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Fecha: 21-Feb-19 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Esposo estéril, comienzo de algo nuevo.3

martha
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Continuando con los con mis primeros relatos Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Como les conté en mis anteriores relatos me llamo Martha y le fui infiel a mi esposo con Miguel un compañero de trabajo para quedar embarazada ya que mi esposo era estéril.

Mi plan había salido bien mi esposo creyó que él era el padre y vivimos felices hasta que me volví a encontrar con Miguel por casualidad y cuando mi esposo estaba de viaje volví a acostarme con Miguel esta vez sin ninguna excusa ni justificación como la primera vez, esta vez fue puro placer y deseo carnal.

Luego de ese encuentro con Miguel me decidí a mí misma dejar eso y serle fiel a mi esposo y continuar con nuestra hermosa familia, pero la sombra de Miguel estaba presente ya que él  sabía dónde vivíamos y ya conocía a su hijo, hijo que concebimos Miguel y yo en nuestro primer encuentro sexual, hijo que mi esposo cree que es suyo.

Miguel se mudó cerca nuestro en un apartamento que estaba en alquiler en nuestro mismo vecindario, no podía ser posible ahora Miguel era nuestro vecino yo estaba aterrada por la situación.

Era domingo el mismo día que Miguel se mudó al vecindario mi esposo me sugirió ir a darle la bienvenida como era costumbre, yo muy nerviosa acepte la petición y junto con nuestro pequeño hijo fuimos a saludar al ¨nuevo vecino¨.

Al llegar Miguel nos abre la puerta con la sonrisa pícara de siempre y nos presentamos y nos invita a pasar

Miguel nos invitó unas bebidas y estábamos charlando entretenidamente unos minutos mientras Miguel y yo intercambiábamos miradas sin que mi esposo lo notara, cuando Antoñito (Antonio) como se llama nuestro hijo quería hacer pis, así que le pedimos a Miguel su baño pero nos comunicó que aún estaba en arreglos y no podía usarse, así que mi esposo me dijo que iban a la casa con Antoñito y regresaba de prisa.

Miguel miro por la ventana que mi esposo salía hacia nuestra casa y sin decir una sola palabra se me acerco me tomo por la cintura y me dio un beso en la boca, beso que correspondí, la forma de tomarme de Miguel hizo que pierda la razón, comenzamos a besarnos desesperados, Miguel bajo sus manos a mis nalgas tocándomelas por encima de los leggins que llevaba puesto después de un rato nos dejamos caer sobre el sofá de la sala sin dejar de besarnos y Miguel tocaba mis pechos por encima de la tela de mi ropa.

En ese momento escuchamos el sonido de la puerta, era mi esposo y mi hijo, nos separamos, Miguel se fue a la cocina para ocultar su erección y yo les abrí la puerta, continuamos charlando por un rato más hasta que nos retiramos a nuestra casa.

Llegando a casa me puse a pensar en lo que había pasado y me dije a mi misma que era no podía seguir así que era muy peligroso, por lo que decidí evadir a Miguel.

Pasaron algunos días y yo intentaba evitar a Miguel, tampoco lo veía mucho porque el salía temprano a trabajar y regresaba un poco tarde, ya que por mudarse cerca de nosotros su trabajo le quedaba lejísimos.

Una noche mientras esperaba a mi esposo que llegara del trabajo recibí una terrible llamada, me llamaban de su trabajo a decirme que mi esposo había sufrido un accidente, había caído de un tercer piso y se encontraba grave en el hospital, Un silencio se produce tras las palabras del hombre que habló…

Salí de prisa al hospital antes dejando a mi hijo a cuidado de una vecina que era muy amiga mía.

Al llegar el doctor me dio la noticia de que mi esposo estaba muy grave en coma de estado 4.

—¿Y qué… posibilidades hay de que vuelva en sí? —pregunte.

El doctor hizo un largo silencio antes de hablar…

—Eso… es algo que desconocemos, señora… Su esposo…

—Su… esposo no da señales de actividad alguna después del accidente. Y está atravesando un coma cuatro…

—¿Hay gente que sale de un coma cuatro? —pregunte

—La hay, sí… Nada está dicho… La cuestión acá es como vaya evolucionando en los próximos días… La contusión ha dañado seriamente el cerebro y desconocemos aún hasta qué punto la lesión pueda haber provocado un daño permanente.

—¿Qué significa en este caso daño permanente? —pregunte.

—Hmmm… digamos que existe la posibilidad de que quede en un estado vegetativo de por vida…

—Pero le repito señora… Es algo que sólo sabremos en la medida en que los días vayan pasando y veamos cómo responde a los estímulos… Hoy por hoy no podemos arriesgar un pronóstico certero…

Pasaron algunas semanas y el diagnóstico del médico fue que mi esposo quedaría en estado cuadripléjico, esto es  un signo clínico por el que se produce parálisis total o parcial de brazos y piernas causada por un daño en la médula espinal

La noticia fue muy dura para todos, afortunadamente mi esposo tenía un seguro en caso de accidentes y eso nos ayudaría económicamente, además de contar con la ayuda de los vecinos, familia y amistades

Yo me encargaba de los cuidados de mi esposo que estaba muy deprimido por su situación, mi esposo pidió que le acondicionamos una habitación en la casa para él, porque quería estar solo, en muchas ocasiones repetía que hubiera preferido haber muerto en ese accidente en vez de vivir así por el resto de su vida.

Esa situación me lastimaba mucho porque yo lo amaba y me dolía verlo así en ese estado.

No tenía movimientos en los brazos ni en las piernas, tendría que pasar acostado en una cama el resto de su vida, lo manteníamos con calmantes para que no entre en crisis y este tranquilo en la medida de lo posible.

La vida en la casa era una verdadera pesadilla, yo trataba de animar a mi esposo pero era imposible, sus amigos venían a verlo pero el botaba a todo y les pedía que nunca más lo vuelvan a visitar que el solo quería morirse, inclusive a mí me trataba mal y me decía que quería estar solo.

Una noche llamaron a la puerta y al ir a ver era Miguel que me dijo que venía a visitar a mi esposo

Pero le dije que mi esposo estaba ya durmiendo profundamente por los calmantes que tomaba y además no quería recibir visita de nadie.

 

—Miguel que deseas mi esposo y mi hijo están descansando y no es correcto que estés acá…

 

—Lo siento sofí solo quiero brindarte mi apoyo y ver como esta nuestro hijo…

 

—Vete Miguel, por favor —le dije

 

—bueno, mejor me marcho —dijo Miguel

 

Lo acompañé a la puerta. Allí se me acercó de nuevo, como para despedirse, pero el roce de su piel, la química entre nosotros, me traicionó.

 Disimulando darme un beso de despedida, terminamos besándonos. Primero suavemente, rozando nuestros labios, los míos delgados con los suyos gruesos y ardientes, luego vinieron los besos con pasión.

 

La lengua de Miguel desató mi lujuria, allí perdí toda mi resistencia, la excitación me llevó a perder toda racionalidad. Allí pegados a la puerta nos besamos con lujuria, nos comimos las bocas, comenzamos a acariciarnos.

 

 Miguel aprovechó para acariciar mis senos, sobar mi cuerpo, mientras yo sobaba su espalda musculosa. Metió la mano debajo de mi blusa y subió mi brasier

 

Manoseó mis tetas, se detuvo con pasión en mis erectos pezones, ya no ejercía resistencia, me dejaba llevar por la pasión, olvidándome por un instante del estado en que se encontraba mi esposo y que estaba a unos metros durmiendo en la segunda planta de la casa.

 

Miguel bajó su cara para dedicarse a lamer mis pezones, a chupar mis senos, algo que me encanta y me excita.

 

Viéndolo hacerlo me volvió loca de ganas, por un momento volví a pensar en mi esposo y sentí remordimiento, pasó por mi mente la idea de detener a Miguel que estaba sumergido en mis tetas, chupando, pero honestamente no tuve fuerzas, estaba demasiado excitada, apenas tuve fuerzas para separar suavemente con mis manos a quien me producía ese enorme placer.

 

Miguel  interpretó ese gesto más bien como un reto, un desafío, me volvió a besar, Allí se quitó su camisa, descubriendo un pecho cuidado, un cuerpo varonil.

 

Trató de hacer lo propio conmigo, pero me traté de negar con gestos jalando mi blusa hacia abajo y negando con la cabeza al tiempo que pensaba en mi esposo. Era obvio que mi negación tenía más que ver con el hecho de que mi esposo estaba postrando en una cama sin poder mover sus extremidades a que no tuviese ganas de hacer el amor con Miguel

 

 Así lo comprendió Miguel, quien tiró una de las almohadas del sofá a la alfombra, en un gesto a invitarme a coger en el suelo, me pareció desleal y vergonzoso lo que iba a hacer dadas las circunstancias, todo el amor que le tengo a mi marido, nuestra bella familia, todo pasó como una rápida película por mi mente y seguí negándome con la cara, aunque mi vagina estuviese ya empapada, mis palpitaciones a millón, mis manos temblorosas y sudorosas y mis pezones casi reventaban, era un mar de contradicciones.

 

No sé cómo se le ocurrió a Miguel pensar que desnudarse ayudaría, pero acertó.

 

 Su próxima acción fue el desnudarse. Se desató sus ajustados jeans y bajó suavemente su ropa, dejando al descubierto un hermoso pene erecto. Aunque me dé pena decirlo, Miguel estaba muy bien dotado.

 

Me miró fijamente, aunque yo no podía de dejar de ver su tremendo cuerpo. Se quitó con los pies los pantalones, su bóxer y sus zapatos, quedando completamente desnudo.

 

Me sonrió con dulzura y se acercó de nuevo, mientras yo, prácticamente estaba petrificada.

 

Recuerdo muy bien las sensaciones, extrema excitación, podía escuchar mis propios latidos, mi respiración se hizo profunda.

Era evidente mi estado. Nuevamente me besó, de nuevo con mucha dulzura. Repetimos con exactitud la escena de los besos apasionados, las caricias, ahora yo acariciaba su torso desnudo, de nuevo metió mano debajo de mi blusa, mi piel se estremecía con sus manos, mis pezones respondían a sus caricias y suaves pellizcos.

 

 A diferencia de hace unos minutos, hice yo un gesto, alcé los brazos hacia arriba, como pidiendo que me despojara de la prenda, así lo hizo.

 

También con maestría soltó el sostén. Quedaron al aire mis senos, que modestia aparte son muy lindos, firmes, redondos, con algunas pecas y con unos bien formados pezones rosados.

 

Miguel quedó extasiado con la vista, gastó unos segundos que parecieron horas mirándolos embobado.

 

 Reaccionó acercándose a seguir con su rica labor de mamarlos, lamerlos, comérselos.

 

 Miguel me bajo los leggins y las bragas que traía puesto

 

 

Ya desnudos no había más que hacer. Olvidé por completo, aunque suene increíble, siquiera que mi esposo estaba cuadripléjico.

 

Miguel me jaló con delicadeza a la alfombra y allí nos entregamos a la pasión. Comenzó a besar mi cuerpo, claro que de nuevo los senos fueron sus predilectos.

 

 Bajó lentamente a mi vientre, a mi vagina depilada y húmeda, deseosa de su boca, comenzó lamiendo mis labios vaginales, mojados, trémulos de deseo, sentía corrientazos de placer.

 

 Yo gemía suavemente, suspiraba con profundidad con cada chupada, cada lengüetazo.

 

De allí paso al interior, al fruto deseado, lamió mi clítoris y sentí que me paralizaba de placer. Solté un sonido desde mi garganta:

 

—¡¡AAAGG!! Miguel, Miguel que rico…

 

De los lengüetazos pasó a comerse mi vagina, abría la boca como queriendo tragarse mi vagina, mis labios vaginales, mordía goloso mi clítoris, yo estaba a punto de explotar, hasta que, con la lengua me masturbó y pronto vino mi primer orgasmo, profundo, eléctrico, divino.

 

 Volví a soltar un sonido de placer, esta vez un mugido ronco acompañado de mi cuerpo arqueándose, poniéndose tenso hasta en el último músculo.

 

 

—Aaaaaay aaaaaaaaaay

 

 

De allí subió de nuevo besándome el vientre, lamiendo mi estómago, impregnándome de mis jugos.

 

Llegó de nuevo a los senos y claro que volvió a chuparlos, noté como su cuerpo se arqueaba, ya sabía para qué.

 

Abrí las piernas a sabiendas de lo que hacía, consciente de lo que seguía. Pronto sentí su dura verga rozando mi sensible clítoris, estaba deseosa de ser penetrada, de sentirlo entrar.

 

Se tardó una eternidad, así lo sentí, rozaba con su verga la entrada, se mojaba con mis jugos, hasta que yo misma empecé a maniobrar mi cadera para hacerlo entrar.

 

Fue un alivio divino. Sentí como una lanza ardiente entraba en mi ser.

 

Me quemaba de placer.

 

Lo metió hasta el fondo y lo dejó inmóvil unos segundos.

 

Así aprecié con sumo placer su grosor, su textura. Comenzó a bombearme, con profundidad, como si quisiera traspasarme, sentí un infinito placer

 

Respiraba sobre mí y yo soltaba gemidos suaves de placer.

 

—Aah ah aay aay ah si si si sigue —gemía

 

Se levantó sobre si para tomar en sus manos mis tetas.

 Las pellizcaba, se agachaba a lamerlas, estaba sobre mi cuerpo, haciéndome suya.

 

Así estuvo un buen rato, hasta que ya más decidida lo abracé para rodarnos y quedar sobre él.

 

Cuando allí estuvo comencé a cabalgarlo.

 

Me metía lo más profundo que podía, a veces suavemente, a veces acelerando.

 

Él no cabía en su placer, chupaba mis pezones, mallugaba mis tetas, apretaba mis glúteos.

 

Luego de tenerlo así un rato fue que me incliné más hacia arriba, mientras lo cabalgaba, en ángulo de 90°

 

Tras la cabalgada exquisita, Miguel me movió para que bajara, allí vi su verga dura y rígida.

 

Lo tomé en mi mano y sin más comencé a chuparlo.

 

Lo chupé un buen rato, ya que a Miguel le encanta el sexo oral.

 

 Lo masturbé con mi boca.

 

 Él aprovechó para meterme mano, acariciar mi vagina, meter uno o dos dedos en mi vagina, manosear mi clítoris, estaba completamente mojada por la cantidad de jugos vaginales.

 

 No resistí mucho, lo necesitaba dentro de mí.

 

Leyó mi pensamiento, yo estaba a gatas, allí en cuatro patas vino por mí de nuevo.

 

De un golpe metió su verga en mi vagina, comenzó de nuevo con su bombeo, me cogió de esa forma  durante buen tiempo dándome ricas nalgadas, ambos estábamos a punto de corrernos

 

 

 

 

Aceleré los movimientos y Miguel que con sus manos me tocaba, pellizcaba, sobaba, aceleró también.

 

Sentí nuevos corrientazos, tensé mi cuerpo y lancé un gemido más fuerte.

 

—¡aaagggg, aaayyy! Me vengo, me vengo…

 

Que recuerdo claramente que hice, pensé que tras la acabada, Miguel sacaría el pene y me dejaría descansar, me equivoqué.

 

Ambos quedamos recostados en la alfombra por unos segundos mientras nos reponíamos del intenso orgasmo que habíamos sentido, acto seguido comenzamos a besarnos nuevamente mientras yo acariciaba su verga que se encontraba a media erección

 

Baje besando el pecho de Miguel hasta llegar a su verga, ahora era mi turno de darle placer, después de los dos intensos orgasmos que me hizo sentir

 

 Miguel se puso de pie y se sentó en el sofá comencé a darle besitos a su glande, le daba lengüetazos al tronco, besaba y chupaba sus testículos metiéndomelos a la boca, su verga ya se encontraba completamente erecta,

 

 Me lo metí a la boca y comencé a saborearlo Miguel cogía mi cabeza y la empujaba contra el queriendo que su verga me entrara lo más profundo que pudiera.

 

Después de varios minutos chupando su verga me puse de pie, le di la espalda a Miguel y me puse a bailarle de manera sexi meneándole el trasero.

 

Mientras Miguel me daba nalgadas que me excitaban mucho.

 

Miguel se puso de pie y me coloco sobre el aleta del sofá dejando mi trasero elevado, yo arqueaba mi cuerpo para elevar más mi trasero, Miguel me separo las nalgas y me pasaba la lengua por toda la línea de mi trasero.

 

Me besaba las nalgas bajando con su lengua por mis piernas deteniéndose en la parte de atrás de mi rodilla asiéndome retorcer de placer, Miguel levanto un poco mi cola y puso su verga en la entrada de mi vagina clavándomela de un solo golpe y comenzando con un delicioso bombeo

 

—si, si, si, sigue, sigue!... ¡Ay, qué rico!... —era lo que decía.

 

—¡Si, ay ay aaay ah aaaaaaah —gemía incontrolada por el enorme placer que sentía.

 

—Tienes las nalgas muy duras y tu vagina está muy mojada —me decía Miguel

 

Ahora Miguel llevaba sus dedos completamente mojados a mi boca para que los chupara con placer como si fuera su verga.

 

Mis caderas ahora se meneaban en círculos y empinaba más mi trasero para que me la metiera más al fondo, Miguel tiraba de mi cabello y yo ronroneaba como una gatita ahora no ahogaba mis gemidos, gritaba gemía, yo me arqueaba ofreciéndole mis nalgas.

 

—Miguel no pares… más duro uhmmmm ssssiiii...

 

—aahhhh! ¡mmhhhh! aayyy... aaahhhhh sí que riiicooooo... sigue sigue Miguel

 

Sentí sus dedos frotándose con mi clítoris provocando que llegue a un delicioso orgasmo: gemí, llore, me aferre a él para que no se detuviera mientras me mordía el hombro derecho como si fuéramos animales cayendo al sofá mientras Miguel daba sus últimos meneos gimiendo.

 

-así Martha, sigue así, me encanta como aprietas.

 

Gemí una vez más al sentir como su semen inundaba mi vagina alcanzando un delicioso orgasmo ayudándome con mis dedos

 

Me deje caer completamente sobre el sofá mientras Miguel se acomodó a mi lado-

 

Estábamos empapados en sudor y con nuestros rostros completamente rojos por tanta excitación y la intensidad de la cogida, respiramos frente a frente recobrando aire, sintiendo nuestros alientos.

 

Eso fue una invitación a nuestras bocas a besarse y así lo hicimos, nos besamos hundiendo nuestras lenguas el uno al otro, hurgando en nuestras bocas mutuamente, nos comíamos la boca, nos mordíamos, nos lamiamos la cara, nos chupábamos dejando nuestras bocas llenas de la saliva que intercambiamos,

 

En ese momento hervíamos de ganas, deseo, excitación, nos manoseábamos, Miguel pasaba sus manos recorriendo todo mi cuerpo, deteniéndose en mis nalgas para amasármelas y dame palmaditas que me hacían soltar gemidos.

 

Miguel estaba fuera de sí, me mordía el cuello, las tetas, me lamia todo el cuerpo  y yo hacía lo mismo con él y le mordía los hombros.

 

Nos pusimos de pie y sin dejar de besarnos y tocarnos nos dirigimos a mi habitación, entramos y me lanzo a la cama y acto seguido  él se lanzó sobre mí.

 

Miguel ya traía la verga completamente erecta y yo estaba sorprendida por lo rápido que se recuperaba ese muchacho luego de eyacular.

 

Me penetro en esa posición misionero, mientras él me bombeaba yo le clavaba las uñas en la espalda y lo entrelazaba amarrándolo con mis piernas para que no saliera de mi interior,  

 

Mis gemidos eran fuertes sin importar que mi esposo estaba en la habitación de al lado durmiendo profundamente por los calmantes.

 

-      Aaaaaaaaaaaaaaaaaaah aaaaaaaaaaaaah que rico

 

-siiiiiiiiiii si no pares, que rico – repetía entre gemidos

 

 

Después de tanto bombeo Miguel eyaculo nuevamente dentro de mí  y esta vez ambos quedamos tendidos ya sin fuerzas, nos besamos, y dormimos abrazados. 


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