consideró un síntoma de éxito cuando me corrí, mi tía se lo confirmó, había bajado la fiebre por eso siguió chupando hasta que deje de manar semen, con la boca llena balbuceando le dijo a Julia.

  • ¡Mira Julia, me ha llenado la boca! ¿qué hago?
  • Lo que quieras, es de tu hijo, si quieres la escupes o te la tragas.  ¿Qué solías hacer con tu marido?

                                                  Mi madre no le contestó y levantando la cabeza tragó todo lo que llevaba adentro, mi tía me sonrió y me puso la mano en la frente, luego le cogió la mano a mi madre e hizo lo mismo, noté el suspiro de alivio de mi madre, las dos estaban contentas y me sacaron de la bañera, me envolvieron con una toalla, la polla se asomaba por el pliegue, todavía pedía guerra, mi tía la cogió y la apretó un poco, estaba dura todavía.

  • Llevémosle a la cama pero deberíamos bajarle un poco más la fiebre, todavía tiene un poco.
  • Sí Julia, has tenido buena idea.  ¡Vamos Carlos a la cama!

                                                  Entre las dos hermanas me llevaron a la cama, me tendieron y me quitaron la toalla que me cubría, mi tía no apartaba la vista de la verga vertical mientras mi madre me ponía la mano en la frente para controlar la fiebre.

  • ¿Cómo sigue la fiebre, ya ha bajado?
  • Sí, le ha bajado bastante pero todavía tiene.
  • Creo que deberíamos aprovechar para dejarlo con la temperatura casi normal.
  • Pero ya le hemos hecho lo que podíamos…
  • Todavía podemos hacer algo, si seguimos un poco más quedaría tranquilo y descansaría toda la noche.
  • Pero si el pobre ya ha dado lo que tenía.
  • ¿No ves que sigue dispuesto?  Tiene la polla tan dura como antes, seguro que necesita más relajación, déjame a mí y verás.

                                                  Mi madre se hizo a un lado y Julia subió a mi cama, mi madre la miraba sin comprender qué iba a hacer pero cuando se sacó las bragas por las piernas  se alertó.

  • ¿Qué vas a hacer Julia?
  • Tranquila ya verás, espero que le baje pronto la fiebre.

                                                  Julia de pie con las piernas a mis costados levantó el camisón, pude verle el coño y me llamó la atención que lo llevara depilado, me dejó verlo un momento y mi madre también lo pudo ver y abrió los ojos sorprendida, mi tía se agachó y se puso en cuclillas sobre mí, se mojó los dedos con saliva y humedeció los labios del coño, antes de que mi madre reaccionara ya se había puesto mi capullo en la entrada de su vagina y se sentaba lentamente pero sin detenerse, me cogió las manos, me las llevó a sus tetas y empezó a moverse, yo estaba bastante mejor y disfrutaba de los movimientos de mi tía y ella con los ojos cerrados disfrutaba del momento pero en su interior notó algo que la alarmó, mi capullo empezaba a dar síntomas de que me iba a correr de un momento a otro, entonces ella recobró el sentido común y se levantó rápidamente.

  • ¿Qué ha pasado Julia, porqué te levantas tan deprisa?
  • Porque no quiero que se corra dentro de mí, estoy en mis días fecundos.  Ahora te toca a ti.
  • ¿Yo, como quieres que me suba sobre mi hijo y que me meta su polla por mucho que me guste?
  • Pues igual que yo, mira que cara tiene ahora, ha cambiado mucho, no le vas a privar de la mejoría ahora que puedes curarlo casi.

                                                  Mi madre no estaba convencida del todo cuando subió a la cama ayudada por su hermana, no sabía muy bien qué hacer y fue Julia la que le levantó la falda y le bajó las bragas, yo pude ver sólo el pubis de mi madre porque Julia bajó rápido la falda.

  • Teresa, ¿Cómo puedes ir así, llevas una melena que dudo que puedas meter nada por ahí?
  • Ya he visto que tu vas depilada pero yo no lo he hecho nunca y menos ahora que no me hace falta.
  • Es igual, yo tampoco he follado desde hace mucho pero me hace sentir más a gusto, venga siéntate y sepárate esa peluca.

                                                  Mi madre a regañadientes siguió las indicaciones de Julia, con dos dedos separó los labios, pude ver el interior de su coño, la piel rosada me volvió a subir la erección que había perdido a la vez que estaban deliberado si subían o no, me sorprendió la estrechez de mi madre, mi tía tal vez por haber parido dos veces estaba un poco más dilatada en la vagina, mi madre se fue dejando entrar hasta que me notó en su tope, la vergüenza que sentía se le iba disipando y ahora era el calor que sentía adentro era más importante que el apuro inicial, empezó a moverse con más suavidad que mi tía y a mí me daba un placer más sereno, mi tía veía impaciente que yo no tenía síntomas de correrme y mi madre disfrutaba sin prisas de lo que la llenaba completamente.

  • He sido demasiado temerosa, no debía haberme salido tan pronto, Carlos no tiene pinta de correrse tan pronto pero no te fíes que en cualquier momento lo puede hacer.
  • No te preocupes conmigo no hay problema, tengo la menopausia desde que enviudé, así que puedo aguantar lo que venga.
  • Pues yo me he quedado en lo mejor, me podías dejar un poco más.
  • Ni lo pienses, ahora ya estoy yo y muy a gusto por cierto.
  • Se me ocurre algo, no me conformo con quedarme a dos velas.

                                                  Julia subió otra vez a la cama pero esta vez sobre mi cabeza se sentó con las piernas abiertas y me dejó su coño sobre mi cara, el coño le olía a sexo caliente y sin haberlo hecho nunca mi lengua recorrió sus labios de delante atrás.  Mi tía le puso las manos en los hombros a mi madre y las dos se movieron para que les recorriera todos los rincones, mis manos buscaron sus tetas y Julia me llevó una a mi madre y otra para ella, aunque no eran iguales, me gustaba notar las diferencias, Julia, más joven las tenía más altas y duras pero mi madre las tenía más suaves y con unos pezones grandes.

                                                  El clítoris de mi tía se desplegó como las alas de una mariposa y sin el temor a quedarse preñada se concentró tanto que al poco rato se tensó y gimiendo se corrió en mi cara, probé por primera vez el flujo de un coño y me gustó, mi madre no tardó en ponerse tensa, me apretaba la polla con sus músculos y prácticamente me ordeñó porque un momento antes de que tuviera un orgasmo formidable me corrí yo dentro de ella, los tres estábamos desatados, mi tía se sujetaba donde podía para no caerse y no perder mi lengua de su coño y mi madre se dejaba caer a la vez que yo levantaba las caderas para que le entrara más polla.

                                                  Entre las dos me arreglaron las sábanas de la cama, mi tía me puso la mano en la frente y sonrió satisfecha mi madre lo corroboró besándome en la frente, yo no necesitaba ver el termómetro porque me sentía como en la gloria, sólo tenía apenas unas décimas y estaba vacío de semen y relajado, las dos hermanas apagaron la luz de mi habitación y salieron deseándome buenas noches.

                                                  Me curé muy pronto y mi abuela fue la más sorprendida de la mejora, sus hijas le dijeron que entre las dos me había hecho una cura que me había hecho un efecto rápido pero a partir de aquel día mi madre estaba mucho más contenta, seguramente porque se habían disipado sus dudas respecto a mi sexualidad.

                                                  Los progresos con la aguja eran notables, mi abuela se preocupaba en enseñarme cosas cada vez más complicadas y pronto me enseñó a coser con la máquina, era una máquina muy antigua pero me servía, cada vez me daba más confianza hasta que me propuso hacerle una bata a ella, no demasiado difícil pero en la que debía tomarle medidas, hacer los patrones, cortar y coser y probar o sea todo el proceso, ella estaba pendiente de lo que hacía y me corregía si me equivocaba, el resultado de mi primera prenda no fue demasiado malo y mi abuela como premio me regalo una máquina eléctrica portátil, fue el mejor regalo que podía hacerme porque ya me dediqué por completo a la costura.

                                                  Una tarde tuvimos una visita, era la señora de un directivo de la mina, se llamaba doña Francisca y vino apurada porque necesitaba un vestido para ir a un evento con su marido y por la premura no podía ir a la ciudad a su modista habitual, le rogó a mi abuela que le sacara del atolladero y que hiciera lo posible, mi abuela con mucho apuro por la responsabilidad no podía negarse y accedió, le tomó medida y le dijo que volviera a los pocos días, mi abuela me encargó que le ayudara y además de colaborar le di unas ideas en el diseño que le gustaron, a doña Francisca le entusiasmó las novedades que había improvisado y mi abuela le contó orgullosa que había sido idea mía.  La señora me dijo que siguiera así, desde aquel día me tendría en cuenta y prometió que vería cómo ayudarme, doña Francisca me demostró que tenía palabra y pronto tuve noticias de ella…

                                                  El vestido de doña Francisca fue un éxito rotundo en la reunión de personalidades, las esposas de los altos dignatarios la rodearon alabando el buen gusto y lo original de la prenda, cuando vino a contárnoslo quiso que yo estuviera presente al decírselo a mi abuela, buena parte de “culpa” era mía y Antonia se lo dejó muy claro, la señora quiso demostrárnoslo encargando otro vestido éste para un baile, mi abuela me miró asustada, el que hubiéramos tenido suerte en uno no significaba que estuviéramos preparados para tanta responsabilidad pero la miré rogándole que aceptara, mi abuela era una mujer valiente y aceptó confiando en mí y al momento la señora se prestó para que mi abuela le tomara medidas.

                                                  Antonia quiso jugarse todas las cartas de una vez y le dijo.

  • Doña Francisca, presiento que mi nieto ya tiene en mente algunas ideas para su vestido de fiesta, creo que debería ser él que le tome medidas y siga con el proyecto, yo le aconsejaré y estaré pendiente de todo.
  • No es mala idea, confío mucho en la imaginación de Carlos.

 

                                                  La señora se despojó de la rebeca que llevaba y se dispuso para que le tomara medida, mis manos parecían flanes ante tanta presión pero mi abuela ya me había aleccionado en los detalles, en algunas medidas no tuve problemas pero al llegar al pecho se me cayó dos veces el metro con el nerviosismo por no tocarle, la señora sonrió a mi abuela, le gustaba mi bisoñez y me dijo.

  • Carlos, si quieres seguir dedicándote a la costura tendrás que perder los miedos a cortar y la vergüenza al ver y tocar, así que no te preocupes y para que se te vaya el temor te lo voy a poner fácil.

 

                                                  La señora se abrió la camisa de seda que llevaba y dejó sus pechos al descubierto, tenía buen gusto en la lencería que usaba y yo me quedé “encandilado” mirando, ella me cogió las manos y se las puso sobre las tetas.

  • ¿Ves Carlos no pasa nada?, las mujeres tenemos tetas, culos y… más cosas y no pasa nada porque nos vean o nos toquen, de hecho hasta te diré que nos gusta, así que… no te reprimas al tomar medidas aunque me toques las tetas.

                                                  Ya con la confianza que me había dado cogí el metro de cinta y le fui tomando las medidas, la señora me dijo que le gustaría que tuviera un escote generoso y que posiblemente se pondría un sujetador muy pequeño o quizá no se pondría nada por lo que debía tomarle las medidas también por si acaso.  Mi abuela estaba a su espalda y me animó a que siguiera adelante y con una excusa pueril nos dejó solos, yo me quedé como indefenso pero le eché valor y recordando su consejo le dije que se quitara la camisa del todo, la señora no demostró ningún inconveniente y se quedó en sujetador, procurando no tocar mucho la medí aunque no pude evitar notar la dureza de las tetas que le sobresalían sobre las copas, la mujer sin yo decirle nada se despasó la lencería y se quitó el sujetador también.

  • Carlos, mídeme también al natural, así el vestido se me acoplará más.

 

                                                  Me quedé hipnotizado al verle las tetas de frente, la señora no era muy mayor pero engañaba mucho, tenía un pecho envidiable, no le caía nada y los pezones terminaban en punta un poco separados, la mujer quizá para darme más animo me dijo.

  • ¿Qué te parecen mis tetas Carlos, todavía las tengo bien para enseñarlas verdad?  Es que como no he tenido hijos ni he dado pecho… aunque me habría gustado mucho que me mamaran los pezones.

                                                  La señora se me acercó ofreciéndome las tetas altivas a la vez que yo me acercaba con el metro ella me desvió las manos y las puso sobre las dos mamas.

  • ¿Te parece que las tengo duras aún, no se me notarán los pezones con el vestido verdad?  Es que cuando me roza algo se me ponen duros como piedras y me da mucha vergüenza…
  • Sí señora Francisca tiene usted un pecho envidiable, propio de una chica joven aunque toda usted se conserva maravillosamente.
  • ¡Qué adulador eres Carlos pero toca sin miedo y verás cómo se me ponen los pezones así sabrás que ponerle al vestido para disimularlos!

                                                  Le cogí desde la areola apretándolos y sacándolos, se pusieron como ella había dicho, duros y gruesos en la suave tela del vestido se habrían marcado como dos faros de coche con las luces largas, los estuve acariciando con dos dedos mientras la señora se apoyaba en la mesa que tenía detrás, cerraba los ojos del placer que sentía y cuando los abrió lo primero que se fijó era en mi bragueta, el bulto que se me marcaba era inequívocamente de una erección monumental y ella no se cortó y me cogió la polla riendo.

  • Jajaja, me gustas Carlos, veo que sabes apreciar las cosas lindas aunque te confieso que en eso nos parecemos mucho, a mí también me gustaría tocar y acariciar esto que tienes entre las piernas…

 

                                                  La señora sabía lo que quería y lo tomó antes de que me diera cuenta, la cremallera bajó y rápidamente me sacó la polla.

  • Por todos los… que miembro tienes Carlos, nunca me lo habría imaginado de ti, con permiso…

 

                                                  Se arrodilló y sin más se lo metió en la boca, ya adentro con la lengua retiró el prepucio y relamió el glande saboreándolo como si fuera una fresa.

  • Mmm, delicioso Carlos, es un manjar, espero no violentarle si no te gusta…

 

                                                  El tono en que lo dijo me molestó, ya me había dicho que no esperaba esta polla en mí y lo dejé pasar pero la indirecta de que a mí no me gustaran las mujeres me quemó la sangre y no me pude contener, olvidé el compromiso que era y las consecuencias que podía traer a mi abuela y a mí mismo y le cogí la cabeza del pelo y la atraje hacia mí, mi polla entró tres cuartas partes y le toqué la campanilla con el capullo, la señora cerró los labios para evitar que entrara más pero no pudo y ya casi me tocaba con la nariz en el vello cuando la solté, sus ojos lagrimeaban pero no estaba enfadada y siguió ella sola mamándome desde el capullo hasta la raíz, me bajó el pantalón y el bóxer y se cogió a mis nalgas para no caerse, miré hacia la puerta y vi que estaba entornada, se abrió un poco y vi la cara de mi abuela mirando sonriendo luego de un momento cerró sin ruido. 

                                                  Ya le faltaba la respiración cuando le cogí de los hombros y la hice levantar, con los ojos llorosos y el carmín de los labios medio borrado había cambiado de expresión pero ahora tenía una cara de viciosa que me dio otra idea, le di la vuelta en redondo y la incliné sobre la mesa de trabajo, aparté los retales y alfileres y le subí la falda hasta los riñones, las bragas que llevaba eran el conjunto del sujetador y se las bajé hasta las rodillas, con un pie le separé las piernas y me agarré a sus caderas, mi polla resbaló por entre las nalgas y entró en el primer sitio que encontró, por lo mojado que estaba recordé el coño de mi tía, se hundió hasta dentro de una tacada a la vez que ella susurraba.

  • Sí Carlos sigue, métela toda, la noto más que en la garganta, me quema adentro.

 

                                                  No le hice caso y seguí metiéndola sin freno, en aquel momento no pensé en lo que me había dicho mi tía, que podía preñar a cualquier mujer, yo no entendía de menopausias, ni de Ogino ni de nada pero mi polla entraba y salía sin parar hasta que me dio un escalofrío en la nuca, la polla engordó y el capullo palpitó, la señora Francisca me gritó.

  • Para Carlos para, no te corras adentro, espera un poco, sácala y vuelve a meterla.

 

                                                  Yo no entendía nada, sólo quería correrme, la leche venía de camino a raudales y no comprendí nada pero le hice caso, la saqué y la volví a meter, me costó un poco más pero entró, gimió pero no protestó y yo me corrí empujando a fondo, jadeaba y me rogaba que no me saliera, que aguantara un poco porque ella se iba a correr también, se cogió a los cantos de la mesa con las tetas aplastadas en el tablero y moviéndose buscándome la polla se corrió desesperadamente, yo simplemente me mantenía empujando y ella con las piernas abiertas culeaba para recibirme mejor, se separaba las nalgas con las manos y entonces me di cuenta de que la polla la tenía metida entre las nalgas de la mujer, el culo se hundía y salía conmigo pero ella seguía con sus espasmos.

                                                  Cuando me dijo que ya podía salirme pensó que mi polla saldría flácida y agotada pero se llevó la sorpresa, estaba igual que cuando se había metido aquello en la boca.

  • ¡Qué barbaridad Carlos, eres inagotable!, pon la polla entre mis tetas.

 

                                                  La obedecí y ella la aplastó entre las dos bolas duras, mi polla salía y desaparecía entre ellas hasta que me quedé quieto y empujé, el glande asomó morado y escupiendo leche en abundancia, le cayó en la boca, en un ojo y en el pelo para luego ir llenándole de perlas blancas las tetas, la mujer no creía lo que había pasado, no me creía capaz de aquello que le había encantado y tardó en reponerse, le alargué un retal y se limpió las tetas de leche para ponerse el sujetador, las bragas las guardó en el bolso, el culo le chorreaba semen haciendo burbujas.

  • Carlos tenemos que hablar… estoy dispuesta a que seas un modisto de categoría y te voy a ayudar, lo primero voy a hablar con tu abuela o tu madre y te mandaré a aprender a Madrid a una academia de Corte que conozco, eso te lo pago yo, necesitarás un alojamiento con un poco de espacio para coser y yo me encargaré de mandarte clientela para que les hagas lo que necesiten, estoy segura de que aprenderás mucho, ahora sólo te pido una cosa, es un consejo pero te servirá de mucho, te lo aseguro, las clientas que yo te mande ya estarán advertidas por mí, les diré que eres un modisto joven pero con un futuro prometedor y que vale la pena que les vistas, pero les pondré una condición, les diré que tú no tomas ni siquiera medidas si no las follas primero, sí Carlos no te extrañes, tienes una polla divina y me has hecho una follada magistral, las mujeres que yo te mande lo agradecerán y sabrán valorarlo y te aconsejo que hagas igual con todas las clientas que tengas, si te haces esa fama la voz se correrá entre las mujeres y la que quiera que le cosas ya irá preparada y a gusto.

 

                                                  Yo estaba alucinando pero la ocasión era perfecta, aprendería con los mejores maestros y tendría una clientela rendida a mí… polla ¿qué más podía pedir?, al rato entró mi abuela, la señora Francisca aún estaba abrochándose la camisa y Antonia le comentó.

  • Ya estoy aquí, disculpe mi tardanza, espero que mi nieto se haya portado bien, ¡oh, que

lencería tan bonita lleva señora Francisca!  Tiene muy buen gusto.

  • Gracias sí, su nieto me ha tratado como a una reina, le he hecho una proposición que espero que acepte, le quiero enviar a estudiar a Madrid, ustedes sólo se tendrán que ocupar por el alojamiento, las clases y la clientela corren de mi parte y estoy segura de que Carlos me dejará en buen lugar con mis amigas, ¿verdad Carlos?

 

                                                  Mi abuela estaba encantada, por supuesto que haría lo posible para que yo siguiera estudiando y según había visto era un alumno aventajado, ella se encargaría de convencer a mi madre, sabía que yo tenía un futuro prometedor.

Continuará.

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