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Fecha: 14-Sep-18 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Jugamos

jase
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Una invitación de fin de semana y una mujer que se siente sola rodeada de gente. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Estaba sentado en terraza de un bar, cuando por delante paso un amigo mío de la infancia.

-         Pablo, Pablo – le llame, se giro.

-         ¡José Antonio! Eres tu.

-         Claro que soy yo. Cuanto tiempo.

-         Sí, tres años para cuatro.

-         ¡Uf! ¿Qué es de tu vida?

-         Hace un mes que me case.

-         No sé si felicitarte o darte el pésame.

Sonrió

-         Por que no vienes a casa y la conoces a mi mujer.

-         Ahora no puedo tengo cosas que hacer, que te parece si nos vemos el fin de semana y vamos a cenar.

-         Este fin de semana es imposible, los padres de mi mujer hacen una barbacoa en su casa de campo.

-         Bueno pues al otro fin de semana.

-         Espera se me ocurre una idea, porque no te vienes a la barbacoa.

-         No creo que sea buena idea.

-         Vente, mis suegros seguro que quieren conocerte.

-         No sé.

-         Son muy buena gente.

-         Pero... sin consultarles.

-         Nada de “peros”, te recojo el viernes por la tarde, ¿Dónde vives?

-         Vivo allí enfrente – señale al otro lado de la calle

-         Entonces que te parece si te recojo a eso de las 5 aquí mismo, piensa que vamos a estar tres días, así que llévate ropa, el sábado por la noche iremos al pueblo a una fiesta.

-         Bueno; pero si es una molestia me lo dices y no pasa nada.

En la misma servilleta, le apunte la dirección de casa y el teléfono de la oficina. Seguimos hablando unos minutos y nos despedimos hasta el viernes por la tarde.

El viernes a las 5 de la tarde, estaba en la calle esperando a Pablo, cuando lo vi acercarse.

-         Ven he dejado a mi niña en el coche esperando.

-         ¡A tu niña!

-         Si a mi mujer, esta deseando conocerte.

-         Ahhhh.

Andamos unos metros hasta llegar al coche.

-         Abigail este es José Antonio, como te dije el otro día llevábamos sin vernos casi 4 años.

-         Encantada de conocerte – dijo acercándose y dándome dos besos en las mejillas.

-         Igualmente – respondí.

Abigail era una mujer menuda, pero con un buen físico.

-         Dispuesto a divertirte – dijo Abigail.

-         Seguro que no es una molestia.

-         Que va, a mi padre que es el organizador de la barbacoa le gusta que haya mucha gente, por eso hay muchos invitados.

-         Pero habrá espacio para todos.

-         Esta en medio del campo – respondió sonriendo Abigail.

-         Me refiero a habitaciones.

-         Cuando he dicho que habrá invitados me refiero a mañana para la comida, esta noche estaremos... mis padres, mis sobrinas y nosotros tres. Y mañana por la noche posiblemente se nos una mi hermana y su marido, el resto volverán por la tarde o son de la zona.

-         Bueno como digáis.

Subimos al coche y nos dirigimos a las afueras de la ciudad, mientras conducía Pablo me iba preguntando cosas de mi vida, sobretodo sobre los amigos que hacia mas tiempo que no los veía. Con su mujer hablo de la hermana de ella y sus sobrinas. El trayecto no fue muy largo, una hora y media. Cuando llegamos había dos vehículos en la puerta de la casa.

-         Mierda – dijo Pablo – esta tu cuñado.

-         Pero que tienes en contra de Rogelio.

-         Sabes que no me cae bien.

-         Pues sabias que podía venir.

-         Sí pero mañana, no hoy.

Dejaron de hablar cuando de la casa salieron dos niñas, y un matrimonio mayor. Supuse que serian las sobrinas que habían hablado durante el viaje y los padres de Abigail.

-         Tita, ya has llegado – dijo niña que parecía mayor.

La otra más pequeña se quedo parada a pocos metros.

-         Abi – dijo Abigail – por que te quedas parada.

Abi, la niña, me miro. Abigail sonrió.

-         Este señor es un amigo de tito Pablo. La mayor es Maite y la más pequeña es Abi.

-         No soy pequeña, tengo ocho años – dijo Abi.

-         Yo tengo trece – replico Maite.

-         Mucho gusto en conoceros señoritas – dije estrechando las manitas de ambas.

Me gire y ayude a Pablo a coger las maletas. Al volverme Abigail estaba abrazando al matrimonio mayor.

-         José Antonio, estos son mis padres.

-         Señora...

-         Angelines, aunque todos me llaman Mama Lines – dijo abrazándose a mí dándome dos besos.

-         A mí me puedes llamar Señor – dijo el padre, con semblante serio.

-         ¡Papa! – dijo Abigail dando una patada en el suelo.

-         Bueno puedes llamarme Papa Lines – dijo guiñándome el ojo.

-         ¡Papaaaaaa! – grito Abigail - Se llama Antonio, aunque los de aquí la llaman Toño.

-         Le llamare Señor Papa - dije.

-         Mejor llámame Toño, como todo el mundo – dijo alargando la mano.

Estreche la mano de Toño, y ayude a Pablo a entras las maletas, en el comedor había otra mujer. Llevaba puesto un mini-bikini, la parte superior del bikini escasamente tapaba las aureoles de los pezones y de cintura para bajo se tapaba con un pareo.

-         José Antonio, esta es mi hermana, Teresa, Tesa para los amigos.

Tesa era mas alta que Abigail, y con muchas mas curvas. Como se suele decir era mucho más mujer. Pablo tenia 25 años los próximos que cumpliría serian los 26, yo acababa de cumplir los 25 (escasamente nos llevábamos un año); mientras que Abigail tenia 24 para cumplir 25; y, según me había comentado Tesa, Abigail acaba de cumplir los 32 años.

Tesa alargo la mano y se la estreche, la note excesivamente caliente.

-         Tesa, donde esta Rogelio.

-         Se quedo en la ciudad, atendiendo el negocio, vendrá mañana.

-         Tienen un bar de copas – aclaro Abigail.

-         Ven te llevare hasta tu habitación – dijo Pablo, sacándome del ensimismamiento de ver a Tesa.

En la cara de Pablo se le veía lo contento que le había hecho la noticia de que su cuñado no estaba. Seguimos por un pasillo, cruzamos un patio y llegamos a una habitación.

-         Este es el cuarto donde se comenzó la casa, se hizo esta habitación, después con el tiempo se hizo la cochera y la casa.

Deje la maleta sobre la cama.

-         ¿Que te ha parecido mi mujer?

-         Simpática, ahora es cuando te felicito por tu boda.

-         Gracias. ¿Y mi cuñadita?

-         ¡Tu cuñadita!

-         Esta buena verdad.

-         Bien.

-         ¡Cómo que bien!

-         Es la hermana de tu mujer, esta casada tiene hijos.

-         No me jodas, no te conozco.

-         ¿Por qué dices eso?

-         Te recuerdo las visitas a El Gato Feliz.

Sonreí, El Gato Feliz era un Disco-Bar de encuentro.

-         Entonces no te importaba que estuviera casada y mucho menos si tenia hijos, y aquellas mujeres tenían casi todas mas de 30 y 35 años, y Tesa solo tiene 32.

-         Que quieres que te diga, que esta muy buena y esta para echarle un polvo.

-         ¿Solo uno?

-         Si te pones así tres o cuatro.

En ese momento se abrió la puerta, era Abigail. Me puse colorado, por si nos había estado escuchando.

-         Tres o cuatro ¿Qué?

Reaccione rápido.

-         Los años que llevamos sin vernos...

-         ... los polvos que le pegaría a tu hermana – dijo Pablo.

Una bomba no habría hecho el mismo efecto. Se me cayeron los zapatos que tenia en la mano, Pablo se había vuelto un bocazas.

-         Tiene razón, tengo que reconocer que si yo fuera hombre diría lo mismo – replico Abigail sonriendo – daros prisa, aun es temprano para cenar pero tarde para la merienda, por lo que mi madre preparara un pica-pica para cenar.

Abigail salió como había entrado, en silencio.

-         Como se te ocurre decirle eso a tu mujer.

-         Ya has visto como ha reaccionado. Esta acostumbrada a que los hombres reaccionen así ante su hermana. Sabes conocí a Abigail por Tesa.

-         No me digas que te acostaste con Tesa.

-         No, aunque no por falta de ganas, yo era cliente del bar de Tesa, y allí conocí a Abigail.

Cuando salimos, el padre Abigail, Toño estaba frente al televisor medio dormido, la madre Lines, las sobrinas Maite y Abi, estaban poniendo la mesa, mientras Abigail y su hermana Tesa estaban en la cocina, se les escuchaba cuchichear, y al salir me miraron y rieron.

Tesa se había puesto una camiseta, pero se había quitado la parte superior del bikini, por lo que los pezones se le marcaban en la camiseta.

Nos sentamos todos alrededor de la mesa, incluido el padre de Abigail, Toño, Tesa coincidió a mi lado. Mientras comíamos la conversación se generalizo, al finalizar Tesa me pregunto.

-         ¡José! ¿Tú no eres de aquí?

-         No soy de Barcelona, como Pablo.

-         ¿Qué haces aquí, siguiendo alguna joven?

-         ¡Tesa! – dijo Abigail – como se te ocurre preguntar eso.

-         No pasa nada – dije - La compañía en la que trabajo me ha mandado para inspeccionar la sucursal de aquí.

-         ¿Tienes novia? – dijo la pequeña Abi.

-         No – dije sonriendo – quieres ser tú la mía.

-         ¡Yo no! Pero a mi madre le gustas, se lo ha dicho a tita Abigail.

-         ¡Abi! – replico la abuela Lines – tu madre es una mujer casada, su novio es tu padre.

-         Ahhh – se giro hacia la hermana mayor – ya sabes solo puedes tener un novio.

Todos reímos, ante la replica de la pequeña hacia su hermana. Aquello hizo diéramos por terminada la cena. Nos levantamos, las niñas se sentaron en un sofá, Toño en su sillón y Pablo se sentó junto a él, mientras que las mujeres recogían la mesa. Yo les ayude a recoger.

-         Os debería dar vergüenza – dijo Lines – vosotros sentados y el invitado ayudando a recoger.

-         Mi padre dice que eso es de mujeres – dijo la pequeña Abi.

-         Ese es el ejemplo que da tu padre – dijo Lines - levantaros y ayudar.

Las dos niñas se levantaron y ayudaron, Toño ni se inmuto, Pablo se me acerco y me dijo.

-         Eres un traidor.

Pablo, ayudo a recoger. Cuando terminamos de recoger, las niñas volvieron al sofá, Pablo a su asiento, yo me quede en la cocina.

-         ¿Necesitan que les ayude a algo mas?

-         José no hace falta que hagas nada mas – dijo Abigail.

Salí al comedor, junto con Pablo.

-         Muchacho, ¿Juegas al ajedrez? – pregunto Toño.

-         Abuelo yo sé jugar – dijo Maite.

-         Un poco – respondí – tengo una idea, que juegue su nieta y yo le ayudo.

-         Eso, eso abuelo.

-         Vale.

No es que fuera un experto jugando al ajedrez pero en la universidad tuve por compañero aun verdadero maestro, y me enseño algo. Toño sabia bastante y su nieta Maite sabia jugar lo justo, con mi ayuda poníamos en dificultades a Toño. En la cocina las dos hermanas y la madre estaban hablando, agudice el oído, y les escuche.

-         Hija, si Rogelio fuese como ese muchacho, estarías como una reina – le dijo Lines – esperemos que Pablo se le parezca.

-         Mama tu no conoces a Rogelio – dijo Tesa.

-         Que no le conozco, es un... bueno tienes razón no lo conozco… en la cama.

-         ¡Mama! – dijeron Abigail y Tesa a la vez.

Como lo ultimo se había escuchado en el salón, cerraron la puerta. No tardaron mucho en salir.

-         Mami, ven aquí – dijo Abi – vamos a jugar al parchís.

-         ¿Nosotras dos solas?

-         Mami yo también juego – dijo Maite, levantándose dejándonos a Toño y a mí.

-         Yo también me apunto – dijo Lines.

-         Y nosotros – dijo Abigail, por ella y por Pablo.

Me sorprendió, pues al parchís solo podían jugar 4, y ellos eran 6. Cuando sacaron el parchís lo comprendí, era un parchís de 6 colores. Mientras decidí seguir jugando con Toño al ajedrez.

Después de tres partidas al ajedrez, la primera fue tablas, la segunda la gano Toño (por un despiste mío) y la tercera volvió a ser tablas; pero en la cuarta mi ventaja era aplastante, lo que hacia que Toño se pusiera de mala leche. Como Lines le conocía, dejo la partida de parchís y se acerco.

-         José porque no juegas al parchís con ellos, yo estoy cansada quiero irme a la cama, ¿Te vienes?.

-         Deja al chico que termine la partida – dijo Toño.

Pude captar un guiño de Lines.

-         Podemos darla por tablas, aunque llevo cierta ventaja en piezas, posicionalmente estoy en desventaja.

Toño se dio cuenta enseguida cual era mi intención, sonrió.

-         Vale lo dejamos en tablas, lo que significa que he ganado yo por dos y media a una y media. Mañana te ofreceré la revancha.

-         O.K. – dije.

-         José Antonio ven aquí – dijo Abi.

Me puse a jugar al parchís, lo cierto es que si con cuatro es divertido con seis era mucho más. Terminamos una partida dando por ganadoras a Abi y a Maite. Comenzamos otra partida, fue entonces cuando Toño y Lines decidieron marchar.

-         Buenas noches, no tardéis en ir a la cama, mañana será un día muy largo – dijo Lines.

-         Buenas noches – dijimos todos.

Abigail y Tesa se levantaron, también las nietas. Les dieron unos besos y se despidieron. Se volvieron a sentar, seguimos la partida.

El tiempo corrió, la partida se alargo mas de la cuenta, Tesa miró el reloj.

-         Se acabo la partida, ¡Niñas! A la cama que es tarde – dijo Tesa.

-         Mami, no hemos terminado  – dijo Abi – mañana es sábado y no tenemos cole déjanos un ratito.

-         Eso mami – le apoyo la más grande, Maite.

-         Bueno, pero mañana por la noche os quedáis aquí mientras nosotros vamos a la fiesta del pueblo.

-         No es justo –dijo Abi.

Tanto Abi como Maite, se levantaron de la mesa.

-         ¿Que se dice? – dijo Tesa.

-         Buenas noches – dijeron las dos, y repartieron Besos.

Se dirigieron hacia la escalera, ellas dormían en el segundo piso, Tesa iba detrás de ellas.

En el salón quedamos, Abigail, Pablo y yo.

-         Una ultima copa – dijo Pablo

-         Será mejor irse a dormir, mañana será un día muy largo, como ha dicho mamá – dijo Abigail.

-         Si no quiero, me dejaras sin ir mañana a la fiesta del pueblo.

Abigail no dijo nada solo miro fijamente a Pablo.

-         Vale, será lo mejor irse – dijo Pablo – tu sabes donde esta tu habitación.

-         Sí.

Ambos salieron del salón, por el pasillo al lado de la cocina. Mire la mesa, comencé a recoger el parchís, coloque las fichas en su sitio. En ese momento llego Tesa, se había cambiado, se había puesto un camisón, al contraluz se trasparentaba.

-         Y los demás – dijo Tesa.

-         Se han ido a la cama.

-         Y tu que vas a hacer.

-         Estaba recogiendo, para irme.

-         A la cama – dijo Tesa.

-         Si, se han ido todos.

-         Todos no, yo estoy aquí. ¡Jugamos!

Saque las fichas, entonces Tesa se me acerco, y acercando su boca a mi oreja.

-         No me refiero al parchís – dijo muy bajito al oído, mordisqueándome la oreja.

La cogí por la cintura y la atraje hacia mí, la bese, fue un beso apasionado, donde nuestras lenguas se entrelazaron.

-         Vamos – dijo cogiéndome de la mano y arrastrándome hacia mi habitación.

Cuando pasamos por el patio me pareció ver una sombra en una ventana del segundo piso, no podía estar seguro.

Ya en la habitación, entre besos y caricias, le quite el camisón, aparecieron aquellas dos tetazas, las estruje, las bese, chupe sus pezones, estaba tan excitado que pensé que mi polla iba a reventar. Ella gemía de placer, se dejo caer en la cama, solo tenia las bragas del bikini.

-         Desnúdate, quiero verte desnudo, quiero ver tu polla – dijo desde la cama.

Lentamente me fui desnudando, ella se estrujaba los pechos, se metía la mano debajo de las bragas acariciándose, daba la sensación de que estaba muy caliente. Cuando por fin estuve desnudo, me acerque a ella.

-         La quiero toda para mí – dijo Tesa, mirándome la polla.

Le quite las bragas, me deje caer sobre ella, haciendo que mi polla acariciase sus muslos, mis manos acariciaban sus pechos, pellizque sus pezones, ella se retorcía.

-         Fóllame, quiero sentir ese pedazo de carne dentro.

Metí mi mano entre sus piernas, acaricie su clítoris, introduje dos dedos en su vagina, sentí como su cuerpo se estremecía, jadeaba cada vez más rápido, apretó sus piernas apresándome la mano, no por ello deje de acariciar su clítoris con el dedo pulgar y con los dedos índice y corazón acariciar el interior de su vagina.

-         Ya estoy llegando, métemela.

No me dio tiempo, de pronto sentí como su cuerpo se arqueo, se estremeció, alcanzo su primer orgasmo. Se relajo, se abrió de piernas, me coloque entre ellas, le agarre de los muslos, enfrente mi polla a la entrada de su vagina, con un pequeño empujón le metí la polla, cada vez mas a dentro hasta que estuvo totalmente dentro, me deje caer sobre ella, agarrando sus pechos, ella cruzo sus piernas en mi espalda y apretó. Nuevamente los gemidos fueron en aumento, hasta que alcanzo un nuevo orgasmo. Seguimos abrazados, acariciándonos y besándonos, con mi polla dentro de su vagina, durante unos minutos. Se separo, para colocarse encima de mí, introduciéndose nuevamente mi polla en su vagina. La cogí por la cintura, ella se movía hacia delante y hacia tras, me faltaba poco para correrme, hice que se echara sobre mí, aumente los movimientos pélvicos, hasta que me corrí, ella alcanzó un nuevo orgasmo al sentir mi leche en su vagina. Permanecimos juntos unos minutos, a cada movimiento, ella respondía con un gemido. Ella se dejó caer a mi lado.

-         ¡Dios! Que buen polvo, hacia tiempo que no disfrutaba tanto.

Me puse de costado, haciendo que mi polla impregnada de flujo vaginal y semen, se apoyara en su muslo, acaricie sus pezones, aun estaban tiesos, pidiendo guerra.

-         No has tenido suficiente – dijo Tesa.

-         No, espera unos minutos y veras con se pone eso – dije mirándome la polla.

-         Me lo creo, pero tengo que volver a mi habitación con mis hijas.

Se levanto y se puso el camisón. Desde la puerta me lanzo un beso con la mano.

Al principio me costo dormirme, no hacia nada mas que pensar en lo sucedido, y el recuerdo de Tesa desnuda en la cama, hacia que mi polla se pusiera tiesa. Pero el cansancio hizo su presencia y me dormí.


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