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Fecha: 16-May-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mi tía Isabel la beata

benazaire
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Consigo una plaza de medico en un pueblo y me traslado a casa de mi tía Isabel una solterona insoportable dedicada a la iglesia y a los rezos. Luego descubro que es una farsante que tiene engañada a la familia y que se vuelve loca por una polla . Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Conduciendo camino de Tarambana, a casa de mi tía Isabel, fue inevitable que los recuerdos vinieran a mi memoria, recuerdos de cuando yo tenía 16 o 17 años y pasaba algunos veranos en casa de mis abuelos, que también era la casa de mi tía.

 Veranos de adolescente que yo disfrutaba caliente como el infierno por el simple hecho de que iba a poder ver a mi tía Isabel. No me interesaban las chicas de mi edad, era mi tía la que me ponía incandescente, ella era para mi la mujer más deseable del mundo. Y no andaba descaminado, según me contó años más tarde mi madre, mi tía había sido la mujer más guapa de Tarambana, que no es un nombre ficticio, es el nombre de un pequeño pueblo dependiente de El Ejido, en Almería.

 Su belleza le llevó a tener innumerables  pretendientes, pero ninguno acabó cuajando, ninguno le pareció lo suficientemente bueno, los fue rechazando uno tras otro, y al final se quedó soltera.

 En la familia había dos versiones sobre los fracasos sentimentales de mi tía. Los más católicos defendían que siendo Isabel una persona tan cristiana y tan firme en sus convicciones no había consentido lo que muchas mujeres consienten durante el noviazgo, a ninguno le había dado lo que todos le pedían y eso había producido el rechazo de sus candidatos. Para ese grupo Isabel era una santa. 

 La otra versión, la que defendía la otra facción de la familia: Isabel, debajo de esa capa de puritanismo, era una mujer ligera de cascos, incapaz de resistir las tentaciones masculinas, en pocas palabras que en cuanto sus pretendientes se lo pedían, se bajaba las bragas. Los novios, una vez se la habían llevado a la cama, cosa que les costaba poco tiempo y esfuerzo, salían huyendo porque su carácter era inaguantable. 

 En lo del carácter yo estaba completamente de acuerdo.

 Sea cual fuere la verdad en el verano en el que yo iba a cumplir los 17 años pasaron cosas que sin ninguna duda me abrieron los ojos al mundo. 

 Los veranos en Almería son absolutamente abrasadores y eso también influyó en lo sucedido. Todo el pueblo se echaba la siesta, mi familia incluida, yo no. Un día en el que me había quedado en el patio de la parte posterior de la casa holgazaneando oí unos gemidos. El ruido salía de la habitación de mi tía. Me acerqué en silencio. Mi tía tenía las ventanas abiertas para que corriera algo de aire y la persiana veneciana echada. A través de la persiana yo podía ver lo que pasaba dentro, en penumbra pero viendo. Vi a mi tía acostada en su cama en combinación. La falda la tenía subida, una mano la tenía enterrada debajo de sus bragas mientras con la otra se acariciaba las tetas.

 Pude oír con toda nitidez sus gemidos mientras se masturbaba:

 - Me voy a correr, me voy a correr, me estoy corriendo, me corro, me corro…

 Vi como pataleaba unos instantes y después se quedó como muerta. La escena me excitó tanto que yo también me corrí sin necesidad de tocarme.

 Ese día aprendí tres cosas, que mi tía se hacía pajas a la hora de la siesta, que le gustaba dejar las ventanas abiertas y la persiana echada para mitigar el calor y que yo me podía asomar a su ventana para verla sin que ella me viera mi.

 Desde ese momento mis vacaciones pasaron a ser una labor de vigilancia continua.

 Ese mismo día, ya por la noche cuando llegó la hora de ir a dormir yo simulé tener sueño – si te echaras la siesta, me dijeron – y me fui a mi cuarto, eché el pestillo y salté por la ventana para salir al patio. No tenía más que esperar a que la luz de la habitación de mi tía se encendiera para gozar del espectáculo. Al estar oscuro el patio gozaba de total impunidad.

 Isabel se quitó el vestido y yo supuse que iba a dormir, como en la siesta, en combinación pero me equivoqué. Acto seguido se quitó la combinación y por primera vez la vi en sujetador y bragas. Sentí que la cabeza me explotaba, estaba viendo a mi tía en ropa interior.

Del un cajón sacó un camisón. Mi tía se quitó el sujetador y tuve la dicha de verle las tetas, a plena luz, no como a la hora de la siesta en casi oscuridad, el corazón me latía a mil. 

Ya sin sujetador se levantó las tetas y se acarició por donde se apoyaban en el pecho, me dio la impresión de que se quitaba el sudor. Se dio la vuelta y me dio la espalda mientras se quitaba las bragas, mi gozo en un pozo, pensé, pero de nuevo me equivoqué, para sacarse la bragas se inclinó hacia delante y me dio una visión de su culo en pompa. 

Después se volvió hacia la ventana para coger su camisón, fue solo un instante pero suficiente para que yo viera a mi tía de frente, desnuda y de cuerpo entero. Era la primera vez que yo veía a una mujer desnuda y ella tenía todos los atributos para que aquella visión se convirtiera en inolvidable. Unas tetas grandes en las que resaltaban sus pezones oscuros, el vientre haciendo una ligera curva y por debajo de él una mata de pelo negro. Ajena a todo, ella se puso el camisón, se tendió encima de las sabanas y apagó la luz. Esperé un rato por si la daba por tocarse pero no oí nada.

 Ese verano fui testigo de cómo mi tía se masturbaba más de una docena de veces, ya que algunas siestas no se tocó, y la vi en pelota todas las noches.

 Para un muchachito de 17 años poder ver cada día el cuerpo desnudo de una señora como mi tía era un regalo del cielo, no tenía yo en ese momento ningún criterio comparativo solo sabía que mi tía estaba muy buena y sobre todo que me excitaba como un burro al verla. Su recuerdo desnuda me acompañó durante muchos años, y luego poco a poco se fue desvaneciendo. No hace falta decir que yo me tocaba diariamente recordando lo que había visto.   

 Aunque habían pasado más de quince años otro recuerdo guardaba yo nítido en mi mente y fue cuando mi tía entró en el cuarto de baño y me sorprendió, in fraganti, tocándome, no se podía ni figurar que en su honor. Ella, ultra católica, me echó una bronca de órdago y me amenazó con que de seguir así acabaría ciego o loco, mientras no le quitaba ojo a mi herramienta. No se le olvidó recordarme que lo que estaba haciendo era pecado mortal. 

 Me iba por el camino preguntando como la encontraría después de 15 años. Me supuse que seguiría siendo una mujer hermosa, potente, rotunda, pero la fiebre de mi adolescencia había desaparecido, ya había disfrutado de la compañía femenina y mi tía era solo un recuerdo difuso. Además estaba seguro de que seguiría siendo una beata frustrada y llena de amargura. Nunca había sido una persona afectuosa ni cercana, las guapas suelen ser así, distantes, frías, secas.

 El motivo de mi viaje era que había obtenido una plaza en el Hospital de Poniente en El Ejido.

 Me llamo Javier, tengo 32 años y soy medico.

 Mi tía me recibió con más afecto del que yo esperaba. Comprobé que el tiempo había hecho poca mella en ella, yo ya no era el niño que se excitaba viéndola hacerse una paja ni ella era la mujer de treinta y tantos en la cúspide de su belleza, pero seguía teniendo una cara preciosa, unos ojos azul claro que contrastaban con el negro de su pelo. En cuanto a lo demás no pude emitir un juicio certero. La ropa totalmente negra y holgada impedían hacerlo. Aún así me dio la impresión que había ganado en volumen, cosa que no me desagradaba en absoluto.

 Me enseñó mi habitación y antes de preparar una cena ligera se puso seria y me dio unas instrucciones, no aceptaba que yo llevara una mujer a la casa, el día que te cases estaré encantada de que vengas con tu mujer, y la otra, tienes que mantener tu habitación limpia y ordenada, en el cielo no hay desorden ni suciedad y en mi casa no quiero que la haya. 

 Mi tía, como me había dicho mi madre, era una fundamentalista católica, dedicada a su religión, que se había vuelto aún más beata cuando tomó conciencia de que se quedaba para vestir santos. Eso unido a su intransigencia y a su mal genio la convertían en una persona insoportable.

 Me incorporé a mi trabajo en el Hospital. Siendo yo el novato me tocaban todas las guardias y en una de ellas, a los pocos días de empezar, llevaron en una ambulancia a una mujer a la que acababa de atropellar un coche, venía sin sentido. Era mi tía Isabel.

 Sufría traumatismo craneoencefálico, un golpe en la cadera y seguía inconsciente. Ningún hueso roto.

 Se le ingresó en la U.C.I. y yo me encargué de su cuidado.

 La mantuvimos sedada hasta tener un diagnostico claro. 

 Mientras estaba sedada, más desde la curiosidad que desde el deseo, tuve oportunidad de ver lo que el camisón de Isabel ocultaba, de recordar lo que yo había visto quince años atrás. En la casa, con sus ropajes anti lujuria no pude valorar sus hechuras, pero en el Hospital pude examinarla a conciencia, con calma, recreándome en ello, y lo que vi fue para mi un espectáculo, una vuelta a mis calores, y a mis recuerdos. 

 Unas tetas impropias de su edad, grandes, llenas como dos globos inflados, los pezones grandes y oscuros y la areola pequeña, tendida como estaba boca arriba se desbordaban hacia los costados,  la cintura estrecha y unas caderas y unos muslos rotundos, anchos en contraste con la cintura. Su pubis estaba cubierto por una pequeña mata de pelo negro, corto y denso que le cubría el monte de Venus, como tenía los muslos juntos no pude ver si el chocho lo tenía también perfilado. Si hubiera sido el de otra mujer habría tenido la seguridad absoluta de que se había depilado a la cera, ni un pelo fuera de su sitio, siendo el de mi tía pensé que era el resultado de su naturaleza.

 Sin llegar al paroxismo que me producía mi tía cuando yo era jovencito, disfruté viendo su cuerpo desnudo, comprobando que conservaba un cuerpo escandaloso, ancho , grande , en sazón. Tuve una erección contemplándola y me dio pena pensar que yo no pudiera disfrutarla. 

 No estoy describiendo a una mujer de las que salen en las revistas, mi tía era y es una hembra de bandera para lo que son la generalidad de las mujeres.

 A partir de ese momento una sola idea ocupó mi mente: si se hacía pajas hace quince años, debajo de sus modales de beata había una mujer que gozaba al tocarse luego era posible que si yo la tentaba me la pudiera follar y me propuse intentarlo por tierra, mar y aire. 

 Cuando ya estaba algo recuperada empecé mi tarea, acosándola con dobles sentidos y palabras de elogio. Disfruté mucho provocando sus pudores, cuando para auscultarla abría su escote lo hacía mucho más de lo necesario, su reacción era cerrárselo, y yo, sin ser necesario llevaba mi fonendo hasta rozar sus pezones, a los que siempre me encontré erectos y eso para mi era un síntoma. Cuando revisaba el hematoma de su cadera le dejaba los muslos al aire y ella hacía lo imposible por taparse mientras tenía los ojos bajos, como avergonzada.

 Yo interpretaba signos positivos y negativos al mismo tiempo. 

 Todo su accidente quedó en un susto y fue dada de alta.

 Pedí a la dirección del Hospital que me librara de guardias por unos días para poder cuidarla en casa y aceptaron.

 De vuelta en casa le recomendé reposo pero no me hizo mucho caso, en lo que si me obedeció fue cuando le dije que no podía salir a misa hasta pasados unos días.

 El primer día al volver a casa me la encontré pensativa, sentada en el sillón del salón, ensimismada en sus pensamientos.

 Rompió su silencio para preguntarme:

 - Javier, dime la verdad, me voy a morir. Me tengo que poner en paz con dios. Ahora pienso que he hecho muchas cosas mal. Estoy muy arrepentida.

 - Tía, no tienes nada, no te vas a morir. Lo que tienes que hacer es dejar tanto rezo y disfrutar un poco más de la vida. Eres una mujer hermosa y joven. Cualquier hombre estaría feliz de tenerte para él. Déjate de misas y de arrepentimientos y dale gusto a ese cuerpazo que tienes, si yo no fuera tu sobrino no te escapabas viva.

 - No digas barbaridades, eso me lo dices para animarme, yo ya soy una vieja que no gusta a los hombres.

 - Yo soy un hombre y te miro y me pareces preciosa. Solo me contiene que eres la hermana de mi madre, si no ya me habría metido por la noche en tu cuarto.

 - No me digas esas cosas, meterte en mi cuarto, tu no respetas nada. Eso es porque de jovencito yo te gustaba. O no es verdad. 

 Mas que de sus palabras tomé nota de su tono, a mi tía le estaban encantando las cosas que yo la decía. 

 - Me gustabas de jovencito y me gustas más ahora, te veo más mujer , más en sazón. Te parecerá que soy raro pero te prefiero a ti a dos chicas de veinticinco años. Y no me hagas seguir hablando que voy a acabar diciendo alguna burrada.

 - Me voy a poner colorada. Hace mucho que un hombre no me decía cosas bonitas. No tomaré en cuenta las barbaridades que me has dicho, eres mi sobrino.

 Al día siguiente, era viernes y volví a casa más tarde de lo habitual, estuve picoteando con unos compañeros y aproveché para tirarle los tejos a una enfermera a la que me pareció que le gustaba. Todo acabó en nada, pero me pareció un buen comienzo. Cuando llegué a la casa se produjo la escena que lo cambió todo.

 Mi tía estaba acompañada por su amiga Paca. Una viuda jamona de su quinta, tan beata como ella y con unas hechuras parecidas a las de Isabel. De cara no era guapa pero su cuerpo era grande y tentador y como mujer que debía haber tenido su éxito de joven le gustaba enseñar sus carnes. Faldas corta, más que corta cortísima y escote profundo eran su atuendo, ambos impropios de su edad. Tuve la sensación de que me echaba una mirada golosona, como la de un gatito frente a un plato de leche.  Al poco de llegar yo, Paca se despidió y se fue no sin antes darme dos besos con sus tetas empotradas en mi pecho. 

 Isabel, nada más me senté a su lado, como si lo tuviera preparado de antemano, arrancó a hablar.

 - Tengo que hablar contigo, como médico, no como sobrino. Y te tengo que pedir un favor muy grande.

 - Tía, estás bien, no te vas a morir. Deja de preocuparte. Y en cuanto al favor dime que precisas de mi, yo por ti hago lo que sea. 

 Ni se me pasaba por la cabeza lo que me iba a pedir.

 - Lo que te tengo que contar ya doy por hecho que no te lo vas a creer. Yo he estado muerta. He visto la luz, he visto pasar toda mi vida y cuando creía que iba a ver a dios se me ha aparecido Santa Ana. La madre de la Virgen Santísima. Es la santa en quien más confío. Me ha hablado con una voz dulcísima. Ella conocía mi vida. Me ha preguntado si me costaba mucho esfuerzo mantenerme casta.

Le he dicho que no. 

Al decirle yo que no, me ha aclarado: eso es porque no has disfrutado de los placeres del sexo y por eso no lo echas de menos. Renunciar a algo de lo que no has gozado no tiene merito. 

 - Y que debo hacer, le pregunté. 

 - Para que tu sacrificio sea valioso debes probar el placer que solo da el sexo, ya te adelanto que es un placer único, divino, luego debes renunciar a él, pero después de disfrutar de todos los placeres de la carne. Vas a pecar contra todo el sexto mandamiento. 

 - Madre , cómo voy a hacer eso. Voy a estar en pecado mortal.

 - No te preocupes , vas a tener tiempo para arrepentirte. Tienes cerca un hombre que te puede ayudar, un hombre que te quiere y que te va a tratar con respeto, él te puede ayudar a conocer los placeres del sexo, tu le gustas mucho y en secreto te desea. Entrégate a el sin reserva alguna, escúchame bien sin reserva alguna y cuando hayas conocido el placer que dios creó para gozo de hombres y mujeres, cuando hayas alcanzado el clímax del gozo, entonces y solo entonces tu castidad tendrá valor. Sigue mi ejemplo, yo renuncié al placer del sexo  después de tener a mi hija.

 - Lo he pensado mucho, el hombre del que me ha hablado la santa eres tu. Y estoy firmemente decidida a hacerle caso. Necesito  conocer esos placeres, para una vez que los haya conocido, volver a mi situación actual de decencia y castidad.No sabes la vergüenza que me da decirte lo que te estoy diciendo, pero ha sido Santa Ana la que te ha elegido. Si no me ayudas tu nadie podrá hacerlo, y todos mis sacrificios no habrán valido nada. Yo no puedo contarle esto a un desconocido, ni entregarle mi cuerpo.

 - Además la santa me ha dicho que te gusto mucho y que me deseas. 

 Se me heló la sangre en las venas, así en frío mi tía cuyo cuerpo había visto a placer en el Hospital, me estaba pidiendo que la enseñara todos los placeres del sexo, me estaba pidiendo que me la follara. Quince años después iba a tener el cuerpo de mi tía a mi disposición. Decidí no demostrar la reacción que me estaba produciendo su propuesta. 

 - Por dios, tía, que cosas me pides. Que te enseñe todo lo que se sobre sexo, eres mi tía y el sexo solo se enseña practicándolo. No me puedes pedir eso.

 - Ayer me dijiste que soy una mujer atractiva y que preferías una de mi edad a dos de veinticinco. ¿Me estabas mintiendo? O es que me ves tan vieja que no quieres hacer nada conmigo. La santa me ha dicho que me deseas.

 - No tía me gustas mucho, eres una mujer muy atractiva, a mi me has gustado siempre, pero te he visto como algo fuera totalmente de mi alcance. Una diosa con la que soñaba pero que nunca iba a alcanzar. Y contestando a tu pregunta, si, te deseo, quiero estar en la cama contigo y gozar de tu cuerpo.

 - Pues ahora me tienes a tu disposición. Quiero que me enseñes, que practiques conmigo y que consigas que disfrute de esos placeres divinos de los que me ha hablado la santa, yo nunca he estado con un hombre. Me tengo que entregar a ti y te tengo que reconocer que la idea, en la que he pensado mucho, me excita, me tiene alterada. Y me quiero dar a ti sin reserva, haré todo lo que tu quieras, todo, hasta que yo sienta que he alcanzado ese placer que dicen que es tan rico. Si no llego a sentirlo no pasa nada, volveré a la castidad.  

 - Pero tu has tenido varios novios. Algún placer te habrán dado.

 - A ninguno le he dejado que me pusiera la mano encima.

 - ¿Nada de nada? Ni siquiera besos.

 - Ni besos. Ni siquiera en la cara. Por eso necesito que me lo enseñes todo, desde el principio. Tómatelo como una obra de caridad. 

 - Perdona que te pregunte pero es importante, con tus novios nada de nada, pero supongo que tu si te habrás tocado.

 - ¿Te refieres a la masturbación?

 - Si claro, a eso me refiero. A hacerte una paja.

 - No me he masturbado nunca, lo considero un pecado mortal.

 - Entonces nunca han tenido un orgasmo.

 - Ni siquiera se que es eso.

 - El placer al que se ha referido tu espectro.

 - No seas blasfemo, ha sido Santa Ana. No nunca he sentido eso.

 Me dejó atónito su firmeza en la respuesta cuando yo la había visto masturbarse y había sido testigo de sus orgasmos.

  La propuesta me había dejado descolocado, mi tía Isabel pidiéndome que me la follara. Si me lo hubieran dicho apenas dos semanas atrás me habría muerto de risa, pero ahora, después de haber visto su cuerpo desnudo su oferta me pareció lo mejor que me podía pasar. Me relamí pensando que mis deseos se iban a cumplir.

 Mientras tanto Isabel me miraba con una actitud suplicante.

 - Déjame que lo piense.

 - Por favor, no tienes nada que pensar, me das clases como si fuera una lección de anatomía y ya verás como yo hago todo lo que me pidas, aprenderé rápido. Tengo permiso de Santa Ana para probar.  Si no me ayudas toda mi vida siendo casta no habrá tenido ningún merito. Y has reconocido que me deseas como mujer.

 - Tía

 - No quiero que me vuelvas a llamar tía, llámame Isabel. Vamos a ser amantes, yo ya no soy tu tía, soy una mujer ajena a ti, soy tu pareja , soy tu amante y tu hembra. Soy la mujer que te vas a follar, tu yegua.

 - Está bien Isabel, acepto ayudarte pero te voy a decir mis condiciones: cuando te esté dando la clase tu tienes la obligación de obedecerme, ni un mal gesto ni una protesta, a la primera negativa lo dejo. A cambio ten la seguridad de que nada de lo que te pida te va a hacer daño, todo te va a dar placer. 

 - De acuerdo.

 - Solo falta una cosa, cuando un hombre y una mujer están disfrutando del sexo no tiene que haber limites, todo lo que les de gusto a los dos es valido. Te aviso porque que yo para el sexo soy muy guarro, pero nunca se me ha quejado ninguna mujer. Te voy a hacer disfrutar de tu cuerpo, voy a hacer que creas que te mueres de gusto.

Cuando estés sintiendo placer tienes que decírmelo y no te debe dar vergüenza si te entran ganas de gritar, el placer te va a hacer gritar.

 - Estoy de acuerdo en todo. ¿Cuándo empezamos? ¿ya?

 - Quieres empezar ahora mismo.

 - Si, lo estoy deseando. Llevo días esperando y temiendo que me dijeras que no. Me da miedo, pero al mismo tiempo estoy muy excitada. 

 - Bien, lo primero que tienes que hacer es ir a tu cuarto, desnudarte y ponerte un camisón, sin bragas y sin sujetador. Por que supongo que llevas sujetador. Mientras duren las lecciones no vuelvas a estar en casa con esas prendas, quiero saber que tengo tu cuerpo a mi entera disposición y que tu sientas que estás desnuda para mí. 

 - Sí, llevo sujetador, no me quito el sujetador ni para dormir, tengo muchas tetas y si las dejo sueltas me molestan. También duermo con bragas.  

 Isabel me volvía a mentir, o le habían crecido las tetas o yo le había visto dormir sin bragas y sin sujetador.

  - ¿Me vas a tocar ahí debajo?.

 - No se, de momento no se, solo quiero que estés libre y a mi orden. 

 - Yo quiero que tu estés en bata. En tu bata del Hospital.

 - ¿Sin nada debajo?

 - Sí, sin nada debajo.

 - Muy bien, así me gusta, que me digas lo que quieres. ¿Te sientes excitada?

 - Estoy muerta de miedo, pero me están entrando calores. Llevo excitada desde que volvimos a casa. Nunca había sentido estos calores pero me gustan. 

 No tardé nada en ponerme la bata de modo que llegué el primero al sillón.

 Un instante después entró Isabel. Yo me esperaba que apareciera con un camisón modelo monja de clausura, cerrado por arriba y largo hasta los pies, me equivoqué.

 Su camisón era de esos que llaman picardías, de un tejido blanco totalmente transparente, con un generosísimo escote que dejaba sus tetas casi completamente a la vista y que dejaba ver nítidamente sus pezones, en cuanto al largo le llegaba justo por debajo del coño. 

 - Me compré este camisón hace muchos años, fue una tontería. Quería ver como me veía con una prenda picante. Me lo probé en casa y me dio vergüenza, me pareció que iba hecha una fulana. Estuve apunto de quemarlo.

Puse cara de asombro y le lancé el primer halago.

 - Déjame que te vea. Ponte aquí delante y date una vuelta. El camisón es muy bonito, se te transparenta todo, te estoy viendo las tetas y los pezones. Tienes unas tetas preciosas y unos muslos divinos.

 - No me digas esas cosas, de verdad te gusto, me está dando vergüenza. Siempre he pensado que tenía la tetas demasiado grandes.

 Sin que yo se lo pidiera, Isabel a un metro de distancia de mi se dio una vuelta completa, una vuelta que era poner todo el genero en el escaparate, una vuelta para mi sorpresa llena de coquetería, haciendo volar su camisón y dejándome ver fugazmente su culo.

 Si por delante se le marcaban los pezones, vista desde detrás la tela se ajustaba a su cuerpo y dejaba ver sus nalgas.

 - Isabel tienes un cuerpo divino, puedes volver loco a cualquier hombre, al final voy a tenerte que agradecer que me hayas pedido este favor. Me estás poniendo malo solo de verte. 

 - No me digas tantos piropos, yo para ti soy una vieja. Yo se que haces esto porque yo te lo he pedido. Si no, no me hubieras ni mirado. Y si santa Ana no me hubiera autorizado nada de esto pasaría.

 - Tu has sido muy sincera conmigo, ahora lo voy a ser yo. En el Hospital, por necesidades médicas te he visto desnuda, me he quedado asombrado de lo bonito de tu cuerpo y me ha dado pena pensar como lo desaprovechabas. Si hubiera seguido mis instintos te habría violado allí mismo. No me vuelvas a decir que no me gustas. Ya te ha dicho tu santa que te deseo.Ven, siéntate aquí a mi lado.

 Me obedeció como un niña en el cole.

 Al sentarse el camisón apenas le tapaba las caderas. Me fijé en sus muslos, unos muslos plenos, potentes, robustos que yo me hubiera lanzado a comer si no fuera porque debía seguir mi guión. Y en el centro de ellos su mata de pelo al aire.

 - Cuando algo de lo que te haga te haya dado mucho placer, pasaremos a la lección siguiente, eso me lo tienes que decir tu. Si algo no te gusta, dímelo para dejar de hacerlo.

Vamos a empezar por los besos. Besos hay de muchas clases y se pueden dar en muchos sitios, yo te voy a dar besos en todo tu cuerpo, hasta en sitios que ni te figuras, tu me dirás en donde te dan más gusto, pero eso será más adelante. Hoy vamos a empezar por los besos en la boca. Tu déjate llevar y ves haciendo lo que te pida tu cuerpo. Sigue tus instintos.

 Pasé mi brazo izquierdo por detrás de su cabeza y sin que hiciera falta decírselo Isabel pegó su cuerpo al mío. Sentí sus tetas apretadas contra mi pecho.

 - Empezaremos por besos tiernos, de enamorado platónico.

 Acerqué mis labios a los suyos y le di un piquito. Y luego otro y otro y otro. Los primeros fueron recibidos por Isabel con los labios fruncidos, como si quisiera poner una barrera. No me besaba, dejaba que yo le besara a ella. Al quinto o sexto sus labios se relajaron, dejé de encontrarme con unos labios de estatua y empecé a sentir como me recibían. 

 Yo seguí como si nada hubiera pasado. Unos pocos besos más e Isabel empezó a corresponderme. Yo pegaba mis labios a los suyos, le daba un beso y ella contestaba con otro. Piquitos de adolescentes.

 Una vez cayó esa barrera lo que hice fue prolongar los besos, nos dimos docenas sin separar los labios. Noté que la su respiración se iba haciendo más profunda.

 Aunque la postura era propicia para que yo empezara a acariciar sus muslos o sus tetas, no lo hice, quise ir paso a paso para no asustarla, mi plan era ponerla caliente como una fragua antes de entrar en terrenos más delicados.

 Entre beso y beso Isabel confesó:

 - Me gusta, son unos besos muy dulces. Dame más. No pares.

 Y apretó más su cuerpo contra el mío. Sentí como sus pezones se clavaban en mi pecho. Duros como dos piedras.

 Seguimos besándonos como dos noviecitos durante un buen rato. 

 - ¿Te ha gustado?

 - Si me ha gustado mucho. Sigue. Me están entrando calores.

 - Claro que voy a seguir, a mi también me ha gustado mucho. Tienes una boca muy rica. Además esta es una asignatura que tenía pendiente desde hace muchos años.

 - Desde que venías a veranear.

 - Como te he dicho antes tu has sido la protagonista de mis sueños eróticos, me volvía loco solo con verte y daba por hecho que esto nunca iba a pasar. En mis veranos en esta casa me mataba a pajas pensando en ti y soñando con verte desnuda. Me excitabas mucho.

 - Eres un cochino, excitarte con tu tía, y aprovecharte de ser mi medico para verme desnuda, te debería denunciar. 

 Las palabras podrían parecer una regañina pero su tono era de satisfacción. Mi tía, quien sabe si por primera vez en su vida, estaba solo cubierta por un camisón, excitada y en los brazos de un hombre que la besaba.

 - Vamos a seguir besándonos pero ahora te voy a pedir que me recibas con los labios abiertos.

 Volví a la tarea y comprobé que Isabel era obediente, sus labios se abrieron y nada más juntarlos con los míos lancé mi lengua al interior de su boca. No me entregó su lengua, la sorpresa hizo que la mantuviera paralizada, pero yo seguí mi tarea.

 En un primer momento ella siguió pasiva pero si abrió la boca completamente para permitirme ahondar en ella.

 En esas maniobras gasté unos minutos antes de sentir que ella había decidido corresponderme. Su lengua vino al encuentro de la mía. Al principio de forma tímida para luego ir ganando confianza hasta lanzarla hasta el fondo de mi garganta.

 Tan pronto sentí su lengua en el fondo de mi boca la cogí con mis dientes y le di unos bocaditos. A continuación acabé lancé mi lengua hasta lo más profundo que pude y esperé su reacción.

 No necesitó ninguna instrucción para imitarme, sus dientes se hicieron dueños de mi lengua y me empezó a morder con delicadeza.

De nuevo en ese momento tuve la tentación de meter mi mano libre por su escote para acariciarle las tetas pero me contuve.

 Después de un buen rato dándonos lengua paré un momento.

 - ¿Cómo te sientes? ¿Te han gustado los besos con lengua?

 - Me has vuelto loca de gusto. Me ha encantado. Yo creía que eran una guarrería pero he visto que son muy ricos. Mira, estoy sudando.

 Levantó el brazo que tenía libre y pude ver en sus axilas una pequeña matita de pelo completamente mojada.

 - ¿Quieres que pasemos a otra etapa? ¿Quieres dar esta por aprobada?

 - No, de ninguna manera, quiero practicar más. Estoy sintiendo cosas que no había sentido nunca y quiero seguir sintiéndolas. Además lo que hemos hecho hasta ahora no creo que sea pecado mortal. 

 - No te preocupes de eso porque vas a pecar mortalmente y lo peor es que te va a encantar. A veces, en el fragor de los besos las parejas además se acarician.

 - Tu sígueme besándome y si te entran ganas de acariciarme hazlo, estoy deseando que me toques. Me tienes muy caliente.

 - Con una condición, si a ti te vienen ganas de acariciarme debes hacerlo también.

 Los dos, ya sin el menor rubor ni reserva, nos lanzamos a besarnos como dos enfermos, las bocas completamente abiertas y una lengua jugando con la otra. Isabel pareció transformarse, se lanzó a los besos con una pasión desbordante, tomando la iniciativa, comiéndome vivo. Nada que ver con la mujer que recibió mi primeros besos.

 Para besarme más a fondo su brazo rodeó mi cabeza y me apretó contra ella como queriendo fundirse conmigo. Con su boca cerca de la mía me declaró sus intenciones:

 - Quiero que me folles, quiero que me la metas, quiero sentir tu verga dentro me mi. Me tienes loca de deseo. Tengo fuego entre mis muslos.

 - Antes tienes que aprender otras cosas.

 Aunque mi primera idea había sido hacerme dueño de sus tetas la postura ahora no facilitaba la tarea de manera que cambié de objetivo y dirigí mi mano a sus muslos.

 Al sentir el contacto ella tuvo una reacción yo diría que automática, los cerró como tratando de proteger el tesoro que guardaban.

 No cambie de idea. A pesar de sus muslos cerrados yo tenía terreno de sobra que acariciar, bajé hasta casi las rodillas para volver a subir disfrutando de su carne. 

 Mientras tanto ella había metido su brazo entre mi cuerpo y el sillón y me abrazaba contra su pecho. Sentí que sus tetas me iban a taladrar.

 Al mismo tiempo que Isabel me besaba con desenfreno, poco a poco sus muslos fueron perdiendo tensión hasta abrirlos completamente. Yo lo interpreté como: ahí tienes mis muslos abiertos, tienes mi coño a tu alcance.

 No creía yo que fuera el momento para ascender hasta su sexo, más bien lo que quería era ponerla incandescente, borracha de deseo para que fuera ella quien me lo pidiera todo. Quería ver como se derrumbaban sus murallas y perdía todos sus pudores. 

 Mientras seguíamos besándonos subí y bajé por la parte de dentro de esos muslos de seda y en algún momento hice como intención de dirigirme a la meta pero siempre paré a tiempo, salvo una vez que calculé mal la distancia y mi dedo índice fue a chocar contra lo más preciado de su cuerpo. 

 Fue solo un ligero toque pero sentí como a Isabel le dio una especie de calambrazo, su respuesta fue morderme la lengua, esta vez con más fuerza de los habitual.

 Fuera por eso o por otra cosa, Isabel decidió explorar nuevos territorios, quitó la mano de mi cabeza y la introdujo entre los botones de mi bata para acariciar mi pecho.

 En un momento el parar de besarnos fue una cuestión de supervivencia, los dos necesitábamos respirar a fondo. Separamos nuestras bocas apenas unos centímetros y cogimos aire como dos ahogados.

 - ¿Cómo te sientes? ¿te está gustando lo que te hago?

 - Yo estoy en el cielo. Tengo mucho calor. Me está gustando mucho. Y a ti.

 - Yo en el cielo contigo.

 - Estoy sintiendo cosas que nunca había sentido. Estoy como queriendo más, deseando que me des más placer, que me mates de gusto. Me dan ganas de morderte fuerte y de que tu me comas a mi y sobre todo quiero sentirte dentro. Estoy ardiendo. 

 - Lo que estás es excitada, mi amor, caliente. La comprobación es sencilla, dime: te notas mojada.

 - Noto mi cuca gorda y empapada.

 - Cariño, tu no tienes cuca, esto que tienes aquí se llama coño o chocho

 Mientras se lo dije pase mi dedo pulgar directamente entre sus labios menores hasta sentir la humedad. Isabel me contestó con un escalofrío.

 - A ver repite conmigo: coño, chocho

 - Coño, chocho.

 Mientras ella repetía llevé mi dedo a mi boca y lo chupé.

 - Y esto que estoy disfrutando es el juguito que produce tu coño cuando estás cachonda, se llam flujo. Me dices que sientes calor, eso es que estás cachonda. Se que estás cachonda porque los pezones de tus tetas están duros y tu chocho mojado. A ver dime como tienes el coño.

 - Que vergüenza. Tengo el chocho encharcado, creo que estoy mojando el sofá y estoy cachonda. Estoy sintiendo algo que no había sentido nunca. Y tu, ¿cómo estás?

 - Yo igual que tu. Estoy cumpliendo un sueño que creía imposible. Tienes un cuerpo que volvería loco a cualquier hombre y me gusta que me lo estés dando a mí. Me provoca lanzarme entre tus muslos y follarte pero antes tenemos que aprender muchas cosas.

 - ¿Tu también tienes ganas de follar conmigo?

 - Muchas, pero antes quiero gozar de ti y de tu cuerpo, quiero recorrer todo el camino del placer contigo. Quiero enseñarte a ser la mujer que más placer recibe del sexo y que da más a cambio. Quiero que seas muy señora en la calle y muy puta cuando estés en la cama conmigo.

 - Eso es lo que yo quiero, que me hagas puta, la más puta de todas las mujeres que hayas conocido. Habiendo sido muy puta tendrá más merito cuando vuelva a ser casta.

 - No mi amor, no te voy a hacer puta. Voy a hacer que recuperes todo lo que no has vivido, te voy a volver una viciosa del sexo. Y que sepas que cuando lo hayas probado todo, no vas a querer volver a ser casta. Sabiendo el riesgo que corres, quieres que te vuelva una viciosa. 

 - Si todo es tan rico como lo que me has hecho, si, quiero que me hagas una viciosa. No sabes lo caliente que me ha puesto que me llamaras puta, no putita, puta y bien puta, que solo quiere placer y que tu te la folles.

 - Isabel, si soy capaz de sacar a la mujer que llevas dentro te vas a convertir en una enferma, no vas a querer hacer otra cosa que follar. Dime que quieres que te haga ahora mismo.

 - Quiero que nos sigamos dando besos pero quiero que me cojas las tetas, tengo los pezones hinchados y quiero que me los toques. Estoy ardiendo y quiero que me las acaricies. Noto que las tengo sudadas. Cógemelas.

 Deslicé los tirantes del camisón y le dejé las tetas al aire.

 - Eres el primer hombre al que dejo que me vea las tetas, pero no pongas cara de sorpresa que ya me las habrás visto en el Hospital.

 - Si te la vi y disfruté viéndolas pero en ese momento no eran mías y ahora estoy disfrutando porque tu me las ofreces, estuve a punto de comérmelas.

 - Pues comételas ahora. Pero despacito que estoy muy sensible.

 Mi plan era no ir tan rápido pero ante la petición de Isabel no tuve otra opción que atacar.

 Me puse de rodillas entre sus muslos y me lancé a por su pezones. Los tenía duros como dos piedras. Empecé a chuparlos como un bebé hambriento, Isabel me contestó agarrando mi cabeza y apretándola contra su pecho.

 - Que rico lo que me haces, sigue que me está dando mucho gusto. No podía yo ni suponer que el estar con un hombre daba tanto placer. Sigue, sigue.

 Al no necesitar las manos para recrearme en su tetas, las deslice por el lateral de su cuerpo, por debajo del camisón hasta alcanzar sus nalgas. Mármol puro, suave como el satén, y duro como una roca. Amasarlo , acariciarlo, sobarlo mientras le comía las tetas a su dueña me llevó al séptimo cielo.

 Isabel mientras tanto jadeaba, y entre jadeo y jadeo me dijo:

 - No pares, no pares de comerte mis tetas, no pares que me estás matando de placer. Me voy a desmayar de gusto, canalla que eres un canalla, tu has venido a esta casa con ganas de follarme, lo se. Cómo me pone que me acaricies el culo. Que cachonda estoy, mi amor, me dan calambrazos y creo que me voy a morir, siento unas oleadas de placer divinas, sigue, sigue comiéndote mis tetas y acariciándome el culo. ¿Te gusta mi culo?

 - Me encanta. Tienes un culo perfecto, cuando llegue el momento lo voy a profanar.

 - ¿Cómo me lo vas a profanar? 

 - Te voy a meter toda mi verga dentro, me voy a follar tu culo.

 - Es verdad que eres un guarro, pero si quieres mi culo yo te lo doy.

 Tanta escaramuza había dejado el chocho de mi tía al aire.

 Disfruté de sus tetas y de su culo y mientras lo hacía supe que ella también estaba gozando.

 - Que rico, que rico me estás haciendo, sigue por favor, sigue.

 Paré un momento para halagarla:

 - Tienes unas tetas de muchacha de 25 años y unos pezones preciosos. Tu culo es perfecto y que sepas que te estoy viendo el coño.

 - De verdad te gustan mis  tetas y mi culo. Yo ceo que son muy grandes. Y mi coño ¿te gusta? También lo tengo grande y gordo.

 - Tus tetas tienen el tamaño justo y en cuanto a tu coño te lo diré cuando me lo coma. 

 - Pues que sepas que con el gusto que me está dando que te comas mis tetas las vas a tener siempre a tu disposición , en cuanto a comerte mi coño me parece una cochinada pero si tu lo quieres yo me dejo. Pero sigue con mis tetas que me está gustando mucho. Estoy más mojada.

 Al haber visto los muslos al aire de mi tía y al fondo de ellos su mata de pelo con toda intención quise ser malo, de manera que mi mano abandonó sus nalgas y la dirigí a su chocho, fue de nuevo solo un toque sutil, mínimo, pero que valió para que ella diera un gemido de placer. 

 - Si me tocas ahí me vas a matar.

 Seguí un rato antes de cambiar de postura, de nuevo me senté en el sillón, pasé mi brazo por detrás de su cabeza y volvimos a los besos, pero esta vez en vez de dejar mi mano quieta la dediqué a acariciarle las tetas.

 Isabel aprendía pronto, su boca y su lengua se movieron como si llevara toda la vida haciéndolo y la mano que antes acariciaba mi pecho, quizás copiando lo que había sentido, la dedicó a juguetear con mi pezones.

 No solo eso, desabrochó mi bata y se lanzó a comérmelos como yo había hecho con ella.

 Pasado un rato se incorporó para volver a los besos.

 Antes de continuar la sesión le pedí:

 - Isabel, quiero verte desnuda, ponte de pie y quítate el camisón.

 - Estaba deseando que me  lo pidieras, a cambio quiero que tu también te quites la ropa, yo también quiero verte desnudo.

 - Primero tu, le pedí.

 Se puso frente a mi, a apenas un metro de distancia y dejo caer el camisón que ya no le cubría más que de cintura para abajo.

 La había visto en el Hospital pero al verla completamente desnuda frente a mi me quedé sin palabras: una cara preciosa ( las más bonita del pueblo según mi madre ) el pelo negro cayéndole por los hombros, unas tetas a mi gusto perfectas con un pequeño pliegue donde entraban en contacto con el pecho, el vientre haciendo un pequeño escudo y por debajo de él una mata de pelo pequeña pero perfilada, de pelo negro y corto. Las caderas y los muslos rotundos, llenos, como si la carne quisiera explotar. Antes de pedirle que se diera la vuelta le pedí que levantara los brazos, quería volver a ver las dos matitas de pelo oscuro que tapizaban sus axilas. 

Me vino a la cabeza que siendo joven la comparé con Sofía Loren y mi conclusión era que mi tía estaba mucho más buena, aunque tuvieran cierto parecido.

 - Date la vuelta, quiero recrearme viendo tu culo.

 Me hizo caso, y si el verla de frente me había impresionado el verla de espaldas me dejó muerto. El culo no se lo pude ver en el Hospital. No me distraeré con los detalles, Isabel tenía un culo que ni la Venus del espejo de Velázquez, un culo de mujer en sazón, un culo grande, amplio, redondo, sin un gramo de celulitis, con la anchura exacta. Para las modas de hoy quizás demasiado grande, a mi gusto, perfecto.

 - Tienes un cuerpo precioso, de muchacha de veinte años, no te visto nada que no sea perfecto, tu culo me ha encantado.

 - Yo me veo gorda y vieja.

 - No, mi vida, estás perfecta y si te planteas adelgazar mi divorcio.

 - No nos hemos casado, y ya me amenazas con el divorcio. Antes tienes que consumar el matrimonio. Por favor, quédate desnudo.

 Mientras habíamos estado disfrutando el uno del otro yo había notado en algunos momentos que me ponía palote, sin llegar a la excitación máxima, pero casi. Al verla en pelota, al recrearme en su desnudez, mi polla se había puesto apuntando al techo.

 Isabel ocupó mi asiento y yo me puse frente a ella. Desabotoné la bata lentamente y me la abrí de golpe.

 Debió de impresionarla porque espontáneamente soltó un oooohhhh.

 - Tienes una polla muy grande y muy gorda. Me dan ganas de acariciártela, de comérmela. ¿Siempre la tienes así?.

 - No, cariño, la tengo así porque me he excitado viéndote desnuda. Saber que puedo disfrutar de ti me excita.

 -¿Me vas a meter todo eso dentro? No se si me va a caber, tiene una cabeza muy gorda. Me da miedo, se que me vas a hacer daño y al mismo tiempo estoy deseando que me lo hagas. 

 - Isabel, cuando llegue el momento te la voy a meter entera y cuando la sientas dentro vas a pedirme más. Y te vas a correr cuando sientas mi leche entrando en ti.

 - ¿Como voy a saber que me corro?

 - Lo vas a saber sin que nadie te lo diga, vas a sentir que te mueres, que no puedes recibir más placer y vas a notar como una explosión y después una paz única, algo que solo se siente después de follar.

 - Quiero que me folles ahora mismo. Quiero que me metas esa polla grande entera, quiero que me rompas el chocho con tu polla, aunque me duela y quiero sentir todo lo que me has dicho.

 - Cariño, estamos en la primera lección y antes de follar tenemos que hacer muchas cosas, pero como los dos estamos muy calientes lo que vamos a hacer es quitarnos la calentura. Durante el tiempo que hemos estado besándonos o mientras te comía las tetas ha habido algo que hubieras querido hacer y no has hecho.

 -He tenido ganas de cogerte la polla, de acariciártela, de sentirla en mi mano, es más he estado a punto de darla besos.

 - Que clase de besos, de noviecitos o con lengua.

 - Tenía ganas de dártelos con lengua y de chuparla mientras te acariciaba los huevos.

 - Y ¿porqué no lo has hecho?

 - Me ha dado vergüenza y no sabía si eso es algo que se hace.

 - Si mi amor, si se hace, tu te vas a comer mi polla y yo me voy a comer tu chocho y nos va a dar mucho gusto a los dos. Pero eso será más adelante. Ahora te voy a dar otra lección.

 - Qué me vas a hacer ahora.

 - No te voy a hacer, nos lo vamos a hacer los dos. Nos vamos a hacer una paja, yo voy a acariciarte el chocho y tu me vas a acariciar la polla.

 Nos volvimos a sentar y desnudos como estábamos retomamos la sesión de besos, con delicadeza tomé su mano y la dirigí hacia mi  polla. No necesitó más instrucciones. Empezó a meneármela con delicadeza como dando a entender impericia, pero era obvio que no era la primera polla que meneaba. 

 Resuelto ese problema llevé mi mano entre sus muslos y ella los abrió ofreciéndome su coño. Llevaba razón, estaba empapada. Me encontré con un chocho grande, carnoso, con una vulva abultada.

Empecé llevando mis dedos de arriba abajo por el mismo centro abriendo aquella gruta del placer. Al subir noté que lo mismo que mi polla se había puesto mirando al techo, su clítoris estaba hinchado, del tamaño de una lenteja y duro como un diamante.

 Me dediqué a acariciarla empezando por el clítoris y bajando hasta alcanzar su culo, intencionadamente me paré en su entrada y pude notar como Isabel, probablemente sorprendida, lo fruncía.

 - Este culito también acabará siendo mío.

 - Es verdad que eres un guarro, pero ya te he dicho que cuando me lo pidas te lo voy a dar. Me tienes loca de gusto. 

 Mientras me la meneaba, siguiendo mis instrucciones o por iniciativa propia me iba contando lo que sentía.

 - Virgen santísima, que gusto me está dando lo que me haces, se me va la cabeza del gusto que estoy sintiendo, dios de mi vida, que placer. No te pares. ¿ te gusta como te la meneo? 

 (Me sorprendió que me dijera que me la estaba meneando pero no se lo hice saber)

 - Me estas haciendo una paja deliciosa, sigue así.

 Al cabo de un rato ella dejó los besos y la charla para decirme: sigue, sigue acariciándome donde estás, que me voy a correr, me voy a correr, me estoy corriendo, me matas mi amor, me estoy corriendo, es lo más rico que he sentido en mi vida, me estoy corriendo y quiero que te corras tu también. Se me va la cabeza, mi amor.

 Lo siguiente más que un grito fue un rugido, un gemido profundo. 

Acto seguido tuvo unas convulsiones y después la nada como si se hubiera muerto.

 Y al momento siguiente: no me toques más, que ya no puedo resistir más placer. Me he corrido, ahora se lo que es correrse y es un placer divino, me he corrido muy rico. ¿Tu te has corrido? 

 - No mi vida todavía no, sigue como estás haciendo.

 Isabel se inclinó sobre mi, como para ver más de cerca mi verga, durante un segundo pensé que me la iba a comer, pero no, volvió a hacerse con la polla que había abandonado en el momento de su orgasmo y siguió meneándomela. Eso si, antes volver a empezar, se inclinó y me beso el capullo y paseó un momento la lengua por él.

 Isabel me hizo una paja divina. Supe que me iba a correr y se lo dije:

 - Dame un poquito mas rápido, cariño, que me voy a correr. Te voy a dar mi leche.

Mi tía siguió meneándomela, ahora más rápido, acompasando su ritmo a lo que yo estaba deseando. De vez en cuando pasaba su otra mano por mi capullo o la usaba para acariciarme los huevos. Para ser justo he de decir que me estaba haciendo una paja perfecta. 

 Me hizo venirme, lance tres descargas que fueron a parar a su cara. 

 Ya tendida a mi lado extendió mi semen por su cara y a continuación se chupó la mano.  

 - Si tu pruebas mi flujo yo pruebo tu leche. Me ha gustado tanto ver brotar tu leche  que me he vuelto a correr. Está caliente y sabe rica.

 - Isabel, tengo que decirte que para ser la primera vez aprendes muy deprisa, has perdido todos los pudores y eso es muy bueno. Te aseguro que vas a aprender a follar como una diosa.

 - No me hables así, ni me hagas nada que me vuelves a subir. ¿ vas a hacer de mi una puta reputa? ¿Esta noche vamos a dormir juntos?

 - Por lo que he visto hasta ahora si, vas a ser una puta reputa, y nos vamos a ir a dormir cada uno a su cama. Si durmiéramos juntos no pegaríamos ojo en toda la noche y yo llevo una semana muy dura, pero te prometo que mañana seguiremos.

 - Que me vas a hacer mañana. ¿Me vas a follar?

 - Mañana te voy a dar más placer que hoy pero no te voy a decir como. Tu que quieres que hagamos.

 - Quiero que me metas tu polla hasta el fondo, quiero que me folles. Me gusta mucho todo lo que me haces pero lo que yo preciso es sentirte dentro, que me hagas tuya. Quiero cometer pecados mortales contigo. Quiero fornicar.

 La mañana siguiente.

 Dormí como un lechoncillo, del tirón, sin sueños ni sobresaltos. 

 Me despertó mi tía:

 - Javi, Javi, cariño, son las 11 de la mañana. Estás bien.

 Abrí el ojo, al lado de mi cama Isabel desnuda como su madre la trajo al mundo. Tendido yo en mi cama, su coño estaba a una cuarta de mi narices. 

 - Te he preparado el desayuno, pero antes quiero que me des unos besos. 

 Sin dilación alguna se metió en mi cama.

 - He pensado que como hace mucho calor, cuando estemos en casa podemos estar los dos desnudos.

 - Me parece muy buena idea.

 - Tócame como ayer, no he podido dormir dándole vueltas a lo que me hiciste, he pensado en tocarme pero no he sido capaz, prefiero que me toques tu. Quiero que sigamos donde lo dejamos ayer. Me he levantado caliente y quiero que te comas mis tetas.

 - Te voy a comer, pero no las tetas.

 - Me estás dando miedo, que me vas a hacer.

 - Me voy a comer tu chocho, te voy a dar lengua en tu chocho y en tu culo.

 - Eres un guarro, lamer mi culo. Me da vergüenza lo que me dices pero si me va a dar gusto, hazlo.

 Me bajé al fondo de la cama y me coloqué entre sus muslos. Isabel colaboró abriéndose para recibirme.  Tan pronto llegué abajo lancé mi lengua al centro de su coño. Era verdad de nuevo estaba inundada.

 Le dediqué una de mis especialidades, lo llaman la puntada portuguesa, consiste en repasar con la lengua el clítoris para desde ahí, bajar exactamente hasta el ano para darle lengua. Cuando llevaba apenas tres o cuatro puntadas Isabel estaba chillando como una loca.

 - Que me haces cochino, me vas a matar, siento tu lengua en mi chocho y en mi culo y no se que me gusta más. Eres malo porque yo no te puedo hacer nada a ti. Sigue por dios sigue. Virgen santísima que placer tan grande. 

 Seguí dándole lengua, tarea en la que me considero un especialista, y mi tía siguió recordando a todo el santoral.

 - Santa Ana bendita porque me has pedido que haga esto, no sabes lo que estoy sintiendo, dios de mi vida, que gusto tan grande. Sigue dándome lengua que me vas a hacer correrme, me voy a correr mi amor, dame con tu lengua en mi ano que me da mucho gusto, dame, méteme tu lengua.

 Mi tía está vez se corrió entre gritos y gemidos y pidiéndome que le metiera la polla en ese mismo momento.

 Acabada mi tarea me subí a su lado.

 -Te has quejado de que tu no me hacías nada, ahora vas a hacerlo, quiero que te metas mi polla en la boca y que me la chupes hasta que yo te diga que me quiero correr. 

 - Cuando te corras me quiero beber tu leche, ¿puedo?

 - Te calienta pensarlo.

 - Caliente ya estaba al venir a tu cama, ahora me tienes ardiendo y me pone más cachonda el pensar que me voy a beber tu leche. Me la quiero beber toda.

 Esta vez no le di ninguna instrucción más. Mi tía se lanzo a por mi, me cogió la verga y empezó a chupármela. Mientras con una mano sostenía el tallo con la otra me acariciaba los huevos. Fue combinando chupadas con mordiscos, paró un momento para recorrer toda mi verga con su lengua, y después se la metió hasta dar con su nariz contra mi barriga. En resumen me hizo una mamada de profesional. En ese momento tuve la certeza de que mi querida tía a lo largo de su vida se había comido kilómetros de polla.

 Mientras yo pensaba lo que pensaba, Isabel paró un momento para decirme:

 - Me vuelve loca tu polla, está dura y caliente y me excita tragármela entera. Te voy a hace la mejor mamada de tu vida y quiero que me llenes la boca con tu semen.

 Y me vine, me vine como un animal y mientras explotaba ella siguió mamando. Cuando acabé Isabel se puso frente a mi y abrió la boca para enseñarme que la tenía llena. Acto seguido se la tragó.

 - Cuando he sentido que me dabas tu leche me he vuelto a correr. Me gusta mucho que me la des, me gustaría tener leche en mis tetas para dártela yo a ti. Me has transformado, ya no soy la mujer que ayer te pedía que la enseñaras, ahora soy una perra salida que no quiere otra cosa que recibir placer. Ya me has vuelto puta. Me tienes enviciada.

 Desayuné con Isabel sirviéndome en carnes vivas. 

 - Isabel me voy a duchar y a afeitarme.

 - Pues yo en vez de ducharme me voy a dar un baño para tí.

 - Muy bien, tan pronto acabe me voy a tu cuarto de baño y te doy unos masajitos en el agua .

 Oí como mi tía llenaba la bañera y mientras la oía me arreglé  a toda prisa. Tan pronto dejé de oír los grifos llenando la bañera sigilosamente me dirigí a su habitación, no soy nada cotilla pero la situación lo requería.

 Mi tía tiene en su habitación además de un armario, un mueble antiguo con cuatro cajones grandes, empecé por él. En el cajón superior me encontré una colección inmensa de bragas, no exagero si digo que habría más de cincuenta. Todas perfectamente dobladas y ordenadas. Las negras a un lado, las brancas al otro y en el centro bragas de todos los colores y formatos. La mayoría de ellas tangas mínimas inimaginables en su vestuario.

 Seguí curioseando y desdoble unas negras algo más grandes, eran de un modelo que los americanos llaman crotch less , que viene a significar que tienen una abertura que deja el coño al aire. 

 En el cajón central había solo sujetadores, otra colección, y la mayoría de ellos de fantasía, nada que ver con la ropa interior de a diario. Modelos de los que solo sujetan por debajo y dejan los pezones al aire. Otros transparentes con lentejuelas. Me fijé en que la mayoría eran de Victoria Secret, firma americana que fabrica ropa interior de puta para consumo de las amas de casa. Me pregunté donde los habría comprado.

 En el siguiente cajón un poco todo mezclado, corpiños, ligueros, bodies y medias. Me llamaron la atención los corpiños. Una prenda que no me hubiera yo figurado que usaba la casta Isabel. En cuanto a los bodies abundaban los hechos de tejido de media, de cuerpo entero y también abiertos en la entrepierna.

 Seguro de lo que me iba a encontrar miré en su mesilla de noche, y allí estaban, tres consoladores, dos grandes y uno pequeño, pensé que para metérselo en el culo mientras disfrutaba de los grandes.

 La casta, la virginal Isabel resultó ser más puta que las gallinas, seguía siendo la mujer a la que yo había visto haciéndose pajas quince años atrás y lo mejor es que ella pensaba que yo me había creído su cuento.

 Salí sigilosamente y entré haciendo ruido en el cuarto de baño de mi tía. Sería casualidad pero ella se estaba acariciando el coño, al entrar yo de golpe disimuló como si se estuviera enjabonando.

 Ahora yo sabía que mi tía era una farsante, probablemente adicta al sexo y con una colección de hombres en su curriculum. Toda la historia de la santa era un invento para follar conmigo. 

 Fingí mi ignorancia a la perfección, me dediqué a halagar su ego.

 - Tienes las tetas más bonitas del mundo y es una pena que no hayas disfrutado de ellas. Que desperdicio. Que sepas que cuando acabemos de bañarnos te voy a follar, o mejor aún voy a empezar cogiéndome tu culo.

 - Ay, no, quiero que me folles. Estoy loca pensando que me la vas a meter entera en mi coño.

 - Habíamos quedado en que nada de protestas ni de quejas, si cuando estemos en la cama me siguen dando ganas de cogerme tu culo me lo voy a coger o se acaban las lecciones.

 - No te enfades, si lo que te da capricho es metérmela en el culo yo me pongo a cuatro patas para que me la metas.   

 - Otra posibilidad es que como ya has conocido los placeres del sexo lo dejemos aquí y tu vuelvas a tu vida de castidad. 

 - Me tienes que enseñar muchas cosas, ahora no puedo parar hasta sentirte dentro de mi. Cuando me hayas follado y yo sepa lo que siento podré tomar una decisión, pero no antes. Llevaba razón la santa cuando me dijo que iba a sentir un placer divino. Si lo que nos falta es tan rico como lo anterior me vas a matar de gusto. Javier quiero que me folles ya. No puedo seguir esperando.

 - Ya no vas a tener que esperar mucho, te voy a esperar en mi cuarto, quiero que cuando salgas del baño te pongas la ropa más sexy que tengas, lo mismo que probaste con el camisón habrás probado con otra ropa.

 - Como me conoces, si, tengo alguna cosa y la voy a estrenar para ti. Tu lo que quieres es que vaya a tu habitación disfrazada de puta.

 - Quiero que vengas con ropa de puta y que debajo de esa ropa me encuentre una puta de verdad. 

 - Como te gusta ponerme cachonda.

 Mientras Isabel se iba a su cuarto a arreglarse me propuse darle una lección que nunca iba a olvidar. 

 Me puse un par de gotas de anestésico oftálmico en mi prepucio, (todos contienen algo de cocaína), con ello me aseguraba una cierta insensibilidad, el resultado iba a ser que podía estar más de una hora follando sin correrme. 

 Además puse una dosis pequeña de Popper en una Coca- Cola, bebida que mi tía tomaba de manera constante, y preparé otra Coca sin nada para mí. 

 (Para los que no sepáis de los efectos del Popper  diré que incrementa de una manera brutal la libido, dan unas ganas de follar enfermizas, produce un estado de bienestar y una percepción aumentada del placer y relaja los esfínteres, además desinhibe en todos los ordenes. Hace años era usado por los gays, ahora es de uso común.)

 Por último, aunque no imprescindible, me tomé un Cialis. El Cialis al contrario que la pastillita azul no te produce una excitación que no puedes rebajar,  te la pone dura cuando estás excitado y te elimina la hinchazón cuando te relajas.

 Isabel iba a saber lo que era provocar que su sobrino se la follara. Con el arsenal que había preparado Isabel iba a estar más excitada de lo que había estado en su vida, en cuanto a mi iba a tener la polla como un hierro y me podría estar follando durante horas.

 Me tendí en la cama en pelota a esperarla.

 Mi tía preparó un número erótico copiado de las películas, lo primero que vi fue un muslo cubierto por una media negra mientras ella tarareaba la canción de 9 semanas y media.

 Después de jugar un rato, entró en la habitación. Llevaba un traje de chaqueta de color negro, la falda tan corta como para dejarme ver el tejido más denso que tienes al medias arriba del todo y con unos tacones de una cuarta. 

 En la parte de arriba la chaqueta a juego con la falda, pero se le había olvidado ponerse camisa.

 - Te voy a volver loco, me dijo mirándome con cara de loba.

 Isabel decidió regalarme un baile erótico y volví a tener la sensación de que no era el primero que hacía. 

 Me dio la espalda y se inclinó hacia delante para darme un plano completo de sus muslos y de su ligueros. Esperaba yo que llevara el coño al aire pero me equivoqué. Jugó un rato en esa postura abriendo sus nalgas con las manos.

 Cuando se dio la vuelta los botones de la chaqueta se habían abierto y me dejaban ver uno de los corpiños de su colección, de color champán y bordado en negro, que le dejaba las tetas completamente al aire y que  apenas le cubría más, dejando su vientre al aire.

 Tarareando una música abrió la cremallera de su falda y me la tiró a la cara.

 Ahora todo lo que la cubría era el corpiño, un liguero haciendo juego, una tanga mínima también a juego, las medias con costura y los taconazos.

 Eché mano a mi refresco y la di un trago, ella me imitó y se bebió casi toda su lata de un trago. 

 El Popper produce un subidón instantáneo. Isabel que ya venía caliente no tardaría nada en ponerse incandescente.

 Muy pocas mujeres pueden vestirse como ella había hecho sin dar lugar a un espectáculo patético. El cuerpo de Isabel lo admitía y con nota. De frente el corpiño le sujetaba las tetas que parecían querer escaparse de su cuerpo y cuando se dio la vuelta y pude contemplar sus nalgas me quedé sin aliento, la braga se le metía entre los dos cachetes y el contraste del color de su culo con la oscuridad de las medias le daba un morbo añadido. Ni una lorza por ningún lado. Viéndola pensé que podría ser modelo de tallas grandes.

 Isabel se me acercó y me dijo:

 - Cuando te pedí que me ayudaras me dijiste que tu eres muy guarro en el sexo, no te puedes ni figurar lo guarra que soy yo. No hemos empezado y ya tengo las bragas empapadas, estoy salida como una perra en celo. No me vas a follar tu a mi, te voy a follar yo a ti y te voy a echar el mejor polvo que te hayan echado en tu vida. 

 Mientras hablaba se quitó las bragas, se puso de pie sobre la cama y fue bajando lentamente hasta dejar su coño a un palmo de mi cara.

 Es verdad que lo había acariciado pero ahora tuve la oportunidad de verlo como si tuviera un microscopio: un monte de Venus alto y tapizado por pelo corto, los laterales de su raja sin depilar pero con el mismo pelo corto que solo podía ser resultado no de la cera sino de la peluquería, y resaltando entre aquella negrura un clítoris grande, cuando lo toqué pensé en una lenteja pero ahora me pareció más un garbanzo pequeño, casi cubierto por un pequeño capuchón, me pareció una mini polla y me dispuse a comérmela. 

 - Te voy a follar, Javier, tu tía te va adar su coño.

 - Antes tengo que comermelo , lo he visto tan jugoso que lo quiero disfrutar. Me lo quiero beber todo. Cuando acabe te dejo que hagas conmigo lo que quieras.

 - Cómete mi flujo, cómetelo , dame con tu lengua en mi chocho y en mi ano. He cambiado de idea, cuando te haya echado el mejor polvo de tu vida quiero que me metas toda tu verga en mi culo, que me lo profanes. Quiero que me revientes y que me llenes la barriga con tu leche. Voy a ser todo lo puta y lo guarra que tu quieres que sea. Ahora sigue comiéndote mi chocho que me gusta mucho, sigue, que me tienes ardiendo de gusto, me estás matando y me vas a hacer correrme como una yegua, ya no soy una perra, soy una yegua esperando que el semental la monte y la cubra. Quiero todo ese pollón dentro de mi.

 El Popper debió de hace efecto, Isabel entró en un estado frenético en el que sus palabras eran apenas entendibles y en el que abundaban los gemidos, los gritos y la advocación al santoral.

 Repetí lo que ya sabía que funcionaba, absorbí su clítoris, le di lengüetazos y pasé a recorrer su ano con mi lengua. Isabel mientras tanto se movía a golpe de espasmos y gritaba.

 - Dios que gusto tan grande, dame más, méteme bien la lengua, cómete mi culo, cerdo que eres un cerdo.

 Y entre medias cosas que no le hubiera gustado decir:

 - Cuanto he tenido que esperar para que fueras mío, cuanto he esperado este momento. Me hubiera gustado darte mi coño cuando te pille haciéndote una paja. Estoy deseando que me folles. se que me vas a echar un polvo muy rico. 

 Sus convulsiones fueron a más cuando me anunció que se iba a correr.

 Me corro, me corro, me vas a hacer correrme, me voy a venir, siento que me voy a venir, dame con tu lengua en mi culo que ya me estoy corriendo, me corro Javier me corro toda, me estoy viniendo como una puta, eso es lo que soy una puta que todo lo que quiere es sentir tu polla dentro. Me está viniendo un gusto que no había sentido ni cuando ayer me hiciste la paja.

 Al sentir el orgasmo se echó hacia atrás y su cuerpo dio como pequeños calambrazos, una especie de replicas del terremoto que había disfrutado.

 Tendida sobre mi me dijo:

 - Ya te has comido mi coño y mi culo, ya me has hecho correrme  como una perra, ahora quiero que me folles, que me rompas el chocho con tu verga, estoy loca por tenerte dentro. Quiero que seas el primer hombre que me posea, que meta su verga en mi coño, es el mejor regalo que te puedo hacer.

 Lo que pasó a continuación será motivo de otro capítulo   

      


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