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Fecha: 14-Feb-19 « Anterior | Siguiente » en Gays

Franco - Tira - Amor. Capítulo 2

Jesus tsukishiro
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Tiempo estimado de lectura: [ 12 min. ]
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Franco piensa en esa mujer, él se esta clavando más en ella, sin saber que hay detrás de ella; en las duchas los cabos bromearan; pero ¿qué decía la nota que le dejo?; en este capítulo sabremos más de Félix. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Hola, espero se encuentren bien, gracias por el apoyo brindado y cualquier cosa, estaré encantado de leer sus correos y comentarios.

 

ADVERTENCIA: La siguiente historia cuenta con poco material erótico, si deseas continuar leyendo adelante, de lo contrario te recomiendo

los otros relatos que tengo para tu gusto o busques otro tipo de lectura, gracias por tu atención.

 

Capítulo Dos.

Persona ideal.

 

A pesar del desvelo y la gran parranda que tuvieron esos siete cabos; ellos debían seguir las ordenes que se les inculco; es decir, se tenían que despertar a las 5:30 am para ejercicios matutinos correspondientes; en la marina, sonaba la alarma y todos sin excepción debían de estar al pie de sus camas para comenzar las rutinas; siete cabos desvelados apenas y podían mantenerse despiertos, la resaca se estaba haciendo presente y los deseos de seguir durmiendo eran añorados con gran fervor.

Franco y Víctor les tocaría desempeñar las labores de limpiar la cocina, Armando y Sergio les asignaban limpiar los baños; y Alfonso, Federico y Pablo les asignaron barrer y asear la explanada para antes de las 7 de la mañana; los siete cabos tuvieron que apresurarse, aunque sus ganas eran casi escasas, desganados y con la manifestación de la resaca, era imposible que acabaran a tiempo; Franco, aseaba unos trastes en el fregadero y pensaba en la bella mujer que había conocido en la noche de ayer y tenía vagos recuerdos de aquel baile que tuvo son la dama.

Él se sonreía y suspiraba, en lo que su amigo Víctor le decía en lo que fregaba el piso. – Cabrón, estuvo de poca madre la salida de anoche, una pena que tengamos que irnos el Lunes, estas jarochas están que se caen de buenas y más la dichosa “Félix” que se ve que si tiene con que levantar más que suspiros.

– Franco tras un suspiro dijo. – Pues de que esta buena lo está, ojalá pueda verla antes de que nos vayamos de regreso, al menos quiero volver a besarla.

– Víctor sonrío hablando. – No, no, no cabrón, que se me hace que no quieres sólo besarla, sino hacer otra cosa más, te la quieres chingar.

– Franco solamente se sonrió y Víctor le decía con movimientos sugerentes en el aire. – Pues con ese escultural cuerpazo que se carga la condenada vieja, hasta yo se la clavaria.

– Franco cambiaba su semblante de gracia a seriedad y su compañero se apenaba hablando. – Disculpa, sé bien que hicimos un trato de no fijarnos en los ligues del otro, disculpa wey pero es que en serio se cae de buena esa mujer.

– Franco hacía gesto de conforme diciendo. – Pues sí cabrón, para que negar, se cae de buena esa mujer, espero poder verla, besarla, acariciarla y darle un poco de amor varonil que es lo que se ve que necesita.

– Los dos se miraban y se comenzaban a reír, para luego seguir con sus deberes.

En tanto “Félix” despertaba de un sueño no muy satisfactorio, ni revitalizante; pues se había acostado cerca de las 5 de la madrugada; abriendo los ojos, suspiraba, miraba el techo percudido de humedad de ese cuarto pobre de vecindad y decía. – Me encantaría volver a dormir, necesito dormir, pero debo pagar la renta y tratar de salir adelante.

– Con desanimo, pero esforzándose, “Félix” se levantaba del viejo colchón sobrepuesto en un catre oxidado y se dejaba ver al natural.

Sí, Félix es hombre, un joven hombre de piel clara; muy diferente a otros veracruzanos; él tiene la piel blanca, bueno, ni tan blanca, es clara, un rosa ligero, su tez es suave, él es lampiño, lo que le facilita mucho para poder vestirse de mujer; Félix tiene historia, tiene mucha, pero no se las contaré ahorita, conforme las cosas avancen, se irá sabiendo de él.

De su frigo bar, él sacaba un poco de leche, fruta, yogurt y desayunaba con calma pero poco; de ahí él se disponía a bañarse; estando únicamente en bóxer gris de algodón, se miraba con detenimiento y se decía. – ¡Ay Félix!, tú mismo te estas desgraciando tu cuerpo; usar el relleno te causa irritación de piel y las prótesis de senos están haciendo que te salgan escoriaciones en el pecho y axilas; pero ni modo, debes aguantar hasta que encuentres algo mejor; ahora a bañarse.

– Félix abría la llave del agua y le salía helada el agua, muy fría; él con cara de sufrimiento, desesperación y molestia, se duchaba, jadeaba, tiritaba de frío pero así se disponía a continuar.

Velozmente lo hizo, se secó, se roció desodorante y colocándose crema, se preparaba para salir, usando ropa deportiva completa de color verde, tenis y gorra, salía de su cuarto para su trabajo

Félix bajaba desde el cuarto piso de aquella vecindad ubicada a una gran distancia del malecón, del centro y del antro – bar “La doña”; él saludaba a sus vecinos, daba buenos días y salía de ahí para un gym a unas once calles, estando ya adentro, comenzaba a calentar y a alistar su cuerpo, pues él da clases de zumba, de las mejores por lo que han dicho y comentado, pues trata de innovar y hacer rutinas que de verdad favorezcan a quienes asisten a sus clases; siendo las 8 en punto de la mañana, iniciaba su primera hora de seis, que él brinda de lunes a sábado y los domingos dos horas seguidas de manera intensiva; así es como él se gana un poco la vida y se mantiene con ese cuerpo definido, formado, estilizado y en forma; él no es muy alto, mide 1.70 y a su edad aún le falta por crecer un poco más.

De regreso en la marina; Franco y sus compañeros estaban en sus momentos de entrenamiento; y aunque ya no tenían por qué seguir ahí, trataban de ayudar a sus compañeros de Veracruz a prepararse físicamente para ser unos marinos de rendimiento; la mayoría de los cabos tenían sus cuerpos ya estilizados, les faltaba ganar volumen, pero estaban bien definidos y con buena alimentación; sólo había uno que otro cabo que no tenían el cuerpo tan ejercitado, por mencionar a uno de los compañeros de Franco, estaba Federico, que demuestra ser bueno e inteligente, muy informado e ilustrado, pero en el ejercicio apenas y puede hacer veinte lagartijas; es por eso que Franco siempre le ayuda y le motiva; ambos estaban haciendo una rutina y Franco ya bañado en sudor, se quitaba su playera y mostraba su escultural cuerpo; la piel de él es blanca, con ligeras pecas en sus hombros, pecho y con vello, aunque por su tonalidad de piel apenas se llegan a apreciar.

Él motivando a su compañero, le decía. – ¡Vamos Fede, vamos!, ¡Tú puedes, sólo imagina que es la chica que ligaste anoche, sigue así cabrón!

– Federico sudando mucho, se esforzaba por cumplir su tanda de ejercicios y tras lograrlos, se dispuso a realizar más actividades a la par que sus compañeros.

Aunque Franco trataba de esmerarse y sacar de su mente a esa bella mujer, no lo conseguía, ya que recordaba con suspiros a esa mujer.

Víctor al percatarse de esa reacción, se le acercaba con playera en mano diciendo. – No mames pinche Franco, estas bien pendejo, andas estúpido, la cara te delata, ¿te gusto esa vieja?

– Franco secándose el sudor con su playera, contestaba. – Pues sí, me gustó, se me hizo bonita, tiene algo que me atrae y deseo verla de nuevo, ojalá acceda a mi invitación en la playa esta tarde, deseo poder hablar con ella e invitarla un helado.

– Víctor le pegaba con la playera húmeda hablando. – Cabrón, sí te la vas a culear, usas condón, no vayas a cuajarle un mocoso o que te pegue el sidral, ya ves que luego mujeres así son bien fáciles.

– Franco serio le vio diciendo. – Sé lo que debo hacer, no me andes cuidando puto, yo sé lo que hago.

– A su charla, les interrumpía uno de los tenientes y solicitaba que los siete cabos se alistaran para una última actividad, así que todos ellos se fueron a las duchas y estando ahí se mostraban sin pena alguna desnudos y descalzos; unos orinaban mientras se bañaban y otros se masturbaban, pues se habían quedado con las ganas de satisfacer sus instintos sexuales.

Franco se duchaba muy meticulosamente, se tallaba bien cuello, axilas, espalda, brazos, piernas, etc; sus compañeros le miraban y para jugarle una broma, le tiraban agua helada y Sergio; que es uno de los más rudos del grupo, orinaba en una botella de agua que había metido a escondidas y luego se la rociaba a Franco desde la cabeza hasta su espalda.

Franco no se molestaba, simplemente hablaba entre risas y movimientos. – Ya hijos de la chingada, no se pasen de huevos putos, hijos de la verga, ¡no mames, puto Sergio culero, te vas a aguantar cabrón!

– Todos se carcajeaban, hasta que entraba el almirante a las duchas y al verlos jugar, les llamaba la atención.

– ¡Cabos!, ¡Deben comportarse y respetarse, recuerden que ya no son niños, ni adolescentes, son adultos en preparación para servir a su país, respeto!, ¡Y no desperdicien agua, tienen cinco minutos y se les suspende el agua, rápido!

– Todos a sola voz decían con pena. – ¡Sí, entendido!

– El almirante se salía y segundos después, todos ellos se comenzaban a reír de tremenda jugada que estaban realizando.

Félix muy exhausto, concluía su última clase y se empinaba su botella de litro y medio de agua; en eso Dante uno de los instructores del Gym, se le acercó y le sonrío, diciendo. – Ahora si vinieron todas tus alumnas, te estuve viendo que no dabas abasto para todas ellas.

– Félix se sentaba en el piso y entre jadeos hablaba. – Puff… sí, es la tercera semana que vienen todas, pero ya se acabará esta racha, esto fue mientras queman la grasa de todo lo que se comieron durante las fiestas patrias, seguro esta semana disminuyen y pasando el 3 de noviembre de nuevo tendré lleno.

– Dante le aventaba una toalla y decía. – Bien que sabes la onda de este pedo, y eso que no tienes mucho trabajando aquí.

– Félix le miraba y le hablaba. – Pues creo ya se te olvido que tengo aquí casi dos años.

– Tomando la toalla secándose la cara y cuello, continuaba. – Fuiste tú quien me recomendó aquí, para apoyarme un poco tras lo que me sucedió.

– Dante hacía memoria y le dijo admirado. – ¡De verdad!, ¡dos años!

– Cambio su forma de verlo y sugirió. – Hay que celebrar, ¿no crees?

– Félix entendía y miraba a los costados y en voz baja le decía. – Pero ¿qué onda con tu novia?

– Dante acomodándose su pantalón deportivo de la entre pierna, respondía discreto. – Llega a las cuatro a su rutina, recuerda que es sábado y hoy no le toca trabajar, hasta el lunes.

– Se frotaba su entre pierna y Félix algo nervioso hablaba. – Creí que esto ya iba a parar.

– Él le miraba para decirle con discreción. – Pues ya habíamos acordado de no hacer esto desde que ando con Laura, sólo que últimamente no ha querido coger conmigo y pues a pura mano no me satisface.

– Félix se levantaba del piso y Dante preguntaba con ansias. – ¿Se hace o no cabrón?

– Félix suspiraba respondiendo. – Está bien, está bien, vamos.

– Dante se cercioraba de que no hubiese alguien a la vista y al notar que la mayoría estaba haciendo sus rutinas, dijo. – No hay nadie al pendiente, corre.

– Dante cruzo del salón de zumba y caminó con cuidado del área de caminadoras y de las bicicletas fijas, para pasar del pequeño pasillo a la puerta de la bodega del fondo; él abrió y veloz y discreto Félix se metía.

Estando ya ahí, Dante se quitaba su gorra, su playera de tirantes negra y mostrando su moreno cuerpo ejercitado, tatuado y con un ligero olor a sudor, decía. – Sólo que ahora si no traigo condón, más te vale que no tengas nada pinche puto, si no te madrearé hasta matarte.

– Félix se sonrió respondiendo. – No me vengas con esas mamadas de que te cuidas, por qué cuando vas al bar de “Los nenes – nenas” te coges mínimo a tres y me han dicho que se tienen que tomar la pastilla del día siguiente o hacerse exámenes médicos para no contagiarse de algo, así que espero qué no seas tú el pendejo que me pegue algo, por qué me he cuidado mucho como para meter las cuatro contigo.

– Dante moviendo la cabeza, dijo molesto. – ¡Ah cómo son chismosas esas putas!, bien que andan contando hasta como me las cojo seguramente.

– Félix se le acercó, le tomó del cuello con su mano derecha y con la izquierda colocó el seguro para decirle. – ¡Ya, ya!, a lo que urge, que se nos va el tiempo.

– Dante le sonrió hablando. – Ahorita lo que se te va a ir va a ser mi verga puto.

– Dante lo comenzó a besar y a sujetar de manera fuerte, quitándole la playera y desnudarse mutuamente poco a poco.

Ambos se conocieron desde hace cinco años, cuando Dante a sus veintiún años se dedicaba a ser mesero de un extinto bar gay llamado “La Carcajada”, en ese bar Félix siendo menor de edad experimentaba su primer encuentro con un hombre mayor a él; de aproximadamente unos cuarenta y seis años; pero ese tipo tenía muy mala fama, y a engaños quería utilizar a Félix para luego botarlo tras haber logrado su objetivo que era tener sexo y quitarle lo virgen.

Dante logró prevenir y evitar que eso pasará y al tipo lo vetaron del bar; Félix había quedado solo ahí tomando una cerveza y Dante le hacía compañía; en ese entonces estaban experimentando su sexualidad y pues ambos establecieron una relación sexual – amistad discreta; Dante fue el primero en la vida de Félix y así estuvieron hasta que el tipo maduro ventiló a Félix con su familia de que él era gay y se había acostado con muchos hombres aparte de él; Félix se vio obligado a revelar sus preferencias sin dar detalle alguno de otros, pero desmintiendo a ese señor; su familia no le creyó y entre su padre, hermano mayor y abuelo lo molían a golpes y su madre y hermanas menores dejaban que eso aconteciera, posteriormente al dejarlo casi inconsciente, lo subieron a la camioneta del abuelo envuelto en sabanas y con algunas prendas, tomaron rumbo autopista y le aventaron en un inmenso terreno baldío; al día siguiente unos señores mayores lo encontraron y solicitaron ayuda, recogieron a Félix gravemente golpeado y estuvo durante semanas hospitalizado; el único que pudo auxiliarlo fue Dante quién le brindaba ciertos cuidados y tratos.

Denuncia no hubo, pues las autoridades no hicieron caso al tratarse de algo familiar y justificando los actos como permitidos por causa del enojo y furia de saber que Félix era homosexual; la familia de él se fue de Veracruz y le dejaron a su suerte; desde entonces Dante le apoya de vez en cuando, él le consiguió este trabajo y Laura le ayudo a ingresar al bar “La Doña” al saber el talento que poseía al imitar voces; tras conocer Dante a Laura, comenzó a dejar de mostrar interés sexual por Félix e inició cortejando a la chica; aunque las contadas ocasiones que ambos tenían encuentros sexuales, él le daba doscientos o trescientos pesos como apoyo; pero más que eso, era como un pago para que Félix se mantuviera callado y no dijera nada de lo que hubo antes entre Dante y él; así que Dante, en los tiempos de tormenta para Félix, se volvió como la persona ideal, su defensor, su guardián en algunas ocasiones.

Tras finalizar dichas actividades en la tercera zona naval militar, a los cabos se les dio la libertad de salir, siendo las cuatro de la tarde, Franco de inmediato se desnudaba y se daba un veloz baño; se alistaba con ropa de civil, perfume y desodorante y se disponía a su encuentro con esa bella dama que se volvió su obsesión en poco tiempo para él; Franco abordando el taxi, recordaba lo que le puso en la nota a Félix y decía así. – “Hola, disculpa, quiero conocerte y enmendar mi estupidez, es por eso que quiero verte hoy sábado a las cinco en playón de Hornos, iré de civil, camisa color azul y pantalón blanco, por favor no me falles”.

– Franco estaba muy entusiasmado y estaba en la espera de que diera la hora de llegada; eran las 4:40 pm y él se mostraba muy nervioso al llegar, tanto que se bajaba y por poco olvidaba pagar el taxi, apenado daba más de la cuenta y se disponía a esperar a la bella, sensual y carismática mujer.

¿Llegará Félix al lugar?, ¿Qué sucederá?

 

Gracias por leer, que tengas un excelente día.



© Jesus tsukishiro

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