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Fecha: 08-Sep-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Me llamo Ana (1 parte)

tikitiki4
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Me llamo Ana,

Me llamo Ana y esta historia que voy a contar, ocurrió inesperadamente, en una época de mi vida en la que lo necesitaba y cambió mi vida como nunca hubiese pensado.

 Soy directora de una gran empresa, lo que ha hecho que tuviese que dedicarle muchas horas de trabajo para llegar hasta donde estoy y como consecuencia, me costó la separación de mi marido y casi no conocer a la persona con la convivo, mi hijo, que ahora tiene casi 18 años.

 Soy una mujer de 41 años, 1,70 pelo castaño natural, blanquita de piel y bien formada físicamente.

Todos los días, tengo la misma rutina, me levanto a las 7, desayuno un café mientras escucho las noticias en mi casa y salgo para la oficina.

A medio día, como algo de ensalada en la oficina mientras trabajo y cuando salgo voy directo al gimnasio que hay junto a mi edificio. Hago 1 hora de tonificación y me vuelvo a mi casa donde me ducho y cambio tranquilamente sin ojos indiscretos…

Me gusta ponerme mi pijama para estar cómoda en mi habitación y repaso los números mientras tomo algún zumo, con la tele de fondo. Normalmente noticias o alguna película que me ayude a quedarme dormida hasta el día siguiente.

Mi hijo suele llegar tarde. Tiene clases, luego suele irse a estudiar a casa de algún compañero y termina el día en el gimnasio. Cuando llega, hay veces que saluda desde la entrada y se dirige directamente a su cuarto.

Sé que soy responsable de nuestra situación, pero es algo que ya no puedo evitar. Mi marido ha rehecho su vida y no creo que quiera volver a la anterior y la confianza con mi hijo es cada vez menor.

El pasado día y por lo que me he decidido a contar esta historia, ocurrió algo que me hizo sentirme diferente y que dio paso a una serie de circunstancias de la que no puedo olvidarme.

Como cada día salí de mi casa después de haberme tomado mi café.

Saludé a nuestro portero:

-          Buenos días Juan

-          Buenos días. Hoy hace un excelente día.

-          Precioso (para meterme en la oficina y no salir de allí… “pensé”)

Al llegar a mi trabajo la misma rutina de todos los días…

-          Buenos días Luis

-          Buenos días

-          Buenos días chicas

-          Buenos días Ana

-          Buenos días Sergio

-          Buenos días…

Todos me saludan y apartan la mirada rápido de nuestro camino y continúan con su trabajo para darme a entender que son muy trabajadores…. menos uno. Hoy ha comenzado un chico nuevo que se dirige a mí con los ojos muy abiertos y con papeles en la mano.

Mientras se acerca, me realiza un escaneo desde la punta de los zapatos de tacón que llevo, subiendo por mis piernas, parando en mis caderas y finalizando en mi pequeño escote.

No puedo evitar sentirme alagada y a la vez intrigada por ese chico.

-          Buenos días

-          Buenos días

-          Me llamo Alberto, vengo a traerle unos documentos de parte del señor Dominguez.

-          Muy bien. Muchas gracias. Dígale que los repasaré y que se los haré llegar lo antes posible.

-          Muy bien.

 Sí… toda la mañana estuve pensando en ese chico. No tendría más de 20 años. Esa mirada recorriendo mi cuerpo, hizo que me preguntara si todavía soy joven, si todavía alguien puede fijarse en mí como mujer y sobre todo, alguien tan joven como aquél muchacho.

Cuando llegué a casa, fui directamente al baño, me duché, y me puse delante del espejo desnuda aplicándome mi crema diaria, pero de forma un poco más especial.

Mis manos recorrían más lentamente mi cuerpo que las veces anteriores, comenzando por mis piernas de piel muy fina y suave, subiendo por mis caderas anchas, mis glúteos aún duros, mi vientre plano y terminando con mis pechos. Si… aún están en su sitio, no demasiado caidos y grandes proporcionalmente a mi altura… no está nada mal pensé… y por supuesto, no tengo a nadie más que me lo diga, así que… quién mejor que yo.

Esa noche me puse un camisón cortito con una ropa interior sexi.

Quería sentirme así, nada más, aunque mi cabeza no paraba de recordar lo bien que me sentó la mirada de ese chico recorriendo mi cuerpo.

Casi sin darme cuenta, mi mano se deslizó hacia abajo, acariciando por encima de mi braguilla mis partes intimas, esa zona que tanto tiempo llevo sin recordar, pero un portazo hizo que me bajara de mi nube y que me incorporase en mi cama.

-          Holaaaa

-          Hola cariño, como estas???

-          Bien, voy a ducharme y a comer un poco.

-          Vale. Encima de la mesa te dejé algo de fruta.

-          Graciasss

Al rato de estar leyendo en mi cama, apareció mi hijo. Cada día está más alto, más guapo, hecho ya un hombre.

-          Hola cariño

-          Hola. Que haces…

-          Estoy repasando unos datos para mañana.

-          Puedo quedarme un rato a ver la tele contigo???

-          Claro que sí. Me encantaría.

-          Qué vemos???

-          Lo que quieras… el mando es tuyo.

Hoy era una de esas noches en la que no había mucha variedad, así que paró en una película que al principio no parecía muy interesante pero que después si lo fue, a la vez que un poco subida de tono...

Casi sin querer, miraba por encima de las hojas que tenía en la mano, aquella película que cada vez se hacía más interesante y a la vez provocadora.

En una escena aparecían dos jóvenes que estaban descubriendo el sexo y aunque se suponía que era la primera vez… estaban muy avanzados.

No pude evitar mirar a mi hijo que no quitaba la mirada de la televisión, que podía decirle… era ya un adolescente y con ese cuerpo no creo que fuese virgen ni que tuviera ningún problema con las chicas, cuando al mirar para abajo, vi que tenía una erección enorme.

-          Luissss qué es esoooo…

-          Qué pasa mama???

-          Jajaja ¡¡¡es enorme!!!  “Déjame verla”

-          Que dices mama…NOOOO

-          Andaaa hijo mio… que bien dotado, ¡¡¡ me recuerdas a alguien…!!! Déjame verla por favor…

-          NOOO… es normal como la de todos los chicos.

-          Hijo mio. No creo que tus amigos tengan eso que tienes tú ahí.

-          De verdad mama. Es normal.

-          Bueno, entonces dejame verla… ( su erección no bajaba y con un cojín intentaba ocultarla )

-          Mama… me da vergüenza… lo entiendes no??? Además hay mucha luz.

-          …..está bien… entonces apago las luces y dejo sólo la luz que entra por la ventana.

-          ¡¡¡está bien!!!

En ese momento, me levanté y apagué las luces de las  lámparas que había repartidas y encendidas por mi cuarto. Cuando me dirigí a la ventana para abrir un poco las cortinas para que entrase la luz de la calle, ví como mi hijo, se bajaba el pantalón del pijama quedando totalmente desnudo en mi cama y tapándose con una sábana.

Una sonrisa pícara se dibujó en mi cara sin poder evitarlo.

Antes de volver a la cama, noté como una de las tirantas de mi camisón bajaba por mi hombro. Sin darle importancia y sin llevarla a su sitio, me fui directa a mi lado de la cama apoyándome con las rodillas.

-          Ya estoy aquí.

Mi Hijo estaba apoyado en el respaldo de la cama con su torso desnudo e intentando disimular su gran erección con las sabanas de mi cama.

A pocos centímetros de su cara me encontraba yo, con una sonrisa en la cara, de rodillas apoyada, con un camisón blanco y nerviosa a la vez que intrigada por la excitación de la situación 

-          A ver… que vea esa cosa para darte mi opinión si es normal o no es normal…

-          Te aseguro que es de lo más normal mama.

-          Bueno, con esta penumbra no es que vea mucho… pero lo intentaré…

En ese momento, tiré de la sábana muy despacio para que fuera destapando desde los pies hacia arriba, dejando lo mejor para el final.

Puse mi mano en su rodilla y fui subiendo poco a poco por esas piernas depiladas y fuertes del gimnasio.

-          A ver si la encuentro.  Está por aquí arriba verdad??

-          Sí, un poco más arriba,

Mis manos pasaron por sus muslos y se dirigieron lentamente hasta sus testículos, rozándolos suavemente con la punta de mis dedos hasta llegar al tronco de su pene.

-          Si creo que por aquí está,

Mi hijo, echó la cabeza hacia atrás, mientras con mucha suavidad, agarré el tronco de su pene y lo atraje hacia mí.

-          Sigo pensando, que no es muy normal….

-          Te aseguro que siii ( me contesto con la voz muy tenue)

Instintivamente subí mi mano por su tronco hasta llegar a la punta de su pene, al mirarlo a los ojos, vi como con sus dulces ojos, miraba mi pecho que casi estaba fuera del camisón y mis pezones que se marcaban en mi ropa y no pude evitar morderme el labio y sentir mucha excitación.

Dirigí mi mano izquierda hasta su hombro sin soltar el tronco de su pene que ahora apretaba y bajaba muy lentamente.

Su mano derecha emprendió el camino por mi pierna hasta agarrar mi cadera por debajo de mi camisón, cuando sentí un suspiro.

-          Aaahhhh

 Su cuerpo se estremeció y un chorro de esperma saltó sobre su pecho y mi mano que instintivamente dejé inmóvil.

A los dos segundos y sin saber muy bien que hacer, subí mi mano por su pene apretando y estrujando para intentar sacar hasta la última gota.

Su mano en mi cadera que ahora apretaba y el calor de su pene en la mia hizo que por unos segundos perdiera la conciencia.

Con los ojos cerrados y pasados esos segundos solté el miembro aún erecto de mi hijo y alargué la mano para alcanzar el pantalón de su pijama, y sin decir ninguna palabra, limpiar el semen del pecho de mi hijo.

-          Estas bien??

-          Siii (casi susurrando)

-          Voy a lavarme un poco.

En ese momento me levanté en dirección al cuarto de baño y al llegar a la puerta, vi como mi hijo se levantaba y se marchaba en dirección a su cuarto.

-          Espera, estas bien??

En el camino hacia su cuarto, agarré su pijama que estaba encima de mi cama giré por el pasillo y me paré en el umbral de la puerta de su habitación.

-          Como te encuentras???

-          Bien mama, necesito descansar.

-          Esta bien. Mañana hablamos.

De camino al baño de mi habitación, no me di cuenta de que entre mis manos, llevaba aún el pijama de mi hijo manchado con su semen.

Cerré la puerta del baño, abrí el grifo y mientras que esperaba que saliese caliente, agarré con las dos manos aquel pijama buscando los restos de semen. Allí estaba, cerré los ojos mientras el vapor del agua caliente empañaba los cristales y olí aquellos restos…. ¡¡¡Cuánto tiempo!!! Sin pensarlo abrí mi boca saqué mi lengua y lamí el pijama… ummm ese olor y ese sabor me hizo estremecer, cogí restos con mis dedos dejando caer aquella prenda, y me los introduje en la boca.

La otra mano fue bajando lentamente hasta introducirse por la parte superior de mi braguita… ummm…. está húmedo, comencé a frotarme y a introducir la punta de mis dedos.

Ooooohhhh que sensación…. el vapor empañando el cristal donde me veía reflejada, el sabor a semen en mi boca, la punta de mis dedos acariciándome el clítoris y en mi cabeza, el pensamiento de esa polla entre mis manos… no tuve que esperar mucho tiempo para tener un maravilloso y tan olvidado orgasmo…

Continuará….


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