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Fecha: 14-Sep-18 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

La boda y la novia de mi mejor amigo... (Parte 2)

TMac
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Mónica y Xuso me pidieron que oficiase su boda. Todo ello después de muchas historias. Todo ello después de muchos secretos. Esta es la historia de todo ello. El antes. El durante. El después. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Hicimos que el cuento mereciera la pena, aunque en nuestra particular versión de Caperucita Roja ganase el lobo… Pero remontémonos a unos días antes, cuando aún quedaba todo el cuento por escribir.

En la primera parte de esta historia, de nuestra historia, ya relaté como conocí a Mónica, la novia de mi amigo Xuso. Desde que la conocí, Mónica me había enfermado con su sonrisa y, de ahí, con todo lo demás que poseía y que yo deseaba poseer. Nunca había vista una cara como aquella, una tez blanca como la luna y un pelo negro como el carbón. Y unos ojos que me reían y aquella boca que imaginaba. De su cuerpo también hablé: un cuerpo en el que nada sobraba y al que sólo le faltaba yo.

Los meses habían pasado desde aquel primer encuentro. Seis para ser más exactos y sí, esas son muchas pajas. La agregué a Facebook y me sabía sus veranos de memoria. Me masturbaba mirando aquella foto en la que ella admiraba el atardecer con la boca entreabierta, soñando que mi polla se abría paso entre sus labios y mis manos acariciaban su cuello.

Alguna noche le hablaba y me hacía el loco: como si yo ella no me pusiera cachondo; como si a ella no le encantase hacerlo.

Una de las noches incluso fui un paso más allá. Estaba tan cachondo recorriendo mi polla húmeda imaginando que mi mano era la suya que me hice una foto y se la mandé sin haber mediado palabra. No lo hice por Facebook. No. Me apetecía jugar así que le mandé un email con el asunto: “Así me tienes” y la foto adjunta. La botella estaba lanzada al mar y sólo esperaba que sus ojos la recogieran en buen puerto.

No obstante, era la novia de mi amigo Xuso. Perdón, de mi mejor amigo. Me sentía mal con todo aquello. No quería hacerlo, y a la vez, no podía evitarlo. Corriendo, envié un segundo mail a Mónica. En el asunto escribí: “POR FAVOR, LEE ESTE MAIL ANTES QUE EL OTRO” y en el cuerpo del mensaje le rogaba o, mejor dicho, simulaba rogarle que no abriera el primer mensaje ya que no iba para ella. Que había sido un error y que, si me apreciaba, no lo abriera y lo borrase directamente.

Seguía apostando a las de perder.

Dejé que pasara otra noche y otra paja más. Me di el tiempo de soñar que ella hacía lo que yo quería que hiciera; es decir, lo contrario a lo que le pedía. Imaginaba que la curiosidad podía con ella y abría aquella foto en la que mi pene brillaba casi rojo, casi ahogado, rogando por ella. Imaginaba que aquello la encendía y la humedecía tanto que la forzaba a masturbarse imitándome con sus dedos.

Me dormí y dejé pasar el día. Yo seguía compartiendo piso con Xuso, ya sólo los dos pues el tercer compañero se había mudado en Navidad con su novia, y en la comida estuve algo nervioso porque andaba con el miedo de que ella me delatase. Yo podría excusarme de alguna forma y seguramente él fingiría creerme pero un golpe así puede joder la mejor de las amistades. Sin embargo, el sabor de lo prohibido me corroía. Me gustaba pensar que cuando Mónica recibía cada una de las embestidas de Xuso al follar, ella imaginaba que era mi pene el que la atravesaba… como sé que imaginó aquella noche que narré en el primero de esta serie de relatos. Xuso me contó que aquella noche se corrió como nunca la había visto.

Llegó la noche y me sentí aliviado de que Xuso no me contase nada sobre Mónica aquel día. O bien ella había obedecido mis simuladas súplicas y no había abierto el primer email o, en el mejor de los casos, ella quería jugar tanto como yo quería recibir su juego.

Después de cenar, me metí rápido en mi habitación y encendí el ordenador. Tenía un trabajo que terminar para esa semana y siempre se me había dado mejor la noche que el día para avanzar en estas lides. Sin embargo, tenía la cabeza ocupada con otros pensamientos.

Abrí Facebook y la busqué. Su última conexión había terminado apenas hacía cinco minutos. Sabía que tenía turno de tarde en el hospital (ya conté que es enfermera) así que supuse que ya habría vuelto a casa. Me arriesgué y escribí.

-        Mónica… Perdona que te moleste pero tengo que preguntártelo… Dime, por favor, que no llegaste a abrir el primero de los correos que te mandé.

Obviamente, volvía a mentir.

Esperé unos minutos y, al poco, ella volvía a conectarse. Primero, la confirmación de mensaje leído. Al momento, el aviso de que estaba escribiendo. Finalmente, la respuesta.

-        No te preocupes que te he hecho caso. La verdad es que el título me extrañó un poco y fui a abrirlo pero justo entonces vi el asunto del segundo email y creí que lo más correcto, porque te aprecio (como dices) y como te noté tan apurado… No lo he llegado a abrir. Quédate tranquilo.

Antes de que salieran estas letras impresas en mi pantalla, con el simple mensaje de que ella estaba escribiendo, mi polla fue creciendo dentro de mis calzoncillos esperando alguna respuesta subida de tono. Aquellas líneas, en cambio, fueron bromuro para mí. Había mentido tan bien que me había creído.

Para darle algo más de verosimilitud al discurso, agregué:

-        Menos mal. Muchísimas gracias porque me da muchísimo apuro. Es un pequeño tema personal… Bueno, no tan pequeño…

Su respuesta fue menos juguetona de lo que esperaba tras mi anzuelo.

-        Pues ya está en la papelera de mi correo. Tu secreto está a salvo… Sea lo pequeño o grande que sea.

Tras estas líneas, hablamos un poco más sobre el día y la semana que llevábamos cada uno y fue entonces cuando le dije la primera verdad de la noche.

-        Mónica, espero que tengas bonitos sueños. Te dejo que me tengo que quedar currando en el puto trabajo este. Ya queda poco pero se me está haciendo eterno.

Ella me mandó ánimos y se desconectó. Y allí me quedé yo: con mi word abierto y un tachón más en mi historial de mal estratega.

Avancé bastante en la siguiente hora. Andaba, de hecho, cerrando el trabajo con el índice y estructurándolo para su impresión cuando me vibró el móvil: un nuevo mail.

Abrí el gestor de correos en el ordenador y allí estaba, un correo electrónico nuevo con el asunto: POR FAVOR, NO ABRAS ESTE EMAIL. TAMBIÉN ME HE EQUIVOCADO. Y Mónica era la remitente.

Creo que perdí un poco el compás respiratorio de la impresión. Quizás no era tan mal estratega después de todo.

Obviamente… Lo abrí al instante.

El cuerpo del mensaje decía algo así.

“Hola,

Espero que no hayas abierto este correo como yo ayer no abrí el tuyo. Porque si lo has abierto, estarás comprobando que te he mentido. Que ya ayer descubrí tu secreto y que hoy lo estoy descubriendo de nuevo.

Y sobre todas las cosas, espero que no estés leyendo esto porque entonces descubrirás que no puedo dejar de pensar que tienes un gran secreto. Y el tuyo… desencadena el mío”.

Ese era el cuerpo del mensaje y, adjunta, una imagen cenital de sus piernas entreabiertas, sus bragas por los tobillos visiblemente mojadas y una mano estratégicamente colocada sobre su coño, dejándome sólo imaginar los contornos de aquello que tapaba.

No pude terminar el trabajo aquella noche. Menos aun cuando escuché a Xuso salir al pasillo diciéndome: “Tío, estoy hablando con Mónica y dice que te diga que buenas noches. Ah, y no sé qué de un secreto”.

Puso el altavoz del móvil y yo me quedé callado, inmóvil tras la puerta. Xuso volvió a dirigirse a mí en tono claramente jocoso: “Dime la verdad, cabrón… Me estáis preparando una sorpresa por mi cumpleaños, ¿verdad?”. Y comenzó a reírse. Ella también se reía mientras decía: “Creéme Xusi, va a ser una fiesta inolvidable”

Y yo abandoné la risa para gastar, una vez más, otro paquete de Kleenex con aquella foto prendida en mi pantalla.


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