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Fecha: 13-Feb-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

La Flaca 03: Lola

Clementine
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Tiempo estimado de lectura: [ 10 min. ]
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AVISO: contiene sexo homosexual. Cae la noche. Tío Manu y Alex se quedan solos en el jardín y juegan a disfrazarse. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

En la montaña, una vez vi a papá follarse a la Flaca. Ella se apoyaba en una piedra, en un claro entre los avellanos de la Garganta Honda, y papá se la metía por detrás. Al principio, iban despacio. La flaca llevaba desabrochada la camisa de cuadros y tenía la falda subida, como remangada, sujeta en la cintura hecha un rebullo. Papá la empujaba despacio y le tocaba las tetillas. Ella cerraba los ojos y abría la boca. Yo no podía oírla, por que estaba pescando en la garganta y el agua hacía ruido, pero imaginaba que estaba gimiendo. Manolo siempre decía que las mujeres gimen cuando las follan, y hacía un ruido como imitándolas, como si se quejara. Debía haber oído a sus padres, por que yo no me creo que el Manolo haya follado con ninguna mujer. Yo a mis padres nunca los había oído, pero me imaginaba que la Flaca debía estar gimiendo, y se me puso la polla como una piedra. No me atreví a pelármela por si me pillaban.

Luego, papá empezó a darle más fuerte. La Flaca se tambaleaba, y acabó cayéndose al suelo. Entonces papá se sentó encima de la manta de la yegua y ella se le subió encima. Se movía muy rápido, y papá le agarraba el culo. Ella se abrazaba muy fuerte a su cuello y se besaban. Al final, oí gritar a papá. No entendí lo que decía, pero la Flaca se bajó corriendo y se agachó para chupársela. Papá se dejó caer para atrás y cerró los ojos. Debía estar corriéndose en su boca, pero eso yo no lo vi.

Aquella noche, me desperté cuando todos se habían dormido y me escabullí hasta el cuarto de la Flaca. Tenía la polla como una piedra. Fui muy despacio y descalzo, para no hacer ruido, y me puse de rodillas junto a su cama para tocarle las tetas. Las tenía duritas y blandas al mismo tiempo. Luego le metí la mano bajo el camisón y le toqué un poco el coño. Lo tenía peludo ya.

- ¿Papá?

- No… yo…

- ¡Vete, idiota!

Me fui corriendo a mi cama. Parecía que se me iba a salir el corazón por la boca. Cuando vi que no iba a chivarse, seguía con la polla muy dura. Me la tuve que pelar dos veces para poderme dormir. Mientras me la pelaba, pensaba en la flaca, y en su coño peludo, pero el que se la follaba era papá, y ella gemía. Yo los miraba y me meneaba la polla, y ella se reía de mí y me llamaba idiota. Me corrí muchísimo.

Luego estuve dos días medio escondiéndome de la Flaca. Hasta me parecía que papá me miraba raro.

Después de la cena, tío Manu se folló a la Flaca. Se la metió en el culo. Yo se la metí en el coñito a Manoli, que es la chica, y la estuve follando hasta que me corrí dentro. Ella gemía y chillaba, y me llamaba su amor. Movía mucho el culo, que lo tiene muy grande, y me daba mucho gustito. Yo no podía dejar de follarla, ni de mirar a la Flaca. Tío Manu se la metía en el culito, y tía Marga le tocaba la raja. Ella chillaba como si se volviera loca, y se movía muy deprisa.

A mí, cuando tío Manu me la metió en el culo, primero me dolió un poco, pero enseguida empezó a gustarme. Por eso, cuando después de follar, tía Marga dijo que esa noche las chicas dormían juntas, y yo me quedé con él, me dio mucha alegría. Dijo que, como hacía bueno, podíamos dormir en la cheslonge del porche, que es como un sofá con el asiento muy grande, o como una cama con respaldo, no sé.

Cuando se fueron las chicas, me dijo que podíamos darnos un baño, y se metió en el agua. A mí me daba pereza, y me quedé sentado en el borde de la piscina, con los pies en el agua. Era verdad que hacía calor.

Nadó un par de largos, y luego vino a donde yo estaba y se apoyó en mis rodillas. Empezó a preguntarme que qué tal lo estaba pasando, y yo le decía que muy bien. Luego que si me gustaba la Indiecita. A mi la Indiecita Manoli me gustaba mucho, y la colita empezó a ponérseme dura. Él me hablaba de sus tetas y de su culo. Me dijo que a él le gustaba mucho metérsela en el culo, por que chillaba como una loca y eso le ponía mucho. Mientras hablábamos, me tocaba la pollita un poco. No como si me hiciera una paja, si no suave, sin agarrármela. Me tocaba así, pasándome el dedo por la cola, y por los huevos. La suya también se le puso muy dura. A veces, me apretaba un poquito por debajo, por ese bulto debajo de los huevos que es como si la polla siguiera por dentro. Eso me daba mucho gusto.

- Oye… ¿Y si te quitamos esos pelos?

Yo me quedé muy extrañado, por que a mí me parecía que tener pelos era bueno, que era que ya era un hombre, y él me explicó que no pasaba nada, que así podíamos jugar a disfrazarme, y que si me vestía de nena nos íbamos a divertir, así que le dije que sí y él se fue adentro y volvió con cosas de afeitar. Yo no me había afeitado nunca, por que no me sale barba. Solo me sale pelo en la cabeza y en la polla.

- Vas a ver cómo te gusta.

Empezó a untarme espuma muy despacio. Yo tenía la colita muy dura, y solo quería que me la tocara. Cuando empezó a pasarme la maquinilla, era un poco raro. Me gustaba. Cuando se atascaba la maquinilla por que se llenaba de pelos, la aclaraba en la palanganita pequeña donde había traído las cosas, y enseguida volvía a afeitarme hasta que no me quedó ni un pelito.

- Ahora hay que dar crema, para que no se te irrite.

Entonces sí que empezó a darme gustito. Me echaba un chorrito de crema y empezaba a extenderla con la mano. Me la untaba en el triangulito, en los huevos, en el culo, en los muslos... Lo hacía sin tocarme la polla, y a mí me entraba como una desesperación.

- Mira: tu hermana se ha dejado el bikini ¿Te lo pones?

- …

Me daba un poco de vergüenza. El Manolo siempre se reía de los maricones, como él les llamaba. Para el Manolo, lo peor era un maricón. Pero tío Manu me daba la cremita y me daba mucho gusto. Quería que me follara otra vez.

- No pasa nada, bobo. Es un juego ¿No quieres ser mi nenita?

Yo quería ser lo que él quisiera, así que acepté. Cuando fui a ponérmelo, me dijo que no, que me lo ponía él. Me quedé quieto, de pie, y empezó a ponerme la braguita. Me iba un poco pequeña, por que yo soy algo más grande que la Flaca, pero, como se ataba con dos lazos, se las arregló para que me valiera. Trató de ponerme la polla hacia abajo, pero no hubo manera. Como no la tengo muy grande, al final la dejó para arriba. Solo asomaba un poquito el capullo. Después me puso el sostén y se me quedó mirando. Como tengo el pelo largo y rizado, parecía una niña de verdad.

- Ahora sí que estás guapa… Lola… Te llamaré Lola. Ahora sí que estás guapa, Lolita.

Me hizo dar unas vueltas exhibiéndome. Él me miraba echado en la cheslonge, sonriendo, con la polla muy gorda y muy dura, y me decía que así estaba muy bien, que era una nena preciosa. Yo no podía quitarle los ojos de encima a aquella cola tan grande.

- Ven, siéntate aquí ¿Has visto cómo me has puesto?

- ¿Cómo?

- Cómo me pone verte tan guapa.

Señaló hacia su polla y comprendí por fin lo que quería decir. La tenía enorme. Le salía una gotita por la punta todo el rato, que le ponía el capullo brillante. Tenía una vena por la parte de atrás, de color azulado, y se movía de arriba a abajo como si tuviera un muelle.

- ¿Y ahora qué vamos a hacer con esto?

Entonces se me encendió una luz. Me incliné y me metí su capullo en la boca. Empecé a chupárselo y él gimió. Me cabía en la boca poco más que aquella punta tan gorda, que estaba de color casi morado.

- Muy bien, Lolita… Muy bien… Vas a ser una putita estupenda.

Mientras se la chupaba, me metía la mano por debajo de la braguita del bikini y me acariciaba el culo. Me decía que era preciosa, y eso me ponía muy caliente. Mi polla también goteaba, como la suya, y me mojaba la braguita.

- Para, para, putita. Vas a hacer que me corra y yo ya no estoy para muchos más trotes.

Me empujó sobre el colchón y me tumbó boca arriba. Apartó la braguita hacia un lado descubriéndome los huevos, y empezó a chupármelos. Se los metía en la boca y yo me moría de gusto. Casi me dolía de tanto que me gustaba. A veces, bajaba hasta mi culito, y lo besaba con la lengua. Yo me desesperaba. Pensé que tenía que decirle a Manolo que los hombres también gemían. Por la ventana entreabierta del dormitorio de los tíos, se oía a la Flaca chillar como una loca. Tía Marga y Manoli se reían, y a veces gemían ellas también. Tío Manu me volvía loco a mí… O loca.

Yo estaba muy metido en mi papel. Me sentía como una nena, como él me llamaba. Me decía que era una putita preciosa, y me preguntaba si quería que me follara. Me decía que él se moría por hacerlo, y yo le decía que sí, que yo también quería que me metiera su polla.

- ¿De verdad la quieres?

- Sí… sí… sí….

- ¿Pero qué?

- ¿Qué? ¡Ahhhhh…!

- ¿Qué quieres que te haga?

- Que… me folles… Que… me metas… la polla…

- ¿Te gusta mi polla?

- Síiiii…

- ¿Por qué?

- Es… es… ¡¡¡Ahhhhh….!

- ¿Cómo es?

- Es… grande… Y está… ¡Uffffff!

- ¿Cómo está?

- ¡Dura! ¡Es grande y está muy dura!

- ¿Entones… qué quieres, putita?

- Que me… la metas… Por favor… méteme la… polla…

Se arrodilló frente a mí. Apartándome la braguita con la mano, la colocó a la entrada de mi culo y empezó a empujar muy despacio. Me había lubricado con su lengua mientras me interrogaba. Me volvía loca oírle. Quería que me follara, que siguiera llamándome putita.

- ¡Asíiiii…! ¡Asíiiiii…! ¡Metemela… toda!

Le sentía penetrándome, como si me llenara. Me echaba chorritos de crema en el pecho y la extendía con parsimonia mientras comenzaba con un movimiento de vaivén que la llevaba cada vez más dentro. Mi pollita, apretada sobre el vientre por la braga del bikini, resbalaba en sus propios fluidos. Me volvía loca.

- Más… Métemela toda… Toda…

De repente, empujó con fuerza y la sentí perforarme hasta el fondo mismo. Fue como si apretara en un lugar secreto. Mi pollita comenzó a chorrear ese líquido transparente sin parar. Me hacía gemir. Era como si e ahogara. Ya no necesitaba moverse. Yo misma lo había, lo buscaba. Movía el culito buscando llevarla de nuevo a apretar en aquel sitio y, al conseguirlo, chillaba. Impostaba la voz como una niña. Me parecía que era Lola.

- Si… te mueves… así… me voy a correr…

- ¡Sí…! ¡Síiiiiiiiiii…! ¡Síiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Co… rre...téeeeeee…!

Empujó con fuerza. Se quedó clavado en mí y noté cómo me llenaba de calor.. Empujaba una y otra vez, sin sacarla ni un centímetro. Empujaba y pulsaba en aquel lugar. Yo chillaba y temblaba. Mi pollita comenzó a latir con fuerza. Notaba mi propia lechita resbalarme por el vientre. Parecía no ir a terminarse nunca. Me hacía temblar, chillar, balbucear.

- Tómala… toda… putita… ¡Aaaaaarrrrrrrrgggggg…!

Cuando terminamos, tío Manu me cogió en brazos y saltó conmigo a la piscina. No podía parar de reírme. Quise quitarme el bikini, pero no me dejó. Salpicamos y nos reímos un buen rato.

- ¡Pero bueno! ¿Es que no tienes final?

Mi polla volvía a estar dura. Me sentó en el borde del agua, la sacó por un lado de la braguita, y empezó a chupármela. Fue una cosa muy rápida. La succionaba con fuerza, como aspirándola. Me temblaron las piernas. Apenas fue un instante. Tres o cuatro minutos después, me corría en su boca, agarrándome a su cabeza. Las piernas me temblaban.

Más tarde, echados en la cheslonge, me quedé dormido entre sus brazos. Hacia calor también por la noche allí. Le escuché susurrar:

- Vas a ser una zorrita perfecta, Lolita… Una zorrita perfecta...

 

 


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