En Link World Network S.L. utilizamos cookies de Google Analytics para realizar un análisis del tráfico web que recibimos y para analizar el comportamiento de los visitantes de nuestra web. Si sigues navegando por nuestra web entenderemos que aceptas el uso de estas cookies. Más información sobre las cookies que utilizamos: Política de Cookies.
Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 8.164 Usuarios Conectados [ Contactos ] [ Cams Porno ] [ Twitter ]  1.459.799 Miembros | 20.230 Autores | 104.621 Relatos 
Fecha: 16-Abr-18 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Garrote

alfred
Accesos: 5.767
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 45 min. ]
 -   + 
En un de las ciudades más prosperas a nivel económico y comercial del mundo, la vida no es siempre como la pintan y lo que mueve a esa ciudad es algo que no se puede ver con solo un par de ojos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Blackport city, el pulmón comercial del país.

Una de las ciudades más prosperas a nivel económico y comercial del mundo. Pero donde prospera la economía también prosperan más cosas, alimentadas por el poder y el dinero, entre las sombras creen otras cosas mucha menos conocidas, haciendo que en ocasiones cueste distinguir cual es la sombra y cuál es la actividad que prospera con ella.

SARAH HARD

Con las primeras luces del día y las ultimas estrellas del cielo apunto de esconderse por unas horas, la ciudad empieza a despertar, y con ella o más e bien como uno pieza más ella, de un engranaje que comienza a moverse, esta Sarah. No, ella no es uno más de eso engranajes que se mueven rítmica y simultáneamente, carentes de vida, siendo parte reemplazable del mecanismo de esta ciudad.

No, ella no es de esa clase de personas que viven en una rutina, aunque en ocasiones ella solo quisiera ser una más.

Apenas ya es una extranjera en este lugar, pero aún se niega a ser parte de este mundo al que ahora pertenece, no quiere caer en las engañosas redes que la rodean, no quiere ser una más. Ya no era una novata cuando llego a la ciudad, no era una más, como ella misma se repite a cada minuto, a cada encrucijada del camino y tampoco dejaba nada tras de sí al incorporarse a distrito decimo de la policía de Blackport. Inspectora Sarah Hard, eso sonaba muy bien en su cabeza. Un lugar nuevo, no el mejor lugar, pero si un lugar donde hacer honor a los galones que lucían sobre el hombro de su uniforme desde el día que le concedieron el rango. ¿Cómo pudo ser tan amargo un día tan feliz?

En cada noche le acompañan ciertos recuerdos, que la persiguen sin remedio hasta que alcanza el alba, y por fin se ocultan de nuevo en las sobras, esperando volver a asaltarla.

Sarah sale del pequeño paraíso que suponen los ropajes de su cama, sale al mundo frio que es el resto de su pequeño apartamento, se desviste para entrar en la ducha, sin mostrar demasiado interés en lo que está haciendo tropieza al quitarse la parte baja del pijama y cae. Perdería toda su dignidad si alguien la viera así, tirada en el suelo del baño, con las bragas a media pierna y una visible mueca de dolor.

Incorporándose de nuevo y despojando se la última prenda, entra en la ducha, bajo un chorro de agua tibia que corre entro los rubios mechones su cabellera y baja acariciando su piel rosada. Cierra el grifo y recoge el gel del suelo y suela una abúndate cantidad sobre la mano libre, para luego ya con ambas manos a su disposición repartir el producto entre ambas.

Con firmeza comienza a generar espuma con sus frotamientos sobre el vientre bajando lentamente hacia sus piernas, recubriendo cada centímetro de su piel con una capa blanca. Al estirarse de nuevo, Sarah luce toda su altura, destacada entre el resto de las mujeres, sin llegar ser excesiva la dota de una figura muy estilizada, su altura ha jugado muy a su favor en la carrera que lleva dentro del cuerpo policial. Pero no todo ha sido genético y eso lo recuerda cuando sus manos vuelven a plano vientre donde casi se notan simple vista unos abdominales fruto del trabajo en el gimnasio, subiendo un poquito más, acaricia sus pechos, abundante y muy firmas, coronados por un rosado pezón. Estos representan la parte negativa de una genética, lo que para muchas mujeres sería un don, para Sarah son un hándicap, sobre todo para con la mayoritaria presencia masculina en todas las comisarias donde ha estado destinada, pues cada hombre con el que se cruza muestras más interés en físico que en su actitud.

Aclarándose el jabón acumulado, finaliza la ducha matutina y aunque sale del baño envuelta en una gruesa toalla no puede evitar que el frio erice sus pezones, haciendo que el roce con la tolla le provoque un cosquilleo muy agradable. Despojándose de la húmeda toalla tras esta haber cumplido su función recoge del cajón unas bragas tipo culot, de cadera ancha y se las pone. A juego con la prenda baja coge un sujetador deportivo con el cubre sus pechos y a pesar de ser una prenda gruesa aun permite intuir perfectamente sus pezones endurecidos. No es la clase de lencería con la que hombre sueña ver a una mujer, pero sobre el cuerpo de Sarah resulta tremendamente sensual. El resto de la vestimenta está compuesta son un calzado cómodo, unos tejanos y una ceñida camisa, anudado a la cintura del pantalón lleva la funda de su arma reglamentaria y la placa fijada sobre el mismo cinturón.

Finalmente se pone una chupa de cuero y salea a la fría mañana camino a la comisaria, convirtiéndose por un momento en aquello que odia, una pieza más del engranaje que camina por las aceras, rumbo a su ineludible destino.

AMANDA JAMES

Para todas amanece a la misma hora, pero no para todos de las mismas maneras. Entre las suaves sábanas de seda y una enorme cama, tan enrome como tan vacía para su dueña. Bueno, cuando te despiertas en una de las plantas más altas de uno de los mal altos edificios de la ciudad, quizás el sol sí que te alcance antes ¿Qué no consiguen el poder y el dinero en esta ciudad?

Como cada mañana la sensación de la seda deslizándose sobre su tersa piel, provoca en ella una serie de pensamientos más que sugerentes. Si sus puritanos votantes supieran que tipo de cosas se pasan por su cabeza solo con sentir rozar unas frías sabanas.

La imagen los es todo y más para un político. Ignorando sus más puros y básicos pensamientos, de entre las sabanas emerge una sutil figura, casi etérea, definida únicamente por el tono pálido de su piel completamente al descubierto y solo bañada por la luz que entra por la cristalera del cuarto. Siguiendo sus firmes pasos, pasos que hacen contonear su figura de manera hipnótica. Solo una mujer conocedora de su imponente físico sabe moverse así. El espejo del cuarto de baño le devuelve el sugerente guiño con el que se gusta al darse los bueno días, un gesto que roza con el comportamiento propio de alguien tocada por Narciso. Aun disfrutando de verse a sí misma al otro lado, suelta su atezado cabello, dejándolo caer sobre los hombros y moviendo con suavidad su cabeza a los lados lo coloca a su antojo.

Pierde el contacto visual con su reflejo para fijarse con sumo interés en el busto que tan orgullosa le hace sentir y una de sus manos se dirige inevitablemente a su turgente seno derecho, ella no puede ni quiere evitarlo. El frio contacto de sus dedos sobre la areola provoca el endurecimiento deseado en su pezón y acto seguido realiza la misma tare con el otro. Se luce ahora de perfil, disfrutando si cabe aún más de su cuerpo y notando como la humedad invade su más oculto deseo ¿a quién podría confesarle cuál es su bien más preciado? Olvidándose ya de sus senos los dedos de las manos inician un camino que les es un muy conocido, y a pesar de las muchas veces que lo han recorrido, aun les resulta demasiado largo.

Perdiéndose entre el fino bello oscuro cuidadosamente recortado que corona su monte de venus, ansia llegar a los más profundo de su ser, a esa cierta distancia ya siente el color que surge de entre sus torneadas piernas haciendo que un escalofrío obligue a arquear ligeramente se espalda y erice cada poro de su piel.

Las yemas de sus dedos hacen contacto con el centro de su deseo y gozan con la humedad que lo recubre. De entre los carnosos labios escapa un suspiro que haría las delicias de quien pudiera oírlo, lástima que se pierdan en vacío de la estancia.

Deseosa de más, su dedo corazón recorre entre sus otros labios, el húmedo sendero que los separa y ella tiembla cuando presiona en las puertas de su intimidad e invitada por esa incipiente húmeda comienza a entrar.

Sobresaltada por los inconfundible 3 repiqueos sobre la puerta de su habitación, abandona sus instintos por un segundo. Solo hay algo que compense dejar a medias tan sabrosa tarea y eso es el deber, pero ni por momento penséis que de ella saldría ser una mujer respetable, trabajadora y comprometida con su cargo de no ser porque el poder es la única otra cosa que la hace sentir así de bien, eso se repite a si misma mientras sale del baño a recibir a su ayudante, sintiéndose una mentirosa.

SARAH HARD

El matutino paseo por las frías calles de la ciudad le resulta del todo aburrido, recorriendo algunas de las zonas más conflictivas de los suburbios periféricos que pertenecen al distrito decimo, barrios obreros mezclados con chusma de la peor calaña cuyo mayor objetivo es delinquir a lo grande, soñando con atracar algún banco y darse a la buena vida, pero para los que el destino no guarda más que una bala en la cabeza y lágrimas ausentes en sus funerales.

No es la forma más bonita de ver el mundo, ella lo sabe, pero también sabe que no verlo así sería una debilidad.

El viejo edificio que alberga la comisaria está cada vez más derruido, el ayuntamiento apenas destina dinero a los cuerpos de seguridad y menos para barrios pobres donde solo vive la gente de verdad, de esa que solo cuenta en época de elecciones.

                Buenos días inspectora – saluda cordial la agente que vigila entrada.

Sarah responde con un gesto a la mujer, ojalá recordar su nombre para poder devolver el saludo de forma más cordial. La mala memoria es solo uno más de las circunstancias que la hacen parecer más borde de lo puede ser, sobre todo antes sus compañeros. Con paso firma se dirige el cubículo que es su despacho, separado de la gran sala que conforma la planta baja de la comisaria por unas mamparas de vidrio y revisa los informes de las detenciones de noche, como parte de la rutina de cada mañana.

                Buenos días compañera – sin pedir permiso un hombre de mediana edad accede al cubículo - ¿no tiene a ningún patrullero que haga eso por ti?

Alan Caster, inspector veterano de la comisaria y su auto proclamado compañero carece de todo interés por el trabajo que realiza. Si alguna vez fue un buen policía, esa vida pertenece al pasado de alguien sobre el que penden las sospechas de corrupción.

                Si no lo reviso, ¿Cómo voy saber cómo hacer mi trabajo? – pregunta Sarah en tono impertinente – no todos disfrutamos de un crédito ilimitado ante el capitán.

                Vamos Sarah – responde – no seas así, después no te sorprendas si la gente considera que eres desagradable.

Si bien conoce de sobra lo que su compañero piensa de ella, no puede evitar sentir un nudo en el estómago.

                Además, ¿Qué haces que no estas pérdidas en ese laberinto de papales que tu pared? – pregunta sarcástico - ¿no has salido ahí alguna pista interesante hoy?        

Revisa de reojo la pared a su derecha, cargada de hilos, papeles, informes y recortes de prensa, que de por sí solo son un collage difícil de mirar, pero para ella son la base de su investigación.

                Sabes que si el capitán me permitiera… – la Voz de Sarah suena hastiada – solo si me permitiera hacer una redada en el Martin’s.

La frustración que Sarah siente con ese tema es increíble, el capitán sostiene que no hay causa probable para que sea autorizada y aun después de ver más de una vez las pruebas que ella ha recopilado.

                Sáltatelo – dice Alan despreocupado – si de verdad tienes razón, ¿Qué va a hacer? – pregunta – crees que si realizas detenciones importantes no se colgara la medalla con la prensa.

La idea no suena nada mal en su cabeza, aun viniendo de alguien como Alan, ella está segura de que el dueño de ese local mueve los hilos del contrabando en la ciudad y que en ese local se mueve la mercancía que importe de forma ilegal, ¿Cómo no va a haber pruebas allí?

                ¿me apoyarías si lo hago? – pregunta ya casi decidida.

                Como no iba a hacerlo compañera – responde jovial Alan – además ¿cómo ibas a conseguir refuerzos para la operación si tus compañeros de desprecian?

Una vez más la obviedad que Alan esgrime anuda aún más fuerte sus entrañas. Ella no es muy participe de saltarse el reglamento y menos sin una orden de un juez para apoyarla, pero esta tan segura. Finalmente, acuerda con Alan la operación y como llevarla a cabo, sin poder evitar sentir cierto recelo de confiar en ese hombre. Pero sus ansían de destapar lo que sucede en ese local son más fuertes que sus dudas.

Tan solo son las 10 de la mañana, pero ya está apunto de realizar algo grande.

AMANDA JAMES

                Buenos días señora – saluda formal Zara, su ayudante – ya la espera el chofer.

Otro de los placeres de que le gusta disfrutar es ver como su joven y eficaz ayudante, se ruboriza hasta el extremo, al verla aparecer sin nada más que la humedad que aun persiste en su entrepierna.

                Por mi esperara – se jacta, sabiendo que si no lo hiciera lo despediría – querida, ¿serias tan amable de elegirme la ropa para hoy?

La muchacha cabizbaja, evitando el contacto visual con su jefa se desplaza por el cuarto a preparar la ropa que ella con falsa amabilidad le ha pedido. Mientras, Amanda se sienta el borde de la cama, con las piernas perfectamente abiertas, exhibiendo sin ningún tipo de pudor su intimidad esperando a que su asistenta se acerque, desea por encima de todas las cosas ver cómo reacciona ante esa imagen que sería tan codiciada por cada hombre de la ciudad, disfrutando de un juego muy recurrente entre ambas mujeres. Sabe que no es una pose digna de alguien de su estatus y aun así disfruta a cada segundo que se mantiene parada ahí, exhibiéndose como cualquier vulgar señorita de las muchas que ronda las noches.

Zara, visiblemente afectada por una situación a la que no logra acostumbrase a pesar de la frecuencia con la que se ve sometida a ese juego, coloca la ropa interior, la funda de un vestido y unos zapatos cuidadosamente elegidos y conjuntados justo a la derecha de su jefa, sobre la cama, intentando disimular o fingir que no le afecta la situación.

                ¡Psst! – con ese vulgar sonido, Amanda llama la atención de la joven y estira una de sus piernas.

Sin necesidad de palabras deja bien claro que es lo que quiere, pues Amanda disfruta de someter a todos cuantos puede, la hace sentirse poderosa, sabe además que Zara cumplirá, no es la primera vez que se lo exige.

Tan eficaz en su trabajo, tan decida ante las demás candidatas que optaron al puesto y por encima de esas 2 buenas cualidades, tan sumisa a la voluntad de su jefa. La joven muchacha de rasgos dulces y aniñados, poses una figura escuálida, que con sumo cuidado presenta y resalta con las ropas ceñidas hasta el extremo que suele usar.

Todo lo contario al exuberante aspecto de Amanda, aspecto que puede ver en todo su esplendor muy a menudo. Asumiendo la terea que le resta, coge con cuida unas finísimas medias, de esas que ajustan a medio muslo con un lindo encaje, para arrodillarse entre las piernas de su jefa fijando la mirada en el profundo verde de los ojos que la miran y disfrutan de la situación.

Ese vano intento de fingir orgullo que Zara demuestra hace que Amanda disfrute aún más, sabiéndose poderosa, y sonríe tiernamente a su ayudante, complacida por su completa subyugación.

Manteniendo un rostro serio, intentando con poco éxito no mostrar emoción de ningún tipo al realizar la tarea encomendada, Zara sujeta con delicada firmeza el pie de su jefa, colocando sobre los dedos la prenda que está dispuesta a poner, las suaves manos hacen que Amanda sienta un leve escalofrío recorrer su espalda acompañado de un aumento considerable de calor entre las piernas. Muy lentamente desenrolla las medias sobre la piel, y sorprendiéndose a si misma se toma más tiempo del necesario, acariciando con gusto las piernas que viste. Poco a poco sube por el gemelo y alcanza la rodilla y poco a poco va disfrutando más de cada sutil avance, siguiendo con la mirada el camino de la prenda que se sitúa ya ajustadamente sobre la mitad del muslo, y realizando un último tirón queda fijada.

Sus ojos no pueden evitar seguir el contorno del muslo, y lentamente descubre antes si la sexualidad de su jefa, fijando los ojos castaños en el húmedo lugar del que emana un aroma inconfundible, que parece hipnotizarla.

Amanda nunca creyó que llegaría tan lejos con este juego, pero le emoción que la invade nuble todo razonamiento y ya solo es esclava de su deseo. Estira la mano y con un grácil movimiento acariciando el cabello lacio de Zara, para acto seguido ejercer la presión justa para que ella comprenda sus deseos, obligándola con cierta delicadeza y con mucha desesperación a avanzar hasta su destino.

Zara se reserva ciertas dudas sobre lo que está a punto de suceder, nunca antes haba echo algo así y en el fondo desea hacerlo, pues por encima de todas las cosas deseaba satisfacer a su ama. Sabe perfectamente que no podría oponerse a ninguno de sus deseos debido a que lo que algún momento fue admiración, ahora raya con la obsesión.

Cede completamente al empuje de su jefa, sin ninguna reserva ya y prueba en sus labios el dulce néctar que emana, comprobando que ese sabor no se parece nada que antes hubiera probado.

El recibir ese beso en su intimidad, Amanda se deja caer sobre la cama, sujetando aun la cabeza de su asistenta, impidiendo que se pueda escapar. Control, posesión y dominación por encima de todo, ella es la que manda y no pueda permitir que la situación tenga ningún atisbo de cambio. Tras la chispa del primer momento descubre frustrada la absoluta inexperiencia de la joven, que besa tiernamente su entre pierna, con adoración más que con pasión, presiona más la cabeza de Zara contra su vulva, asusta a la chica que intenta retroceder.

                Aprenderás por las malas – la contunde frase hace que Zara se detenga en su intento de retroceder – tus besitos son patéticos – desprecia sin pudor los intentos de la joven por proporcionarle placer – usa esa lengua tuya como si lo que te comieras fueran las poyas de todos a los que tuviste que complacer para llegar hasta aquí.

Dolida con la forma en que su jefa la trata, Zara accede a sus pretensiones y comienza a lamer como si de un polo se tratara, de abajo hacia arriba, recorriendo todo el sexo.

Estos lametazos siguen siendo muy torpes, pero al menos comienzan a generar placer en su cuerpo, haciendo que su corazón lata mas fuerte, el placer que Zara le proporciona no le arrancara ni un solo gemido, pero sí que le resulta de agrado. Tirando fuertemente del pelo de la chica la obliga a lamer más rápido. Es una forma muy vulgar de satisfacerse, pero la situación que ella misma a generado y el sentimiento de dominación que tiene al someter a esa putita son suficientes para que alcance un tibio orgasmo que hace que su espalda se arquee y que el flujo de su entrepierna empape el rostro de Zara.

La joven sigue lamiendo, aunque la mano que la aprisionaba haya liberado su cabeza, encuentra en ese flujo caliente una obsesión que no conocía y despierta un calor intenso en su bajo vientre.

Satisfecha al menos de forma parcial, Amanda se incorpora y con una mano empuja fuertemente la cabeza de Zara, apartándola de su nueva obsesión y haciéndola caer, golpeándose de forma estrepitosa con el suelo, soltando un quejido de agudo dolor.

                Hay algo en lo que tiene que mejorar – Amanda se dirige a la joven sin ni siquiera mirarla – levántate y límpiate esa cara de zorrita.

Zara no puede evitar mirar con puro odio a su jefa, aun dolorida por el golpe e indignada por la forma en que la trata. Finamente se levanta y se dirige al lugar donde dejo el bolso, para sacar unas tolitas con las que limpiarse. En el espejo de la habitación ve como el maquillaje de su rostro está completamente arruinado por lo sucedido, también ve como en su frente tiene un enrojecimiento, justo en lugar donde se golpeó por causa del empujón recibido. Comienza a arreglase de nuevo, sin poder quitar ojo del reflejo de su jefa al otro lado de la habitación.

Corriendo la cremallera de la funda, contempla el vestido elegido por su asisten, siente un ligero orgullo al ver el buen gusto que la muchacha tiene, con un poco de entrenamiento podría ser un juguete de primera. Coloca la media que le falta de la misma forma que antes Zara colocara la de la otra pierna, coge el tanga casi trasparente, para hacerlo subir entre sus piernas, sin ni siquiera molestarse en limpiar los restos de saliva y jugos que quedan en su vagina. Le gusta pensar que los hombres con los que hoy se puede cruzar perciban el olor que emane.

Nunca usa sujetador, esa prenda endiablada solo escondería sus atributos femeninos y no le permitiría usarlos como a ella le gusta, se sube el vestido colocando con esmero sus pechos dentro del escote para lucirlos lo mejor posible.

                ¡Psst! – de nuevo usa ese sonido para llamar la atención de Zara, que la mira desde el espejo.

Aun molesta, mostrando además sus sentimientos con los gestos de su rostro, Zara se sitúa detrás de su jefa para subirla cremallera del vestido.

Ver el visible enfado de Zara, emociona a Amanda, que aprecia algo de carácter en su sumisa ayudante, girándose queda frente a ella y ayudándose de su mano, además haciéndolo con cierto cariño atrae el rostro de Zara y le da un sutil beso en los labios, provocando que su juguete se enrojezca.

Al separar los labios de los de su ayudante ve con satisfacción como una leve sonrisa cruza los labios de Zara, sabiendo que sus fingidas disculpas por medio de un beso han sido satisfactorias. Regla número 1, ten contenta a la gente que te rodea, pueden no importar nada, pero son más útiles si ellos no te odian a ti. O a menos si no te odian demasiado.

Como último elemento de su indumentaria, Amanda se sube en unos encadáoslos tacones de aguja, que compensas su escasa altura natura y con ese último toque luce un aspecto envidiable. Ambas mujeres bajan en el ascensor al encuentro del chofer, un hombre de a saber que país con aspecto osco y mal encardo. Zara camina 3 pasos por detrás de su jefa para evitar molestarla, esa es otras de las innumerables normas que rigen la vida de Amanda.

Al salir al frio sol de la mañana, ven como el chofer discute de forma casi violenta con algún patrullero que pretende que mueva el coche, mal aparcado sobre la acera. Los aspavientos del chofer son tan airados y bestiales como la estoica postura y aguante del policía.

                Agente, ¿ocurre algo con mi chofer? – la calmada voz de Amanda pone fin a la discusión - ¿a echo algo malo?

La pregunta en tono casi infantil de la mujer descoloca el gesto del agente, que no pude evitar perderse en el escote de la mujer por unos segundos, tragando saliva recupera la compostura.

                 No, concejala – casi suena atemorizado – no sabía que fuera su chofer, mis disculpas.

La concejala James, muy popular entre el populacho, le dedica una breve sonrisa que derrite al patrullero para de inmediato entrar al coche por la puerta que convenientemente Zara le tiene abierta y por la que la ayudante también se introduce tras ella. Finalmente, el chofer aparta al policía de manera brusca y se introduce en el asiento del piloto e inicia la marcha, alejándose, mientras el agente aun continúa embobado viendo como el coche desparece entre la marabunta de autos que atascan la avenida.

JESSICA BENNET

Literalmente sí que amanece para todos igual, pero no para toda el alba significa el comienzo del día. Para otras jóvenes que fijan su horario de forma contrario al resto de los engranajes de la ciudad, ese comienzo llega ya bien entrada la tarde.

De ente todas las almas que trabajan la noche de este lugar, Jessica es una afortunada por tener trabajo de manera asegurada.

No es en el lugar más amable del mundo, pero ella se siente segura allí, mucho más que en lugares más respetables. Frecuentado por toda clase de gente, tanto de las mal altas esferas como de la ralea más problemática, el Martin’s es un punto caliente en una ciudad donde el dinero se cambia rápidamente de manos y precisamente ahí es donde más rápido se mueve. La tenue iluminación y a suave música invitan a relajarse y realizar tratos que, en casi cada mesa, podrían decidir el destino de la ciudad.

La pelirroja camarera le debe mucho al dueño del local, un hombre de infame reputación, pero mucho más influyente que muchos de los cargos electos de la ciudad. Él le dio un trabajo, un techo y la seguridad que nadie más podía darle, pues a las personas que se relacionan con el nadie debería molestar. 2, solamente 2 hombre fueron lo bastante estúpidos para molestarla y para más inri lo hicieron en el propio Martin’s, a uno de ellos le rompieron los dedos de las manos falange a falange tras haber agarrado el respingón culo que la chica, del otro que la asalto en el callejo al tirar la basura no se supo más, aun tiembla al pensar que habría podido pasar sino grita o si no llegan a oírla los hombres que mantiene la seguridad del bar.

Mientras se acicala para salir a realizar unas tareas, procura olvidar ese recuerdo y enterrarlo profundamente, al fin y al cabo, es más fácil así. Jessi para los amigos, apenas tiene 23 años y juventud juega su favor para el trabajo que realiza, pues, aunque los pecho que ocultan tras una blanca camiseta siempre fueron un pequeño trauma para ella, resaltando la palabra “pequeño” en a la explicación. El trasero que fue la perdición para cierto hombre ahora casi manco, si es una verdadera joya y el centro de las miradas cuando pasea ente las mesas cargando la bandeja llena de copas.

Ella lo sabe y disfruta de la atención dejando en ocasiones caer cosas, para agacharse a recogerlas, forzando una postura donde resaltan sus posaderas. En ocasiones se siente mal por provocar a eso pobres diablos que la miran con un deseo primitivo y animal, sabiendo que, si cualquiera de ellos se atreviera a hacer algo más que mirar, serian castigados sin remedio.

Se siente mal porque no siente ninguna pena por ellos y en el fondo desea ver como los castigan.

AMANDA JAMES

Cuando el diablo se aburre mata mosca con el rabo.

Ella no tiene rabo, pero se aburre y necesita algo que hacer, pues el dedo que se pierde entre sus íntimos pliegues, casi esta arrugado de la humedad que ya lleva un buen rato soportando y más que relajarla, la provoca todavía más.

El despacho de la concejala esta tan vacío como su cama, pero no puede disfrutar de la misma intimidad, aunque pocos son los que osarían molestarla.

El sonido de teléfono llama su atención.

                Concejala le paso una llamada – la voz de Zara suena al otro lado – es importante.

Amanda mantiene un frio silencio a la espera de que don importante le explique el motivo de tanta premuera.

                Esta noche habrá una redada – la voz suena distorsionada – puede que sea de su interés, si cierta persona estuviera en el lugar equivocado y el peor momento, sería, digamos perjudicial para él.

Sin esperar respuesta alguna, la llamada se corta.

Amanda se levanta de su cómoda silla, colocándose las bragas en su correcto lugar y bajándose el remangado vestido hasta el lugar en el que debe ir. Se desplaza hasta la ventana del despacho, donde su reflejado en el cristal se puede ver con claridad una sonrisa satisfactoria y una mirada de pura ambición.

Puede que esta noche los muchos planes qua ha trazado la lleven por fin al éxito soñado.

JESSICA BENNET

                 Hola Jessi – saluda Benni, uno de los poteros del Martin´s – veo que has tenido una tarde de compras fructífera.

Benni a larga la mano y coge las bolsas de la chica para caminar junto a ella hasta la puerta del almacén donde ella entra a cambiarse de ropa para trabajar, él se queda mirándola mientras Jessica, sonriente cierra la puesta tras de sí. Le encanta saber que ese hombre mataría si se lo pidiera, pero jamás complacerá los pasionales deseo que tiene para con ella.

Sabiendo que ninguna de las personas que están en el local se atrevería a molestarla mientras se cambia, Jess se desnuda sin ningún pudor quedándole solo sobre la piel un conjunto de lencería bastante atrevido de un color rojo intenso. Luego saca de una de las bolsas unos pantanos de piel muy ajustado, los cuales la hacen sudar para poder ponérselos y por el contrario la forma en resaltan su culo vale la pena todo esfuerzo. Una sencilla camisa blanca que trasparenta ligeramente el sostén y de la cual no aprovecha todos los botones disponibles, sirve de parte de arriba, calza unos tacones bastante alto, los cuales resaltan aun si cabe más su trasero. Como último paso tira con fuerza de las tiras del rojo tanga que lleva, asegurándose de que si se agacha se puede ver con facilidad.

Al salir del almacén notas de nuevo la obsesiva mirada de Benni clavada en ella, pero como siempre lo ignora.

                ¿está el jefe en la oficina? – pregunta a Carl, el barman.

Carl, o Carlos como sus padres le pusieron, es un joven de origen cubano con mucha fama entre las mujeres que pasan por el local, pero siempre a la sombra del talento de su jefe.

                Como siempre Jessi – responde con ese acento tan característico - ¿no iras a molestarlo?

                Solo si el me lo pide – contesta divertida.

SARAH HARD

La noche ya casi ha caído y la calma que precede a la tormenta agobia a Sarah.

Sentada en un coche camuflado sentada junto a 3 agentes de los cuales no conoce ni su nombre, no hace que la espera sea más cómoda.

3 coches…10 agentes…2 inspectores…2 salidas…2 cubres la puerta trasera junto con Caster…5 más entraran conmigo…3 se quedan a atrás, 2 sobre la puerta principal…uno más revisando las comunicaciones…

Su cabeza no para de repetir cada detalle del operativo, repasando una y otra vez cada posible desenlace o desenlace alternativo. Sabe que a preparado todo de manera exhaustiva, pero la escasa confianza que tiene en Alan no hace precisamente más que provocar que repasa cada dato una y otra vez de manera obsesiva. No ha intercambiado ni una palabra con los hombres que están as u lado, tampoco confía en ellos. Fueron informado por Alan, de cada detalle, de cada opción que ella tramo para la operación, pero no fue capaz de ser la líder que debería ser y no les informo. ¿Cómo va confiar en ellos así? Sabe que es culpa suya, pero Alan insistió en que la apatía que genera en la comisaria era suficiente como para que mejor el fuera quien hablara.

Maldito Alan, ni si quiere se ha presentado todavía.

OLIVIA CHEN

El amanecer trae consigo la luz que expone demasiado las actividades en cierto grado ilícitas y aunque no todos los que disfrutan de las sombras para vivir de la forma que han elegido lo hacen bordeando la ley, sí que se amparan en la misma para subsistir.

A la luz de las velas las historias que se ven seducen por el carácter su prohibido, historias que contrastan con los cuentos chinos, mentiras o rumores que los periódicos locales venden a medida de los consumidores para que el rebaño de ovejas, devore con ansia como si del verde pasto primaveral se tratara. Para aquellas ovejas negras, que a cada paso se separan más de la manada de estúpidos ovinos que conformas la fauna de la ciudad, hay quien escribe sin miedo de la represión de quienes pastorean al ganado y los conducen por los senderos de ciega ignorancia. Para aquellos que tiene una mirada crítica u opinión propia, siempre hay quien escribe verdades como puños que no siempre fusta de leer, de esas verdades que incomodan, de las que te hace dudar del mundo en el que vives.

Sentada en una mesa aparta de un local nocturno de dudoso prestigio o peor fama, una exótica figura femenina disfruta de ver como se mueve le mundo que describe en sus artículos, perdida en suave ambiente que genera la música de un rock de épocas pasadas, meciendo las claras voces de muchos de los que mueven eso hilos, negociando entre ellas el devenir de la ciudad.

No hay sitio con mejor lugar para encontrar historias que el Martin’s.

2 dedos de bourbon – pide tras llamar la atención de la mesera – sin hielo por favor.

                Enseguida ojitos – responde burlona la camarera.

Los tópicos sobre las personas de origen asiático son de muy mal gusto, pero dado el intelecto de la chica, la buena que esta y el hecho de que lo interesan más otras cosas, Olivia obvia la expresión. Ella nació en la ciudad donde se gana la vida y solo son sus rasos los ponen en duda su procedencia en un lugar donde abundan los inmigrantes de toda etnia o color.

Si para muchos sus rasgos son motivo de desprecio, para Olivia son un arma con la que traba día a día, pues nada genera más interés en los hombres, que una joven exótica de orígenes desconocidos que se acera a ellos con interés, fingido interés que ellos toman por cierto con demasiada facilidad.

Aunque de los hombres, cortados todos por el mismo patrón, tampoco espera nada más.

Son como piedras y ella se aprovecha de ese extraño parecido

Si se insinúa brevemente, ya lo tiene en el bolcillo, como una piedra que recoges del suelo.

Se les deja ver un poco más que al resto, se quedan de piedra.

Si les toca, se endurecen como una piedra.

Y por descontado tiene el cerebro tan pequeño como una piedrecita que se te mete en el zapato, pero son mucho menos molesto e interesantes.

Disfruta entre sus finos labios rojos como el fuego de la copa que ese culo bonito le ha llevado, mientras aleja de nuevo fija sus rasgados ojos en el triángulo rojo de la ropa interior de la camarera que el ajustado pantalón deja la vista. La irrupción de unos cuantos matones en el local sobresalta a Olivia, haciendo que pierda de vista a la camarera y que el ambarino liquido se derrame sobre la sonrosada carne de sus piernas que su corto vestido deja a la vista. Muertas esas gotitas bajas con lentitud por sus piernas, fija su mirada en ese molesto grupo que ha entrado en el local y llama la atención de prácticamente todos los presentes.

Son los gorilas de Ash, que son sus corpulentas figuras intente hacer pantalla para que unas misteriosas figuras entre hacia uno de los reservados del local.

Ese intento de discreción tan burdo y obvio seria eficaz en el resto de humanos, que saben que meterse en los asuntos de Ash, es una clara invitación a jugarte la vida, no es que Olivia no tenga aprecio por su vida, pero para ella es una droga el contar historias como la que está a punto de suceder en ese reservado. Se jugaría lo que fuera de después de ese despliegue al menos Ash está en ese reservado y eso es garantía de algo bueno que contar.

Pone sus ojos sobre uno de los matones de Ash, un joven latino, moreno y musculado, parece más inexperto que los demás gorilas y tras beber los restos del contenido del vaso de un trago, Olivia se contonea de manera exagerada luciendo todo lo que puede su cuerpo, delgado y definido sacando pecho hasta, comprobando que varios hombres siguen sus pasos y entre ellos la víctima elegida que ya no aporta de su mirada de ella.

Alguien agarra su brazo de mane brusca, impidiendo que llegue a su objetivo, algún baboso que ce cree con derecho a coger lo cree que puede sin preguntar ni siquiera, vaya momento para fastidiar su intervención.

                Suéltame gilipollas – se revuelve furiosas Olivia - ¿Qué coño crees que hace?

A la media vuelta ve que el que la sujeta no es gilipollas cualquiera, sino uno de los gilipollas más grande que ha parido madre, Ty Harrison, de la seguridad del local con él ya se ha tenido algún problemilla.

                Acompáñame – su aguda voz contrasta con la imagen que proyecta – el jefe quiere verte.

SARAH HARD

Sarah ya tiene a todos los operativos colocados en sus respectivos lugares y aunque la ausencia de Alan la escama, ya no hay marcha atrás y en unos minutos irrumpirán en el local que tantos dolores de cabeza la generado. Las cosas se han precipitado cuando varios coches de los Sukis han llegado, acompañando a un coche con las lunas tintadas y se han entrado dentro del Martin’s.

Quizás esa presencia asegure una buena caza, si pilla con las manos en la masa a su líder podría ser más que suficiente para no jugársela ante el comisario.

Con un rápido movimiento tres de su hombre bloquean e inmovilizan a los porteros, clausurando la entrada principal, mientras Sarah con el corazón a mil por hora sujeta con firmeza su arma, a la espera de la señal para acceder al local, los agentes que coloco en la puerta trasera confirman por radio que están posición, en cuanto el reloj marque la hora adecuada entran y dará comienza la fiesta.

OLIVIA CHEN

Arrastrada sin mucho esfuerzo por el bruto portero, Olivia es llevada por el local y aun en medio de esas formas poco favorable para ella, su exótico aspecto encandila a los presentes.

Frente a la puerta que separa la oficina del resto de local, Ty se detiene para golpear 2 veces sobre la puerta y espera.

                Pasa – una voz ronca da permiso.

Sin ningún preámbulo más, el matón tira de nuevo de su brazo con mucha fuerza, arrojando su pequeño cuerpo hacia el interior de una habitación poco ilumina, haciéndola pierde uno de sus zapatos y provocando que caiga sobre un alfombre que al menos amortigua el fuerte golpe de sus caderas contra el suelo, aunque no evita que sus rodillas golpeen la dura madera del mismo.

                Perdona los modales de Terrans – la misma voz de antes parece sonar más fuerte con la puerta cerrada – dudo que sea agradable ni con su propia madre

Olivia cojea al levantarse, buscando el lugar de donde procede la voz y viendo al fondo de la estancia a un hombre de delgada complexión, alto y esbelto, de espaldas a ella rebusca en las estanterías del fondo.

                No oigo ninguna protesta – afirma el sujeto – pensé que alguien con una forma de escribir tan pasional, se comportaría de igual forma en vivo.

Aun un poco conmocionada por la situación, Olivia se apoya en el borde del escritorio que tiene a su derecha, para mitigar el dolo de la pierna golpeada, mientas siente unas cálidas gotas corre por ella.

¿Acaso sabes quién soy? – pregunta inquieta.

El hombre se toma su tiempo en contestar.

                Lo sé – afirma secamente – y se cómo me llamas en tus artículos.

Ese era un tema aparte, una de las mejores ocurrencias que había tenido y que se había popularizo entre las ovejas, que lo rumiaban con mucho interés, aunque la mayoría de ellas aun creyeran que solo era una fantasía.

                No sé de ningún hombre al que le moleste que lo llamen así – intenta parecer segura de sí misma – o que no disfrute de la fama que tiene gracias a un apodo tan sutil.

Remarca a propósito con cierta burla esa última palabra, “sutil”, intentado ganar de nuevo confianza y recuperar un poco de aire para afrontar la situación.

                No todos los hombres son iguales – afirma contundente, dejan el último de los libros que ojeaba en la estantería – para mi esa cierta fama que tú me has creado no es nada bueno.

El hombre se gira, estableciendo por fin contacto vidual con Olivia, dejando ver un rostro serio, pero mucho menos amenazador que el de su lacayo. Bastante atractivo y de ojos grises casi sin vida, con una cuidada barba de 3 días y una sonrisa de desprecio fija en su boca, un rostro que ella conoce bien, pero sabe ahora que conoce su verdadera personalidad debe andarse con cuidado.

                ¿algo de ese apodo te acompleja? – pregunta de manera burlona intentando tomar las riendas de la conversación y fingiendo que no le importa quién es.

El hombre sonríe de una manera incompresible para Olivia, que pretendía ofenderlo.

                ¿crees tú que soy un hombre acomplejado? – suena amenazante a pesar de la amplia sonrisa – no necesito de rumores para alimentar mi ego.

Olivia se sienta en el borde la mesa que le sirve de sustentación, intentado lucir sus encantos para jugar su mejor carta, el físico y demostrarle que como todos los demás caerá en sus redes. Un físico ligeramente mermado tras la caída, pero que nunca le ha fallado con ningún hombre, por mucho ego o autocontrol que crea tener. Cruza las piernas de manera insinuante, mostrando a medio camino el interior de su vestido y no la hace involuntariamente.

Pero para su sorpresa los fríos ojos del hombre permanecen fijos en los suyos y solo se desplazan hacia la rodilla de la chica, que sangra de una manera lenta y constante.

                Siento mucho que te haya tratado así – dice sin apartar la mirada de la rodilla y casi sitiando pena por Olivia, hacia la que se aproxima – no pretendía que te dañara así.

La sorpresa de Olivia es mayúscula cuando el hombre que ya está frente a ella, saca un pañuelo del interior se americana y se arrodilla para limpiar la sangre de su pierna.

No todos los días puedes ver a uno de los más poderos hombre de la ciudad sus pies, limpiando su maltrecha rodilla, de una manera cuidadosa y eficaz, echo que frustra sobre manera a Olivia, que no comprende cómo no aprovecha su posición para mirar entre sus piernas ligeramente separadas para insinuase más todavía.

El hombre termina su labor, desplazándose para sentarse en la silla detrás del escritorio, devolviendo su mirada a los ojos de Olivia, si parar de nuevo en ninguna de las cualidades físicas de la muchacha, fastidiando más sus teorías y haciendo que se moleste.

                ¿Eres de los que soplan nucas? – visiblemente molesta, Olivia pasa la ataque - ¿o eres más de morder almohadas?

Ni con un ataque tan directo logra cambiar la expresión socarrona de su la cara que esta enfrente de ella, intento ir a donde más le duele a lo mayoría de los machitos que como este intentan parecer duros y fuertes, una fachada que esconde la fragilidad del ego masculino. Lo que para otros es como un jarro de agua fría solo consigue en el que de nuevo sonría, lo que hace que Olivia casi entre estalle en furia

                ¿pero a ti que te pasa? – pregunta Olivia ya fuera de sus casillas.

Lo molestia de la chica detiene la sonrisa del hombre.

                ¿Si tu fisico no funcionan pasa a intentar a amilanar a tu victima? – pregunta ya más serio – ¿o eres más de juzgar su condición sexual para achantarlos?

Las certeras preguntas hacen que Olivia se calme un poco, avergonzada por ser tan básica y sabiendo que ha sido pillada en una situación que nunca había vivido, viéndose superada sin remedio.

                No estás aquí para que disfrute de tus curvas – la sonrisa vuelve a los labios del hombre – aunque debo reconocer que no me desagrada observarlas.

La sincera concesión de su rival le gusta a la joven, pero la forma en que juega con ella hiere más su orgullo.

                Te he visto noche tras noche sentada en la misma mesa –afirma el hombre – observando como una cazadora, sin dejar que la vean, antes de que ataque.

Los halagos del hombre endulzan la conversación y sorprende a la chica que empieza a calmarse y bajar sus defensas, mientas escucha con más atención las explicaciones que le dan.

                También he leído tus artículos – afirma – son valientes, pocos o nadie escribe así en este lugar – el hecho de alagar a la muchacha no suaviza el tono del hombre, que suena más enfadado – Pero te traigo aquí y solo veo a un gatito que lanzas zarpazos al aire para intentar parecer un león.

La certera analogía hunde a Olivia, que sabe que perdió toda oportunidad de vender en el momento que subestimo al hombre, pero tiene carácter para intentar reponerse.

                Tampoco es que mostraras mucho interés en mi cuando uno de tus matones me lanzo por los aires a tus pies – la protesta de Olivia parecer hacer que el hombre recupere el interés – no es forma de tratar a algo en que quien pareces interesado.

La sonrisa de superioridad vuelve el rostro del hombre

                Eso es la que esperaba de ti – dice con agrado – algo de carácter y no una burda exhibición de zorra de callejón.

Olivia sabe que ha dado en el calvo, aunque no le gustan lo más mínimo las palabras del hombre.

                Dime, ¿no te extraña que sabiendo lo que hacías aquí, no te echara nunca? – pregunta el hombre fijando todo su interés de nuevo en la chica.

                 Supongo si alimentaba tu ego – contesta Olivia, haciendo referencia de nuevo al apodo del hombre.

Una sincera carcajada del hombre la descoloca un poco, pero sabe que al menos su integridad no corre peligro al haberse suavizado el tono de la conversación.

                Me gustan tus artículos, aunque no como te refieres a mí – la sinceridad del hombre gusta a Oliva – la popularidad que le dan a mi lugar de trabajo me ha sido muy útil – esa afirmación descoloca a la chica – esa fantasía que has creado aleja bastante a los mirones y divierte los que deberían investigarme.

El orgullo de Olivia este herido de muerte, pero en el fondo sabe que, al no publicar en ninguno de los diarios de cabeza de la ciudad, sus artículos no son más que la comidilla de los círculos de poder de los que habla en ellos, se los toman como una broma que de ninguna forma amenaza su situación.

                Yo puedo ayudarte con eso – apunta el hombre ante el cabizbajo silencia de Olivia – puede que conozca a alguien en el blackport journal.

El blackport journal es uno del diario de mayor tirada de la ciudad y un sueño hasta ahora inalcanzable para ella.

                ¿Cuál es el precio? – pregunta la chica, sabedora que todo trato con el demonio conlleva la perdía del alma - ¿ya no podría usar tu apodo?

Una nueva sonora carcajada del hombre alimenta el ego de la joven que parece haber descubierto la forma de tratar con alguien como el hombre que no la pierde de vista. Arrastrando la silla hacia el borde de la mesa, muchas más cerca de Olivia, el hombre ahora si recorre con su mirada el cuerpo de la joven, complaciendo de nuevo su ego.

                chica lista – el hecho del que él reconozca su valía le gusta – no esperaba menos.

Entre dos surge una cierta tensión, extraña para la chica, que no está acostumbrada a sentirla con los hombres con los que trata.

                Podrás seguir usan ese apodo – concede el hombre – sin el héroe de la historia perdería todo su interés.

Esa afirmación hace que Olivia se ría y por fin se sienta cómoda en la conversación.

                Pero evidentemente habrá ciertos temas que no deberás tocas – el hombre recupera la seriedad - ¿estás de acuerdo con eso?

La mucha de ja de reír, para pensar en esa petición, la promesa de publicar en un diario importante la seduce sobre manera, aunque nunca pensó en que pare ello tendría que renunciar a la libertad de escribir sobre lo que ella quiera.

                ¿sobre qué temas no poder escribir? – pregunta inquita la joven.

                Eso ya lo sabes – le responde con cierto misterio – lo cosa es que no escarbes demasiado donde no te llaman, tú ya me entiendes – sonríe de manera jovial a la chica intentando que se despreocupe – además de que, si aceptas, ya nadie podrá tocarte sin sufrir las consecuencias

Es cierto que ella sabe sobre que temas no tratar, ninguno que pueda afectar a la figura pública que se esconde tras el personaje que ella ha creado en sus artículos, además la idea de sentirse protegida no es mala para una metomentodo como ella.

                Vale – contesta Olivia – ¿pero qué garantías tengo de que cumplirás el acuerdo?

                Me palabra – afirma – no hay nada con más valor que pueda darte a ti, no creo que sea de las que se compran con dinero.

No el dinero no es lo que busca Olivia y quedando satisfecha con la propuesta asiente.

Si eso es un sí, tengo un primer trabajo para ti – el sobre sonríe satisfecho por la respuesta de la chica – esta noche van a pasar cosas en este local, asegúrate de que todos se enteren.

La misteriosa afirmación despierta su interés y se mantiene a la escucha para descubrir más detalles. El hombre saca de una de los cajones, justo uno que se sitúa entre las piernas de la joven, uno péquela cámara de video, fácil de camuflar en una mano.

                No quiero arruinarte la sorpresa – dice el hombre mientras le entre la cámara – pero ándate con ojo cuando todo empiece – intenta mostrar algo parecido a la preocupación – no quiere dañen de nuevo a mi socia y tampoco que pierdas esa cámara.

Aun intrigada la muchacha asiente confirmando que hará lo que se espera de ella.

                Mañana a las 9 tienes una reunión con el editar del periódico – dice el hombre cambiando de tema – no trasnoches demasiado y llévale lo que graves hoy.

Esa información descoloca a Olivia.

                Si no sabías si aceptaría – dice ella - ¿Cómo tenías una reunión ya programada?

                ¿Quién dice que no lo sabía? – dice el hombre mientras con sus dedos recorre el gemelo de la chica – puede que ya también tenga mis trucos.

La forma en el la que la mira y acaricia su pierna, altera y agrada por partes iguales a la mujer y hace que de nuevo sienta esa tensión entre ambos.

La inoportuna interrupción de una de los hombres que allí trabajan, corta la tensión.

                Jefe, no falta demasiado para la hora – indica el hombre que entra, que al ver la situación parece cortado – no quería molestar, pero nuestro chico llamado para informarnos.

                 De acuerdo Bernard, gracias – responde de forma amable – tráeme a Jessi cuando salgas.

El hombre sale de la habitación tras asentir.

                Nuestra reunión lamentablemente termina aquí – dice volviendo su atención de nuevo hacia Olivia. debes estar ahí fuera lista.

La mano del hombre recorre una última ve la pierna de la chica, aventurase un poco más arriba y llegando a rozar el borde la del vestido situado un poco más arriba del muslo de la mujer. Tras ese último recorrido aparta la mano y sonríe de nuevo a la mujer.

Para la sorpresa de la mujer, ella también lamenta que la situación finalice así, pero ese nuevo sentimiento que desea experimentar no tiene lugar y se levanta de la mesa.

                 Vamos trabajar – dice mientras ve como el hombre mira su culo alejarse, algo que la encanta – vamos a darle una nueva historia a Garrote.

Usar ese nombre presencia de aquel al que hace referencia le encanta y hace que se siente poderosa. Sin esperar a que el responda sale de la habitación, cámara en mano.

               

JESSICA BENNET

                Jessi – la voz de Benni retumba en medio de la música del local y hace que se fijen en el – el jefe te llama.

Esa notica hace que Jessi deje todo lo que está haciendo, dejando mesas sin servir y poniéndole en las manos a Benni la bandeja que aun carga de vasos y sin dejar pasar ni solo segundo se encamina hacia el despacho.

En la puerta se cruza con una habitual del bar, mirándola de arriba abajo, ligeramente molesta y preguntándose que haría a solas con el jefe. Al cruzar miradas, Jessi delata los celos que siente en la mirada de oído que la dirige. La pierde de vista al entras en el despacho.

                ¿ta lo habrás pasado bien con esa zorra? – pregunta muy molesta, dejándose llevar por su temperamento.

Se da cuento del error que ha cometido, cuando los ojos del jefe se claven en los suyos, impasible.

                Los siento – die ella apresuradamente – lo siento de verdad.

La expresión de su jefe es seria y calmada, ¿pero cuando no lo es?

                Sabes que ese no es forma de hablarme – dice forma serena.

La fría afirmación hace que Jessi, una mujer dura donde las haya, se amilane y casi tiemble.

                La se Jefe – dice apenada – no quería decirlo de verdad.

                Sé que si querías decirlo – responde brusco – y eso me gusta, pero debes controlarte más preciosa.

Las palabras del hombre hacen que la chica se relaje un poco.

                ¿Qué necesita de mí? – pregunta ya más calmada.

                Sabes, estoy un poco alterado por la reunión que he tenido con esa guapa mujer – pica el orgullo de la chica – ¿puedes hacer algo para relajarme?

Intentando ignorar las palabras que su jefe a dirigido a la mujer que salió antes de entrar ella, la joven sabe perfectamente que es lo que su jefe quiere, jefe al que ama con locura, aunque el solamente la quiera cuando al le apetece, en su cabeza eso es más que suficiente, aunque sepa que la deidad es muy diferente.

Cuando él la requiere, a veces se siente con debe sentirse Benni con su actitud aprovechada. Debería empatizar un poco más con su pretendiente, aunque este no sea ni la sombra del hombre que esta ante ella.

Cumpliendo lo que se espera de ella, la joven se arrodilla en el suelo y gatea hasta detrás del escritorio sin decir ni una sola palabra más, donde girando la silla aun lado su jefe la espera siguiéndola con la mirada.  Ya enfrente del hombre la mano de la joven se sitúan sobras las piernas separadas de su jefe, esperando una aprobación que llega en gesto de asentimiento por parte del hombre

Sin esperar más Jessi busca con una mano la virilidad del su jefe, cuidadosamente colocada en la pernera del pantalón, marcando una silueta brutal. Acaricia por encima de la tela ese enorme artefacto y aun que no se la primera vez que se ve en esa situación, siempre se ve sorprendía por su firmeza y el tamaño. El apodo que circula por la ciudad no se queda corto para nada

Bajando la cremallera del pantalón e introduciendo la mano, saca de su escondrijo la polla de su jefe, el garrote enorme luce desafiante ante su rostro, mostrando una humedad en su punta que no has sido ocasionada por los cuidados de Jessi y esto la desquicia, pero para su consuela es ella la que está entre las piernas del jefe y no la zorra china esa.

La mano de su jefe aferra con firmeza los mechones de su cabello, indicándole que empiece a trabajar. Y ella decidida cumple con su trabajo.

Agarrando con firmeza el mástil de almeno 22cm por la base con una mano que casi no abarca el grosor del mismo, mientras que con la otra acaricia los huevos con cariño, abre ligeramente la boca para situarla en la punta de la polla y sorber ruidosamente con gusto el líquido pre-seminal que sale de ella. Abre más su boca con el objetivo de introducirse la mayor cantidad de carne en su interior, pero rápidamente y si alcanzar la mitad del miembro topa con su límite sintiendo como ese pollon golpea el fondo de su garganta y como las comisuras de sus labios están muy tensas, casi en su límite.

Retrocede son suavidad usando su lengua para humedecer cada centímetro que sale de su boca lubricando bien el objeto de su deseo. Dirige su boca la base del pene y desplazando su mano hacia arriba, acariciando toda la longitud del garrote.

Con los dientes agarra la base de la polla apretando ligeramente, sabiendo que eso le gusta al jefe. Depuse de soltar a su presa, ya son los labios recorre el mismo que camino que antes su mano, siento como toda la extensión del miembro corre entre sus labios

                Hoy tengo un poco de prisa Jessi – indica su jefe mientras estira más el cabello que agarra.

Ella entiende perfectamente lo que él quiere y sin hacerlo esperar agarra con ambas manos el tronco de lo polla y sitúa su boca sobre el hinchado glande. Comienza a masturbar con ambas manos el garro mientras con la boca y lengua estimula la cabeza de la polla y lo hace a un ritmo realmente rápido.

Mientras ejecuta esta briosa maniobra, mira fijamente los ojos que su jefe porque es esos momentos cuando los fríos ojos de su jefe cobran algo de vida, coloreando el gris con un brillo de placer, placer que se sienta orgullosa de proporcionar.

Los espasmos que tiene su jefe en las piernas avisan a la joven de que el premio está por llegar y soltando las manos de la redondeada inmensidad que esta disfrutan, comienza envainen con su cabeza llevando hasta el límite a su boca para acto seguido liberarla de ese caliente garrote por unas milésimas de segundo antes de volver a llenarla.

La fuerza con la que el jefe tira de su pelo anuncian el final soñado para alguien que disfruta de dar placer al hombre por que suspira.

¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!

Tres disparos retumban en el local y acompañan a los latigazos de semen que golpean la garganta de Jessica, y asustada se atraganta con el blanco contenido de su boca.

                Las manos donde puede verlas – una femenina voz interrúmpete la situación del despacho, tras abrir la puerta de golpe – Policía de Blockport, queda detenido.

El jefe suelta la cabeza de Jessi y levanto con parsimonia los brazos, sin esconder la sonrisa para nada, sin mostrar ningún tipo de vergüenza por la situación en la que lo han pillado. La rubia policía, arma en ristre se acerca a la mesa, pero se detiene en seco al ver los pies de la joven asomar por detrás

                La de detrás – inquiere la policía – levántese con las manos en alto

Es un verdadero poema la cara de la rubia al ver a Jessica levantarse con el pelo revuelto por los agarrones de su jefe y fino hilo blanco deslizarse por la comisura del labio,

Es difícil saber cuál de las 2 estas más avergonzada por la situación.


Comunidad de Autores y Lectores de TodoRelatos
Chatea online con webcams!

comunidad.todorelatos.com



© alfred

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (0)
\"Ver  Perfil y más Relatos de alfred
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.