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Fecha: 10-Mar-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

La lujuria de una madre por su hijo

julygarciasexy
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Huyendo de todo, mi hijo y yo nos fuimos a un lujar donde pudieramos disfrutar de nuestro amor. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Después de la terrible golpiza que mi hijo le propino a mi sobrino tuvimos que escaparnos por un tiempo. Mi sobrino nos puso una demanda y no podíamos regresar a México. Después de muchos años de vivir en Estados unidos había podido sacar mi residencia, mi Green card y podía entrar y salir del país sin problema alguno igual que mi hijo. Decidí no avisarle a nadie y tome a mi hijo y nos fuimos un tiempo a vivir a Estados unidos. A un lugar donde nadie nos conociera. Mi hijo estaba preocupado, la verdad lo que divagaba en su mente es la posibilidad de que su primo nos delatara con la policía acerca de la relación que teníamos (vean las historias de el gran secreto de mi hijo) y por la naturaleza de nuestra relación prohibida pudieran meternos a la cárcel por la palabra que a mucha gente le suele incomodar ESCUCHAR, “INCESTO”. Cuando íbamos en el avión rumbo hacia California, tome su mano firmemente y lo besé en los labios mirándolo fijamente.

-No te preocupes mi amor, nos vamos a un lugar donde nadie sabe quiénes somos, podemos vivir nuestro amor ahí, ver crecer a nuestra hija, vivir como una familia feliz y nadie lo sabrá nunca, tú puedes cambiarte el nombre y listo.

-Pero podrían mandar a alguien por nosotros mamá, alguien podía encontrarnos.

-Nadie nunca nos encontrara mi amor, yo siempre te voy a cuidar, nadie te hará daño y nadie te separara de mí; tu eres mi único y verdadero amor –dije mientras me acercaba para besarlo de nuevo otorgándole el sabor de mi lengua a la suya juntando y fundiendo nuestras salivas en un beso apasionado.

-Confió en ti mamá, nadie nos separara nunca.

-Así es mi amor, nunca nadie lo hará.

Cuando llegamos saque algo de dinero y fuimos a rentar un apartamento modesto. No era lo que teníamos en casa, pero al menos era un lugar en el que podíamos amarnos sin sentirnos amenazados. Cuando llegamos nos dimos cuenta que el anuncio era lo que realmente decía. El lugar estaba por completo amueblado y tenía una linda decoración. Había dos habitaciones y una sala de estar amplia y muy bonita. Mi hijo recorrió el lugar viendo cada rincón de él y asintiendo con su cabeza mientras me sonreía con ese rostro tan lleno de luz para mí. Era el rostro del hombre de mi vida. Cuando se descuidó me acerque a él por la espalda.

-No sabes todo el tiempo que llevo esperando para hacerte el amor –dije mientras lo abrazaba por la detrás presionando mis pechos desnudos bajo mi blusa  contra su musculosa y frondosa espalda de jugador de americano. Le besé el cuello lentamente y poco a poco lo recorría todo. -No quiero que nos tengamos que esconder nunca más, aquí vamos a poder vivir bien, conseguiré un trabajo y vamos a criar a nuestra hija aquí-. Él se giró de inmediato y me beso también en el cuello tomándome firmemente de la nuca con su mano. Sus dedos se mezclaban inevitablemente con mi cabello. Sus caricias eran tan suaves y delicadas que hacían erizar mi piel hasta el punto que temblaba sin darme cuenta de que lo hacía.

-Te necesito dentro de mi amor, ya no puedo pasar un minuto más sin tu polla dentro de mi vagina, quiero que regreses al lugar de donde saliste chiquito, quiero que vengas dentro de mamita de nuevo.

-¿De quién es esta vagina? –dijo mi hijo, frotando mi vagina por encima de mis shorts de mezclilla tan cortos que llevaba.

-Es tuya mi amor, es para que hagas lo que te plazca, es para que la destrozos con ese pene tan bestial que tienes, que es solo mío, no quiero compartirlo con ninguna puta.

-Va a ser tuyo siempre mamita, siempre solo tuyo.

-Déjame probarlo, necesito tenerte en mi boca, quiero que en nuestro nidito de amor, me hagas las cosas que nunca me has hecho amor, quiero que me trates como perra, como una puta, que me orines que hagas lo que quieras conmigo, ya no tenemos que escondernos más, quiero que me hagas gritar y poder gritar hasta desfallecer.

-Vas a gritar mucho mamita, eso tenlo por seguro.

Me quito la liga del cabello que sujetaba mi cola de caballo y me jalo hacia abajo. Se desabrocho el pantalón y se sacó la polla gorda, gruesa y enorme que lo caracteriza. No importa cuantas veces lo viera, resultaba impactante cada ocasión. Abandonó su pantalón como si sacaran una anaconda de su jaula. El enorme miembro me veía directamente a los ojos como si fuera una cobra hipnotizándome con su erección. Yo le lamí como una paleta y el cerro los ojos. Apretó los dientes tallándolos con fuerza y me tomo de la cabeza. Yo seguí lamiéndolo como una niña inocente y tuviera mi paleta nueva. No dejaba de mirarlo a los ojos mientras lo hacía. El desesperado cerraba los ojos para no encontrarse con los míos y eyacular. Yo le daba sexo oral con una pasión desenfrenada. MI hijo solo me tomaba del cabello acariciándolo con mucho cuidado y gimiendo entre dientes. Yo después me enfoque en sus testículos. Estaban rebosantes en sudor y olor a orina y el olor de su ano me llegaba hasta la nariz. Por el calor y todo lo que duramos sentados olía muy fuerte. Ese olor despertaba mi libido sexual y comencé a comerme unos huevos revueltos con chorizo. Me metía los testículos enteros en la boca y los meneaba con mi lengua dentro de mi boca. El gemía como loco y después cambiaba y le daba mi garganta hasta casi tragarme todo su pene descomunal. Con cada penetración de su polla me arqueaba queriendo vomitar. Su pene rebasaba sin problemas las fronteras de mi garganta y la hacía suya sin titubear. Una vez tras otra el forzaba su pene dentro y yo lloraba lágrimas de asfixia que caían por mis mejillas. –Aguántala adentro toda –dijo mientras me sujetaba la cabeza metiendo lo más profundo que podía su miembro-. A punto de la asfixia le golpee el vientre con mis manos y él lo saco. La saliva que se acumuló para lubricar su entrada, salió de mi boca cayendo en la alfombra de aquella sala. –Casi me matas cabron –dije sonriendo-. El me tomo de nuevo del cabello y me tiro en el sillón. Me puso en cuatro y se lamio la mano y la froto un par de veces contra su polla.

-Quiero que te prepares mamita, esta vez te voy  a hacer gritar como una perra en celo –dijo mientras se masturbaba lentamente y saboreando mi trasero.

-Dame todo lo que tengas cabron, no creo que puedas hacerme gritar –dije llena de lujuria y retándolo para provocarlo a que fuera agresivo.

-No me retes porque te puede ir mal mamita

-Por qué no te callas, más acción y menos palabras cabron.

-Tú lo pediste hija de la chingada.

Se puso detrás de mí apoyando su rodilla en el sillón y me la metió entera en mi vagina. Yo grite de placer y el me jalo de golpe el cabello haciéndome una cola de caballo jalándome con fuerza el cuero cabelludo. Casi sentía que me lo arrancaba y gritaba de dolor y placer al mismo tiempo. Su verga se abría camino en mi cuello uterino y yo no podía sentir más placer que en esa ocasión. Mi hijo babeaba mientras me follaba como un perro en celo sin dejar de pensar en solo una cosa. Dejar su joven semilla dentro de mi vagina. Nuestros cuerpos sudaban y su estaminal era increíble. Ya tenía dándome 15 min. De forma dura e implacable como a una perra y no eyaculaba. Mi cabeza ya me dolía por la fuerza que empleaba mi hijo para jalar mi cabello y le dije –déjame montarte-. Lo senté en el sillón y me puse encima de él. Comencé a montarlo como una vaquera sin control. Y gritaba descontroladamente. Mi hijo solo me tomaba de la cintura y gruñía aguantando para no venirse. ¡Ahh, dios, dame más duro, Ahh! Gemía mientras mis grandes senos rebotaban sin control sobre el rostro de mi hijo que los chupaba como cuando era un bebe. – ¡Me estas matando, me estas matando!- grite mientras lo sujetaba contra mi pecho-. Cuando estábamos a punto de compartir un bello y mutuo orgasmo alguien tuvo la osadía de tocar a la puerta.-Vecina está bien –pregunto una mujer. Continuará…    


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