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Fecha: 30-Jul-18 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Pasantía

Aquiles
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Una pasantía de trabajo, en una lejana ciudad y en la casa de mi tío, se da una gran experiencia en mi carrera, al tiempo que enseño a la tía algunas cosas de la vida. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

PASANTIA

1- Un día cualquiera

-Me ofrecieron participar en la instalación de un software de CNC en una empresa en Puerto Ordaz- le dije a mi madre.

-¿Un qué?-

-Un programa muy complicado-

-¿Y porqué no vas?-

-No tengo mucho dinero y me saldría muy caro. No me van a pagar nada, sólo me ofrecen participar y aprender-

-¿Y te interesa mucho?-

-Si. Sería una experiencia muy valiosa para mi y me abriría algunas puertas para cuando me gradúe- 

Yo estoy estudiando ingeniería mecánica, en el último año de mi carrera, y he tratado de especializarme en máquinas de control numérico. Estas son máquinas que no son operadas por un humano directamente, sino que se programan común computador y luego realizan las tareas que les dicta el programa. Son mucho más confiables que los humanos, siempre realizan las órdenes con la misma precisión. Pero la programación es complicada y las máquinas en sí, son muy caras.

Esta empresa en esa ciudad tenía muchas máquinas de esas y acababa de comprar la última y más moderna. Luego de instalarla físicamente, habían venido unos ingenieros desde Alemania a instalar los programas y yo había logrado que me invitaran a participar. Era una oportunidad única, pero sin pago y no tenía dónde quedarme. Entre el pasaje, las comidas y la estadía… no podría ir.

-¿Porqué no le preguntas a tu tío Alberto?-

¡Claro!, el tío Alberto, el primo de mi mamá. Se me había olvidado que él vivía allá y que inclusive trabajaba en esa empresa. No era un cargo muy alto, supervisor o algo así, pero vivía allá. No lo conocía muy bien, era mas joven que mi mamá y si mal no recuerdo, estaba casado con una señora de la zona. Se había ido, como muchos, a Pto. Ordaz cuando el boom de las empresas de hacía unos 20 años y se había quedado para siempre.

-¡Qué buena idea mamá-

-Anota su teléfono y lo llamas- me dijo.

Esa misma tarde hablé con el tío Alberto, que se alegró mucho de poder ayudarme. Me dijo que por supuesto que podría quedarme en su casa. Sólo eran 9 días, desde el lunes 18 de mayo, hasta el miércoles 27. Además de un cuarto y una cama, él me daría comida: desayuno y cena, y el almuerzo lo haría en la fábrica, donde es muy barato. El fin de semana y en las noches me llevaría a conocer la ciudad y los alrededores. Igualmente, su esposa también se alegraría mucho de poder ayudarme.

2- Domingo en la noche.

Llegué a Pto. Ordaz en autobús. Mucho más barato que el avión pero también mucho mas cansón. A los 22 años, sin embargo, no era tan malo pasar 8 horas sentado en un incómodo asiento.

Apenas salí del terminal como a las 11 de la noche del domingo y busqué a mi tío con la mirada. Apenas lo recordaba, hacía unos 10 años que lo había visto por última vez en una de sus raras visitas a la capital y él menos me reconocería, el niño de 12 años flaco y desgarbado que era hace 10 años, se había convertido en un hombre. No es por alabarme, pero el hecho de jugar rugby en la universidad había contribuido a formar un cuerpo musculoso pero bien proporcionado. Una barba cerrada completaba las características que le harían imposible a mi tío reconocerme, por lo que habíamos acordado que me vestiría todo de azul, blue jeans y franela azul. El estaría igualmente vestido de azul. 

El acuerdo funcionó pues pude reconocerlo inmediatamente y aunque él dudó al verme, como dije, haber pasado de 1.4 a 1.8 metros de altura, de 45 kg de peso a 90 y tener la una poblada barba, no le hacía fácil el asunto.

-Hola Alex- me gritó.

-Hola tío- le respondí saludándolo alegremente.

Detrás de mi tío pude ver a una muchacha joven, quizás de mi edad. No sabía que mi tío tuviese una hija, pensé, mientras él me abrazaba con cariño.

Luego se volteó y me dijo:

-Mira, te presento a Lucía, mi esposa-

-Encantado- le dije estirando la mano para saludarla.

Ella tomó mi mano con una sonrisa, pero inmediatamente bajó la mirada con pena. ¿Cómo que su esposa? pensé. El debía tener por lo menos… 45 años, mientras que esta muchacha… su esposa, tendría un poco más de 20. ¿25 quizás?

-Vamos al carro- dijo el Tío Alberto tratando de tomar mi bolso de viaje, pero no lo dejé. Yo era mucho más grande que él, que quizás no llegaba a 1.70 m de altura y estaba un poco barrigón, así que yo tomé mi bolso y los tres nos dirigimos al estacionamiento.

Lucía era aún más pequeña que el tío, quizás 1.55, y estaba vestida con un traje de flores de lo más lindo. Muy recatado, pero alegre y apropiado para una chica joven como ella. Tenía el pelo negro y lacio, y le llegaba a mitad de la espalda. Tenía poco maquillaje, lo justo para verse acomodada. Bueno, a los 25 años la mayoría de las mujeres se ven bonitas. La boca la tenía pintada de rojo y siempre parecía sonreír. El cuerpo era más bien delgado, aunque tiene las curvaturas adecuadas en los lugares adecuados. No le pude apreciar bien el pecho debido a que el vestido era más bien suelto en esa área, pero pareciera pequeño; también proporcionado para su tamaño. Obviamente no era de esas chicas que parece que se van a caer de boca por el peso de unas tetas enormes. Llevaba unas sandalias de colores alegres, que hacían juego con su vestido.

Definitivamente una chica linda… que contrastaba con el tío Alberto, al que se le notaban los 45 años. Una panza prominente y una calva brillante. No me imaginaba cómo se había conseguido a esta esposa. Aunque en estos pueblos pequeños, una buena posición atrae a más de una muchacha joven, deseosa de salir de la pobreza.

En el carro no dejamos de conversar mi tío y yo, mientras Lucía seguía la conversación, pero no intervenía casi. Lo que era lógico, porque principalmente trataba de la empresa y de lo que Alberto hacía en ella.

Finalmente llegamos a la casa, una casita en las afueras, relativamente nueva, bien arreglada y con su aire acondicionado central. No la pude apreciar bien por fuera, por la oscuridad, pero por dentro se veía muy bien. Una sala pequeña, un comedor con la cocina adjunta y más allá dos cuartos, cada uno con su baño. No pude, obviamente, conocer el cuarto de ellos, pero el que me dieron estaba muy bien. Pequeño, pero con una cama mediana y un colchón duro y confortable.

-Mañana te vienes conmigo a la fábrica- dijo el tío Alberto -tenemos que salir un poco temprano porque yo entro a las ocho, pero después te enseño la ruta del transporte y tú podrás irte a la hora que te convenga. Los de sistemas usualmente empiezan más tarde, a eso de las 9 am, pero salen a cualquier hora de la noche. Hay un transporte de la empresa que pasa a dos cuadras de aquí y pasa cada media hora durante el día y cada hora en la noche hasta las 12. No tendrás ningún problema en ir y venir por tu cuenta. Con enseñar el carnet, te montas-

-Ahora descansa-

-Gracias Tío- respondí -¿A qué hora debo levantarme mañana?-

-Yo siempre me levanto a las 6:30, me desayuno y a las 7:30 estoy saliendo. Si estas a esa hora, nos desayunamos juntos y nos vamos-

-Perfecto- respondí -Buenas noches-

-¡Ah! En el baño tienes todo lo que necesitas, jabón, pasta de dientes, toallas, etc. Si necesitas algo más, le dices a Lucía-

-Gracias otra vez-

El tío salió del cuarto y cerró la puerta. Yo procedí a sacar las pocas ropas que llevaba en mi mochila y a colocarlas en el armario. Luego me desvestí y me metí en la ducha. Mejor era estar listo para mañana. Luego me puse unos shorts y una franela y me acosté a leer. No podía dormirme, estaba un poco excitado por el viaje y debía esperar a que me llegara el sueño.

Al poco rato apagué la luz y después de un tiempo oí un ruido que venía obviamente del cuarto del tío. Parecía que estaban haciendo el amor. Las paredes debían ser muy delgadas, porque podía oír la respiración pesada del tío y el crujir del colchón.

-Nooo… nooo, todavía nooo- oí que decía Lucía en un susurro.

Pero el ruido del colchón, así como la respiración pesada del tío no cesaban y unos segundos después oí como éste gruñía todo quedaba en silencio nuevamente. El show completo debe hacer durado menos de 3 minutos y sospecho que la protesta de Lucía debe haber reflejado su imposibilidad de alcanzar el orgasmo.

Con mi corta edad no no soy el más experto de los amantes, pero algo he aprendido de mis pasadas novias y de los libros que he leído, y es que la mujer debe quedar satisfecha. Si se hace el amor de forma egoísta y no te preocupas de que ella disfrute también, pronto te vas a ver en problemas.

3- Lunes.

Tal como habíamos acordado, me levanté temprano y a las 6:30 am estaba listo en la cocina. Allí me encontré con el tío Alberto y Lucía, que preparaba el desayuno. El tío estaba con su traje oficial, una especie de overol  gris, con el logotipo de la empresa, y estaba sentado en el extremo de la mesa. A un lado de la mesa había otro plato y el tío me señaló la silla correspondiente. Sólo había dos platos, por lo que asumí que Lucía no comería. Ésta tenía el pelo recogido en una cola y una especie de dormilona de algodón azul claro, muy suelta y que la cubría del cuello a las rodillas y se hallaba ocupada en la cocina, friendo unos huevos. En la mesa, un bol contenía varias arepas, obviamente recién hechas. También había jugo de naranja recién exprimido.

-No te creas que todos los días como así- dijo el tío Alberto sonriendo -Lucía se esmeró hoy por tí-

-Oh, muchas gracias, Lucía- le dije

Ésta se volteó y me dedicó una dulce sonrisa, para seguir luego con los huevos. Finalmente éstos estuvieron listos y se acercó la mesa con el sartén, para servirlos. Luego puso el sartén en el fregadero y se acercó de nuevo a la mesa, pero no se sentó, sino que apoyó el cuerpo contra el espaldar de la silla que estaba frente a mi, probablemente el puesto que solía ocupar, a dir nuestra conversación los resultados del fútbol.

Ahora bien, cuando apoyó el cuerpo contra la silla, la dormilona que era de una tela muy delgada se le pegó al cuerpo. Una sombra alrededor de los pechos permitía ver que no tenía puesto sostén. 

Yo debo haber puesto los ojos como una sartén, aparte de quedarme como bobo mirándole el pecho, por lo que ella se dio cuenta, se sonrojó profundamente e inmediatamente se separó de la silla.

Hubiese querido disculparme, pero mi cara también se me puso caliente, probablemente me vería como un tomate, pero el tío no se dio cuenta de nada y no me pareció oportuno decir nada.

Lucía se movió hacia la nevera, buscando cualquier cosa. Cuando se tranquilizó, regresó a su posición otra vez, pero teniendo cuidado de no pegar el cuerpo contra la silla, para evitar que se le trasparentara la dormilona. Ahora, sin embargo, el problema era otro. Sus pezones estaban tan duros que era evidentes bajo la tela de la pijama. Dos prominentes y obvias colinas en medio de su pecho. Ella parecía no darse cuenta, pero yo no podía dejar de mirarle el pecho y ella lo notó. Entonces volteó hacia abajo y se dio cuenta de lo que pasaba. Inmediatamente subió los brazos para taparse, juntando las manos frente a ella.

Por unos momentos, nos quedamos mirando uno al otro, mientras el sonido de la voz del tío Alberto seguía contándome cosas distraído. 

Pero entonces sucedió algo extraordinario. Lucía bajó los brazos, dejando ver sus pezones, bueno la marca de los pezones enfrente de su dormilona. Pero luego, lentamente volvió a recostarse de la silla con lo que la tela nuevamente se tensó sobre sus pechos, no sólo marcando más claramente los pezones, sino también la sombra de los mismos contra la piel blanca del pecho.

-Bueno- dijo el tío Alberto -es hora de que nos vayamos-

La magia se rompió y Lucía volvió a sonrojarse intensamente y a taparse con los brazos, alejándose de la silla.

-Cla.. claro- dije tartamudeando un poco -yo estoy listo-

Lucía se despidió del tío con un beso en la mejilla, pero ya yo estaba en la puerta, demasiado turbado para despedirme de ella. 

El tío Alberto y yo nos fuimos caminando las dos cuadras hasta la parada del autobús de la empresa, que como siempre, pasó con 10 minutos de retraso. Una media hora después estábamos en el portón. Yo tuve que identificarme para recibir un pase temporal y el tío me esperó pacientemente.

Después me condujo al edificio donde se haría la instalación del software de CNC, que era distinto del de él. Allí me “entregó” en manos de los responsables del área y se despidió hasta la noche.

-Bueno Alex, ya sabes. Cuando salgas, buscas la terminal de los autobuses y allí tomas el 7, que es el que te llevará a la casa. No te espero porque no se sabe a qué hora vas a salir, pero tu eres inteligente y encontrarás la casa. Allá estaremos Lucía y yo y después de descanses, te llevaremos a conocer la ciudad y a comer a un restaurante-

Luego de eso, el tío se despidió y se fue a su trabajo. Y yo comencé con el trabajo. Al principio hubo un poco de desconfianza, pero en lo que comenzamos a hablar, notaron que mi nivel de conocimientos teóricos era mucho mayor que el de ellos (yo estaba casi graduado de ingeniero y ellos eran sólo técnicos). Así pues me empezaron a dar trabajo importante y difícil.

A eso de las 2 paramos para ir al comedor de empleados a almorzar. Los empleados normales almorzaban antes, nosotros teníamos que esperar que ellos hubiesen acabado. La comida no era mala, una bandeja con una biftec medio duro, arroz y plátanos fritos. Un jugo de patilla o algo parecido. Unos minutos de sobremesa y otra vez al trabajo, hasta eso de las 6:30 pm. Para ese momento ya estaba medio fundido.

Salimos todos juntos y yo me fui a coger el autobús. A las 7 en punto salió y después de recorrer muchos sitios completamente desconocidos para mi, llegamos a la urbanización del tío y como a las 8 entré a la casa.

Tanto el tío Alberto como Lucía estaban preocupados por mi tardanza, pero yo les dije que no había habido ningún problema, sólo trabajo y más trabajo. Ambos se habían acomodado para salir, especialmente Lucía que volvía a lucir un delicioso vestido de blanco con grandes flores, con un escote que dejaba libre los hombros y que se sostenía por dos delgadas tiras.  A diferencia del de ayer, éste se ajustaba por todo su torso y aunque la tela era como corrugada se marcaba bien la curva de sus pechos, su delgada cintura y su vientre firme. Cuando el vestido llegaba a las caderas, se soltaba ampliamente, formando una bella falda alrededor de sus piernas. Los colores eran claros y muy alegres. Otra vez llevaba el pelo suelto, pero una flor adornaba su cabeza.

De la mirada pícara de esa mañana ya no quedaba nada. Se mostraba alegre y sonreída, como cuando me recibieron el día anterior, pero más nada. Por un momento pensé que todo había sido un producto de mi imaginación.

Salimos en el carro y estuvimos dando vueltas por la ciudad. Ellos insistieron para que me sentara adelante para ver mejor e insistieron en que tendríamos que repetir el paseo el sábado para poder apreciar mejor las bellezas de la ciudad. Hoy, por la hora y el cansancio sería sólo un paseo rasante, mientras nos dirigíamos al restaurante.

Nos estacionamos en el mejor hotel del pueblo, que como es frecuente, también tiene el mejor restaurant. La decoración era de un estilo un poco raro, una mezcla de italiano con colores locales, pero el menú parecía interesante. Obviamente no iba a comerme una pizza, ni unos spaghettis. Por recomendación del tío, me fui por un lomo de cochino con salsa de tomate, acompañado de arroz y plátano. Supuestamente una especialidad de la casa. La verdad era que estuvo fenomenal. En parte quizás a la diferencia con el microscópico biftec del almuerzo. El tío Alberto pidió un pescado de la zona, no recuerdo el nombre, y Lucía sólo se comió una ensalada y luego un helado de chocolate. 

Mientras comíamos, el tío llevó el peso de la conversación, como siempre. Lucía y yo sólo interveníamos cuando nos preguntaba algo o cuando era necesario para que él se sintiera que le prestábamos atención. Y no era fastidioso, de ninguna manera. Simplemente yo estaba cansado y Lucía, bueno, supongo que ella estaría acostumbrada a oírlo y se sabría de memoria todas esas historias.

A eso de las 9:30 pm nos marchamos, luego de agradecerle a ambos por la cena. Al llegar al cuarto puse el despertador a las 7:30 am y apenas puse la cabeza en la almohada, me dormí.

4- Martes.

Luego de bañarme y vestirme, llegué al comedor a eso de las 8:30 am. Tenía suficiente tiempo para desayunarme e irme en el autobús para entrar a las 10 am, como había acordado con los compañeros de trabajo el día anterior.

El silencio en la casa me sorprendió, siempre estaba resonando la voz del tío Alberto, pero ahora él estaba en la fábrica y Lucía no se veía por ningún lado. Apenas tomé la cafetera para servirme, ella apareció:

-Déjame servirte. Por favor siéntate-

Me sorprendió por dos razones, primero porque no la había oído entrar. Luego me di cuenta de que estaba descalza. Tenía unos pies delicados, con las uñas pintadas de rojo intenso. La segunda razón de la sorpresa fue que estaba… mucho más arreglada que la mañana anterior. Casi diría que maquillada, peinada y acomodada, nada estrambótico, pero si lo suficiente para verse… .linda!  Tampoco tenía la dormilona del día de ayer, sino una amplia camisa de algodón blaco, con un gran escote y unas letras escritas con unas estrellitas de colores que decían… no sé, no las pude leer. También vestía bluejean, como cualquier muchacha joven. 

Me senté en la mesa y ella empezó a conversar alegremente:

-¿Cómo dormiste anoche?-

-Se te veía muy casado-

-Y ¿qué vas a hacer hoy?-

No me daba tiempo de empezar una respuesta, cuando ya venía la siguiente pregunta. Obviamente el silencio de los días anteriores se debía a la presencia… abrumadora del tío. Por primera vez estábamos solos y ella aprovechaba para conversar conmigo, un joven de su edad.

-Dormí bien… y sí, estaba cansado..-

-¿Te gusta lo que te pusieron a hacer en el trabajo?-

-¿Y que te pareció la ciudad?-

-Ehhh… no sé por dónde empezar a responderte- le dije sonriendo.

-¡Ooohhh! Perdona…- me dijo sonrojándose mucho -te estoy atosigando de preguntas-

-No. Está bien. No me importa. Sólo que no me das tiempo de responderlas-

-Bueno, está bien. Entonces sólo te preguntaré cómo quieres los huevos. ¿Fritos, revueltos, una tortilla…?-

-Ah. Está bien… revueltos. Y si tienes un poco de jamón para ponerle-

-Ay, lo siento. No tengo jamón. Si quieres voy un momento a comprar-

-No, por Dios. Dámelos como te gustan a ti- respondí.

-¿Cómo me gustan a mi?- preguntó confundida y poniéndose sonrojada de nuevo.

-Si. Dame lo que tu quieras y yo me lo como-

Apenas dije eso me di cuenta de que sonaba muy feo, pero ella no pareció darse cuenta.

-Muy bien. Ya te lo sirvo- respondió con una sonrisa aún más grande.

-¡Ah! Y otra cosa. Haz para los dos. Quiero que comas conmigo-

Por un instante se quedó muda. Luego reaccionó y respondió:

-Claro- para seguir preguntándome cosas, a un ritmo más calmado, mientras seguía cocinando.

Pronto estábamos los dos desayunando huevos revueltos con tomate y cebolla. Un par de arepas recién hechas, mantequilla, queso y jugo de naranja. Nos habíamos sentado en esquina. Yo en el puesto del tío y ella en su puesto habitual. En esa posición podía verle el cuello y por el escote, hasta el nacimiento de los pechos.

Yo pude averiguar que ella estudiaba violín en la academia de música y que estaba buscando un trabajo para las vacaciones. Quizás dándole clases a niños pequeños, pero que no había mucha clientela en la ciudad.

-¿Y qué piensas hacer con el violín? ¿Quieres dar conciertos y eso?-

-Oh no. No soy tan buena. Siempre me gustó la música, pero mis manos son un desastre y nunca llegaré a la calidad para dar conciertos, pero me encanta tocar y enseñar, así que me dedicaré a eso. ¿Y tu tocas algo? ¿No te gusta la música?-

-Oh no. Al contrario. Me encanta la música y adoraría tocar algo, pero… si tus manos son un desastre, las mías son… ¡de piedra! ¡Y mi oído. Ni siquiera se bailar!-

-¡No puede ser! ¿No quieres que te enseñe?-

Así se fue pasando el tiempo y de pronto me di cuenta que eran casi las ¡9:30!

-¡Huy! ¡Tengo que salir corriendo. Voy a llegar tarde al primer día de trabajo!- dije levantándome de la mesa.

-Al segundo- dijo ella-

-¿Al segundo qué?-

-Al segundo día de trabajo-

-¡Ah! Cierto-

-Jajajaja- rió.

Cuando iba por la puerta, me detuve. Lo pensé un momento, me regresé y, para su sorpresa, la abracé.

-¡Gracias por todo!-

Ella se apretó contra mi, devolviéndome el abrazo. Sus pechos se clavaron en mi cuerpo y pude sentir no sólo que no tenía sostén, cosa que ya sospechaba de antes, sino que los pezones se habían erguido y los sentía claramente en el estrecho abrazo. Todo su cuerpo estaba pegado al mío y podía sentir el calor del mismo…

Pasaron unos segundos, más de los que debía durar un abrazo… muchos más, pero yo no quería soltarla y creo que ella tampoco, pero tenía que irme, así que aflojé el abrazo y ella hizo lo propio.

Entonces agaché la cabeza para besarle el cachete y ella movió la suya en la forma equivocada (o no), por lo que el beso cayó justo al lado de su boca. En la comisura de los labios, específicamente.

Un corrientazo me hizo enderezarme:

-Gracias de verdad- dije de nuevo y salí corriendo.

Desde la puerta volteé a verla y ella estaba paralizada, agarrándose del borde de la mesa y los ojos cerrados. 

Regresé en un poco más temprano que el día anterior y estaba un poco nervioso. Había pasado todo el día recordando el “casi-beso-en-la-boca” y si Lucía se habría enojado conmigo o no. El caso es que cuando llegué, me recibió con la misma sonrisa y humildad de los días anteriores. Nada que reflejase nuestro abrazo y nuestro “casi-beso-en-la-boca”. Por un lado me tranquilicé, pues como dije, temía que se pudiese haber ofendido y considerado que me estaba tomando libertades con ella.

Por otra parte, también me sentía desilusionado porque no me sonreía, ni hacía ningún gesto de reconocimiento de nuestra despedida.

En fin. El tío estaba de los más alegre y me invitó a que fuéramos a ver el juego de beisbol en el que el equipo de la fábrica se enfrentaba a los rivales de siempre: los de la fábrica de enfrente. Yo me sentía un poco cansado, pero no quise despreciar la invitación del tío y nos fuimos al estadio. Lucía no vendría, pues tenía que practicar un concierto de violín y tampoco le interesaba mucho lo del beisbol. Su exclusión representó una desilusión para mí, pero ni modo.

En realidad me divertí mucho. No tanto por el juego en si, sino por las barras de los equipos. Llevaron de todo, instrumentos musicales, tambores, cajas y cajas de cerveza, megáfonos, etc. Se pasaron todo el juego diciéndose cosas mutuamente. La mayor parte de ellas muy divertidas. El resto del tiempo, cantando y bebiendo. 

Yo tomé un montón de cervezas y me reí tanto que me dolía la barriga. Comimos parrilla, perros calientes, empanadas y cuanta cosa había en el estadio. Eso sirvió para que no me emborrachara, por lo menos no demasiado.

5- Miércoles.

Me desperté con un poco de dolor de cabeza, pero cuando me bañé, se me despejó y me sentí mejor. Conforme me vestía, empecé a ponerme nervioso. En unos instantes me sentaría a desayunar con Lucía ¿cómo se comportaría? ¿me seguirá tratando bien? ¿estará molesta por el abrazo y el beso?

-Buenos días- me dijo alegremente.

Mi corazón salto de alegría. Obviamente no estaba molesta.

-Buenos días- respondí sonriéndole.

-¿Qué quieres comer hoy?-

-Ya sabes que yo solo quiero comer lo que tú me quieras dar- 

Inmediatamente me di cuenta que eso podía interpretarse de varias formas. Pero nuevamente ella lo tomó de la manera más inocente.

-Muy bien. Entonces serán huevos con tocineta. Siéntate por favor-

Otra vez tenía una blusa suelta y una falda amplia que le ocultaba las formas. La blusa tenía, sin embargo un escote muy amplio y ella la llevaba de forma tal que uno de sus hombros quedaba al descubierto.

Me senté en la mesa mientras comentábamos sobre el juego de la noche anterior. Ella me dijo que iba de vez en cuando, pero que normalmente se aburría. No le gustaban las bromas y chistes un poco pasados que se hacían en el estadium. Ni la bebedera de licor. No era que desaprobara el licor, al contrario, ella bebía con gusto vino y algunos cócteles, pero tomarse decenas de cerveza, no era de su agrado.

En ese momento terminó de cocinar. Las arepas y el resto de la comida ya estaba en la mesa, por lo que sólo faltaban los huevos. Entonces ella se colocó a mi lado y me sirvió los míos. Para ello, se inclinó sobre mi un poco demasiado, lo que me permitió una vista por el escote. No llevaba sostén y sus pechos se mostraron generosamente. No llegue a verle los pezones, pero casi.

Me quedé un instante sin aliento y estoy seguro que ella se dio cuenta... y lo disfrutó. Lo había hecho a propósito.

Luego de servirse sus huevos, puso la sartén a un lado y se sentó en su puesto. Se acomodó, tomó sus cubiertos y preguntó:

-¿Te gustaron?-

Yo me atraganté y la cara se me puso como un tomate. ¿De verdad me estaba preguntando si me había gustado verle las tetas?-

-Yo... yo...- tartamudeé.

-¿Dije que si te gustaban los huevos asi?- dijo con una gran sonrisa en la cara.

Yo juraría que todo había sido adrede, el escote, el inclinarse frente a mi cara y finalmente la pregunta ambigua. Seguro que me estaba tomado el pelo. Pero no me atrevía  decir nada... ¿o quizás si?

-Oh. Si. Están perfectos- le respondí -tienen el tamaño perfecto. Redondos y un poquito duros. ¡Como me gustan a mi!-

-Ah, que... que bien- le tocó a ella tartamudear, ponerse roja y bajar los ojos -es bueno saberlo-

Por unos instantes nos quedamos mudos los dos, mientras comíamos nuestros desayunos. A y pesar de estar ambos un poco incómodos, nos sentíamos contentos de nuestro corto coqueteo.

Luego volvimos a conversar de música clásica. De las o bras que más nos gustaban, de los distintos compositores, etc. De vez en cuando, ella me tocaba mi brazo derecho para hacer énfasis en algo que iba a decir y yo sentía como la piel se me erizaba de placer. 

Yo también buscaba la forma de tocarla, como por ejemplo, nos dimos cuenta de que el jugo de naranja estaba en la nevera y antes de que ella se parara, yo me levanté y poniéndole la mano en el hombro (el que tenía descubierto, claro) le dije que no había necesidad, que yo lo buscaba.

Así fue alargándose de nuevo el desayuno, cuando de pronto me sonó el teléfono celular. Era de la fábrica.

-Hola, Buenos días Armando- respondí extrañado.

 -¿Que pasó?- preguntó Lucia preocupada cuando terminé de hablar.

-Era de la fábrica, tenemos una emergencia y tengo que irme para allá inmediatamente-

-¿Qué pasó?-

-Tenemos que empezar todo de nuevo. Resulta que la máquina que se instaló es el último modelo. De hecho es la primera instalación en el mundo de esa máquina. Pero el programa que estábamos instalando es la versión tradicional y descubrieron que son incompatibles. Ahora mismo nos están mandando la nueva versión y tenemos que empezar desde cero-

-¡Oh! ¿Y tienes que irte ya al autobús?- me preguntó Lucia, poniendo su mano sobre la mia y apretándomela.

Yo puse mi otra mano sobre la de ella respondiéndole:

-Me vienen a buscar aquí. Deben estar por llegar-

-Déjame que te de un café por lo menos- dijo poniéndose de pie y yendo hasta el fogón a servirme el café.

En eso sonó la bocina de un carro en la puerta.

-Tengo que irme- dije levantándome de la silla.

-¿No vas a tomarte el café?-

-No tengo tiempo- respondí acercándome a ella.

Ella se quedó con la cafetera y la taza en la mano y yo me acerqué un paso. Luego otro y en silencio la mire a los ojos. Luego me incliné a besarle el cachete, pero ella no volteó la cara sino que me ofreció los labios. No dijo nada solamente había subido los labios un poco. Yo entendí el gesto y la besé en la boca.

Fue un beso corto. En los labios, pero sin abrirlos. Uno o dos segundos... o tres y enseguida me enderecé y me fui hacia la puerta. Iba como en un trance, en las nubes, diría una novela romántica.

En la calle, un taxi con otros dos compañeros de trabajo me espera impaciente, partiendo inmediatamente.

Cuando llegué a la fábrica, nos enteramos de la intensidad de la emergencia. El nuevo software era todavía una versión beta, es decir, que no estaba completamente listo y tendríamos que esperar que ocurrieran errores.

Todavía se estaba bajando al computador de uno de los compañeros. Luego habría que descomprimirlo y empezara a montarlo en la máquina. Eso nos podría llevar medio día. Luego había que empezar a ejecutar todos los módulos y ver que pasaran los test de instalación. Al final, se ejecutaba el programa completo y asegurar la integración entre los módulos. Y después… en fin, la lista era larga.

A las seis de la tarde habíamos terminado solamente la mitad de las tareas. Y las que habíamos terminado nos demostraban que el nuevo programa tenía muchos errores. Entonces hicimos una reunión del equipo y decidimos que la única forma de avanzar era que hiciéramos un esfuerzo especial y nos quedásemos toda la noche trabajando, durmiendo dos horas cada uno, por turnos, mientras vigilamos los test y corregimos los errores que iban apareciendo.

Llamé por teléfono a mi tío para informarle:

-Hola tío. Te llamo para decirte que hemos tenido algunos problemas y hemos decidido que nos vamos a quedar trabajando toda la noche-

-¿Toda la noche? Pero eso seguramente no lo va a aprobar el sindicato-

-No tío. Eso no es cuestión del sindicato. Recuerda que somos, bueno, ellos son contratistas-

-¡Ah! Cierto. Disculpa. ¿Y a ti te van a reconocer las horas extras?-

-No es momento de discutir eso con ellos. Yo hago el trabajo y después veremos. En cualquier caso, no soy un empleado, sólo un pasante-

-Si hijo, pero no debes dejar que se aprovechen de ti-

-Claro tío. No te preocupes.-

-¿Pero ya sabes cuándo terminan?-

-Supongo que en algún momento terminaremos y volveremos a estar en track para entregar el próximo miércoles. En cualquier caso, supongo que mañana iré a dormir en la casa-

-Bueno. Ok. Ojalá resuelvan todo con bien-

-Gracias tío. Dile por favor a Lucía que no voy a desayunar mañana-

-Claro hijo. Y que Dios los bendiga-

-Gracias-

Volví al trabajo. Las cosas iban avanzando, pero teníamos que multiplicarnos para resolver los problemas que iban surgiendo. Hablar con los ingenieros en Alemania. Aplicar los correctivos o hacer las nuevas pruebas que nos pedían. Por cierto, ya no sólo me trataban como uno de ellos, sino que me consultaban a mi muchas cosas, como si yo fuera uno de los jefes. Definitivamente, mi experiencia universitaria se mostraba muy valiosa en estos momentos. Uno se acostumbra a resolver los problemas que te ponen en los exámenes y los de la vida real no eran nada nuevo.

Como a las 10 de la noche sonó el aviso de mensaje en mi celular. Era un número desconocido.

-Hola. Soy Lucía ¿puedes contestar? ¿Estas bien?-

-Holaaa. No reconocí el número. Si. Estoy bien y podemos conversar unos minutos-

-Me dijo Alberto que tienen problemas-

-Si. Esto está de terror, pero vamos avanzando-

-¿Y no vas a dormir?-

-Si. A mi me toca de 1 am a 3 am-

-¿Dos horas?-

-Si. Sólo dos horas. Vamos a dormir por turnos. Dependiendo del cansancio, quizás duerma otras dos horas en la mañana-

-Pobrecito-

-Bueno. Hay que sacrificarse por el deber. Pero me gusta lo que hago-

-A mi también-

-¿Uh?-

-A mi también me gusta lo que haces… el beso de esta mañana…-

-Oooohhh. A mi también me gustó mucho-

-Voy a dormir pensando en ti-

-Y yo… no voy a dormir, pero también voy a pensar en ti-

 De pronto hubo una alarma en la pantalla. Acababa de aparecer un nuevo error.

-Lo siento. Ahora tengo que dejarte. Tengo algo que hacer urgente-

-Esta bien. ¿puedo mandarte algo? Pero me tienes que prometer que lo vas a borrar inmediatamente-

-Claro. Te lo prometo- respondí ya comenzando a teclear para hacer lo que me ordenaba la computadora.

Por un rato no sonó más mi celular y me concentré en el trabajo.

Una media hora más tarde sonó el “ping” de los mensajes. Esperé terminar lo que estaba haciendo. No quería cometer ningún error que fuese a aumentar los problemas que ya teníamos. Finalmente terminé y arranqué el proceso de nuevo. Me recosté en la silla y tomé el teléfono para ver el mensaje.

Eran unos labios. Un close-up de sus labios. No se veía más nada. Más abajo había otro mensaje.

-Avísame cuando lo hayas borrado-

Por un rato me quedé viendo sus labios. Detallando las líneas de su boca. No tenía los labios pintados y se podía ver cada detalle. Inclusive un pequeño lunar en un lado de la boca. No se veía nada que permitiese identificar a la dueña de los labios, pero no quería que se preocupase, así que después de verlos un rato más, borré la foto.

-Ya borré la foto-

Al rato llegó la respuesta.

-Muy bien. Me preocupé un poco-

-¿No confías en mi palabra?-

-Es que no me contestabas…-

-Estaba ocupado-

-¿Y ahora no lo estás?-

-No. Pero en cualquier momento, esto me llama para hacer algo-

-Ok. Sólo quería confirmar que habías borrado la foto-

-¿Y no me vas a mandar otra?-

-¿Otra?… no sé-

-Anda…-

-Lo pensaré. Pero sólo si me prometes que la vas a borrar-

-Claro que te lo prometo. Sólo la guardaré lo suficiente para aprendérmela de memoria-

-¿Aprendértela de memoria?-

-Si. Así la puedo borrar, pero acordarme de ella para siempre-

Hubo una larga pausa.

-Bobo-

-Bobo sería si no lo hiciera… eres tan bella-

Sonó el ping del teléfono: una oreja. ¿Una oreja? Jajajaja, me reí silenciosamente. Detallé la oreja. Tenia un zarcillo plateado, en forma de aro.

-Borrada la oreja. Me gustó-

Pasaron unos minutos y volvió a sonar el teléfono: su cuello. Se podían ver una parte del pelo, inclusive algunos vellos muy pequeños que bordeaban la oreja. Podría besarla ahí. De pronto me di cuenta que las otras fotos eran de sitios “besables” ¿sería casualidad?.

-Borrado el cuello… luego de darle un beso-

-Muy bien. Sentí el beso-

Ping: Otra vez el cuello, pero ahora más abajo. Se podía adivinar el hoyuelo de la garganta y al fondo su clavícula. Me recreé un rato en la foto y luego la borré.

-Listo. Borrada. Me tarde más porque había muchos sitios donde besar…-

No hubo respuesta por un largo rato. Entonces el programa volvió a encontrar un error y tuve que concentrarme en resolverlo. 

El teléfono siguió en silencio y ya se acercaba la hora de acostarme a dormir.

Entonces uno de los compañeros se se sentó a mi lado y me empezó a hacer una serie de preguntas referentes a las correcciones hechas hasta el momento. Mientras conversábamos el teléfono sonó, pero no pude abrir el mensaje hasta terminar la conversación.

Apenas salió por la puerta, tomé el teléfono y lo abrí. La foto era muy rara y muy oscura. Al principio no pude entender qué era, pero le aumenté el contraste y el brillo de la foto y pude ver que era una vista de su escote. Como el que me había mostrado esta mañana cuando se inclinó para servirme los huevos fritos. La foto era oscura pero efectivamente se veía el perfil de sus senos y con un poco de imaginación se podían ver los pezones.

-¡No se ve nada!- protesté.

-¿Ya la borraste?-

Volví a abrir la foto y giré el teléfono, poniendo la foto horizontal. Ahora se veía más claro. La contemplé un rato más y luego la borré.

-Listo. Ya logré descifrar la foto y me tardé mucho porque los besos fueron incontables.  ¿tengo que borrarla? ¿no la puedo conservar hasta mañana?-

-Tenía otras más claras, pero no me gustaron. Preferí dejarte con la imaginación. Además. Ya te va a tocar dormir y no quiero que te desveles pensando en cosas. Bórrala ya por favor. Me lo prometiste-

-Listo. Pero pensar en ti no es pensar en una “cosa” y claro que voy a dormir pensando en ti. O a lo mejor no duermo nada-

Silencio.

Al rato, llegó otro de los muchachos a hacerse cargo de la consola donde yo trabajaba y me fui a acostar, con la cabeza llena de imágenes de Lucía.

Tal como habíamos acordado, alguien me despertó a las 3 am. A pesar de haber creído que no dormiría pensando en Lucía, la verdad es que estaba tan cansado que me había dormido inmediatamente. Fue tan profundo el sueño, que cuando me desperté y me lavé la cara, me sentí realmente recuperado.

6- Jueves.

Trabajé corrido hasta las 8 am, cuando me desayuné con unos sandwiches que alguien trajo. Luego me acosté y volví a dormirme. Esta vez me costó un poco más, pero igual me dormí. Y para ser sincero, no porque estuviese pensando en Lucía, sino por las líneas de código que me revoloteaban en la cabeza.

Me levantaron a las 10 am y volví al trabajo. A las 4 de la tarde, todos estábamos destruidos, pero el programa ya estaba montado en la máquina y hacía más de una hora que no daba ningún error. 

Hicimos una reunión y decidimos que podíamos dejar el programa corriendo, bajo la supervisión remota desde Alemania. Si ocurría algún problema, una alarma les avisaría y ellos nos llamarían por teléfono. Si no había ninguna llamada, todos dormiríamos y descansaríamos hasta las 9 de la mañana del día viernes. A esa hora nos reuniríamos de nuevo y haríamos una video conferencia con Alemania y evaluaríamos los siguientes pasos.

Llamé al tío por teléfono para avisarle que iba para la casa. Mentalmente me debatía sobre si debía enviarle un mensaje a Lucía, pero si ella no me había escrito, era probable que no se sintiera confortable haciéndolo con el tío ahí.

Efectivamente, a los pocos minutos me llegó un mensaje:

-¡Qué bueno que vienes a casa! No me contestes. Ya hablaremos cuando llegues-

Llegué a la casa como a las 6 pm. Estaba tan cansado que me dormí en el autobús y estuve a punto de pasarme de donde me tenía que bajar. Caminar hasta la casa me despertó un poco y me permitió estirar los músculos que estaban endurecidos.

-¡Bienvenido!- me dijo el tío apenas abrí la puerta.

-Gracias- dije con la voz ronca. Lucía estaba atrás de él, pero sólo me miraba con sus grandes ojos.

-Si quieres comer. En un rato estará lista la cena. O podemos salir a comer afuera-

-¿Qué quieres que te prepare?- dijo entonces Lucía.

-La verdad es que ahora lo que quiero es bañarme. Luego me puedo comer cualquier cosa. Un sandwich, una ensalada, unos huevos. Realmente lo que sea-

-¿Está bien unos espaguetis?- dijo Lucía. Los ojos le brillaban.

-Claro. Lo que te sea más fácil- respondí tratando de parecer tan animado como ella, pero me era difícil.

Después de bañarme y afeitarme, me sentía gente otra vez. Salí del cuarto con mucho ánimo, pero sabía que era sólo momentáneo.

Durante la cena, les estuve contando los problemas que habíamos enfrentado, una versión simplificada claro. Ellos, especialmente Lucía, me oían atentamente y hacían algunas preguntas para que les explicara. 

Los espaguetis estuvieron deliciosos y ademas estuvieron acompañados por una excelente ensalada de tomates y de un quesillo para el postre.

-¿Café?- me ofreció Lucía.

-Oh no, gracias. No quiero desvelarme-

-Claro, claro-

-Ahora, con su permiso- dije dirigiéndome al tío y después hacia Lucía -y el tuyo también. Me despido hasta mañana. A las 8:30 de la mañana me vienen a buscar para continuar con le lucha-

-Ay, pensé que te desayunarías conmigo- dijo Lucía, bajando los ojos inmediatamente, pensando que el tío podría pensar que estaba demasiado ansiosa.

-No lo molestes Lucía- dijo éste -Su trabajo es lo más importante. Para eso vino aquí-

-Claro, claro. Pero de todas maneras te tendré preparado algo para que no te vayas con el estómago vacío-

-Muchas gracias, Lucía. Estaré a las 8 aquí y tendré media hora para desayunar-

-Perfecto. ¿Algún deseo?- una mirada pícara acompañó la pregunta, aprovechando que estaba en una posición en la que el tío no podía verle la cara.

-Oh, no. Ya sabes que estoy contento con lo que quieras darme- respondí. Muy juicioso porque a mí que me podía ver la cara el tío.

-Muy bien- dijo con una amplia sonrisa.

Entonces me retiré a mi cuarto y mientras me desvestía, me sonó el ping de los mensajes:

-Otra vez no me vayas a contestarme. Sólo quería desearte que duermas y mandarte un beso dulce-

Inmediatamente volvió a llegarme una foto con sus labios pintados de rojo y en forma de beso. Una gran sonrisa se dibujó en mi cara.

Ping.

-Esta no la tienes que borrar… hasta mañana-

Y con una sonrisa aún más grande, me dormí profundamente.

7- Viernes.

El despertado sonó a las 7:45 dándome apenas tiempo de vestirme y cepillarme los dientes para ir a desayunarme con Lucía. Estaba tremendamente excitado. Por primera vez, después de todos esos mensajes flirteando conmigo, las fotos… volvería a estar a solas con ella.

-Buenos días- le dije apenas entrando a la cocina, viéndola de espaldas cocinando algo.

-¡Buenísimos días- respondió ella con la mas bella de las sonrisas.

No sólo sonreía ¡estaba bella! Tenía una blusa de colores un poco menos escotada que la última vez, pero más delicada. Parecía de seda o algo así. La falda era muy corta y era de un color amarillento que hacía perfecto juego con la blusa. Llevaba el pelo suelto, como siempre, pero una flor le adornaba la cabeza, haciendo juego también con los colores de la blusa. La boca pintada con el mismo color de la fotografía que me había enviado anoche.

-Por favor siéntate- me dijo, frenando mis ganas de besarla inmediatamente.

-Te tengo huevos fritos, queso frito, arepas y jugo de parchita. ¿Te gusta?- continuó.

-Me gusta todo lo que veo-

-Gracias- respondió comenzando a servirme, para luego sentarse a mi lado.

-¿Dormiste bien?- comenzó preguntando y de ahí en adelante, no paró de hablar todo el tiempo. Parecía que le faltaba el tiempo, pero en ningún momento la conversación me permitió que tocáramos el tema de las fotos o de los mensajes.

El tiempo fue pasando y se acercaba el momento de irme. Ni siquiera me tocaba el brazo o la mano como el otro día. Yo empecé a pensar que había hecho algo malo, cuando de pronto la corneta de un carro sonó en la puerta.

-¡Oh! Ya me vinieron a buscar-

-¿Ya te tienes que ir? Pero no te has tomado el café-

-Lo siento, me esperan en el carro- respondí levantándome y moviéndome hacia la salida.

-¿Y no te vas a despedir?- dijo ella poniéndose también de pie con cara triste.

-¡Oh, claro, perdóname- dije retrocediendo y acercándome a ella. 

Ella estaba parada al lado de la mesa y yo me detuve delante de ella, muy cerca. Nos miramos sin decirnos nada, ni saber exactamente cómo despedirme.

Entonces la abracé. Ella se pegó de mi y me abrazó también. Nuestros cuerpos se pegaron.

Ella siendo más pequeña que yo, levantó un poco la cara, yo sin separarme ni un milímetro ni aflojar mi abrazo, la miré y la besé.

Los primeros segundos fue un beso en los labios, pero entonces abrí un poco la boca y sacando la lengua, la deslicé por sus labios. Ella inmediatamente abrió su boca y me dio paso. Su lengua recibió a la mía y empezó un juego entre las dos, explorándonos, acariciándonos, saboreándonos.

El abrazo se hacía más íntimo y mientras nos besábamos, poco a poco nuestras manos habían empezado a recorrer el cuerpo del otro. Inmediatamente me di cuenta de que no tenía sostén y sentía sus pechos y sus pezones duros, apretados contra mí. Al mismo tiempo, mi miembro se había alborotado y se encontraba duro y apretado contra su cadera y su vientre y no había forma de que ella no se diera cuenta.

Y el beso no se detenía. Movimos las cabezas un instante para no acalambrarnos el cuello, pero seguíamos saboreándonos.

Mis manos habían bajado hasta sus nalgas sin haber detectado alguna pantaletas y empezaba a tirar de la falda para meter las manos debajo, cuando sonó de nuevo la corneta.

-Será mejor que te vayas- dijo ella finalmente separando un instante su boca de la mía.

-No quiero- respondí volviendo a besarla.

-Yo tampoco- dijo ella volviendo a interrumpir el beso y comenzando a separarse, quitándome las manos de su trasero -pero te están esperando y no quiero que toquen la puerta o peor, se asomen por la ventana. Además los vecinos…

-Bueno- dije completamente agitado.

-Espera- me dijo tomando una servilleta y limpiándome la cara, que debía tener toda manchada de lápiz de labios.

-Gracias- le dije -comenzando a componerme.

-Listo-

Me volteé y comencé a caminar hacia la puerta cuando la oí riendo diciéndome:

-¡Ah! Y acomódate el pantalón. Jajaja- dijo señalándome el vientre, donde se veía un bulto muy sospechoso.

Sin voltear, me arreglé lo mejor que pude el güevo, que seguía duro y seguí caminando. Al llegar a la puerta, me volteé, le lance un beso y me fui.

El día volvió a ser intenso. Aunque no se había caído el sistema en el resto de la noche, no había corrido con mucha carga, sólo algunas rutinas de chequeo. En la mañana, cuando empezamos a ponerle carga, haciéndolo funcionar como lo tendría que hacer en la vida real, volvieron las fallas.

La mayoría de las cosas las podíamos resolver nosotros mismos, otras teníamos que consultarlas con Alemania. De alguna forma, yo me había convertido en el principal punto de contacto con ellos. Al principio hablábamos en inglés, pero después descubrieron que yo había estudiado en el colegio alemán y que también podía hablar en ese idioma. De ahí en adelante el proceso se hizo bilingüe. Algunos de los chicos de nuestro equipo eran asiáticos, un chino y dos hindúes. Los otros tres eran alemanes. También había otros dos miembros del grupo que eran del país, que trabajaban para la fábrica y que hablaban un inglés respetable. Cuando hablábamos entre todos, el inglés era el idioma principal, que todos entendíamos.

Como a las 11 am recibí un mensaje de Lucía. Por unos 30 minutos no me atreví a abrirlo para leerlo. Estábamos en medio de una video-conferencia discutiendo con Alemania los siguientes pasos, por lo que tuve que esperar.

Apenas tuve un chance salí de la sala y abrí el mensaje.

-Hola. ¿Cómo va todo?-

-Hey. Perdona que no te haya podido contestar antes. Estaba ocupado, pero ahora puedo conversar contigo un poco-

-Oh. No hay problema… ¿Prefieres que lo dejemos para después?-

-No, no. Ahora tengo una especie de pausa, mientras nos transmiten una información desde Alemania-

-Es que… me da pena decirlo-

-Está bien. Puedes decirme lo que quieras- respondí, pensando que iba a empezar a flirtear como ayer y antier.

-Es que pienso que no…-

Esperé a que terminara la frase.

-Es que pienso que no hemos debido besarnos esta mañana. Me siento mal con Alberto-

Mmmm pensé. No me imaginaba esto, pensé. 

-Está bien. Sólo fue un beso-

-No. Fue más que un beso. Yo estaba… realmente… tu sabes-

-Claro que lo sé. Yo te tenía en mis brazos ¿recuerdas? Pero lo que quiero decir es que es normal que dos personas jóvenes se gusten y se besen-

-Si, pero yo estoy casada-

-Es cierto, pero tu no vas a abandonar a tu esposo, ni vas a cambiar nada de tu relación con él. Sólo te besaste conmigo y una vez solamente-

-No. Fueron dos veces… y me acariciaste- dijo Lucía

-Tu también me acariciaste, ¿no fue lindo?-

-Si. Me gustó mucho, pero está mal-

-No te sientas mal. Muchas hombres casados también flirtean con otras mujeres-

-No sé de otros pero estoy segura de que Alberto no- insistió ella.

-¿Estas segura? No quiero hablar mal de él, pero ¿has pensado que cuando él está solo no mira a otras mujeres? ¿no habla con ellas? ¿No les dice cosas bonitas?-

-No sé cuando esta solo… no sé- reconoció Lucía.

-Pero no quiero que hablemos de lo que hace o no hace él. Hablemos de lo que haces tu. Yo creo que no es malo lo que hiciste-

-No sé… ¿Y entonces porqué me siento mal? ¿porqué me siento culpable?-

-Eso es porque eso fue lo que te enseñaron. Seguramente te enseñaron que las mujeres tienen que estar en su casa. Que no pueden hablar con otros hombres distintos de su esposo-

-¿Cómo sabes?-

-Por como te comportas cuando estás con él. Casi no me hablas. Siente te pones detrás de él. Como una persona de segunda clase-

-¿Te parece?-

-Hoy en día las mujeres ya no se comportan así. Por lo menos en mi ciudad. Son iguales a los hombres. Tienen los mismos derechos- le escribí.

En ese momento me llamaron otra vez para atender algún nuevo problema, así que tuve volver a escribirle antes de recibir su respuesta.

-Lo siento, tengo que volver al trabajo. Piensa en lo que te dije y no te sientas mal por los besos. Fuero bellos y ¡deliciosos! Y tienes todo el derecho del mundo a sentirte feliz-

El trabajo siguió avanzando. El sistema empezaba a funcionar sin fallas. Decidimos que íbamos a seguir con la siguiente fase el día siguiente: controlar la máquina mandándole comandos como si fuese a fabricar una pieza y viendo si los ejecutaba sin problemas. Mientras, haríamos una especie de limpieza y documentación de todas las cosas que habíamos resuelto.

A eso de las 3 pm recibí un mensaje:

-Estuve pensando que tienes razón. Tengo derecho a ser feliz. Gracias por hacerme ver la realidad. ¡Y a mi también me gustaron muchos los besos!-

Y un rato después:

-Y quiero más-

Apenas pude escribir de vuelta:

-No puedo escribir mucho ahora, pero me alegro que te sientas mejor… ¡Y yo también quiero más… mucho más!-

Terminamos la documentación como a las 5:30 pm. Nos reunimos un momento a conferenciar y ver dónde estábamos parados. Todo parecía estar funcionando y nos despedimos hasta el día siguiente a las 10 am (nos dimos el lujo de dormir un poco más) para empezar con las pruebas funcionales.

Llegué a la casa como a las 7 y allí estaba el tío Alberto preparado para invitarme a otra noche de beisbol. Por supuesto que yo no tenía nada de ganas, prefería mil veces quedarme en la casa con Lucía, pero cuando ésta dijo que ella también iría, acepté la invitación. Me tomé unos minutos para cambiarme y ponerme una ropa más apropiada. Tenía unos pantalones cortos y unas franelas que no había tenido tiempo de usar, así que me los puse, me aseé un poco y nos fuimos.

Otra vez se enfrentaron las barras con sus canciones y sus chistes, y la cerveza corrió como un río desbordado. Esta vez, además de Lucía había mujeres, esposas y novias de los miembros de las barras y de los jugadores, aunque eso no disminuyó en absoluto el nivel de los insultos y chistes de doble sentido.

Yo me lo tomé con mucha más calma esta vez y apenas bebí una o dos cervezas, comiéndome a cambio unos tequeños muy buenos y un par de empanadas de carne.

Lucía se sentó con algunas de las mujeres y aunque de vez en cuando la miraba, procuraba que fuese muy disimulado, mirando a las otras mujeres también; todo con la mayor naturalidad. Cosa que no me fue muy fácil, porque un par de éstas parecían muy interesadas en mi e interrogaban a Lucía sobre quién era yo, qué hacía y porqué estaba en su casa. Ella les contaba y por las risas y las miradas, se podía ver que hablaban de mi, haciendo chistes que yo no podía oir, pero que las hacía reír a carcajadas.

De todo esto me enteré en el carro, en el camino de regreso, cuando Lucía nos contó:

-Tenemos que ver cómo le sacamos provecho al sobrino- dijo sonriéndome y viéndome desde el asiento delantero.

-Jajaja- respondió el tío -¿Y cómo por qué?-

-Todas las chicas quedaron enamoradas de él y no hacían sino preguntarme cosas de él-

-¿Y qué les dijiste?-

-Nada especial, que era un antipático y que no hacía sino comer y beber-

-Jajaja- se rió el tío -¿Y te creyeron?-

-Por supuesto que no. Todas decían que eso era mentira, que tenía una sonrisa encantadora y no podía ser antipático. Y en relación a lo de beber, que era obviamente una mentira, pues no tenía barriga-

-Jajaja- reímos todos.

-Pero lo mejor fue cuando todas empezaron a ofrecerme cosas para que lo llevara a sus casas o pidiéndome que las invitara a la casa. Por eso fue que dije que podíamos hacer negocio. Vendemos invitaciones. O te rifamos a la que más pague. Jajaja-

-¿Y una vez que una me gane, qué tengo que hacer?- dije.

-Ahhh- dijo el tío -si todavía no sabes qué hacer, estás un poco retrasado, hijo. Jajaja-

Lucía se ruborizó y no dijo nada, riéndose disimuladamente. Ella le constaba o por lo menos sospechaba fuertemente que sabía que yo sí sabía que hacer.

Llegamos a la casa y los tres fuimos a la cocina a tomar agua antes de irnos a dormir. 

-Nos vamos al cuarto?- le dijo a Lucía.

-Adelántate tu- respondió Lucía -quiero sacar unas cosas del congelador para cocinarlas mañana-

-Ok- respondió éste y se fue, dejándonos solos.

Yo agarré mi vaso de agua y empezaba a alejarme hacia mi cuarto también, cuando Lucía me susurró:

-Espera, espera-

-Ok- dije recostándome de la pared, mirando a Lucía sacar unas cosas del congelador, para volver a meterlos de nuevo.

Entonces se acercó a donde yo estaba diciéndome:

-Lo que no dije en el carro es que si alguna de esas arpías se llega a acercar a la casa, ¡le saco los ojos!- Y con la misma, me echó los brazos al cuello y pegándose a mi cuerpo, buscó mi boca con la suya.

Fue un beso muy corto, pero muy rico. Por unos segundos, nuestras lenguas se enzarzaron en una batalla de caricias, mientras sus caderas y sus pechos se restregaban contra mi cuerpo. Instantáneamente mi miembro se puso duro, lo que ella detectó inmediatamente, concentrando los movimientos de sus caderas contra él.

-Y ahora, buenas noches- me dijo entonces separándose de mi y dejándome sin aliento.

Por varios minutos me quedé en la cocina, recuperando mis sentidos. Luego me fui al cuarto y después de quitarme la ropa, me masturbé furiosamente. No tardé ni un minuto en acabar y eyacular una enorme cantidad de semen. La excitación de todos estos días, concentrados en mis testículos y saliendo finalmente. 

Luego de bañarme, me puse la ropa de dormir, una franela y unos shorts y me dormí serenamente.

8- Sábado.

Nuevamente el despertador sonó a las 7:45 am. Se me había olvidado reajustarlo. Lo apagué y dormí una hora más. Finalmente me levanté y me preparé para otro día de trabajo. Pero antes, quizás podría robarle un beso a Lucía. Estos dos próximos días se veían difíciles, pues el tío Alberto no trabajaba y estaría todo el tiempo por ahí. Anoche Lucía se había escapado un instante, pero no me hacía ilusiones.

Cuando llegué a la cocina, no estaba Lucía ni el tío, pero apenas abrí la nevera me oyeron y ambos vinieron a saludarme.

-¡Qué bueno que dormiste hoy un poco más- dijo el tío.

-Si. Anoche pude descansar. Además que justo antes de dormir recibí una muy bella noticia- dije viendo a Lucía.

-¿Sí? ¿Y qué noticia es esa?- dijo ésta acercándose con una sonrisa en la cara. Su caminar me distrajo completamente. Había algo raro en éste… era más sexy, más sensual. Tenía un sencillo vestido blanco, con los hombros al descubierto y que se abotonaba a todo lo largo del frente con pequeños botones rojos. En ese momento tenía todos los botones cerrados, pero entonces noté que estaba descalza y que caminaba como deslizando los pies ¡eso era lo que la hacía más sexy!

-¿Y entonces?- dijo de nuevo, en vista que yo había perdido la corriente de mis pensamientos, completamente hechizado.

-Déjalo en paz, Lucía. A lo mejor es que no quiere decirlo-

-No, no. Está bien. Sólo se trata de un amigo muy querido, que está muy enamorado-

-¿Siii?- dijo ella.

-Si. Resulta que hace unos días conoció a una muchacha muy bella y se enamoró perdidamente. Y anoche ella le dio un beso. Estaba tan emocionado que no podía dormir y me mandó un mensaje, contándome lo alegre que estaba-

-¡Ah! pero que bonito. ¿Y te dijo como es ella?- siguió Lucía mientras me preparaba el desayuno.

-Pero bueno, Lucía. ¿Cómo va saber él cómo es la muchacha- dijo el tío sentándose a la mesa.

-¿Vas a comer con nosotros? digo, ¿conmigo?-

-No, ya Lucía y yo desayunamos esta mañana. Te vamos a acompañar-

-Ah. Ok, gracias-

-¿Entonces? ¿Cómo es la muchacha?-

-Bueno, no me dijo mucho. Básicamente que tiene el pelo largo, cómo el tuyo. Que es muy bonita y que él está muy enamorado-

-¿Y ella está enamorada de él?-

-Eso no lo sabía, pero el beso de anoche le hizo pensar que sí. Que ella también está enamorada-

-¡Que lindo! Me alegro por ellos- dijo mientras me servía la comida con una alegre y pícara sonrisa en la cara. Sentándose luego en su puesto enfrente de mi.

-¿Y cómo se ve el día de hoy? ¿Complicado?- preguntó el tío.

-Bueno, hoy empezamos una serie de pruebas con la máquina prendida y ejecutando funciones reales. Depende de cómo vayan saliendo-

Entonces seguimos conversando sobre el trabajo, mientras Lucía me miraba, jugando distraídamente con el botón superior de su vestido.

Yo continué conversando con el tío, cuando de pronto me di cuenta que Lucía había desabotonado el primer botón y que ahora jugueteaba con el segundo. Un pequeño pedazo de piel blanca se asomó entre las dos partes del vestido. Por esa abertura, Lucía movió un dedo, acariciándose sensualmente, mientras seguía jugando con el segundo botón.

Yo movía mi vista entre la cara del tío y el pecho de Lucía, tratando de simular que le veía la cara, pero ella se aseguraba de que no fuese la cara, sino su pecho lo que veía.

Y entonces, el segundo botón se soltó y la abertura se hizo más amplia y sobre todo más profunda. No se veía nada, la abertura era entre sus pechos y quizás apenas hasta el inicio. Pero nuevamente, el dedo de Lucía jugueteaba con su piel, metiéndose por dentro de la abertura, mientras jugueteaba con el tercer botón. Ya se veía el cambio de color de la piel, desde el ligero bronceado de sus hombros, hasta el blanco de la zona en donde nunca le da el sol, entre los pechos.

La conversación con el tío se me estaba haciendo más y más difícil, pues mi mente ¡y sobre todo mis ojos! se perdían en esa pequeña abertura en la blusa de Lucía.

De pronto, mi celular sonó. Un mensaje de los compañeros de trabajo. Ya estaban a punto de llegar, decía. Sin esperanza de poder besar a Lucía, me decidí despedirme.

-Ya están por llegar. Mejor los espero en la puerta-

-¡Tómate por lo menos el café antes de irte!- dijo el tío.

-Claro, claro- respondí.

-Yo te lo busco- dijo Lucía levantándose a servirme el café.

Yo seguí conversando con el tío, pero cuando Lucía se acercó, el tercer botón estaba abierto y había doblado los bordes del vestido, haciendo que la pequeña abertura fuese ahora un gran triángulo que dejaba ver el comienzo de sus pechos ¡Wow!

EL café estaba muy caliente, pero empecé a tomarlo por sorbos, cuando sonó la corneta de un carro en la puerta. Habían llegado a buscarme. 

Todos nos paramos, yo para irme y Lucía y el tío para despedirme. Caminamos juntos hacia la puerta de la casa. La abrí y me volteé para decirles adiós. Lucía se había colocado como siempre lo hacía, un poco por detrás del tío. Y entonces ella aprovechó que en esa colocación el tío no podía verla y para mi absoluta sorpresa y delicia, se abrió el siguiente botón, abriendo aún más el escote. Ahora podía ver una gran parte de sus pechos, nada que una modelo no enseñara en un traje de lujo, pero que este momento era extraordinariamente excitante, sensual.

-¿A que hora regresas? ¿Han hablado de eso?-

-No tío, lo siento. Trataré de avisarles tan pronto sepa- dije yo aprovechando esos segundos extras para perderme en dentro del escote de Lucía.

-Ok. Hasta la tarde, entonces-

Cuando llegué a donde estaba el carro esperándome, volteé de nuevo hacia la puerta. Justo a tiempo para ver que Lucía se había abotonado rápidamente la blusa, cerrando el escote que me había regalado.

Tardé como media hora en comenzar a concentrarme en mi trabajo, pero gracias a Dios, logré sacarme de la cabeza la visión de los senos de Lucía, mejor dicho la ilusión de sus senos, porque en realidad sólo había visto su parte superior, el inicio de dos preciosas colinas…

Pero finalmente el trabajo me absorbió y no pude pensar más en ella sino como a las 4 pm, cuando acordamos dejarlo todo hasta el lunes. Los programas se habían comportado maravillosamente todo el día y no había habido errores graves. A partir del lunes comenzaríamos con el proceso de entrega formal al cliente. Así pues, les mandé una mensaje al tío Alberto y a Lucía, diciendo que llegaría como a las 5 pm.

-Muy bien. ¿Estarás muy cansado para salir?- respondió el tío.

-No tio. Me encantará salir con Uds-

Efectivamente, llegué a la casa a las 5 pm más o menos y después de cambiarme, me preparé a salir con el tío Alberto y Lucía. Esta se había puesto uno de sus vestidos habituales, un poco más corto quizás, lo que le permitía lucir sus lindas piernas. Yo me había puesto unos shorts, hacía mucho calor, pero por si acaso, me había puesto unos interiores adicionales. La razón era que si tenía una erección, la delgada tela del short no me permitiría disimular nada y me temía que fuese a dar un espectáculo con Lucía provocándome todo el tiempo.

El paseo fue largo. Al principio fuimos en el carro a un parque cercano al río, donde se podían apreciar unas caídas de agua muy impresionantes. Allí nos bajamos y caminamos despacio por una hora. Usualmente, íbamos los tres en línea conversando, pero de vez en cuando Lucía se retrasaba y cuando yo volteaba a verla, ella me hacía un gesto agradable y una sonrisa. Otras veces, más atrevida, se colocaba una mano en el seno, apretándolo mientras me miraba o se subía un poco la falda, mostrándome los muslos tentadores. Luego volvía a su posición original, al otro lado del tío. En esos momentos yo sentía como mis hormonas se alborotaban y una erección se insinuaba entre mis piernas. Menos mal que llevaba los interiores, porque cada vez pude acomodarme el miembro de forma tal que no se notase que se ponía duro.

Después fuimos a cenar a otro lugar. Un lugar de comida típico, con música en vivo. Había mucha gente y tardamos mucho en comer, pero la música era agradable y al bajar el sol el calor había disminuido bastante y hacía una temperatura mucho más agradable. La posición en que estábamos sentados y el hecho de estar en un lugar público, impidió a Lucía seguir coqueteándome, por lo que la cena fue de los más tranquila en ese aspecto.

Llegamos tarde a la casa y para desilusión de Lucía, que aparentemente quería seguir atormentándome, me quise acostar inmediatamente, pues estaba muy cansado. El tío Alberto, me informó que ellos se desayunarían un poco más tarde, como a las 8:30 am y que si quería podía levantarme a acompañarlos, pero que no importaba, que si estaba muy cansado podía dormir hasta tarde.

9- Domingo

Habiéndome dormido a las 10 pm, me permitió despertarme como a la 7 de la mañana, nueve horas de sueño eran suficientes hasta para mi. Me desperté con una erección increíble, parte la típica erección mañanera, pero también el recuerdo de los jugueteos de Lucía. Así pues me metí a bañar y aproveché para masturbarme otra vez. Así podría funcionar normalmente, sin pensar todo el tiempo en besar a Lucía.

Cuando fui a vestirme, pensé en dos cosas. La primera en que con el calor en la casa,  debería ponerme una franela azul muy delgada y fresca que tenía y los mismo shorts de ayer, pero sin los interiores. Habiéndome masturbado, era poco probable que fuese a andar por ahí con una erección en el short. Lo otro que pensé fue en no ponerme zapatos. Ayer había notado que Lucía no lo hacía y se me ocurrió que podía ser interesante.

Cuando llegué a la cocina, tanto el tío Alberto, como Lucía se alegraron de que me hubiese levantado para acompañarlos a desayunar. Ella llevaba ropa de casa como siempre, una blusa blanca, una falda amplia de color rosado y descalza. El pelo recogido en una cola de caballo.

-Siéntense en la mesa- nos dijo -y yo les llevo café mientras termino de preparar el desayuno-

-Gracias- respondimos ambos, sentándonos en nuestros respectivos puestos, mientras Lucía nos ponía sendos cafés enfrente, sonriendo como siempre.

-¿Cómo te parece la política que está implementando este gobierno en relación con las importaciones?- preguntó el tío Alberto, tocando el tema político-económico, que le encantaba.

Yo le traía las ideas que había aprendido en mis años de universidad, que a él no le gustaban mucho, pero que le permitían contrastar con las de sus colegas de la fábrica.

Así pasamos varios minutos enzarsados en nuestros temas, cuando Lucía anunció que la comida estaba lista, mientras traía una bandeja de arepas, huevos revueltos con tomate y cebolla, caraotas y queso frito.

-Caramba. Mira toda esa comida- dijo el tío Alberto -y toda es para tí. A mi no me dan eso normalmente. Jajaja-

Lucía se ruborizó, porque efectivamente, ella quería agradarme, pero por supuesto lo negó:

-No seas mentiroso Alberto. Siempre te desayunas con las cosas que te gustan-

-Si, pero no todas al mismo tiempo. Pero está bien. Me encanta que le des las cosas que le gustan al sobrino- Dijo el tío y Lucía se sonrojó aún más al pensar en la interpretación que podría dársele a esas palabras. 

Yo también me sonrojé, pues inmediatamente pensé en los senos de Lucía y en cómo me gustaría que me los diera.

Finalmente Lucía se sentó enfrente mío y comenzamos a servirnos. Entonces yo me estiré por debajo de la mesa y acaricié con mi pié el pié de Lucía.

Esta puso los ojos como un par de huevos fritos, retiró el pié por la sorpresa y se le cayó de la mano el tenedor con que se estaba sirviendo.

-¿Qué te pasó?- dijo el tío Alberto.

-Oh nada, disculpa- respondió ella -me tropecé el pié con la pata de la silla- y entonces se agachó y se tocó el pié como para aliviarse el golpe, pero la verdadera intensión era ver mis pies y comprobar que, efectivamente yo estaba también descalzo.

Entonces se enderezó en la silla y volvió a poner los pies a mi alcance, bajo la mesa, mientras seguía sirviéndose. Yo esperé a que terminara para evitar que hubiese otro percance.

Pero entonces fui yo el que sintió sus pies buscándome. Primero fueron sus dedos, palpando mi pié derecho por la parte de arriba. Yo reaccioné inmediatamente y moví mi pié izquierdo para tocar el de ella, pero tropecé con su otro pié. Ella se rió.

El tío seguía hablando de sus teorías políticas y yo aparentaba oírlo con toda atención, pero realmente mi cabeza estaba debajo de la mesa, donde Lucía y yo nos acariciábamos los pies mutuamente. 

Poco a poco fuimos encontrando las formas más agradables de hacerlo, deslizando la planta de un pié sobre el otro o apretándonos los pies mutuamente. 

Luego comenzamos a buscar nuevos horizontes. Primero fue ella, que empezó a subir sus pies por mis piernas, pero yo no me quedé quieto, subiendo más rápido que ella hasta alcanzar sus rodillas y el inicio de sus muslos. Lamentablemente el ancho de la mesa no me permitía llegar más arriba. Ella no podía llegar tan allá, pero aprovechando que mis piernas estaban estiradas hacia sus rodillas, ella me las acariciaba a todo lo largo con sus pies. 

Por supuesto, mi intervención en la conversación se había reducido a algunos si o no, según considerara apropiado. La cara de Lucía estaba roja y una sonrisa pícara no se le quitaba de la cara, sintiendo la punta de mis dedos acariciándole la cara interna de sus muslos, aunque fuese sólo cerca de la rodilla.

De pronto una alarma sonó en mi cabeza. El tío me había hecho una pregunta que yo no había captado, él se había quedado callado y yo había seguido pensando en las piernas de Lucía y en su suave piel…

-Estás como distraído, ¿te pasa algo?- 

-No, no, disculpa tío, pero es que me acabo de acordar de un problema que se me escapó ayer y no lo reporté. Voy a tener que ver cómo hago mañana-

-¿Y es muy grave?-

-Oh no, pero no puedo dejarlo pasar. Puede que aparezca después cuando no estemos nosotros para resolverlo…-

Lucía se dio cuenta también que no estábamos prestando atención  y que mejor nos dejábamos de jugueteos. Así pues que bajó sus piernas y se incorporó.

-Voy a buscar más café-

-Pero aquí hay- dijo el tío.

-Si, pero debe estar helado- dijo dirigiéndose a calentar más. 

Disimuladamente me le quedé viendo. Estaba muy agitada y la cara seguía muy colorada cuando se levantó, pero se puso de espalda a nosotros y poniendo ambas manos en el tablón, respiró profundamente varias veces, buscando tranquilizarse. Finalmente se volteó sonriendo de nuevo, pero no volvió a sentarse.

Luego de terminar el desayuno y de aclarar todos los puntos con el tío. Bueno, más que aclarar, digamos que conversarlos, porque era obvio que no coincidíamos en la mayoría de ellos, pero que considerando que no nos íbamos a convencer ninguno de los dos, lo dejamos así y nos fuimos a la sala, donde el tío se puso a leer su periódico y yo a ver mis correos en el celular.

PING sonó el teléfono. Un mensaje de Lucía, que no se veía por ninguna parte.

-Eso fue una locura, pero… ¡ME ENCANTO!-

-A mi también. Todavía siento el calor de tus pies en mi piel-

-Yo también… pero tenemos que portarnos bien-

-¿Portarme bien no incluye acariciarte?-

-NOOO… bueno. Si, pero sabes a qué me refiero. Y no me escribas más-

-¿Ni siquiera para decirte me que tienes hechizado?-

-Jejeje-

-Ni siquiera para decirme eso… pero me encantó leerlo-

El resto de la mañana pasó más o menos tranquila. Lucía pasaba de vez en cuando por donde estábamos sentados nosotros, pero no había forma de que hiciese nada sin que el tío pudiese verla, así que se portó bien. Sólo en un momento en que el tío fue con ella a ver qué iba a preparar para el almuerzo, se agarró la falda y se la levantó, mostrándome los muslos mientras se sonreía pícaramente.

Luego resultó que su mamá la llamó por teléfono para decirle que sus padres y su hermana pequeña vendrían en la tarde a conocerme. Ella les dijo que se vinieran antes y almorzábamos todos juntos, lo que fue aceptado. Así pues, Lucía se dedicó a preparar la comida, mientras yo descansaba un rato en el cuarto. 

Alrededor de la 1 pm sonó el timbre de la puerta y supe que habían llegado los invitados. Me puse una ropa más decente y salí a que me conocieran.

El papá de Lucía era un señor apenas un poco mayor que mi tío y parecían ser muy buenos amigos. Luego supe que también trabajaba en la fábrica pero en otra área. La mamá y la hermanita eran similares a Lucía, pequeñas y compactas. La mamá era muy joven, probablemente se había casado siendo una adolescente y había tenido a Lucía a poca edad. Ahora le calculaba unos 35 a 40, aunque vestía como una vieja. Digo, la ropa era absolutamente conservadora, abotonada hasta el cuello y con una falda que le llegaba más abajo de las rodillas. 

La hermana de Lucía era una joven adolescente o un poco más, quizás 18 años y todo lo contrario a la madre, se vestía muy moderna y alegre, como Lucía. Una blusa amarilla con adornos de colores con los hombros descubiertos, que le permitía lucir un amplio escote y el inicio de sus pequeños pechos. La falda era azul y muy corta, mostrando unas piernas espectaculares. 

Cuando Clara entró -así se llamaba- tenía una evidente cara de fastidio, obviamente la habían obligado a venir, sin embargo al ver que yo era joven, su actitud cambió y una sonrisa iluminó su rostro. Me imagino que al ver que yo no era un viejo, como ella temía, cambió toda la situación. Inmediatamente se acercó y me dio la mano:

-Hola, soy Clara. ¿Cómo te llamas tú?-

Lucía se dio cuenta inmediatamente de las intensiones de Clara y se acercó a nosotros:

-El es el sobrino de Alberto- dijo antes de que yo pudiera hablar -y ven que necesito que me ayudes- 

Clara se volteó hacia ella completamente confundida, pero no dijo nada y la siguió hacia la cocina, no sin voltear a verme y dedicarme una dulce sonrisa.

“Oh, oh, creo que tengo problemas” -pensé- “o los voy a tener si no me cuido”.

La mamá de Lucía me agarró por el brazo y me llevó a la sala, donde estaban los dos hombres hablando, y comenzó a interrogarme como hacen las madres cuando están averiguando si un candidato es adecuado para su hija:

-¿Dónde trabajas?-

-¿Ah y también estudias?-

-¿Y tus padres?-

Yo le contestaba pacientemente. Me imaginaba que ella ya había averiguado todas esas cosas, pero quería ver cómo respondía yo.

Al rato regresaron Clara y Lucía. Esta se había cambiado y se había puesto a la par de Clara, también con una blusa con los hombros afuera y una falda corta. Todo de color claro con grandes flores, como ya me había dado cuenta le gustaba. La falda era sólo un poco más larga que la de Clara, pero en cambio el escote era más pronunciado y teniendo más pecho que ésta, se veía mas sensual.

Las tres se sentaron alrededor mío y Lucía decidió que no debía dejar que su madre siguiera con el interrogatorio e hizo todo lo posible por cambiar el tema, hasta que lo logró.

Durante el almuerzo, la competencia entre las tres mujeres por mi atención arreció. Yo hacía lo posible por atenderlas a las tres, pero era muy difícil pues cada una trataba de llevar el tema de la conversación a su campo. Finalmente, hubo una tregua y para el momento de los postres, pude integrarme a la conversación del tío Alberto y el papá de Lucía.

Más tarde, los “señores” nos tomamos un licor, cosa a la que no estoy acostumbrado, pero que preferí a volver a verme involucrado en la guerra entre las tres mujeres. Mientras, ellas se dedicaron a recoger la mesa y la cocina. Yo hubiese ayudado, especialmente si me hubiese dado la oportunidad de acariciar a Lucía, ¡y estoy seguro de que ella también!, pero con las otras dos mujeres de por medio, era mejor permanecer en la sala.

Cuando terminaron, las chicas me dieron una sorpresa al venir con sus instrumentos musicales a la sala, donde nos darían un concierto en mi honor. Lucía tenía un violín, el instrumento que ella me había dicho que estudiaba; la mamá tenía un cello y Clara una viola. 

Primero arreglamos unas sillas para ellas, con sus respectivas notas musicales enfrente. Luego colocamos los sofás para oír. El mío enfrente de ellas, el del tío Alberto y el del papá de Lucía más de lado, de forma que ellos no las miraban de frente. A mi me extrañó el arreglo, pero me dijeron que era porque ellos ya conocían el concierto y además, era en mi honor.

Sin embargo, cuando se sentaron, hubo algo que me llamó la atención y que podía justificar la colocación del “público”. 

La señora Carmen, la mamá de Lucía, necesitaba espacio para colocar el sello entre sus piernas, como es típico de ese instrumento, así que se agarró la falda y la subió por encima de las rodillas. ¿Era necesario que la subiese tanto? No podría decirlo, pero la subió más arriba que la minifalda de Clara. No era que tuviese nada en contra de ello, pero me sorprendió. Clara y Lucía se colocaron sus instrumentos a los hombros y empezaron a afinar. Pero entonces noté que ambas abrían las piernas ligeramente, aparentemente concentradas en lo que hacían ¿casualidad?.

Comenzaron con una cosa de Bach, no me acordaba del nombre y ellas lo dijeron tan rápido que no pude percibirlo. Era un pieza bastante sencilla, pero muy bella y quedé gratamente sorprendido de las habilidades de las tres mujeres.

Cuando terminaron, las aplaudí sinceramente. Me había gustado mucho. El tío y el papá de Lucía también aplaudieron, pero con la displicencia del que ya ha oido una obra muchas veces.

La siguiente pieza fue mucho más lenta y pude ver que no era de mucho agrado de los hombres, a los que empezaron a cerrársele los ojos. A mi, por el contrario empezaron a abrírseme más al notar que conforme la obra avanzaba las faldas de Lucía y Clara parecían subir más y más, al tiempo que ambas abrían y cerraban las piernas a lo largo de la canción. Sólo que cuando la abrían, las faldas subían pero cuando las cerraban, no se bajaban. Yo no sabía si lo estaban haciendo adrede, pero no iba a protestar. 

Para mi sorpresa, la Sra. Carmen, en un momento que no tenía que tocar, aprovechó para acomodarse el cello y esta vez de una forma en que me mostró su blanca ropa interior claramente y por un largo tiempo. Yo procuré no mirarla de forma descarada, pero era que el color blanco actuaba como un faro en medio de la oscuridad de su falda.

Al terminar esa pieza, volví a aplaudir y con ello, se despertaron los dos señores, que aplaudieron también moderadamente. 

La tercera pieza era muy animada y aunque la Sra. Carmen había vuelto a colocar el cello de forma tal que me tapaba la vista, seguía con la falda muy subida y las piernas descubiertas hasta la parte de arriba de los muslos. 

Las chicas, atacaron la canción con mucho ímpetu, lo que las llevó a sentarse al borde de las respectivas sillas, también con las piernas al descubierto hasta los muslos y más allá.

Yo estaba embelesado, tanto por la música como por las tres bellezas que me mostraban sus piernas. Y no solo las piernas, juraría que las blusas de ambas chicas se habían bajado un par de centímetros, dejándome ver una mayor porción de sus delicados senos.

Yo, por supuesto, tenía una erección tremenda que disimulaba manteniendo una pierna cruzada sobre la otra, de forma que me taparan el regazo. Eso no impedía que Lucía me mirara entre las piernas para comprobar el efecto de sus trucos.

Finalmente el concierto terminó y no tuve más remedio que levantarme a aplaudir. Lo que hice fue acercarme a ellas lo más rápido que pude con la idea que el movimiento disimulara el abultamiento en mis pantalones y creo que lo logré. O por lo menos parcialmente pues creo que sólo Lucía se dio cuenta.

Después del concierto, los invitados se quedaron sólo un rato más. La Sra. Carmen volvió a su normal modestia, con la falda por debajo de las rodillas, y Clara volvió a revolotearme alrededor, ella sí con el escote definitivamente más bajo, buscando mi atención. Pero yo sólo tenía ojos para Lucía, aunque yo hacía lo posible para disimularlo.

Al final se fueron y la tranquilidad volvió a la casa. O por lo menos en parte, porque Lucía seguía con su vestido escotado y su minifalda y ahora que no estaba su familia, se dedicaba a torturarme sin piedad, haciéndome ojitos o girando rápidamente para que la falda se subiera y mostrarme las piernas o agachándose exageradamente permitiéndome perderme por dentro del escote.

Finalmente llegó la hora de irse a dormir y Lucía logró, con éxito, el mismo truco del día viernes en que le dijo al tío que se adelantara al cuarto que ella tenía que arreglar algo en la cocina. Entonces se acercó a mi luego de darme un beso rápido en la boca me dijo:

-Hoy estuviste muy solicitado. Mi hermana quería meterse por tus ojos-

-Ciertamente- le respondí abrazándola.

-Y mi mamá la ayudaba, buscando un marido para ella-

-Bueno… quizás más que eso-

-¿Cómo es eso?- preguntó extrañada.

-Durante el concierto, no eran sólo Uds las que se disputaban mis miradas-

-Jejeje, ¿te gustó mirarnos?-

-Me iban matando-

-Jejeje. Me di cuenta. Cuando te levantaste no podías disimular. Había un bulto gigante en tu regazo-

-¡Oh! Traté de que no te dieras cuenta-

-¿Cómo no iba a darme cuenta? Si pasé todo el concierto provocándote-

-Y Clara también-

-Si. Me di cuenta. Le iba a dar un pescozón. Jajaja-

-Bueno, si a ello vamos, tu mamá también mostró mucha piel-

-¿Siii?- dijo extrañada.

-Si. No te diste cuenta de cómo se subió la falda para colocar el cello?-

-Ah, pero eso es normal-

-¿Y es normal que lo mueva par un lado para que los espectadores vean para adentro?-

-¡Pues mira a la vieja esa!- dijo Lucía riendo.

-No es tan vieja-

-Jajajaja. Bueno, un beso de buenas noches y hasta mañana- dijo besándome en la boca. 

Por los siguientes minutos nuestros cuerpos se fundieron en uno, mientras nuestras lenguas disfrutaban recorriendo nuestras bocas en una incomparable y deliciosa pelea.

10- Lunes

Me desperté temprano y como todos los días, con una erección fenomenal. Me agité en la cama esperando que fuese hora de levantarme, pero la excitación no me dejaba y comencé a masturbarme otra vez, pero no quería hacer ningún desastre en la cama y terminé acabando en el baño. Eso me tranquilizó un poco, ayudado por el consiguiente baño y afeitada.

Cuando terminé de vestirme y salir del cuarto, oí al tío despedirse y la puerta de la casa cerrarse. Me acerqué a la cocina y vi que Lucía estaba al lado del fregadero, limpiando algo. Tenía una especie de pijama, con pantalón y camisa. Nada muy sexy, pero para mi cualquier cosa que se pusiera estaba bien.

Me acerqué haciendo un poco de ruido para que no se asustara. Ella se volteó de prisa.

-Espera, espera- me dijo -espera que se vaya Alberto. Además no quiero que me veas con esta ropa-

-Pero si ya se fue- respondí.

-Quiero estar segura de que no volverá por algo. Además voy a cambiarme. Tómate un café. ya vengo- dijo completamente agitada.

Me serví el café que ella me dijo y esperé. No fue muy larga la espera, quizás 5 minutos. Entonces ella regresó, ahora con el pelo suelto y una especie de vestido de una pieza que le llegaba hasta mitad del muslo. Era blanco con el dibujo de una flor a todo lo largo.

Se acercó y de pronto se detuvo a unos centímetros viéndome.

Yo le devolví la mirada.

Primero pasaron unos segundos, pero entonces nos lanzamos a los brazos del otro.

-Estamos solos- dijo antes de empezar a besarme profundamente.

Inmediatamente me di cuenta que más que una simple afirmación era una invitación y mientras la seguía besando, empecé a recorrer su cuerpo con mis brazos, apretándola contra mi.

Ella había enroscado sus brazos alrededor de mi cuello, por lo que mis manos podían recorrer su cuerpo sin obstáculos. No llevaba sostén, nunca lo hacía, y sentía sus tetas con los pezones erguidos, palpitar contra mi pecho.

Mis manos siguieron bajando y llegaron a sus nalgas, pequeñas y duras y las apreté contra mi. Mi güevo estaba duro y su vientre se apretaba contra él.

Entonces agarré la falda y la halé hacia arriba y mis manos se metieron por debajo, buscando su cuerpo. Primero me encontré las pantaletas, pero sin dudarlo ni un momento, metí las manos dentro de las ligas y finalmente pude alcanzar la piel de sus nalgas.

-Mmmmm- gimió cuando la acaricié. Su cuerpo se agitó contra mi güevo, que se clavaba contra su vientre.

Seguí acariciándole las nalgas, pero al mismo tiempo buscaba meter mis dedos por entre ellas para alcanzar su vulva.

Ella se separó un poco de mi y metió sus manos por debajo de mi camisa sin dejar de besarme. Yo traté de levantarle el vestido para quitárselo, pero ella me detuvo

-Espera, espera. Mejor vámonos a tu cuarto-

-Si. Es mejor- Dije yo sin aliento. 

Antes de ir al cuarto, ella se acercó a la puerta de la calle y se aseguró que estuviese cerrada con llave.

-No quiero sorpresas- dijo tomándome entonces de la mano y conduciéndome hasta mi cuarto.

Una vez en el cuarto, inmediatamente comenzó a tirarme de la camisa para quitármela. Yo la dejé para luego quitarle yo el vestido. Yo quedé sólo con los pantalones y ella sólo con las pantaletas. Por unos segundos nos contemplamos, disfrutando de la belleza del cuerpo del otro y del deseo que nos quemaba.

Entonces ella empezó a pelear con mi correa. Yo la ayudé y una vez floja, me bajó los pantalones y los interiores de un solo jalón.

-Oh Dios mío- dijo cuando el güevo le saltó a la cara al bajarme los pantalones.

Me miró un instante a los ojos y luego bajo la vista otra vez a mi güevo.

-Es más grande de lo que me lo imaginaba-

-Está bien- le dije

-No… ¡está magnífico!- dijo con una sonrisa un poco diabólica.

Entonces la volteé y la empujé contra la cama, le agarré las pantaletas y se las saqué.

Me le quedé viendo el cuerpo desnudo. La piel blanca, sobre todo en los pechos y en el vientre, contrastaba con el rojo de los pezones y el negro del vello púbico. Me quedé en silencio viéndola, admirado de tanta belleza.

-¿Qué te pasa?- preguntó ella preocupada por mi repentino silencio.

-Que tanta belleza me abruma-

-Pues deja de abrumarte y vuelve a besarme-

Rápidamente me quité los zapatos y las medias y me acosté con cuidado sobre ella, viviendo a besarla en la boca por muchos minutos. Ella se agitaba y se movía contra mi, no sé si por el peso o por el deseo, pero sus manos no cesaban de recorrerme la espalda y las caderas, empujándome contra ella.

Yo me había masturbado en la mañana, pero sabía que si le hacía el amor en este momento no tardaría ni un minuto en acabar, así que necesitaba que ella acabara primero, así que comencé a deslizarme hacia abajo hasta que mi cara quedó a la altura de sus tetas.

Acostada boca arriba sus tetas no levantaban mucho, pero los pezones pedían a gritos ser acariciados, así que me dediqué a ello. Despacio pasé mi lengua a todo alrededor del pezón, pero sin tocarlo. Ella se movía tratando de metérmelo en la boca, pero yo la esquivaba saltando al otro lado.

-No seas malo- gimió.

Lo que hice fue cambiarme a la otra teta, sin embargo esta vez fui menos malo metiéndome todo el pezón en la boca, lo que le arrancó un gemido prolongado:

-Aaaahhhh-

Con gran delicia de mi parte seguí chupándole su muy duro y erguido pezón, mientras que con la mano derecha le agarraba la otra teta y se la acariciaba despacio. 

Luego cambié de táctica. Le agarré el pezón que tenía en mi mano derecha con el pulgar y el índice y se lo retorcí un poco al tiempo que tiraba de él, mientras que mi lengua acariciaba el otro pezón sólo ligeramente.

-Oooohhh- gimió cuando tiré del pezón, pero no era un grito de dolor, sino de placer.

Así estuve turnándome de pecho y de intensidad de las caricias por largo rato, mientras sus gemidos iban aumentando con cada cosa que le hacía a sus tetas.

-Ven- me pedía cada cierto tiempo, mientras me halaba la cabeza y empujaba con las caderas en una clara insinuación de que quería que la penetrara, pero yo quería otras cosas y dejando sus tetas en mis manos, una en cada mano, comencé a recorrer su abdomen hacia abajo, dándole pequeños besos con los labios o dejándole un rastro de saliva con la lengua, para soplarla después.

-¿Qué haces…?- gimió ella quejándose y retorciéndose de placer -veeen-

Seguí sin hacerle caso. Pronto mis labios alcanzaron el triángulo de vellos púbicos, que obviamente nunca habían sido afeitados, y seguí besándola por el límite entre la piel y los pelos, camino a la entrepierna.

-Nooo- gemía -¿qué meee haces?… ¿aaa dóndeee vaaas?-

Yo no le contestaba, pero me di cuenta que mantenía las piernas cerradas y que no parecía tener claro que era lo que yo quería. Seguramente nunca le habían comido el coño.

Yo empecé a empujarle la pierna derecha, pero ella se resistía.

-Nooo… ¿qué haces? a mi nunca…. a mi nunca…. nooo-

Yo deslicé mi boca hasta su muslo y seguí presionándola para que abriera las piernas, lo que conseguí cuando ya había bajado casi hasta la rodilla. 

Apenas me dio un espacio, metí mi cabeza entre sus piernas, buscando la cara interna de su muslo derecho.

-Oooohhh- siguió gimiendo y moviendo ahora sus piernas al sentir las caricias en su muslo. Eso me permitió moverme más fácilmente y comenzar a subir de nuevo. Ella trató de cerrar las piernas cuando sintió que me dirigía a su vulva.

-Perooo…. queee quieeres haceer- volvió a protestar.

Ya era demasiado tarde. Moviéndome rápido, puse mi lengua en su vulva y en un sólo moviendo se la recorrí toda con la lengua plana.

-AAaaaaahhhh- gimió -Noooo-

Pero a pesar de la negación, sus piernas dejaron de intentar cerrarse. Todo lo contrario, se abrieron totalmente, dejándome en libertad. Con lo que volví a hacer el mismo movimiento, es decir, poner la lengua plana y recorrerle la vulva desde el culito hasta el Monte de Venus.

Lucía se estremeció y dijo:

-Aaaaahhhh…. nuncaaa meee habiaaan hechooo esooo-

Me sonreí y por un momento le contemplé la vulva. Estaba muy abierta y mojada. Completamente de acuerdo con la tremenda excitación que obviamente la embargaba. Entonces me le acerqué de nuevo y poniendo mis labios alrededor del clítoris, lo acaricié con la punta de la lengua.

-AAAAAYYYYY…. aaaaahhhhh- gimió…. -Meee maaataaas-

Volví a deslizar la lengua por la vulva, chupándole los labios menores un poco, antes de volver a dedicarme al clítoris.

-Ssssiiiiii…. ahíiii…. noooo pareeesss…siiii- gritó literalmente, mientras el cuerpo se le estremecía incontrolablemente mientras le acariciaba la cabecita rosada.

Le metí dos dedos profundamente. Tenía la vagina muy estrecha, pero estaba tan mojada que los dedos se deslizaron sin problema. Entonces empecé a sacarlos y meterlos, mientras la exploraba por dentro buscando su punto G.

-Uuuuuuhhhhhh….aaaaahhhh…. siiiiii…-

Sentí que ya estaba muy cerca de acabar y volví a juguetear con el clítoris.

-SSSSIIIIIIII…. NOOOO…..SIIIIII…..NOOOO… paaaareeesss… SSSSSIIII-

y de pronto se puso rígida, empujando todo su vulva contra mi cara, levantando el culo de la cama.

-AAAAAAAHHHHHHHHH… OOOOOOOOHHHHHH… AAAAAAHHHH-

Yo dejé de moverme. Dejé los dedos bien adentro y la boca pegada al clítoris, pero no se lo tocaba con la lengua pues pensé que estaría muy sensible.

Su vulva se apretó contra mis dedos y un chorro de líquido claro salió de adentro. Luego sus músculos se aflojaron y su cuerpo cayó pesadamente en la cama. Por un momento perdí contacto con la boca, pero enseguida me acomodé, mientras sus vulva volvía a comprimir mis dedos al ritmo del orgasmo que la envolvía.

Varias veces su cuerpo volvió a estremecer al ritmo de los espasmos del orgasmo. Cada vez más débilmente, hasta que pudo hablar de nuevo.

-Yo nunca…. a mi nunca… yo nunca había sentido eso…-

-¿Nunca habías tenido un orgasmo?- le pregunté incrédulo.

-Nooo… si. Un orgasmo si. Aunque después de éste, no me atrevería a llamarlos así. Un estreñimiento, una oleada de placer, pero esto… esto fue…-

-Me alegro que te gustara-

-¿Qué si me gustó? ¿Qué si me gustó?- dijo -Ven para decirte cuánto me gustó- y comenzó a halarme hacia ella.

Me moví sobre su cuerpo para estar otra vez acostado sobre ella y con mi cara frente a la de ella. Primero me dio un beso largo y profundo en la boca. Saboreando por primera vez sus propios jugos en mi cara y mi boca.

-Mmmm. Sabes distinto- dijo luego de unos minutos-

-Sabes porque ¿no?-

-Claro. Estas lleno de mi por todos lados. Jejeje. Pero me gusta. Y ya te dije que es la primera vez que me hacen algo así. Alberto ha sido el único hombre de mi vida y ni soñar que va a meter su cara entre mis piernas. Y yo tampoco pensé en eso nunca y ¡oooohhh!-

Yo me había ido acomodando poco a poco y cuando sentí que estaba en posición había empujado con mis caderas hacia adelante y mi güevo había encontrado su entrada.

-¡Es muy grande! Tienes que ir despacio, por favor-

-Claro que voy despacio- contesté sintiendo como su estrecha cueva se abría poco a poco aceptando mi miembro.

-Despaaacio…- dijo de pronto. No había metido sino la mitad.

-Claro, claro- le dije deteniéndome y buscando su boca para besarla. Tenía los ojos cerrados y obviamente estaba concentrada en lo que pasaba allá abajo.

Retrocedí hasta que la cabeza se salió.

-¡No lo saques!- gimió.

-Un mal cálculo- respondí -disculpa-

Me reacomodé, apoyándome sobre los codos para no cargar todo mi peso sobre ella y, al mismo tiempo tener mejor control de mis movimientos y volví a empujar hacia adelante. Esta vez el güevo no la penetró sino que deslizó sobre su vulva rozando contra su sensible clítoris.

-Mmmm qué rico- dijo -pero lo quiero adentro.

-Ayúdame a apuntarlo- le dije.

-Espera- contestó, mientras buscaba con su mano para agarrarlo y colocarlo de nuevo en a entrada de su vagina.

-Empuja ahora- dijo.

Volví a empujar y el güevo volvió a entrar como hasta la mitad.

-Aaaahhhhh…. qué rico…. pero es tan graandeee… me siento taran llenaaa-

Comencé a sacarlo y meterlo despacio y ella se fue acostumbrando, de forma que cada vez se lo podía meter un poquito más adentro.

Ella empezó a gemir con cada embate mío:

-¡Aaahhh!-

-¡Aaaahhh!-

-¡Aaaaahhh!-

Y cada vez llegaba más adentro.

Y cada vez ella empujaba también un poco elevando su cadera para llenarla más.

-¡Aaahhh!-

-¡Uuuhmm!- empecé a responder yo.

-¡Aaahhh!-

-¡Uuuhmm!-

Unos minutos después sentí como nuestras pubis empezaban a chocar. ¡Ya se lo había metido todo!

-¡Aaahhh!-

-¡Uuuhmm!-

-¡Aaahhh!-

-¡Uuuhmm!-

-¡Aaahhh!-

-¡Uuuhmm!-

Además de empujar, ahora cuando llegaba al fondo, movía las caderas de lado de forma que la base del güevo se restregaba contra su vulva y acariciaba su clítoris.

-¡Aaahhh!-

-¡Uuuhmm!-

-¡Aaahhh!-

-¡Uuuhmm!-

-AAAAAHHHH…. vooooyyy aaaahhh….voyy aaa… aca…acabaaaar otra veeeeez-

-Yo taaambieeen- respondí

-¡Aaahhh!-

-¡Uuuhmm!-

-¡Aaahhh!-

-¡Uuuhmm!-

Y entonces Lucía se volvió a poner rígida y a empujar sus caderas contra mi, haciendo que el güevo le penetrara todavía más.

-AAAAAAAAAAHHHHHHH- gritó.

Yo tampoco pude aguantar más y también exploté:

-UUUUUUUHHHHHHHMMMMMM-

Un chorro de semen salió de mi cuerpo para bañarla toda por dentro. A lo que ella respondió levantando aún más sus caderas.

Entonces su vagina empezó a temblar y a agitarse rítmicamente, pulsando sobre mi güevo que no dejaba de expulsar mis fluidos dentro de su cuerpo.

De pronto Lucía se desplomó y yo caí sobre ella, respirando ambos agitadamente. Todavía sentí dos o tres espasmo más de ella, mientras mi güevo también expulsó un poco más de semen en su interior.

Así nos quedamos unos minutos, sintiéndonos, amándonos, disfrutándonos.

Luego mi güevo se retiró, una vez cumplida su labor y yo me quité de encima de ella.

-Wow- dijo Lucía -ni soñaba que fuese así-

-¿Así cómo?-

-Cuando Alberto y yo hacemos el amor… bueno ya ni sé como llamarlo… él se acuesta sobre mi. Me lo mete y en un minuto o dos acaba. Yo casi nunca lo disfruto. Habré tenido dos o tres orgasmos en mi vida, cuando por alguna razón dura más que de costumbre o que sé yo. Pero tampoco podría llamarlos más “orgasmos”. Un estremecimiento, un pequeño placer… pero ¿esto?… Esto es otra cosa- dijo y se volteó a besarme ahora ella sobre mi.

Así estuvimos besándonos por un rato, mientras nos acariciábamos despacio.

-Tengo un poquito de hambre- le dije.

-Cierto, no has comido nada. Ven vamos a la cocina-

-Déjame ponerme los pantalones-

-Nada que ver. Vamos desnudos. Jajaja- 

En la cocina ella me preparó una arepa, mientras yo cogía el teléfono.

-¿Qué vas a hacer? ¿Vas a decir que vas a llegar tarde?- preguntó.

-No. Tú vas a decirles que estoy enfermo y que no puedo ir-

-¿Qué no puedes ir?- preguntó abriendo grande los ojos -¿porqué?-

Le entregué el teléfono que ya estaba repicando mientras le decía al oído:

-Porque me voy a pasar el día contigo en la cama tirando como conejos-

Ella apagó el teléfono antes de que repicara mientras se ponía roja como un tomate.

-¿Cómo?-

-Que vamos a hacer el amor todo el día en la cama, en la sala, en la cocina. Y en el baño y en…-

Lucía me miraba los ojos como quien ha visto un fantasma, o mejor dicho, como quien se encuentra un premio, pero no me respondió, sino que me dio el teléfono diciendo:

-Marca de nuevo-

Yo le dí rediscar y le devolví el teléfono. 

-¡Ah!, buenos días. Le habla la tía de Julio, de Julio Serrano, para decirles que él amaneció mal del estómago y que no podrá ir a trabajar hoy-

Ella oyó mientras le decían algo que yo no pude oír y luego contestó:

-No se preocupen, no es necesario. Lo que tiene es que ayer comió una cosa que estaba mala y por eso está así. Ya mañana estará bien-

Mientras hablaba la abracé por detrás y pegándome de ella le puse el güevo, que estaba ya empezando a endurecerse de nuevo, entre las nalgas, al tiempo que le apretaba las tetas.

-Déjame, me vas a hacer equivocar- me dijo tapando la bocina del teléfono y riendo.

Por supuesto, yo no la dejé tranquila, sino que empecé a mordisquearle la oreja.

-Si, si. Muchas gracias. Si lo necesitamos no dudaremos en avisarle- dijo y me devolvió el teléfono. Yo lo cerré y la empujé hacia la mesa.

-Pon las manos en la mesa- le dije.

Una vez que puso las manos, le dije que se inclinara hacia adelante y entonces me agarré el güevo y metiéndoselo entre las nalgas busqué su vulva y se lo metí desde atrás.

-Aaaaahhhh- gimió inclinándose más hasta quedar acostada boca abajo sobre la mesa del comedor. Las piernas muy abiertas y mi güevo hasta el fondo.

Así me la cogí otra vez. Para mi sorpresa, este segundo polvo duró solo cuatro o cinco minutos hasta que ambos estábamos gritando y gimiendo en la cocina.

-AAAAAHHHH… OOOOHHHH- gemíamos ambos mientras me derramaba en su pulsarte vientre.

Mientras ella se quedaba sobre la mesa recuperando el aliento, yo me separé de ella y busqué una servilleta, arrodillándome entones detrás y comenzando a limpiarle los abundantes líquidos que despacio salían de su vagina y descendían por su vientre. Ella se quedó allí, dejándome hacer.

Una vez que estuvo limpia, la sujeté por las caderas y le di un beso en pleno ano.

-¡Ay! ¿Pero qué haces?- gritó levantándose de la mesa.

-¿Yo? Limpiándote y luego besándote. ¿Porqué?-

-Es que… es que… primero me besas y me lames toda por allá abajo. Luego ahora me limpias como una bebé y.. ¡y me besas en el culo!-

-Todo eso lo hago porque te amo- le dije sonriendo.

-Pero… ¿el culo?-

-No hay lugar de tu cuerpo donde no quiera tocarte, besarte, acariciarte… ¿cuál es el problema?-

-Vámonos al cuarto otra vez, por favor- me dijo sería -Aquí podrían vernos por una ventana-

Me tomó de la mano y así caminamos hasta el cuarto.

-Acuéstate- me dijo. Luego se acostó a mi lado.

-¿Y yo también tengo que besarte en todos esos sitios?-

-No tienes. Yo te beso donde yo quiero y tú me besas donde tu quieras. Si sólo quieres besarme en la boca, está bien. Amarse y hacer el amor es acerca de tocarse con libertad y cariño. Cada quien hace lo que más le provoca… con el permiso del otro, claro-

-Tú no me pediste permiso para besarme ahí abajo-

-No, pero si me hubieras dicho que no lo hiciera, me hubiese detenido inmediatamente. El amor es también respetar al otro-

-Muy bien… entonces… ¿puedo tocarte ahí?- dijo señalando hacia mi güevo con la barbilla.

-Claro. Puedes hacer lo que quieras, con tal de que no me hagas daño-

-¡Claro que no te voy a hacer daño!-

-Yo sé, mi amor. Lo digo para ser perfectamente claro contigo. Yo te puedo tocar “allá abajo” como tu dices, sin hacerte daño-

-Bueno, pero primero yo-

-Claro- respondí recostándome y dejándola hacer.

Ella se inclinó hacia mi vientre y con cuidado tocó mi miembro, que estaba completamente desinflado.

-Es impresionante- dijo tomándolo delicadamente con los dedos -ahora se ve tan… inofensivo y luego se pone duro y… sexy-

-Y eso es por ti-

-¿Por mí?-

-Si. Tu eres la que genera las emociones para que él se transforme-

-Mmmm-

-¿Puedo darle un beso?-

-Claro. Ya te dije que puedes hacer lo que quieras-

Con cuidado se acercó y le dio un beso. No hubo reacción. Siguió tan desinflado como antes. En realidad ya había acabado tres veces esta mañana.

Luego sacó la lengua y se la pasó, por arriba.

-Pero se ve distinto…-

-Tiene la cabeza escondida dentro del prepucio- 

-¡Ahhh!-

-Hala la piel un poco hacia abajo y la verás-

Entonces, con mucho cuidado, Lucía me agarró la piel del güevo y la haló hacia abajo y apareció la cabeza.

-Ahhh. Aquí está. Igual que el resto, como una versión en miniatura-

Entonces se agachó y le dio un beso. Ahora hubo una reacción y el güevo creció un poco, comenzando a llenarse.

-¡Ah! Mira, está comenzando a reaccionar- me informó.

Se volvió a agachar y yo pensé que sólo le iba a dar un beso, pero se metió la cabeza en la boca y la recorrió con la lengua.

-Ooohhh- gemí yo-

-¿Te gustó?- me preguntó viéndome a los ojos con una preciosa sonrisa en la cara.

-Claro-

Cuando bajó la cabeza otra vez, se dio cuenta de que el güevo había crecido más.

-Oh-oh. Creo que el monstruo se está despertando-

Volvió a metérselo en la boca y a pasarle la lengua por toda la cabeza. Esta siguió creciendo con las caricias, pero de pronto al sacárselo de la boca, lo rozó con los dientes.

-¡Auch!- grité.

-¿Qué pasó?-

-¡Los dientes! Tienes que tener cuidado. Esa piel es muy sensible y el roce de un diente puede ser muy desagradable-

-Ay, perdóname- dijo besándome la cabeza del güevo con ternura.

Luego volvió a metérselo en la boca con mucho cuidado y luego mover la lengua por todas partes. 

-Ya está tan grande que no me cabe todo- me informó con una sonrisa en la cara.

-¿Y esto?- me preguntó agarrándome las bolas.

-Esos son los testículos. Las bolas- le informé.

-Si, eso lo sé, pero ¿se puede jugar con ellos también?- dijo agarrándomelas.

-Ellas son extremadamente sensibles- le dije -No al tacto, como la cabeza del güevo, sino a la presión. Las puedes acariciar, pero no apretar-

-Ok- respondió y empezó a examinarme las bolas, tocándolas por fuera y palpando cada testículo.

-Es como un saco con dos peloticas. ¡Qué divertido!-

-Cuidado- le dije cuando en algún momento me apretó demasiado.

-Si, si, disculpa-

-¿Y por aquí?- preguntó aventurando un dedo por entre mis nalgas.

-Por ahí somos iguales tu y yo. Cualquier cosa que encuentres ahí es igual a lo que encontrarías si te examinas tu misma. Una cosa importante es que a muchos hombres le da miedo que los toquen por ahí, porque les parece que es cosa de maricos-

-¿Y a ti?- pregunto aventurando un poco los dedos -¿Tu crees que es cosa de maricos?-

-No a mi no me importa. Yo no tengo problemas-

-¿O sea que te puedo besar como tu me lo hiciste a mi?-

-¿Te gustó cuando te besé ahí?-

-Inmediatamente me sorprendí… pero ahora que lo pienso… creo que fue agradable-

-Bueno. A mi nunca me han besado ahí. Así que no te puedo decir-

-¡Yo quiero ser la primera!-

-Bueno, pero tu también tienes que dejarme algo a mi para besar- respondí.

-Muy bien- respondió moviéndose en la cama para que yo tuviese acceso a su vientre.

Ahora estábamos los dos acostados de lado, cada uno con la cabeza apoyado en el muslo del otro ya ambos teníamos la otra pierna levantada, para permitir un rápido acceso a la entrepierna del otro. 

Entonces yo acerqué mi boca a la vulva de Lucía, que estaba completamente mojada con sus líquidos y sacando la lengua, le di una larga lenguatada desde el clítoris hasta el ano.

-Aahhhh- gimió ella antes de meterse mi güevo en la boca y comenzar a mamármelo con fuerza.

Yo seguí lamiendo los labios de la vulva porque suponía que el clítoris lo tendría muy sensible. Igualmente bajaba hasta el culito y le recorría el ano con la lengua, haciéndole círculos alrededor e intentando penetrarla con la punta de la lengua, para luego volver a su vulva y hacer lo mismo, sólo que la vagina sí se dejaba penetrar por mi lengua.

Ella gemía cada vez más y las caricias en mi güevo se hacían más y más erráticas. Por otra parte, empezó a empujar con las caderas para que le chupara el clítoris y, por supuesto, la complací.

No pasaron muchos minutos, cuando sacándose el güevo de la boca, me dijo:

-Para, para, para… me vas a hacer acabar otra vez-

-¿Y cual es el problema?- respondí aprovechando para descansar la lengua, que de tanto lamer ya estaba cansada.

-Es que quiero probar otra cosa. Ven-

Entonces ella se irguió y empujándome un poco, me hizo acostarme boca arriba en la cama. Luego pasó una pierna sobre mi cuerpo y quedó de rodillas sobre mí, a la altura de mis caderas. Entonces me agarró el güevo y lo apuntó hacia arriba y comenzó a bajarse.

Cuando la cabeza tocó su vulva, deslizó el güevo hacia arriba y llegó hasta su clítoris y empezó a acariciarse.

-Aaaahhhh-

-Oooohhhh- gemimos los dos.

Pero yo estaba muy sensible y el roce de los bordes de la vulva contra la cabeza del güevo era muy fuerte.

-Para, para- me tocó a mi decirle -estoy muy sensible.

-Disculpa- respondió y entonces volvió a colocar el güevo en la entrada de la vagina y empezó a bajar el cuerpo.

El güevo comenzó a abrirse paso por su canal.

-Aaaahhhh… es tan grande… pero taaan ricooo-

Cuando se había metido más o menos la mitad, se detuvo y soltándolo, apoyó ambas manos en mi pecho, quedándose un tiempo así. Luego levantó un poco el cuerpo, lo suficiente como para que sólo le quedase la cabeza del güevo adentro. Allí hizo una corta pausa y luego volvió a bajarse otra vez hasta tragarse la mitad.

Esa maniobra la repitió tres o cuatro veces, emitiendo un profundo suspiro cada vez que se detenía.

La siguiente vez, sin embargo, bajó el cuerpo un poco más, con lo que se tragó unos 3/4 del güevo. En esa profundidad volvió a hacer pausa, pero luego en vez de subir otra vez, se dejó caer hasta quedar sentada completamente sobre mi.

-Aaaaaahhhhh- gimió muy alto.

-Me llegooo… me lleeegooo… tan adenntrooo… AAAAAHHHH-

Pasó casi un minuto sentada así, con el güevo hasta el fondo y respirando fuerte. Entonces, en vez de levantarse, arrastró el culo hacia mis pies, con lo que el güevo se dobló dentro de su vagina sin salir. Eso le permitió, por otra parte, hacer que la base de mi güevo haga contacto con su clítoris.

-MMmmmmmhhhh-

Volvió a mover el cuerpo hacia adelante y el güevo a enderezarse en su vagina, haciendo que de nuevo se encajase contra su cerviz, para luego moverse hacia atrás otra vez.

Mientras yo le agarré las tetas, que las tenía frente a mi y se las apreté duro. Jugando con sus pezones entre mi pulgar y mi índice. Por un momento pensé que le podía estar haciendo daño, pero al contrario, considerando las sensaciones en su vagina, necesariamente las caricias de las tetas tenían que ser más fuertes para que se notaran.

Así estuvimos un rato. Luego ella cambió y empezó a subir y a bajar el cuerpo, sacándose y metiéndose el güevo cada vez. Sus nalgas sonaban duro contra mi vientre cuando bajaba y se encajaba hasta el fondo.

Yo empecé a sentir como el orgasmo se empezaba a formar en mis bolas. Como el golpear de sus nalgas contra mi vientre, me hacían estremecer. Como el calor de su vagina iba aumentando y aumentando.

-Yaaa estooy cercaaa- le dije jadeando.

-Yo tambieeen….- me respondió -¿Pueeedes aguantaaar un poooco maaás?-

-Siii- respondí, tratando entonces de frenar el tren expreso que sentía por dentro.

Entonces Lucía se detuvo sentada y desdoblando las piernas, se estiró hasta quedar completamente sobre mi. Buscó mi cara y me besó; y mientras su lengua se metía profundamente en mi boca, sus caderas empezaron a moverse de nuevo. Mi güevo estaba ahora doblado alrededor de su hueso púbico y su clítoris se restregaba contra él con el nuevo movimiento de ella.

-AAAAHHHH- comenzó a gemir otra vez, mientras yo sentía cómo su orgasmo estaba también cercano, con lo que le di libertad al mío y enseguida empecé a sentir como mis bolas reaccionaron inmediatamente.

En dos o tres metidas y sacadas de ella, exploté:

-OOOOAAAAOOOHHHHH-

Y un chorro de semen le inundó el vientre. Eso fue suficiente para que ella también explotara y empujando las caderas contra mi, tanto que parecía querer romperme el hueso púbico, explotó:

-AAAAAAAAHHHHHHH-

Mi güevo expulsaba semen con cada contracción y ella, a su vez, me exprimía todavía más. Hasta que no hubo más y ambos quedamos extenuados, uno sobre el otro.

Después de un rato descansando y conversando en baja voz en la cama, me dijo Lucía:

-Creo que voy a darme un baño. Me siento un poco pegajosa-

-Me encantaría enjabonarte, ¿me dejas?-

-¡Claro!- respondió sonriendo.

Nos fuimos a su baño, que tenía una ducha más grande. Allí encendimos la regadera y nos metimos bajo el agua. Ella se había recogido el pelo para tratar de no mojárselo y sólo dejaba que el agua le cayera de la cara hacia abajo. Yo en cambio me metí bajo el chorro que caía en una alegre cascada tibia.

Luego me salí de abajo del agua y tomé el jabón y comencé a enjabonarla por el cuello.  Seguí con las orejas y los hombros. Pronto le estaba enjabonando las tetas, que respondían con unos pezones erguidos y duros.

-No sé si piensas que tengo las tetas muy sucias- me dijo riendo -pero tienes varios minutos restregándomelas… Jajaja-

-¡Oh! No me di cuenta de lo rápido que pasa el tiempo cuando una está haciendo algo que le gusta-

-¿Te gustan mis tetas?-

-Las adoro- respondí.

Entonces ella me abrazó y me besó en la boca largamente, mientras el agua nos recorría el cuerpo.

Un rato después le dije: -Seguimos con el baño?- señalando el jabón.

-Oh… no quería interrumpirte-

-Si es así, puedes interrumpirme todas las veces que quieras-

-Mmmmm- respondió Lucía viendo que mi güevo empezaba a dar señales de vida otra vez.

Entonces me arrodillé frente a ella y comencé a enjabonarle el abdomen y seguidamente el vientre.

Con la mano llena de abundante jabón, deslicé mis dedos por su vulva, haciendo un esfuerzo por no meter ningún dedo en su vagina, pero si asegurándome que el clítoris recibiera un tratamiento especial.

-Ya… ya…- dijo casi gimiendo -Mira que está muy sensible-

-Oh, perdona- respondí, moviendo mi mano hacia atrás, hacia su culito.

Allí comencé a enjabonarle el ano concienzudamente, deslizando el dedo por encima de la entrada y dándole vueltas alrededor, acariciando el músculo que guarda la entrada.

Ella abrió más las piernas para darme más espacio, respirando agitadamente.

Entonces puse el dedo medio en la entrada y empujé. El músculo cedió y mi dedo se introdujo en su culito.

-Oooohhhh- gimió.

-¿Te duele?- 

-Noooo… es sólo una sensación extraña… pero me gusta-

Le metí el dedo hasta el fondo, todo lo que me dio, y luego lo saqué despacio. Para luego metérselo otras dos veces. Ella apoyó sus manos en mi cabeza, suspirando pesadamente.

Luego saqué la mano y empecé a enjabonarle las piernas.

-Dame el pié derecho- le dije. Poniendo mi rodilla para que lo apoyase.

Entonces le enjaboné la pierna y el pie, poniendo cuidado en restregar cada dedo.

-Nunca me habían lavado tan bien- dijo riendo.

-La otra pierna- dije.

-Si levanto la otra pierna me caigo- respondió.

-Jajaja- 

-Ok. Pon este pie en el suelo- le dije besándole cada dedo y asegurarme que no tuviera jabón en la planta -y ahora dame el otro-

Entonces ella me puso el pie izquierdo en mi rodilla y procedí a limpiárselo con el mismo amor que el otro, incluyendo los besos en cada dedo.

-Bueno, creo que ya estás bien enjabonada. Ahora vamos a quitarte ese jabón- le dije levantándome.

Con todo ese jugueteo, a ella se le había olvidado lo de no mojarse el pelo y una vez que yo estuve de pie, me abrazó y se metió conmigo bajo el chorro de agua. Mientras el agua caía, yo la acariciaba la espalda, que en medio de todo se ma había olvidado enjabonar.

-Ahora me toca a mi- dijo -dame el jabón-

Obedientemente le cedí el jabón y ella comenzó amorosamente con mi cuello y pecho. Enjabonándome con cuidado. Cuando sus manos estuvieron a la altura de mis tetillas, trató de pellizcármelas pero con el jabón se le resbalaban de las manos. De todas formas preguntó:

-¿Te gusta eso?-

-No siento mucho, pero sí, es agradable- 

-Recuérdame hacerlo cuando no estés tan resbaladizo-

-Ok, pero no cuentes que voy a estar diciéndote lo que me gusta. Tú tienes que buscarlo. Jajaja-

Entonces se me acercó y dejando que el agua me limpiara la parte derecha del pecho, me mordió la tetilla.

-¡Auch!-

-Jajajaja- rió -Perdona, es que estaba buscando qué es lo que te gusta-

Luego siguió enjabonándome la barriga y rápidamente bajó hasta agarrarme el güevo, que ya estaba completamente rígido.

-Mira que bien. Se puso firme para que lo enjabonen bien- dijo riendo.

Entonces, con ambas manos bien llenas de jabón, comenzó a restregármelo, subiendo y bajando con ambas manos, desde la cabeza hasta la base.

-Mmmmm…- gemí apoyándome en la pared de la ducha.

La cabeza del güevo estaba roja y grande las caricias empezaban a ser demasiado para toda las batallas que llevábamos. Yo también tuve que decirle que parara.

-Muy bien- dijo entonces arrodillándose y comenzando a enjabonarme las bolas con mucho cuidado. Su cara estaba ahora a pocos centímetros de mi güevo pero éste estaba todo lleno de jabón, así que me empujó un poco para que el agua le cayera encima, mientras ella comenzaba a lavarme por detrás.

Mientras sus manos me enjabonaban el culo y entre las nalgas, ella consideró que ya el güevo estaba suficientemente limpio y se lo metió en la boca hasta que la cabeza le llegó a la garganta, pero el reflejo de vomitar lo hizo sacárselo.

-Cough, cough… no puedo metérmelo todo protestó-

-No es fácil hacerlo- le dije -la mayoría de las mujeres no pueden -es más, la mayoría ni lo intenta-

-Pero es que no son tan tozudas como yo- dijo y se lo metió de nuevo hasta el fondo.

-Mmmm, que ricooo- gemi -Una vez leí que si haces como si fueras a sacar la lengua la garganta se te abre más…-

-Mmmm, ok- respondió ella sacándoselo y respirando varias veces profundamente, como cogiendo vuelo.

-En cualquier caso- le dije -si sigues así me vas a hacer acabar-

-¿Y cual es el problema? Si acabas en mi garganta sería como una transfusión. Jajaja-

Y volvió a meterse el güevo en la boca. Esta vez sentía su lengua más abajo, tal como le había dicho. Así estuvo un rato, mientras mi excitación aumentaba considerablemente. Para mayor complicación, sus dedos empezaron a jugar con mi ano, repitiendo lo que yo le había hecho a ella unos minutos antes.

 Y de pronto el güevo se introdujo en su garganta y sus labios llegaron hasta mi pubis.

-Mmmmm- gemí al sentir la estrechez de su garganta al dejarme pasar y sentir como su boca me cubría completamente. Lamentablemente no duró mucho.

-No puedo respirar con eso dentro, pero me encanta- me dijo jadeante cuando se lo sacó. 

-A mi también me encanta- le respondí.

-Yo sé que a ti te gusta todo lo que yo te hago- respondió con una mirada pícara y entonces cogió aire varias veces, luego hizo una nueva aspiración… ¡y me metió el dedo en el culo!

-Oooohhh-

-Jajaja. Pensabas en otra cosa ¿no?… ¿te molesta?- dijo moviéndolo con cuidado.

La verdad es que estaba tan lleno de jabón que no me molestó, sólo fue la sorpresa.

-No. Está bien, me sorprendiste-

-Jjajaja. Si y me gustó hacerlo. Pero ahora vamos a lo otro-

Sin dejar de jugar con sus dedos por detrás, volvió a coger aire y a meterse mi güevo en la boca. Esta vez le costó menos, quizás porque cambió un poco el ángulo y a garganta y la boca estaban mejor alienados.

El caso es que empezó en serio a jugar conmigo en ambos frentes, metiendo el güevo hasta el fondo y sacándolo hasta la boca, al mismo tiempo que lo hacía por detrás con los dedos.

-Meee vooy a iiir si sigueesss con esoooo-

No me pudo responder porque se metió el güevo aún mas adentro, ¡rozándome el pubis con los dientes! Igual por abajo parecía estar divirtiéndose mucho.

Traté de aguantar un poco más, pero al final no pude y dejé que una arrolladora tormenta de placer me explotara dentro.

-AAAAAAAHHHHHHH- gemí al tiempo que empezaba a expulsar chorros de semen en su garganta. Una vez.

Y luego otra vez, mientras que apenas podía mantenerme de pie y hacía esfuerzos por no caerme. Y otra vez.

Con cada espasmo mi cuerpo se estremecía y me era ya imposible mantenerme:

-Vooy a caeermee- gemi.

Entonces ella se sacó el güevo de la boca y los dedos de atrás y me ayudó a bajarme al piso de la bañera, donde tuve todavía dos o tres espasmos más en sus brazos.

Luego de secarnos, nos fuimos de nuevo a la cama, donde nos dormimos en los brazos del otro por una hora más o menos.

Cuando me desperté, ella ya lo había hecho y estaba mirándome fijamente.

-Hola, bella-

-Hola bello- respondió.

-¿En qué piensas?-

-Que en tres horas he tenido más orgasmos que los que había tenido en toda mi vida anterior ¡y cada uno de ellos más intenso que cualquiera anterior!-

-Me alegro mucho ¿los has contado?-

-Más o menos. Creo que llevo 7. ¿Si tengo dos en la misma sesión se cuentan por separado?-

-Jajajaja. No se. Supongo que cada quien lleva la cuenta como quiere-

-Entonces… no sé. Una de las veces tuve uno muy largo que no se cómo contarlo-

-Habrá que establecer una norma industrial para calificar y contar los orgasmos- le dije riendo.

-No te metas conmigo-

-Pero si justamente eso es lo que quiero hacer ¡meterme contigo!- le respondí besándola y montándome sobre ella.

¡Y entonces tuvo sus orgasmos número 8 y 9!

Nos paramos para almorzar y nos acostamos de nuevo inmediatamente, pero ya estábamos demasiado sensibles para tocarnos. Mi güevo estaba muy rojo y la cabeza no me la podía tocar, ni con la punta de la lengua. Ella estaba igual de sensible y el roce de la piel al caminar le molestaba.

-Tendremos que quedarnos en la cama todo el resto del día, con la “cosas” al aire-

-¿Las cosas? Jajaja-

-Ya sabes… mis labios están ardidos y mi botoncito…-

-O sea que no te puedo dar un besito en el…-

-Nooo, por favor…-

Pero luchamos un rato, riéndonos y jugando… y terminamos otra vez con ella sentada sobre mi y el güevo encajado en el fondo.

¡Número 10, 11 y 12, porque tuvo tres orgasmos en una sola “sesión”!

Finalmente se llegaba la hora de que el tío volviera, por lo que nos vestimos y arreglamos la casa para que no se viera nada extraño.

-¿Cómo está todo?- preguntó el tío cuando llegó.

-Todo bien, pero tu sobrino ha pasado el día en cama con diarrea- le dijo Lucía.

-¿Y eso?-

-Parece que empezó esta madrugada. Luego de que tu te fuiste, me pidió que llamara a la oficina y lo excusara. Yo le preparé un caldito de gallina y eso es lo único que ha podido comer en todo el día-

-¿Pero sigue mal?-

-No. Ahora debe estar durmiendo, pero tengo entendido que en la tarde no ha ido más al baño. En realidad no sé, creo que le da pena decirme-

-Bueno, vamos a esperar a que salga-

Yo había oído toda la conversación, así que esperé un rato y luego salí con cara de cansado y deshidratado, lo que no dejaba de ser parcialmente cierto.

-¿Cómo te sientes?- me preguntó el tío al verme.

-Bastante mejor. Ese caldo de gallina fue milagroso-

-Me alegro- me dijo -pero han debido avisarme-

-Lucía quería. Pero yo no la dejé. Yo sabía que era algo que me había caído mal y que pronto se me quitaría-

-Muy bien. ¿Y cómo te sientes para mañana?-

-Ahora estoy bastante mejor. Esta noche ceno algo ligero, pero sólido y ya mañana estaré bien. Además es mi último día. No puedo faltar-

-¿Ya te vas?-

-Si, el miércoles-

-No me acordaba. ¿Y a qué hora?-

Yo pensaba irme en la mañana, pero de pronto se me ocurrió que si me iba en la noche, podría pasar el día con ella.

-En la noche. Creo que en el autobús que sale a las 10. Así paso la noche durmiendo en él-

-Ah, muy bien. Entonces cenamos juntos y luego te llevamos al terminal-

Lucía se había mantenido sentada todo el tiempo, oyendo la conversación, pero sin intervenir para nada. No se le notaba nada que pudiese hacer pensar en su docena de orgasmos.

11- Martes.

Me acosté a las 9 de la noche, muy de acuerdo con la debilidad debida a la “diarrea”. Dormí profundamente y sólo me despertó la alarma del despertador a las 7 am. Me bañé y me acomodé para irme a la oficina. Todavía tenía algunas partes “sensibles”, pero bastante cerca de lo normal.

Una vez que estuve listo, salí justo a tiempo para despedirme del tío, que se ofreció a esperarme para llevarme, pero le dije que no, que me iría en el autobús, como siempre.

Lucía estaba radiante. Si hacer el amor embellecía a las mujeres, a Lucía le prestaba por cuenta doble ¡por una docena! Jajaja. El pelo le brillaba, la sonrisa le bailaba al borde de los labios. La piel tersa y sonrosada… Y tenía un ligero vestido blanco con flores ¡como siempre! Debía tener docenas de ellos.

-Sientate- me dijo mientras seguía en la cocina preparando cosas -ya te sirvo el desayuno-

-Gracias- le dije, sentándome de forma tal que veía lo que hacía.

-¿Cómo dormiste?- preguntó.

-Ah, muy bien ¿y tu?-

-Perfecto. Como si una docena de ángeles me hubiesen visitado-

-¿Una docena?- 

-Así es ¡una docena!-

-Pero qué bien-

No dijo más nada por unos momentos y yo me dediqué a verla, a mirarla disfrutando de estos últimos momentos con ella.

Entonces me sirvió un plato con una arepa, algo de tocino y unos huevos revueltos.

-Estaba pensando en que quizás haya por ahí todavía un ángel…- dijo dirigiéndose a la puerta y cerrándola con llave.

Luego se acercó a la mesa y se sentó en mis piernas, de frente a mi y comenzó a devorarme a besos, mientras que su cadera se restregaba contra la mía. Luego se detuvo mirándome a los ojos:

-Oh, perdona, no te dejo comer…- y se bajó metiéndose bajo la mesa. Una vez allí me agarró el cierre del pantalón y abriéndomelo me sacó el güevo, que ya por supuesto estaba parado.

-Uhhhh… qué rico. Justo lo que yo quería para desayunar- y se lo metió en la boca.

Yo me quedé inmóvil, disfrutando de sus cada vez más grandes habilidades con la lengua. Pero ella se interrumpió diciendo:

-Pero no te distraigas. Tienes que comerte tu desayuno- y luego se volvió a meter el güevo hasta la garganta. No tanto como el día anterior, por la posición, pero obviamente ya podía hacerlo como quisiera.

Yo traté de comer, pero no pude pasar de dos o tres bocados, cuando le pedí que viniera otra vez hasta mi.

Ella salió de debajo de la mesa y se levantó inmediatamente. Luego se agarró el vestido y se lo sacó por la cabeza. No llevaba nada debajo. Su hermosa piel brillaba.

Yo me quité los pantalones o mejor dicho, me los bajé y quedaron enrollados entre mis piernas en el suelo.

Entonces ella volvió a sentarse sobre mi y luego de agarrarme el güevo, se lo encajó profundamente.

-Mmmmmm- gemí.

-Ooooohhh- gimió ella.

Una vez que se acomodó, bajó su cabeza y empezó a besarme en la boca de nuevo, mientras sus caderas comenzaban nuevamente con ese ritmo enloquecedor. 

¡Y llegó su orgasmo número trece!

Yo todavía estaba un poco insensible por los extremos del día anterior y cuando ella no pudo más, le pedí se levantara y se recostara boca abajo en la mesa. Ella se apoyo contra la mesa, con las piernas ligeramente separadas y luego se dobló hacia adelante, reposando su torso sobre la mesa. Yo me acerqué por detrás, luego de disfrutar de la vista de su culito expuesto y un poco más abajo, su vulva mojada y expectante. 

Se lo metí despacio, disfrutando de cada centímetro, de cada detalle de su vagina, que se apretaba contra mis, dejándome al mismo tiempo penetrarla. Cuando llegué al fondo, me quedé un rato sintiendo su calor, la delicia de su cuerpo.

Y entonces comencé a cogerla. Despacio, luego rápido, luego despacio otra vez y llegó su orgasmo catorce y seguí cogiéndola. Duro y más duro y luego despacio.

Ella gemía y gritaba y me pedía que se lo metiera más adentro, más duro… y entonces exploté dentro ¡y ella volvió a acabar ¡15!

Continuamos besándonos mientras nuestros respectivos espasmos se iban calmando. Su vagina exprimía mi güevo con cada uno, al tiempo que los míos impulsaban nuevas cantidades de semen dentro de ella.

Finalmente separamos nuestras bocas, pero continuamos abrazados.

-No tendrías que estar yéndote ya?- me dijo con voz melosa.

-Si- respondí -pero tengo un pequeño problema-

-¿Un problema?- preguntó alarmada -¿Cuál problema?-

-Tengo una bella mujer sentada sobre mi, con una importante parte de mi muy dentro de ella y no parece muy dispuesta a sacárselo. Como puedes imaginar, yo no me puedo ir sin esa parte-

-Ooooohhhh…. jajajaja. Bueno, en vista de las circunstancias, voy a devolverse su.. “parte”, pero que conste que lo hago bajo protesta-

-Jajajaja-

Ella entonces se levantó y yo procedí a subirme los pantalones. Luego terminé de mordisquear la arepa, se me había pasado el hambre jejeje. Me tomé el café, que todavía estaba tibio y me dirigí a la puerta.

Ella se quedó parada al lado de la mesa viéndome, desde la puerta pude ver cómo una línea de semen le bajaba sensualmente por la cara interna del muslo y la pierna. Casi que decido regresarme, pero no podía. Tenía que ir a la oficina.

El día fue extremadamente largo. No sólo había que terminar con toda la documentación, sino que al final hubo una celebración en un bar cercano. Yo procuré no beber mucho porque no quería emborracharme y estar enratonado al día siguiente.

Al final me llevaron en carro a la casa a eso de las 9 de la noche, luego de muchos abrazos de despedida y promesas de vernos pronto.

Llegué a la casa oliendo a cerveza y a fritanga y tanto el tío Alberto como Lucía se burlaron mucho de mi, pero dejaron que me fuera al cuarto a descansar.

12- Miércoles.

Me desperté cuando sentí que levantaban la sábana y el cuerpo desnudo de Lucía se metía en mi cama.

-¿Qué haces aquí? ¿Qué hora es?-

-Shhhh. Son las siete de la mañana. Convencí a Alberto de que se fuera temprano para que pudiera venirse más temprano a la tarde y pasar más tiempo contigo antes de que te fueras-

-Ooohhh- le dije abrazándola duro-

-Lo que no le dije fue que yo también tendría más tiempo para despedirme- me dijo antes de apoderarse de mi boca y meterme la lengua hasta la garganta. Bueno, no tanto, pero casi.

Pasamos la mañana tirando como conejos. Tanto que perdí la cuenta de cuántos orgasmos tuvo Lucía. Baste decir que probamos todo lo que se le ocurrió ¡y se le ocurrió más de lo que me imaginaba. Había despertado a un monstruo!

En la tarde nos habíamos arreglado nuevamente como si no hubiese pasado nada, para cuando regresara el tío Alberto. Inclusive aireamos la casa para que se fuese el olor a sexo que había en todos los sitios en que habíamos hecho el amor. Hubo sólo un par de cosas que no podíamos quitar, uno era el dolor y el ardor en nuestras partes bajas. Si el lunes nos habíamos irritado, hoy habíamos desgastado la piel hasta casi estar en carne viva ¡ambos caminábamos con mucho dolor! Lo otro que no podíamos quitarnos era la cara de satisfacción, de personas bien cogidas, jajajaja.

13- Epílogo.

Dos meses después de regresar a la universidad, me gradué. En el ínterin me había llegado una oferta de trabajo de la compañía para irme a Alemania y la acepté. Me despedí de los míos y de Lucía, claro, con quien me intercambiaba mensajes telefónicos casi todos los días. 

Sin embargo las condiciones de un nuevo trabajo, de un nuevo país, de nuevas amistades me fueron alejando de todos. Un par de años más tarde me casé y tuve tres hijos con una bella muchacha alemana. 

Seguí trabajando muchos años con la misma compañía, al principio viajando mucho a hacer instalaciones como las de mi pasantía y luego desde Alemania como jefe de instalaciones. Ahora, 20 años después tengo un puesto importante en la directiva.

De Lucía y el tío no supe mucho más, pues con el tiempo dejamos de escribirnos. Sé que como un año después de mi visita tuvo una niña y que luego, hace como 15 años, el tío murió dejándolos en una buena posición. Luego me enteré que la hija había estudiado ingeniería de sistemas y que era toda una lumbrera… y que había nacido justamente 9 meses después de mi pasantía y yo me pregunto…

Julio de 2018


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