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Fecha: 11-Jul-18 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

Soy un sucubo 4

ArturoRelatos
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Tiempo estimado de lectura: [ 12 min. ]
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Una nueva etapa se abre en la vida de Elena y empieza a experimentar con nuevas cosas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Esta saga está inspirada en mitos y religiones, no es una reproducción exacta y la opinión de los personajes no es la del autor.

 

A la mañana siguiente me desperté con mejor ánimo que ayer y desayuné con ganas, me despedí y salí para la casa de Valentina. En cuanto llame, Jimena me abrió la puerta y me recibió con una sonrisa.

- ¿Estás mejor? Mi hermana me ha contado porque te fuiste – me pregunto amable.

-Si, después de descansar me encuentro mejor – respondí.

Me llevo hasta el salón y moviéndose como una estela oscura nos sirvió te y galletas mientras me sentaba.

-Bueno mi niña, no ha salido como esperaba, pero nos servirá para cumplir el favor de Enrique – declara – ahora nos tenemos que centrar en ti.

- ¿En mí? ¿Por qué? ¿Qué he hecho? – pregunté preocupada de haberla enfadado.

-Nada cielo, es solo que habrás notado que la actitud de tus padres ha cambiado hacia ti – afirmo.

-Si, la verdad, están más fríos – corrobore.

-Eso es por tu aura natural, todas las Súcubos tenemos un radio a nuestro alrededor sobre el que influimos – me explico – la gente que vive cerca de ti, o pasa mucho tiempo contigo, empieza a volverse más lasciva y se interesa por ti, pero los devotos de Dios te empiezan a odiar si no te alejas un tiempo.

- ¿Entonces mis vecinos y compañeros de clase se están volviendo unos salidos? – pregunte - ¿Mi hermanito también?

-Si, posiblemente aún queda un tiempo para que se empiecen a interesarse por ti, pero con el tiempo lo harán – opino.

Asqueada por la idea de pervertir a mi hermano pequeño me decidí a independizarme – pero no tengo mucho dinero como para irme a vivir sola.

-Bueno puede que yo tenga un piso amueblado comprado y que no uso – dejo caer.

- ¿En serio? – sonreí emocionada, ella asintió, me levanté a abrazarla y ella me abrazó con cariño.

Su olor, la suavidad de su piel y sus mullidos pechos en mi cara comenzaron a excitarme. Sin darme cuenta empecé a besar la parte descubierta de sus tetas.

-Para niña traviesa – ordeno divertida y me aparto suavemente.

Cachonda y desilusionada la obedecí – Perdona, pero hueles tan bien que no he podido resistirme.

Me acaricio la cara con ternura – Ya lo sé, mi niña, pero recuerda que no puedes hacer nada conmigo.

-Ya ya, enloquecería – conteste mirando sus labios con deseo – Creo que ya es hora de que me vaya.

-Vale, hasta luego cielo – se despidió de mi.

Jimena me acompaño a la puerta y allí me despidió.

 

††††††

Jimena vuelve al salón y se agacha para coger la bandeja con los aperitivos.

-Cada vez se parece más a Ilya, pero recuerda que no es ella – declara ella con pesar.

La cara de Valentina se cubre con una sombra de dolor – Lo se, hermana, lo se.

La sirvienta se retira y una lágrima recorre el rostro de la señora de la casa.

††††††

 

Horas después de mi visita seguía caliente y recibí un mensaje de Marta rogándome que fuera a su casa.

-Hola tía, ¿Qué te pasa? – la pregunté.

Tenía los ojos llorosos – El gilipollas de Daniel… me ha… dejado… por una zorra – me contestó lloriqueando con rabia.

Me pase un buen rato tratando de consolarla y, cuando se tranquilizó, pudimos hablar del tema.

-Soy tonta tía, llevaba un tiempo que no sabía que hacía con el – me confeso.

-Bueno, pero no es motivo para ponerte los cuernos – la dije y la tendí un cuenco de helado de fresa.

Lo miro extrañada – ¿no es un tópico absurdo?

Me encogí de hombros – tengo hambre y dicen que ayuda asique… - conteste y me lleve un trozo a la boca. En verdad aún estaba caliente y quería refrescarme.

-Ayudaría si viniera con un tío con una polla enorme que me hiciera olvidarle – protestó, pero también empezó a comer.

-Si quieres te traigo tu consolador – mencione burlona.

Sonrió levemente – no sería suficiente, quiero algo excitante.

La mire de reojo y repare en lo fresca que iba con un top y unos pantalones cortos. “¿Qué hago? Es mi mejor amiga” pero mi cuerpo no pensaba igual y siguió calentándose “Reconozco que está buena, pero nunca dio muestras de gustarle las chicas. ¿Y a mi me gustan?” mi pregunta se respondió enseguida cuando la vi relamerse la boca y quise besarla.

-Podríamos ir a un local de intercambio y follarnos ha unos maduritos interesantes o unos tríos con pollones – pensaba ella en voz alta y con voz excitada.

Sin darme cuenta llevaba un rato soltando mi perfume y la estaba excitando. No sabía cuánto perfume había absorbido, pero decidí arriesgarme “Mejor esto que dejarla hacer una tontería”.

-Marta – la llamé mientras dejaba mi cuenco y le quité el suyo, sus pezones se empezaban a marcar.

Me mira extrañada -Elena ¿Qué…? – pregunto mientras me acercaba a ella.

-No lo pienses mucho – la ordene y bese suavemente sus labios, que sabían a fresa. Ella me rehúyo al principio, pero lentamente me devolvió el beso. Mis manos la acariciaron tímidamente y suavemente se colaron debajo de su ropa. Su respiración se agito y empiezo a presionarse contra mi. De pronto se separo ruborizada y me miro deseosa y confundida.

-Tía, yo… - la calle echándome encima de ella y volviéndola a besar.

-Te he dicho que no lo pienses – la repetí rápidamente y seguí saboreando su boca. Nuestros cuerpos se retorcían frotándose con deseo, finalmente Marta empezó a meter sus manos bajo mi ropa.

La dejé respirar y me quité mi camisa y luego su top. Esta vez su boca me estaba esperando con volví y su lengua busco entrelazarse con la mía. Tras unos minutos decidimos que los sujetadores nos molestaban así que nos los quitamos y tiramos a la mesa, al juntarnos, nuestras tetas empezaron una pelea por ver cuáles aplastaban a las de la otra. No tardamos en dar el siguiente paso y deshacernos del resto de ropa, que acabo desperdigaba entre risas juguetonas.

Aprovechado que está encima decidir empezar yo con el sexo oral y fui pasando mi lengua desde su cuello a sus pezones los cuales me pare a saborear debidamente, ella dejo salir los primeros gemidos. Cuando termine seguí mi descenso y llegué a su coño mojado. Sin dudar abrí la boca y lo devoré con ansia, lamiéndolo de arriba abajo y lamiendo en círculos alrededor de su clítoris.

- ¡Ay joder! – grito de placer – Eres… fantas… tica.

Sus manos se agarraban con fuerza al sofá y su cuerpo se retorcía con mi lengua.

-Si… si… ¡Si! .... ¡Siiiiiiii! – gimió con fuerza para finalmente arquear su espalda y regarme la cara con un chorro de fluidos.

Me relamí el contorno de la boca y después los dedos mojados. Marta respiraba agitada mientras se recuperaba del tremendo orgasmo con los ojos cerrados.

Yo necesitaba correrme así que pasé una pierna por encima de las suya y su otra pierna la puse en mi hombro. Junté nuestros coños y empecé a mover mi cadera suavemente.

Marta me miro excitada – qui… Quiero hacerlo… yo

-Vale – acepte y me tumbe con las piernas de par en par. Ella se colocó como estaba yo y comenzó a moverse torpemente.

-Presiónalos más – indique y ella me obedeció. El roce de nuestros labios vaginales se sentía bien, pero moví mi cadera para que se frotaran nuestros clítoris. La habitación no tardó en llenarse de gemidos y lleve mis manos a mis tetas para masajearlas. Sus pechos se restregaban en mi pierna y su lengua daba suaves lamidas en mi pierna.

Las dos teníamos como locas disfrutando de algo tan nuevo para nosotras, ambas movíamos las caderas para maximizar el placer y elevamos la velocidad conforme nos acercábamos al clímax.

-Tía… estoy a punto – me avisó.

-Yo también, no pares – respondí y me moví de forma sobrehumana.

- ¡Joder! – grito sorprendida y se aferró a mi pierna mientras con un largo gemido se corría sobre mi coño.

Yo alcance el orgasmo a su vez y también deje salir mis fluidos uniéndolos a los suyos.

Agotada se dejó caer encima mía y me susurró – eres la mejor – para acto seguido quedarse por tantas emociones.

La cargué en brazos y la llevé a su cama, después recogí la ropa desperdigada “anda que si entran sus padres con este panorama”. Me di una ducha rápida y salí dirección a mi casa.

 

Días después no hablamos del asunto, pero al parecer reforzó nuestra amistad. Cuando informé a mis padres de que había encontrado un piso para independizarme, me hicieron muchas preguntas y me aclararon de que podía quedarme cuanto necesitará. Pero yo tenía que irme antes de que mi aura de súcubo provocará algún daño. Al final conseguí que lo aceptarán y no tardé en mudarme a mi nuevo hogar.

El piso era fantástico, con dos dormitorios, un baño, salón, cocina americana y una terraza con vistas a la piscina comunitaria. No tardé en acomodarme y colocarlo todo a mi gusto.

Aprovechando las posibilidades de mi nueva libertad, prepare mi ordenador con una webcam para hacer algo de exhibicionismo cuando estuviera juguetona.

Varios de mis vecinos me dieron la bienvenida, entre los vales descubrí a la vieja cotilla, y otros solo un simple “hola”. Emocionada ante el nuevo abanico de posibilidades que se abría ante mi, decidí montar una fiesta de pijamas con Marta.

-Que puta suerte tienes, en unos meses te has vuelto buenorra y conseguido un trabajo en el que te dan una pasta – dijo.

Ambas estamos en ropa interior, esperando una pizza y viendo la tele – será que Dios ha visto que soy una niña buena y ha decidido recompensarme – bromee con las manos en posición de rezo y justo sonó el timbre. Abrí la puerta medio desnuda y vi al repartidor.

-Bue... nas – se quedó embobado con mis tetas.

- ¿Has traído mi comida? – pregunte seductora.

El chico trago saliva y tardo un poco en reaccionar, pero finalmente me entrego el pedido – son 12,75€, pe… Pero si quieres te invito – me ofreció.

-No, tranquilo – saqué 15€ en billetes de mi sujetador y se los di – quédate con el cambio, encanto – cerré la puerta en sus narices y al volver al sofá vi a Marta alucinando con el espectáculo.

-De niña buena nada, eres una zorra – me dijo amistosa.

Yo me reí, me senté a su lado y comimos y bebimos entre risas.

Un rato después de haber terminado Marta se acordó de algo – Ostras casi me olvidó – fue a por su mochila y saco un regalo rectangular – tu regalo por independizarte.

- ¿Enserio? No hacia falta, tía – lo cogí ilusionada y descubrí que era un cinturón strap on – Lol ¿y esto?

- Bueno, quería regalarte algo por lo del otro día y pensé que, ya que eres bi, necesitarías algo que te ayudará a follarte a las tías – explicó algo sonrojada.

Sonreí divertida – en realidad fue mi primer lésbico no estoy segura de ser bisexual.

-Como eras tan buena, pensé que… - se defendió nerviosa.

Acerque mi cara a la suya - ¿Quieres repetir?

Ella se pone más colorada – yo… esto… - estaba alterada y no sabía que responderme.

Disimuladamente acerque mi mano a sus bragas y las note algo mojadas – vaya vaya, esta parte es más decidida.

Marta gimió suavemente y frote más fuerte– Elena – dijo excitada y abrió su boca.

Me acerqué más y la di unos cortos beso en su boca antes de ir a por su cuello. Aparte su ropa interior y metí dos dedos en su interior, ella subió el tono de sus gemidos.

Sus manos me masajeaban las tetas - joder que blandas las tienes.

- ¿Quieres chuparlas? – pregunté seductora.

Ella dudo unos instantes, pero asintió tímida. Trepe sobre ella, para ponerle los pezones en la cara y me desabroché el sujetador - ¿Recuerdas como te lo hice?

Marta vuelve a asentir, abre la boca para meterse un pezón entero y succiona con fuerza.

- ¡Ay! No tanto que me lo arrancas – proteste divertida.

-Perdona – se disculpa, esta vez lo hace más suave y también añade su lengua, la cual rota alrededor.

Hice ruidos de placer para indicarla que lo estaba haciendo bien y tras unos minutos le puse la otra para que cambiará. Y tras cansarme de que me chupara las tetas, rote sobre ella y la plante mi coño en su cara.

Esta vez no dudo mucho, aparto mis bragas y empezó a lamer mis labios. Yo por mi parte hice lo mismo, pero ayudándome de mis dedos. Las dos nos concentramos en darnos placer, ella como podía y yo hábilmente. Podía sentir en mi trasero como su respiración se aceleraba y como reaccionaba a mis acciones. Poco a poco fui localizando sus zonas sensibles y me centré en estimularlas, no tardó mucho en empezar a chorrear fluidos sobre mi sofá. Una vez terminada mi parte me incorporé y presionando más su cara moví mis caderas para frotarme con ella. Al final conseguí alcanzar el clímax y soltar mis fluidos en su boca, los cuales se fue bebiendo disciplinadamente.

-Vaya vaya, así que el semen no, pero lo mío si te lo bebés – comenté divertida.

- ¿Te lo contó Dani? Estúpido gilipollas – maldijo – lo suyo sabía a mierda, lo tuyo es distinto.

-Me alegro que te guste – me quite de encima y cogí la caja del strap on – vamos a la cama.

Creo que se puso nerviosa porque me miraba mucho de reojo y me figure que sería por el tamaño de uno de ellos.

Al llegar se sienta en el borde y me mira indecisa con las manos en la entrepierna - ¿Qué vas a querer hacer?

Abrí la caja y preparé el cinturón con los dos consoladores, uno para la usuaria y otro para la pareja. Coloque el más grande hacia mí y el otro más normal para ella. Al ponérmelo pude sentir lo profundo que llegaba y me puse a cien al instante. Marta me miraba impresionada y alterada, pero cuando ajuste el último cierre se tumbó y abrió sus piernas.

-En el fondo lo quieres – afirme melosa.

-Te he visto tan decidida que estaba segura – trata de justificarse.

Puse la punta en la entrada de su vagina – puedes negarte, no te quitaré ese derecho.

Ella dudaba mirando a mis ojos y al miembro de plástico alternativamente. Pero sentí que a este último lo presionaba, voluntariamente o no, para que la penetrara. Asique empuje suave y el objeto fue entrando en su interior, a la vez yo sentía el mío vibrar y cuando entró entero este paro.

Me eché encima de ella, para que nuestras tetas se frotaran y besarnos, ella me aceptó de buena gana y empezamos a movernos. Al principio fuimos lento, buscando sincronizarnos, con penetraciones profundas y suaves. Según cogíamos velocidad, las embestidas era más fuertes y nuestros cuerpos se frotaban más. El consolador que tenía metido vibraba según el movimiento, pero siempre con intensidad, asique para recibir más placer yo tenía que darla mas.

- ¿Lo estoy haciendo bien? – pregunte sabiendo la respuesta.

-Si, puedes ir más rápido – aseguró.

- ¿Así? – consulte burlona mientras me movía frenéticamente.

- ¡Oh Dios! – grito y solo pudo seguir gimiendo a gritos como una loca.

Sentí que estaba llegando al orgasmo con el consolador vibrando fuerte sin parar y la volví a besar. No tardamos mucho en quedarnos quietas mientras disfrutábamos del placer de una buena corrida mientras nos comíamos la boca.

Me separé de ella y me tumbe bocarriba, Marta se acercó a mí y apoyo su cabeza en mi hombro – las… próximas veces… yo llevo el cinturón.

Nos reímos ambas y me quité el aparato – No me digas que no te ha gustado el último acelerón – dije aparentando falsa inocencia.

-Casi me partes el coño capulla – protesto y nos volvimos a reír.

 

Al día siguiente nos duchamos y fuimos a hacer nuestras vidas como dos amigas normales.

Continuará…

Este es mi primer relato Lésbico, así que, en vez de convulsionar en protestas, preferiría que me ayudasen a mejorarlos.


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