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Fecha: 05-Feb-19 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Malena: premio de putilla.

gatacolorada
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Con mi marido mirando, gano unos pendientes y un collar jugando con el sexo de otros hombres Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Malena : premio de putilla.

Este relato es continuación de Mónica : premio de becaria.

 

Pasamos por un hermoso patio interior con grandes tiestos llenos de plantas y flores, daba el aspecto de una selva lujuriosa en miniatura, con una fuente de agua cantarina en el centro y entramos por una puerta vidriada en una sala que sólo recibía luz de dicho patio. Era una habitación de unos 4x4 con grandes espejos de dos paños en las paredes. Jane me pasó la mano por el cuello, como una maestra a una alumna preferida, tan preferida que la dejó apoyada en mi seno derecho. Me di cuenta que no tenía intención de moverla, como si ese toque nos hiciera más íntimas.

- No sé vuestro nombre y no quiero saberlo. A ti como eres argentina, te llamaré Malena y a ti como español Paco. Esto funciona sencillo. Detrás de cada espejo un cliente paga por ver lo que hace la o las personas que están en la habitación. Pagan más o menos según el espectáculo y su mayor o menor participación. Nadie sabe quien es quien, se usan máscaras. Yo me quedo con un porcentaje de los ingresos, el 25%. Todo en efectivo, una vez pagada al entrada, entre 20 y 50 dólares, en función de lo que pidan y se les dé, van aumentando la pasta.

Me quedé alucinada, me estaba proponiendo que fuera una puta delante de mi marido que sonreía como si aquello fuera lo más natural del mundo. La mano sobre mi teta había dejado de estar inerte y me acariciaba suavemente y a una que no es de piedra, entre la historia y el toqueteo se le pusieron los pezones de punta.

Solo me atrevía a decir : No sé, yo hago lo que quieras, cariño.

Santiago, mi marido, mi cariño, no abrió la boca, dejando que la americana continuara, tocándome y hablando.

- Creo que puedo ofrecer el show en 40 dólares, eres linda pero no eres una niña, aunque eso tiene su encanto: la madurita viciosa. Lo mejor es que tú, Paco, estés viendo todo desde una de las cabinas . Puedes dar ordenes y fijar los límites. Los asistentes sabrán que tiene dueño, si Malena lleva un lazo negro en el cuello. Eso con la pulsera de tobillo es un cartel para iniciados. Ellos no te verán, solo oirán cuando tú hables.

- Me parece bien , pero avisa que a mi mujer no se la mete nadie. Para que no haya líos.

- Sin problemas, aunque luego puedes cambiar de opinión, hay muchas cosas que se pueden hacer. Voy a llamar a dos posibles clientes, en una media hora estarán acá. La Cartagena antigua es una ciudad pequeña.

Jane lo hizo delante nuestro y como me presentó, me halagó y excitó: MILF argentina muy sexy en show sin tiempo y con participación limitada. Me pasó una pregunta de su primer interlocutor :

- ¿Depilada?

- Total.

- Y encima tiene unas tetas perfectas.- añadió mientras las seguía tocando. Luego hizo tres llamadas más, sólo contestó el último y repitió la historia.- Ya tenemos los dos clientes. Si me dejan opinar seguirías con tu ropa, le da un morbo cotidiano. De antifaz ,uno negro sencillo. Me pintaría de rojo fuerte los labios, y un retoque en las pestañas. ¿ Que color de ropa interior llevas?

- Negra y calada.- intervino mi marido- Yo me pondré una mascara tipo el Zorro, de las de pañuelo negro a la cabeza.

- Si quieres, podrías ponerte unas medias negras con o sin liguero.

- A vos, cariño, ¿ que te parece? - me daba cuenta que el verme en el rol de puta divertía y excitaba a Santiago. Yo tenía claro que estaba dispuesta a todo, quería que nuestro matrimonio funcionase y el ser una mujer abierta era algo básico. - Si uso medias negras, quizás deba llevar tacos más altos. Hago lo que quieras.

- Malena tiene razón, le conviene unas sandalias de taco de aguja negras si va a llevar medias.

- Medias sin liguero y esos zapatos me parece bien. Yo no voy a hablar mucho, sólo , para darte alguna orden. Tú tienes que actuar para ganarte la pasta. Lo dejo a tu imaginación.

Me preparé mirándome en el espejo de la puerta del cuarto donde ya estaba mi marido. Me gusté. El antifaz hacia mas luminosos mis ojos y la boca roja era como una flor en el moreno de mi piel, el lazo negro al cuello daba todavía mas morbo a mi aspecto. Jane trajo a la habitación un silla y una mesita baja pero fuerte , era todo el mobiliario.

- Sal al patio, te aviso cuando puedes entrar. Ya deben estar llegando.- y me besó en la boca, metiendo la lengua. Desde luego era una experta, mayor que yo, pero sabrosa, y sentir su cuerpo pegado y restregado con el mío, me puso mas cachonda de lo que estaba. - Cuando acabes espero que siga la fiesta . No creo que a tu marido le importe.

La espera fue corta, yo pensé que hacer, cómo empezar, no sabía el rol de mi marido. Estaba dándole vueltas al tema y poniéndome cada vez más caliente cuando vino Jane y volvió a besarme. Si estaba ardiendo, el vicio de sus labios, su lengua y su cuerpo en contacto con los míos, todavía me puso más cachonda.

- Malena, uno ha pagado 100 dólares por la puerta de delante. Le pone que seas porteña. Paco está en la puerta de la izquierda y de acuerdo que hables para ponerle más burro.- Parada ante mí, posó sus labios en los míos, sonrió y dándome un azote en el culo añadió- ¡A la batalla!. Vamos a ganar una pasta. Nena, eres muy putilla y sabes volver locos a los hombres.

Abrí la puerta y entré en la sala, los tacos altos y finos ayudaban al bamboleo de mi andar. Llegué al centro , me paré, respiré hondo para que se notara el tamaño de mi busto y giré la cabeza mirando las puertas de espejo. Delante el que más había pagado, a la derecha el otro cliente y a la izquierda mi marido. Volví a llenar mi pecho de aire y me acerqué al espejo de la derecha. Me paré e hice morritos mientras con las manos recorría caderas, muslos y volvía hasta el torso, repetí y las dejé bajo mis tetas.

- ¡ Que caliente estoy!- y pasé las palmas por mis pechos, dejé las manos allí.-Ummm...uhh.

Fui al centro de la sala , y me senté en la silla. Crucé las piernas haciendo que el vestido subiera hasta donde acababa la media. Me entraron ganas de echar un pucho, con los nervios no lo había visto, pero allí estaba un atado de Lucky, un encendedor y un cenicero. Ansiosa encendí uno , le di una calada profunda, llenando mis pulmones de nicotina, y largué una aro de humo perfecto. Me tranquilicé, me pasé el índice de la mano izquierda por el muslo, cambie el cruce de piernas , unas pitadas más y estaría dispuesta a seguir. Pensé que la espera habría calentado más a mis mirones.

Me paré y abrí la cremallera del vestido, dejó de ceñirme el cuerpo, bajé un tirante , después el otro, quedó sujeto por mis senos, tiré para pasar las montañas de mi cuerpo y lo llevé hasta la cintura. Me miré en el espejo central: era una buena imagen. El corpiño me marcaba y mejoraba las tetas, que temblaron orgullosas cuando moví las caderas para desprenderme del vestido que cayó hasta el suelo. Saqué los pies y me agaché a recogerlo. Lo hice en una postura de señora ágil, piernas rectas, doblada la cintura y pese a los tacos llegando a la ropa. Me sonreí, estaba en forma. Y al hacerlo había dado un buen paisaje de culo . Lo doblé con cuidado junto a la silla, donde volví a sentarme, a agarrar el pucho que no se había apagado del todo y darle unas caladas hasta terminarlo, mientras seguía acariciando con mi dedo índice los muslos envueltos en las medias.

Cuando me levanté fui hacia la pared central, me paré ente el espejo, cerré los ojos, respiré hondo lancé un uuhhmmm y me llevé las manos al cierre del corpiño. Era de apertura delantera y a medida que lo soltaba fui abriendo los ojos, mirando cachonda como mis tetas quedaban al aire. Tengo unas buenas pechugas y con lo caliente que estaba, los pezones estaban duros y erectos, orgullosos de mi lujuria. Sopesé mis lolas, acariciándolas, luego pellizqué sus cumbres , retorciéndolas, jugando con ellas, abriendo y cerrando ojos y boca como muriendo de placer mientras repetía:

- Che ¡que lindo!- había que tener contento al cliente. Me quedé un rato tocándome, luego volví hacia la silla, dejé el corpiño que llevaba colgado al hombro, encendí otro cigarrillo y me paré en medio de la sala. Fumé y me moví bailando una melodía imaginada, me tocaba las tetas, me sobaba el cuerpo recorriéndole con la mano libre del tabaco, hacía especial hincapié en las nalgas, apenas cubiertas por la tela de la bombachita, de pronto apagué el lucky y decidida me coloqué entre las ventanas de los dos clientes y sin grandes aspavientos, de un tirón, me bajé la braguita.

Las medias negras y los zapatos de taco alto aumentaban la desnudez de mi piel bronceada con los pequeños triángulos más claros que la tela de los minibikinis usados durante el viaje habían tapado. Mi monte de Venus , almohadilla depilada, mis muslos con ese arco que marcaba mi sexo, los senos grandes, erguidos , me gustaba lo que veía en los espejos. Era la imagen de una mujer en su plenitud. Me estiré, hice que mi cuerpo se convirtiera en una arco tenso, con las curvas marcadas, dispuesta al sexo. El antifaz y el lazo negro en mi cuello me daban un toque canalla que me gustaba.

Era el momento de aumentar la temperatura de mis mirones. Colocada entre los dos espejos, deslicé mis manos lentamente por las curvas de mi cuerpo desnudo, me recreé en las nalgas, las dí unos azotes y luego subí a las tetas. Sé que a los hombres les excita ver a una mujer tocándoselas sobre todo los pezones. Los míos estaban como piedras y encima en punta.

- ¡Puta! … ¡ Guarra!...¡tócate la concha!- casi chilló el espectador de la derecha.

- ¿ Querés que me toque así?

Y coloqué mi mano en el pubis , empezando a acariciarme. Tenía que masturbarme de modo que excitase a los que pagaban, que también me excitase yo pero...no tanto que me viniera, porque tenía claro que debía controlar el show y si me venía, no iba a ser capaz de hacerlo. Así que monté el espectáculo de mujer viciosa que se pajea, mucho gemido, mucho temblor, cerrar los ojos, lamerme los labios, en fin eso que sabemos hacer cuando queremos que nuestra pareja piense que nos lo estamos pasando muy bien. Debía ser buena actriz porque el mirón de la derecha siguió con sus “guarra...puta..zorra...perra...viciosa...” palabras sucias que debo reconocer me ponían mas y mas.

-Yegua , sácale la leche. - la voz de mi marido me sacó del mundo de fantasía en el que yo misma me había ido subiendo calentándome sin irme.

Miré y vi que se había abierto la parte de abajo del espejo de la derecha. Unas piernas peludas y entre ellas un pedazo de verga de dimensiones importantes. Estaba dura, el dueño debía haber estado masturbándose mientras me espiaba.

Fui hasta mi objetivo, andando despacio, con un contoneo que los tacos altos acentuaban mientras me deleitaba con la polla que tenía que trabajar. Era una pija grande, gorda, venosa, pero sin excesos, de esas que la piel que la cubre es gruesa, una tranca de campeonato. Y la tenía para jugar con ella. Era toda mía.

La agarré con mi manita derecha y tiré hacia atrás para desencapullarla. Tenía el glande de color gris azulado con su ventana rezumante rojizo oscuro. Una preciosidad. Quise que mi marido viera que yo era capaz de ser una puta fina, capaz de dar placer a cualquier hombre, que valoraba cómo él me hacía vibrar y gozar llevándome al orgasmo salvaje, pero que yo no me quedaba atrás.

- ¡ Ché, que linda pija! Parece de toro.

Empecé a menearla muy despacito. Adelante – atrás, bien empuñada, un dedo mas debajo de donde acababa el ciruelo, sin parar , sintiéndome una pajillera profesional. Me encantaba hacerlo y que me miraran, sobre todo mi marido, debía estar caliente como yo, que rezumaba flujos vaginales, me notaba empapada. Seguí con la masturbación, el tipo comenzó a gemir de placer. Me ponía mucho. Su respiración se agitaba y de pronto me dijo murmurando.

- ¡Puta!...¡ puta! ..¡puta!

Lo repetía con el ritmo de la paja que le iba haciendo. Me di cuenta que quería que fuera más rápido. Lo hice, aceleré el va y ven de mi puñito en su polla hasta que ….

-¡Ahora, mamita , sácame todita la leche!- me suplicó vicioso.

Lo hice, le di fuerte hasta que ¡ ZOOOMMM! Largó un chorro de semen. No me mojó nada, llegó lejos salpicando el suelo. Le solté la pija y cerró la puerta.

Sabía que me tocaba satisfacer al otro cliente, pero no sabía cuando, así decidí volver a sentarme y echar otro pucho mientras me tocaba la concha bien abierta de piernas para que el mirón disfrutara del panorama. No quería irme, y el fumar me venía bien, me tenía cachonda pero contenida. Me quedaba apenas cuatro o cinco caladas cuando mi marido me ordenó:

-¡ Potra! Ve a donde el cliente y sé una gata mimosa, déjate acariciar. Ya sabes cuales son tus limitaciones: que no te meta nada y vos no lamas nada.

Miré a los espejos centrales. Se abrieron . Había un hombre con una guayabera y unos pantalones blancos. Era grande, muy alto, un poco grueso, la cara cubierta con un capuchón negro. Al acercarme hacia él, con el contoneo habitual, me di cuenta que tenía unos ojos verdes preciosos. Llevaba dos anillos en cada mano, uno de ellos el típico de universidad americana y otro con una colección de pequeñas esmeraldas.

-Ven acá, pibita.-Tenía una voz ronca con un acento británico o yanki.-Párate ahí.

Quedé al alcance de su manos, esperé ansiosa qué haría mi cliente , como le había llamado mi marido. Respiré hondo haciendo que mis pechos se irguieran orgullosos, tenía los pezones duros, salidos, del tamaño de la falange del meñique. Miré a su bragueta, tenía la polla levantada , una tienda de campaña en el pantalón blanco. Decidí contar hasta 30, si él no hacía nada , yo iba directa a agarrarle la pija. Llegué a 20. Estaba caliente, histérica cuando alargó su mano derecha con el índice apuntándome.

Me tocó el pezón izquierdo, muy despacio, jugando a mover la punta de su dedo haciéndolo vibrar. Una corriente sacudió mi cuerpo, era una sensación súper excitante, mis flujos aumentaron cuando siguió con su arriba y abajo , la yema – la uña, y pasó al otro pecho. Uno -otro- una vibración que me llegaba al clítoris. Aquel tipo era un maestro, pero mi rol era de una mujer que usaba a los hombres, no ellos a mi. Así que bajé mis manos a su bragueta. Era de botones, los desabroché rápido, la verga cubierta por un slip azul estaba dura y en alto.

- Tienes unas tetas cojonudas...Sácame la polla. - Las empezó a sobar, con las palmas, usando los dedos como pinzas que acababan en los enhiestos pezones que retorcía. Todo con un ritmo que me permitía gozar y adivinar lo que iba a venir a continuación.

Decidí que era más fácil bajarle el pantalón y el calzoncillo para tocarle más cómoda y mover la mano mejor. Para hacerlo me pegué a él, le solté el cinto, el botón del pantalón y tiré hacia abajo. La polla dura hacía difícil que bajara la ropa. Me restregué un poco contra su cuerpo, retrocedí y me arrodille ante él. Con mimo hice que la pija saliera del slip y pude hacer que todo bajara, lo dejé caer hasta sus tobillos. Arrodillada tenía su verga a la altura de mi rostro. Iba a levantarme cuando me ordenó.

¡Zorra , quédate así! Cerca ..¡AHI!

Me agarró de la cabeza dejándola muy cerca de su pija y comenzó a golpearme con aquella porra en la cara. Me estaba poniendo muy cachonda, abrí los labios para que su cipote los rozara y además para que viera que me gustaba lo que me estaba haciendo.

-¡ Cómo te gusta la minga!- me chilló con voz ronca.

- Sigue...sigue..- gemí yo viviendo de verdad mi rol de viciosa usada.

Paró , yo me quedé quieta. Esperé qué quería que hiciera, comencé a levantarme. Me lo impidió.

- ¡Acaba vos y que mi semen vaya a tus tetas!

Me tocaba terminar la paja, pensé que le gustaba lo duro , así que la agarré fuerte y se la meneé rápido. ¡ Tras! ¡ Tras! Una y otra vez cerca de mis pechos que esperaban ansiosos la lluvia de su leche.

- ¡Para!... y ahora despacio hasta que empiece a soltar la leche y luego rápido. Como una buena puta pajillera.

Y lo hice hasta que me llenó las tetas de su simiente. Me quedé un par de segundos con su polla en mis manos y luego con una sonrisa de oreja a oreja me levanté, me di la vuelta y fui a sentarme. Estaba cachonda perdida, empapada, y feliz. Encendí un lucky, las puertas se habían cerrado, le di una calada profunda , solté el humo,disfrutando de haber salido bien de aquella prueba y esperando qué venía después. Sentía la guasca del último cliente que se escurría por el torso, me parecía una medalla al merito.

Fue Jane la que entró aplaudiendo sin ruido: - Malena, ¡muy bien!. Ven a que te limpie.

Como estaba me sacó al patio, me acercó a la fuente, se mojó la mano izquierda y comenzó a lavarme el semen de mi último cliente. Yo estaba caliente perdida y aquella caricia morbosa me puso todavía aun más loca. No pude más y la besé en la boca. Hambrienta mis labios se fundieron con los suyos y mi lengua entró en ella. Fundida en el abrazo me sobresaltó la voz de mi marido.

- Chicas, paren, vayan un poco más despacio.- tiró de mi hasta separarnos. Sus ojos brillaban divertidos bajo la mascara, yo me quedé parada, con mi antifaz, mi lazo negro, mis medias caladas del mismo color, las sandalias de taco altísimo y la cadena en el tobillo.

- ¿ Qué querés que haga? Estoy muy muy caliente. Por favor ¡cógeme!

- Creo que está tan cachonda que le va a dar algo. Paco , si no te parece mal , primero la ayudo yo y luego puedes follarla tú.

- Bueno, pero rápido que uno no es de piedra.

Jane me sentó en un banco de madera junto a la fuente, tiró de mí para que quedara mi concha al aire , se arrodilló entre mis muslos y pasó su lengua entre mis labios empapados, fue como un arada que rasga la tierra buscando el tesoro de mi clítoris. Lo tenía duro, grande, dispuesto a ser mimado. Apenas empezó a lamerlo, no pude más, me estremecí en un temblor que me lanzó al placer del orgasmo. Me mordí los labios para no chillar. Fue una explosión salvaje, sentí que se me nublaba la vista, las olas poderosas me llevaban a chocar contra una roca mientras me iba gozosa.

Jane se retiró, yo estaba empezando a descender de la cumbre cuando mi marido me agarró los tobillos, me alzó las piernas colocándose entre ellas. Se había bajado los pantalones y los calzoncillos, la polla se erguía orgullosa junto a mi concha empapada, yo estaba abierta, esperándole y me la metió de un golpe hasta dentro. Su pelvis chocó contra mi coñito y empezó un mete y saca que me hizo volver a escalar a la cima de la lascivia Entré en un orgasmo continuo, temblaba de sexo lleno, satisfecho. Santiago seguía dándome como una máquina incansable, yo no pude más, me desmayé cuando la tormenta del oleaje soltó una bomba de lujuria satisfecha. Fueron apenas unos segundos los que estuve fuera de mí.

Santiago me abrazaba amoroso, se había quitado la máscara, yo descansaba ovillada entre sus brazos.

- Mi niña... ¡ eres una fiera!. Te adoro.

- Yo te quiero, me has hecho una mujer nueva, haces que sea como nunca creí ser.- le besé mimosa, disfrutando de mi triunfo, porque había sido una batalla que yo había ganado.

-¡ Malena, Paco! con lo que han pagado los clientes, no hace falta poner nada para los aros y el collar, es más han sobrado seis dólares.

- Si quieren podemos tomarnos una copa en la plaza , parece que invito yo- lancé con una amplia sonrisa curvando mis labios.

Este relato pertenece a la serie Marisa y Santiago publicada en TR por esta autora.

Como siempre se agradecen los comentarios y las aportaciones al desarrollo de las aventuras de sus personajes.

 

 

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Este relato pertenece a la serie de Marisa y Santiago de esta autora

 

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