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Fecha: 09-Mar-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mi pariente el cubano II (cachondo)

julygarciasexy
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Despues de ser interrumpidos abruptamente por mi madre, seguimos descubriendo nuestra lujuria mi primo y yo, en una noche que no deseabamos que terminara Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Después de ayudar a mi mamá a recoger toda la ropa para que la lluvia no la empapara, subí de nuevo a la habitación de mi primo para poder tener un tiempo a solas con él. Mientras subía las escaleras me estaba imaginando todas las cosas que le quería hacer. Dejé volar mi imaginación y creatividad. Imágenes perversas arribaron a mi mente haciéndome sonreír de una manera muy pícara.

Abrí la puerta y lo encontré acostado en su cama. Estaba desnudo y yo aún llevaba mi ropa, estaba empapada por la lluvia de antes y mi ropa interior se transparentaba por completo. Mi cabello estaba húmedo y mi piel aún tenía gotas de aquella fría lluvia. Cerré la puerta cuando entre y me sacudí el cabello sensualmente para secarlo. Su gran pene hacia una enorme tienda de campaña entre sus sábanas y yo me reí un poco pensando en lo viril y macho que era. Me hizo sonrojarme un poco. A pesar de lo tímida que me había puesto decidí mostrarle mi cuerpo. Me quité la blusa, la tomé con ambos brazos de la parte inferior y la levanté dejando salir poco a poco mis enormes y jóvenes pechos en mi lindo sujetador. Él no me quitaba la vista ni por un segundo. No lo veía ni siquiera parpadear una sola vez. Tome mis senos desde la parte inferior y los levanté mientras le preguntaba a mi primo – ¿te gustan mis chiches primo? –. Nunca había visto unos así July, están bien grandes, no puedo creer su tamaño –dijo mientras se quedaba mirándolos sin poder quitar la vista de encima de ellos–.Yo me quité el shorts despacito y muy sexy mientras lo veía a la cara. Él no podía esperar para disfrutar mi cuerpo. Mi lencería parecía que iba a hacer que su polla le explotara. Yo me acerqué al borde de la cama y le dije –siéntate en la orilla primo, quiero hacerte algo que me gusta mucho pero que no tengo la oportunidad de hacer seguido–. El me obedeció y se sentó con dudas acerca de lo que yo le iba a hacer. ¿Qué es lo que me vas a hacer July? –Preguntó lleno de curiosidad–. Bueno, le llaman de distintas maneras en todos lados, yo la conozco como cubana, pero la verdad no sé cuál sea la manera correcta de decirlo –respondí–. No tengo idea de que sea, nunca lo he escuchado primita –dijo–. Bueno es cuando una mujer que tenga los pechos grandes pone la polla de su pareja en medio de sus chiches y lo atrapa entre ellos y los mueve arriba y abajo hasta que la otra persona llegué  al orgasmo, también mientras lo masturbas puedes chupar la cabeza de su pene, por eso no lo hago mucho, la mayoría que se los he hecho su pene desaparece entre mis pechos, pero ese no es tu caso chiquito, tu estas enorme –dije–.

Él se rio con mi comentario y me dijo –pues no suena mal primita, vamos a ver qué tan rico se siente–. Yo lo hice que se sentara en la orilla de la cama y yo me hinque frente a él. No dejaba de ver mis senos tan ajustados en mi sostén y yo le tomé la mano. Lentamente la lleve a uno de mis senos y él lo sintió mientras se mordía los labios reprimiendo su deseo. No te preocupes primito, yo te voy a enseñar lo rico que se pueden sentir mis pechos –dije mientras frotaba con mi mano derecha su enorme miembro de arriba hacia abajo sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos–. La punta rosada de su glande dejaba salir un poco de su satisfacción a través de su pre eyaculación,  que lentamente salía de aquel pequeño orificio de la uretra.  Yo tome un poco con mi dedo índice y lo lleve a mi boca para probarlo. El sabor era muy dulce y provocador. Aún con su pre eyaculación en mis labios me acerque a mi primo y lo besé introduciendo mi lengua hasta lo más hondo de su boca. El me tomó del cuello y me correspondió al beso haciéndolo apasionadamente. Cuando sentí que sus besos se hacían más intensos lo detuve y me volví a hincar enfrente de él. Acaricie sus grandes muslos mientras acercaba mi rostro y acariciaba su pene con la piel de mi cara oliendo y sintiendo su masculinidad cerca de mí. El olor era tan erótico que mi piel se erizaba tan solo de percibirlo. Me puse cerca de él y sin quitarme el sostén para tener mejor agarre y que no se moviera metí su grueso pene entre la abertura de mi brasier. Por ser tan grueso estaba muy apretado para él. Su cara era de sufrimiento por lo ajustado que estaba pero después se acomodó y estuvo listo para la acción. La expresión en su rostro era de satisfacción plena. Mis pechos lo tenían apresado como una trampa de oso y no lo dejaban escapar. Dejé caer saliva en el canalillo que se hacía entre mis grandes senos y la saliva caía lentamente mientras cubría mis pechos y el glande de mi primo, que apenas sentirse atrapado ya su pre eyaculación se estaba desbordando sin control.

Su polla ensalivada y atrapada quería sentir movimiento. Yo comencé a mover mis senos de arriba abajo mientras mi primo se agarraba con todas sus fuerzas de las sábanas de la cama. ¡Ay mamita, negrita que gusto! –gritó mientras me agarraba el cabello acariciándolo con su mano derecha. Sus ojos estaban vidriosos y su mirada reflejaba el nivel de placer que estaba experimentando. Yo agache la cabeza y comencé a chupar suavemente la punta de su polla con mis labios. Él se tomó de nuevo de las sábanas echándose hacia atrás como si fuera a disfrutar de un buen viaje. Las sábanas se recorrían mientras él las tomaba con fuerza. Ya no aguanto, ya no aguanto negrita –dijo mientras me tomaba con ambas manos la cabeza y me sujetaba fuerte contra el gimiendo y gruñendo fuerte al final entre respiraciones intensas–. Su semen volvió a desbordarse entrando en mi boca salvajemente y por la cantidad tan grande escapándose de ella. El resto de su leche cayó por mis senos y mi sostén llenándolos de ese color blanquecino. Mi pecho estaba lleno de esa leche tan pegajosa. Yo bebí su delicioso semen y mientras él se recuperaba tirado en la cama yo untaba su semen por todos mis senos. Mi primo respiraba con dificultad y descansaba después de aquél gran orgasmo que acababa de tener.  Yo me limpie los senos con algo de rollo y subí a la cama encima de él. Mi pecho se unió al suyo y lo besé cuando aún se sentía fatigado por el orgasmo. Sus labios eran gruesos y jugosos. Podía sentirlo junto a los míos y sus caricias eran algo muy placentero. Mi vagina se derretía por poder sentir aquella gran polla.

Me quite rápidamente la opera interior, me puse encima de él y lo monté. Su pene estaba flácido´, pero al sentir como lo frotaba con mi vagina su pene despertó de su sueño. Yo frotaba el exterior de mis labios vaginales mientras el cada segundo se hacía más grande. Me sujetaba fuerte de las caderas mientras yo frotaba mi vagina en su gorda y jugosa polla. Después de un par de minutos de frotarme en él, su polla recuperó su enorme tamaño. Tenía restos de semen por toda su verga pero yo ya estaba muy caliente. Lo sujete con mi mano y lo conduje a la entrada de mi vagina. Me senté en el despacio hasta que pude meterla toda. El sacó la lengua y cerro lo ojos. Madre de dios, que rica y apretadita negrita –dijo mientras yo me movía de arriba a abajo–. ¿Te gusta grandote, te gusta mi vaginita apretada? –Pregunté sin dejar de moverme de manera ruda–. Él se tomó de mis senos y los apretaba con fuerza. Yo lo montaba tratando de domar aquella polla salvaje, estaba tratando de domesticarla como una buena vaquera, pero se resistía mucho. Mis movimientos comenzaron a ser descontrolados, mientras me movía sentía como mi cuerpo elevaba su temperatura y mi vagina su humedad. Yo mordía sensualmente mis labios mientras el placer arribaba hasta el rincón más escondido de mi cuerpo. Mi primo ya no podía resistir los movimientos endemoniados de mi anatomía. Sus ojos estaban en blanco y yo podía sentir que su polla estaba a punto de explotar. Me vengo negrita, me vengo –dijo mientras yo lo montaba salvajemente.

De inmediato me baje de su polla y puse su polla en mi cara. Chorros de su cálida leche erupcionaron de su pene llegando hasta el techo de la habitación. El gemía y gemía mientras su semen salía como si fuera una fuente de su pene. Yo lo masturbaba sin parar, extrayendo hasta la última gota de aquel espeso elixir. El había quedado casi inconsciente y yo me quede aun con ansias por más. Mi primo se recostó un momento en la cama y se quedó dormido. Yo trate de despertarlo pero cayó como roca. Yo me quede como una mujer insatisfecha cuando su marido no la complace, pero yo no me iba aquedar así esa noche. Volví a acercarme su obesa polla y comencé a lamerlo. No me importa si es dormido, vas a hacer que me venga esta noche –dije con decisión–. Continuara…


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