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Fecha: 09-Jul-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

La ardiente hija de un camionero. (Parte 3)

TrovoDecimo
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Tras el viaje en camión nos quedamos en casa unos días solos en plan vacaciones, y entonces nos dimos rienda suelta a la imparable transgresión de las normas sociales... Mi padre y yo follamos como cosacos día si y el otro también. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Aquel sábado tras el viaje estábamos mi padre y yo en casa, mi madre (Ana) aún se hallaba de viaje romántico con su nuevo novio, lo cual me vino muy bien dejándome sola con papá…, me gustaba estar a solas con él dedicandome toda su atención. En verdad amo a mi madre, aunque reconozco que a veces la odié cuando ella era la que podía tenerlo en su cama y no yo, y cuando lo desterró de nuestra casa cuando más lo empezaba a necesitar… pero ya todo cambio. Era verano y hacía un calor de mil demonios, mi padre estaba lavando el coche mientras que yo organizaba la habitación, lo veía a través de mi ventana y me maravillaba de lo guapo que es y lo mucho que lo deseaba, estaba en una camiseta blanca dejando al descubierto dos fuertes brazos ¡¡Me calenté de solo verlo!! Cuando termine mis labores bajé a la cocina e hice un  zumo de naranja. Salí a darle uno con hielo, lo cual me agradeció con una sonrisa, vi que sus ojos siguieron mi atuendo y se detuvo un poco en el escote de mis tetas, eso me lleno de dicha, pues comenzaba a tener éxito sin estar dormida. Me gustaba cuando me miraba o me tiraba piropos, me hacía sentir una mujer sexy… ¿Qué te parece si termino aquí y nos damos un chapuzón en la piscina? Mi padre me preguntó intentando mirarme a los ojos, pero cada cierto tiempo sus ojos se iban hacia mi escote u otro lugar de mi exuberante anatomía, esa mirada flash que todo hombre no puede evitar…. Me encantaría papi, dije feliz al pensar que ambos estaríamos en bañador. Verle con su abultada entrepierna me estremecía. Nos terminamos de tomar nuestros zumos refrescantes. Enfundada en un bikini que dejaba muy poco a la imaginación, la mirada de mi padre me dejaba muy caliente. Mi mente comenzó a fantasear…, que tal vez por esa parte perversa de mi padre que también me deseaba. No tanto como yo a él desde hace tantos años.

Bajé a la piscina y me tumbe al sol, quité las tiras que sostenía mi sujetador y me eché un poco de bronceador. Al tiempo mi padre llegó, se sentó a mi lado. En su mano tenía una cerveza y con la otra me ofrecía otra a mí…. Gracias, dije tomando un sorbo. Así que princesa cuéntame ¿Has decidido por fin que carrera universitaria vas a elegir...? Sí lo tengo muy claro, la nota me da para mi primera opción que es filología inglesa… Me alegro... es una buena carrera de futuro, dijo mirando mis pechos. Me percate que al haberme quitado las tiritas del sujetador se me bajó la copa, dejando ver un poco de mi pezón. Al principio quería subírmelo, pero luego vi que estaba como hipnotizado así que me hice como la que no sabía coqueteando un poco… ¿Y cómo vas con ese muchacho? ¿Juan se llama? ¡¿No?! Pregunto sin dejar de inspeccionar mi pezón dejado a la vista deliberadamente por mi mente perversa. Lo hemos dejado, dije de repente de mal humor. (Juan fue mi último novio de tantos que tuve. Era dos años mayor que yo, y aunque era bien parecido, era un total incompetente en la cama por no mencionar que la tenía pequeña. Jamás supo aprender a mamarme el coño, y a poco que yo se lo hacía se corría. Los encuentros nunca mejoraron, así que lo dejé por capullo, pues siempre que teníamos sexo terminaba más cachonda de lo que empezaba). Sin embargo, mi padre no dejo pasar mi tono… ¿Todo bien, no? ¿Ha pasado algo que deba saber con vosotros? Nada, mentí. Solo que no somos compatibles por así decirlo, pensé que lo dejaría, pero no. ¡Vamos cariño, cuéntame! Sabes que puedes decirme todo lo que te pasa. Entre nosotros hay confianza. Dude un poco, después de todo era mi padre y aunque él sabía que no era virgen por las pastillas descubierta en mi bolso, no me sentía como para compartir estas cosas con él. Sin embargo, él no quería dejarlo pasar… ¿No confías en mí? Mi padre es muy insistente cuando detecta una incomodidad en mí, como un perro que coge a su presa. Con él es inútil darle largas… por lo cual comencé a contarle. Mira papá no te asombres por lo voy a contarte, tú me lo has pedido…Me puse seria mirándolo de frente y… Ese tío es un total inepto en la cama, al parecer nadie le enseño a complacer a una mujer, ni siquiera oralmente, miré su semblante con los ojos abiertos de asombro, él no estaba preparado para eso. Bueno, eso fue diferente a lo que me esperaba. Sé que tienes relaciones con tus novios, no debía de asombrarme… es la primera vez que comentamos algo así. Nos quedamos en silencio un momento, él seguía mirando mis tetas y mi culo, cuando pensaba que yo no lo miraba, podía ver cómo había un pequeño bulto en sus pantalones ¿Eso significaba que le gustaba lo que veía, verdad? ¡¿Se estaba excitando con mi manifiesta anatomía o por lo que oía de la boca de su princesa?! Bueno, solo había una forma de saberlo. Sabía que era un juego peligroso, pues me metía en un pantanal del que no estaba muy segura de salir victoriosa, pero el que no arriesga no gana… ¿Cómo era mamá en la cama? digo ¿Qué le gustaba que le hicieran? Pregunte a traición. Él se quedó callado, pensé que me diría que estaba loca al querer saber sobre las relaciones sexuales de sus padres, pero al parecer respondió con un tono de voz pasivo. A tu madre le gusta el sexo oral. Se ponía como loca cuando se lo hacía, y no voy a negar que mí me encantara hacérselo. Comprendo que a muchos hombres no les guste, pero a mí Sí me gusta mucho…. Mis braguitas se comenzaban a humedecer¿Y a ti? ¿Qué te gusta que te hagan?

Hay vi mi oportunidad, podría calentarlo y ver qué pasaba, ojala funcionara. Tenía dos opciones, calentarlo a tal punto que perdiera toda moral para follarse a su hija, o terminar cachonda y apenada por tener este tipo de conversación con él…, solo había una manera de averiguarlo. Me giré en mi tumbona y en el movimiento mi pezón quedo al descubierto, mi padre no ignoró este hecho. Puse cara de niña mala viciosilla, mientras le decía lo que más me gustaba… Bueno primero me gustan los chicos mayores que yo, y últimamente los maduros de más de 30 sin llegar a viejos... Me calienta mucho que me besen en los pechos. En nada me disgusta besarle todo el cuerpo a mi chico, y sobre todo chupar su polla. Al igual que me mi madre me vuelve loca un buen sexo oral ¡¡Que me arranque un buen orgasmo!! Y sobre todo me encanta cuando me penetran tan duro que me cueste  caminar en las siguientes horas. Todo eso lo dije suspirando, aunque al final me vine arriba y la última frase no era del todo verdad, pero fue la que más impactó en mi progenitor al decirla con toda desfachatez. Vi a mi padre que en este momento tenía una gran tienda de campaña que intentaba ocultar con la toalla sin apartar la mirada de mis tetas en cuanto tenía ocasión… ¿Lo has hecho con alguien de mi edad? Preguntó vacilante. No, le dije rotundo. Siempre ha sido mi fantasía, no he tenido la oportunidad de hacerlo al no encontrar a la persona adecuada… ¿Y tú? ¿Tú lo has hecho con alguien de la mía? Esta conversación se estaba saliendo de madre debía volverla a su camino, hace mucho había dejado de ser una conversación de padre a hija, para pasar hacer algo más íntimo, algo más prohibido cercano al incesto. No, dijo mirándome fijamente a los ojos. Me mordí el labio, era ahora o nunca… ¿Y no te gustaría probar? ¡¿Conmigo… por ejemplo?! Él me miro por unos segundos y negó su cabeza al tiempo que se contradecía…. Bueno cariño… Sí yo… creo que no sea muy correcto..., Tú y Yo, musito con su voz baja y gruesa por la excitación que tenía.

Me levante decidida y me terminé de quitar el sujetador quedando a topless, me senté en su tumbona y el retrocedió con miedo… ¿Quién dice que no es correcto? ¿La moral? ¿La iglesia? ¿La sociedad? Todos cariño. Su poco autocontrol se estaba esfumando, sus manos tentaban por tocar mis tetas y sus ojos lo delataban, me deseaba sin más remedio. En su mirada se reflejaba ese deseo que tantas veces he visto en los hombres cuando están a punto de follarme… ¿Qué importa ellos? No puede estar mal cuando dos personas se aman… ¡¿Por qué tú papá, me amas…Verdad?! Claro que te amo... eres mi niña del alma, por ti daría la vida si fuera necesario…. Tomé su mano y la puse sobre mis tetas, él jadeo y yo gemí al notar su tacto delicioso. Por eso sé que no me harás daño, porque soy tu hija, tu princesa y me amas. No dijo nada continuando con el sobo a mis tetas, sus dedos pellizcaban mi pezón y yo tiré mi cabeza hacia atrás gimiendo en el éxtasis, no podía creer que mi padre me estuviera acariciando las tetas. Pronto sentí algo húmedo, mi padre había comenzado a mamar una de ellas mientras que con la otra mano acariciaba la libre. Estaba perdida, cachonda como él,  estábamos en un juego que no tenía retorno, ¡Cuya única salida era el apareamiento! Con mi mano busqué su polla… ya en estado de dureza permanente, se la comencé a sobar a través de bañador tipo bermudas… y jugar con ella, me moría por comérsela… Ven entremos, no vaya pasar que alguien nos vea…. Se levantó y yo salté enredado mis pernas en su cintura, su polla chocaba con mi coño haciendo fricción. Era tan rico como emocionante, extravagante e insólito; iba a alcanzar una cumbre para la que me había preparado concienzudamente durante años de fornicaciones con tipejos que no le llegaban a la altura de la suela a mi padre. Sin perder tiempo entramos en la casa, y justo cuando pasamos el umbral aproveché para devorar su boca, pese al picor de su barba de cinco días. Él metió su lengua en mis labios y me comió la boca como todo un experto, sus manos se apretaron a mi cintura friccionando su polla conmigo en busca de alivio.

Llegamos a su habitación dejándome caer suavemente al colchón. Acto seguido continué el camino de caída hacia el parqué, arrodillándome ante el Dios que me arrastró hasta allí desde los diez años. Sin el menor miramiento le bajé su bañador para dejar al descubierto ese rico y perfecto falo paterno del cual me saciaría hoy. Lo tomé por su punta y comencé a darle tiernos besitos en su orondo capullo… un glande con una forma similar a un casco militar alemán. Mi padre enredó sus manos en mi cabello y me acercaba más a él, abrí mi boca y me lo metí muy despacio acostumbrándome a ese gran tronco que perforaba mi pequeña boca. Comencé a chupar y a jugar con sus bolas entre mis dedos, aquello le gustaba mucho porque gruñía de gozo como un poseso. Sus cadera se movían queriéndose enterrar más al fondo el tremendo cipote en mi boquita acostumbrada a pichas de tres al cuarto. Me la clavaba en mis mejillas dentro de la boca, haciendo más presión causándole un mayor placer… De pronto mi padre me dijo entre dientes y jadeando… Mi vida, para si no acabaré enseguida. Por mi parte continué mamando esa polla que tantas pajas me había robado. ¡¡Detente por favor!! Cogiéndome de la cabeza sacó su polla de mi boca… Mi amor, quiero y deseo correrme dentro de ese precioso coñito y volverte loca de placer. Me ayudó a ponerme de pie, y me quitó mi tanga. Quedé desnuda delante del hombre que había participado en mi creación aportando su preciado esperma. Su mirada era de hambre y lujuria hacía mí como hembra, me sentía muy mujer, como su mujer. Hemos llegado a un punto en el que necesito probarte completa… por eso comenzaremos con ese coñito que tanto he deseado.

Me acostó sobre la cama que habría compartido con mi madre de seguir casado con ella, me abrió de piernas para él, dejándome plenamente despatarrada. La situación era tan morbosa y erótica, en estos momentos no me importaba nada, ni siquiera mi madre. En verdad se podía quedar donde estaba con su novio que yo me encargaría de satisfacer al hombre de mi vida, ese hombre que procuraría fuera solo mío a partir de hoy. Lo sentí aspirar mi aroma seguido de un lengüetazo, él comenzó a pasar toda su lengua por mi coño húmedo, cerré los ojos y gemí en el éxtasis. Su deliciosa lengua hacia maravillas, lo sentí chupar y morder mi clítoris hasta succionarlo haciéndome chillar de placer. Uno de sus dedos se insertó en mi coñito, y luego dos. Me estaba follando con avidez llevándome a la séptimo cielo… ¡Pero que mojada estás princesa!, ¿Te gusta? ¿Te gusta como papi te come el coñito? Fuera de mí le espeté con furia contenida… Me… me encanta, dije agitada. Mis gemidos y gritos daban pábulo a que mi padre no dejara de follarme con sus dedos comiéndose con fruición mi coño ardiente. Las feromonas comenzaron a hacer sus efectos olvidando cualquier parentesco entre ambos, porque justo cuando más sonoros eran mis gemidos unidos a mis contorneos alrededor de su boca, mi padre me soltó… ¡¡Que puta eres Alicia, dejándote follar por tu padre!! Dijo aumentado el ritmo de la dedada… ¡¡Y tú lo cabrón que te has vuelto, queriendo follar a tu princesita!! Él continuo con su paja hasta correrme en uno de los mejores orgasmos del mundo…, mi visión se nubló y mi cuerpo tenía pequeñas convulsiones espasmódicas debidas a los chutes de dopamina que recorría todo mi ser.

El muy cabrón no me dejó ni recuperarme, estaba súper excitado con la polla extra rígida en una curvatura que se arqueaba perfecta para perforar a una hembra hasta su útero. De pronto enfiló su gordo capullo sobre mi raja encontrando de inmediato la entrada vaginal. Completamente abierta de piernas me ofrecía en sacrificio a mi padre con todo el coño a su disposición…, él no dudo un solo instante cuando me la metió de un golpe. Percibí su polla entrar a pelo, como un torpedo invadiendo mi hambriento y encharcado conejito ¡Por primera vez lo hacía sin condón con alguien y era una maravilla! Mi padre comenzó a bombear con ímpetu y a tocar esos lugares mágicos dentro de mí, donde ningún otro hombre había logrado llegar. Chillaba y me revolcaba sobre la cama mientras que él me daba pollazos sin parar, haciendome notar cada centímetro de su largo tronco enterrándose en la boca de mi vagina enjuta. En unos pocos segundos, mi chumino se acomodó a lo recio y largo de su badajo, y comencé a notar el golpeteo de sus huevazos en la entrada de mi coño, lo que significaba que la punta del capullo debía de estar en el canal de mi útero, allí donde descargaría todo su esperma sin nada lo remediaba… ¡Yo no por supuesto, deseaba recibir toda su leche dentro de mí…! ¿Te gusta? Me preguntaba entre dientes jadeando… ¡Me encanta, no pares de Follarme, folla a tu PRINCESA! Le gritaba, el bajó sus labios y comenzó a chupar y morder mis tetas, mis pezones fueron presa de su labios, lengua y dientes. Me puso cardiaca tanta atención al punto que salió de mi boca algo que jamás había deseado de ningún otro hombre… ¡¡Vamos fóllame fuerte y PREÑA a tu niña!! No sé si fueron estas últimas palabras o que la pose del misionero nos aburrió, pero él se levantó cargando conmigo. Me apoyo contra el cabezal de a cama abriendo más mis piernas, en nada su polla entraba sin ningún problema gracias a lo lubricada de mi congestionada vagina. Delante de nosotros se hallaba un tocador con la foto de nosotros dos. Nuestros cuerpo estaba reflejados en el espejo del armario, haciéndonos protagonistas de una película de sexo duro… eso me hizo excitar más, pensando en que era yo y no mi madre la que estaba siendo follada por el que fuera su querido esposo. En esos momento partiendo en dos por el coño a su “preciosa hija” con el cipote más tremendo podía imaginar. Mi padre me besó con dureza, exploró mi boca con su lengua, mientras no parada de empalarme toda la tranca hasta la raiz una y otra vez, llegando a lo más profundo de mi cavidad vaginal, notaba su verga en mi estómago. Pronto la posición se hizo también incomoda, y me soltó de nuevo en la cama. Con toda decisión sin el más mínimo recato cual pareja de amantes desinhibidos me espetó solicitándome… Ponte a cuatro patas cariño, Lo hice y comenzó a chuparme desde el coño hasta el culo como observé la primera vez hacerle a mi madre. Aquello me enloqueció, mi padre era mi hombre y ahora estaba segura que era mío y yo le gustaba…

Pero que precioso culo que tienes mi niña… ¡¿Sabes un día de estos de lo partiré, como se lo hacía a tu madre?! Sin esperar a más le dije… ¡¡Es tuyo papi!! Conteste en voz de niña buena, me terminó de comer y lamer el ano, al que le dio su merecido. Sentir las lamidas en tan excitante zona por primera vez... fue algo demoledor en mi calenturienta razón. Al dejarme de chupar se irguió con todo el flamante pollón endurecido y me penetró no sin antes insertar un dedo en mi ano. Picó un poco, siéndome un tanto incomodo, pero según iba entrando su polla en mi coño haciendo sitio en mi estrecha hendidura, se fue haciendo más agradable. En este punto mis gritos se podían escuchar por todo el barrio, pero no me importaba, me lo estaba pasando en grande gozando de la follada del siglo. Pronto mi orgasmo comenzó a crecer, un calorcito en mi coño que se esparció por toda mi columna vertebral, nunca he sabido cómo explicar la sensación del orgasmo que me procuraba papá, pero sí sé que cuando los tengo me dejan sin habla. Bajé mi mano y comencé a friccionar mi clítoris con rapidez al encuentro con mi lujuria… ¡Vamos Alicia, córrete para tu papi! ¡Sé una buena chica! Mi padre golpeo mi nalga, como si a una mula se tratase y llegué en un orgasmo tan fuerte que hasta la respiración se me corto. Completamente desconectada de la realidad, mi padre continuó penetrándome con fuerza, una... dos... diez estocadas más, con mis convulsiones orgámicas en todo su clímax envolada en una nuebe de placer. Eran incontables las veces que me insertó el majestuoso falo paterno, cuando al fin oí un rugido ronco salido de garganta, a la vez que percibí un manantial de semen caliente regar mi coño interno… tan adentro que llegaba hasta mi cervix uterino.

Los chorros de leche se eslabonaban en convulsiones fratricidas endureciendo su polla... percibí los tres primeros chorros largos y copiosos lanzados a presión por el hinchando su tronco venoso y el orondo capullo por donde soltaba aldabonazos de lefa espesa, por el mismo glande que un día eyaculó el esperma con el espermatozoide que fecundó el vientre de mi madre. Allí estaba mi padre, el hombre que me dio la vida y ahora se estaba corriendo como un loco dentro de mí sin importarle nada más que yo, yo era todo para él…, su amiga, su hija, su amante y muy pronto su mujer, pues no dejaría que otra ocupara el lugar que me pertenecía por derecho de conquista, tantos años procurado. Cuando terminó de correrse, se mantuvo unos segundos asegurando que toda su semilla era depositada dentro del coñito de su querida princesa. Como derrotado se salió de mí, arrastrándome con él sobre la cama. Comenzamos a besarnos por todas partes, tenía una sonrisa hermosa en su rostro, nunca lo había visto sonreír tanto… Te amo Alicia, eras lo mejor que había pasado por mi vida y ahora mucho mejor… dijo besando por ultimo mis labios y mordiéndolos. Nos quedamos acostados y después de recobrar fuerza volvimos hacerlo de nuevo, y a pelo por supuesto. Jamás le impuse que me follara con condón, deseaba sentirlo en toda su intensidad. En esos días del viaje de mi madre a partir de la vuelta a casa, follábamos todo el día... todos los días como animales salvajes.

Aquella relación nueva con papá me gustó más que ninguna otra, había cumplido con mi mayor fantasía en la vida…, ser el amante de mi padre y no quería compartirlo con ninguna otra mujer. Mi padre me calentaba con tan solo tocarme, cuando estaba de viaje me masturbaba muy rico fantaseando con su cipote, hasta su vuelta para recibirlo con mis mejores galas… el primer día tras su vuelta de cada viaje me mataba a pollazos con dos o tres polvos a pelo, luego era todo más relajado. Felatios y folladas vaginales eran lo cotidiano, pero no faltaron atenciones a mi culito cuando me desvirgó abriéndome el ojete como una  boca de riego. La primera vez fue dolorosa, pero cuando le cogimos el truco se convirtió en una alternativa muy placentera. Debió de ser en el puente de la Purísima Concepción y la Constitución del 6 al 8 de diciembre, cuando ocurrió algo que solo era cuestión de tiempo… mi padre me Preñó. Por las fechas no tengo la menor duda. El acontecimiento nos pilló por sorpresa, ya llevábamos más de cuatro meses follando a pelo y no había ocurrido nada… tampoco follábamos todos los días, pero si todos los días que estábamos juntos, bien en casa o cuando le acompañaba en algún viaje un poco largo de una semana o así y mis estudios lo permitían.

Continúa...


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