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Fecha: 13-Sep-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mi prima (El fin de la inocencia) 1 de 2

vima
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La quería tanto a mi prima, ¡pero tanto! que ya era demasiado Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Conducía el coche, pensativa, tenía ganas de llegar y al mismo tiempo la ansiedad me provocaba miedo de lo que iba a encontrar.

Antes de seguir sería bueno presentarme, me llamo Milena Fernández Gómez, 22 años; nada espectacular, pero tengo lo mío; ojos color miel, que no encandilan a nadie, pero me sirven para ver. Ya hace un año que me recibí de farmacéutica en la universidad de Santiago, pero cómo había varias variantes para especializarme, conseguí trabajo y ahí me quedé, justamente especializándome.

Ahora volvía a una ciudad pequeña en la costa, donde estaba mi casa y parte de mi familia, una familia peculiar dónde casi todos tenían farmacia.

Esto no era de ahora, mis padres la tenían, mis abuelos y los padres de ellos también. Creo que alguno de mis antepasados le preparaba las tisanas a Isabel la católica.

Ahora volvía a Burela, una ciudad simpática al lado del mar, donde estaba la casa en la que me crie, estaba vacía, mis padres se habían ido al sur, a atender la farmacia que mi abuelo dejó cuando se retiró. La que tenía ahí en la ciudad, la siguió atendiendo la prima y socia, que también le cuidaba la casa que no quiso vender para tenerla para las vacaciones, y era adonde volvía yo, que también me gusta el mar y donde mejor me sentía.

Y ahora, si volvía pensativa era justamente por mi prima ¡no! ¡no! Mi prima no; la hija de la prima de mi papa, que yo le digo prima, pero no lo es, pero para el caso era igual, porque también ella me dice prima y no lo soy.

Y ese es el problema que me tiene descerebrada. Mi prima, la que no es prima, recién cumplió 18 años, y no estuve en su cumpleaños y se lo tomó a mal, y no sé cómo me recibirá, y eso me tiene preocupada porque yo la quiero mucho; pero es que la quiero demasiado y a veces me aparto a propósito a ver si se me pasa, ¡pero no!, creo que cada vez voy a peor.

Mi prima, la que no es prima, es una niña tan inocente, tan cristalina, tan apegada a mí; y las intenciones mías son tan poco inocentes, tan poco cristalinas, que me la paso repitiéndome; es tu prima; es tu prima; no puedes ser tan cabrona, pero ese alguien que sale de no sé dónde, me dice; pero que va mujer, si no es tu prima, y si lo es que importa, tampoco es que te quieres casar; ese alguien que sale de no sé dónde, es un poco hijo de puta.

Mientras conduzco me voy acordando cómo llegué a este estado de cosas. Desde pequeña, mi prima la que no es prima, siempre estuvo muy apegada a mí, quería ser como yo. cuándo mis padres se fueron me faltaba un año para terminar el preparatorio, y por no cambiar de colegio ese año me quedaba sola; bah sola es un decir, porque la prima de mi papa estaba a dos casas y comía con ellas, pero dormir dormía en mi casa y Liliana que así se llama mi prima, no quiso que durmiera sola en esa casa tan grande y dormía conmigo.

Me tenía tanto cariño, que nos acostábamos y a la mañana siempre amanecía abrazada a mí. Me admiraba ¡pobre! Podía admirar a tantas y se le ocurrió admirarme a mí. Me daba risa porque lo que le pasaba por la cabeza lo decía, a la noche cuando nos acostábamos me miraba las tetas, y me decía que ella quería tener unas tetas como las mías. Tampoco es que las mías en ese tiempo fueran unas tetazas, pero las de ella a los trece, claro, apenas empezaban a despuntar.

Íbamos al mismo instituto, yo en mi último año y ella en el primero, entonces me pedía ayuda, aunque me parece que era para estar conmigo, porque sacaba todos sobresalientes.

Cuando me fui a Santiago a la Universidad se quedó llorando y me hizo prometer que iba a venir a visitarla. ¡Y sí! de los puentes que había, uno visitaba a mis padres y otro la visitaba a ella; bah, a ellos, que mis a tíos que no eran tíos también los visitaba, comía con ellos y después Lili se venía a dormir conmigo. Para mí, era la primita consentida, me preguntaba de todo con una naturalidad de alguien que no conoce la maldad, al lado de ella hasta me atrevía a jugar a las muñecas, a cada rato me decía que quería ser igual que yo; la verdad me daba gusto ver la admiración que me tenía.

Cuando cumplió los quince me hizo prometer que iba a estar, hacía como seis meses que no la veía, la fiesta la hacían en la casa de mis padres que tenían una galería y un parque grande, y tampoco es que fuera a venir todo el pueblo. Llegué cuando la fiesta había empezado, la verdad que tenía ganas de verla, en la entrada estaba Andrea, la madre que me recibió con un beso.

-Ufff, gracias que viniste, no sabes cómo está – pasé y la vi, sonriendo entre los invitados, pero se le notaba que era de circunstancia.

- Lili – le grité – feliz cumpleaños – me vio y dejo a todos parados

- Mile viniste, me moría si no venías – se me tiró en los brazos mientras nos besábamos, fue tan espontanea que hasta le dio la risa a los demás invitados.

- Te dije que iba a venir, ¿cómo vas a pensar que me voy a perder los quince de mi prima preferida? – seguía abrazada, le tuve que decir – anda vete a atender a los demás que se van a poner celosos – me soltó y se fue riendo.

- Bueno, ahora sí que va a disfrutar la fiesta – me dijo Andrea – te digo que hacía una fuerza para no llorar que si no venías no sé si se aguantaba.

- Está preciosa, como cambió en estos meses, ¿qué le diste de comer? – se echó a reír

- Mile, tú la ves como una niña, pero ya es una mujer; no te olvides que hace bien pocos años fuiste tú la que cumplió los quince ¿no te sentías mujer?

- Sí, tienes razón, vas a tener que andar con una escopeta para sacar los moscones.

- ¿Y a ti quien te los saca? Porque no me digas que no tienes ninguno que te sigue, estás hablando como una vieja.

- Yo cuando no me gustan los espanto sola.

- Pues eso es lo que quiero, que aprenda a espantarlos sola, que sea como tú. Siguió la fiesta y yo seguí mirándola, claro, estaba bastante producida, bien maquillada, con unos tacos que llevaba con elegancia, al lado de los chicos que estaban en la fiesta, parecía blancanieves rodeada de enanitos, y no lo digo por la altura. Llegó la parte del baile y se sacó fotos con todos, la verdad estuvo brillante, era una modelo de pasarela. Cada tanto venía al lado de nosotras, se le notaba la alegría. Se fue yendo la gente y al fin íbamos quedando solos, Gonzalo el padre, se encargó de ir sacando los parlantes, pero Lili antes que los terminara de sacar todos lo paró.

- Papá, por favor deja el de la galería que quiero sacarme una foto bailando con Milena, a ver mamá sácame varias que después escojo las mejores – volvieron a poner el vals y nos pusimos a bailar, Andrea le daba a la cámara, íbamos dando vueltas y no apartaba la vista de mis ojos.

- ¿Qué me miras tanto?

- Es que así no me mareo con las vueltas.

- Si te mareas paramos.

- Si me mareo me tienes tú – seguimos bailando un rato, cuando se arrima y apoya sus pechos contra los míos, debía tener un sujetador con copa para que se sintieran tan duros, me pide parar y me agarra con fuerza – para, para que me caigo – vino la madre a ayudarme, pero no se soltó

- Liliana qué te pasa ¿tan mal te hicieron las vueltas?

- No mamá, no son solo las vueltas, es que creo que tomé un poco de más y no estoy acostumbrada; ay Mile siéntate un poco – me senté y se sentó en mi regazo dejando la cabeza apoyada en mi hombro.

- A ver si se te pasa un poco y vamos a casa

- No mamá, deja que me quedo con Milena que estoy más cerca y así la acompaño que la casa es muy grande.

- Pero Liliana, tu siempre molestando a tu prima

- Oye, que no es molestia, de verdad que me hace compañía – quedó un rato más así y la llevé a la habitación grande, dónde dormíamos siempre; la dejé sentada en la cama

- Acuéstate que voy a cerrar todo cuando se vayan tus padres – salí y Andrea me preguntó.

- ¿De verdad no es molestia? A ver si te vomita la cama.

- No mujer, si no esta tan mal, debe ser mucho el cansancio, estuvo bailando con todos, es joven pero cansa.

- Tu también eres joven, lo que pasa es que se pasó unos nervios mientras no llegabas, que se debe haber cansado más de eso que de bailar, la tiene contigo

- Y no te olvides que desde que era pequeña siempre estuvo al lado mío.

- Sí, pero ahora no es pequeña y te sigue molestando lo mismo.

- Que va mujer, ni me molestaba antes ni me molesta ahora, no te preocupes

Se fueron y me volví a la habitación. Me la encuentro acostada con toda la ropa puesta, la zarandeé un poco.

-Lili, cariño ¿estas mal?

- Ah… no, estoy tan cansada que me dormiría así.

- Anda, sácate esa ropa que así no puedes dormir, anda que te ayudo – le fui sacando los zapatos, las medias, para sacarse el vestido por arriba tuve que ayudarle, quedó en bragas y sujetador, no si mi prima era un primor; no era de andar mirando mujeres, pero era para mirarla, agarré un pijama y se lo di

- Dame la chaqueta nada más – se la alcancé – me sueltas el broche que no duermo con sujetador – era cierto nunca la había visto dormir con sujetador, pero tampoco me había fijado los senos que tenía, se lo desprendí y me quedé con la boca abierta, el sujetador no tenía copa, las tetas eran duras así; como había crecido mi primita, ya era toda una mujer, se metió debajo de las sabanas, me acosté a su lado, pero antes de dormir me dice

- Meli, gracias por venir, sabes si no venías la iba a pasar fatal, y yo casi no te saludé – se acercó y al oscuro me dio un beso en los labios, supongo que no se dio cuenta – hasta mañana – se dio vuelta y enseguida se quedó dormida, a mí me costó un poquito más.

A la mañana me despertó el móvil, era Andrea que nos llamaba a ver si íbamos a comer. No era tan mañana, que habían pasado las doce y todavía en la cama; Liliana abrazada a mí todavía no se había despertado

-Vamos Lili, despierta que tu madre nos llama a comer.

- Con lo bien que estoy al lado tuyo ni ganas de comer me da

- Sí, mira que no te conozco, dentro de un rato empiezas a los mordiscones conmigo – se echó a reír

- Pues tienes razón, si tuviera que comerme a alguien empezaría contigo, que bien rica que debes estar.

- Y yo que pensé que me querías – nos levantamos riendo, nos aseamos y fuimos a comer, a la tarde salimos a pasear a la costanera, me gustaba ver el mar, todavía hacía frio como para bañarse, pero alguno se veía en el agua.

Pasamos una tarde muy linda, ya al atardecer nos sentamos en un bar en la avenida de la mariña, pedimos un jugo, mientras conversábamos me contaba sus proyectos

-Cuando salga del preparatorio voy a ir a estudiar a Santiago, quizá todavía estés tú allí.

- Si estoy allí te vienes a vivir conmigo – esa noche volvimos a dormir juntas y volvimos a amanecer abrazadas como cuando era chica.

Me preparé un bocadillo para el viaje y volví a Santiago. Mi vida no tenía nada de extraordinario, me eché un novio como para no andar sola que poco me duro, tuve lo necesario como para no pasarla mal, pero la verdad que me dediqué a estudiar, que para eso había ido. Me conseguí para atender en los días de turno en una de las farmacias de la ciudad, eran unos dineros que me ayudaban a darme ciertos gustos sin depender tanto de mis padres.

Seguía repartiendo mi tiempo entre ver a mis padres y volver a Burela. Cada vez que llegaba mi prima dejaba cualquier compromiso para estar conmigo.

 Por un lado, me alagaba, pero por otro me daba miedo lo demasiado bien que me estaba sintiendo en su compañía. Seguía acompañándome a dormir, y seguía amaneciendo abrazada. Para ella eso era normal, en su inocencia no veía malas intenciones, lo malo es que sin quererlo yo sí, las estaba sintiendo.

 Había tratado de evitarlas; una vez cuando vino a dormir le preparé otro cuarto para no sentirla tan cerca.

-Lili, te preparé la otra habitación, así sola estás más cómoda

- Si quisiera estar sola me quedaba en mi casa, y a mí no me incomoda dormir contigo – no le insistí más, sobretodo porque esa noche directamente se durmió abrazada a mí, y así pasó toda la noche.

Cada vez me tenía más pirada, volvía de allá y no podía dejar de pensar en ella; todas las semanas me hablaba y me mandaba mensajes, fotos, o lo que fuera, pero no me daba la más mínima oportunidad de olvidarla.

Seguía con la costumbre de venir a dormir conmigo, generalmente si no salíamos, cenábamos en su casa, y nos veníamos a ver unas películas a la mía antes de dormir. Nos sentábamos en el sofá y se despachurraba arriba mío hasta que nos acostábamos. Eso me hacía subir la presión hasta hacerme sudar de sitios, que estaba mal que sudaran por culpa de mi prima.

La iba llevando bastante bien, tenía mis cosillas para sacarme el gusto, y mal que mal la iba guardando en el sitio de las cosas imposibles, no porque fuera mujer (que en la Uni había un rato) pero era mi primita, la pequeña; que ya no la miraba como ni tan pequeña ni tan primita. Igual de solo pensar en lo que se podía armar en la familia si me liaba con ella, se me iba el entusiasmo. Sabía que mi prima me quería, pero era otro cariño, un cariño de hermana, familiar; bueno, yo también le tenía ese cariño, lo malo que el otro también se lo tenía, y no había forma de separarlos.

Cuando cumplió los diecisiete, la fiesta nada más fue para la familia. Una comida, la torta, a soplar las velas y luego de los brindis se vino para mi casa.

-Meli, ¿vemos una película que me dijeron que está muy buena? Nos cambiamos para dormir así cuando nos de sueño nos acostamos – quedamos así, me que fui a cambiar mientras ella la buscaba, volví y ya la había encontrado, la puso en pausa – mira alguna otra cosa que ahora vuelvo. Me había puesto un pijama que era con un pantaloncito corto, estuve esperando viendo cualquier tontería cuando apareció ella. se había puesto nada más que la camisola de un pijama semitransparente, abajo las bragas nada más.

- ¿No te vas a poner la parte de abajo?

- No, hace calor, y aquí solamente me vas a ver tú – tragué saliva, la iba a ver yo; la iba a tener que aguantar yo; en fin, es mi prima. Estaba sentada en la punta del sillón se aproximó y de golpe me abrió las piernas – déjame sentar aquí que hace mucho que no te disfruto – metió el culo entre mis piernas y se tiró para atrás.

- ¿Estás cómoda? – le pregunté con retintín

- Contigo siempre estoy cómoda – mientras frotaba el culo contra mi pubis para acomodarse y apoyarse contra mis senos, tiró la cabeza para atrás quedando pegada a mi cara, me estaba encomendando a todos los santos, cuando se gira un poco, y me dice.

- Qué duras tienes las tetas, así quisiera tenerlas yo, tan firmes, tan paradas, a lo mejor cuando crezca se me ponen como las tuyas.

- ¿Más firmes, más paradas de lo que las tienes? Lili, si son una preciosidad.

- ¡Pero que van a ser! – me desabrochó y me agarró una - ¡mira!¡mira! como se te ponen, todas duras, si da ganas de chuparlas – tenía ganas de decirle que si quería podía chupar, pero era mi prima – me llevó la mano hacia la suya - ¡ves! Que no es igual; huy…, se me están poniendo duras también.

- Y claro que se te van a poner duras si te las aprieto

- Tú las tenías duras antes que te las apretara

- Me las estabas apretando con la espalda, por eso estaban así.

- Ah, es cierto, mira cómo se me pusieron los pezones; se siente bien – se volvió a sentar apoyada contra mí – tenme agarrada así que me gusta mucho. Subió mis manos contra sus tetas y se refregaba cómo una gata contra las mías - ¿sabes? Tendríamos que ponernos más veces así, si quieres otra vez la que te apoyas eres tú y yo te agarro las tetas y veras que rico que sientes.

Esa noche merecía que me canonizaran, lo que me aguanté no era cosa de humanos, para colmo cada tanto giraba la cara y me daba un beso en el cuello, mientras me decía lo mucho que me quería.

No me quería mover; no porque quisiera aprovecharme, es que si me movía tenía miedo de correrme de la calentura que tenía, ¿cómo podía andar esta niña por este mundo? Me preguntaba.

Terminó la película sin poder enterarme de que iba, apagó la tele

-Acuéstate – me dijo – voy al baño y enseguida me acuesto yo también

- Vete tranquila que después voy yo – pasó un buen rato hasta que salió

- Ya está, anda que te espero

- Acuéstate, que enseguida te acompaño – lo único que me faltaba, que como estaba no me pudiera masturbar a gusto, y así lo hice, cuando salí todavía estaba despierta, me acosté y me le puse de espalda.

- ¡Ya sé! quieres que ahora te apriete las tetas yo – casi me tiro de la cama

- No, no, quiero dormir, estoy muy cansada del viaje

- Ay pobrecita, y yo que te hice quedar hasta tarde, ¿me perdonas?

- Bueno, tampoco es para tanto, sabes que me gusta estar contigo

- Este año termino el preparatorio así que el año que viene ya puedo ir a vivir contigo, podemos dormir siempre juntas.

- Claro, ahora a dormir – ella se dormía enseguida, la que siempre se quedaba desvelada era yo. El año que viene, como hacía para decirle que no podíamos vivir juntas, corría peligro, un angelito en el infierno, cuanto podía aguantar sin quemarla, cómo podía alguien acarrear tal grado de inocencia en un mundo como el que tenemos.

De ese viaje volví atacada de los nervios, no me la podía sacar de la cabeza. Y si hasta me parece que sentía en la mano la tersura de sus senos, la firmeza de sus pezones, la suavidad de sus manos al tocar los míos. ¡No! Me estaba volviendo loca, no me tocó los pezones con suavidad, ¡me los apretó! tampoco es la niña más linda del mundo como me hago la idea, hay un montón más linda que ella, lo que pasa que a las otras no las quiero, no estoy enamorada, y de Liliana sí; la quiero: estoy enamorada: y estoy caliente, justo de mi prima, la que no es prima, pero que para todo el mundo es mi prima.

La última vez que estuve, fue el acabose. Aparte de la sesión de película con magreada (que muy bien hubiese estado si fuera más que eso) a la mañana cuando me levanto, voy a ducharme, estaba en eso cuando abre la puerta.

-Ay, me meo, me meo, ¿no te importa verdad? Mientras se bajaba las bragas y se ponía a orinar, algo que no tenía nada de raro, si cuando terminara no se hubiera asomado en la ducha y mirándome - ¿te pelaste el coño? ¿es cómodo? ¡Qué lindo que te queda!

- Sí bueno, me gusta llevarlo así, es más higiénico.

- A lo mejor me pelo yo también

- Lili, no digas que te lo pelas, te lo depilas queda más bonito.

- Es igual, a ver, déjame tocarte, parece suavecito, que lindo, mira el mío, ya tengo bastantes pelitos, pero son finitos, fíjate toca, toca – los pelos eran finitos, finitos, las ganas que tenía de meterle mano eran gordas, gordas, pero era mi prima.

El camino de regreso volvía pensando. No, no podía venir a vivir conmigo, si venía a Santiago a estudiar no le podía decir que no, como iba a quedar con Andrea y con mis padres, éramos una familia muy unida y nos ayudamos siempre, (que es una de las razones que todos tuvieran farmacia) si hubiese estudiado medicina podía anotarme en médicos sin fronteras, pero farmacéuticas, no creo que agarraran.

Cuando me recibí, la farmacia donde cubría los turnos me contrató, por eso ya no necesitaba que mis padres me mandaran dinero, aunque igual tenía la tarjeta para cualquier eventualidad. Seguía estudiando diferentes posgrados, quería estar bien preparada, la idea mía era tener mi propia farmacia, pero por ahí, era en un sitio que no tuviera mucho apoyo, que en Madrid seguro que no. Eso, si me quería preparar bien, me llevaba como dos años más

El caso que, seguro que cuando Lili viniera, yo iba a estar, y Lili quería venir a vivir conmigo, y yo también quería, y no quería, menudo lio.

Seguía mandándome mensajes y contándome las cosas que le pasaban, que eran igual que a cualquier otra niña, aunque a la edad de ella a muchas ya le habían pasado unas cuantas cosas más.

 Yo no me podía quitar de la cabeza las hermosas tetas y el coñito con esos pelillos tan suaves, y que decir de ese culito bien desarrollado, pero sobretodo tan respingón, como poniéndole cara al mundo, bah cara o culo, pero respingón, los días que hablábamos era para decirnos tonterías, pero nada más escucharla valía para prenderme el mechero, después para apagarlo lo tenía que hacer a mano, a veces me daba ganas de buscarme alguno que me ayudara, pero era como si me contaminara el recuerdo.

Un día recibo un wasap; me corte el pelo. Me puse como loca, si tenía un cabello divino como coño se le ocurrió hacer tamaña barbaridad. Hablé con ella y le dije de todo.

-No te enfades, si ahora se usa y de verdad, me queda bonito, te voy a mandar una foto, vas a ver que me queda bien. – al rato me llega la foto al móvil, casi me muero. La cara no se le veía, pero sí el coñito sin ningún pelito arropado entre las dos piernas, era una belleza. Volví a llamarla

- ¡Lili! borra eso del móvil y no se lo mandes a nadie

- Ya te lo mandé a ti, ¿Así que no te gustó? ¡Ya sé! me queda mal

- No te queda mal y me gustó, pero no puedes andar mostrándole el coño a todo el mundo, ¿no lo habrás subido a las redes sociales?

- No, igual si no se me ve la cara, que te crees que me van a conocer por el coño.

- No, pero por ahí te roban el móvil o lo pierdes, y ahí ya van a saber de quién es, bórralo que te puede traer problemas, y no vuelvas a sacarte esas fotos.

De verdad que estaba enfadada, miraba la fotografía y que derecho tenía de mirarla otra que no sea yo. La metí en el ordenador y la edité, me salió hermosa, luego de sacar dos copias más para tener, las borré del móvil y del ordenador, yo las iba a guardar bien, igual solo yo sabía de quien eran.

Estaba empezando a sospechar que era medio masoquista, hablaba con ella mirando la foto, le preguntaba como al descuido si le había crecido el pelito (ya sabía cuál) y me daba los detalles de cómo le iba quedando, y todo con una candidez que me hacía estremecer. Después me masturbaba a mansalva

No sabía cómo me iba a arreglar, pero si venía tenía que venir conmigo, yo la iba a cuidar de los zorros y las lobas que había en la Uni, ¿de mí? No sé, que la cuidara Dios si tenía tiempo, solo sabía que no la podía dejar sola, con lo inocente que era, ¿sola? duraba menos que un pedo en la mano sin que me la desfondaran.

Cuando cumplió los dieciocho no pude ir, igual también fue una fiesta familiar, pero claro, pasaba a ser mayor de edad, podía disponer de un montón de cosas por ella. igual con lo inocente que era, creo que va a tardar un tiempo en poder soltarle la mano; bonito trabajo me espera.

Por fin llegué, bajé algunas cosas en mi casa y me fui a la de ella. Toqué el timbre y me abrió la puerta Andrea, nos saludamos y empezamos a conversar preguntándonos de nuestras cosas y demás, le pregunté por Liliana.

-Recién andaba por aquí, espera que le aviso; Lili vino Melisa ven a saludarla – siempre venía corriendo, ese día venía desganada.

- Ay que lindo que viniste, ¿estarás bien no? me alegro mucho, te dejo porque tengo la cabeza cómo un bombo – me dio un beso y se fue a su habitación.

- ¿Qué le pasa? – le pregunté a la madre - ¿está enferma?

- No mujer, está así porque no viniste a su cumpleaños

- Pero Andrea, no vine porque no pude, tu sabes que no es fácil conseguir trabajo y esos días me necesitaban.

- Ya lo sé Meli, pero ella lo sintió mucho, viste como es contigo, pero no te preocupes que ya se le pasara

- Es que me da rabia que se piense que no quise venir

- No te apures, ya se tiene que dar cuenta que no tienes que estar a su disposición; ah, me dijo que cuando se vaya a estudiar va a ir a vivir contigo.

- Sí, ya me dijo, allí no conoce a nadie por lo menos le voy a poder ayudar.

- Fíjate, si te complica la vida no le hagas caso, que igual se puede arreglar sola.

- ¡Andrea! Sola en Santiago con la jauría que hay, y ella como es, pobrecita.

- Oye que no es tonta, se tiene que acostumbrar a lo que hay como te acostumbraste tú, y yo, que también estudie allí.

- Es que cambio mucho de tu tiempo, yo en lo que pueda la voy a ayudar, ahora voy a ver si le hago pasar el enfado.

- Anda vete, ella es un pegote contigo, pero tú parece que si no se te pegotea no estás tranquila. – me llegué hasta la habitación, estaba la puerta entreabierta, creo que la dejó a propósito, pegué dos golpecitos y entre.

- A ver, dime que te pasa, ¿de verdad te duele la cabeza?

- ¡No! lo que me duele es que no hayas venido a mi cumpleaños

- Pero Lili, cariño, es que no pude venir, tenía trabajo y no podía dejarlo, sabes que por mí siempre lo pasaría contigo.

- Lo que pasa es que si tú no estás, es como si no cumpliera nada, y eran mis dieciocho.

- Bueno, Yo no estuve en tu cumpleaños y para ti es cómo si no los hubieses cumplido, podíamos agarrar una botella de cava, unos pinchos y algo dulce, y hacemos tu cumpleaños en casa nosotras dos, y los cumples hoy ¿qué te parece?

- Me parece de lo mejor, vamos a preparar todo que hoy sí, voy a cumplir los dieciocho – me abrazó con fuerza mientras besaba mis mejillas, le avisamos a Andrea lo que íbamos a hacer, y se echó a reír.

- Viste que te dije que se le pasaba, dejen que les preparo las cosas y no se vayan a emborrachar. 

- Bah total estamos cerca de la cama – con Lili salimos a comprar unas tortitas con crema que se comían solas; preparamos todo en la sala, quería que bailáramos como a los quince, decía que estos estando yo, eran más importantes, que era mayor de edad.

Preparamos todo y a eso de las diez de la noche empezamos por los pinchos y tomamos un poquito de vino, los habíamos puesto en la mesilla de la sala así que nos sentamos en el sillón dando cuenta de lo que había.

-Ahora que hacemos, ¿bailamos? ¿comemos los dulces? ¿o brindamos?  

- Como quieras – le dije – lo que sí, después del brindis si nos tomamos la botella de cava mejor que nos vamos a dormir.

- Ah. Entonces espera, bailamos y después nos ponemos como para dormir y así hacemos las cosas como nos parezca – en ese momento no me pareció para nada descabellado, pero es que no me imaginé como se iba a vestir para dormir.

- Lili, aquí no hay lugar para bailar el vals.

- No importa, ponemos algo lento, pero yo quiero bailar en mi cumpleaños – separamos un poco la mesita y empezamos a bailar, me apretaba haciendo que nuestras tetas tuvieran su propio baile, me habló al oído – sabes desde los quince años que no volví a bailar tan bien.

- Eres una mentirosa, bien que bailaras con los chicos en las fiestas del colegio.

- Si claro, en las fiestas del colegio jaja y justo con los chicos, déjame disfrutar de esto y no digas más tonterías porque te muerdo.

- Entonces me callo – seguimos bailando cada vez más apretadas – que te parece si comemos los dulces.

- Bien, pero entonces vamos a cambiarnos ahora, que se viene el brindis y hay que ver si después podemos – nos reímos y fuimos a vestirnos para dormir. Me metí en el baño para refrescarme, el baile me había dejado un poco excitada, cuando salí ya se había ido a la sala a preparar los dulces. Cuando la vi casi me da un infarto, desnuda estaría más vestida que así, tenía puesto la camisa de un pijama, pero no es que fuera transparente, es que debía tener aumento porque esas dos redondeces te apuntaban y parecía que te atacaban

- ¿Cómo me queda? Me lo puse para que me dijeras si estoy bien así – me senté mientras la miraba enajenada.

- Te queda muy bien, muy bonito – apenas podía balbucear, en mi interior se libraba la madre de las batallas entre el norte y el sur. El norte, eran mis neuronas que se debatían heroicamente contra las hormonas que las atacaban desde el sur, la lucha era cruenta. Yo, como toda persona bien pensante, alentaba al norte repitiendo, “es mi prima” “es mi prima” “es mi prima” y Lili alentaba a los del sur, diciéndome.

- Ah mira como me quedó el coño, que siempre me preguntabas si me lo seguía depilando – se bajó las braguitas y se acercó para que se lo viera, se separó los labios mostrándome ese camino rosado que discurría entre su capullito y la causa de mis deseos. Allí en el sur se estaba armando una revuelta, las neuronas retrocedían ante los que venían vociferando “no es tu prima” “no es tu prima”.

- Sí, está precioso, pero que te parece si comemos las masas – era la estrategia para calmar a la chusma que venía trepando hacía mi cerebro.

- Espera, vamos a brindar, porque todos mis cumpleaños los pueda festejar contigo, aunque no sea el mismo día – hicimos el chinchín y yo me lo tomé de un golpe, agarró una masa con abundante crema y se sentó a caballo sobre mis piernas, me preguntó - ¿te gusta esta? – ¡sí! contesté – ah… pero esta también me gusta a mí.

- Pues cómetela tú, yo me como otra.

- ¡No, no, no! si te gusta esta, vas a comer de esta, no sé cuánto; a ver ten con los labios desde la mitad, así – me la puso en la boca para que la sostuviera dejando un buen pedazo afuera – ahora come y a ver si es la mitad o no es la mitad – se metió la otra parte quedando nuestros labios pegados, la crema se nos esparcía a medida que íbamos comiendo, sin querer nos estábamos dando unos besos con crema, que era puro alimento a las huestes hormonales que tenían sitiadas a las pobres neuronas, que ya ni tenían fuerzas para gritar, “es tu prima”. Separó los labios y se quedó riendo,

- Tienes unos bigotes muy cremosos, deja que te los saco – me pasaba la lengua por los labios, yo ya estaba en trance, hacía lo que me decía sin pensar – A ver, ábrelos un poquito – los abrí y me metió la lengua adentro, me repasó todos los labios

– Tramposa te habías comido toda la crema – puso la cabeza sobre mi hombro mientras me decía - ¿Sabes? Este es el cumpleaños más lindo, es aún mejor que el de los quince y gracias a ti – mis manos apoyadas en su cintura iban perdiendo las fuerzas y se cayeron hasta su culo, ni se dio cuenta, por Dios cómo podía ser tan inocente; me respiraba en el cuello y pasaba los labios sobre él, ya no podía más. creo que mis neuronas para no ser damnificadas se habían unido con las hormonas, porque cuando quise pensar; “es mi prima”, “es inocente”, solo se perdió en el silencio y se me desconectó el cerebro, sin darme cuenta, cada vez apretaba más ese culo y ni siquiera se molestaba, se separó un poco para hablarme.

-Meli ¿Qué te pasa, estás sudando? ¿qué es lo que quieres comer ahora?

- Tu coño. – ahora ya no sentía esa lucha; la almeja y el cerebro unidos

- ¡Que! ¿Qué me dices? – los ojos abiertos, asombrados, tendrían que haberme traído a la realidad, pero ya las decisiones se tomaban en los entresijos cobijados por mis bragas.

- El coño te quiero comer – se salió de arriba mío y se sentó sobre la mesilla

- Ayyy, mira lo que me dices, le voy a contar a mi mamá.

- ¿Y te dará permiso? – era indudable que no hablaba yo, estaba poseída por los más bajos instintos, o por los instintos que me venían de más abajo, se levantó llorando y se fue corriendo a la habitación.

Continuará


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