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Fecha: 12-May-18 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Recuerdos

Knox
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Una boda, una mujer, un reencuentro.... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Todo comenzó con la invitación de boda de Alejandro, un amigo de la facultad. Se casaba en Vitoria y considerando que yo vivo en Madrid, en un primer momento me planteé no ir. Pero, la ruptura reciente con mi novia Silvia, y la llamada de amigo José me convencieron al final para asistir.

Se casaba un sábado, por lo que hablando con José y el resto de los amigos, decidimos irnos el jueves de esa semana y empezar con fuerza la pre-boda.

Solicité el viernes en el curro y ese mismo jueves nos embarcamos hacía allí. Poco o nada reseñable hay que contar del viaje, y mucho menos de los dos días de pre-boda ya que fueron dos noches de ''Jarra y Pedal'' a saco.

El sábado por la mañana, con una resaca bastante considerable, nos levantamos dispuestos a acudir al bodorrio en cuestión. La casualidad hizo que al salir del portal para ir a recoger el coche me encontrara con Jesús, un amigo de la infancia que también residía en Vitoria. Nos preguntamos lo típico en esos casos, la familia, el curro etc... Yo le comente que estaba allí porque iba a la boda de Alejandro. Que llevaba allí desde el jueves y demás. Él me dijo que su hermana Victoria también estaría, ya que su novio era compañero de curro de Alejandro y que estaban invitados. Charlamos un ratillo más y nos despedimos con la frase de marras de quedar antes de mi vuelta. Ya sabéis como funciona esto, quedas en llamar pero, al final pasas.

Al entrar en el coche y ponernos en marcha hacia la iglesia, mi imaginación empezó a volar aquellos años cuando éramos más pequeños, y yo follaba con Victoria haciendo Jesús de carabina.

Recuerdo que sería el año 96 cuando jugando un partido de fútbol, mi colega Jesús se hizo un esguince, lo que le llevo a tener que ponerse una escayola, y tener que quedarse sin piscina, ni fútbol, ni nada que importase de verdad para un adolescente en verano.

Ese año había mundial de fútbol, y quedamos en que para hacerle compañía y que no estuviera esos días de verano solo, veríamos los partidos juntos. No contábamos con que Victoria, su hermana pequeña, al enterarse de que yo iría todas las tardes a su casa tenía otros planes.

Recuerdo que siempre veíamos los partidos en una salita y que la madre y la abuela se quedaban charlando en la cocina que estaba justo al lado. Los primeros días Victoria solo me miraba con picardía, me sonreía y amenazaba mi saber estar con alguna que otra provocación cuando estábamos a solas. Las provocaciones iban: Desde sentarse con posturas poco recatadas, hasta acercarse mucho a mí mientras hablábamos. Pero, a medida que los días avanzaban las insinuaciones de Vicky se hacían más flagrantes. He de reconocer que yo era un pre-adolescente virgen y lo cierto es que la cabrona sabía cómo sacarme los colores y ponerme nervioso. Se cruzaba por el medio de la tele para ir a la cocina a sabiendas de que mis ojos se centrarían en sus piernas o en su culo, y cuando estaba segura que no estaba a la vista de su hermano, se levantaba la falda dejándome ver su culito enfundado en unas braguitas que se le metían de forma muy erótica entre las nalguitas. Otras veces, llegaba y se sentaba delante de mí fuera de la visión de su hermano, dejándome ver sus braguitas cuando llevaba... Lo cierto es que yo ya sabía que le gustaba a Vicky, lo que no sabía era lo que me podía llegar a gustar a mi todo ese juego. Porque a pesar de que tanto su madre como su abuela como mi amigo estaban allí, solo tenía ojos para Vicky. Tanto era así, que ir a dar compañía a mi colega, o ver el fútbol era algo secundario. Yo acudía cada día para ver con que travesura me sorprendería Vicky. Y llego el día en que no se conformó con las miradas, las insinuaciones, ni las sonrisas. Estábamos viendo el partido cuando mi colega Jesús dijo que tenía que ir al baño, yo sabía que nada más que nos quedáramos solos Victoria me saldría con alguno de sus regalos para mi vista, que lejos estaba de la realidad. Ella sabía que Jesús con las muletas tardaría en venir, por lo que nada más que Jesús salió de la sala, se levantó, se acercó a mí, se sentó mirándome a los ojos y posando su mano sobre mi poya me dijo:

.- ¿No te parece que hoy el partido es muy aburrido?-lo decía mientras se acercaba.

.- ¿Qué haces? ¿Estás loca o qué? No ves que están tu madre y tu abuela en la cocina y tu hermano puede venir en cualquier momento.-Le decía yo mientras intentaba serenarme.

.-Relájate un poquito Adrián o es que te pongo nervioso....Mi hermano tardara un poquito en venir...y mi madre y mi abuela están viendo la novela no vendrán.

Yo me quede embobado sin saber que decir y ella cada vez acercaba más su cara a la mía mientras no dejaba de muy sutilmente acariciarme la poya por encima del pantalón. Cuando sus labios chocaron con los míos una corriente eléctrica recorrió mi espalda y una milésima de segundo después la sensación era tan agradable que me deje llevar sin importarme donde estábamos y quien podía sorprendernos. Fue mi primer beso, no sé si lo fue para ella pero no me importo. Hoy en día desde la experiencia que te da la vida y la perspectiva de la edad en la que me encuentro, fue un pico más largo de lo normal pero para aquellos dos pre-adolescentes fue un antes y un después. A partir de ese día los besos las caricias los toqueteos se hicieron frecuentes y recíprocos hasta que llego el día en que nuestra curiosidad y nuestras ganas superaron con creces nuestra vergüenza. Al pobre de mi amigo Jesús no le quedó más remedio que consentir en que su amigo se liara con su hermana, y cumplía con estoico deber hacer como que no se daba cuenta de nada. Me reservo el derecho de no contar como fuimos descubriendo nuestra sexualidad pero, fue un gran verano.

Volviendo a la actualidad, llegamos a la iglesia y lo cierto es que al principio fui pensando en volver a ver a Victoria, ver cómo había cambiado, como la había tratado la vida. Pero, a medida que fue transcurriendo la ceremonia y el banquete por más que indagué, eso sí con mucho tacto, no llegue a enterarme quien de todas las mujeres era ella. Alguna se me parecía o eso intentaba creer yo, pero, nada de ninguna Victoria en la lista de bodas y mucho menos en todas las chicas de las que me entere de su nombre.

Seguimos con el bodorrio, la fiesta, la música y el alcohol hacia que lo pasáramos bien. Pero, seamos serios ¿Quién no ha ido a una boda soltero y no ha ido a ligar? Exacto nadie. Como dije antes me empecé a fijar en las chicas desde que llegue. Si cierto es que buscaba a Victoria, pero, aun así uno no es de piedra. Había dos con las que ya me había observado durante el día. Las dos iban con pareja y eran bastante parecidas en cuanto al peso y la altura una se llamaba María y la otra Teresa. María era una chica morena de unos 30 años llevaba el pelo recogido en un moño del que le colgaba un mechón de pelo a un lado de la cara, tenía unos ojos negros preciosos mediría más o menos 170 y en cuanto a su físico era lo que se denomina una jamona, con un buen par de razones que asomaban por el escote palabra de honor que llevaba. Teresa a su vez era muy parecida a María, pero era castaña y algo más delgada. Baile con ellas me presentaron a sus respectivas parejas, con los que congenie bastante bien, bebimos y disfrutamos. Todos estamos muy bien y muy a gusto pero yo notaba a María más cercana que a Teresa y no sé si por obra de la divina providencia, no sé si fue una casualidad o una causalidad, pero lo que el destino nos trajo es que el acompañante de María llevaba un pedal de escándalo. El caso es que como yo había sido uno de los responsables de la tajada del pobre infeliz y que había congeniado con María y me sabia mal dejarla con el marrón, no sé si fue mi instinto de caballero o la pequeña posibilidad de quedarme a solas con María, que un cuarto de hora después iba conduciendo llevando a María y a Fran que así se llamaba el tipo hacia su casa.

Llegamos y la ayudé a subirle a casa, una vez que estaba en el rellano, él, recupero un poco la consciencia me dio las gracias por todo y empezó a despedirme. Ya estaba empezando a pensar en lo gilipollas que había sido cuando un cruce de miradas con María, vi como negaba con la cabeza y me hacía gestos. Cerraron la puerta y me quede en el rellano dudando de si ese gesto significaría algo o fueron imaginaciones mías. Espere unos minutos y justo cuando había tomado la decisión de irme al hotel a maldecir lo estúpido que había sido, la puerta se abrió y María apareció desde la oscuridad.

.- ¿Adrián?-Dijo en un susurro.

.-Si, estoy aquí.-Dije yo imitando su tono de voz.

.-Pensé que te habías ido.-Dijo abriendo más la puerta.- Ya se ha quedado dormido pero, me sabia mal despedirnos así después de lo bien que te has portado.

.           -No pasa nada lo habría entendido.- Dije yo mintiendo como un bellaco.

.- ¿Te apetece tomar la penúltima?- Me dijo ella con una mirada picara.

Asentí con la cabeza y ella abrió más la puerta dejándome pasar. La estancia se encontraba totalmente a oscuras, escuche como se cerraba la puerta detrás de mí y mientras mis ojos se acostumbraban a la penumbra me di la vuelta para encontrarme frente a frente con María.

La notaba más baja que en el resto del día, imagine que se habría quitado los zapatos de tacón que llevaba durante la boda. Poco a poco nos fuimos acercando hasta que no pude más y me lance a besarla, fue un beso apasionado y se notaba que ella tenía las mimas ganas que yo, ya que nos besábamos sin prisa pero sin pausa. Mis manos comenzaron en la en la cintura pero, a medida que nos besábamos recorrí su espalda y su redondo culo, que placer poder amasar esas nalgas.

Ella no había perdido el tiempo y también acariciaba mi cuerpo. Debió de notar mi poya crecer sobre su abdomen porque enseguida se separó un poco y poniendo su mano sobre ella sonrió miro hacia abajo y luego nos volvimos a mirar a los ojos, mientras disfrutábamos de las caricias del uno al otro. Yo acariciaba ya sus nalgas por debajo de la falda y no encontré ninguna prenda interior, lo que me dejo claro que, o no había usado en todo el día, o lo tenía todo pensado. De igual manera me calentó y seguí disfrutando del culazo. Bajaba por la parte exterior de sus muslos hasta donde me daban los brazos y volvía a subir por la interior, para agarrar las nalgas, abrirlas y volverlas a juntar. Ella a su vez me había bajado los pantalones y los bóxers, liberando así, mi poya de las prendas que la cubrían. Nada más las libero de las ropas fueron sus manos las que se ocuparon de dar cobijo a mi poya y mis huevos, los masajeaba y me la meneaba mientras nos dábamos pequeños besos. Entre beso y beso lleve mi mano derecha a la boca y ante la atenta mirada de ella, lamí desde mi palma hasta mis dedos. Creí intuir un brillo en su mirada mientras lo hacía como si adivinara lo que vendría a continuación. Una vez hice este gesto lleve mi mano hasta su coño y a medida que la iba acercando notaba el calor que desprendía. Al posar mi mano suavemente sobre sus labios mayores dejando mi palma en el incipiente clítoris que poco a poco se abultaba, note la gran humedad que emanaba de su rajita. El gemido que precedió a mi movimiento me animo a que siguiera acariciando. Mientras mi palma masajeaba muy despacio su clítoris, mi dedo índice y anular acariciaban sus labios mayores, mi dedo corazón recorría su rajita buscando la entrada de esa cueva que no paraba de desprender humedad y calor.

No se los segundos o minutos que llevábamos dándonos placer el uno al otro, cuando fue ella la que empezó a empujarme para que quedara sentado con mi espalda apoyada en la pared de la entrada del piso. Cuando lo consiguió, sin dejar de besarme y sentándose a horcajadas sobre mí me dijo:

.-No puedo más cariño necesito sentirla.-mientras lo decía sus labios no se separan de los míos.

Cogió mi poya y la apunto hacia la entrada de su coño y con un movimiento de caderas se la introdujo soltando un gemido ahogado. Yo también gemí y no creo que fuera tan cuidadoso como ella.

La separe un poco y tirando del vestido hacia abajo entendió lo que buscaba, facilito la maniobra sacando los brazos y quedaron ante mi sus maravillosas tetas coronadas con una areola y un pezón marroncito, muy a proporción del tamaño del pecho. Mientras ella movía sus caderas comenzando el vaivén del acto, yo me lance a degustar las perfectas tetas que tenía ante mis ojos.

Era increíble el morbo y el placer que me causaba saber que su pareja estaba dormido mientras yo disfrutaba de esa preciosa mujer. Ella se movía rítmicamente y alternaba mi boca con sus labios u ofreciéndome sus pechos, que yo lamía, succionaba, mordía levemente, y degustaba con sumo placer. Ella cada vez que notaba como mis dientes torturaban sutilmente sus pezones se estremecía de gusto.

Pasado un tiempo fue disminuyendo levemente el movimiento de cadera, al tiempo que me besaba y en ese momento aproveche, para colocar mis manos a medio camino entre sus caderas y el comienzo de sus nalgas, acomodar la posición, y empezar el bombeo desde abajo. Empecé suavemente, pero poco a poco iba aumentando el ritmo. Ella se dejó caer sobre mi pecho y notaba su respiración cada más agitada sobre mi cuello, hasta que los jadeos se empezaron a convertir en gemidos que soltaba sobre mi hombro derecho. Gemidos que resultaban ahogados sobre mi cuello y hombro pero que a mí me sonaban a música celestial. Llevo su mano hasta su clítoris y empezó a masajearlo rápido. Lo agradecí, al mismo tiempo que comprendí que estaba por llegar el ansiado orgasmo. Agradecí este hecho porque yo no estaba muy lejos de correrme presa de la excitación que me causaba aquella preciosa mujer. Pese a esta circunstancia, me esmere en mi cometido de proporcionárselo, e intentar que fuera simultáneo. Entre convulsiones, jadeos sordos y ahogados contra mi cuello se corrió. No, no fue simultaneo como pretendía, por segundos pero, yo me corrí antes.

Quedamos abrazados mientras nos recuperábamos notaba como poco a poco su respiración iba adquiriendo el ritmo normal al igual que la mía sin movernos, solo mi mano acariciando su espalda era el único movimiento directo que hacíamos. Notaba sus voluminosos senos con los enhiestos pezones reposar sobre mi pecho. Mi poya aun dentro de ella poco a poco iba perdiendo su hinchazón y a medida que disminuía su grosor salía de ese hueco del placer. La verdad es que estábamos tan a gusto que no se el tiempo que permanecimos así.

De repente un pensamiento inundo mi mente no me había dado cuenta hasta ese momento, acababa de correrme dentro de ella.

.-María no he podido sacarla, y no hemos tomado protecciones...-le comencé a susurrar cuando ella me corto.

.-shhh no te preocupes, tomo la píldora.

Busco mis labios los besó y justo cuando empezamos a incorporarnos el ruido y la voz de Fran llamándola nos catapulto a la realidad. Rápidamente nos recompusimos como pudimos. Abrió la puerta de la calle sacándome medio a empujones porque os aseguro que no era yo el que me oponía a salir de allí zumbando pero, por lo visto ella tenía más urgencia que yo. Cuando ya me tuvo en el rellano me volteo me dio otro pico en los labios guiñándome un ojo y desapareció tras la puerta dejándome allí, con la camisa abierta, sujetándome los pantalones con las manos y con mis bóxers a medio camino entre mi culo y mi cintura.

Salí de allí y me encamine hacia el hotel pensando que había estado bien pero, dado que no habíamos intercambiado los números de teléfono, ni ningún otro medio de comunicación no creía que nos volviéramos a ver, ya que yo residía en Madrid y ella en Vitoria. Además estaba el hecho de que por medio se encontraba Fran, su pareja. Que equivocado estaba entonces.

Había transcurrido más de un año desde aquel fin de semana por tierras vitorianas, y como es lógico en un año pasan muchas cosas. La única importante de todas ellas es que por avatares de la vida, había vuelto con Silvia.

Para los que se lo estén preguntando que alguno y alguna habrá sin duda. Silvia era lo opuesto a María. Era más alta y de figura mucho más estilizada llevaba el pelo largo por debajo de los hombros, usaba gafas, lo que la daba el toque morboso intelectual que a muchos y muchas nos pone. Tenía menos pecho que María, ya que como he mencionado era menos voluptuosa. Lo mejor de su anatomía se encontraba sin duda en su culo, que lo describiré como culo manzana perfecto y gracias al spinning durito y firme.

Después de este inciso retomo la historia por donde la deje. El caso es que aunque anteriormente mencione que mi amigo Alejandro el que se casó en vitoria, había estudiado conmigo. No he mencionado que nos dedicábamos prácticamente a lo mismo. De hecho, cuando me entere de una incorporación a mi empresa y de que el nuevo venia de Vitoria, llame inmediatamente a mi colega Alejandro para preguntar si era él la persona elegida, lo que hubiera sido toda una sorpresa. Pero, al lado de la sorpresa que me tenía reservado el destino, hubiera sido ridícula. Y es que el nuevo integrante del departamento no era otro que Fran, el novio de María.

Llevaría un mes en la empresa y lo cierto es que Fran era bueno y eso el departamento lo noto y bastante. Yo sin embargo, lo cierto y verdad es que no estaba cómodo. El tipo era buen tío, currante y buen compañero. Y yo en lo único que pensaba cuando estábamos de relax o tomando café con los compañeros, era que, el día que lo conocí me acabe follando a María.

Llego el día del ''cumpleaños'' de mi jefe. Lo he entrecomillado porque, en realidad fue la fecha en la que sobrevivió a un accidente tráfico, en el que aún hoy las personas que conocemos los hechos y las circunstancias de dicho accidente nos preguntamos cómo pudo sobrevivir. El caso es que él decía que era el día que había vuelto a nacer y por lo tanto a la vida y le gustaba invitar a todo el departamento más algunas personas de otros departamentos de la empresa a pasar ese día a su casa. Ese día parecía una boda invitaba como he dicho a gente de la empresa, familiares, amigos, proveedores, clientes, y un gran etc. No se era como su agradecimiento a la vida por la segunda oportunidad.

Cuando el correo electrónico nos confirmó que ese domingo era el evento, me puse como un flan. Yo había acudido en anteriores ocasiones con Silvia, excepto el año anterior que coincidió en que no estábamos juntos. Lo que me hacía pensar era en que si yo, así como mis compañeros y compañeras, se hacían acompañar por sus parejas, Fran acudiría con María.

Llego el tan ansiado domingo y allí me encontraba yo conduciendo con Silvia al lado camino de la finca de mi jefe. Era un día soleado de primavera y Silvia iba preciosa, llevaba puesto un vestido blanco de tirantes con falda de vuelo que se pegaba a su figura resaltando el tipazo que tenía. Y por si fuera poco unas sandalias de tacón que estilizaba aún más su figura. Después de llegar y aparcar nos dirigimos hacia la puerta del chalet donde nos esperaban mi jefe y su esposa. Los saludamos y pasamos al jardín, donde había un montón de gente. Aunque intentaba estar pendiente de Silvia y de la gente que se acercaba a saludar, mis ojos buscaban entre todas las féminas a María.

Un toque sobre mi hombro izquierdo me hizo darme la vuelta para encontrarme con Fran.

.- Buenos días, ¿hay que ver como esta esto eh?- dijo al tiempo que tendía su mano para que la estrechara.

.- ¡Hombre Fran! ¿Qué tal?- dije mientras le estrechaba la mano con fuerza.

.- Pues, sorprendido la verdad. En Vitoria no se hacían estas fiestas.- Esto último lo dijo mientras depositaba su mirada en Silvia, que diciéndolo todo la miro de arriba abajo. Debió de gustarle lo que vio.

Pose mi mano sobre la cintura de Silvia y adelantándola un poco le dije:

.- Mira Fran, te presento a Silvia mi pareja.

.- Encantado de conocerte Silvia – dijo él mientras se acercaba a darle dos besos a mi novia.

.- Igualmente Fran – correspondió al saludo Silvia.

Mientras Fran le contaba a Silvia que me conocía de una boda, la anécdota de llevarlo a casa, que estaba muy agradecido, y demás yo seguía buscando con la mirada, pero nada que aparecía y de repente como un impulso que no sé de donde surgió, me vi cortando de manera abrupta la conversación:

.- ¿Y tu mujer Fran? ¿No ha venido?

.- Si, si, estaba hablando por teléfono dentro. Ahora vendrá.

Justo terminar de decir eso y apareció por detrás. Estaba radiante, no sé si era el corte de pelo moderno que llevaba con el flequillo largo caído hacia un lado y el resto corto, si era porque aparentemente había perdido un poco de peso, o porque el vestido así como las sandalias eran muy parecidos a los de Silvia y la sentaban igual de bien. Pero me quede embobado estaba aún más preciosa que el día de la boda, no sé si el tiempo me trato igual a mí que a ella pero, me alegro de que si tuvo que elegir en quien centrarse fuera en ella.

.- ¡Holaaa! ¡Madre mía que de gente! Dijo con una sonrisa.

.- ¡Mira María! ¿Te acuerdas de Adrián? Dijo Fran al tiempo que hacia el mismo gesto que minutos antes había hecho yo con Silvia.

.- ¡Sí! ¿Nos llevó a casa en la boda no? - Dijo ella mirando a Fran, mostrándose olvidadiza y distante.

Mi cara de embobado paso a ser un poema seguro. ¿Nos llevó a casa? ¿Y encima ese gesto? Ese era el recuerdo que tenía ella de esa noche.

.- Esta es Silvia su pareja – Fran seguía procediendo a las presentaciones mientras yo estaba ahí de pie como un palo de tieso, y ella se mostraba más amable con Silvia.

Cuando ambas chicas se dieron los dos besos de rigor. María mirándome y acercándose a mí me dijo con esa mirada suya que no me había quitado de la cabeza en un año:

.- ¿Y tú qué? ¿No piensas saludar?

.- Si claro dije yo – Y como un autómata aun pensando en lo fría que se había mostrado me acerque a darle dos besos. ¿Porque encima tenía que oler tan bien?

Las chicas empezaron hablar de cosas banales mientras Fran metía baza de vez en cuando y yo seguía allí en cuerpo ya que en alma no. ¡Sí! Se lo que estáis pensando, chico fue un polvo rápido de una noche en el que el bodorrio, el alcohol, y otros factores tendieron la alfombra para que pasara. Pero, no sé, yo tenía un recuerdo especial de esa noche al menos por la complicidad surgida entre los dos.

Y cuando más ensimismado estaba mirándola, en un gesto que ni Fran por la posición en la que se encontraba, ni Silvia que había girado su cara mirándome. Con esa mirada de picardía suya, me guiño el ojo como aquella noche hace un año en el rellano de su casa.

Decir que me puse nervioso y me temblaron un poco las piernas es decir poco. ¡Estaba fingiendo indiferencia desde que llego!

.- ¿Adrián? ¿Adri cariño? Mire a Silvia que me estaba hablando.

.- ¿Eh? … si, si dime- dije yo mientras observaba como Fran y María me miraban divertidos y Silvia preocupada.

.- ¿Estas bien? - Me pregunto Silvia al tiempo que Fran y María reían.

.- ¡Sí! ¡Sí! Es que estaba pensando en si había cerrado el coche. -Dije yo.

Era una excusa muy mala pero conseguí salir del atolladero. Estuvimos charlando un rato pero al final Silvia se llevó a María a presentarla a las demás chicas y yo hice lo mismo con Fran. Todo transcurrió sin pena ni gloria no volvimos a coincidir ni en la comida ya que Silvia se llevaba muy bien con otras chicas y claro yo acabe formando grupo con ellas y sus respectivos. Lo que sí que paso es que tanto su mirada risueña que me volvía loco y la mía se cruzaban de vez en cuando. Todo el tiempo quería ir, e intentar quedarme a solas con ella pero, no había forma. Si no era Silvia la que me requería, era Fran el que la abordaba a ella.

Pero, la paciencia tiene su recompensa. En un momento dado ella se dirigió hacia el interior del chalet y mientras lo hacía me miro. En ese momento comprendí que era mi oportunidad, me gire para decirle a Silvia que iba al baño pero, comprobé que estaba muy entretenida hablando y riendo con un grupo de gente y preferí no decir nada. Me encamine lentamente hacia el chalet con la sensación de que en cualquier momento Silvia se daría cuenta y me llamaría. Pero, no fue así. Entre, y fui esquivando gente. - ¿Pero cuanta gente había aquí? Haciéndome paso hacia las escaleras por donde intuí que había subido María. Porque siendo realistas podía haber ido a cualquier sitio, a la cocina, a la calle, al baño de abajo, a cualquier sitio. Conocía la casa de otros años y sabía perfectamente su distribución. Al llegar al piso de arriba la música así como el alboroto de conversaciones mezcladas con risas parecían lejanas. Según me iba acercando hacia las puertas del baño comprobé que estaba abierta por lo que deduje que no estaría ahí. La casa era grande tendría como 6 habitaciones más el baño común y encima había que añadir que tres de las habitaciones tenían baño propio, en esos pensamientos estaba cuando un leve sonido hizo que me fijara justo en la habitación principal al fondo del pasillo. Decidido me encamine hacia allí pero con paso pausado por si alguien me increpaba, poder reaccionar. Llegue al dormitorio que ya conocía y encontré lo que estaba buscando la puerta estaba cerrada. Dude de si esperar o abrir. ¿Y si no era María? ¿Qué iba a responder si era otra persona? Lo que tenía claro es que las mismas explicaciones tenía que dar si entraba, como si esperaba a que saliera la persona que estaba en el baño. No sé de donde saque los redaños pero, decidido pose mi mano sobre el pomo y abrí la puerta sin prisa pero sin pausa.

Y ahí estaba mi premio, sentada en la taza, con el vestido remangado hasta la cintura, lo que me parecieron unas bragas negras de encaje en sus tobillos, y mirándome con cara de circunstancias se encontraba María meando.

Me puse delante de ella mirándonos a los ojos y poco a poco fui descendiendo hasta quedar de rodillas. Lleve lentamente mis manos hasta su tobillo derecho, con mi mano izquierda lo abarque y mi mano derecha cogió la braguita. Con un movimiento alce su pierna mientras sacaba la braguita. Una vez libere su pierna de la prenda íntima, deposite mis manos en los tobillos y las fui subiendo por sus gemelos notando la suavidad y firmeza de su piel. Llegue a las rodillas, y poniendo una mano en cada una de ellas poco a poco las fui abriendo. En todo este hecho desde que comencé, había quitado mis ojos de los suyos solo y exclusivamente para mirar de soslayo donde estaba cada parte de su cuerpo.

Cuando conseguí tener sus piernas abiertas, mis manos recorrían sus muslos avanzando y retrocediendo desde las rodillas hasta el comienzo de sus nalgas. Mis manos por fin llegaron hasta su culo, y lo que hice fue alzarme para besarla. Mientras mi lengua recorría su boca y jugaba con la suya a encontrarse y perseguirse, yo la iba empujando hacia mí.

Ella casi casi ya sentada al borde de la taza seguía besándome con pasión. La separe dándole un pico y baje mi boca a la altura de su precioso y depilado coñito. Comencé a besar sus rodillas y la cara interior de sus muslos. Cuando hundí mi cabeza entre sus piernas, ella intento coartar mi maniobra debía de pensar en que acababa de mear y le daría cosa, a mí sin embargo no me importo. Lentamente alternaba los besos por la cara interior de un muslo a otro, besaba su pubis mientras con mi barbilla hacia círculos. Poco a poco me iba aproximando a mi objetivo, mientras ella facilitaba la maniobra y se dejaba llevar.

Un sabor agridulce con un toque de acidez, invadió mi boca cuando mi lengua recogió el néctar que manaba de su coño mezclado con los restos de la orina. Al principio, me centre en sus labios mayores, los lamia, los succionaba y los daba pequeños besos. Luego pase a su clítoris ya abultado. Cuando como un coñito me encanta morder con los dientes levemente el clítoris por la descarga que genera en sus portadoras, pero lo hago siempre que no se lo esperen, así la sensación es mayor. Y eso es precisamente lo que hacía con María. Poco a poco fui introduciendo mi lengua en el interior de su coñito mientras que con mi mano derecha bien lubricada masajeaba su clítoris. Poco a poco sin pausa pero sin prisa María dejo de jadear para gemir y terminar explotando en un sonoro y muy excitante orgasmo.

Me incorpore con una erección considerable y me dirigí al lavabo y gracias a la pasta de dientes que encontré pude enjuagar y retirar el sabor a coño de mi boca. No lo hice porque me disgustara el sabor, ni tan siquiera porque no quería besar a María con sus propios jugos en mi boca, si no, porque tenía claro que no había ido solo a la fiesta.

Mientras procedía a mi aseo, María se había incorporado y me estaba abrazando por detrás yo veía su cara a través del espejo al igual que ella la mía. Con una sonrisa y su juguetona mirada me dijo:

.- Pensé que no vendrías – susurro mientras me besaba el hombro derecho y pegaba sus pechos a mi espalda.

.- ¿Sabes que aunque no me creas no he dejado de pensar en aquella noche? - su mano derecha acariciaba mi abdomen y poco a poco descendía.

.- Cuando te he visto con esa chica, me he puesto un poco celosa y por eso he reaccionado así... y al ver lo raro que te comportabas... he supuesto que tú tampoco me has olvidado – su mano se posó sobre mi dura poya.

Me gire y cogiéndola bruscamente de la cintura la apoye contra el lavabo pegando mi poya dura a su vientre.

.- No... No sé qué tienes que no te he olvidado... Y hoy al ver lo preciosa que estabas el subconsciente me lo ha recordado – cuando termine de decir esa frase la bese con pasión.

.- ¿Adrián? - Una voz conocida resonó lejana en mi cabeza.

.- ¿Adriii? - Otra vez esa voz pronunciando mi nombre, con lo que me está gustando este beso.

.- ¿Holaaa? ¿Hay alguien ahí? - ¡Silvia! Esa voz era la de Silvia.

Me separe de María que me miro con cara de circunstancia y me encamine al encuentro de esa voz mientras le hice una seña con mi dedo índice sobre mis labios a modo de silencio.

Me asome al pasillo con disimulo y vi entrar a Silvia en una de las habitaciones principales cada vez estaba más cerca de donde yo me encontraba así que decidí salir a su encuentro.

Cuando llegue a la altura de la puerta vi a Silvia que estaba de espaldas inspeccionando el baño, entre y cerré la puerta tras de mí para facilitar la salida de María.

Silvia se asustó y se giró de golpe.

.- ¡Diosss! ¡Que susto! ¿Se puede saber dónde demonios andabas? - dijo mirándome con cara de enfado.

.- Perdona por el susto cariño, no creí que la puerta se cerrara así – dije yo mientras mi mente se movía a la velocidad de la luz buscando una excusa convincente.

.- Pero, ¿Tú has visto cómo estás? - al decir eso mire mi facha y me encontré con la camisa medio fuera y medio dentro del pantalón y mi poya dura.

.- Es que no me ha sentado bien la comida y he estado vomitando – conteste sin mucha esperanza de que me creyera.

.- ¡Ya! ¿Y eso me lo puedes explicar? - señalando mi erección con su mirada.

.- ¡Por supuesto! ¿Tú te has mirado al espejo esta mañana? ¡Ese vestido ceñido te queda espectacular! Se positivamente que no soy el único que lo piensa. No hay más que ver cómo te comía con los ojos mi compañero Fran. Y que quieres que te diga, al verte entrar en la habitación de espaldas con ese cuerpecito que me vuelve loco, ese culito, esas piernas que ufff....mi mente y mi morbo de imaginarnos follar aquí en mitad de la fiesta de mi jefe me han jugado una mala pasada.

Mi alegato estaba hecho, las cartas sobre la mesa y la apuesta realizada. Ahora solo faltaba esperar si había ganado, o todo lo contrario, había fracasado en el intento.

La cara de enfado de Silvia se fue transformando en cara de incredulidad pero yo sabía bien que un ápice de duda se le habría quedado.

.- Menos mal, que estas malo y vomitando cualquiera lo diría mirándote...

.- No te mentiré, aun me duele la tripa pero es verte y revitalizarme.

Poco a poco comencé acercarme, mientras ella con los ojos de sorpresa y ambas manos estiradas en posición de paro no paraba de irse hacia atrás y de decirme:

.- Adri no seas loco ¡Para!

Yo seguía avanzando hacia ella haciendo caso omiso a sus palabras.

.- Adri ¡NO! ¡Para! ¡Ni se te ocurra!

Justo cuando su espalda choco contra el cristal de una terraza que daba al patio donde se estaba celebrando la fiesta, llegue a la altura de ella. Sus manos se pegaron inmediatamente a mi pecho empujándome a retroceder. Las mías sin embargo se fueron directamente a su cintura. Mi boca buscaba la suya mientras mi poya dura se restregaba contra su vientre.

.- Adriii ¡Que nos pueden ver! - suplicaba en voz baja.

.- Eres preciosa y mira como me tienes...

Sabía que acabaría ganando la batalla ya que notaba como hacia menos fuerza con las manos y se acabó de rendir cuando mis labios chocaron con los suyos.

.- Mmm...Es verdad...sabes a menta.... - Decía entre beso y beso.

.- Te lo he dicho..... - Y otra vez mi lengua buscaba su interior.

.- Enserio...crees...que Fran me ha comido...con la mirada...

Cuando soltó esa frase yo me había lanzado a comerle y besarle su cuello, los lóbulos de las orejas, sus hombros, y en décimas de segundo pensé que efectivamente a la mujer así como al hombre nos encanta gustar, pero esa pregunta en un momento así solo podía corresponder a que se había puesto cachonda con mis comentarios más que con mis caricias. Y como uno es un cabrón ya que la erección que llevaba no era por ella ni de lejos, pero a la vez señor le susurre lo que en esos momentos creí que quería escuchar:

.- Siii...le he pillado mirándote el culo...y las piernas – Mientras lo decía, mis ávidas manos acariciaban y manoseaban las zonas mencionadas.

El vestido quedo remangado por la parte de abajo en su cintura y por la de arriba ella había conseguido bajarlo por debajo de sus pechos.

.- Y... no es el único... al que le encantaría estar aquí por mí...De...sobra sabes...quien es la mujer...más hermosa de la fiesta...

Yo sabía que Silvia era una mujer vanidosa y aunque a veces habíamos fantaseado con algún famoso nunca pensé que se pusiera tan caliente.

Me aparto un poco y poniéndose de rodillas me fue sacando la poya del pantalón. Una vez la tenía fuera me sonrió y vi sus ojos brillantes de deseo a través de los cristales de sus gafas.

Comenzó a engullir mi poya, a lamerla, a succionarla, a mamar mis huevos y a jugar con su lengua en mi frenillo. Se la tragaba hasta la garganta. Nunca se le había dado mal mamarme la poya pero ese día se estaba superando. Prácticamente se follaba la garganta con mi poya mientras su mano derecha se había colado entre sus piernas. No sé si fue la conversación sobre como la miraban los demás o el miedo a que nos descubrieran que nunca había visto a Silvia así.

No sé el tiempo que estuvimos así, solo recuerdo que cuando ya no pude más, la levante, la hice apoyar en la cama y levantándole la falda del vestido la coloque tal que así:

Expuesta, con las manos apoyadas en el colchón, las piernas abiertas y flexionadas, el culito en pompa, con la falda remangada y el tanguita blanco empapado.

Ya la tenía dura pero verla en esa posición hizo que mi poya diera un respingo, sin más dilación aparte el tanguita y se la metí de un golpe. Comencé a follarla duro, antes mencione que no sé porque Silvia estaba fuera de sí, lo que si tengo claro es que yo estaba pagando con Silvia el polvo frustrado con María.

Cada embestida iba precedida de un gemido suyo, la sujete del pelo con mi mano izquierda y con mi mano derecha azote su nalga derecha mientras seguía dándole duro. Por un momento pensé que me había pasado. Pero la reacción de Silvia fue correrse con un sonoro orgasmo que le temblaron las piernas y los brazos. Cayó sobre los codos en el colchón y tuve que sujetarla para que no se venciera hacia delante. La acomode como pude y comencé a follarla otra vez. Esta vez sus gemidos eran más fuertes. Soy consciente que después de su primer orgasmo debería haber sido más delicado pero estaba poseído por el placer y la lujuria.

Se encontraba tumbada bocabajo en la cama con el culo ligeramente alzado y la falda remangada hasta la espalda, yo su vez no paraba de embestir de rodillas y entre sus piernas.

Baje el ritmo y la hice levantar sin sacarla mientras mis manos manoseaban sus pechos su boca buscaba la mía. Cuando recupere un poco el fuelle y mientras con una mano la sujetaba contra mí y la otra la sujetaba del cuello comencé lo que sería por mi parte el asalto final.

Seguimos un tiempo así y apostaría que el orgasmo fue casi al unisonó, quizás yo antes y ella después, pero en el momento del clímax la puerta de la habitación se abrió y asomo la cabeza de Fran.

Se quedo embobado mirando y nosotros a él. Dijo perdón con la cara llena de pudor y volvió a cerrar. Silvia y yo nos miramos y comenzamos a reír mientras abrazados nos dábamos besitos.

Un cuarto de hora después, ya acicalados y recompuestos bajamos agarrados de la mano a la fiesta y pude comprobar que Fran y María se habían ido.

Continuara….

Se agradecerán los análisis y las críticas constructivas y piedad que es mi primera publicación.

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