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Fecha: 07-Ago-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Marisa

QUIQUE
Accesos: 51.515
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Tiempo estimado de lectura: [ 27 min. ]
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Marisa, subió encima de mí, me cogió la polla y la metió hasta el fondo... Unos quince minutos más tarde, les preguntó: -¿Quién me la quiere meter en el culo? Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

                                                                                  EULOGIO

En tiempos en que los españoles emigraban a Alemania a Suiza o a Francia, otros, a los que llamaban indianos, volvían de America con muchos duros ahorrados, se compraban un haiga, tierras, animales, se hacían un caserón de piedra, y ocurría que Eulogiño, el analfabeto, el muerto de hambre que se fuera a hacer las américas en los años 30, a su regreso, en los años 70, se convertía en Don Eulogio. Ese fue el caso de Eulogio, un tío abuelo de mi amigo Jorge, un hombre de unos 70 años, alto, moreno y tan delgado que parecía que no comía ni frío ni caliente.

Eulogio tenía una sobrina nieta, su nombre era Marisa, y como era su único familiar cercano, y la criara, le daba todo lo que le pedía, desde un vespino de color rosa, a unos perfumes nunca olídos por mis lares, pasando por joyas y las ropas más bonitas.

                                                                                   MARISA

Marisa, la sobrina nieta de Eulogio, tenía dieciseis años, casi diecisiete, era morena, de cabello largo, de color negro azabache. Su piel era muy morena, casi mulata. Sus ojos rasgados y de un color azul intenso le daban un aire misterioso. Medía algo menos de un metro setenta y andaría en los cincuenta y cinco kilos. Tenía tetas grandes, culo redondo y duro, cintura de avispa y anchas caderas. Era la única mujer de la aldea que se maquillaba, pero tenía un defecto, era una pendanga.

                                                                                     JORGE

Jorge tenía 17 años, era moreno de ojos negros y larguirucho y como era guapo estaba muy viajado. Le gustaban todas las chavalas, gordas, flacas, altas, bajas, morenas, rubias, pelirrojas, guapas y feas, con que respiraran le valían. Marisa además de respirar quitaba la respiración. Cayeran más pajas pensando en ella desde que llegara a la aldea de las que se había tirado los mozotes pensando en las otras chicas, y Jorge se había hecho las suyas.

                                                                                    EL TRATO

Jorge, una tarde de verano, fue a visitar a su prima Marisa y la encontró echada en una hamaca que le pusieran entre dos árboles. Estaba en bikini amarillo. En su vientre tenía tatuada una tela de araña con una tarántula en el centro. Marisa, con las manos en la nuca, mostrando los pelos de sus axilas, sin ningún tipo de reparo, le preguntó a Jorge:

-¿Te gustaría coger conmigo, primo?

-No sé. ¿Que quieres que coja contigo?

-Aquí le desis joder.

Marisa, seseaba, y de cuando en vez decía palabras que Jorge no entendía, pero traduciré.

-¿A lo qué?

-A coger. ¿Te gustaría regarme con tu picha?

Jorge, tocaba las palmas con las orejas de la alegría que se llevó.

-¡Claro que me gustaría!

La alegría le iba a durar poco.

-Primero me tienes que traer a Pili. Quiero coger con ella.

Aquello pílló desarmado a Jorge.

-¡¿Follas con chicas?!

-Con las que me gustan, sí.

-Pili es una chica decente.

-Traela mañana a las cinco. Mi abuelo no estará en casa.

-¿Eres sorda? Te acabo de decir que Pili es una chica honrada.

-Ofrécele dos mis pesetas por venirse en mi boca.

-¡¿Por qué?!

-Por correrse en mi boca. ¿No le llamáis correrse a venirse?

Al oír sus palabras la polla de Jorge se le puso gorda, pero siguió la conversación como si le hubiera dicho que había mucho pescado en la plaza.

-¿Te crees que la puedes comprar?

-A todas las mujeres les gusta la plata, y venirse, mucho más.

-No creo que se venda.

-Se venderá, y tu verás como cojo con ella.

Lo dijo con voz firme. Parecía estar muy segura de que iba a follar con Pili, pero Jorge no las tenía todas con él.

-Y le digo a palo seco que quieres follar con ella por dos mil pesetas. ¡A ti se te fue la olla!

-Dile que se lo quiero comer todo.

-Sí, y me como yo una hostia.

-Si quieres coger conmigo...

-¡Qué puta eres, coño, qué puta eres!

-De puta, nada, soy una chica liberal.

-Si ser liberal significa ser tortillera, lo eres.

-Bisexual. ¿Nunca has chupado una polla. Jorge?

-No.

-¿Y no te la chuparon?

-Al que se la chupan no es maricón.

-Ya veo que te la chuparon. Tu también eres bisexual.

Jorge, se mosqueó.

-¡Soy muy macho! ¿Comiste tú alguna verga gorda y jugosa?

-Comí. Y de ahora en adelante no me vuelvas a levantar la voz. ¿Comiste algún coño?

Jorge no quería estropear algo que prometía.

-Si, algún coño tengo comido, pendangas hay en todas, las partes, perdón, no quise decir eso.

-No tiene importancia.

Quiso ir por el camino fácil, que aún así, sería dificil.

-¿Y no te valdría alguna de las que le comí el coño?

-No, quiero a Pili, es la más guapa del lugar.

-La más guapa del lugar eres tú.

-Si no es la más guapa es la más deseada.

-Tampoco, la más deseada eres tú.

A Marisa le gustaba que la adulasen.

-¿Eso dicen tus amigos?

-Mis amigos, hombres casados y viejos.

Marisa, encima de pendanga iba de sobrada.

-Los hombre de esta aldea tienen buen gusto, pero ella tiene algo que yo no tengo.

-¿Que tiene?

-El virgo.

-¿Y cómo harás para desvirgarla? ¿Vas a usar los dedos?

-No, le quiero hacerle lo que me hizo a mí una santera para desvirgarme.

-¿Santera? De santa no tenía nada. ¿Qué te hizo?

-Comerme la boca y las tetas, y después follarme el coño con la lengua hasta desvirgarme.

Jorge, abrió los ojos como platos.

-¡Hostias! ¿Y eso cómo de hace?

-¿Si te lo digo harás todo lo que te mande?

-Ya lo iba a hacer.

-He dicho todo.

Jorge ya tenía la mosca detrás de a oreja.

-¿Alguna mariconada?

-Puede. ¿Hay trato?

-Si hay que hacerla, se hace. Trato hecho.

-OK, te lo cuento. Lo hizo lamiendo mi clítoris, muy, muy lentamente... Después de cada lamida de clitoris, la punta de su larga lengua intentaba entrar en mi vagina, a los cinco o seis minutos, con mi clitoris fuera del capuchón, entró la puntita. Como mi vagina a cada lamidita de clítoris se abría y se cerraba, la lengua fue entrado. A los diez o doce minutos ya entraba la cuarta parte, y a la media hora, mas o menos, ya entraba la mitad o algo más... Cuando quiso que me viniera apretó la parte de arriba de la lengua contra mi clítoris y metió el resto dentro de la vagina. Yo eché la pelvis hacia arriba y me froté contra la lengua hasta que me vine en su boca. Pensé que me moria de placer. La corrida fue larga y copiosa, la santera, que era una cuarentona, bebió de mi coño como una perra mientras yo me retorcia de placer, después le comí el coño. A ella le llevó un par de minutos llenarme la boca y la cara con sus babas.

Al acabar de hablar su prima, Jorge, tenía un bulto en el pantalón que antes no estaba, y no era la cosa para menos, mietras Marisa le contaba la historia casi le podía ver el coño, de hecho se marcaba el corte en la parte de abajo del bikini y los pezones se marcaban en la parte de arriba.

-Me has puesto como una moto, primita.

Marisa le miró para el paquete.

-Ya veo. Ahora vete que quiero hacer algo pensando en ella.

-¿En la santera?

-No, en Pili.

-¿Puedo mirar?

-No, y no quedes por ahí espiando o rompo el trato contigo y me busco a otro.

-Tranquila, ya me voy. ¡Ah! ¿Por qué querías saber si comí algún coño?

-Así, si te lo pregunta, la calentarás diciendo lo que le voy a hacer.

Jorge, se puso sárcastico.

-Sí, con pelos, jugos y señales, no te jode.

-¿A que viene tanta ironía?

-¡A que de la hostia no me va a salvar ni Dios!

-Va con la paga y el premio.

-Irá. Me voy.

                                                                                LA PROPOSICIÓN

Jorge se sentó en una especie de banco de piedra que había en el camino, justo delante de su casa, y esperó a que Pili fuese a comprar a la tienda, a por agua a la fuente... Ya desesperaba. Le dolía el culo de estar tanto tiempo sentado en la piedra, pero al fin la vio venir con un cubo en la mano. Ya cayera la noche.

Pili teníá 19 años, dos más que él. Era delgada, fina de cuerpo y de cara, rubia, de cabello largo, recogido en dos trenzas, de ojos verdes, buenas tetas... tenía un polvazo! Se levantó y le entró.

-¿Puedo hablar contigo un momento, Pili?

-¿Qué te traes entre manos, gamberro?

-Tengo un mensaje de Marisa para tí.

-¿Que quiere la mierda esa? ¿No le llegó los tirones de pelo que le di?

-¿Te peleaste con ella?

-Nos agarramos por los pelos.

-¿Por qué?

-Me llamó come huevos.

-Algo le dirías tú.

-No le dije nada. Me insultó para liarla, y a mí quien me busca me encuentra

-Pues será mejor que no te cuente lo que me dijo.

Bastó que le dijera que era mejor que no le diese el mensaje para querer saber de que se trataba, y es que en un flash, le vinieron a la mente los tumbos que se dieran por la yerba. Recordó como sus tetas y sus chochitos se rozaron, y como se quedó con las ganas de besarla cuando estando encima de Marisa se quedaron unos segundos mirándose sin saber que hacer.

-¿Qué te dijo?

-Te lo voy a decir, pero no quiero que me hosties. Recuerda que sólo soy el mensajero.

Comenzaron a andar hacia la fuente.

-¿Me citó para otra pelea?

Le dio el mensaje y le cayó una hostia con la mano abierta que sonó a latigazo.

-¡Pero tú quién coño te piensas que soy, pervertido!

Jorge, pilló un cabreo criminal, y no por la hostia, sino porque fue más rápida que él y no la pude esquivar.

-Llámale pervertida a ella, cabrona. ¡Te dije que sólo era el mensajero! -echó la mano a la cara y se la acarició. ¡¡Qué hostia papé, carallo, qué hostia papé!!

Pili, se seguía haciendo la ofendida.

-¡Y aún fue poca!

-¡Iros a la mierda, tú y ella!

Jorge, se detuvo. Iba a dar la vuelta, pero Pili le pregunto:

-Tengo curiosidad. ¿Tú que ganabas con darme el mensaje? -sonrió- Aparte de la hostia, claro.

-Follarla.

Echaron a andar de nuevo.

-¡¿Es que le gustan los hombres y las mujeres?!

-Eso parece, y comerte el coño lo tiene entre ceja y ceja. Joder, ver como te come el coño y como te corres en su boca debe ser la hostia, -al hablar de la hostia se apartó de su lado- más que la hostia, debe ser la hostia en verso.

Jorge no supo que le pasó a Pili, ya que la muchacha se paró, apretó la piernas, cerró los ojos y tapó la boca con una mano. Si lo ponen a jurar, juraría que Pili se acababa de correr. No podía ser, una mujer no se corre con decirle aquellas tonterías.

Tampoco pensó que nunca le preguntaría lo que le iba a preguntar, pero al volver a echar a andar, se lo preguntó:

-¿Y qué se supone que me haría para que me corriese en su boca?

Jorge, no le contestó, le preguntó;

-¿Qué te pasó?

Pili no estaba por la labor de decírselo,

-Nada que debas saber. ¿Qué me haría?

-Lo mismo que te haría yo, o mejor, es una mujer.

Habían llegado a la fuente. Pili puso el cubo debajo del caño.

-¿Y qué me harías tú?

Se lo estaba contando con pelos y señales cuando Pili, temblándo, le confesó:

-Me voy a correr otra vez. ¡Oooooooooooooh! ¡Me corro!

Jorge, vio la cara de Pili al correrse. Su cuerpo sacudiéndose... Oyó sus gemidos... y ganas le dieron de sacarla y hacerse una paja,

Al acabar de correrse Pili, Jorge, le preguntó:

-¿Te hace llegar al climax pensar que te la comen?

-No es eso. Esto no es normal. Se me empezó a mojar el chocho, a poner duros los pezones de las tetas, luego el clítoris se me empalmó y en segundos me corrí.

A Jorge se le puso la polla tiesa.

-No, normal no es. Hoy todo se sale de madre. ¿Sabes qué iba a hacer Marisa cuando me marché de su lado?

-¿Qué iba a hacer?

-Un dedo. Se iba a mastubar pensando en ti.

-Eso lo inventaste.

-Palabra que no. Es una joven muy especial.

-¡Vaya si lo es! ¿Sabes si lo hizo con muchas chicas?

-No, y coge el caldero que donde va que está lleno. ¿Qué le digo?

-¿Cuándo sería?

-Mañana a las cinco en su casa.

-Ocho mil reales...

-Y correrte.

-Dile que iré.

Jorge, se lanzó de cabeza.

-¿Quieres correrte en mi boca para ir entrenando?

Pili, estaba desatada.

-¿Guardarás el secreto?

-Si.

-Lo tengo muy mojado. ¿No te importa?

-Así está más delicioso. Baja las bragas.

Amparada por la oscuridad de la noche, Pili, bajó las bragas. A Jorge no le dio tiempo a ver como tenía el chochito. Una vieja venía con un cubo hacia la fuente. Pili, dijo:

-¡Puta vieja!

Subió la bragas a toda prisa y volvió a casa. Jorge le llevó el cubo de agua.

                                                    EL TÍO ABUELO Y LA SOBRINA NIETA

En el campo de la fiesta, bajo la luz de la luna y de un par de bombillas de los postes de la luz, los chavales jugaban a la pelota. Ya no había, niñas. Jorge se acordó de las palabras de su prima y imaginando como se había masturbado fue hasta su casa, que estaba en las afueras de la aldea. La habitación de Marisa tenía la luz encendida. Como estaba en el piso de arriba se subió a un árbol para ver que estaba haciendo. Lo que vio lo iba a dejar anonadado. Marisa, desnuda, y sentada en el borde de la cama, estaba con dos muñecas de trapo de unos 20 centímetros en las manos. Marisa hacía que una muñeca, o lo que fuese, le comiese a la otra las tetas y el coño... ¿Qué carallo de juego de muñecas era aquel? Vio como Marisa miraba hacia la puerta de la habitación y como agachaba las muñecas debajo de la almohada. Eulogio, su tío abuelo, entró en la habitación, cerró la puerta y se acercó a Marisa. La muchacha se levantó, y después se arrodilló delante de él, le sacó la polla de la bragueta, una polla larga, arrugada y flácida y comenzó a meneársela y a mamársela... Al rato se la puso gorda.

Eulogio tenía un fajo de billetes de mil pesetas en la mano y se los fue dejando caer por la espalda mientras se la chupaba. Cuando el viejo se corrió en la boca de su sobrina nieta, en el piso de la habitación había más de 50.000 pesetas, lo que en aquellos tiempos era el sueldo que ganaba un hombre en seis meses, si los ganaba. Al retirarse el viejo, Jorge, bajó del árbol y se fue a casa a hacerse una buena paja.

A las tres de la tarde del día siguiente. Jorge, le dio a Pili las dos mil pesetas que le había dado Marisa.             

                                                                   MARISA, PILI Y LA SORPRESA

Eran casi las cinco y media de la tarde, Jorge, estaba de mirón, desnudo y sentado en una silla de la habitación de Marisa. Se la pelaba mirando como su prima, desnuda, con sus hermosas tetas y su tojera de pelo negro al aire, comía las tetas de Pili, unas tetas redondas, con areolas color carne y unos pezones que se habían puesto tiesos... Parecía dos diosas, una blanca y la otra morenita, hasta ver el contraste de sus pieles excitaba. La lengua de Marisa aplastaba los pezones y después recorría las areolas con su punta, después las chupaba. Iba de teta en teta arrancando gemidos de la garganta de Pili. De vez en cuando miraba con lujuria para su primo, lo que lo excitaba aún más... Los dedos de la mano de Marisa acariciaban el exterior de los labios del chochito abierto y peludo de su amante. Un líquido blanquecino salía de él y le llegaba al ojete.

Marisa volvió a besar a Pili, que la recibió rodeando su cuello con los brazos. Sus lenguas se acariciaron y se las chuparon una a la otra.

Cuando Marisa dejó de besar a Pli, le lamió los dos pezones, le chupó las dos tetas, besó su ombligo. Se echó boca abajo, metió la cabeza entre sus piernas, le lamió el coño, saboreó su jugo, y le dijo:

-Tienes unas babas deliciosas.

No supo de que modo usó la lengua para desvirgarla. Jorge, sólo vio el coño mojado de su prima cuando levantaba el culo. A los veinte minutos, más o menos, entre gemidos, le oyó decir a Pili:

-¡¡¡Me cooooooooorro!!!

Fue sentirla y la verga de Jorge soltó un chorro de leche que casi llega al techo, a lo que siguió una descarga. ¡Que descarga! Pringó de leche su mano y sus cojones. Sintió tanto placer, que cuando abrió los ojos ya Pili estaba con sus últimos gemidos y sacudidas.

Le esperaba una sorpresa. Marisa, que aún no se había corrido, se echó boca arriba en la cama. Se abrió de piernas, acarició su clítoris con dos dedos, y con el coño abierto, Le dijo:

-Méame en el coño, primo.

Jorge se acercó a la cama y le encharcó el coño de meo. Estaba acabando la meada, cuando Marisa, con la mamo y el coño lleno de meo, exclamó:

-¡¡¡Me vengo!!!

Marisa se encogió y se corrió en posición fetal, temblando como una hoja, gimiendo y retorciéndose.

Marisa era de una sola corrida. Al quedar satisfecha, fuera la hora que fuera, quería planchar la oreja, o eso fue lo que les dijo.

Pili y Jorge se vistieron y se fueron.

Pili, al dia siguiente no se iba a acordar de lo que hiciera con Marisa. (ni ella ni ninguno de los que iban a follar con ella) Por algún extraño motivo, sólo Jorge y yo recordábamos lo ocurrido.

                                                                                    BAJO UN MANZANO

 

Dos días después, bajo un manzano, le dijo Pili a Jorge:

-Esta vez quiero coger con tres amigos tuyos. Quiero que se vengan en mi cara y en mi boca. Tienen que ser de confianza. Ofréceles mil pesetas a cada uno.

-¿Y no pueden ser cuatro?

La pilló por el aire.

-No, tú miras. Me gusta que me miren mientras follo.

-¡Jodeeeer!

-Ya llegará tu hora.

-¿Cuándo te los traigo?

-Pasado mañana. Mi abuelo se vuelven a ir por la tarde. Traelos a las cuatro.

Esa misma tarde, Jorge, habló con Manolito, un chaval de 16 años, moreno, de ojos negros, de estatura mediana y que en su vida oliera un coño. Julito, un quinceañero, rubio, delgado, de ojos azules y con cara de niña que le gustaban los culos y chupar pollas más que los coños, y conmigo, que por aquel entonces tenía 15 años y según decían las que me cataran, tenía un buen polvo. Fuimos víctimas de Jorge, y digo víctimas porque las tres mil pesetas que nos tenía que dar se las iba a quedar él. A mí me las acabó pagando en especias, o sea, contándome la historia completa de su aventura con ella, ya que cuando me enteré, (follando yo solo a Marisa) ya había fundido todo el dinero.

                                                      JUEGOS CON EL TÍO ABUELO Y LA CRIADA

Al caer la noche, Jorge, volvió a subirse al árbol para espiar a su prima. Estaba otra vez desnuda, sentada en el borde de la cama jugando con muñecos de trapo, esta vez tenía dos en las manos, uno de una mujer y otro de un hombre. Jorge no sabía a que estaba jugando. Otra vez los escondió debajo de la almohada. Por la puerta entraron la criada, Asunción, una mujer de treinta y pocos años, viuda, alta, delgada, morena y guapota. Tenía el pelo recogido en un moño. El vestido negro de cuello subido que llevaba puesto le llegaba hasta sus descalzos pies. Traía a Eulogio cogido con un collar y una cadena de perro, y un perro parecía, ya que desnudo y a cuatro patas fue con una zapatilla en la boca hasta donde estaba Marisa, levantó la cabeza, le dio la zapatilla y se quedó mirando para ella. Marisa cogió la zapatilla, sacó de ella un pequeño fajo de billetes de mil pesetas, lo puso sobre la mesita de noche, y le preguntó a la criada:

-¿Que hizo esta vez el perro?

-Se meó en las plantas.

Marisa abrió la piernas y le dijo:

-Discúlpate, Logio.

Asunción le quitó el collar. El viejo meneando la colita y el culo, le lamió el coño a Marisa.

Asunción abrió la cremallera de su vestido y este cayó al suelo. ¡Cómo estaba la criada! Tenía las tetas grandes, redondas, con areolas inmensas y pezones gordos. Su talle era todo curvas y en el coño tenía cuatro pelitos jugando al tute. LLegó al lado de Marisa, le cogió la zapatilla, una zapatilla gris con piso de goma rojo, y le largó a Eulogió en las nalgas.

-¡Zas zas zas zas zas, zas zas zas zas!

Eulogio, después de recibir el castigo, haciendo los ruidos que hace un perro al quejarse, se levantó y se echó sobre las rodillas de su sobrina nieta. Le volvieron a caer zapatillazos en sus nalgas morenas. Esta vez le dio con menos fuerza, pero cantidad.

-Zas zas zas zas, zas, zas, zas, zas, zas zas zas zas...

Eulogio ya estaba empalmado. Marisa le dio la vuelta, le cogió la polla, se la meneó y Asunción, en cuclillas, se la mamó.

Poco después, Asunción, se puso a cuatro patas en el piso de la habitación. El viejo, como un perro, le lamió el culo y el coño. Después se la clavó en el coño y la folló.

Marisa, se masturbó mirando como follaban. Poco más tarde se levantó le puso el coño en la boca a Asunción y le largó Zapatillazos a su viejo.

-¡¡Za, zas, zas, zas...!!

Pasado un tiempo, Asunción iba a ser la que se corriese primero, aunque el viejo no tardó en quitársela del coño, metérsela en el culo y correse mientras se la metía. A Marisa le gustaba sentirse superior, y como era guarra como ella sola, mientras se corrían, meó por ellos. A Asunción le meó en la boca y en la espalda y al viejo en el pecho, y en los huevos. Después de mear por ellos tuvo un orgasmo tan brutal que hizo que cayera sentada en el piso de la habitación y acabase en posicion fetal retorciéndose de placer. Jorge, en el árbol, se estaba pajeando, y viendo aquella escena, se corrió como un bendito.

                                                                           EL CUARTETO

Llegó el día, mi día, Jorge, sentado en la silla seguía como mirón, boyeur, que dirían hoy en día, y a decir verdad le empezaba a gustar, era como si estuviera viendo una película de sexo basada en hechos reales de esas que tendrían que pasar muchos años para que se pudiesen ver.

Marisa, echada boca arriba en la cama, nos dijo a cada uno lo que quería que le hiciéramos, y se lo hicimos.

La besamos los tres. Después, Manolito. le comió una teta, y Julito la otra. Ella les meneaba las pollas. Yo le comí el coño. Lo hicimos sin prisas. Saboreando a Marisa como lo que era, un caramelito.

No es por presumir, pero yo tenía la polla más larga y más gorda de los cuatro, y creo que fue por eso, que me dijo:

-Echaté boca arriba, Quique..., y vosotros menearla.

Me eché boca arriba en la cama. Marisa, subió encima de mí, me cogió la polla y la metió hasta el fondo. Estaba tan lubricada que le había entrado con facilidad. Unos quince minutos más tarde, entre gemidos, preguntó:

-¿Quién me la quiere meter en el culo?

Julito, se anotó al momento. Sin decir palabra se puso detrás de aquel hermoso culo, la agarró por las tetas, y se la clavó. Entrara también sin dificultad. Marisa ya había pasado por aquello.

-Métemela en la boca, Manolito.

¡Cómo follaba la zorra! Nos folló a los tres con su culo, con su coño, del que no paraban de salir flujos y con su boca, de la que colgaba aguadilla mezclada con la saliva. Nos folló con maestría, con arte, como si lo llevara haciendo treinta años. A punto de correrse, nos dijo:

-Me voy a venir. ¡Que nadie se venga conmigo!

Dicho y hecho, a los pocos segundos y moviendo el culo a toda hostia, exclamó:

-¡¡¡Me vengo!!!

Jorge no pudo contenerse, al ver como se sacudía y gemía su prima, otra corrida criminal salió de sus huevos para volver a encharcarlos.

Cuando Marisa acabó de gemir de placer, de sacudirse, de retorcerse y después de coger aire, nos dijo:

-Sacarlas, menearlas y veniros los tres en mi boca.

Los tres, de rodillas, meneamos las pollas con ganas. No tardamos en corrernos en la boca y en la cara de Marisa. El primero fue Manolito. Aún no había acabado y se corrió Julito y con él me corrí yo.... Marisa tragaba leche, pero no daba abasto, la leche salía de su boca y caía en sus bellas tetas.

Tal y como acordáramos, no dijimos una palabra, ni antes, ni durante ni después del polvo. Nos vestimos y nos fuimos.

                                                                                EN CASA DE JORGE

Al día siguiente fue ella la que fue a casa de Jorge. Estaba solo, le dijo:

-Dentro de tres días cumplo 17 años y quiero coger con seis machos.

Jorge, se lo tomo a broma, sonriendo. le preguntó:

-¿Y qué más?

-Quiero chupársela a los seis y tragar la leche de sus corridas, que me hagan dobles penetraciones y que acaben los seis en mi boca y en mi cara.

-¡¿Lo dices en serio?!

-Nunca hablé más en serio.

-¡Eres una enferma!

-Enfermo eres tú que te follasate a una..., ya sabes a que me refiero, no hace falta que te lo diga.

-¡¿Y tú como sabes eso?!

-Tengo mis fuentes.

Jorge, empezó a acojonarse.

-¡¿Eres una bruja?!

-No.

-Se acabó. No quiero más tratos contigo.

-Tú lo que necesitas es un anticipo.

Jorge se puso en plan duro.

-¡Yo lo que necesito es que te vayas de mi casa!

-¿Pensé que haciéndote una mamada seguiríamos siendo socios?

Jorge, cambió de opinión al momento.

-Pensaste bien.

Marisa se arrodilló delante de su primo. La sacó. La polla estaba a media asta. La agarró, la metió en la boca y al momento se le puso dura...

Estaba Jorge llenándole la boca de leche a Marisa cuando llegó Aurora a casa, Venía del río, Aurora, la madre de Jorge, al ver lo que estaba haciendo su sobrina, le dijo:

-¡Serás puta!

Marisa, tenía más cara que un zapato. Se levantó, y con los labios manchados de leche, yéndose, le dijo:

-A todo hay quien gane, tía.

Marisa, al salir de la cocina vio la bañera de la ropa, cogió unas bragas de Aurora, se limpió la boca y se las llevó con ella.

A la hora, o así, Aurora fue a hablar con Eulogio. Pensó que iba a brear a la nieta, pero se quedó boquiabierta cuando le dijo:

-Me salió caliente. ¡Qué se le va a hacer!

-¡Saca el cinto, carallo!

-No puedo. ¡Es tan guapa y se parece tanto a su madre y a su abuela!

                                                                 LAS FUERZAS OSCURAS

Aquella noche, Marisa, estaba jugando con dos muñecos, uno era pequeño, de un joven, y el otro, un poquito más grande, era de mujer. Su sonrisa era malévola, y volvió a repetir:

-A todo hay quien gane.

En la casa de Jorge, Aurora, en la cama, no quitaba de la cabeza la polla de su hijo corriéndose en la boca de Marisa. Su marido, Javier, roncaba a su lado. Acarició las tetas... Jugó con los pezones... Metió una mano dentro de las bragas y se encontró con su coño mojado. Dos dedos entraron suavemente en su engrasada vagina. Sin moverse comenzó a masturbarse. Nunca le gustaran las mujeres, pero la cara de Marisa apareció en su pensamiento. La joven sacaba la lengua y le lamía el coño. Su hijo venía por detrás y se la clavaba a la prima. Estaba ardiendo. Necesitaba follar bien el coño con sus dedos, pero con tanto flujo en él, el ruido despertaría a su marido. Se levantó y salió de casa. Fue al cobertizo donde tenían el aseo. Abrió la puerta y se encontró a Jorge, sentado en la taza y meneando su empalmada polla. Perdió la cabeza. Sacó el camisón y las bragas. Unas tetas pequeñas, con pequeñas areolas negras y pequeños pezones y un coño peludo quedaron al aire. Fue junto a su hijo, se arrodilló y se la mamó. Al rato se sentó sobre la polla, y besándolo con lengua, comenzó a follarlo... Jorge besaba a su madre y le comía las tetas... Unos cinco minutos más tarde, le decía Jorge a Aurora:

-Me voy a correr, mamá.

Aurora se levantó, volvió a coger la polla, la puso en la entrada del ano y bajando el culo, la metió hasta el fondo. Jorge se corrió dentro del culo de su madre. Aurora, se metió dos dedos en el coño, y no tardó nada en decirle a su hijo:

-Me viene, hijo, me viene.

Se corrió, temblado, jadeado y llenando de jugo las piernas de su hijo

En la otra casa, Marisa, guardaba dos muñecos en un cajón donde había varios más.

                                                                                 LA ORGÍA

Toni, 17 años, moreno, alto y fuerte, Gerardo 16 años, un tirillas, moreno y guapote, Tin, 16 años, moreno, de estatura normal, y regordete, Abel, 16 años, bajito y feote, Fermín 16 años, un bicharraco, y yo, 15 años, fuimos los escogidos por Jorge. Estábamos desnudos en la sala de estar repartidos en dos tresillos. Entró Marisa en ella y dijo:

-Empezar a menearla de pie. Me encanta ver los huevos colgando.

Empezamos a sacudirla. Marisa, que venía en pelota picada, se arrodillo delante de Abel y le hizo una paja mamada con lamida de huevos. No paró hasta que se corrió en su boca. Después de tragarse la leche fue mamándolas una por una hasta que nos ordeñó a todos, cosa que no le resultó difícil, ya que todos estábamos calientes como perros y deseando corrernos en su boca. Creo que le gustaba la leche de macho más que la empada de maiz con berberechos.

Al acabar de tragar leche, me dijo que me echara boca arriba en la alfombra. Me eché. Se metió mi polla en el coño. Y les fue ordenando uno por uno que la encularan. Le follaron el culo los cinco y después se corrieron en su boca y en su cara.

Marisa, la que se corría una sola vez, se corrió cinco veces... Jadeó como una perra y chilló como una cerda...

Me encantó sentír su coño apretar mi verga y soltarla para bañarla de jugo con cada una de sus corridas.

El último debía ser Toni, pero cuando se corrió en su boca y en su cara, a Marisa le faltaba muy pocó para volver a correrse por sexta vez. Le dijo a Jorge:

-Cobra parte de lo tuyo, primo.

Jorge le folló el culo... Sentí como de nuevo su coño apretaba y soltaba mi verga y la empapaba de jugo. Después, como los otros, se corrió en su boca y en su cara.

Luego, Marisa, se echó boca arriba, la meneé y me corrí en su boca y en su preciosa cara, que ahora parecía un escupidero.

Cobramos, y nos fuimos.

A Marisa le quedó el coño dulce conmigo. Acabamos echando un polvo, guarro, guarro, guarro, pero que muy, muy guarro, ella, Jorge y yo, pero esa ya es otra historia.

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