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Fecha: 23-Feb-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Convirtiendo a sus hijas en putas - Parte 1

El Cuentacuentos
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Un día, Enrique recibe la visita de un extraño, quien a cambio de algo de comida le regala unas pastillas, asegurándole que con ellas podrá lograr que cualquier mujer haga lo que el quiera, Enrique decide usarlas en sus hijas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Capítulo 1: Enrique

Ahí estaba yo, mirándome al espejo como cada día, y como cada día me lamentaba por cómo había desperdiciado mi vida. 

Me llamo Enrique de la Peña, y esta es la historia de como gracias a un desconocido pude cumplir mis fantasías y lo mejor… con mis hijas.

En la década de los 80´s yo fui el hombre más famoso de México, era futbolista, fui campeón de la liga nacional en varias ocasiones durante la primera mitad de esa década, con 20 años en 1983 ya había ganado la liga 2 veces y había anotado 5 goles en las finales, para 1985, con 22 años, era la máxima figura de la liga local, todo México creía que yo llevaría a la selección lejos en el mundial que se celebraría al año siguiente en nuestro país, pero todo se fue a la mierda unos meses antes.

Específicamente 3 meses antes, cuando por estúpido me metí en una pelea en un bar, yo era soberbio, me creí el dueño del mundo y resultó que no era nada, en esa pelea me quebraron ambas piernas, lógicamente querían lesionarme para que no pudiera jugar más al futbol, lo lograron.

No jugué el mundial ni ningún otro partido durante toda mi vida, las piernas no me daban, lógicamente se me curaron, pero tardaron demasiado, cuando me recuperé y me presenté ante los dueños del equipo para seguir jugando, me miraron con una sonrisa cínica y me dijeron que ya era historia, había otro novato que ahora cautivaba al país con sus goles, me sentí frustrado, desde ese día me dediqué a la bebida, me perdí, un psicólogo que vi hace años me dijo que yo odiaba al mundo por eso y que tendría que haberlo dejado ir hace años, pero simplemente no puedo, me pasé más de 30 años lamentándome por mi desgracia, por mi estupidez, tanto que cuando me di cuenta ya era un viejo amargado.

Actualmente tengo 54 años, soy viudo, conocí a Diana, mi mujer justo cuando era futbolista y estaba en la cima, siempre creí que solo quería mi fama y cuando todo se fue a la mierda creí que me abandonaría, pero no fue así, fue la única persona que estuvo conmigo durante toda esa mitad de mi vida que tiré a la basura, la amaba, la amo aún.

Ella murió hace 5 años, me dejó tirado junto a dos hijas, adolescentes por aquel entonces, ahora con 18 y 19 años, Erika es la menor y Rubí la mayor.

Cuando mi esposa murió yo era un pobre diablo desempleado, nunca me había durado el empleo más de 5 meses pues siempre terminaba peleándome con mis jefes, además, en aquella época se acostumbraba que los futbolistas estudiaran, eramos estrellas, destinados a ser millonarios, ni se nos pasaba por la cabeza que el futbol tal vez no nos daría millones si fracasábamos.

Así que como yo no había estudiado no pude conseguirme un gran trabajo, mi esposa era la que mantenía la casa, era decoradora, no es que ganara mucho, pero nos manteníamos con su sueldo fijo y con lo poco que yo ganaba, nunca me lo reprochó, siempre esperó que yo cambiara, que me diera cuenta que el futbol se había acabado y que ella y mis hijas estaban ahí, que la vida no había terminado, murió sin ver ese cambio que ella esperaba en mí.

Después de su muerte fue cuando conseguí un empleo estable, no muy bien pagado, soy camarero en una cantina cerca de mi casa, no me gusta el trabajo, pero es mejor que nada, gracias a lo que gano ahí puedo pagar a duras penas la escuela de mis hijas, Erika está apunto de entrar a la universidad y Rubí ya lleva un par de años, las quiero mucho, de hecho, el que ellas nacieran fue lo único que evitó que yo me entregara por completo al alcohol y terminara posiblemente en la cárcel.

Pero no me malentiendan, no soy una buena persona, llevo toda mi vida siendo un hijo de puta, la vida me ha tratado mal y yo no he hecho nada para cambiar mi suerte, supongo que siempre esperé que mi suerte cambiara por arte de magia, y un día eso pasó.

Primero que nada, debo decir que siempre he sido un hombre con un gran apetito sexual, constantemente hacia el amor con mi esposa, nunca le fui infiel pero sí que tuve fantasías con muchas otras mujeres, pero en el último año hay dos que ocupan mis pensamientos: mis hijas.

Es algo sucio lo sé, pero no puedo evitarlo, las dos son la definición de belleza.

Erika, la menor, heredó el cabello negro de su madre, alta, casi tanto como yo y mas que su hermana mayor, podríamos decir que no está tan buena como su hermana, pero no significa que no lo esté, además es un poco mas bonita de la cara, de piernas delgadas pero bien torneadas que lastimosamente no enseña mucho pues le gusta mas usar pantalones ajustados, lo que da la oportunidad de ver su nada despreciable culo, que es lo que mas me gusta de ella, al igual que su hermana, heredó un poco de las tetas grandes que tenia su madre, solo que un poco mas pequeñas que las de Rubí, ahora sé que su talla de brasiere es copa C.

Rubí por otro lado, no sé si por ser la mayor o qué pero tiene mejor cuerpo, es unos cuantos centímetros mas baja que su hermana, aunque también nació con el pelo negro desde hace años se lo pinta de rojo, no sé que tipo de magia utiliza pero realmente parece ser pelirroja natural, tiene unas tetas magnificas, de copa D, no sé como una chica de 19 años puede tener esas tetas, pero ella las tiene así.

Ambas llevan al menos un año poniéndome bien cachondo, pero no se confundan, nunca haría nada para tener relaciones con ella, son mis hijas y a pesar de que me considero enfermo por excitarme y pajearme pensando en mis propias hijas, sé qué nunca me atrevería a nada… o al menos así era hasta hace una semana.

Hace una semana, un domingo para ser exactos, llegó a la cantina un hombre a una hora inusual de la mañana, cuando suele estar vacío

—Buenos días —me dijo

—Buenos días, un poco temprano para tomar ¿no socio? —le respondí mientras el se inclinaba para apoyarse en la barra.

Fue entonces cuando vi su semblante, tenia el rostro y los labios resecos, como si no hubiera comido en muchos días, el rostro casi era calaverico, parecía casi a punto de comer.

—No quiero beber —dijo con un hilo de voz —quiero comer.

Le dije que esperara y fui a servirle algo de la comida que guardábamos en la parte de atrás, en la cantina también servíamos comida a los clientes, pero el cocinero no había llegado aún, por lo tanto tuve que darle algo de lo de ayer, solo lo calenté en el microondas y se lo serví.

Para el parecía un manjar, se lo devoró en segundos y me miró con una mirada que de inmediato descifré como que estaba pidiendo más, le serví otro plato y también lo devoró, en media hora se había comido toda la comida que teníamos de reserva y tomado al menos 15 vaso de agua (no quiso cerveza)

Cuando estuvo lo suficiente me lleno le pregunté.

—¿Qué le pasó socio? ¿Por qué está en ese estado?

—Fui un estúpido, creí que era más inteligente que ellos…

Fue todo lo que dijo, se quedó por alrededor de 5 minutos mirando la barra hasta que volvió a hablar.

—No tengo dinero

Ya lo suponía, así asentí.

—Paga la casa

El me miró con gesto agradecido.

—Gracias.

Se estuvo como 5 minutos más mirando el rincón pero sin verlo realmente, estaba como perdido, hasta que volvió a hablar.

—Tengo una idea, te daré esto.

De su bolsillo sacó un frasco, al ponerlo en la barra vi que tenia pastillas, ver ese frasco me hizo entender todo, seguramente era un drogadicto que se había metido en problemas con la droga, tal vez lo habrían secuestrado o algo así.

—Lo siento socio —le dije —no me drogo, no hace falta que me pagues.

Me miró con cara de misterio

—Esto no es una droga, al menos no del tipo que piensas, es otra cosa.

—Ajá ¿Qué es? —pregunté con incredulidad.

—Bueno, puedes llamarla una droga mágica si quieres

—¿Mágica?, socio se me hace que estás enfermo o algo

—No es exactamente mágica, es una droga creada por ellos…

—¿Ellos?

—Es mejor que no lo sepas, sus intenciones no eran buenas, nada buenas, déjame explicarte cómo funciona.

—Esta droga sirve para controlar a otras personas, pero no solo eso, sirve para la capacidad sexual de quien la toma.

Lo miré asombrado, pensando en si ya tenía pensado eso o se lo estaba inventando ahora, lo dejé seguir.

—Cuando la tomas, puedes que una persona haga todo lo que tu quieras, ellos crearon la droga para conseguir esclavos sexuales, yo… me rebelé, les robé las únicas que habían logrado hacer funcionales y maté al científico que las hizo, no creo que puedan hacer más… eso espero.

No me lo creía nada, pero la verdad es que me estaba gustando la historia, siempre apreció una buena historia de ciencia ficción, por otra parte, necesitaba que se fuera, si el jefe entraba a la cantina y descubría que le había dado toda la comida a un extraño, no estaría muy contento.

—¿Y por qué me la das si es tan poderosa?

—No puedo dejar que me encuentren con ella, y creo que no falta mucho para que lo hagan, tu pareces buena persona, tal vez me equivoqué pero creo que no las usaras para nada demasiado malo, espero.

Yo asentí, por alguna razón ahora actuaba como si fuera parte de su juego.

—Promete que no llamaras la atención sobre ti, y que si algún dia te descubren, las tiraras si es que aún tienes.

—Te lo prometo socio, pero dime ¿Cómo funcionan?

En mi mente empezaba a creerme un poco la historia.

—Es simple, tienes que tomar una de estas el día que quieras que alguien haga lo que tú digas, pero, presta atención, solo funcionará durante un dia el efecto, así que te recomiendo que la tomes en la mañana, para sacarle el máximo provecho, además, solo podrás hacer que dos personas hagan lo que tu quieras durante ese dia, no puedes tomar más de una al día porque no aumentará el efecto, solo estarás desperdiciando una, y lo más importante: a la hora de decirle a esa persona lo que quieres que haga, tienes que chasquear los dedos, no necesariamente ella tiene que ver que lo hagas, pero si no lo haces nada pasara.

Yo estaba interesado, era una buena historia, parecía que hasta se había pensado muchos detalles.

—Vaya socio, parece difícil de creer, ya te dije que no tienes que darme nada,  solo sigue tu camino y te deseo suerte.

—No me crees, entonces, toma una, sal a la calle y dile a la primera chica que veas lo que quieras, si quieres dile que se desnude y lo hara, pero solo funcionará con mujeres, ya te dije que el plan de los que crearon era conseguir esclavos sexuales, solo funcionara con el género al que te sientas atraído, si te gustan las mujeres, mujeres, si te gustan los hombres, entonces solo funcionará con hombres, ¿eres heterosexual?

—Si

—Entonces solo funcionara con mujeres.

Sinceramente ya quería que se fuera, ahora que lo pienso, era posible que hubiera sido alguna droga para dormiré y violarme o algo peor, pero sin pensarlo mucho me tomé una pastilla, no sentí nada pero salí a la calle.

La primera mujer que ví fue a la señora que tiene una florería enfrente de nosotros, me cae mal, siempre se queja de que los clientes hacen mucho ruido y que espantamos su clientela, no es especialmente bonita, pero tampoco muy fea, algo mayor pues le calculo que tiene mi edad, pero bueno, para probar estaba bien, decidí empezar por saludar.

—Buenos días doña meche.

—Buenos días don Enrique.

No quería perder tiempo en preámbulos así que tronando los dedos le dije lo primero que se me ocurrió.

—Doña Meche, quítese esa chamarra.

Solo eso, ella vestía una chamarra pues en la mañana hace frio, para mi sorpresa, lo hizo sin rechistar.

—¿Así está bien?

—Si —contesté yo entrando al local de la cantina.

El hombre seguía ahí.

—Okey, ¿le pagó a esa mujer para que hiciera lo que yo diga?

—No señor —respondió el extraño sujeto —mire amigo, yo ya tengo que irme, no puedo quedarme mucho tiempo, gracias por la comida, y créame, eso funciona, pruébelo con cualquier otra mujer que usted quiera, le repito mi agradecimiento, y espero no volverlo a ver nunca.

Tras decir esto salió por la puerta dejándome aun pensando en muchas cosas.

No me podía creer que realmente funcionara, pero ¿y si funcionaba?

Salí de nuevo, ahí estaba doña Meche otra vez, me miró esta vez extrañada, decidí hacerle otra prueba, esta vez chasque los dedos en mi espalda procurando hacerlo de forma que no se escuchara.

—Doña Meche, venga acá adentró conmigo.

Me metí en el local sin mirar si ella lo hacía, pero efectivamente, apenas había cruzado yo cuando noté que ella entraba detrás de mi.

Sin decirle nada más volví a chasquear los dedos.

—¿Puede limpiar las mesas por favor?

—¿Qué se ha creído que es para pedirme eso? Límpielas usted —respondió molesta para mi sorpresa.

Parecía que realmente no funcionaba, ese sujeto solo se había burlado de mí, aunque por mi mente pasó una idea fugaz.

Chasquee los dedos otra vez.

—Doña Meche, limpie las mesas.

—Si.

Tras decir eso comenzó a limpiar la mesa mas cercana a ella, yo me quedé estupefacto, mi idea era cierta, no funciona si lo pides por favor o si preguntas, tienes que ordenarlo directamente.

Entonces se me ocurrió probar hacer aquellos para lo que según ese extraño sujeto fue creada la droga.

—Meche, quítate la blusa.

Puso una cara de sorpresa que luego se convirtió en enojo, nunca había visto a una mujer tan enfadada hasta entonces, por un momento creí que se lanzaría a golpearme por lo enfadado de su rostro, luego, su rostro se torno en uno de estupefacción, pues se dio cuenta de que en realidad se estaba quitando la blusa.

—Pero… ¿Qué estoy haciendo? —dijo visiblemente asustada

Entonces comprendí un poco más de la droga, al parecer si la víctima no quería obedecer una orden, lo haría igualmente, aunque fuera contra su voluntad, aun así había accedido a limpiar las mesas, creo que fue porque no le pareció gran cosa o no estoy seguro.

Sé quedó solo en el Brassiere, tenía unas muy tetas pese a su edad, estaban algo caídas, pero de buen tamaño y buena forma, me acerqué a ella y le dije.

—Vaya Doña Meche, estaba escondiendo un buen par de melones ¿puedo tocarlos?

—Claro que no —dijo ella cubriéndose con las manos y casi llorando de miedo

—Tranquila, era una broma Meche —dije disimulando —cuando vi que comenzó a desnudarse de verdad creí que… pero ya veo en su cara que no, lo siento.

Ella pareció tragarse mi acto de culpabilidad así que se relajó.

—Lo siento también don Enrique, no sé que me pasó, en cuanto me pidió usted que me quitara la blusa sentí el impulso de hacerlo, no sé que me pasó

—Bueno, yo se lo decía en broma, una broma de muy mal gusto claro, me disculpo, ya pónganse la blusa mujer.

Ella lo hizo sin darse cuenta de que lo hacía por mi orden.

—Bueno, ya váyase y no se ande quitando la ropa frente a cualquier hombre doña Meche, pueden malinterpretarlo.

Ella salió con la cara roja, murmurando algo de que no sabía que cosa estaba pasando.

Listo, ya había comprobado que funcionaba, claro está que no quería hacerle nada a la señora, por eso la dejé marchar, tenía que probarlo en alguien que me gustara más, alguien más joven…

En ese momento sonó mi teléfono, era mi hija Erika.

Respondí su llamada, aunque no le puse atención (algo sobre que su hermana le había robado un pantalón)… claro, mi hija, mis hijas, ellas erán perfectas para probarlo, ya sé que puede resultar una aberración, pero no conocía mujer mas hermosa que mi hija Rubí y Erika no le andaba muy lejos, como ya dije al principio llevaba mucho tiempo deseando sexualmente a mis hijas.

Era arriesgado claro, pero ya había comprobado que funcionaba, podría hacer que mis hijas fueran mis amantes…

Quise probar si funcionaba por teléfono o solo funcionaba si estaba presente, así que le dije chasqueando los dedos.

—Erika, cuando salgas de la escuela no te retrases y compra algo de pan, quiero llegues a la casa exactamente a las 5.

Y colgué sin esperar su respuesta.

Mis hijas salían a las 4 de la universidad, pero siempre llegaban a las 8 o 9 porque se iban con sus amigas (o amigos) a pasear y supuestamente también a hacer tarea a veces, si la droga realmente funcionaba por el teléfono, ella estaría en casa a las 5, lo del pan fue solamente algo que se me ocurrió al momento.

Yo salgó de trabajar a veces hasta media noche así que tuve que decirle al jefe que estaba enfermo, no se lo creyó obviamente, ese viejo hijo de puta había vivido muchas cosas, así que le dije que iba a cogerme a una mujer y entonces si me dejó ir.

Al llegar a casa eran las 4:40 así que me senté en el sofá y me puse a ver la televisión, estaba impaciente por saber funcionaba.

A las 5 en punto, la puerta se abrió y mi hija entró con una bolsa de pan…. Joder, si que funcionaba incluso por telefono.

—Hola papá —dijo sobresaltada al verme —¿Qué haces aquí?

—No me sentía bien así que salí temprano del trabajo ¿y tu hermana?

—Se fue con sus amigas

—Está bien

Luego de eso dejó la bolsa en la mesa y subió a su cuarto, en un principio creí que a cambiarse, pero pasaron 30 minutos y no bajaba así que decidí subir a ver que le pasaba.

—Hija, ¿estás bien? —pregunté tocando la puerta de su habitación.

—Si papá estoy escuchando música.

—Bueno, baja en 10 minutos porque quiero hablar contigo —dije chasqueando los dedos.

—Sí papá

10 minutos después bajó la escalera con la misma ropa que tenia cuando llegó, un pantalón holgado y una camisa blanca también holgada, ninguna de las dos resaltaba su figura.

—Ve ponte algo mas cómoda hija —le dije escondiendo mis dedos, pero chasqueándolos y acto seguido ella subió de nuevo, para volver esta vez con una blusa blanca de tirantes que apenas se tapaba su sujetador y un short azul bastante corto, parece que decidió ponerse la pijama.

Ciertamente era más cómodo, aunque no lo que yo estaba pensando, si les digo la verdad, en mi mente sucia yo casi esperaba que bajara en lencería o desnuda, pero claro, no se lo había ordenado.

Aún así se veía muy sensual, el short resaltaba sus piernas y su culo, creo que en ese momento fue cuando me di cuenta realmente de lo buena que está mi hija menor

—Siéntate —le dije, aunque sin chasquear los dedos y ella lo hizo, aunque titubeando.

La verdad no sabía exactamente que decirle, pues, aunque sabía que solo con chasquear los dedos me la cogería, aunque ella no quisiera, pero no, lo que yo quería es que sintiera que lo estaba haciendo por su propia voluntad, aunque no le gustara, esto claro porque no quería que se diera cuenta de mi poder y de lo que lograba al chasquear los dedos.

Así que decidí usar el truco más viejo de los padres solteros:

—Hija, quiero hablar contigo

—¿Qué pasa? —preguntó con genuina preocupación

—No es nada malo, es algo que llevo un tiempo pensando y quiero platicarlo contigo y con tu hermana, con ella hablaré mañana.

Ella solo asintió, interesada en lo que quisiera decirlo.

—Bueno hija, tu madre murió hace años y yo… estoy algo solo, me preguntaba… ¿Qué opinas de que vea a alguna mujer?

Ella me miró sorprendida, era un tema que ya habíamos tocado poco después de la muerte de su madre, sabía perfectamente lo que opinaba ella y su hermana

—¡No! —gritó furiosa —¡No te atrevas a manchar la memoria de mi madre con otra mujer!

—Bueno hija —respondí sereno —ya han pasado años, yo amaba a tu madre, aún la amo, pero, digamos que tengo mis necesidades…

—¿Hablas de sexo?

—Si... —respondí fingiendo inocencia —desde que tu madre falleció yo no…

—¿Entonces solo quieres buscarte a una mujer para poder coger?, si tanto quieres coger ve con una puta, pero no manches la memoria de mi madre trayendo a nadie, esta es su casa, ya no está, pero sigue siendo su casa, y tú sigues siendo su esposo.

Ya me esperaba alguna respuesta de este estilo así que le dije:

—Hija, me parece que tú eres la que está manchando su memoria al decirme eso.

Ella se quedó mirándome con cara de no entender nada.

—Me pides que vaya con una puta, eso sería implicar que cualquiera puede suplantar a tu madre cuando no es así, ¿o es que acaso piensas que tu madre era tan fácil de reemplazar?

 

—No, claro que no, ella era única, es solo que…

En su cara vi que se arrepentía de lo que había dicho.

—Es solo que, no quiero que te cases con nadie más, ni que salgas nadie.

—Bueno hija, yo amo a tu madre, pero tengo mis necesidades…

—Lo sé, pero…

Para entonces ya había perdido la paciencia, el solo ver sus piernas tan cerca de mi hizo que mi verga se pusiera dura, así que harto de tanta platica puse la mano en su pierna, ella se sobresaltó y trato de apartarse.

—Entonces ¿Por qué no tomas tú el lugar de tu madre? Te pareces mucho a ella.

—¿Qué? —me preguntó con la cara desconcertada.

—Ahora eres toda una mujer, sin duda sabrás cuidar de tu padre

Entonces comencé a manosear toda su pierna ya sin ningún decoro, ella luchaba por soltarse

—No, suéltame, soy tu hija.

La solté como ella quería.

—Está bien, si no quieres no hay problemas, se lo pediré a tu hermana, ella siempre ha sido más complaciente conmigo.

Esto hizo que ella volteara de nuevo a verme.

—No —dijo asustada —no metas a mi hermana en esto maldito pervertido, entiende que somos tus hijas, no está bien.

—Claro que está bien, yo soy un hombre y ustedes son dos mujeres hermosas, si no quieres que meta a tu hermana entonces tú eres quien tendrás que complacerme.

Eso hizo que se pusiera a llorar, aunque más que un llanto fue un sollozo.

—Está bien —dijo —yo… me ocuparé de ti pero no metas a mi hermana.

Vaya eso si que había sido fácil, ¿no es fascinante lo fácil que un ser humano está dispuesto a sacrificarse a sí mismo por salvar a otro, sobre todo si es un ser querido?

—Bien —le dije levantándome del sofá y dirigiéndome a las escaleras —sígueme

No tuve que chasquear los dedos porque ella me siguió inmediatamente a su habitación, por suerte no comparte habitación con Rubí.

Una vez dentro le ordené que se desnudara, ella lo hizo a regañadientes, pero de nuevo no tuve que usar el chasquido.

Al verla desnuda frente a mí fue como un sueño hecho realidad, era realmente hermosa, nada me apetecía mas que follarla, pero había pasado bastante tiempo desde que llegó a casa, su hermana no tardaría en llegar, así que solo me acerqué y la tomé por la cintura, ella dio un respingo.

—Que buenas tetas tienes hijita —dije mientras con mis manos las apretaba.

—¿Eres virgen hija?

—No —dijo ella con una cara de enfado que sin duda me estaría deseando la muerte.

—Bien —contesté yo, no me gusta desvirgar a las chicas.

Estuve un buen rato solo sobando sus tetas, ella no decía nada pero por su cara era evidente que no le gustaba que su padre estuviera haciendo tal cosa.

Al cabo de un rato bajé a su vagina, la cual para mi sorpresa estaba un poco mojada, la miré y ella rehuyó mi mirada, no hice ningún comentario.

Estuve otro rato jugando con su vagina, para entonces ahora ya prácticamente estaba chorreando.

—Bueno —le dije —por hoy lo dejaremos así, no falta mucho para que hermana venga.

Me dispuse a salir de la habitación, pero con mi mano en la espalda chasquee los dedos para decirle:

—No le digas nada a tu hermana de lo que pasó hoy, y mañana no vas a la escuela, te quedarás conmigo todo el día.

Al mirarla vi como ella solo asentía con lágrimas en los ojos…

Capítulo 1

A la mañana siguiente la verdad es que estaba un poco nervioso, no sabía si una orden dada el día anterior tendría efecto al siguiente, me levanté a toda prisa, me tomé otra pastilla y bajé a la sala, ahí estaba Erika, sentada en el sofá viendo la televisión, al oírme bajar alzó la vista hacia mi.

—Buenos días —dije un poco nervioso.

—Buenos días —respondió ella cortante.

—Tenemos que hablar —dije ya más decidió

Ella solo asintió y apagó la televisión mientras yo me sentaba en el sofá, decidí ir al grano.

—Mira, ayer aceptaste ser mi amante así que desde el dia de hoy lo serás ¿entendiste?

—Si —dijo ella en voz baja —siempre y cuando no le hagas nada a mi hermana.

—Claro, si te portas bien, dejaré a tu hermana en paz —mentí, mi intención claramente era hacer que las 2 fueran mis esclavas.

Ella solo asintió con un gesto de alivio, me pareció un poco tierno que prefiriera salvar a su hermana que a ella.

—Bien, vamos a poner algunas reglas a mi me gusta que las cosas se hagan a mi modo, así que desde hoy, vas a hacer todo lo que yo te diga, no importa lo que sea ¿entendiste?

—Si

—Bien, a mi me gustan las mujeres sumisas en el sexo, como tu madre, era una mujer con mucho carácter, y eso me gustaba de ella, pero en cuanto entrabamos a la habitación se volvía una gatita sumisa que hacia todo lo que yo le dijera, tú vas a ser igual.

Al decir esto puse una mano sobre su pierna, aún vestia el short de su pijama por lo que mi mano fue a dar directamente a su pierna, era muy suave así que comencé a masajear su pierna con mi mano, ella dio un respingo pero no dijo nada, se limitó a asentir.

—Bien, levántate —le dije y ella así lo hizo, se puso de pie justo enfrente de mi.

Así pude contemplar todo el cuerpazo que tiene, sus tetas, sus piernas, todo, comencé a acariciarla, ella no decía nada

—¿Tienes novio? —le pregunté

—Si

—¿Y ya has tenido sexo con el?

Tardó unos segundos en responder

—Si

—Entiendo, desnúdate —le ordené.

Ella obedecio quitándose la ropa lentamente hasta quedar completamente desnuda.

—Eres hermosa —dije maravillado por su figura, ella no dijo nada.

Comence a acariciar de nuevo su cuerpo, mi intención era que se empezara a excitar, luego de unos minutos manoseando todo su cuerpo incluido su culo y sus tetas, decidí que era momento de centrarse en su vagina.

Lentamente comencé a acariciar su vagina, ella se estremeció pero de nuevo, no dijo ni hizo nada

Estaba depilada, no tenia ni un pelo púbico, como me gusta, así que contento seguí acariciando, primero despacio y luego comencé a subir el ritmo, después de unos minutos noté como su respiración comenzaba a agitarse y como su vagina empezaba a mojarse.

Decidí que era el momento de ir mas allá y metí un dedo en ella, la chica estaba con las piernas juntas así que era difícil, pero mi sorpresa fue que ella misma separó las piernas facilitándome la labor.

No me esperaba eso, sin embargo continué como si nada, al cabo de unos minutos noté como su vagina comenzaba a mojarse, así que decidí que era hora de introducir otro dedo, a lo que ella respondió con tímido gemido.

Sonreí…

—¿Te gusta? —pregunté

—N-nooo —respondió ella con voz jadeante

Permanecí con metiendo y sacando mis dedos durante unos minutos más hasta que noté que sus rodillas empezaban a temblar, así que me detuve.

Ella me miró con ojos de sorpresa, pero se mantuvo en sus trece y no dijo nada.

—¿Sabes chupar una verga?

Ella me miró, como sopesando su respesta, al final dijo:

—Solo lo he hecho una vez.

—Bueno, pues vas a aprender, ponte de rodillas.

Lo hizo lentamente hasta que quedó de rodillas justo frente a donde yo estaba sentado en el sofá, me hice para atrás, estaba aun vestido con short del pijama así que me lo quité por completo y mi verga saltó como un resorte, me siento bastante orgulloso de mi verga, no es monstruosa ni mucho menos, pero sé que es mas grande que la de muchos, 16 cm de largo y gruesa.

Al verla, Erika se quedó con la boca abierta por unos instantes, pero de nuevo no dijo nada, tampoco se movió hasta que yo se lo ordené.

—¿Qué esperas? Comienza a chupar

Ella se sobresaltó al oir mi voz, pero tímidamente se fue acercando, comenzó a lamer, lo hacia mal, se notaba que no tenia experiencia, así que comencé a explicarle como se hacia, al final logró una mamada bastante decente y pareció disfrutarlo.

Cuando sentí que estaba a punto de correrme, decidí hacerlo en su cara así que sin avisarle comencé a soltar los chorros de mi leche en su cara, fue una visión majestuosa, ella se sobresaltó al sentir los primeros chorros, y aunque trató de alejarse ya era tarde, terminó con la cara llena de semen, me miró enfadada.

—Debiste avisarme

—Aquí se hace lo que yo quiera, ya te lo había dicho, ahora límpiate.

Ella así lo hizo, para mi sorpresa comenzó a limpiarse un poco con los dedos y se lo llevó a la boca, de manera bastante sensual, el resto se lo limpió con una toalla.

Cuando hubo terminado la tomé y la recosté sobre el sofá

—Ahora viene el plato fuerte —le dije

Ella entendió lo que eso significaba y con un gesto de miedo dijo:

—No, por favor, todo menos eso.

Eso me hizo enojar, había llegado muy lejos como para parar ahora, le di una cachetada, lo que hizo que ella me mirara con ojos llorosos.

—Callate, diste tu palabra que harías lo que yo diga, y lo haras.

Ella siguió llorando, pero decidió no protestar.

Así que procedí a insertar mi pene en la vagina de mi hija, lentamente fui introduciéndolo poco a poco, primero lentamente, ella dio un grito cuando le había introducido la mitad.

Me acerqué a su rostro intentando darle un beso, ella giró la cabeza con gesto molesto, pero ante el amago de otra cachetada decidió no resistirse, la besé, primero ella se negaba a usar su lengua pero con los segundos se comenzó a dejar llevar y nos fundimos en un beso bastante pasional, mientras nos besábamos aproveché para meter la otra mitad de mi verga y comenzar a bombear, lentamente.

Luego de un minuto dejamos de besarnos, por primera vez en sus ojos noté algo más que enojo… era, lujuria, aunque poca, comencé a arremeter contra su vagina a un ritmo más acelerado, a lo que ella respondió con gemidos más fuertes, y luego de unas cuantas arremetidas ella alzó su cabeza, buscando mi boca para otro beso, se lo dí, fue aún mas pasional que el anterior, nuestras lenguas jugaban en el interio de nuestras bocas, mientras iba aumentando el ritmo de las arremetidas.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que realmente me estaba cogiendo a mi hija, una de ellas al menos, que habían sido objeto de mi deseo desde hace años, no me sentí mal, no me llegó ningún remordimiento ni ninguna estupidez así, de hecho me sentí muy bien, la vagina de mi hija era estrecha, perfecta para disfrutar y hacerla disfrutar, y a juzgar por como me besaba para evitar darme el gusto de soltar gemidos fuertes, lo estaba consiguiendo.

Mientras la penetraba ella me besaba, paraba unos segundos para respirar y luego me volvía a besar.

Cuando sentí que estaba a punto de venirme, me separé de ella y llené todo su cuerpo con mis chorros de semen, bañándola completamente de mis líquidos.

Al mismo tiempo ella soltó un gemido que se escuchó seguramente hasta la otra punta de la ciudad, al parecer se había venido, quedó tendida en el sofá, llena de sudor, semen y un poco de sus propios líquidos.

10 minutos después, cuando hube descansado lo suficiente tirado en el piso sobre la alfombra, me levanté y le dije a Erika:

—Sube a bañarte y vestirte, voy a llevarte a un sitio.

Ella no se movió, al parecer estaba demasiado exhausta aún, pero yo no quería perder tiempo así que le chasquee los dedos como dando a entender mi urgencia.

—Vamos vamos, muévete

Al hacer eso ella comenzó a levantarse y desnuda como estaba subió las escaleras, al poco pude escuchar como la ducha comenzaba a sonar.

—Y ahora —me dije — tengo que limpiar esto.

Capítulo 2: Erika

Estaba cansada, el agua de la ducha caía sobre mi mientras intentaba pensar en cómo había llegado ahí, en cuestión de dos días mi papá había cambiado mucho, nunca fue un padre cariñoso en exceso, pero sé desde que nací que el amaba a mi madre y que nos amaba a nosotros, es cierto que desde que mamá murió se volvió mas malhumorado, y claro que notaba sus miradas algunas veces, pero nunca pensé que pudiera llegar a tanto…

Lo más extraño es como me sentía yo, lo cierto es que me había gustado un poco, no estaba bien lo sé, pero desde que comenzó a acariciar mi vagina me había comenzado a excitar, y cuando me hizo lamer su verga… joder, que verga, es bastante mas grande que la de Adrián (mi novio), la única vez que había hecho sexo oral con mi novio no había salido demasiado bien, al parecer lo lastimé con mis dientes, se molestó y me dijo que nunca volvería a dejar que se la mamara, pero papá me había guiado, me dijo como usar la boca y la lengua para darle placer, y me había gustado, y nunca había sentido placer como cuando me penetraba, sentir su verga penetrar mi vagina había sido lo mejor que había sentido en la vida, aunque lo que más me había gustado fueron sus besos, papá sí que sabía besar…

«¡No!, no puedes pensar en eso, está mal, es tu padre» pensé

Además no debía mostrar ningún tipo de reacción que denotara el hecho de que había disfrutado algo de lo que me hizo, tenía que mantenerme firme, todo lo que estaba haciendo era para proteger a mi hermana, ella es la persona que más quiero, no quiero que sea manchada por… mi papá, seguía sin entender porque quería hacer esto con su hija.

Y otra cosa que me resultaba extraña era esa necesidad irrefrenable que yo tenía de obedecerle en algunas ocasiones, no me lo explicaba, pero a algunas de sus órdenes no podía resistirme…

Cuando terminé de ducharme fui a mi cuarto a vestirme, me puse lo primero que encontré, una blusa azul de manga corta, arriba una chaqueta blanca y unos jeans azules, no sabia a donde me iba a llevar, pero no iba a darle la satisfacción de vestirme elegante para el, cuando estuve arreglada bajé a la sala.

Me llevé la sorpresa de que el sofá había desaparecido, también mi pijama que había dejado tirado por ahí, papá estaba parado en medio de la sala y me miró al bajar.

—¿Y el sofá? —pregunté —¿y mi ropa?

—Tu ropa está en el cesto de la ropa sucia, no se mancó de nada así que puedes estar tranquila, el sofá lo subí a la azotea, si tu hermana pregunta le diré que derramé cerveza en el y por eso lo subí, lo lavaré después, es mejor a que llegue y encuentre olor a fluidos humanos.

Asentí

—Bueno, vámonos —dijo

—¿A dónde? —pregunté

—A comprar ropa —respondió el.

Durante el trayecto en coche no dijo ni intentó nada, yo no estaba segura a donde se dirigía, ropa se podía comprar en cualquier lugar, y no entendía para que quería comprar ropa.

El caso es que luego de  1 hora de ir en el auto llegamos al lugar, era un centro comercial bastante popular en la ciudad, era grande, de tres pisos, y un cuarto en construcción, papá aparcó el auto y bajo de el, yo hice lo mismo.

—¿Aquí vas a comprar ropa?

—Si, pero no para mi, para ti hijita.

—¿Para mi? —pregunté sorprendida

—Así es, ahora que eres mi amante te compraré ropa que quiero que uses solo para mi.

Eso me hizo sentir nerviosa, ¿Qué clase de ropa esperaba que usara? Nada decente seguramente, sin embargo, nada podía hacer para oponerme, así que simplemente lo seguí.

La tienda a la que íbamos estaba en el tercer piso así que tomamos el ascensor, yo estaba nerviosa, no sabia que tipo de tienda era, al salir papá siguió caminando por entre los pasillos bastante, la tienda estaba justo en el final del último pasillo, como abandonada el final del supermercado.

“La modista Elena” tenia por nombre el letrero de la tienda.

—Papá, ¿Por qué venimos a esta tienda? Hay muchas otras aquí donde podemos comprar

El me miró y con una sonrisa que me hizo recordar a las que me daba cuando era niña y hacia alguna gracia me dijo

—Esta es especial

Entró a la tienda, era bastante normal, había ropa de sastre para hombres y mujeres por igual, no había nadie que atendiera así que papá tocó la campanilla, apareció una mujer mayor, de unos 55 años tal vez, no estoy segura, tenía canas en el pelo y se le notaban arrugas, pero estaba bastante bien conservada me recordaba un poco a mamá que a su edad aún parecía de 30.

Al ver a mi papá, la mujer sonrió y se apresuró a abrazarlo, algo que me sorprendió bastante.

—¡Enrique, que sorpresa! —Dijo la mujer mientras abrazaba a mi padre —han pasado años.

—Así es Elena, 7 años —dijo papá y en sus ojos pude notar cierta tristeza

—Lamento lo de tu esposa, era una mujer encantadora

—Lo era en verdad —contesto mi padre y ambos se quedaron viendo a los ojos durante unos segundos sin decir palabra.

Yo no entendía de que se conocían o quien era esa mujer, pero luego de unos minutos ella reparó en mi.

—¿Y quién es esta hermosa jovencita? —preguntó acercándose a mi y poniendo una mano en mi hombro mientras volteaba a ver a papá.

El titubeo un poco hasta que al final dijo:

—Es… mi nueva puta, se llama Erika.

Por alguna razón no me ofendió que me llamara así, entendí que no quería que supiera que yo soy su hija.

—Vaya —respondió la mujer — así que al final te animaste a conseguirte otra, ya era hora, me alegro de verdad, ya pasaron 5 años desde la muerte de tu esposa, yo adoraba a esa mujer, pero sin duda le cuerpo tiene sus necesidades, haces bien en querer satisfacerlas.

Mientras decía esto me evaluó con la mirada de arriba abajo mientras daba vueltas alrededor mío.

—Sí, no está nada mal —dijo al fin —asumo que la traes por ropa

—Así es —contestó mi padre

Y sujetando a la mujer por el brazo la apartó de mí y comenzó a susurrarle algo que obviamente no pude entender, la mujer solo asentía y cuando terminaron de hablar se giró hacia mi con una sonrisa y se acercó.

—Bien muchacha, me llamo Elena, ven conmigo.

Me sujetó del brazo y me condujo a una habitación aparte, era una habitación amplia, cerró la puerta tras de mi y luego de analizarme una vez más me pidió que me desnudara.

Yo algo recelosa lo hice pues era obvio que nada ganaba negándome, ella me miró y acercándose comenzó a tocar todas las partes de mi cuerpo lentamente, yo me estremecía ante el contacto de sus dedos, lo que hizo que ella me sonriera.

—Tranquila niña, no te voy a hacer nada malo

Yo me limité a asentir

Luego de algunos minutos terminó de acariciar mi cuerpo, me miró y me dijo:

—Eres muy hermosa sin duda, ya sé porque te eligió Enrique como su nueva amante, eres muy parecida a su esposa que falleció.

—¿Usted la conocía? —pregunté llena de curiosidad

—Claro, los conocí hace más de 30 años, cuando aún eran una pareja joven, el estaba tan obsesionado con su fracaso en el futbol que casi la había hecho a un lado a ella, por suerte logré hacerlo recapacitar y que se fijara en ella… cuando éramos jóvenes solíamos incluso hacer trios, ella era muy ardiente en la cama.

Eso último me dejó completamente anonadada, aunque logré disimular mi reacción, no podía creer que mi madre fuera así, siempre me pareció una mujer muy decente y recatada, pero mi padre había dicho que era una gatita en la cama, así que lo más probable es que fuera verdad.

—Pero no te preocupes niña, eres joven, seguro lograras que la olvide. —dijo la señora Elena y acercándose a un mostrador tomó una cinta métrica y comenzó a medirme como si fuera a confeccionarme un traje, estuvo así durante segundos, luego de eso se alejó, sacó de un armario una bolsa y la puso a mis pies.

—Enrique quiere que hoy uses eso, póntelo.

Recogí la bolsa y comencé a sacar la ropa, era una ropa completamente de puta, la lencería constaba de solo una tanga roja, sin sujetador, una falda ondulada también negra que apenas si cubria mis nalgas, y una blusa blanca de manga corta, pero era una blusa recortada a mitad del torso, con lo que apenas si cubría mis tetas, con lo que todo mi abdomen quedaba al descubierto y mis tetas salían a relucir ante cualquier movimiento brusco, y por último unas zapatillas negras de tacón alto.

Cuando terminé de vestirme me sentía casi como si estuviera desnuda, como una puta cualquiera, la señora Elena se acercó a mi con una sonrisa y me besó, fue la primera mujer a la que besaba, no la rechacé, al contrarió correspondí al beso, estuvimos besándonos largo rato mientras ella jugueteaba con mi culo, al finalizar me dijo:

—Te ves hermosa —y salió por la puerta a reunirse con papá

Lo cierto es que ese beso me puso algo cachonda, y la ropa que traía no ayudaba, cuando salí mi padre se me quedó viendo.

—Te queda de maravilla, estas malditamente sexy —me dijo, a lo que yo respondí con una amplia sonrisa, ese alago me hizo sentirme un poco más cómoda.

Mi padre se despidió de Elena, ella le dijo que le enviaría lo demás a casa y se despidió también de él dándole una nalgada.

Cuando estuvimos fuera estaba completamente nerviosa, no quería salir a la calle vestida así, me quedé parada en la puerta del local hasta que mi padre se giró y me dijo:

—Vamos, camina putita

—N…no —respondí —me da mucha vergüenza salir así

Mi padre se acercó a mi y poniendo una mano en mis nalgas me dijo al oído:

—Vamos a jugar un juego, vas a ir vestida así hasta el auto, y quiero que cuentes a cada hombre que te intenté manosear o que te diga alguna cerdada, no les impidas hacer nada, quiero ver que tanta lujuria provocas, al llegar a casa me dirás cuantas personas te hicieron algo, y por cada una de ellas, te daré una embestida cuando te este cogiendo esta noche.

Esas palabras me hicieron recordar como hace un par de horas la verga de papá penetraba mi vagina, me recordaron el placer que aunque intentaba negar, sentí.

Aún así no quería salir vestida de esa manera…

—Vamos, camina —dijo mi padre —yo iré detrás de ti.

Y tras decir esas palabras volvió a ocurrir, sentí la imperiosa necesidad de obedecerlo, y así lo hice.

Comencé a caminar por los pasillos, obviamente la mayoría de personas se me quedaban viendo, no faltó mucho para que el primero se acercara y murmurara alguna estupidez como:

—“cuanto cobras chiquita” —o alguna mierda así

Yo me concentré en contar… 1

Otro pasó mas y sentí la mano de alguien en mi culo… 2

Con cada paso que daba me empezaba a poner un poco mas cachonda, recordando la verga de mi papá, también por como iba vestida y por el “juego” que estábamos jugando.

Sentí varias manos en mi culo, en mis senos, y escuché varias palabras cerdas, para cuando llegué al ascensor, ya había contado 9.

Para mi mala suerte (o buena, no estoy segura) el ascensor iba lleno, de puros hombres, me metí en el, mi papá entró detrás de mi y comencé a excitarme aún más, los demás hombres empezaron a moverse en sus lugares, notablemente incomodos o excitados ante lo que veian, de pronto sentí una mano en mi culo, luego otra, al ver que no decía nada alguien se atrevió a pasar una mano por mi hombro y tocarme una teta, sentí un par de manos mas en el trasero para cuando el ascensor se detuvo en el primer piso… 14

Mi padre salió del ascensor, yo salí después de el, volteé a ver a los hombres que aún me miraban con rostros excitados, les guiñé un ojo y les dije adiós, no sé por qué lo hice pero la verdad es que me sentí bien.

El piso de abajo estaba aún más lleno que el de arriba, hombres solitarios, o mujeres con sus hijos, todos me miraban sin excepción, y yo con cada paso que daba me sentía más excitada, sentí pronto manos que disimuladamente me tocaba, escuche voces que en susurros me piropeaban, cuando llegué a la tienda del supermercado ya había contado 20.

A pesar de que todos se me habían quedado mirando, solo 20 habían tenido el valor de hacerme algo, me pareció un número bajo, 20 embestidas no eran nada…

Cuando llegamos al auto mi padre me preguntó cuántos había contado.

—30 —le dije

El solo sonrió y se dedicó a conducir a casa

Durante el trayecto estuve bastante nerviosa, expectante, sabía que estaba mal, una hija no debe hacer esas cosas con su padre, sin embargo, lo esperaba, quería sentir esa verga, no sé qué me pasó pero en solo un dia pasé de ser una chica decente a una que se excitaba por ir vestida como puta y que había disfrutado siendo penetrada por su propio padre… y lo peor, que ahora esperaba volver a ser penetrada.

Mi padre no dijo nada durante el camino a casa, cuando llegamos a ella solo me dijo que subiera a su cuarto, en cuando crucé la puerta de su habitación se lazó sobre mí.

—Eres hermosa, me pones mucho —dijo mientras me besaba el cuello

Acto seguido comenzó a besarme en la boca, beso que correspondí sin dudar, estuvimos un rato así hasta que llegó lo que yo esperaba.

Me empujó sobre la cama, me quitó la falda, hizo a un lado la tanga y puso su pene en la entrada de mi vagina, por unos segundos nada ocurrió, nos miramos a los ojos, y yo entendí que era lo que quería.

—Adelanté Papi… mete esa dura verga dentro de la vagina de tu hija —le dije.

Y sin perder tiempo el lo hizo, la metió esta vez de golpe, mi vagina estaba lo suficientemente húmeda como para no necesitar mas lubricación.

—Uno —dijo

Siguió arremetiendo contra mí, pero de una forma diferente a la de la tarde, esta vez lo hacía lento, sacaba casi por completo su pene de mi vagina y luego lo metía todo de golpe, yo estaba en el cielo, era algo que no había experimentado nunca.

—¿Te gusta? —preguntó cuando llevaba 10

—Siiii —grité —me gusta mucho papá

—Entonces ¿ahora eres la putita de papi?

—Si papi, soy tuya, puedes hacerme lo que quieras —dije yo llena de excitación y sin pensar en mis palabras.

El sonrió y me besó.

Siguió embistiéndome durante un buen rato, para cuando terminó las treinta veces, yo ya me había venido hace tiempo, el, al igual que la vez anterior me llenó toda de semen, se tumbó a mi lado y se quedó dormido.

Algo que yo no tardé en hacer también.

Continuará….


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