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TODORELATOS » AMOR FILIAL » VIAJE DE UN JUBILADO A LA ARGENTINA (50) FINAL
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Fecha: 18-Feb-19 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Viaje de un jubilado a La Argentina (50) FINAL

tauro47
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Ya ultimamos los detalles de la partida y volvimos muy a nuestro pesar a casa, ahora nos quedaba la tarea de preparar la llegada de mi familia argentina para pasar una temporada en España Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Este relato no sería posible sin la estimable colaboración de mi amigo Guilleos, un porteño auténtico.

                                      Cuando llegamos a casa mi mujer estaba un poco inquieta por que habíamos tardado más de lo normal, Corina le explicó que su madre se había tenido que ir y que las cortinas eran muy complicadas, tan abigarradas que parecían del siglo XIX, también le dijo que habíamos vuelto paseando y Elena se quedó tranquila sobre todo porque habíamos resuelto el problema de Viviana, al volver Javier le contamos la historia, bueno lo que se podía contar… al decirle que me había pedido otro favor se alarmó y me miró interrogándome con los ojos, lo tranquilicé cuando le dije que su mujer me había acompañado, también el temía que quisiera volver a las andadas y con lo que le había costado renunciar a sus favores no quería volver a la tentación.  Corina no sé cómo se dio cuenta de todo y le gustó la expresión de relajación de su marido cuando supo que no había pasado nada con Viviana, cuando nos fuimos a acostar, no había humor para alegrías y los cuatro preferimos dormirnos pronto.

                                      Por la mañana las caras eran tristes, Elena arregló la habitación y entre la nuera y ella adecentaron la casa, después como había pedido cita en la peluquería se marchó con el encargo de que me quedara yo en casa para cuidar de Javi, mientras Corina en su habitación ordenaba los armarios y clasificaba la ropa que en un futuro se llevaría a España, yo estaba jugando con Javi, el niño era incansable y yo procuraba seguir su ritmo pero me agotaba sin remedio, su madre nos oyó y vino al salón para cogerlo un rato para que yo descansara, aproveché para comer un pequeño bocadillo, añoraba los almuerzos de media mañana que es típico en mi tierra, almorzar con los amigos o leyendo tranquilamente el periódico era uno de los ratos mejores del día, al momento sonó el teléfono.  Corina lo cogió y al ver quien era dejó a Javi encima de la alfombra con sus juguetes y se marchó a su habitación para hablar con más intimidad, a mí no me pareció mal, la intimidad y el espacio que necesitamos todos creo que es sagrado, de todas formas estuvo un buen rato hablando y cuando salió me pasó el teléfono.

  • Toma Pepe, es mi madre que quiere hablar contigo.
  • ¡Ah, gracias!

                                      Miré a Corina intentando descubrir anticipadamente de qué quería hablar Viviana conmigo pero su rostro no me dio ninguna pista.

  • ¡Hola, buenos días Viviana!  ¿Qué tal?
  • Hola Pepe, buenos días, he estado hablando con Corina, hablamos de muchas cosas que deberíamos haber hecho antes pero en primer lugar quiero agradecerte el favor que me has hecho, las cortinas han quedado mejor que con un profesional.
  • No tiene importancia aunque reconozco que me costaron más tiempo de la cuenta porque son bastante sofisticadas.
  • Sí, reconozco que ya no se llevan tan recargadas pero qué quieres, ya me conoces soy un poco “excesiva” en algunas cosas… pero el motivo más importante es decirte que lamento haberme ido y dejarlos haciendo el trabajo, soy muy egoísta y me perdieron las ganas de… ya sabes.
  • Sí me imagino, por las urgencias de Olga y las descripciones que daba imagino que los chicos valían la pena.
  • Eso es lo malo, lo reconozco y lo lamento, estoy un poco obsesionada con la edad, no quisiera envejecer y a veces creo que sigo siendo la muchacha de hace años, a Olga le pasa igual, queremos ser tan lindas como hace años y cuando encontramos algún hombre un poco más atractivo que la media no lo dejamos pasar, no quiero darte detalles pero te puedo asegurar que los dos muchachos juntos no te llegan ni a la planta de tu pié, me avergüenzo pero cuando se marcharon le dije a Olga que habría preferido estar contigo a solas que con ellos dos, lo más gracioso fue que Olga pensaba lo mismo que yo.
  • Gracias por el halago pero creo que soy nada comparado con estos jóvenes que se ven por ahí.
  • Eres muy modesto Pepe pero las mujeres sabemos valorar a un hombre y aunque a veces nos dejemos llevar por las apariencias sabemos donde hay un caballero de verdad, me habría gustado mucho poder despedirme de ti pasando la tarde juntos en mi casa pero quizá es mejor así, mi hija me ha dado una lección muy importante, acabo de hablar con ella de cosas que teníamos que haber aclarado hace mucho y me ha demostrado ser una mujer fantástica, cuando llegué a casa fui directamente a la ducha, iba sudada  de la tarde con los dos mulatos, confieso que estuvimos toda la tarde cogiendo de todas las formas y combinaciones posibles y estaba agotada, cuando ya salí limpia y me metí en la cama, me eché a llorar, enseguida noté que olía a amor, la sábana recién puesta estaba impregnada de vuestro olor y de vuestro sabor, vi las señales de las manchas que habían dejado, noté enseguida el ardor que habían derrochado y me emocioné, seguramente es algo que nunca conseguiré con ningún hombre, sólo contigo lo pude disfrutar.
  • Eres un encanto de mujer Viviana y te mereces encontrar un hombre que te haga feliz.
  • No sé… es muy difícil, le confesé a Corina que tonteé con Javier y me sorprendió cuando me dijo que lo imaginaba desde hace mucho pero que sabía que para mí era un desahogo y para él una chiquillada de adolescente que le levantaba el ego, no me tiene rencor, eso para una mujer es mucho y más si es mi hija quien me lo dice.
  • No hace falta que te lo diga, Corina es una mujer de una pieza, yo la quiero de verdad, me ha demostrado que es una persona extraordinaria con una inteligencia fuera de lo común que sabe donde pisa.
  • No me lo ha dicho pero lo intuyo, ambos son dos personas que han encontrado su mundo sin dejar de querer a las personas que también los quieren, por favor no la dejes de querer.
  • Eso sería imposible.
  • También admiro a Elena, no he conocido a ninguna mujer como ella, los dos se merecen lo mejor, también es muy inteligente, sabe y se deja querer, trátala bien también Pepe, sé que lo harás, de mi parte no te puedo decir más que me has hecho sentir una mujer valorada, contigo olvidé el paso del tiempo, me vi como lo que soy, una mujer al fin y al cabo.
  • Es una pena que no estemos más tiempo aquí, ahora te veo como realmente eres, antes no me gustó que nos agobiaras, ahora te veo más sentada y te deseo toda la felicidad del mundo.
  • Adiós Pepe, dale un beso muy fuerte a Elena, dile que la quiero mucho también y que siento no haberme acercado a ella más, equivocadamente la veía como un estorbo más que como una amiga.
  • Se lo daré de tu parte, seguro que te lo agradece, nos gustaría que vinierais a España, os gustará.
  • Estoy segura, ya veremos más adelante.  Chau.

                                      Corina se había sentado a mi lado en el sofá y estaba oyendo la conversación, cuando pulsé el botón de cortar la llamada vi que tenía los ojos húmedos y me miraba tiernamente, apoyó su cabeza en mi hombro y la juntó con la mía, el olor fresco de su piel me llegaba fuerte, no se había puesto perfume alguno, sólo olía a ella y me embriagaba, me cogió de las manos, para mí era como si necesitara protección y cariño, yo no quería o mejor dicho no podía darle más de lo que le había dado, mi hijo no se merecía esto tampoco aunque reconocía que podía ser de otra forma más atento con ella.

  • Pepe estoy muy a gusto a tu lado, me haces sentir una nena desprotegida o una mujer ardiente.
  • Es que eres las dos cosas a la vez, ahora eres esa chiquilla que necesita cariño y sabes que siempre lo tendrás de mi, respecto a lo otro el que está orgulloso de tenerte a mi lado soy yo, me has convertido en un hombre joven por lo menos de mente.
  • ¿De mente sólo?, no es que lo diga yo, pero piensa un poco, ¿a cuántas mujeres has “tratado”, ha habido alguna que no se haya encariñado contigo?, eres lo que buscamos todas y sólo encontramos algunas, lo que pasa es que las que lo encontramos tenemos unas limitaciones que lo tenemos difícil o imposible y si hay alguna que lo consigue se puede sentir dichosa, eres cariñoso, comprensivo, un amante maravilloso y muy sensible, la mujer que quiera algo más no lo encontrará porque no lo hay.
  • Me pones colorado Corina, no te digo lo que tú eres porque tan cerca como estás no podría resistir hacerte el amor.
  • Pero un beso sí que podrías darme ¿verdad?
  • Eso no te lo podría negar nunca.

                                      La suavidad, la ternura y el sabor de la boca de Corina era una delicia, sabía besar o creo que lo hacía tan bien porque le salía de adentro, no era un beso fogoso, no me buscaba la lengua, simplemente apoyaba sus labios carnosos buscando los míos giraba la cabeza y me cogía con las manos la mía para recorrer mi boca con la suya, aquellos dedos largos abarcando mi cara me volvían loco, aquella dulzura no era posible que la hubiera probado Javier, si no estaría besando donde pisara su mujer.

                                      Yo en otro momento le habría buscado las tetas, se las habría estrujado o posiblemente ella me las habría ofrecido antes pero ahora no me atrevía a rozarla siquiera, alargué la mano, le cogí el brazo y la atraje hacia mí, ella se acercó al notarme y nos fundimos en un abrazo perfecto, la chica se había girado frente a mi inclinándose y apoyándose sobre mis piernas y nuestras cabezas y sobre todo nuestras bocas se acoplaban perfectamente, no puedo calcular el rato que estuvimos besándonos solamente, yo le besé hasta los parpados, ella los cerraba cuando mis labios se acercaban a ella y sentía todas las sensaciones que yo quería trasmitirle, inclinada sobre mí de frente estaba apoyada en mis muslos y con su cuerpo notaba mi polla dura y yo a la vez sentía sus pezones marcándome la piel de mi pecho pero no le dábamos importancia.

                                      Corina fue girando sobre sí misma hasta apoyar su cabeza sobre mis piernas acostada a lo largo del sofá, estuve acariciándole con la mano su rostro moreno mientras ella metía sus dedos por el escaso pelo de mi cabeza, de vez en cuando se elevaba y me besaba y volvía a quedarse tumbada, mi mano pasaba por su estómago, no me habría costado subir los dedos y encontrarme las tetas duras aunque estaba mirando al techo, sólo llegué hasta poner el dedo pulgar entre las dos tetas, notando como sobresalían de su pecho, el calor tibio de su piel y la suavidad eran suficientemente gratificantes.

                                      Así pasamos la mayor parte de la mañana, ella sentía pegada a su cabeza mi polla dura que latía con fuerza pero tampoco hizo mención de cogerla, ya era tarde cuando oímos la puerta del ascensor que se abría y cerraba en nuestro piso, Elena había llegado, Corina se volvió a su cuarto y yo salí a recibir a mi mujer procurando disimular la erección que aún se me notaba.  Concha no era una belleza como Corina pero cuando se arreglaba estaba linda, sabía sacar partido a sus facciones y me encantaba, le di un beso que dejó el rojo que llevaba en los míos.

  • Deja tonto, que pareces un quinceañero, a veces creo que no has visto una mujer nunca.
  • Como tú seguro que no.

                                      Corina salió de la habitación y se asombró del cambio que había dado Elena, se había arreglado las cejas y la manicura, estaba cambiadísima y Corina se lo hizo saber, Elena estaba orgullosa de que reconocieran que aún podía presumir de guapa y no dejaba de mirarse en el espejo.

                                      El tiempo corría mucho más deprisa que yo deseaba, por la mañana fui al parque y tuve la suerte de encontrar a mi amigo, estuvimos hablando mucho rato hasta que empezó a refrescar la tarde, él no solía salir por las tardes pero hacía un día especial e invitaba a tomar el sol, estuvimos hablando de lo humano y lo divino, me deleitó con sus pensamiento filosóficos y sus análisis sociales, tenía una finura que desmenuzaba cualquier tema hasta sacar todas las consecuencias posibles, yo estaba embelesado escuchando la jerga porteña, a veces lo hacía repetir, unas porque no le entendía y otras porque me gustaba la resolución de sus comentarios, nos despedimos como si nos hubiéramos conocido desde niños y juramos que seguiríamos en contacto, lo vi marchar para su casa, se le notaba bastante mejorado desde la última crisis, pensé que si viviera en la montaña, con pinos y bosque le vendría mejor que la humedad del Plata pero… en Villa del Parque tampoco estaba mal, era un barrio elevado y la humedad no se acusaba tanto.

                                      Corina se afanaba en ayudar a mi mujer para preparar las maletas, si para venir había sido previsora ahora se quería llevar además toda las cosas que habíamos comprado más algunos detalles para los amigos.

  • Pepe acuérdate de guardar los regalos de Amparo la panadera, que no se olviden.
  • No te preocupes Concha que ya los tengo a la vista, de todas formas con lo que llevamos no tenemos sitio para tanto, nos tendremos que comprar otra maleta porque con estas no hay ni para empezar.
  • Pues nos va a costar un dineral el avión.
  • No digo nada, una de dos o nos dejamos algo o tenemos que comprar otra maleta más.
  • De dejarnos nada, ni pensarlo, toda la ropa que me he comprado me encanta y no vamos a dejarles a nuestros hijos el encargo de que lo traigan con ellos, bastante tendrán que llevarse, mucho más que nosotros.
  • De acuerdo, está tarde iré al centro de Villa Devoro y buscaré una maleta más grande.
  • Que te acompañe Corina que ella entiende más de eso que tú.
  • Lo que quieras pero ya sabes, rechaza lo que no sea imprescindible.
  • Ya veremos.

                                      Corina que estaba con nosotros se fue a su habitación y cuando volvió estaba arreglada para salir.

  • ¿Qué esperas Pepe, no tenías que comprar una maleta?  Les va a faltar tiempo para todo, vamos arréglate un poco.

 

                                      Obedecí sin rechistar y en un momento íbamos en el colectivo hacia el centro del Villa Devoto, nos apeamos en la Avenida San Martin, habían bastantes tiendas y pensamos que encontraríamos alguna que nos gustara, íbamos andando por la acera cuando de un colectivo aparcado bajó una mujer, como bajaron varias personas no me fijé pero Corina me dio con el codo y llamó mi atención.

  • ¡Pepe!, esa chica no es… cómo se llama…  ¿Malena?
  • ¡Oh, pues sí que parece!

 

                                      La chica se alejaba y yo no decía nada, me había quedado indeciso, por una parte habría corrido hacia ella aunque no estuviera seguro pero al ir acompañado de Corina me sabía mal dejarla un poco “de lado” pero fue Corina la que tomó la iniciativa y corrió detrás de ella llamándola.

  • ¡Malena, Malena!  Espera, somos nosotros.

                                      La chica se volvió extrañada de que le llamara alguien y menos una mujer pero su semblante cambió cuando vio a Corina y detrás de ella a mí, enseguida vino hacia nosotros, le dio un beso a Corina y dos a mí.

  • ¡Qué casualidad habernos encontrado! ¿Qué hacen por mi barrio?
  • Estamos buscando alguna tienda para comprar una maleta y aunque hay muchas tiendas no sé si habrá alguna dedicada a esto.
  • Creo que puede que haya alguna pero no recuerdo aunque si quieren una maleta yo conozco una tienda no muy lejos, es de una amiga y seguro que tendrá algo que les guste y si puede mejorarles el precio mejor, ¿verdad?
  • Sería estupendo ¿y tú dónde vas?
  • Acabo de terminar de trabajar, he estado con un grupo por el centro y ahora iba a comprar algo de comida, llegar a mi casa y darme una ducha que falta me hace pero los acompaño a comprar la maleta primero.

                                      Con una chica a cada lado yo iba que no cabía por la acera íbamos hablando animadamente, parecía que Corina y Malena se conocieran de toda la vida y estaban pendientes de mi, como había dicho Malena no muy lejos vimos la tienda, no era muy grande pero tenía muy buen surtido, le dije lo que necesitaba y el viaje tan largo que íbamos a hacer y la chica nos recomendó una que aguantaría los malos tratos de las aerolíneas, por supuesto nos ajustó el precio, mientras hacía el talón de la compra la chica apoyada en el mostrador dejó ver debajo del suéter que llevaba un par de tetas blancas que se juntaban por la presión del sujetador, me distraje un poco y no me acordé de sacar la tarjeta de crédito para pagar, Corina me lo recordó mientras que miraba a Malena sonriendo porque se habían dado cuenta de lo distraído que estaba yo con aquella visión.

                                      Salimos a la calle y yo me disponía a despedirme de Malena cuando a ella se le ocurrió decir.

  • Les propongo algo, si no tienen prisa pueden acompañarme ahora ustedes a mí, compro unas cosa en el súper y se vienen a mi casa que está muy cerca y hablamos un rato.

                                      Yo iba a poner un montón de excusas, si hubiera ido sólo no habría tenido inconveniente pero yendo acompañado de Corina me parecía improcedente pero mi nuera me sorprendió aceptando la idea y ya no pude ni abrir la boca.

                                      Ciertamente no estábamos lejos de casa de Malena lo que ocurría es que yo siempre había ido por la otra parte y al llegar a su casa nos ofreció sentarnos en el salón.

  • Perdónenme un momento, me quito el uniforme de guía y estoy con vosotros, siéntanse como en casa.

                                      A Corina le encantó la casa de Malena, el orden y el buen gusto que estaba decorada, tenía varios objetos típicos de los lugares más emblemáticos de Argentina, incluso de otros lugares, en las paredes fotografías de paisajes de ensueño, lo cierto es que apenas nos dimos cuenta del tiempo que tardó Malena en volver, le había dado tiempo a ducharse y venía con una ropa suave de estar por casa.

  • Uf, ¡qué delicia quitarse los tacones al llegar a casa, todo el día de aquí para allá agota!
  • Pero te sientan de maravilla, te hacen unas piernas de modelo.
  • Jajaja, ¿qué, así sin tacones no te gustan?

                                      Malena se había subido la falda hasta medio muslo enseñándome las piernas para que la viera descalza.

  • Me encantan, ya lo sabes, tú me entiendes.
  • No te preocupes Malena ya sabemos que a Pepe le gustan todas las piernas de mujer, estén cómo estén, jajaja.
  • ¡Ah!, se me olvidaba, te he reservado un detalle para ti, lo encargué hace días pero me llegó ayer y ya no sabía cómo entregártelo, ahora te lo traigo.

                                      Mientras volvía Malena miré a Corina y le recriminé su comentario, no quería que pensara que me encantaban las mujeres tanto, ni que no lo supiera bien.

  • Mira, no sé si te gustará pero como ya te conozco… un poco, te regalo este libro de La Argentina, en él verás los sitios más bonitos o por lo menos los más famosos, fíjate se lo he pedido adrede a un amigo librero.

 

                                      Me dio un libro bastante grueso y grande, me vendría bien en la maleta recién comprada, lo abrí y las dos chicas se sentaron a mi lado, lo apoyé en las piernas y fui viendo las fotografías.

  • ¡Oh, mirad!, esto es Tigre a ver… sí en este hotel estuve dos días, había una señora que me guisaba una comida… era encantadora…
  • ¿Sólo te guisaba Pepe? -dijo Corina- lo dices de una forma que parece que era una buena anfitriona, jajaja.
  • La verdad que sí lo era, volvería a ir unos días.
  • Jajaja, me parece que has disfrutado mucho en tus “giras”
  • Sí… mira, las Cataratas de Iguazú, ¿te acuerdas Corina?  Lo pasé muy bien, y que bien nos atendieron Ingrid, su madre y Herta, fíjate, debajo de este salto de agua se puede pasar, me acompañó Herta, es impresionante y pasamos un rato…
  • Mmm, Pepe, me parece que ese rato no fue solamente escuchando el rumor del agua, jajaja, ¿no te parece Corina?
  • Y aquí en Salta, aquí está el río Grande, desde esta foto aérea se ve la casa de una chica quechua, la ayudé en su casa y ella me acogió muy bien.
  • ¿También has estado con quechuas? Y te acogió o… te cogió ¿Pepe?
  • ¡Qué mal pensadas sois!, lo malo es que me conocéis como la palma de mi mano, pues ya no os cuento nada de una chica que era princesa guaraní, jajaja.

 

                                      Las dos mujeres estaban pegadas a mi mirando las fotos del libro, lo cierto es que eran preciosas se veían todos los sitios donde yo había estado, el Tren a las Nubes, Mendoza, Tucumán… en mis brazos notaba la presión de las tetas de las dos, estaban tibias, notaba que las de Corina estaban más redondas y duras, posiblemente por la leche que llevaba pero las de Malena me rozaban moviéndose debajo de la suave tela de su vestido, estaba entusiasmado recordando los sitios donde había ido y no me daba cuenta que Corina me acariciaba el pelo de la cabeza con sus dedos y Malena me sostenía el libros sobre mis piernas, tampoco me di cuenta como las dos chicas se miraron y sonrieron lo cierto es que Malena iba dejando el libro de lado y su mano iba deslizándose por mi pierna, yo estaba demasiado obcecado con las fotos, recordaba a la hermana farmacéutica de la quechua y los buenos ratos que habíamos pasado juntos retozando en su cama, quizás por eso mi polla empezó a desperezarse, para entonces a pocos centímetros los dedos de Malena me estaban esperando y en mi cuello notaba la respiración tibia de Corina.

  • Pepe, estoy segura que te ha gustado el libro, a Corina también y creo que las dos estamos pensando lo mismo, que tenemos a nuestro lado a un hombre especial, si no has mentido y creo que no, me has dicho que yo era para ti la persona en que más confiabas aparte de tu familia, yo siempre he pensado que te referías a Corina, no me creo muy lista pero no es difícil sumar dos más dos y adivinar que Corina y tú tienen mucha química, ¿me equivoco Corina?
  • No, estás en lo cierto, ya también imaginaba que vos eras la persona a la que le contaba sus intimidades y sus dudas, me gustó saber sobre todo cuando te quedaste embarazada, coincidimos las dos en que si hubiera sido así no se lo hubiéramos dicho.
  • Mmm, veo que sí que confía en ti, entonces no me queda duda de que lo conoces bien, posiblemente más que yo, ya en el viaje en el avión me gustó y me alegró demostrarle que no estaba tan “acabado” como él creía, debajo de la manta le demostré que tenía mucho más vigor que mi marido y le di un premio para demostrárselo, no pensaba que volvería a verlo pero sí, nos hemos vuelto a ver y hemos completado nuestra “amistad”, me ha enseñado cómo trata a las mujeres y me encanta, me ha hecho sentirme una princesa aún en los momentos más difíciles con mi marido.
  • Yo no lo conocía, apenas unas cortas conversaciones por Skipe pero cuando vinieron a mi casa tenía recelo de que me consideraran como una intrusa con su hijo y ha sido todo lo contrario, ha sabido comprenderme y ha estado siempre a mi lado y a veces… más.

                                      Yo estaba alucinado oyendo a las dos mujeres que más quería cómo se contaban confidencias que yo no hubiera sospechado nunca, en todo caso me habría guardado mucho por evitar posibles celos pero las dos mujeres eran muy inteligentes y sabían qué hacer.  Malena ya tenía su mano sobre mi polla cuando llegaron los dedos de Corina, las dos se complementaron, una se dedicó a soltar el cinturón y la otra a bajar la cremallera, entre las dos tiraron hacia abajo el bóxer, Malena con una mano me quitó el libro de las manos y me dejó con la polla fuera, las chicas se inclinaron sobre mí, me hicieron levantar el culo y me quitaron los pantalones, una se encargó de lamerme la polla Corina prefirió meterse el capullo en la boca y bajarme el prepucio con la lengua, era su manera preferida de empezar, yo poco podía hacer porque estábamos muy apretados por lo que sólo intentaba alcanzar alguna teta pero con pocos resultados, Malena tuvo la iniciativa.

  • Vamos a mi cama, estaremos más cómodos y Pepe podrá colaborar aunque hoy la estrella invitada es el.

 

                                      Las dos mujeres usaron sus mejores artes amatorias conmigo, cada una por separado ya eran capaces de elevarme a las nubes así que las dos a la vez era ya como estar en la gloria, yo me veía incapaz de centrarme en concreto en alguna porque apenas había cogido el pezón de una de ella tenía a mi disposición otros tres a cuál de ellos más sensible, me comí un coño, fue el de Malena su sabor no lo podía olvidar nunca y el de Corina me estaba esperando.  Corina me estaba dedicando su regalo, sabía que en mi más oculto rincón deseaba estar con las dos a la vez, era como reunir una pareja de triunfos ahora no había romanticismo, era follar por placer, cada una me daba todo y yo les correspondía.  Malena posiblemente se acordaría de Fernando y Corina de Javier pero las dos me dedicaban lo mejor de ellas.  Corina quizás estaba un poco “tocada” por las conversaciones que habíamos tenido anteriormente y fue la primera en sucumbir, me pidió que se la metiera y que no parara de follarla hasta que se corrió, cayó desmadejada, Malena la vio y comprendió hasta donde llegaba nuestra complicidad, a ella no sólo le gustaba follar conmigo también quería estar conmigo y a ella le pasaba algo parecido, no con la intensidad de Corina pero no quise ser menos.

                                      Cuando me lo pidió no quise que fuera igual que Corina y la puse boca abajo, ella intuyo que iba a penetrarla por el culo y no puso ninguna objeción simplemente se separó las nalgas con las manos y me esperó, lubricación no me faltaba y con un leve empujón estuve dentro de ella, había aprendido a dominar su esfínter, ya me lo había dicho alguna vez, cuando me acercaba yo ya se dilataba y esta vez no fue diferente, me cogí a sus tetas que asomaban por los costados y empujé hasta entrar en ella como un ariete, me gustó que Corina le alargara la mano, Malena resistió el orgasmo apoyada moralmente por Corina, la escena estuvo a punto de provocarme la eyaculación dentro del culo de Malena pero pude controlarme.  Quedó aplastada sobre la sábana y Corina se acercó a ella, le dio la vuelta y la dejó boca arriba, estaba preciosa, sus tetas no se aplastaban con el peso, se mantenían erguidas pero se dio cuenta que las de Corina todavía estaban más y acercó su mano para tocarlas, Corina la miró sonriente, porque nada más apretarle los pezones se mojó de leche, con la mirada Malena le preguntó si yo le había mamado las tetas y ella cerró los ojos afirmativamente y le preguntó si ella podía hacerlo también.

                                      Corina se acercó a ella y Malena se inclinó sobre una de sus tetas, no sabía cómo hacerlo y yo me puse a su lado, con los dedos en su pezón le hice la maniobra para provocarle que saliera la leche de Corina y con la boca la aspiraba para tragarla ella le hizo lo mismo a mi nuera y pronto obtuvo resultados, la leche fluyó en su boca y me pareció verle los ojos húmedos, su instinto maternal le sugería que ella podía ser madre ya y no lo era ni sabía cuándo podría serlo, me apoyé a su lado y chupé del otro pecho de Corina, nos estaba dando de mamar a los dos a la vez, yo les acariciaba a las dos el pubis, sus piernas se iban abriendo y sus clítoris no tardaron en aparecer en escena, las dos volvieron a correrse juntas y se abrazaron, acababan de hacerse amigas íntimas, en adelante recordarían aquel día conmigo.

                                      Cuando se repusieron quisieron ofrecerme una corrida memorable, una se subió sobre mí sin meterse la polla cabalgaba abrazando con los labios el tronco de mi polla mientras que la otra me besaba y me dejaba sus tetas sobre mi cara para que las lamiera y las mordiera, se cambiaron y Corina se subió de espaldas, mi polla no entró en su coño, lo hizo en su culo, también era una maestra en recibirme por la puerta de atrás y lo hizo sin ningún esfuerzo.  Malena puso su coño sobre mi boca y lo succioné hasta hacerla vibrar de nuevo, se cogía las tetas y se estiraba los pezones gimiendo a coro con Corina que sentía como mi polla engordaba peligrosamente, apuró hasta el último momento y se bajó de mí tumbándose.  Malena hizo lo mismo y me dijeron que me subiera sobre ellas, a dos manos me hicieron una paja que me daba la sensación que las estaba follando a las dos a la vez, una por la punta y otra por el tronco agitaban la polla con suavidad pero con rapidez, me erguí y el capullo se hinchó como nunca, debían apretar más de la cuenta porque los chorros de leche salieron disparados sobre ellas, yo tenía previsto llenarles las tetas de semen pero los primeros latigazos se enredaron en sus rizos, luego en su cara y los últimos en sus tetas.

                                      Quedé exprimido pero ellas quisieron que no quedara nada dentro de mí y siguieron agitándome la polla, esta vez acercaron sus bocas y lamieron hasta la última gota, luego una a la otra fue recogiendo los goterones de semen y se los daban a chupar.

                                      Caí entre las dos, rodeado por las dos bellezas estuvimos hablando recordando los momentos más felices de mi viaje, yo acariciaba sus cuerpos y ellas el mío, las dos me juraron que no me olvidarían nunca aunque yo sabía que no era necesario, yo hice lo mismo, ellas también estaban seguras de mí, prometimos vernos por Internet.

                                      Ya era tarde cuando nos levantamos y nos duchamos, con el libro debajo del brazo y la maleta en la mano nos despedimos de Malena, Corina había encontrado a una amiga incondicional, unidas por mí, yo sabía que sería una amistad larga y sincera.

                                      Al llegar a casa le dimos una excusa a Elena, entre los dos fue más creíble, culpamos a Malena de habernos entretenido con el libro, se lo enseñamos y le gustó mucho, le enseñé algunos de los sitios donde había estado, el tren de Salta, los Andes…

                                      Pero el tiempo no se detiene y el día de la partida llegó, fue el día más triste que habíamos pasado en La Argentina, sabíamos que era inevitable, que seguramente volveríamos a reunirnos pronto, todo lo sabíamos pero siempre quedaba el temor a que algo fallara aún así después de comer nos abrazamos todos, hasta el chiquitín entró en el abrazo, los cinco llorando, el niño al vernos tan tristes también se unió al llanto pero la cordura se tuvo que imponer, las maletas estaban reunidas en el pasillo y el coche de Javier aparcado en la calle, fuimos bajando todo, muy justo pero pudimos acomodar el equipaje, ya estaba sentado en el coche, sólo faltaba por bajar Corina que estaba cerrando la casa, me dio un impulso y subí, ya había cerrado pero le rogué que volviera a abrir, ella extrañada pensó que se me había olvidado algo pero yo recorrí toda la casa intentando memorizar cada rincón, en todos ellos tenía algo bueno que recordar, en la habitación de Corina me paré frente la cama, ella a mi lado me dio la vuelta y me miró, comprendió lo que me pasaba y me dio un beso que no se me olvidará nunca, la sentía abrazada a mí, todo su cuerpo pegado me rodeaba por el cuello y yo por su cintura hasta que oímos la bocina del coche de Javier, bajamos y aún en el ascensor nos dimos el último beso solos, subimos al coche y salimos los cuatro hacia el aeropuerto, el trámite gracias a Javier fue breve y sin contratiempos, facturamos todas las maletas hasta el destino en Valencia, el avión nos llevaría a Madrid y desde allí alguna compañía regional nos dejaría en casa.

                                      Agradecimos que la despedida fuera breve porque si no hubiera sido un tormento después de infinitos abrazos nos separamos, aún al desaparecer por el túnel del finger que nos llevaba directamente al avión mi nieto nos despedía dándonos besos al aire, Corina tenía sus bonitos ojos rojos de llorar y mi hijo tragaba saliva como podía, de nosotros no digo nada porque hasta después de estar un rato en el aire no se nos pasó la llorera.

                                      Mi hijo se había encargado del embarque y nos había conseguido dos asientos de ventanilla, íbamos al lado izquierdo y según subíamos le explicaba a mi mujer lo que sabía del río de la Plata, se veía a lo lejos la Isla Martín García, vi el pueblo de Colonia, me acordé de la tía y la prima de Corina, me habría gustado mucho celebrar la fiesta que me habían prometido, sospechaba que no sería nada para olvidar, pasamos sobre Montevideo y luego el Océano Atlántico.  Como habíamos salido por la tarde íbamos en contra del sol y pronto se hizo la noche, mi mujer después de un refrigerio que nos ofrecieron las azafatas se tomó la pastilla para dormir, se recostó sobre la ventanilla cerrada con la cortinilla y se durmió, yo me entretenía mirando a los pasajeros y a la pantalla que nos indicaba la ruta, ahora tenía libertad para levantarme cuando quisiera, vi a los más expertos viajeros que se habían descalzados e incluso se habían puesto unos calcetines gruesos para estar más cómodos.

                                      Al rato ya no sabía cómo ponerme, en la clase turista las estrecheces eran notables, las azafatas pasaban de vez en cuando ofreciendo algún zumo, me fijé la buena selección de personal todas eran bellísimas, me leí los prospectos que habían en el respaldo del asiento de adelante y me propuse ir al baño, en la cola del avión habían dos servicios pero estaban ocupados, decidí pasearme y fui hacia adelante, la mayoría de personas ya se estaba durmiendo y las luces habían bajado de intensidad, seguí las luces del suelo del pasillo y llegué a las cortinas que separaban las clases de asientos, mi intención era preguntar si habían más lavabos, allí estaban los armarios del catering y demás servicios del personal de vuelo, ya iba a preguntarle a la chica que vi y que se había presentado como la sobrecargo cuando me di cuenta que estaba inclinada apoyada sobre un armario de pared, lo más sorprendente fue que se volvió y entonces me di cuenta de que cubierta casi por ella había una azafata delgadita con una melena morena y corta, por el sitio donde tenía las manos la sobrecargo comprendí que estaban en un momento “delicado” y me giré.

                                      Personalmente no tengo prejuicios sobre la sexualidad de las personas pero sin esperarlo seguro que hice una cara de sorpresa que a las chicas les alarmó un poco, la encargada con más experiencia se repuso con más rapidez y se separó de la chica que parecía azorada, debía de ser novata y el asedio que le estaba aplicando la tenía un poco acorralada pero al verme a mí pensó que aún era peor, las había sorprendido en una actitud que a lo mejor a la compañía no le gustaba, la encargada enseguida me preguntó muy amable que deseaba y yo azorado balbuceé si había un servicio cerca, ellas me lo indicaron y cuando salí me esperaban con una botella de champan del mejor que servían en clase Bussines, muy amables me ofrecieron una copa o lo que me apeteciera como gratitud por mi amabilidad “y mi silencio”, la verdad es que no me apetecía champan, por bueno que fuera acababa de tomarme un zumo de piña y estaba saciado, ellas abrieron las cajas de catering, me enseñaron los mejores pasteles y licores que habían en el avión, yo les dije que lo agradecía pero no me apetecía tomar nada.  La sobrecargo no se rindió y tuvo una idea, con una dulzura exquisita me cogió del brazo y me llevó por una puerta con apariencia de armario, había una pequeña sala para el descanso del personal auxiliar durante los vuelos transoceánicos y cuando pasó la azafata cerró tras ella.

                                      El uniforme que llevaban era muy elegante pero debajo de él lo que había era una mujer preciosa, con una lencería exquisita y que se me ofrecía en compensación a mis molestias, yo estaba cortado, el premio era de primera era una mujer joven aún aunque con muchas millas a su espalda y un cuerpo de escándalo pero yo estaba tan cortado que no supe cómo reaccionar, ella lo interpretó como si yo esperara algo más de ellas y sin más le ordenó a la azafata que se arrodillara delante de mí, me abrumaba la vergüenza, creí que quería pedirme perdón pero cuando me bajó la bragueta y metió la mano buscándome la polla, ya fui entendiendo, con las caricias que me daba la jefa poniéndome las manos sobre sus tetas y la mamada que me daba la azafata la polla se puso a tope, la chica de rodillas también se quitó el uniforme, apenas tenía tetas pero los pezones se le trasparentaban por el sujetador blanco de blonda, cuando me puso la polla con peligro de estallar la mujer mayor se había quitado el sujetador y me había puesto sus pezones en la boca, los estaba mordiendo cuando noté en el capullo la humedad de algo familiar.

                                      La azafata se había quitado la falda y las bragas y se había puesto con el culo pegado a mi polla, no tuve que hacer nada, la jefa le dijo que reculara y mi polla le entró en el coño a la azafata sin apenas resistencia lo tenía ya tan lubricado que resbaló como jabón, la sobrecargo al oler los jugos de la azafata pasó la mano por mi polla cuando salía y se la mojaba de flujo de la chica para luego lamerlo, me ofreció si yo quería también pero preferí que los lamiera ella sola, el silbido de las turbinas del avión sólo se disipaban por los gemidos de la azafata, ya estaba en las últimas y le dije a la sobrecargo sacando la teta de mi boca y mi mano de su coño.

  • Señorita me voy a correr ya, ¿dónde quiere que lo haga?
  • Donde quiera, llénele la concha de leche, como guste.

                                      Yo estaba un poco molesto, por el trato que la chica estaba recibiendo, no creo que estuviera molesta del todo pero las forma de hablarle la superior me indignaba por lo que le dije.

  • Perdone otra vez señorita pero me gustaría correrme en otro sitio.
  • ¡Ah!  No se preocupe, si quiere correrse en su boca, hágalo.
  • No me ha entendido, me voy a correr en usted.
  • ¿En mí?  Ni pensarlo, a mi no me gustan los hombres, ya lo ha visto.
  • Pero no se preocupe, así que dese la vuelta o me va preparando una hoja de reclamaciones y no le digo el comentario que voy a escribir en Internet.
  • No se ponga así, creo que siempre hay formas de solucionarlo, la azafata estará dispuesta a lo que usted quiera.
  • No, la azafata ya ha hecho bastante, la quiero a usted, así que dese la vuelta y… no quiero oírla protestar, solamente gemir de gusto.

 

                                      La chica apretó los labios y los puños y se volvió de espaldas quedándose de pié.

  • Agáchese y apóyese en la ventanilla.
  • No pretenderá…
  • Shiiit.  Silencio y usted señorita azafata haga el favor de mamármela otro poco.

                                      La sobrecargo estuvo agachada esperando a que la azafata me pusiera la polla al cien por cien, con la mirada le dije que le lamiera el culo a su jefa y ella me sonrió sin decir nada, apena se separó dejándole el culo mojado de saliva me apoyé yo y empujé, no le di tiempo a nada, por la ventanilla sólo se veía la noche pero ella vería hasta la estrella Polar o la Cruz del Sur, me daba igual pero no paré hasta meterla hasta el fondo, le atrapé las tetas que colgaban al ritmo, ella hacía como si gimiera para complacerme y la azafata me acariciaba los huevos para que me corriera más a gusto, lo hice a 10.000 m. de altura, literalmente fue una corrida de “gran altura” pero me quedé más satisfecho que si me hubiera invitado a ir en primera clase, cuando salí me llevé la botella de champaña y una copa a mi asiento, me la bebí entera sorbo a sorbo hasta que me dormí.

                                      Me desperté cuando sonaba el aviso de abrocharse los cinturones y al poco rato ya estaba pisando tierra española, después de un tiempo otro avión y en poco más de media hora estábamos en destino, recogida de maletas y taxi, oyendo la radio del taxi me di cuenta del cambio de acento al hablar, me emocioné un poco, mi mujer se había dado cuenta y más cuando el taxista nos preguntó si era la primera vez que veníamos a Valencia porque nos había confundido con argentinos.

  • ¿Tanto se nos ha pegado el acento?
  • La verdad es que no parecen valencianos.
  • Jajaja, que curioso, tendremos que ponernos al día.

                                     

                                      Al entrar en casa tuvimos una fuerte impresión aunque habíamos cubierto todos los muebles con plásticos y sábanas nos encontramos en nuestra casa, aunque nos habían tratado de maravilla, éste era nuestro hogar.

                                      Sólo habíamos descubierto la cama de matrimonio y abierto las maletas para que no se arrugara las ropas y nos acostamos, pensábamos hacer el amor emocionados pero sólo llegamos a entrelazar las piernas, ni la polla le pude meter porque nos dormimos agotados del viaje, nos despertamos ya muy avanzada la mañana con el ruido de la ciudad y sobre todo el paso por encima de mi casa de los aviones a poca altura al ir a aterrizar al cercano aeropuerto, abrí las ventanas, el bullicio era mucho mayor que en casa de mi hijo, el hospital cercano aportaba el ulular de las sirenas de las ambulancias y el jardín de enfrente daba una amplitud de verde que llegaba en dirección del mar Mediterráneo.

                                      Mi mujer después de destapar los muebles bajó a saludar a la vecina de abajo, además para advertirle que si oían ruidos éramos nosotros que estábamos de vuelta, nos llevábamos muy bien tenían una casita en el campo y en su garaje me habían guardado mi coche todo este tiempo, nos invitaron a pasar el domingo con ellos, haríamos una paella de marisco y recogería mi coche, según mi vecino lo había cuidado con esmero y funcionaba igual que cuando lo dejé.

                                      Hablamos con el vecino jubilado del primero había sido arquitecto y conocía albañiles que nos harían la reforma de las habitaciones, a mi mujer se le ocurrió que de paso cambiaríamos el baño y lo haríamos todo nuevo, me esperaba una temporada de reformas, luego subimos al sexto piso donde vivía un chico joven que era carpintero y nos haría los armarios empotrados, acababa de ser padre y su mujer nos recibió con el niño en brazos, le estaba dando de mamar y yo me acordé de Corina.

                                      Las cosas ya estaban encarriladas y parecía que iba a ser breve, queríamos tener todo dispuesto para cuando vinieran, hablamos con ellos por Skipe, aquella imagen no era ni parecido a lo que habíamos visto, mi nieto nos reconoció enseguida.  No fue la única vez que abrí el programa, cuando se iba mi mujer al mercado y calculaba el horario argentino llamaba a Corina, ella estaba en la cama aún pero se destapaba para que la viera, no llevaba nada, yo le correspondía enseñándole cómo me ponía la polla y terminábamos masturbándonos juntos, luego la dejaba seguir durmiendo.

                                      Cuando tuve mi coche decidí acercarme a casa de la hermana de la panadera Amparo, vivían a 25 Km. en Sagunto un pueblo milenario con mucha historia, les llamé y cuando llegué estaba su marido, me interesaba que estuvieran los dos para entregarles los regalos, me abrió Pepe el marido y la primera impresión ya no me gustó, vestía un poco descuidado y conociendo la mala pasada que le había hecho a Amparo me alegré que la hubiera dejado, detrás de él asomó María la hermana de Amparo ésta sí que me causó muy buena impresión era muy guapa, aún los años no le habían quitado demasiada hermosura, además era exactamente igual que su sobrina Pepita, me hicieron pasar al salón y me presenté, se alegraron mucho de saber que había estado con Amparo, él un poco menos pero cuando le entregué su regalo se alegró por él detalle, no sabía lo que era el mate pero con la ilustración que me había dado mi amigo argentino se quedó contento, luego le saqué el estuche, al abrirlo se quedó extrañado y luego al ver la foto de su “sobrina” Pepita le cambió el color de la cara, vio la maraña de vello del pubis de Pepita, aunque no le dije de donde era y menos que se lo había cortado yo se puso nervioso y con la excusa de que había quedado con unos amigos en el bar para jugar al dominó se esfumó con mala cara.

                                      Su mujer en cambio se puso a llorar, me pidió disculpas de los malos modos de su marido pero me hizo sentar en el sofá, abrió la caja y sacó el vello, no hizo falta decirle de donde era, ella lo tocaba y se lo pasaba la mejilla, sabía que era del coño de su sobrina pero era más que eso, significaba que su sobrina Pepita era ya una mujer, si me lo hubiera preguntado a mí se lo habría confirmado y la foto que le había mandado le demostraba que tenía exactamente su cara de joven.  María me contó entre sollozos lo arrepentida que estaba de lo mal que se había portado con su hermana Amparo, sabía que era muy estricta con Pepe su novio y no le dejaba llegar más que a las caricias, a ella le encantaba la osadía de Pepe, por aquel entonces era un galán atrevido y le gustaban las insinuaciones que siempre le hacía, él un día harto de que Amparo lo frenara intentó con la joven María lo que no le dejaba Amparo y lo consiguió, se acostó con él y follaron sin miedo pero él seguía intentándolo con Amparo hasta que por fin lo logró prometiéndole cosas que luego no fueron verdad.

                                      El caso es que a la primera y única vez que follaron Amparo se quedó embarazada y ante la negativa de Pepe no se lo dijo a nadie, para más desgracia el día que fue a casa de Pepe para anunciárselo con alegría María estaba con él en la cama y apareció en el preciso momento que Pepe se negaba a reconocerlo, ahora estaba muy arrepentida y lloraba, Pepe no había salido como ella esperaba, una vez conseguido se casó con él, la facilidad que tuvo Amparo en preñarse no la tuvo ella y aunque lo intentaron mucho tiempo no tuvieron suerte, ella tenía problemas y no tuvo hijos, Pepe dejó de interesarse por ella y ahora sus amigos y posiblemente alguien más ocupaban su tiempo.

                                      María lloraba, por sus ojos almendrados caían torrentes de lagrimas, se me abrazó en un movimiento reflejo buscando apoyo moral, le sequé sus lagrimas con mi mejilla primero y luego con mis labios, rocé los suyos pero me esquivó, su cuello blanco era una tentación y recordé lo que me había dicho Amparo, una serie de besos suaves recorrió su cuello, cuando llegué a medio hombro María ya me abrazaba con fuerza apretándose contra mí, entonces era ella la que buscaba mi boca, no le hice esperar y la besé, con una mano me cogió la mía y se la llevó al corazón y le dije.

  • María, tu corazón late igual que el de tu hermana y el de Pepita.
 

                                       La mano que me había dejado debajo de su pecho izquierdo me la llevó sobre todo el pecho entero, me demostró el efecto que le había dado mi información por la dureza de su pezón, mis besos se ampliaron a todo su cuello, ella giraba la cabeza para que siguiera besándole y poco a poco fue abriendo su camisa, las tetas fueron apareciendo, las tenía como recordaba las de su sobrina, bajó el tirante del sujetador y ella misma sacó de la copa su teta blanca, me la ofreció y se la acepté, sus manos fueron buscando frenéticamente mi entrepierna, haría mucho tiempo que debía estar abandonada de sexo porque no acertaba a abrir la bragueta, tuve que hacerlo yo pero le di la satisfacción de dejarle descubrir a ella lo que buscaba, de un tirón me bajó el bóxer y mi polla saltó frente a su cara, la miró como si fuera nuevo para ella, le retiró la piel y admiró la redondez de mi capullo, estaba brillante y la hipnotizó, abrió la boca sin decir nada y se lo tragó entero.

                                      María me demostró que era hermana y tía de las mujeres que traté en la panadería, me estuvo chupando la polla como si se fuera a acabar y a la vez se iba quitando la ropa, el sujetador lo quitó a estirones y la falda ni se la desabrochó, le pedí quitarle yo las bragas, para ella fue un halago algo que hacía mucho tiempo su marido, también Pepe como yo no le había pedido.  Se las quité lentamente descubriendo la mata de pelo que cubría su pubis, era ensortijado igual que el de Pepita, le pedí unas tijeras y me miró extrañada, de un cajón sacó unas de hacer la manicura y me las dio, le corte casi de raíz toda la melena que cubría su coño y lo fui dejando dentro del estuche junto al de su sobrina, no se notaba la diferencia, cuando estaba pelado le di un par de besos y ella entendió que quería comerle el coño, para ella eso era lo máximo y abrió las piernas como las hojas de un periódico, la polla se me puso más dura al saber que hacía mucho tiempo que Pepe no la tocaba y le chupé el clítoris a la vez que María chillaba tapándose la boca, me cogió la cabeza y se la apretó contra su coño, un río de jugos empezó a salir y cuando me soltó para que respirara le dije.

  • María es una pena desperdiciar esta maravilla, ¿me permites que te meta mi polla?
  • ¡Por Dios…. creí que no me lo ibas a pedir nunca, lléname con ella, soy toda tuya!

                                      Le metí la polla de tres empujones, en el primero abrió los ojos asustada, ya no recordaba el diámetro de la polla de su Pepe y el Pepe que le estaba entrando era de bastante mayor calibre, al segundo empujón cerró los ojos concentrándose y resignándose a lo que le faltaba y al tercero abrió la boca como si le faltara aire pero suspiró aliviada, acababa de notar mi capullo empujándole el útero hacia adentro y mis huevos pegados a su culo.

  • ¡Aaaah!  Pepe que gusto, muévete por favor, muévete y no pares aunque grite.

 

                                      Lo hice lentamente y no tardó nada en correrse, estaba tan concentrada en las sensaciones que no llegué a acariciarle las tetas ni el clítoris, sólo con el roce de mi polla en su vagina tuvo bastante, se abrazó a mí.

  • No pares Pepe, sigue entrando más fuerte ahora, quiero correrme otra vez y esta vez que me suba al cielo.

                                      Me aferré a sus caderas y me clavé hasta el fondo de una sola vez, ella gimió pero sonrió mordiéndose el labio, me moví como un loco, pretendía que ella se rindiera pero no lo conseguí cada vez me pedía más y más y yo se lo daba, por fin tuvo lo que quería se corrió en un ataque de espasmos que me zarandeaba en su interior, cuando se calmó me preguntó con cierta inocencia.

  • Gracias Pepe pero ¿tú no te has corrido?
  • No, he preferido mirarte, ha sido una gozada ver cómo gozabas con este orgasmo, te corres como tu hermana y como tu sobrina.
  • No me digas eso, ¿te has follado a las dos?
  • María no, yo no follo a nadie, si lo hago lo hacemos los dos juntos.
  • Eres un cielo Pepe, pídeme lo que quieras.
  • No te pediría nada, me has dado mucho gusto pero… para ser justo quisiera que fueras igual que tu familia.
  • Y a mí también, ¿qué te falta?

                                      No le dije nada, le di la vuelta y le puse de rodillas sobre el asiento del sofá y la cabeza agachada.  Ella cuando se percató de lo que pretendía se levantó enseguida.

  • A no, eso sí que no, no se lo he consentido a nadie, ni a Pepe cuando era novio de Amparo y menos cuando nos casamos.
  • Precisamente por eso, creo que soy yo quien se lo merece, tú hermana y Pepita me lo regalaron con agrado, no creo que tú querrás ser menos.
  • Mmm.  Me parece que tienes experiencia…  no sé, espera un momento.

 

                                      Se levantó y trajo un tarro de crema de las manos.

  • Por lo menos házmelo sin mucho dolor.
  • Ni te enterarás pero sigue mis consejos.

                                      Tengo que reconocer que María le puso voluntad, la unté con crema y le dilaté el culo con todos los dedos posibles, según iba aumentando el número le dejaba relajarse y le metía la polla en el coño para que calculara lo que le venía por detrás, cuando le apoyé en el culo mi capullo, le dije que respirara y aguantara el aire, empujé y se aplastó el capullo, el esfínter resistió hasta que la crema ayudó a mi deformado glande y se hundió en ella, un largo suspiro se le escapó.

  • Gracias Pepe, la verdad es que lo estaba esperando, sabía que alguna vez encontraría a alguien que mereciera meterme la polla en mi culo y ese has sido tú.
 

                                      Ya no esperé, la follé sin parar aunque me gritaba que tuviera cuidado y me corrí pegándome a ella desde afuera hasta el fondo de una tacada, se estuvo quieta mientras la llenaba de leche, notaba como le inyectaba sacudida tras sacudida.

  • ¿Por curiosidad como me ha quedado el culo?
  • De maravilla, como un pozo sin fondo pero no te preocupes ahora ya puedes dejar a tu marido meterla, igual te lo vuelves a conquistar.
  • ¡Una mierda!  Ese no me va a ver el culo en su… vida.
  • No te pongas así, ten paciencia.
  • No te preocupes ahora ya he probado lo que es joder, estoy bien follada gracias a ti y no me hace falta mi marido para nada, contigo me he corrido a gusto, ahora serán mis dedos o lo que encuentre.
  • Me alegro que te lo tomes así, yo ya he cumplido el encargo.
  • Y muy bien cumplido pero dime, ¿podríamos vernos otro día?
  • No, lo siento María, estás muy buena y eres muy guapa pero yo tengo mi mujer, mi vida y mi familia y no quiero estropearlo.
  • Gracias de todas formas, por lo menos lo he intentado.

                                      Cuando llegué a casa mi mujer estaba hablando con Argentina, y estaba llorando, me asusté pero vi que lloraba de alegría, le habían contado que la venida sería antes de lo pensado en un principio, le dije a mi hijo que mirara en Internet una sillita del coche para el niño y que la enviaran a mi casa y que mi coche estaba a su disposición, el me lo agradeció mucho y me contó que ya había contratado una plaza de garaje para el suyo por muy buen precio.  Corina se había puesto bellísima y el pequeño Javi estaba de lo más cariñoso tocando la pantalla queriéndonos alcanzar.

                                      En pocos días frenéticos acabamos de pintar, poner cortinas y los muebles, mi mujer había corrido la voz y los viejos los había repartido por el vecindario, lo poco que quedaba de mi hijo de soltero lo metimos en cajas de cartón para que decidiera él.

                                      En la sala de Llegadas del aeropuerto esperábamos impacientes, por el cristal del piso donde estaba la cafetería vimos aterrizar el avión en el que venían Javier y la familia, la espera se hizo interminable hasta que vimos como Corina llevando a Javi en brazos salía por la puerta seguida de Javier con un carrito lleno de maletas, Concha cogió al niño enseguida que se abalanzó sobre ella y yo besé a Corina, pese a la fatiga del viaje estaba hermosa, muy hermosa, mi hijo me dio un abrazo que casi me rompe.

                                      Cuando llegamos a casa se la enseñamos, Javier apenas la recordaba ya y a Corina le gustó, extrañaba el barrio y los alrededores pero eso era cuestión de tiempo, era muy abierta y seguro que los vecinos los acogerían como ellos a nosotros.

                                      Cuando ya dejaron el equipaje en el suelo mi mujer se quedó helada mirando a Corina, la chica estaba sonriendo resplandeciente, yo estaba orgulloso de que no se sintiera extraña pero Concha con la boca abierta le dijo.

  • ¡CORINA!… ¡TÚ ESTÁS EMBARAZADA!

                                      Yo me cogí a la silla que tenía detrás y me dejé caer, mi hijo tenía una sonrisa de oreja a oreja y Corina sonreía feliz, no sé porqué  pero las mujeres tienen un sexto sentido que notan enseguida el embarazo de otra mujer, como confirmación oficial Corina le cogió la cara a Javier y le dio un beso en la boca de agradecimiento.

  • ¿Pepe, es que no te alegras?
  • ¡Cómo no, es solo que me he quedado sorprendido, muy sorprendido con la noticia!
  • Pues es normal, los dos son jóvenes y hacen méritos para que se quede, ¿no Corina?
  • Si Elena, bastantes meritos.
  • Ahora aquí ya soy Concha otra vez… y ¿ya sabéis si es chico o chica?
  • Todavía es pronto pero nos es igual, chico o chica…
  • ¿Ya habéis pensado cómo se llamarán?
  • Si es chica le llamaremos Concha, mejor pensado le llamaremos Elena porque concha allí suena mal.
  • ¿Y si es chico?
  • Si es chico no hay duda ¡se llamará Pepe!

                                      Me subió un acaloro a la cara y el corazón se me puso a mil, si no me daba un infarto ahora ya estaba seguro que no me daría nunca, mi corazón estaba dividido, a mi me habría gustado que fuera chica y sobre todo que se pareciera a su madre y si pudiera ser más guapa todavía pero si fuera chico que no se pareciera a su abuelo… aunque mi hijo se me parecía mucho, mi cabeza ya pensaba de todo y la sonrisa de Corina no me despejaba las dudas, estaba muy cariñosa con mi hijo pero… y si…

FIN DE LA SERIE,

 

Espero que les haya gustado, si es así coméntenlo y valoren por favor.

                                     

                                     


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