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Fecha: 08-Sep-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mis profes favoritos y Papá. (Parte 3)

TrovoDecimo
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Las armas de seducción afloraron de manera innata en mí, frente al macho de casa. La experiencia trabajándome a Alberto, después de haberme tirado a Fernando y Mauro en el curso anterior me daba mucha solera con los maduros.... Pero mi verdadero objetivo era ser ¡Follada y Preñada por mi padre! Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

De las diferentes sesiones de sexo continuado que tuvimos Alberto y yo hasta casi final de curso, una de sus cuantiosas corridas me dejaron un recuerdo imborrable por el susto de mi retraso, estremecida le conté una aventura inventada en una fiesta de fin de curso en la que se me fue la mano con el alcohol e hice una tontería acostándome con un chico del instituto de uno de los ciclos formativos y en el asiento trasero de su coche nos dimos un revolcón…. Aquello saltó las alertas de mi padre de que ya no era una niña. Esa misma tarde compró un test de embarazo…resultó negativo pero gané algo muy positivo, la compresión de mi padre y dedicar más tiempo a su hija…, especialmente los fines de semana…, también me ayudé de una amenaza que no pensaba cumplir, cuando a mis 12 años lo pillé follándose a mi prima Gabriela dos años mayor que yo. Hola, soy Victoria, Vicky para los amigos y familiares, tengo 19 años y les estoy contando la parte más importante de mi vida. Todo comenzó en mi pubertad, a los 13 años empecé a ver a mi padre más de lo que es, mi padre…, lo empezaba a ver como un amigo y como hombre, pero no fue hasta los 16 años cuando todo se desbocó entre nosotros dos…, entre tanto tuve mis experiencias, siempre con hombres mayores de confianza que se parecieran a mi padre y pudiera sacar provecho de ellos, dígase de paso.

Mis padres se casaron siendo jóvenes, y con 23 ya me tenían en brazos, pero hace más de cinco años que mi madre nos dejó por una enfermedad grave y mi padre nunca más se casó, tuvo novias pero no cuajaron, yo creo que todo esto se debe a que mi padre siempre fue muy cercano a mí, me daba la confianza necesaria para contarle cosas privadas sin temor a casi nada, y digo casi nada porque cuando ya sentía más que el amor paterno-filial, sentía mariposas estando junto a él…, le confesé estar enamorada de alguien, y éste al preguntarme el quien, no le respondí, solo le dije que era inalcanzable para mí y que no quería decírselo…, por entonces ya contaba con 16 años en 4º de la ESO, en el instituto ya no estaban ninguno de los tres amantes que tuve en secundaria, pero pronto descubriría que tampoco me harían falta. Tras el susto y confesión de mi retraso menstrual a mi padre nos habíamos unido mucho más y las armas de seducción afloraron de manera innata en mí, frente al macho de casa, la experiencia trabajándome a Alberto y haberme tirado a Fernando y Mauro en el curso anterior me daba mucha solera con los maduros…. Vamos a dicha edad yo ya sabía hacer cualquier cosa en el sexo, cierto que desde hacía poco, pues no pasaban más de 15 meses desde que perdí mi virginidad con mi profe Fernando, aprender mucho más con Mauro… y consolidar lo aprendido con Alberto, entre uno y otro, me daba mis propios momentos íntimos pensando en mi padre con cualquier dispositivo fálico que encontrase por casa.

Papá siempre fue muy apuesto, ya que hacía deporte el fin de semana. Pese a todo nuestra relación era un tanto distante debido a su empleo…, el trabajo de más de diez horas nos impedía estar más tiempo juntos, así que para verlo tenía que esperar a altas horas de la noche para estar un poco con él unas pocas horas antes de dormir…, pero a pesar de la distancia temporal, nos fuimos uniendo más, dado que solo nos teníamos a nosotros y esas horas eran muy intensas desde este verano que confesé no ser virgen y andar por ahí con chicos…. Los fines de semana libres solíamos ir de paseo a la playa o al campo, de cines, o simplemente ver pelis en casa muy juntitos arropados en el sofá o la cama…, hablamos de nosotros y de lo ocurrido durante la  durante la semana, y sobre todo reírnos, reírnos mucho. Esos días de asueto eran para mí el paraíso al estar junto a él. Me enseñaba cosas de la vida, todo aquello que los profes del instituto se saltaban por no ser importantes…me di cuenta que el mejor profesor hasta ese día era mi padre… El jueves siguiente a mi 16 cumpleaños, me llama mi padre para decirme que para celebrarlo, debido a que no pudo asistir, el viernes llevara ropa especial para cenar en el restaurante que tanto me gusta. Así fue que preparé mis cosas el viernes a la mañana, y me pase el resto del día impaciente. Al llegar me duché a conciencia, y me coloqué un vestido azul de una pieza sin mangas, con un poco de escote y media espalda, y abajo a medio muslo…, ajustado. Como no quería que se notara mi ropa interior me coloqué un tanga de encajes negro muy fino, y sin sujetador. En la cena estuvimos hablando de todo, bebimos vino… bueno mi padre, yo solo bebí un par de copas de espumoso, y como quería beber un poco más, nos marchamos a casa…cuando estoy en casa con mi padre bebo un poco de alcohol con el permiso de él, de manera más moderada…, pero esta vez sería distinto, ya que por celebrar mis diecisiete primaveras,  al llegar al piso, mi padre preparo unos gin-tonics y seguimos hablando sentados al sofá. Así sentados me surge la curiosidad, y con un poco de ayuda del alcohol…

Le pregunto… -“¡¿Cómo los haces para… mmm, ya sabes?!” Aprovechando la mezcla de confianza y alcohol.

-“¿A qué te refieres?”

-“Pues ya sabes, a si hay alguna chica en tus ratos libres”.

-“¡¡ ¿Alguna mujer?!! No hija, solo tengo cabeza para atender a una mujercita”. Roja de la vergüenza sin saber que decir, solo atiné a acercarme más a él, a aferrarme a su brazo. Y el continúa añadiendo…

-“Tú me haces muy feliz, me acompañas y me has dado más de lo que crees, contigo es como si estuviese con cientos de mujeres a la vez”.

-“¡¡Pero papa conmigo no tienes sexo!!” Le dije risueña.

-“¡Ah! Si te refieres a eso, pues mira, no hay ninguna, aunque a veces se echa en falta un buen meneo que te alegre el cuerpo…”.

-“¡¡Pobrecito mi papaíto bonito que no tiene con quien desahogarse!!”

Le digo riendo mientras lo colmo de besitos de esos juguetones por toda la cara. Y como podrán saber a estas alturas de la noche el efecto del alcohol ya se hacía más que evidente…, y en uno de esos besos termino en un fortuito beso en sus labios, ante esto nos separamos para ver nuestras caras unos instantes como procesando lo sucedido. Sin el menor recato volvimos a acercarnos para darnos otro tierno beso un poco más largo, sin lengua en un principio. Los besos fueron cada vez a más en intensidad, que pasaron de ser tímidos a ser con lengua y cada vez más cargados de lujuria. Mientras nuestras manos no paraban quietas, tocándonos por sobre nuestras ropas. De pronto sus manos pasaron a tocar mis muslos cubiertos por mi vestido, y subir hasta llegar a la parte alta de los mismos…, mientras que con la otra mano me acariciaba la cara y sujetaba mi cuello. Así mismo yo le abría la camisa y me encontraba acariciando su pecho casi uniforme en planitud con su barriga. En un momento dado me subo a horcajadas sobre él mientras le sigo besando, a la vez que me comienza a acariciar el culo con una mano casi directamente, ya que en esa posición se me había subido el vestido por encima de la cintura quedando a modo de cinturón dejando el culo al aire solo cubierto por mis braguitas de encajes…, mientras que con la otra mano comienza a desabrochar mi vestido por la cremallera de detrás del mismo.

Estando en esta posición podía sentir como mi padre comenzaba a tener una erección fantástica, con la cual podía intuir un buen cipote del que disfrutar de aquel macho, era tan duro y majestuoso que se sentía a través de su pantalón y mis bragas. El badajo dejaba notar hasta el muslo de mi progenitor, aquella debía de ser una polla de caballo…. Ya una de sus manos me tocaba libremente mi trasero por debajo de mi ropa interior, pasando sus dedos por mi ano y la entrada de mi vagina, y la otra ya me había liberado de la parte superior del vestido. Lo ayudaba a desprenderme del mismo dejando mis tetas al aire, a placer de su vista…, como un glotón se lanzó sin tardar en cubrirlas con su boca y lengua, mientras yo gemía resoplando de placer ¡La lujuria se apoderaba de nuestros cuerpos de forma acelerada e incontenible! De esta manera estuvimos hasta que me puse en pie delante de él para bajarme el vestido y las bragas, las cuales mostraba la más que una evidente humedad cuantiosa de mi chochito ardiente, mientras él me miraba embobado como si nunca hubiese visto a una mujer desnuda, su necesidad era más que evidente y necesaria, así es que me agaché entre sus piernas, le desabroché el pantalón con toda la soltura que los nervios me disponían, y metiendo mi mano saqué su polla a duras penas por lo mazacote que era, por fin disponía del pollón que me engendró, esa verga que tantas veces me había imaginado como sería, pero ahora la tenía frente a mí real, viva y tiesa cual garrote.

La polla, o mejor decir el pollón de mi madre se percibía grande con muchas venas, se veía muy apetecible, me parecía una polla preciosa en su anatomía con una curva perfecta y con un glande brillante con el prepucio remangado, en donde se diferenciaba el color de la punta de color rosado y el resto del tronco hasta los huevos de piel oscura. Estos huevos que le colgaban también me impresionaron sobremanera, debían de ser de un tamaño similar a dos brevas, por la forma y lo negros que los tenía, eso sí, casi sin pelo, todo ello me animaban a sobárselos y hasta lamerlos. Excitada como estaba y sin pensar quien era el dueño de semejantes genitales, sin más lo cogí por la base y comencé a lamerlo de abajo hacia arriba, para acabar metiéndomelo por completo en la boca dando lo mejor de mí. Ya había aprendido a no tener arcadas cuando el capullo me atoraba al galillo gracias a Fernando y Mauro, mi experiencia debía de asombrar a mi padre… pero más que enfadarse con ello, parecía que se alegraba de ser buena felatriz. Le comía el glande lengüeteando su orificio por donde un día expelió la leche que me engendró, viendo en su cara la satisfacción del hecho, después bajaba lamiendo todo el interminable tronco venoso hasta llegar a sus ciclópeos huevos que lamía y me tragaba uno a uno cual caramelos, haciéndolo con succiones nada dolorosas para su placer.

Una vez me entretenía en sus pelotas ensalivándolas a conciencia, volvía tronco arriba a engullirme todo el falo paterno en una mamada frenética de puro desgaste…, le daba tan rápido y presionando con mis labios que le iba a sacar brillo especular…. Lamía, chupaba y succionaba el gran trozo de carne trémula de mi padre tratando de meter ese sabroso trozo ardiente que parecía un volcán a punto de hacer erupción en lo más profundo de mi garganta… ¡Qué lástima que mi padre halla desperdiciado tanto tiempo con tan buena verga! Y mientras terminaba de pensar aquello, mi padre me coge la cabeza con sus manos realizando unos rápidos y seguidos movimiento de cópula signo identificativo de su inminente corrida, me dejo hacer esperando su venida justo cuando comienza a eyacular prácticamente en mi garganta, casi obligándome a tragar su abundante corrida, cosa que hice gustosamente una vez atorada de lefa espesa. Aquella leche debía de llevar mucho tiempo expectante en sus gónadas, pues no solo era copioso, sino que su sabor intenso denotaba la carga de testosterona que llevaba. Cuando hubo acabado, y yo terminado de limpiar su polla…, se levanta y sin mediar palabra me coge en volandas, yo con las piernas entrelazadas a su cintura y aferrada a su cuello besándonos sin importarle que le transfiriera el sabor de su propio semen.

Me lleva por el piso de esta manera hasta la habitación, donde me deja en la cama con mi cintura al ras del borde, con mis piernas abierta, completamente despatarrada…, y sin decir nada, se sumerge en mi vagina primero lamiendo mis labios vaginales, separándolos con su lengua para llegar a mi clítoris, lamiéndolo, succionándolo, y estimulando la entrada del coño y mi ano con sus dedos. Yo me sentía en la gloria, me estaba llegando al precipicio de la locura… ¡No hacía más que gemir! resoplar de placer. Con semejante comida de conejo no tarde en correrme como una posesa haciéndole saber mi venida con mis dedos enredados en sus cabellos y con un sonoro grito ahogado. Eyaculé unos chorritos de flujo vaginal que mi padre no reparó en tragarse sin el menor menoscabo de su masculinidad, más bien el cipote me pareció mucho más hermoso desde esa perspectiva de sometimiento femenino, la sumisión natural de toda hembra a su macho instantes antes de la cópula. Así despatarrada, recién tenido la corrida orgásmica de mi vida, plenamente atolondrada por la dopamina, y no habiendo acabado todo en ese momento, mi padre se pone encima de mí mientras nos desplazamos más al centro de la cama, a la par de que nos besamos degustando nuestros sabores íntimos. En ese momento siento su rabo inhiesto otra vez pidiendo más guerra…, de manera natural debido a su rigidez y mi posición buscando el acoplamiento con sus genitales, su gran nabo queda colocado en la entrada de mi coño. Con un suave vaivén de cadera me comienza a introducir su glande pero se detiene y me mira a los ojos como pidiendo mi aprobación, a lo que le digo…

-“¡Adelante papi, fóllame, lo estoy deseando, hazme el amor y conviérteme en tu mujer!”

Y una vez dicho esto empezó a penetrarme lentamente y sin pausa sin detenerse hasta que no pudo entrar más, sentía como se habría paso a través de mi vagina expandiendo mis paredes, abriéndome la entrañas sentía como me llenaba el coño de su carne, mi corazón de gozo y mi ánimo de esperanza de amarlo para siempre. No era solo un sentimiento carnal si no más allá… en el alma. Cuando todo el trozo de pollón queda alojado en mi chocho hasta el mismo vientre, noto como sus pelotas quedan atrapadas entre su entrepierna y mis labios vaginales, firmemente presionados, así espera unos segundos disfrutando de la incursión dejando que mi útero se acomode al mostrenco de su falo…, pero en ese momento mi padre empieza a moverse, se movía de manera lenta pero con fuerza hincando el ariete en mi estómago, ¡¡Ambos disfrutando de cada envite!!  Así estuvimos largo rato, hasta que cambiamos de posición para colocarme sobre él… de esta manera podía cabalgarlo a mi ritmo…, de esta manera podía introducir su cipote a conciencia masajeándole las tremendas pelotas que aun llevaban buena parte de su carga seminal. Me dejaba caer sobre sus huevos duros empalándome todo el tronco, así lo podía sentir en lo más profundo de mí, sintiendo un molesto tope en el interior de mi coño pero a la vez era una placentera molestia al golpear en la pared vaginal y más allá. Mis días de natación me daban una fortaleza en la piernas que hacía que la follada fluyera enérgica y placentera a un ritmo delirante…, subía y bajaba sobre ese vergazo, ese pollón que me estaba dando un placer sin igual, lo hacía como haciendo sentadillas para luego con el bálano totalmente en mi interior hacer círculos con mis caderas, para combinar con movimientos de adelante hacia atrás. Debía pensar que su hija era una autentica zorra, una puta hecha y derecha por lo bien que se lo estaba follando, pero ya daba igual, o lo hacía bien o no lo hacías…. Después de estar en esta posición volvimos a cambiarnos para volver a como el principio….

… Y luego de unos minutos sin parar de meter sacar me sentía el coño ardiendo del roce tan bestial que su grosor me proporcionaba en mi coño…, estaba punto de correrme, mi padre me comienza a decir que estaba a punto de correrse también, no hacía falta que lo comunicara verbalmente, su cuerpo no evidenciaba…, a lo que le dije casi implorando entre jadeos…

-“¡Yo también papá! ¡¡Córrete conmigo, corrámonos juntos!!”

-“¡¡Mi niña me corro!!”

-“¡Córrete conmigo… córrete dentro de mi amor mío!”

-“¡¡Pero… mi vida puedo preñarte…!”

-“No te preocupes papi… hazlo. No me vas a dejar preñada…, Y si ocurre no me importa darte un hijo…”,le dije mientras enredaba mis piernas en su espalda.

A lo que mi padre y yo nos corrimos casi al unísono, siendo él el primero, y yo segunda sintiendo como se corría dentro de mi interior, llenando cada rincón de mi ser. Percibí cada chorro de leche inundar mis entrañas, sus jadeos, sus convulsiones dentro de mi coño se hacían sentir entre mis sensibles paredes vaginales…, aquella dureza expeliendo semejante cantidad de leche en los más hondo de mi útero me rehacía como mujer y hembra, como ser engendrador de vida… como lo que somos las mujeres, las engendradoras de la civilización humana, un germen que mi propio padre me estaba regando con su fértil semilla viril. Al sentir los lechazos atorarme, me provocaron la explosión de mi orgasmo, unos de los mejores, teniendo el badajo de papá en mis entrañas eyaculando sin parar. Una vez acabado tras un minuto de tensión orgásmica, y ambos reponiendo un poco el aliento y con mi padre aún sobre mí sintiendo su peso, su aliento en mi cuello y su masculino olor a macho…, levanta su cabeza para mirarme con los ojos más brillantes de lo usual y me dice…

-“¡Te quiero mi hermosa niña, pero…!” Entonces es cuando le interrumpo…

-“Tranquilo papá, te amo y siempre te he amado…no tienes que disculparte de nada, ni decir nada más. Ahora tengo tu semen dentro de mí como tanto había deseado…”, entonces él me dice…

-“Yo también estuve esperando este momento desde hace tiempo, llevaba meses o años que sentía algo especial por ti pero no estaba seguro de lo que era y si lo estaba…”.

-“shhh, tranquilo papá ya está”, le interrumpo y le beso con un beso tierno y cargado de amor por parte de ambos.

Un instante después se quita de encima de mí para ir al baño a asearse, percibo como su rabo aún engrandecido se iba desalojando de su ajustada funda, y la que ahora sería su morada por los tiempos. Y mientras estaba de camino al baño, noto escurrir el esperma sobrante de mi padre por entre mis piernas, las mismas que me temblaban por lo sucedido.

Ya en la cama, al acostarme con mi padre, éste me abraza por detrás y así quedarnos dormidos hasta el sábado como a eso del mediodía. A partir de ese momento cada fin de semana era para mí, el no va más, dado que durante los días laborables el pobre llegaba agotado del trabajo, pero los fines de semana me lo tiraba sin pensármelo dos veces… su fortaleza me la hacía sentir en cada embate. Comenzamos a comportarnos como una pareja…, íbamos a todos lados de la mano y dándonos evidentes señales de afecto, como si fuésemos niños. En casa las cosas se colmaban llegando a extremos donde nunca pensé se podría llegar con un padre en cuestiones de sexo…llegando a experimentar el sexo anal satisfactoriamente. Todo siguió así hasta que una discusión con mi padre acabó con el sueño…, terminó marchándome a casa de una amiga un par de días… La reconciliación con unos pendientes de oro y un viaje a los pirineos acabó por consolidarnos como una pareja cualquiera que salvo la evidente diferencia de edad, no difería de cualquier otra. En ese tiempo mi padre pidió un traslado en su empleo a otra delegación lo más alejada de la que estaba, para aprovechar de irnos juntos sin temor a encontrarnos con ningún conocido que pudiese hablar mal.

Una vez que nos establecimos en nuestro nuevo hogar, y pasados un par de meses…. decidimos materializar, con mucha ilusión, nuestro amor formando una familia con un hijo, solo que él no lo esperaba tan pronto, solo pensaba en ello a futuro. Después de unos meses, en los que cada vez que teníamos sexo terminaba colmando mi útero de su semilla…, cada encuentro se me hizo más excitante que el anterior por el hecho de traer al mundo un niño producto de nuestro amor, mi padre prácticamente acababa siempre dentro de mí, y al final dio su fruto… ¡íbamos a ser padres! Con mucha alegría e ilusión por mi parte y un sobresalto por el suyo. No obstante el sexo no disminuyó en lo más mínimo, y fue realmente excitante ver crecer mi barriga en conjunto con mis tetas y pezones…, aparte de ser muy morboso el hecho de ver cómo se mueven en pleno acto sexual, que a medida que avanzaba mi estado de gestación, me sentía más caliente y con más ganas de follar, me mojaba con poco de estímulo que recibía y mis orgasmos eran más profundos y prolongados, lo que hacía que nuestros encuentros fueran muy fogosos. En fin, tuvimos sexo hasta casi los 8 meses y medio, tiempo que por precaución dejamos de practicar la penetración vaginal, y pasamos a practicar completamente el sexo oral y sobre todo el sexo anal. Al salir de cuentas, tuvimos un hermoso y sano niño, el cual fue la complementación perfecta de mi persona…, ahora si me podía sentir y decir que estaba completa….

Continúa...


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