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Fecha: 08-Jul-18 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

De cómo me preñaron de mis dos hijos. (Parte 3)

TrovoDecimo
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Mi segundo embarazo. Tampoco es culpa de mi marido… Preñada hasta las trancas por el mejor amigo de mi esposo en su coche. Este canalla me preñó una tarde después de regresar de la playa mientras el cornudo me esperaba en casa. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Mi segundo embarazo. Tampoco es culpa de mi marido… Preñada hasta las trancas por el mejor amigo de mi esposo en su coche después de regresar de la playa mientras el cornudo me esperaba en casa. Mi segundo embarazo se produjo pocos meses después de dar a luz a mi primera hija, como ocurrió en el primero no fue nada premeditado ni planeado, para los que no me conozcáis os diré que soy una mujer muy activa en el aspecto sexual, y últimamente no precisamente con mi esposo. Desde muy joven mantengo relaciones sexuales con gran cantidad de hombres, aunque suelo ser precavida, el hecho de gustarme que me follen al natural, es decir sin condón, me ha dado ya varios sustos dado que los sementales con los que fornico no tienen la más mínima delicadeza de hacerme gozar sin correrse dentro…, en esta ocasión volví a quedarme preñada por un macho de bandera. Mi cuerpo había experimentado un cambio brutal con el embarazo de mi hija, y aunque cuando di a luz perdí muchos kilos nada que ver con el estado físico en el que me encontraba anteriormente a estar preñada. Desde adolescente he cuidado mi físico y me gusta estar atractiva, no lo hago para que me miren, aunque reconozco que eso me gusta, el sentirme atractiva me da seguridad y me gusta mirarme al espejo para ver a una chica guapa y deseada. Podéis llamarlo narcisismo, yo lo llamo autoestima. El caso es que mi falta de tiempo para acudir a gimnasio o hacer deporte por mi cuenta hacía que después de dar a luz presentase algunos kilillos de más, no me gustaba me gustaba lo que veía en el... me veía fea y gorda, evitaba salir a la calle y mucho menos ponerme ropa ajustada como hacía antes, aunque mi marido y mis amigas querían empujarme a salir no conseguían su propósito y me quedaba en casa día tras día.

La inminente llegada del verano y sobre todo la de Laura va a cambiar mi vida visiblemente para los siguientes meses. Laura se va a convertir en la niñera de mis hijos durante muchos años, y aunque está feo que yo lo diga debo reconocer que hace las veces de madre más que yo. El insistir de mis amigas para ir a la playa surgió efecto con la ayuda de Laura que se quedaba con mi hija, al principio no quería ponerme en bikini para no mostrar mis carnes de más, pero me di cuenta que sería una buena oportunidad para correr por la arena y poner a punto mi estado físico al mismo tiempo broncearme. Los dos primeros días solo íbamos dos amigas y yo, porque mi marido no paraba de trabajar on-line… le consumía todo el tiempo y creo que también la libido, porque si antes de estar preñada apenas cumplía como esposo y macho, tras haberme dejado preñada su padre mi figura es un poco menos deseable, lo malo es que mi ganas de ser follada no se aminoraron con la llegada de mi hija. La cuestión era que Jairo echaba horas interminables trabajando y Laura cuidada de mi bebé, mientras yo disfrutaba de unos días de verano sabáticos con nuestros amigos. Como iba diciendo en el tercer día se apuntó Jacobo…, el novio de una de mis amigas y subordinado de mi esposo, ambos se conocieron en la fiesta de aniversario, aquella donde mi suegro me dio su fértil semilla…, y aunque no me hizo mucha gracia la presencia de un hombre en la playa ya que impedía mis tardes de bronceo con mis tetas al aire, Jacobo se convertiría en un gran apoyo con el paso de los días. Él era el único que me acompañaba a correr por la orilla de la playa, sus halagos hacía mí y su tierna manera de tratar a una chica me hacía sentir bien con él, no reparaba en piropos y todos los días se refería a lo guapa y atractiva que me encontraba. Nuestras conversaciones eran de lo más fluidas y acabamos hablando de todo, incluso de sexo, se convirtió en mi confesor personal, en un gran amigo, y todo esto en tan solo una semana.

Los primeros días mis amigas y yo nos aplicábamos el bronceador las unas a las otras, pero con la llegada de Jacobo todo cambió. Cuando llegábamos a la playa lo primero que hacíamos era ponernos a correr por la arena mientras su novia y mi otra amiga se bronceaban entre ellas y nos esperaban tumbadas en la toalla, a la vuelta Jacobo se ofrecía a darme el bronceador mientras que las chicas seguían tumbadas en su toalla. No cabe duda que las manos de Jacobo bronceando y masajeando mi espalda me excitaba, me gustaba y esperaba con ansias ese momento que repetía al menos un par de veces al día. Su novia no solo lo aceptaba, además lo empujaba a que me aplicase el bronceador y así no tener que levantarse ella de su toalla. Sus manos recorrían mi espalda impregnadas de aquel bronceador, no reparaba en cantidad, y eso hacía prolongar el masaje en varios minutos. Yo me tumbaba en la toalla y dejaba mi espalda arriba, Jacobo masajeaba con sus manos cualquier rincón que le fuese accesible, y mirando a su novia de reojo me dejaba masajear los muslos. Sus manos cada día se adentraban más en mi trasero y mis pechos, yo me dejaba, y además como me gustaba más de la cuenta me sentía excitada. Uno de los días que volvimos de correr nos encontramos que las chicas habían ido a darse un baño, Jacobo me dijo que me tumbase para mi sesión de bronceado, pero en esta ocasión y con la ausencia de las chicas fui yo la que le pedí que se tumbase él y ser yo la que aplicase el bronceador en su cuerpo atlético y musculoso. Jacobo aceptó encantado y tumbado en la toalla comencé a aplicar el bronceador en su espalda, su estado tonificado me gustaba y disfrutaba con mis manos resbalando en su espalda, nada que ver con el cuerpo seudo fofo de Jairo, mi marido… Terminé, ya tienes toda la espalda protegida. Vale, Pues ahora me doy la vuelta. Bueno, pero delante sí que llegas tú. Pero Gisela, ya tienes las manos aceitosas..., que más te da.

Entre risas Jacobo se dio la vuelta y agarrando mis manos las puso en su vientre, no me quedaba otra, agarré el bote del bronceador y apliqué gran cantidad en su pecho afeitado, comencé a notar la humedad propia de mis bragas al sentir la excitación del contacto por placer con un hombre, mis manos masajeaban su pecho con parsimonia, el cerraba sus ojos y se dejaba hacer, comencé a bajar mis manos por sus piernas para seguir aplicando el bronceador, yo miraba de reojo para saber que las chicas y sobre todo su novia y amiga mía seguían en el agua y no se percataban de nada, aunque en principio era un inocente masaje no creo que a mi amiga le gustase ver como masajeo las piernas de su novio tan cerca de su apreciado cimbel. Pero en cualquier caso el asunto se puso caliente con la erección de Jacobo. El bulto que había crecido considerablemente en el centro de su bañador hacía adivinar la erección que había cobrado el muchacho, no lo pensé mucho, y como si de un accidente se tratase rocé mis manos por encima de su bañador y pude notar la firmeza y la dureza de su polla en estado de erección total…. Vaya, me parece que alguien se ha excitado con el masaje, le dije.  ¡Qué va, ese es el estado natural de mi polla! Eso no te lo has creído ni tú, le dije mientras volvía a colocar la palma de mi mano en su erecto miembro. ¿Qué notas? Pues noto que tu polla está a punto de reventar de lo dura e hinchada que está. Pues la culpa es tuya. Volvió a recriminar, pero en este caso colocó su mano encima de la mía que a su vez estaba encima de su polla, pero por encima del bañador. Pues si la culpa es mía tendré que arreglarlo yo,  le decía mientras comencé a meter mi mano dentro de su bañador.

El contacto de mi mano con ese caliente y tieso rabo me produjo un estado de excitación superior, ni cuento los meses que llevaba sin follar en condiciones… entre la abstinencia obligatoria después del parto y lo poco que mi esposo me atendía, no contaba con más de diez polvos en un año atrás, así que no lo pensé dos veces arrastrada por la calentura asiendo el vergazo escondido dentro de su bañador… ¡¡Ya era propiedad de mi mano derecha!!, lo rodeé con mis dedos febrilmente y comencé a masturbar ese duro y tieso trozo de carne caliente, Jacobo se incorporó un poco y vigilaba a las chicas por si aparecían por cualquier sitio…, el chico había colocado una toalla encima de su bañador que escondía mi mano masturbadora para no dar muchas pistas a los vecinos de sombrillas que aunque algo retirados nos miraban como alcahuetes en cierta forma. Sí que me pidió que me agachase y me metiese en la boca su polla, yo lo estaba deseando, pero no era el momento más adecuado, y en lugar de hacerle una mamada decidí seguir con la paja, mientras mi mano barría desde el glande a sus huevos un pajote en toda regla al semental, mi otra mano con casi todos los dedos jugaban dentro de mi bañador con mi húmedo y caliente coñito…. Mi pertrechada manera de pajear adquirida en el cumplimiento de las labores con mis novios en las decenas de veces, me daban una técnica muy eficiente de sacar el mejor engrudo de cada polla que manejaba, la de Jacobo no iba a ser diferente por beneficiarse de un tamaño superior a las pajeadas hasta ese momento… ya pasaban dos o tres minutos y se dentectaba al chico bufando y de pronto unos segundos después no tardé en sentir como su líquido espeso y caliente mojaba mi mano escondida dentro de su bañador, Jacobo se estaba corriendo inconteniblemente, su cara y la humedad en mi mano así me lo hacían entender. ¿Ya te has corrido…? Le dije. Perdona pero es que estaba muy caliente y no aguantaba más…, estos días me has puesto muy cachondo, contestó. Pues sí que aguantas poco. Porque me has pillado aquí, si me pillas en otro sitio ibas a gozar de lo lindo. Ya será menos, fantasma. Te lo demuestro cuando quieras. ¡¿Quieres follarme…?! Si tú te dejas. Yo sí que me dejo, pero no creo que estés a la altura… Si no transciende, claro…. Te vuelvo a decir que eso se demuestra con los hechos en el lugar adecuado… ¡Tú me dirás lugar y hora…! Ya veremos, pero no te hagas muchas ilusiones.

Con tanto desafío por mi parte lo único que conseguí fue calentar más el ambiente y pactar una cita con Jacobo, que al principio me pidió de escondernos en algún sitio y follarme allí mismo, pero la evidencia de poder ser vistos por las chicas o por alguien hacía imposible su petición de follada inminente. Saqué la mano de su slip con todos los dedos impregnados de semen, y con disimulo fui lamiendo uno a uno saboreando el néctar de su masculinidad ¡Me excitó en extremo! A poco se produjo la llegada de las chicas a la sombrilla hizo que Jacobo se diese la vuelta para ocultar la mancha de lefa que aparecía por su bañador... al poco se lanzó al agua ocultando la evidencia, y ni que decir tiene la total parada que tuve que realizar de mis dedos masturbando mí ya excitado y húmedo coño.

Los siguientes dos días transcurrieron con la misma rutina, playa, correr por la orilla, baño y crema cuando mis amigas estaban en su mejor momento de baño de sol, a mí me apetecía el masaje de Jacobo. Aquel día parecía diferente, y así lo iba a ser, no porque mi esposo continuase sin follarme allí a la orilla del mar, sino porque de la calentura me subía por las paredes y lo mejor que tenía a mano era al mejor amigo de Jairo, mi nuevo íntimo Jacobo. Tras los devaneos con los masajes y la frugal paja nuestra complicidad se intensificó, no es que deseara ponerle los cuernos a mi marido, pero me lo ponía fácil para hacerlo, en verdad tanto mi amiga como mi esposo estaban se encontraban al margen de nuestros claros coqueteos. La vuelta a casa se produjo a última hora de la tarde, con la caída del sol en una preciosa tarde de verano. Nos encontrábamos a unos kilómetros de casa en una cala alejada que decidimos visitar y en la vuelta casi se nos hizo de noche. Jacobo conducía su coche y tenía que dejarnos una por una en nuestras casas, se suponía que su novia era la última en bajar, pero debido a lo tarde que se había hecho le pidió que por favor la dejara a ella primera en casa… tenía que hacer algo que no recuerdo muy bien, en cualquier caso la situación fue que Jacobo y yo éramos los últimos en ese vehículo.

El chico tomó una dirección opuesta a mi vivienda cuando nos quedamos solos en el coche, y suponiendo lo que quería me hice la despistada como si no me hubiese dado cuenta de que el camino tomado no era el correcto, no sabía dónde me llevaba, pero sí que había tomado una carretera a las afueras del pueblo que se bifurcaban varios caminos donde los más jóvenes se escondían con sus coches para follar con sus parejas…. ¿Dónde me llevas Jacobo? Atendí finalmente a espetarle para no hacerme tan fácil… ¿Tienes miedo…? ¿Si quieres doy la vuelta y aquí no ha pasado nada…?  Tú sí que deberías de tener miedo de no quedar como un buen macho con lo que creo que me vas a demostrar.  ¡¡Esta noche va a ser tu noche Gisela!! Estas palabras no se me olvidaron jamás. Os debo decir sinceramente que mi situación con él en ese coche era de lo más intrigante del mundo…, yo sabía que me iba a follar aunque no me había dicho nada, pero que a mi edad me llevase como a una novata al picadero me hizo rememorar viejos tiempos de adolescente felizmente soltera cuando podía elegir al chico con el que bregar y hacer con él lo que me viniese en gana… entonces mandaba mucha romana segura de mi misma. Ahora con más experiencia y edad me sentía un poco más irresoluta dejándome hacer bloqueada por la necesidad de sentir en mis entrañas una polla dura, una tan basta como la de Jacobo…, en nada me importaba que por esos días estuviese ovulando, porque mi calentura por tal motivo era mucho más afiebrada, tampoco me afectaba que no usáramos condones, es más deseaba sentir su hombría al natural, y tampoco me tocaba el raciocinio que no consiguiera sacarla a tiempo en la marcha atrás y me llenase de esperma fértil y tan masculino…. Nada de todo eso parecía que me concernía porque mis bragas se mojaban continuamente recordando la paja que le había consumado días antes en la playa, y el gran badajo que calzaba el chico y pronto debía estar en las profundidades de mi abandonada vagina… todo ello sumado a la interrupción de mi ejercicio masturbatorio que me dejó delirante por acabar.

En esos instantes mi libido iba “in crecento” encontrándome caliente y deseosa como una perra por ser poseída y empalada por la gran polla del hombre que tenía a mi lado, y no era mi esposo… pues mi esposo no estaba disponible en esos momentos. Blanco y en botella, justo la leche que me iba a meter Jacobo. Se lo puse fácil al muchacho, y mientras él aparcaba su coche escondido detrás de unos arbustos yo me iba desnudando por completo dejando ver mi desnudez sentada en el asiento del acompañante donde me senté después de que dejase a su novia en casa. Poca ropa llevaba, unos pantaloncitos de tela que ya no cubrían mis braguitas de baño por estar mojadas y una camiseta sustitutoria del sujetador también mojado en la playa… unos segundos y despelote total para fornicar como salvajes en aquel paraje tras el espeso follaje. No tenía que preguntar, con mi desnudo le di una respuesta a una pregunta que no llegó a realizar, y como un desesperado se inclinó hasta mí y comenzó a chupar mis tetas de hinchados pezones que ahora tras haberme quedado preñada y estar lactando a mi hija los tenía más grandes si cabe. El chico como un náufrago sediento se amorró a mis tetas con tal pasión casi que podría confundirse con violencia diría yo. Jacobo pasaba su boca entre mis grandes pezones inflamados de leche materna, mientras reclinaba mi asiento hacía atrás, sus manos no paraban de frotar mi desnudo cuerpo y no sabía dónde parar, mientras su boca se posaba en mis ubres de madona, y no se movían de ellas sus manos... eran las de un pulpo sin saber qué dirección tomar…. El hecho de estar en otra situación más relajada me hacía pensar que Jacobo aguantaría más en ese hacer dentro del coche. Yo muy excitada le pedí que se desnudase y pusiera su polla en mi boca, me hizo caso a medias, aunque me gustó su iniciativa, sí que se desnudó, pero antes de poner su polla en mi boca decidió de poner la suya en mi lampiño coñito.

Estaba tumbada en el asiento de ese coche y Jacobo de rodillas pasaba su lengua como una batidora entre los labios apretado de mi caliente y muy mojado coño, yo le ayudaba con mis manos y mientras que mis dedos rozaban el clítoris su lengua se acercaba a ellos y metía mis dedos en su boca, ¡¡Pero qué caliente estaba joder!! ¡Necesitaba a un macho dentro de mí!, no quería que apartase su lengua de mi carnosa vulva, que placer, que gozo. Es cierto que su lengua la sabía manejar con destreza en medio de mis labios vaginales. Puede que exagere, pero por momentos notaba como si por mis ingles y hasta llegar a mis muslos escurriesen mis propios fluidos vaginales producto de mi calenturiento estado. El saber que estaba encerrada en un coche a las afueras del pueblo me hacía tener la libertad de poder gritar más que gemir de gusto y placer con la lengua de Jacobo lamiéndome el coño. Él continuaba con la misma actitud hasta que de plano me sacó de mis casillas comiéndome el clítoris como nadie se atrevió nunca… con vigor, firmeza y delicadeza de lengua y labios. Yo estaba cooperando en todo para ello pero sin dejar de repetir para mis adentros que eso no estaba bien… algo debió de escaparse de mi boca porque se elevó directo a mi boca a comérmela o a callármela. Tras un lapso de tiempo en un beso lujuriosamente húmedo donde nos comíamos me abandonó y de ahí paso a lamerme todo el cuerpo, comenzando por el cuello y lentamente fue bajando hasta llegar a mis gordas mamas henchidas de leche, las cuales no solo besó, sino lamió y mordisqueó mis pezones inflamados. Continuo bajando hasta llegar a mi zona pélvica otra vez donde se entretuvo jugueteando con mis finos vellos que coronaban mi coño en un atrevido corazón de cortísimos pelos dejados para la ocasión como indicativo “donde había que ir a penetrar con amor”, todo ello antes de colocar la lengua entre mis labios vaginales y comenzar a lamerla y yo continuaba con la misma cantaleta... cariño para… esto no está bien recuerda que soy la mujer de tu mejor amigo…, pero en realidad ya me encontraba bien caliente deseando ser penetrada sin importarme que lo hiciera mi amante ocasional.

Cuando sintió los jugos que salían producto del pequeño orgasmo que ya me había provocado anteriormente se deshizo en elogios del sabroso néctar de mi chochito. No podía aguantar más, y le pedí a Jacobo su polla…, apartó su cabeza de entre mis piernas y con su verga casi a plena erección...rígida y firmemente venosa, la colocó entre mis labios, sin dudar la introduje por completo en mi boca y es allí dentro donde comencé a notar como iba creciendo el tamaño que le faltaba…, el empujé notando como la sangre a través de la venas de ese falo lo iba convirtiendo en una polla de considerable tamaño y el placer de tenerlo dentro de mi boca me hacía arder en placer y calor…. Jacobo no se cansaba de sacar y meter su polla de mi boca, él era el que me ayudaba con sus movimientos de cintura en la tarea de mi mamada, me sentía muy puta con esa polla dentro hundiéndose en mi garganta y más allá golpeándome con sus huevazos en la barbilla… ahora debían estar metidos los 20 cm hasta mi esófago… sin duda no era la de mi joven marido, la gozaba y la disfrutaba mucho más relajada, esta verga me tensó al máximo a límite de ahogarme. Jacobo se encargaba de empujar el miembro hasta llegar a mi garganta, no me daban arcadas dado que aguanto perfectamente un trabuco más allá de mi galillo, incluso quería más. Al cabo de unos minutos, sin pedir permiso alguno Jacobo sacó su polla de mi boca y la colocó entre mis tetas, y ayudado con mis manos comenzó a mover el cipote entre ellas como si las estuviese follando, se movía rápido y con cuidado de no hacerme daño, solo apartaba su polla del medio de mi canalillo para rozar su capullo por mis pezones, se paraba y empujaba la punta del glande en mi pezón. En este punto cabe decir que no era el gran falo de mi suegro, pero tampoco la polla nada despreciable de mi esposo, la verga de Jacobo andaba por los 20 cm y 5 de grosor, un buen miembro para tener el honor de ajar mi chumino como era debido… ¡Que gusta todo esto Jacobo, pero quiero follar ya ¡Méteme toda tu polla dentro, fóllame por Dios Santo!

Sin consideración ninguna Jacobo bajó su polla desde mis ubres hasta colocarla enfrente de entrada húmeda de mi coño, se montó sobre mí al tiempo que yo separaba las piernas, después de varios intentos apuntillando con su ariete sin utilizar las manos, su verga no encontraba la entrada… y por cuarta vez entonces sí, como un misil su tieso rabo penetró en mi vagina de forma despiadada… ¡Aaaagggg! Joder que honda la has metido cabrón… su verga se deslizo suavemente arrancándome un gran suspiro de satisfacción y dolor, no la sentí muy distinta a la del padre de mi esposo, tal vez por ser solo un poco más pequeña y por el tiempo transcurrido la memoria suele fallar, más en aquel estado de embriaguez sexual. Ya con toda la verga de Jacobo dentro me dije que ya no tenía caso continuar diciéndole que eso no estaba bien y me entregue a él completamente disfrutando al máximo la follada que me estaba dando. Se posicionó estirado sobre mí y yo le acompañé elevando mi culo para conseguir un mejor acople en tan vertiginoso apareamiento. Como un verdadero animal Jacobo me folló metiendo su polla en mi coño sin contemplaciones de ningún tipo, pero me gustó, estaba tan húmeda que su ariete resbaló y se adentró en mí intimidad sin reparos, con mis piernas bien abiertas y en alto, Jacobo apretaba su culo cuando empujaba su tranca inhiesta a los adentros de mi conejo hambriento…, se paraba dos o tres segundos en el movimiento de penetración y hasta los huevos me hacía sentir en mi coño… ¿Te gusta zorra? Siiiiiiiiiii, fóllame cabrón, fóllame no te pares, sii. La manera tan bestial que Jacobo comenzó a adoptar con sus movimientos de cintura muy acelerados por momentos y más lentos en otros haciéndome sentir cada centímetro de penetración de su bálano. Tras unos segundos a cámara lenta volvía a darme con todo con fuertes sacudidas de su polla frotando las paredes de mi coño. Entonces hacía que allí mismo y debajo de él consiguiese casi levantarme del sillón cada vez que me transmitía su energía varonil empujando su vástago hasta clavarlo bestialmente en mi útero….

¡Aaaaaaaah! Sigueee cabroón, no pareees. Noooo zorra, no voy a parar, voy a follarte tan fuerte como pueda. Así era, entre el calor de esa veraniega noche y los cristales casi cerrados del coche hacían que el sudor de nuestros cuerpos parecieran estar inundados en agua, pero más me gustaba, ver como sus gotas de sudor caían por mis tetas henchidas con los pezones brotados de algo de leche, se frenaban en mis pezones y volvían a resbalar por mis ubres cayendo por los costados…. Brutal, no podía dejar de gritar de placer, de gusto, de lujuria, de pasión, este chico movía su cintura de forma prodigiosa y con un ritmo frenético. Supongo que algo cansado Jacobo apoyó su dorso en mi tetas y las aplastó consiguiendo abrazar mi cuerpo, yo me entregaba sumisa a él y rodeando mis piernas detrás de sus riñones, las apretaba fuerte para que no sacase su penetrante cipote de mi coño por ningún motivo, arañaba su espalda y me moría del placer que Jacobo me daba con el paso ya de muchos minutos follando y follando sin bajar su ritmo de sacudidas dentro de mi coño. Subestimé a ese semental, no creí que pudiera aguantar tanto a tan alta cadencia, debió de haberse desahogado antes con su novia, sino no tenía mucha explicación lo rápido de la paja y lo feroz del duradero polvo… eso me daba una salida a no quedar preñada esa tarde-noche si sus huevos estaban bajos de esperma… De todas formas el aroma a sexo se podía cortar en el ambiente de lo espeso que era… El chico era incansable, el morbo dentro del interior del coche se notaba con nuestros gritos y gemidos acompañados de improperios e insultos que nos realizábamos mutuamente mientras follábamos frenéticamente en el sillón del acompañante del coche…. ¡Dame máaaas, quiero máaaaas! ¡Aaaaaaaah, fóllame asíiiiiiiiiiii cabróoon! ¿Quieres más puta? ¿Quieres mi polla, zorra? Pues toma más perra. Jacobo aceleró su ritmo de manera cruel y bestial, comenzó a meter sus manos en mi boca y mordía y chupaba sus dedos simulando una polla en mi boca, mis manos estaban ya en su culo y las apretaba acompañando el ritmo frenético de su follada en mi coño.

Yo estaba a punto de correrme de nuevo, pero esta vez con su rabo hinchado partiéndome en dos… Jacobo comenzó a avisarme que él también lo haría..., ¡No te preocupes cariño lléname! A mí me daba igual que se corriese dentro, en ese momento solo sabía que quería disfrutar de una corrida animal con la polla de Jacobo dentro de mi coño…. Me corro Giselaaaaa. Te voy a llenar tu coño a tope… Apreté mis piernas fuerte y firmes rodeando su cintura y le impedí sacar la verga de mi conejo tragón, de ninguna de las maneras se iba a marchar sin vaciar sus huevos en mi útero era mi respuesta inconsciente. Mis manos aguantaban su enérgico cuerpo para que no se levantase y huyera de su corrida fuese la que fuese era leche varonil. De pronto Jacobo emitió un jadeo ronco convulsionando cuando comenzó a bombear su lefa dentro de mi coño al mismo tiempo que mi abdomen se encogía y palpitaba con la llegada al unísono de mi orgasmo. ¡¡Vamos cabrón PRÉÑAME si es que tienes los suficientes cojones…!! Él se balanceaba sobre sus recios brazos penetrándome con contundencia... ¿Quieres mi leche zorra? Siiii dame tu leche, inúndame el coño con tu lefa, quiero sentir como la dejas ahí... en mi misma matriz… ¡¡Aaaah, toma leche zorra, me corroooooo!! ¡JODER COMO LA SIENTO SÍIII, Cabrón dámela toda...! Sin duda alguna podía sentir el calor de su leche inundando mi coño, mi sensación era de éxtasis total aquella no era una corrida leve sino toda una gran lechada contenida de varios días en sus orondas pelotas. El clímax alcanzado no tenía precedentes parecidos a excepción de cuando me folló mi suegro y me preñó… me corrí con tanto placer y gusto que acabé con una corrida de flujo bestial en el asiento del coche con la polla de Jacobo aún dentro. Percibí el primer gran chorro de leche en su candente punto de ardor, los siguientes de igual manera se acumulaban en una suma de líquidos espesos sobre mi fondo vaginal, en la misma boca de mi trompa de Falopio….

El chico eyaculaba y gemía mirándome a los ojos y yo a los suyos, y en un alarde de pericia se embocó a mis labios comiéndonos como descosido al tiempo que acababa con los últimos latigazos de sus esténtores y convulsiones orgásmicas soltando los últimos y definitivos aldabonazos de esperma presto a fecundarme si Dios no lo remediaba. No podíamos ni hablar de las energías que usamos en ese polvo, y con la respiración muy entrecortada y con jadeos le di la enhorabuena y las gracias a Jacobo por esa gran follada que me había propinado. Él también disfrutó de lo lindo y me lo agradeció igualmente. Desnuda como estaba salí del coche y traté de limpiar de alguna manera la corrida que había depositado en su asiento, y con una toalla sirviendo de alfombra me volví a sentar ya vestida para que Jacobo me llevase de regreso a casa. En ninguno caso pensé en la consecuencia de esa gran follada de Jacobo, convencida que aunque se había corrido dentro no habría conseguido preñarme me equivoqué… Como el mismo me dijo horas antes, esa noche no la olvidaré jamás. Terminó dejándome su esperma fecundo dentro y para ser una sola vez fue suficiente pues no follamos más pese a que tuvimos un par de ocasiones en esas dos semanas en lugares que no me parecieron adecuados… un aseo de caballeros y en medio del mar dándonos un baño frente a su novia y mi amiga…, esa tarde también se acercó por fin mi esposo con la niña y Laura, su cuidadora. El gran problema llegó cuando mi periodo se retrasó solo diez días después de la bacanal con Jacobo… semanas más tarde me confirmaron que estaba preñada, jamás imaginé que solo por esa vez su fértiles espermatozoides fueran capaces de conquistar mi acogedor útero. Encontré la solución notificando a mi esposo que el polvo de la playa fue de los más fructifero, un povo dos días después del de Jacobo... se puso loco de alegría teniendo la certeza que el futuro niño era su creación… y así fue un niño con lo que completamos la pareja que todo matrimonio quiere tener sin llegar a entender el por qué. Actualmente tiene dos años y la niña ya casi cuatro… por supuesto que continuo follando con otros hombres de confianza cuando mi esposo se ausenta o simplemente me abandona en brazos de cualquier semental, por eso no descarto que en el futuro vuelva a estar preñada de un bebé sin los genes de mi esposo. He descubierto que las mujeres como Yo necesitamos dos tipos de hombres…. Al canalla que nos fecunde haciéndonos vibrar en la cama, y al marido que se haga cargo de los hijos que traemos al mundo. Si estos hombres no están en uno, en ese con el que te casas, no nos queda más remedio que búscalo fuera de casa donde es muy fácil encontrar al canalla y no al padre formal que te yace de amor cada día.

                                                                                                     FIN


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