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Fecha: 01-Ago-18 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Juegos de probador y más

Margaryt
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Ya dentro me quité el vestido y lo colgué de una de las dos perchas plateadas que había, solo me quedaban los zapatos rojos como única prenda. Me vi en el espejo... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Después de levantarme y desayunar esta mañana, me sentí pletórica. Sentí ganas de pasear por la ciudad, con el aire fresco de la mañana; ganas también de sentirme a mí misma, mi felicidad, mi cuerpo. Para dar mi paseo solo me puse un vestido amplio y colorista de verano, de seda estampada. El vestido me quedaba por encima de las rodillas, pero poco más arriba. Como una forma de sentir mi sexo libre al caminar no me puse ropa interior. Me había encontrado tan fresca después de la ducha que deseaba sentir el frescor de la mañana en mi cuerpo; refrescando mi abultado sexo. Aunque ir sin mis bragas era algo sensual, al caminar, no se me veía nada. Salí de casa llevando solamente mi monedero y mi móvil; después de andar toda una avenida entre puestos de flores y kioscos de revistas, noté que estaba excitada, los labios internos de mi sexo se habían humedecido y sentía como "patinaban" dentro de mi raja.  Me tomé un café y, mientras lo tomaba, vi una tienda de ropa enfrente, que estaba abriendo en ese momento. Antes de salir de la cafetería entré al aseo, estaba sucio; me subí el vestido hasta la cintura y puse mis pies en los bordes de la taza para orinar, después de caer mi pis, me sequé con dos clínex de mi bolso (el papel del váter no me animo a restregármelo). Terminé mi café y salí a la calle, me puse a mirar los escaparates de esa tienda, mientras me preguntaba, por qué no había entrado antes allí, ya que, se veía muy bien surtida y muy elegante; es igual.

Mientras miraba los escaparates pensaba en la reciente separación de con mi novia Susana, al mismo tiempo, sentía el frescor y algo de irritación en mi sexo, rasurado esa mañana en la ducha. En esta ocasión no me dejé ninguna cinta de mis pelirrojos pelitos, ¡nada!; ¡limpieza total!, desde el vello púbico hasta los recovecos de mi sexo. Estaba excitada, deseosa de enseñarlo, mi lado exhibicionista quería que me lo vieran y que me lo chuparan, estaba caliente, muy caliente; incluso sentía como mi ano limpito se destensaba y se entreabría. Entré en la tienda y di varias vueltas, había unas minifaldas que me chiflaron, y unas camisas de seda, ¡de lujo!; algo caro todo, ¡pero bueno!; ¡esto son dos días! Había dos parejas viendo prendas y un grupo de tres chicos. Al fondo una hilera de tres probadores, estaba libre el del centro, a los lados, otras dos chicas se probaban ropa mientras sus chicos esperaban junto a los probadores. Cogí dos minifaldas y me metí en el probador que estaba libre, un probador con una cortina gruesa sujeta con anillas. Ya dentro me quité el vestido y lo colgué de una de las dos perchas plateadas que había, solo me quedaban los zapatos rojos como única prenda. Me vi en el espejo y me miré detenidamente: Los espejos de los probadores realzan, los defectos en algunas personas y la belleza en otras, en mí lo segundo. Mi chocho rasurado parecía más abultado que nunca, mi raja de un rosa claro, brillaba; mis muslos firmes y claros de pelirroja, me gustaba mirármelos, mis pechos, grandes y blanditos apuntaban hacia el espejo con mis pezones gordos y de punta. Me sentía bella, sentí también mucho deseo de salir del probador y pasearme por la tienda desnuda y taconeando mis zapatos rojos, jajaj; ¡no podía hacerlo! Me conformé con, antes de probarme las minifaldas, acercarme a la parte de la cortina que, por la robustez de su tela, no se cerraba del todo y dejaba unos diez centímetros de abertura. Desde ese lado del cubículo que era el probador, todo mi cuerpo se veía desde fuera. Cuando me disponía a probarme la primera minifalda, vi unos ojos que me miraban desorbitados, era el chico de la que se probaba ropa a mi izquierda; no me alteré, pero casi me corro ante mi exhibición exitosa. El chico era muy guapo, de mi misma edad más o menos, moví mi larga y rizada melena pelirroja dejándola "aterrizar" sobre uno de mis pechos; no lo miré apenas a los ojos, como no dándole importancia a haber cruzado mis ojos con los suyos. Me puse de espaldas a la abertura para probarme una minifalda, sabiendo que al agacharme a coger la prenda del pequeño taburete, mi culo y mi coño los estaba mirando, ¡qué digo mirando!, ¡¡devorando con los ojos!! Aquel guapo joven de ojos azules y pelo negro. Me puse la falda y me di la vuelta, él seguía allí: sudando, moviéndose nervioso; pero sin dejar de mirarme. Me gustó esa minifalda, me probé las demás pero elegí esa. Me puse mi vestido y me dirigí a la caja a pagar la prenda; pasé junto al joven, olía a un perfume que me embriagó. Mientras hacía cola para pagar en la caja, los tres jóvenes que estaban delante de mí me miraban de un modo grosero, ellos no me habían visto desnuda. El joven guapo y su chica, se situaron detrás de mí en la cola y hablaron entre ellos; hablaron de su estancia ese fin de semana en la ciudad y si acertarían al elegir dónde comer y qué ver. Me di la vuelta y la joven me miró de un modo muy jovial, muy afable y tierno, les dije a los dos:

_Yo soy de esta ciudad y conozco los mejores sitios, está todo cerca, ¿queréis que os acompañe a un poco más hacia el centro y os diga los mejores sitios?

Se miraron los dos y él dijo que si, luego dijo; si a Maribel le parece bien. Ella dijo que perfecto, muy jovial.

Después de salir de la tienda los llevé al centro histórico y les enseñé el restaurante donde les dije que, si comían al medio día allí, saldrían muy contentos. Al final la conversación se hizo amena y cómplice, Pablo, como se llamaba él, estaba muy dinámico desde que me vio desnuda dentro del probador (yo diría que su dinamismo era un calentón de no puedo más, se notaba su pene gordo dentro de los pantalones vaqueros ajustados). Su erección se mantuvo la hora y cuarto que estuve con ellos; en ese rato roce mis brazos con los de ella, imaginando algo entre los tres, algo que no podía ser, no era una pareja de las que haga un trío así como así, pero bueno, soñé con comérselo a ella y chupar lo de él. Antes de despedirnos Pablo me agregó a su Instagram, nos hicimos una foto los tres y también la subimos los tres. 

Regrese a mi casa, allí estaba sola; muy tranquila después de haber roto con mi posesiva novia Susana. Mi excitación estaba hay; me duché y desnuda y con las piernas abiertas sobre el sofá, me masturbé un buen rato. Me metía dos dedos queriendo sentir una penetración, pensando que era el joven de los ojos azules quien me penetraba. Me corrí como en un espasmo, un chasquido que humedeció medio sofá, necesite hacerlo. Almorcé, me eché una siesta y salí a la panadería por la tarde. Al atardecer me puse a leer en el balcón y después vi una peli. Al rato sonó una notificación en mi móvil y al abrirlo vi que era un mensaje de Pablo por Instagram, en él me decía así:

_No sé qué pensarás con lo que te voy a decir, Margarita, pero te lo diré tal como lo siento: Desde que te vi desnuda esta mañana dentro del probador estoy alterado, nunca he engañado a Maribel, pero, si tú me dices que sí, voy ahora mismo a donde me digas, ella está dormida ya.

Eran las diez de la noche y solo pensé en que lo que imaginé mientras me masturbaba se podía hacer realidad, muy mala yo, le dije:

_ Mándame una foto de tu pene, si me gusta, nos vemos.

A los diez minutos me llegó una foto de él frente al espejo, los pantalones por las rodillas, los testículos distendidos colgaban grandes bajo un pene muy grueso y medianamente grande, un pene muy robusto. Al ver la foto, sentí como mi raja se abría y mi culo también, no se veía su rostro, pero me encantó sentirme abierta solo viendo una foto de su miembro. Sin más palabras le mandé mi dirección completa, mi número de teléfono y le dije:

_ Desde vuestro hotel son diez minutos andando, no tardes Pablo.

A los siete minutos tocaban al portero automático, insistentemente, al poco tocan al timbre de mi piso, también insistentemente; miré por la mirilla y vi sus ojos azules apuntándome tras el cristalito de la puerta. Abrí los cierres y pasó adentro, cerré la puerta tras él, me di la vuelta y vi que se estaba bajando los pantalones y los slip, ¡su pene dio un salto en el aire!, grosero y brusco como un trozo de madera. Puse mis rodillas en el suelo, me saqué el vestido por la cabeza y comencé a chuparle su miembro. Como si nunca me hubiera comido un rabo, chupaba y chupaba, le daba con la lengua en la punta, tiene un glande gordo, le brillaba, me lo restregué por toda la cara y me lo metí hasta la garganta otra vez. Después lo sacaba y lo metía en mi boca sin parar, pero más despacio. Pablo me la sacó de la boca, acarició mi pelirroja melena y después buscó algo en los bolsillos de su pantalón, me dijo:

_ ¡Coño!, he olvidado echar los preservativos ¿tú tienes margarita?

_No.

_ Joder, sin globo no me atrevo, me da pánico poder dejarte embarazada.

Lo pensé, lo vi preocupado y le di la solución:

_ Pablo, métemela por detrás.

Dicho esto, me subí a la cama y puse mi culo tan en pompa como la mejor. ¡Me comió el ojete!, me escupió en el agujero y sin palabras ni aviso me la metió en el culo. Me dolió un poco al principio por su grosor pero, en cuanto su glande traspaso el músculo de mi ano, su pene me entró hasta sus huevos. Los pelitos cortos que tenía su bolsita escrotal, arañaban mi chocho que se salía por detrás, joder que placer. Sentía mi culo lleno y al moverse el, mi vientre tiraba hacia atrás y hacia adelante como si el absorbiera y expulsara mis entrañas. Me cabalgó más de quince minutos, ya entraba y salía de mí como si mi culo fuera líquido, estaba excitada y confundida después de haberme corrido yo tres veces. Mis piernas estaban pegajosas después de que mi flujo, tras correrme, resbalara por ellas. Me la sacó de golpe, me cogió por los hombros pidiéndome que me diera la vuelta. Yo quede sentada en la cama con las piernas abiertas, él de rodillas meneándose el miembro frente a mi cara, como un burro, ¡apenas se le veía su pene por la velocidad de su mano! Comenzaron a caer chorreones espesos, a mucha velocidad, sobre mi cara, después sobre mi melena pelirroja; luego más, ¡cuánto semen descargó sobre mí! Me dijo:

_Margarita, me ha gustado mucho, pero me tengo que ir, Maribel me espera.

Me dejó allí en la cama, con toda la cara llena de su leche, y se puso los pantalones y se fue. Sentí unas ganas tremendas de ir al aseo, mi vientre convulso necesitaba ir. Mientras estaba sentada en el váter vi mi rostro reflejado en el armario del baño: Pegotes blancos se entrelazaban entre mis cabellos pelirrojos, colgando en gotas elásticas; mis mejillas también lucían chorros blancos de su espeso semen. Con un dedo cogí un poco y lo chupé, su sabor era una mezcla de dulce y salado; pero chupar su esencia me hizo sentir fuerte, como si lo hubiera cazado a él. Le escribí y le pedí permiso para compartir la foto de su pene, ya que no se le veía el rostro; me dijo que sí, pero que no diera su verdadero nombre. Le mandé la foto de su miembro a mi ex novia Susana sin más comentarios que la propia foto.

(C) {Margaryt}


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© Margaryt

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