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Fecha: 07-Ago-18 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

La noche que seducí a un hombre de verdad (II)

david
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Mi sueño se cumple, el bueno sexo existe. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

***17 de junio, miércoles***

 

Ayer acabé exámenes. Un trimestre más, un curso más, con resultados brillantes. Pero esta vez, en vez de celebrarlo con una fiesta para la historia con todos los compañeros de facultad, he aprovechado la coartada que esta costumbre me daba para pasar la noche en casa de Víctor, mi novio. Desnudos. Follando. Enganchados el uno al otro. ¡Cómo me gusta poder decirlo! Tengo 22 años, estoy a punto de terminar con matrícula mi primer máster, los bufetes de abogados se pelean por mi, y a mi lado tengo a un joven y brillante economista, Víctor, que a sus 29 años me brinda la madurez que tanto he hechado en falta. Y sin embargo... persiste en mí la sensación de que no es suficiente hombre para mi. Me complace, pero no como yo espero. Consigue arrancarme el orgasmo, pero sólo si yo le ayudo. Así que cuando me digo que por alguna razón sigo teniendo fantasías con Rodrigo, el padre de Marta, Mateo, mi antiguo tutor y actual empleador, e incluso por Paul, mi actual professor, creo que almenos una «razón» está clara. Es interesante lo de Paul; después de esforzarme en seducirle y de que él se mostrara como un cretino sin carácter y arruinara totalmente mi opinión sobre él, ahora finalmente parece que viene detrás mío. Sin ir más lejos, ayer me envió un correo electrónico invitándome éste sábado a ser su acompañante en un acto que. Según él, podría «catapultar mi carrera». Supongo que debería ir.

 

Eso significa, no obstante, que Víctor tendrá que esperar a la semana que viene. El sábado tengo este evento con Paul, y el viernes estoy de servicio... en casa de Mateo. De algún modo se puede decir que el viernes por la noche, Mateo me espera en su casa; no como yo quisiera que me esperara, pero me espera.

 

 

 

***19 de junio, viernes***

 

Es fin de curso, y parece que esto le complica la vida a todo el mundo. Mateo tenía una graduación en su instituto y posteriormente debía acudir a una cena de fin de curso con todos los autores de la editorial en la que ha publicado 3 o 4 libros. Pero es que Tamar, su mujer, la imagen de mi yo futuro en la que me inspiro, está de viaje en Londres 10 días , hasta el lunes, precisamente porque su empresa commemora el final del ejercicio. En definitiva: yo iba a estar sola en su casa desde las 17:00 de la tarde a la hora que fuera de madrugada en que él regresara a su hogar. Ya estaba pactado que cuando el niño durmiera yo podría acostarme y quedarme a dormir en la habitación de invitados, tal y como ya he hecho otras veces en éste y otros servicios.

 

Como de costumbre cuando voy a su casa, me he vestido para estar a la altura de la sofisticación de Mateo (y de Tamar también). Mis mejores galas, las que me pondría para seducir en una discoteca, teniendo presente que yo soy una señorita con clase, y que cuando voy «a la guerra» no voy con una minifalda de zorra y un escote por el ombligo, no. Medias negras a medio muslo con elegante blonda de encaje, falda gris tipo ejecutivo para cubrir lo justo el fin de las medias, camisa blanca entallada que remarque mi esbelta figura y el perfil de mis pechos medianos, un escote sugerente pero discreto que, si deseo, convierto en generoso desabrochando un botón más y, debajo, mi conjunto preferido, una sensual combinación de encaje en color negro consujetador push up y braguitas brasileñas. El hábito de estar lista para Mateo está interiorizado en mi, a pesar de que cada una de las veces que le he visto me he vestido para él sabiendo que nada ocurriría, y ahora que Víctor está en mi vida no he sabido dejar de hacer lo mismo.

 

Así pues, he recogido a su pequeño vástago en el colegio a las 16:30, lo he llevado a casa, hemos merendado, y nos hemos puesto a jugar. Para mi sorpresa, a las 19:00 en punto, Mateo ha aparecido por la puerta. No se me ha escapado el modo en que ha repasado mi aspecto de arriba a a abajo, con una atención que denota alguna cosa más que aprovación, pero he perdido la capacidad de analizar con mayor sutileza sus reacciones porque yo misma me he quedado embobada por él. Y es que ante mi tenía a Mateo, el molde de mis fantasías, ataviado en un elegante traje de verano de 3 piezas. Y mi deseo de irme con él a la cama se ha convertido en una absoluta necesidad.

 

Mateo ha roto el impás de como siempre, educado y afectuoso, y me ha saludado con un abrazo que como de costumbre me he esforzado en alargar unos segundos más de lo normal. Él nunca opone resistencia, al contrario, creo que lo disfruta tanto como yo. Lo que me gustaría saber es si eso se debe al afecto que me tiene o al hecho de rozarse con una mujer joven y atractiva como yo. O ambas razones simultáneamente. Me ha explicado que tenía un par de horas entre un evento y el otro, y que en vez de desperdiciarlas en un bar prefería con mucho pasar por casa y jugar un rato con su hijo -¡que padrazo!, me he dicho para mi misma, enternecida-. Y que si además eso significaba coincidir conmigo y charlar un rato, mejor que mejor. Y si a él le ha parecido bien, a mi me ha hecho humedecerme un poco.

 

En cualquier caso, a continuación ha anunciado que necesitaba rehidratarse y se ha dirigido a la cocina a prepararse un zumo natural de frutas -que clase tiene, el pícaro-, y aunque a estas alturas ya no debería sorprendreme, me ha hecho sonrojar ver que me ha preparado uno también para mi y me lo ha ofrecido para tomarlo juntos. ¡Qué hombre, que saber estar! Son estos detalles con los que demuestra estar siempre en control con los que me estremece.

 

Hemos tomado este pequeño refrigerio sentados en el salón, charlando amenamente mientras jugábamos ambos con su pequeño hijo. Después de charlar

 

En cierto momento Mateo ha anunciado que debía empezar a prepararse para la cena, pero que con el bochorno que hace estos días, la mejor manera de empezar a asearse era con un bañito en la psicina, y a la vez que cogía a su peque para cambiarlo, me ha pedido que me uniera a ellos y nos bañáramos los tres. ¿Mateo pidiéndome que me cambie y me ponga en bikini? ¡¡Yes, Sir!!

 

Nos hemos bañado los tres, y en esta ocasión sí que he podido fijarme en que Mateo, disimuladamente, me mira. Le gusto y se le van los ojos hacia mi cuerpo liviano, terso, joven, duro, flexible, fuerte. Nada más y nada menos que como a mi se me van los ojos hacia el suyo. ¿Se da cuenta él de que le miro, igual que yo me he dado cuenta? ¿Sabe desde siempre que me siento atraída por él? ¡Saber que me mira me ha puesto aún más nerviosa!

 

Tras el baño en la piscina, yo me he llevado al pequeñín, le he duchado y me he duchado yo misma. Mientras tanto, Mateo ha hecho lo propio en el cuarto de baño de su suite, y cuando ha aparecido para despedirse de nosotros antes de marcharse, he creído estar delante de James Bond. ¡Mateo en esmoking! Uau, y valga la redundancia, esto si que es estar «smoking hot». Immediatamente he notado como nacía una ligera humedad en mi entrepierna, y mientras Mateo se marchaba mis reflexiones no hacían sino que esta aumentara.

 

Después de dar la cena al crío, lavarle los dientes y leerle un poco, le he puesto a dormir. YO he tomado un ligerísimo tentempié mientras le daba el margen de tiempo para que cayera en un sueño profundo, y una vez me he sentido sola en la casa, me he dirigido immediatamente a la cama de Mateo y Tamar. Me he mirado en el espejo, me he comparado con ella y sus fotos. Pensar en Mateo en bañador jugando conmigo en la piscina, en Mateo preparándome un zumo y sorbiéndolo ante mi, pensar en este semidiós en esmoking, pensar, en resumen, en la lujuria que despierta en mi, me ha hecho ser consciente de que tenía mis braguitas muy mojadas. Me he tumbado en su cama y me he masturbado. Me he desabrochado la camisa y me he acariciado los pechos pensando en Mateo. Me he imaginado a mi misma sentada en la escalera de su piscina, con las piernas abiertas, con él entre ellas acariciándome el sexo por encima del bikini y besándome el cuello. Me he imaginado encima de esa misma cama, tumbada de espaldas, con su pene dentro de mi. Le he visualizado penetrándome sensualmente y gritando mi nombre. Me he imaginado cabalgando sobre é y ofreciéndole mis pezones. Y con todas estas imágenes, me he corrido.

 

Después he arreglado las sábanas y me he dirigido al salón para intentar desviar mi atención de un hombre que, por atractivo que me parezca, está casado, es 20 años mayor y es mi antiguo profesor. Peor aún: pensar en todo ello me ha excitado de nuevo. He decidido mirar un documental en Netflix, pero cuando ha acabado una hora despues, apenas había comprendido nada. Imágenes de mi y Mateo en la cama seguían bombardeando mi imaginación.

 

Por la tarde me había fijado en que en la nevera había una botella de vino abierto, y me he servido una copa. He dado una vuelta por el jardín, he puesto los pies en remojo mientras daba cuenta del vino, y mi mente seguía absorta por los acontecimientos de la tarde. ¿Aquella vez que se ha tirado a la piscina de cabeza y ha emergido pegado a mi, lo habrá hecho a propósito? ¿En ese momento en que yo me he inclinado para ayudar al niño, se ha fijado en mi trasero? ¿Cuando dentro del agua me ha levantado en brazos y me ha tirado al agua, ha gozado del contacto? ¿Ha deseado acercarme a él, en vez de alejarme siguiendo el juego?

 

He vuelto al interior y he intentado leer, pero ha sido en vano. He pensado en mandarle un mensaje a Víctor, y ni siquiera he querido.Me he servido una segunda copa, rezando para que no la diferencia entre el volumen inicial y el final no fuera muy notoria y para que Mateo no me lo recriminara, pero tampoco me ha ayudado, al contrario. La misma acción de beberme su vino se me representaba como un pálido sustitutivo de mi deseo por su cuerpo. Robarle el vino a Tamar era una pequeña compensación por no poder robarle a su hombre. Y sin embargo, la sensación de que no estoy loca, de que Mateo se fija en mí, se ha apoderado de mi consciencia para no abandonarla.

 

Aún no era la una de la madrugada cuando Mateo ha llegado a su casa y me ha encontrado pensativa en el sofá, con la copa de vino acabada de vaciar enfrente de mi. Me ha invadido el pavor al pensar que se daría cuenta de las libertades que me he tomado con su nevera y que tal descubrimiento le llevaría a retirarme la confianza. Y es que cuando ha entrado su semblante tenía una expresión risueña y alegre, pero en menos de 10 segundos su ágil cerebro ha percibido la copa y su expresión se ha oscurecido. Y entonces así me ha hablado:

 

-¡Vaya, vaya! ¡Mi pequeña Alba se hace mayor! Te quedas sola en casa y para disfrutar de la velada recurres al vino.

 

-Perdona, Mateo, ¡lo siento! No quería molestarte...

 

-¿Quien dice que me molestas, Alba? Ya sabes que en esta casa puedes hacer como si estuvieras en la tuya. Tienes 22 añitos y estás la noche de un viernes sola en mi casa: eres más que bienvenida a beber vino.Aquí la única pregunta es: quieres compartir la siguiente conmigo en el jardín? - Anonadada y agradecida a los Dioses por verme salvada, me quedo sin habla, hasta que él añade: Vamos mujer, no me vas a dejar beber sólo, verdad?

 

-Claro que no, Mateo... si a ti te apetece, te acompañaré.

 

-Vamos, pues, porque sí que me apetece, Alba. Las noches de junio son siempre un motivo de disfrute. La brisa nos mece, la temperatura suave, el agua de la piscina ya caliente... Y si tenemos vino, podemos pasarnos aquí...

 

-¿Por cierto, como es que estás de vuelta tan temprano? Creía que la cena se alargaría mucho más, creía que era un acto muy importante. -Una vez superado el susto inicial, recuperé mi compostura dispuesta a mostrarle mi mejor imagen. -¿Acaso te aburrías y preferiste venir a charlar conmigo?

-La verdad es que sí que lo era, de importante. Creía que podía servirme para trabar buenas relaciones en la editorial, pero resultó que mi trabajo ya estaba hecho: me han encargado un nuevo libro.

 

-¡Uau, Mateo, muchísimas felicidades!

 

Mi admiración no tiene límites. Le he felicitado sinceramente con un cerradísimo abrazo y le he regalado los oídos con un alud de piropos sinceros que solo una mujer medio excitada, medio enamorada de él como yo podría albergar. Estoy decidida a que se dé cuenta. Aunque, conociéndole, lo que me extrañaría sería que no se hubiera percatado ya.

 

Nos hemos sentado en el jardín, con una copa cada uno. Hemos brindado por mis sobresalientes notas, y luego por su nuevo libro. Hemos brindado por el éxito, y luego por el trabajo duro. Y, como no, brindamos por los dos. Y le he mirado, con mis seductores y enormes ojos, como lagunas de placer ocultas a la vista de todo el mundo, dispuesta a dejarle leer que sí, que los dos compartimos mucho, pero sobretodo que quisiera compartir mucho más. Mateo me ha devuelto la mirada, impertérrito, con semblante seguro e indescifrable. Como de costumbre. No sé si voy a saber derribar sus defensas, pero cuanto más formidables me parecen, más le deseo.

 

Me ha empezado a entrar un poco de frío. La piel se me ha erizado, aunque me es impossible discernir si es a causa de mis nervios, del vino, o del descenso térmico. Llevo ya cuatro copas de vino, y eso es más que suficiente para deshinibirme del todo. Me he acurrucado contra el brazo de Mateo, buscando un contacto que ninguna convención formal reconocería, pero él ha reaccionado con aplomo, y de un modo que tanto podría ser de atención hacia mi como de rechazo a mi apertura,

me ha sugerido que volvamos al salón.

 

Yo misma he abierto el camino contoneando las caderas y me he vuelto a sentar en el sofá cruzando las piernas. Hemos apurado la botella con una última copa para cada uno mientras yo, embriagada, hablaba quizás demasiado:

 

-¿Sabes, Mateo, que yo quiero exactamente esto? Quiero triunfar, quiero ser reconocida. Quiero muchas veladas como ésta, así, aquí...

 

-¿A qué te refieres, Alba? -Como de costumbre, consigue mantenerse en el misterio, hacer que sea yo quien hable mientras él me escucha con interés pero sin soltar prenda.

 

-Me refiero a esto de ahora... Tu éxito. Hace unos años eras el professor más deseado por todas, ¿lo sabías?

 

-Hahaha, exagerada.

 

-No, no, en serio. Y no lo eras solamente por estar de buen ver (que también) ni por tu estilo (que también)... Sobretodo lo eras porque todos los alumnos sabían que podían confiar en ti. Que ocurriera lo que ocurriera tu sabrías dominar la situación. Y los años pasan... y ya no solo tienes alumnos de instituto, también de universidad... Y escribes libros... Tu carrera es increíble. Yo quiero esto... - pero de un modo confuso, queriendo denotar que lo que realmente deseo es él, añado- Quiero esto de ahora mismo... Quiero repetir este momento muchas veces.

 

-Lo vas a tener, Alba. Sabes que siempre te lo he dicho. Eres especial, tienes una determinación fuera de lo normal. -Las palabras no le confunden; en dialéctica no estoy aún a su nivel.

 

-Ya sí... seguro que eso se lo dices a todas... Haha!

-No, Alba, te lo digo a ti. Eres una mujer especial -y el hecho que utilice el término «mujer» para referirme a mi hace que mi calentura aumente un grado más – Eres inteligente, culta, dedicada, esforzada, estás dispuesta a luchar por lo que quieres. Y a todo ello añades tu simpatía y presencia naturales. -¿Soy yo, o por «presencia» quiere decir «cuerpazo»?

 

Sus cumplidos me han hecho sonrojar. Ha vuelto a conseguir tomar la sartén por el mango y que sea el otro, en este caso yo, quien se ponga nervioso. Así que empujada por mi felino deseo de restregame hacia él y la necesidad de cambiar la conversación de rumbo, le he dado las gracias y le he abrazado cariñosamente, con mis brazos alrededor de su cuello y mi cabeza sobre su pecho. Entonces su perfume ha invadido mis receptores sensoriales.

 

-Mmmm... que bien hueles, Mateo. Me gusta tu perfume...

 

-... -Mateo no dice nada. Yo acerco más mi nariz a su cuello e inspiro profundamente.

 

-Mmmm... me encanta... - Entonces Mateo acerca su nariz a mi cuello y también inspira. Creo que está a punto de caer...

 

-Tu también hueles muy bien, Alba. Me gusta tu aroma... aunque en tu caso debe ser tu aroma natural, puesto que te has bañado...

 

Me he separado de él. Quería mirarle a los ojos y ver como se inclinaba hacia mi para besarme, pero he calculado mal. No lo ha hecho, se ha separado ligeramente de mi. Creía tenerlo ya en mis redes y se me ha escapado, y en mi desesperación me he precipitado

 

-¿Puedo volver a olerte? Me ha gustado tanto... -Y prácticamente me he lanzado sobre su torso para volver a situarme a milímetros de su piel y volver a inspirar. De nuevo su aroma ha inundado mis cavidades nasales y ha mandado a mi cerebro la orden de lubricar mi sexo. Pero Mateo se ha tensado, y después de permitirme aspirar su olor unos segundos, me ha apartado con delicadeza, se ha levantado y ha anunciado que iba al baño y que volvería en un minuto.

 

Por momentos me he desesperado. ¡Me he precipitado y lo he hechado todo a perder! La complicidad de unos minutos antes, el bañarnos juntos y rozarnos, el pillarme con su vino y tomárselo a juego, el querer compartir conmigo su momento de éxito... ¿Todo por la borda?

 

No. Quizás una niña se dejaría decepcionar así. Pero no yo. Y he decidido echar toda la leña al fuego y ganarle en su propio juego. Leeré su mente igual que él siempre ha leído la mía e iré un paso por delante.

 

Cuando Mateo ha vuelto se había desabrochado la pajarita, y mostraba unas facciones rubicundas, congestionadas, observación que me ha llevado a deducir que su paso por el baño ha sido un intento de bajar su propia temperatura. Sin embargo, si un hombre maduro como eĺ, a pesar de saberse excitado por una muchacha de 22 años, su exalumna, vuelve del baño sin intentar huir, sino que por el contrario vuelve a encaminarse hacia el sofá donde le espera la fuente de su excitación como si nada ocurriera, sin poner fin a la velada, solo hay una possible explicación: no quiere que el juego se acabe. Naturalmente su semblante no dejaba traslucir nada de esto. Su fisonomía aparecía tan ecuánime como siempre, bajo control. Nadie hubiera sabido entender lo que ocurría bajo la superficie de su inquebrantable dominio de las situaciones excepto una mujer que se hubiera pasado la vida estudiándole y deseándo emularle. Nadie, excepto yo.

 

Sin dejarle llegar al sofá me he levantado, me he dirigido hacia él hasta encontrarle a medio camino, y sin dudar ni un segundo le he plantado un beso en los labios. Firme y segura, he rodeado su cintura con mis brazos y con mis labios húmedos por el deseo he buscado los suyos. Mateo ha quedado descolocado, pero después de unos segundos de estupefacción ha empezado a reaccionar. He creído que correspondía mi beso y sus labios abrían paso a los míos, y por unos instantes así ha sido, pero apenas en dos segundos ha recobrado su fortaleza y me ha separado de él con delicadeza.

 

- Alba ¿qué haces?

 

- Hago lo que deseo hacer, Mateo. - Apenas a unos centímetros de él, separada por sus brazos, he acariciado su torso con el mío. He reclinado un poco la cabeza, y sin llegar a alcanzar su rostro, ni sus oídos, le he susurrado:- me excitas... soy tuya... - Mateo me ha alejado un poco más de su cuerpo, sin soltarme aún. Sin alterarse me ha replicado:

 

-Alba, ¡ya basta! Recupera el control. Compórtate como es debido. -Él ha creído que su fortaleza me amedrentaría, pero lejos de ello, me ha calentado aún más. He podido sentir como mis braguitas estaban empapadas. He cerrado las piernas buscando fregar mis muslos el uno contra el otro. He aparentado ceder, le he concedido la victoria por el momento. Me he separado de él y he bajado la cabeza, como si estuviera decepcionada.

 

Mateo se ha vuelto a sentar en el sofá en una actitud típica de él. Cree que ya me ha derrotado, que se ha impuesto su experiencia. Pero yo sé que me desea. He notado como me miraba en la piscina, he notado su mirada bajo mi piel erizada en el jardín, he comprendido que ningún hombre sin deseos ocultos se sentaría a tomar vino con su exalumna y a husmear su aroma. Sé que tiene ganas de recorrer mi cuerpo. Sé que el sexo es un instinto irrefrenable. Sé que su mujer, Tamar, a pesar de cuidarse y conservarse bien no puede competir con la lozanía de mis 22 años. Sé que Mateo me ha encontado atractiva desde siempre. Y sé que le voy a seducir.

 

Mateo se ha sentado de nuevo en el sofá en actitud displicente, puesto que jamás se abandona un rival a su suerte si no se le ha despojado de sus armas, y yo sé usar perfectamente mis armas de mujer.

 

Nada más sentarse en el sofá, yo me he sentado encima con actitud seductora: de pie a su izquierda, he levantado sin ninguna prisa la pierna derecha para colocarla a su derecha hasta el punto que el encaje del límite de mis medias ha asomado por debajo de mi falda, y a continuación me he sentado suavemente sobre su regazo.

 

-¿Otra vez, Alba? ¿Quieres hacer el favor? - Sigue intentando hacerme parar a mi, pero no entiende que yo ya lo he comprendido: intenta hacerme parar a mi porque no es capaz de parar él. Desea desnudarme y hacerme suya. Me hubiera podido detener cuando me sentaba encima suyo, lo he hecho con deliberada lentitud, y no lo ha hecho porque no quiere hacerlo. Quiere sentirme y no lo puede va a evitar; pero como sabe que no debería hacerlo, su única salida es hacerme parar a mi.

 

Y yo no lo voy a hacer.

 

-Sí, Mateo, sí que quiero hacerte un favor. -Empiezo a restregarme sobre él. Coloco un brazo a cada lado de sus hombros sobre el sofá, sin tocarle pero de modo que me permita acercarme más a él- Y dos favores. Y tres. Y los que quieras. Me inclino y le dejo un beso en la mejilla.

 

-Alba, te equivocas... Sal de aquí, te lo digo por última vez. Sal de aquí, YA. - Sigue hablandome con tono firme, como si nada sucediera. Sigue intentando dominar la situación a través de las emociones, pero esto no le funciona porque ambos estamos ya en el terreno de las sensaciones físicas. Él me habla con firmeza, pero lo mas firme que yo siento es su dureza entre mis piernas.

 

-¿Me lo dices por última vez, Mateo? ¿Por última vez antes de que? ¿Antes de que esta cosa tan dura que siento entre mis piernas estalle? - Hablo cada vez más cerca de su oreja. Beso su lóbulo. Vuelvo a inspirar su aroma. Sigo meneando mi cadera de delante hacia atrás y de atrás hacia adelante. - Te deseo Mateo... quiero ser tuya... y tu también lo deseas...

 

Mateo suspira profundamente.

 

- No lo niegues, Mateo, me deseas... Lo noto... lo he notado todo el día...

 

-Sí, Alba, te deseo.... estás muy buena, siempre lo has estado... Pero esto no va a suceder. -Sigue hablándome con entereza, ¡aún cree que puede convencerme! Sus manos se colocan en mi cadera para intentar levantarme pero yo se las hago sacar y me clavo con más fuerza. Su entrepierna está abultadísima y la siento tan caliente como un hierro. Ya ha suspirado de placer una vez y lo volverá a hacer.

 

-¿Por qué no, Mateo?

 

- Esto no puede ser, Alba. Y lo sabes.

 

- ¿Qué es lo que no puede ser, Mateo? ¿Que tu polla esté tan dura por mi? ¿Que yo esté tan húmeda por ti? Hace años que me miras... Y yo te he mirado desde siempre. Ya no soy una niña, Mateo. Soy una mujer con ganas de ti. Una mujer hecha para ti. Siénteme... -y al decir estas palabras me aprieto mi pubis contra el suyo y se escucha el sonido de mis labios húmedos.

 

-Alba, soy tu professor... -Ya recurre a los viejos tópicos morales, a las manidas excusas para no hacer aquello que deseamos hacer, pero su cuerpo no opone resistencia. Está a punto de caer- Alba, estoy casado, soy tu professor, tu tienes novio...

 

Ignoro sus protestas y desabrocho lentamente los dos botones superiores de mi camisa. La copa de mi sostén aparece ante sus ojos.

 

-Mateo...

 

-... -Ya no tiene palabras. Tomo sus dos manos y las deposito sobre mis senos, e inicio con ellas un movimiento circular. Ya no se esfuerza en evitarlo. Sabe que ya es mío. Es suficientemente sabio para entender que ha sucumbido a mi seducción. Y yo, que sé que es un hombre pragmático, sé que su siguiente razonamiento será pensar que, si tiene que perder, por lo menos será mejor que exprima al máximo la derrota. Con lo cual, deseosa de que me exprima de verdad, no puedo estar más de acuerdo...

 

Sigo acaricíandome mis senos con sus manos. Mateo consiente pasivo, pero ni siquiera se atreve a mirarme. Con una mano levanto su mentón, clavo mis ojos en los suyos, le fuerzo a mantenerse enganchado a mi mirada dulce y suplicante, y la mano que le he liberado reacciona y se posa en mi baja espalda. Susurro su nombre con los ojos entrecerrados mientras sigo frotándome contra su entrepierna, mientras él aplica una ligera presión en mi lumbar, buscando finalmente el contacto entre los dos.

 

Es la hora de recolectar mi triunfo. Me inclino adelante buscando que mis labios se acerquen más y más a los suyos. Cuanto más cerca estoy más lentamente me acerco, pero Mateo ya no retrocede ni se esconde. Mes esconde, tan impotente ante mi seducción como deseoso de mi cuerpo. Centímetro a centímetro nuestras bocas se acercan, nuestras miradas se pierden respectivamente en la del otro, y cuando finalmente mis labios establecen contacto con los suyos, cuando llega el primer beso, superficial, lejano, insuficiente, finalmente su excitación se desborda y con ambos brazos me presiona contra su cuerpo a la vez que sus labios buscan con energía todos los rincones de los míos.

 

Como una máquina bien engrasada, mi labios resiguen la forma de los suyos superior una y otra vez y viceversa. Los unos resbalan con los otros, nuestras salivas se mezclan. Sus manos acarician mi espalda y las mías sostienen su cara, esculpen la forma de sus pómulos, de su frente, de su cuello. Por si aún no le ha quedado claro que soy una mujer y que lo que quiero es tener sexo, introduzco mi lengua hasta el fondo de su garganta y retomo el movimiento de mis caderas sobre las suyas.

 

Mateo introduce sus manos por el interior de mi camisa y ahora me acaricia la espalda directamente sobre mi miel. Me estremezco cuando palpa mi sujetador con sus dedos expertos y jadeo. Jadeo en su oído y pronuncio su nombre. Me desabrocho los botones que quedan de mi camisa y me la dejo caer lentamente por mis hombros, por mis brazos, por mis Muñecas, hasta que me la saco definitivamente y la dejo caer. Quedo en sujetador ante los ojos de mi viejo professor. Puedo notar como mi sexo es un mar de jugos, y a juzgar por la dureza de su miembro, su excitación es tan desmesurada como la mía.

 

-Mateo... -le beso.

 

-Dime, Alba. - me besa.

 

-Necesito que me hagas un favor... - mis labios quedan prendidos de su lóbulo auricular.

 

-Dime- Sigue hablándome como si estuviéramos conversando sobre el clima, pero sus manos me acarician entera y su sexo ya busca el mío.

 

-Demuéstrame lo que es un hombre de verdad... Necesito que me hagas gozar...

 

-¿Estarás a la altura? - El muy cabrón aún intenta dominarme

 

- ¿Lo dudas? ¿Alguna vez he suspendido alguna prueba? Prúebame... y demuéstrame que a diferencia de los otros me sabes satisfacer...

 

-Niña, eres muy joven. A veces hay que vigilar con lo que se pide...

 

-No me llames niña, Mateo. ¿O acaso una niña te sobaría así la polla? -se la aprieto y se la suelto intermitentemente- ¿O tendría estas tetas? -me incorporo y las coloco a un centímetro de su rostro- ¿O se vestiría así? -Subo mi falda y dejo a la vista el encaje de mis medias- ¿O tendría el coño así de encharcado? - Tomo su mano, las deslizo entre mis piernas, me aparto momentáneamente mis braguitas y le hago acariciarme los labios vaginales con un dedo.

 

- Bien, Alba, tienes razón.... debo reconocerlo, eres toda una mujer... Te daré lo que me pides, «mujer» - y me pellizca un pezón.

 

- Hahaha... Ay, Mateo, no te hagas el despistado que conmigo sabes que no te va a funcionar... Me vas a dar lo que te pido, sí... ¡lo que te pido y lo que hace tiempo que sueñas!

 

Me levanto y le tomo de las manos para que se levante. Volvemos a unirnos en un beso frenético y sus manos finalmente se comportan como las de un hombre y buscan mi culo. Me aprieta contra sí, y en posición de máximo contacto busco desesperada la manera de liberarle de la chaqueta de su traje. Me cuesta, y finalmente él me ayuda.

 

 

Le empujo y vuelvo a tirarle sobre el sofá. Él intenta tirar de mi para que caiga con él, pero me zafo, y mientras le obligo a quedarse quieto y relajarse, yo me incorporo quedo delante suyo, muevo mis caderas en una suerte de provocativo baile, me coloco de espaldas a él, desabrocho la cremallera de mi cintura, doy un paso atrás para acercarme a él. Noto como besa mi cadera, pero aparto su cara de mi cuerpo. Me bajo la falda lentamente, provocativa. Dejo que mis nalgas y mis braguitas brasileñas aparezcan lentamente ante sus ojos. Miro por encima de mi hombro y puedo ver sus ojos fijos en mis movimientos. Me siento poderosa.

 

La cintura de mi elegante falda supera mi cintura y cae al suelo. Me giro aún más despacio, quedo delante suyo. Me contoneo y mis manos acarician sus hombros cuando le digo:

 

-Mateo, ¿te gusto?

 

-Alba, eres una mujer preciosa...

 

-¿Y mi cuerpo, te excita? - No dice nada, solo toma mi mano y acaricia con ella mi miembro. - Creo que sí... me equivoco?

 

- No...

 

-Hazme el amor, Mateo. Quiero ser tuya, por favor – Vuelvo a sentarme sobre él, y le beso. Le imploro que acabe de desnudarme, que se desnude, que me convierta en una mujer plena, que me de su polla y haga lo que nadie más ha sabido hacer...

 

Mateo sucumbe y me desabrocha el sujetador. Mis pechos quedan ante sus ojos desnudos y se queda mirándolos fijamente. Quiero que me los lama ya...

 

-Dios mío, Alba, eres espectacular...

 

Soba mis tetas con ambas manos. YO desabrocho su camisa. Quiero ser rápida pero solo consigo ser torpe, y él me ayuda. Quedamos ambos con el torso desnudo y nos tumbamos. Él encima y yo debajo, luego al revés. Se apodera de mis pechos y yo gimo desesperada. Para mi suerte, parece que finalmente es Mateo quien está desesperado y ya no puede posponer sus ansias por devorarme. Me besa por todo el cuerpo, poseído por la lujuria. NO escapa de mi mente que he seducido a mi admirado professor y sé que el está tanto o más caliente por tocarme, por desnudarme, por la perspectiva de penetrar a su joven alumna, 20 años más joven y sim embargo toda una mujer, loca por él. Le he seducido yo, y lo sabemos ambos. Él sabe que no ha podido resistirse a mis encantos y ahora se abandona a esta dulce derrota. Sus manos ya han tocado cada uno los rincones de mi cuerpo, y su lengua me arranca suspiros de placer con sus besos y con sus lamidas sobre mis pechos.

 

-Alba, me encantan tus senos....

 

-¿Mis que? Dilo bien, Mateo... Di que mis tetas te encantan, que mis tetas te vuelven loco...

 

-¿Quieres que te hable así, Alba?

 

-Quiero que me trates como lo que soy, como una mujer. Quiero que seas un hombre para mi y me hagas el amor, quiero que seas todo míoooooOOOOHHH... - Sus labios se acaban de posar sobre mi vulva y me está lamiendo por encima de las bragas a la vez que me inserta un dedo.

 

-Joder, Alba, tienes el coño ardiendo...

 

-Por ti, Mateo, solo tu puedes apagarlo...

 

Me arranca las bragas de un tirón y se lanza a comermelo entero. Y finalmente, por fin, descubro lo que es el placer. Con experta sutileza, Mateo me regala un abanico de movimientos linguales y caricas que jamás había experimentado y tarda apenas tres minutos en hacerme llegar al orgasmo.

 

Mis plegarias han sido correspondidas, mis miedos vencidos: el buen sexo ¡sí existe! Com siempre he sabido, Mateo es mi hombre y me acaba de regalar el mejor orgasmo de mi vida. Y aún falta lo mejor por llegar...

 

Mateo no pierde ni un instante y se baja los pantalones. No le dejo que se los quite, le tomo de sus nalgas y le fuerzo a venir sobre mi. No quiero perder las sensaciones de mi reciente orgasmo, quiero sentir su pene frotándose contra mi vagina. ¡Qué delicia!

 

Cada vez deseo más que me penetre ya. Necesito sentirle, pero naturalmente no voy a dejar que me folle a pelo, soy una chica madura y lista. Le libero totalmente de su pantalon y también de ropa itnerior y zapatos. Le tengo dessnudo para mi. Yo también estoy desnuda, a excepción de mis medias. Me lanzo a sorber su ariete desesperada. Lamo por arriba y por abajo; su falo, sus testículos, su glande. Todo lo lleno de mi saliva y sigo lamiendo. Con mi mano le propino una soberana paja mientras sigo lamiendo y lamiendo. Puedo ver como él entorna los ojos y se deja llevar por el placer. No pron uncia ni una palabra y apenas se le escapa un sonido, pero puedo ver que es prisionero del placer que le regalan mis artes de mujer.

 

Y yo sigo, embelesada, con su polla hasta el fondo de mi garganta, una mano en sus testículos y la otra en el charco que es mi coño, cuando de una sacudida me veo levantada por los aires. Me abrazo a su cintura enroscado mis piernas, me engancho a su boca con mis labios, y sin dejar de besarnos y acariciarnos, Mateo me lleva, casi corriendo, en volandas hasta su habitación. Me lanza sobre la cama y se tumba sobre mi. Creo que ya no aguanta más y quiere follarme ya. Bien, porque yo ya no puedo aguantar más...

 

Acerca su polla a mis labios, y los roza. Arriba y abajo. Me masajea los labios exteriores con su glande a la vez que me besa. Mi excitación es tal que le agarro fuerte de sus brazos y le hago caer sobre mi. Me gira, quedo boca abajo sobre la cama y el vuelve a repetir la operación. Desde atrás, inserta su durísimo mástil entre mis piernas y por debajo de mi cuerpo para acariciar desde arriba hasta abajo mi coñito. Sus manos también se cuelan por debajo de mi y agarra mis tetas. Me pellizca los pezones y yo grito.

 

-¡¡Oooh, Mateo!! ¡¡Fóllame ya!!

 

Su polla empieza a abrirse camino entre mis labios, ya ha conseguido abrirlos. Una mano suya acaricia mi clítoris y le ayuda a abrirme aún más -como si hiciera falta- y su miembro persiste en sus caricias, cada vez más intensas, de manera que cada vez estoy más abierta. Solo tiene que empujar y me penetrará. Intento alargar mi mano para presionar su espalda hacia mi, hacer más absoluto el contacto, acercarle, ayudarle a entrar... Su glande se pase por toda mi puerta y me tortura, su mano me acaricia la teta, su boca resopla en mi oído y me dice:

 

-Alba... te voy a follar hasta partirte. Toma....

 

Y noto como se dispone a empujar y meterme la polla hasta el fondo, así, sin protección, y en un alarde de lucidez me aparto, no se ni como, y le digo que no:

 

-Mateo, ¡NO! Ponte un condón, ¡por favor!

 

Mateo me gira con su fuerza masculina -y yo me dejo manipular encantada- volviendo a quedar de espaldas sobre la cama, con mis tetas y mi coño apuntado hacia él. Me coge ambas manos y las sujeta por encima de la cabeza.

 

-No Alba, no... Eres mía, y vas a ser mía del todo. Vas a notar como mi polla entra en tu coño, lo abre lentamente, se inserta en tu interior, y lo vas a notar TODO.

 

-Mateo, por favor! Y si...

 

-¿Y si que, muñeca? Y si te digo que no tengo condones... Y si te digo que o bien te lo hago así o bien te quedas a dos velas, caliente como una perra como estás...

 

-Nooooooo, no te creo Mateo, ¡seguro que tienes!

 

-Estoy casado, ¿para que iba a tener, niña? Esto es lo que hay, ahora tú decides... ¿La quieres... o no? ¿Quieres que te folle un hombre de verdad, o no? Dímelo ya... te doy 5 segundos o te dejo sola... ¿Quieres mi polla dentro?

 

Pero mientras me suelta este discurso no ha dejado de frotar su polla contra mi sexo ni de amasarme las tetas, así que realmente no tengo elección. No podría aunque quisiera, y se me escapa un grito gutural que me delata.

 

-Ooooohhhaaaaaaaaaaaah!

 

-¿Que significa esto, Albita?

 

-¡Métemela yaaaaaaaa!

 

Y sin esperar un segundo más, me inserta su polla hasta el fondo.

 

Me ha follado en todas las posiciones que puedo imaginar. Y sí, me ha hecho correr. Muchas veces. Ha sido el mejor polvo de mi vida, pero lo mejor de todo es que también he aprendido. Creo que a partir de ahora, todo irá mejor.

 Aunque quizás a mi y a Víctor no, desde luego.

 

***24 de junio, miércoles***

Una vez más, me abro a la cerca del hombre perfecto para mi. Esta vez, más sabia.

 

 


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