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Fecha: 10-May-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Big Hugo (3)

Zorro Blanco
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Cambié mi cama por la suya y me senté a su lado, palpando suavemente para ver donde andaba ella... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

3

Cuando entré, vestida únicamente con la toalla, con mi cuerpo fresco y mi piel oliendo aún a gel, descubrí el ambiente ciertamente cargado y meloso de la excitación de Celeste dándose placer en su cama.

— ¡Vaya hija, ya veo que te estás aliviando, verdad!

— ¡Oh si mamá! Por favor no enciendas la luz —me pidió.

Así que obedecí, dejé la toalla en una silla para que se secara y me senté en mi cama.

— Mira mamá, tengo aquí un juguete que compré hace un par de semanas desde china.

En la penumbra de la habitación me lo dio con cierto misterio. Al tacto noté inmediatamente que se trataba de un pene gelatinoso, muy agradable al tacto.

— ¡Oh hija, qué buen gusto tienes! No sabía que lo tenías —le dije admirando su tacto y tamaño.

— Ten confieso que no te lo había dicho antes porque no sabía si tú lo aprobarías, dado que soy virgen pero solo hace un par de semanas que lo tengo y sólo me he atrevido a frotarme con su punta.

— No importa Celeste, ya me estás confesando que lo tienes, para mi es suficiente —le dije para darle mi confianza.

— Verás, por más que lo he intentado no me atrevo a penetrarme con él, me da miedo y me hace un poco de daño cuando me meto la punta —me confesó.

— Bueno, eso es normal a tu edad hija. Pero no debes tener miedo, puedes usarlo solamente con la punta y cuando te vayas sintiendo más excitada probar a introducirlo un poco más.

— ¿Me ayudarías tú con eso? —me preguntó para mi sorpresa.

— Bueno Celeste, no sé si es lo mejor —dije yo algo preocupada por la idoneidad de su sugerencia—. Creo que podrías esperar a tener novio, aunque por otro lado pensándolo bien, ¿por qué habías de esperar tal cosa? Si la primera vez con ellos nunca nos gusta a nosotras.

— ¡Venga sí, por favor, quiero perder la virginidad ya! No me importa que sea con un consolador, ¿me ayudarás?

— ¡Vaya hija, siempre me pones entre la espada y la pared! —dije yo sopesando su propuesta rápidamente en mi mente.

Cambie mi cama por la suya y me senté a su lado, palpando suavemente para ver donde andaba ella.

— ¡Oh mamá, qué excitada estoy tras lo de hoy con Hugo! ¿Tú no?

— ¡Ya lo creo que sí hija! —le confesé yo.

— ¿No te gustaría usarlo tú antes que yo? Seguro que a ti te va a entrar fenomenal.

— Bueno no se Celeste, es tu juguete —dije yo pensando en su placer antes que en el mío.

— Está bien mamá, ¡intentémoslo!

Asentí y palpé para buscar su sexo, efectivamente estaba muy lubricada, algo que pude sentir con las yemas de mis dedos con tan solo rozar levemente sus labios mayores.

— ¡Oh Celeste, qué excitada estás! ¡Eso es bueno! —dije yo mientras hundía un poco más mis yemas en su surco y abriéndolo.

— ¡Oh mamá, sí, estoy muy cachonda, vamos a probar ya mi juguete! —me rogó emocionada.

Tomé el pene de silicona y jugueteé antes en su entrada, frotándola con él arriba y abajo, jugando también en la entrada de su ano.

— ¡Oh mamá, por ahí no que me haces cosquilla! —confesó risueña.

Entonces me centré en su surco, llegando a abrírselo con la punta gelatinosa. Poco a poco intenté ir más allá pero llegó un momento en que se quejó y por más que intenté pacientemente seguir ya no me fue posible.

— Está bien mamá, ¿pruébalo tú? Tal vez si veo que a ti no te hace daño lo pueda yo intentar mejor.

No me quedó otra que aceptar su propuesta así que me acomodé en su cama, y ella se sentó a mi lado mientras me lo introducía entre mis muslos.

Sus manos palparon y buscaron mi sexo, donde ya alojaba su consolador realístico, con testículos incluidos, la verdad es que lo tenía ya muy adentro cuando sus dedos rozaron el final de este.

— ¡Oh mamá, lo tienes todo dentro! —exclamó asombrada.

— ¡Caro Celeste, es fácil, sólo tienes que relajarte! —dije yo divertida.

Entonces ella, maravillada por mi facilidad para meterlo, comenzó a juguetear con él, cogiéndolo y moviéndolo para atrás y adelante, penetrándome y sacándomela con sus acciones. Lo cierto es que era muy placentero sentir que era otra la mano que lo movía en mi interior.

— ¡Oh Celeste, qué gustito! —dije yo sonriente acariciando su pelo.

Nos acurrucamos una contra la otra en su cama mientras yo, con los muslos muy abiertos, me dejaba penetrar con su juguete gracias a la acción de sus manos traviesas. Creo que encontró cierto placer malévolo en hacerme sufrir con su juguete, moviéndolo rápidamente para excitarme y luego dejándolo parado para que rebajase mi excitación y así volver a aproximarme al orgasmo.

Al final decidí darle placer también a ella, para lo que empleé mis dedos en su sexo y mientras ella me lo hacía yo le frotaba sus labios y su clítoris.

— ¡Oh mamá! ¡Qué bien estamos así juntitas! ¿No te parece?

— ¡Si Celeste, te veo muy divertida dándome placer! —dije yo viendo cómo se divertía martirizándome—. ¿Quieres que probar ahora tú?

— ¡No mamá, hoy quiero que seas tú la que se corra con él! ¡Sigamos!

En la recta final me dediqué a chupar sus pezones a la vez que acariciaba su sexo y me atreví a meterle un dedo por entero, sintiendo la suavidad de su vagina por dentro y provocando su éxtasis antes de que me llegase el mío.

Tras esto tomé yo su juguete y ante ella me masturbé enérgicamente con él, introduciéndolo y sacándolo con rapidez mientras me frotaba mi sexo. Entonces sentí sus mordiscos en mis pezones por sorpresa, al igual que yo había hecho con ella y gracias a eso me precipité en mi clímax final.

Buscando mi cama me quedé profundamente dormida hasta la mañana siguiente.

Como cada mañana los dejé plácidamente dormidos y me fui a mi trabajo.

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