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Fecha: 11-Feb-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Inocencia caribeña, Pervertida -7-

Bex Love
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Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 29 min. ]
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La relación con madre e hija parece totalmente rota, conozco a alguien que no me imaginaba poder encontrarme y además tengo una visita inesperada que puede provocar todo un terremoto en esta morbosa historia. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Después de todo lo que aconteció esa noche y de lo que Lizbella acababa de enterarse, nada volvió a ser igual. Estuvimos discutiendo la madre y yo durante un buen rato. Estaba rabiosa más por haberse dado cuenta que la engañe, de que su inocente hijita haya sido iniciada en los placeres del sexo a sus espaldas.

Al principio solo gritaba y decía todos los insultos que se le pasaban por la cabeza, después empezó a llorar para soltar toda la impotencia y resignación.

-Creía que me amabas...- me decía mientras desahogaba su rabia en mi, dándome golpes con la parte posterior de sus puños sobre mi pecho.

-Y eso es cierto, te quiero Liz.-

-Entonces por qué me engañaste?, me has usado para estar con mi Pam, no lo niegues cabrón.-

-No es así...- le dije, y me interrumpió de nuevo sin dejar que continuase.

-Lo sabia, te lo dije, que te buscarías una chica más joven, y encima es mi hijita.-

Estaba totalmente desconsolada, nada de lo que le dijese la iba a calmar. Así que después de estar así bastante tiempo decidí no decir nada más para explicar lo ocurrido. Al principio me hice el duro, tan solo mirándola mientras lloraba, pero después me acerqué a ella para abrazarla. Al principio se resistía a que le rodease con mis brazos, pero en su estado necesitaba descargar su decepción, aunque fuese con quien se la provocó.

Le acariciaba el pelo y susurraba palabras consoladoras, cosa que hacía que llorase aun con más intensidad. Estuve abrazándola durante unos cuantos minutos mientras ella descargaba su consuelo con su cara mojada de lágrimas en uno de mis hombros.

-Recogeré mi ropa y mis cosas y me iré.- Se separó de mi para mirarme y con los ojos hinchados e intentando mantener la compostura me respondió...

-No te vas a ir a estas horas de noche, aunque te lo merezcas..., quédate en la cama, yo me iré a dormir con mi hija...- Se levanto sin mas, si. Darme ni una sola mirada y salió de la habitación cerrando la puerta de un portazo. El resto de la noche apenas dormí, hasta que se hizo de día, y con los primeros rayos del sol, me levanté para recoger las pocas pertenencias que tenía y salir de la casa. Intente no hacer ruido al salir de la habitación para no despertarlas, pero cuando pase al salón para dirigirme a la salida, vi que Lizbella estaba tú bada en el sofá acostada..., pero estaba despierta.

-Ya he recogido todo, me voy Liz, siento que esto haya ocurrido así.- Ella se incorporo del sofá y se acercó a mi, no sabía qué intención tenía, incluso me preparé para recibir un guantazo de su parte como despedida.

-Deseaba más que nada ser tu mujer, ser todo lo que tú quisieras, hasta sería tu esclava feliz solo por tenerte...- Se quedo muda un momento, y empezaron a volverse lagrimosos sus ojos.

-Basta, no empecemos de nuevo.- Con la mirada y gestos que hacía no sabía si quería abrazarme o volver a golpearme.

-Pues entonces vete, ya me has traicionado bastante.- me dijo en voz alta, do a tener ese tono de rabia. Me quede un instante mirándola mientras ella se quedaba de pie en medio del salón con los brazos cruzados y sin mirarme a la cara, aunque se le notasen los ojos humedecidos. Me agaché a recoger la mochila que portaba mis cosas, cuando escuché abrirse la puerta de la habitación de Pam. La chiquilla apareció despeinada y con cara de sueño.

-¿Mami que pasa?-

-Nada mi vida, Vincent se va.-

-¿Pero como que se va, a donde?- Ninguno le respondimos y la chica salió a nuestro encuentro para intentar entender que ocurría. Al pasar junto a su madre, esta abrió sus brazos para fundirse en un abrazo con la preciosa morenita que tenía por hija. Creo que tras ese momento me di cuenta de la realidad y la acepté.

-Cariño me voy, pero me voy de vuelta a mi país-

-¿ Y nos vas a abandonar papi?-

-Os quiero mucho a las dos y me duele despedirme, pero he de prepararme para la vuelta, el visado del pasaporte se me acaba en unas semanas y no puedo quedarme más.- Era la única excusa que pude darle en ese momento.

-Pero eres mi papi, vais a casaros...- La  madre la abrazo y se emocionó al escuchar el comentario de su adolescente hija, sin embargo esta alzó la mirada para mirarla a los ojos y soltó él abarató que le mantenía su madre.

-Esto es por lo de anoche, lo se, es mi culpa.- dijo la niña a Lizbella mientras se soltaba de su abrazo. -No quiero que te vayas.- Vino corriendo hacia dónde me encontraba y me abrazo rodeándome con sus manos por la cintura.

-No puedo cielo, y no es tu culpa...-

-Si lo es, y yo te quiero, quiero que seas mi papi.- en ese momento dirigió la mirada a su madre. -Si, lo confieso, Vincent me hacía lo que le pedía por que quería hacerle feliz a nuestro lado, y yo le hacía que se sintiese a gusto para que no nos abandone. Pronto voy a cumplir la mayoría de edad y puedo hacer lo que quiera con el hombre que quiera. Mami por favor que no se vaya, haré lo que me digas, pero que no se vaya...-

Ambas mujeres con los ojos encharcados se miraban intentando comprender la situación. Cogí la carita de Pam con una mano suavemente y con una mezcla de dulzura y pena por imaginarme que no volvería a verla más, le dije...

-Te quiero mucho mi princesita, y también a tu mami, pero no siempre salen las cosas como queremos, y que sepas que esto no es culpa tuya ni la de tu madre, ahora ya estás haciéndote una mujer y debes comprender que a veces se te y hay que aceptarlo. Cuando queráis yo estaré en mi casa durante el tiempo que me queda para lo que necesitéis.-

Le di un beso en la mejilla a la niña, y a su madre tan solo me despedí con un gesto con la mano de adiós, pues ella aún seguía de pie a unos metros de nosotros con sus brazos cruzados. Salí de la casa echando una última mirada hacia el hogar de las chicas y recordando los buenos momentos vividos allí, me dirigí al pueblo y pedí un taxi que me llevara a mi residencia.

Transcurrieron un par de semanas, donde me ocupaba en temas de papeleo por el final del visado de estancia en el país, y preparando el inminente viaje de vuelta a España. También hice algunas excursiones a varias zonas de Rep. Dominicana, aunque realmente no las disfrute como quería, pues echaba de menos a las dos preciosas mujercitas que me habían acompañado desde mi llegada.

A tan solo unos pocos días del vuelo que había reservado para mi vuelta, decidí despejarme y salir esa noche por la zona más turística de la capital. Me arregle bien y salí en taxi a pasarla e intentar olvidar las penas mientras disfrutaba de la noche festiva que ofrecía ese fin de semana. Después de recorrer varios lugares de la zona, entre en un local que estaba lleno de turistas y también gente dominicana. Había buena música y estaba bien decorado, era uno de esos sitios algo exclusivos. Me acerqué a la barra para pedir una copa, esperando que alguno de los camareros me atendiese. Justo a mi lado había un pequeño grupo de tres chicas y dos chicos, por cómo vestían y su acento, estaba claro que eran de allí y no unos turistas.

Al ser unas chicas muy guapas, no pude evitar mirara las de reojo. Una era una joven de piel oscura, alta, con el pelo muy largo y ropa muy ceñida. Las otras dos eran de piel blanca pero bronceada, una morena con el pelo recogido y con un cuerpo lleno de curvas, y aunque era la más rellenita de las tres, seguía estando muy buena. La tercera de ellas estaba posicionada dándome la espalda, pues solo podía ver su bonita cabellera rubia y su espectacular culo respingón, llevando un vestido negro ajustado de tirantes y con broches brillantes plateados que le llegaba hasta el principio de los muslos.

En la zona de la barra donde me encontraba estaba bien iluminada y podía apreciar bien todos los detalles. Durante la charla que mantenía el grupo, la joven chica rubia se giró un poco y pude ver la preciosidad de las facciones de su cara... (-espera un momento-), me dije a mi mismo, ese rostro me era familiar, me sonaba de algo y no podía recordarlo.

La chica hizo un gesto girándose, haciendo que la mirase de frente mientras recogía su copa de la barra del local y me sonrió levemente al darse cuenta que la miraba... Claro!, ya me acorde, ya sé por qué me sonaba esa cara. Ella era la guapa camarera del resort de Punta Cana, donde pase el fin de semana que me declare a Liz. *(léase Inocencia caribeña, Pervertida -4-) Como ya había tomado un par de copas en otros sitios esa noche, me envalentoné a saludarla.

-Hola perdona, es que llevo un buen rato esperando y no me sirven, ¿sabes si preparan aquí algo llamado “papi no te vayas”?-

-Jajaja..., lo dudo mucho, ¿tu como sabes eso?- me respondió la guapa rubia.

-Pues por que una vez en Punta Cana me lo sirvió una camarera muy simpática y linda, y estaba demasiado rico.-

-Pero si eso es algo que servía mucho en un resort donde yo trabajaba.-

-La verdad es que fuiste tú, te reconocí, seguro que tú no te acuerdas.-

-Hay papito, si yo me acordase de todos los que pasaban por allí, sería la más famosa del mundo.- ella se giró por completo hacia mi, dándome pie a seguir la conversación.

-Y ahora te encuentro en la capital, ¿dejaste el trabajo?-

-Ay si, solo estuve seis meses trabajando allá, pero siempre he vivido en Santo Domingo.-

La conversación fue fluyendo y pasamos un buen rato charlando de temas triviales. A veces durante los momentos que ella no me miraba, yo observaba atentamente ese cuerpo tan bien esculpido, era de talla media, unos 1,67 cmt. No tenía mucho pecho, pero las tenía muy bien firmes y colocadas. Sus piernas eran bien torneadas que daban a sus caderas bien proporcionadas y un culo buen levantado. Aunque su cuerpo era espectacular, lo realmente llamativo era la hermosura de su cara, aunque no podía apreciar bien el color de sus bonitos ojos, los recordaba verdes de la última vez que la vi, tenía una naricita pequeña y unos labios bien carnosos, realmente parecía una muñequita, esta chica podría tener el hombre que quisiera con ese cuerpo y esa belleza.

Imaginé que quizás alguno de los tíos que las acompañaban sería una pareja o algún novio, pero dado el tiempo que estuvimos conversando, empecé a intuir que si es que lo tuviese, no sería ninguno de esos, pues por qué si fuese yo, ya me habría vuelto celoso al verla hablar tanto con otro hombre.

En ese momento sus dos amigas la reclamaron y se fueron todos a la pista de baile. Yo me fui a una zona donde había varias mesitas con taburetes altos después de haber conseguido la copa que tanto costó que el camarero me la sirviese. Miraba a la gente bailar y pasarlo bien mientras yo absorto en mis pensamientos sobre todo lo ocurrido desde mi llegada. Pensaba mucho en Pam y Liz, y he de decir que realmente las echaba de menos, no solo por mantener relaciones sexuales con las dos, también por los momentos que nos divertíamos saliendo juntos... Mientras estaba con la mirada perdida en la zona de baile y pensando en mis cosa, sentí el roce de una mano tocar mi hombro.

-¿No te animas a bailar?- me alegre ver de nuevo el rostro de la rubia camarera que había conocido meses atrás.

-No se me da muy bien, prefiero ver cómo lo haces tú.-

-Ay, todos los extranjeros no saben bailar y aún así lo hacen, vamos baila conmigo,- cogiéndome con sus manos las mías y poniéndome de pie.

-¿ Sabes? Eres el único hombre que no me ha pedido nada en muchísimo tiempo, ni siquiera me has preguntado mi nombre.-

-Seguro que te llamas Angela.-

-Pues no me llamo así, ¿acaso te recuerdo a alguna con ese nombre?- me miro intrigada mientras bailaba lentamente y con nuestras manos aún sujetas intentando que le siguiese el ritmo al son de la música.

-No es por eso, es que pensaba que eras un ángel.-

-Andaaa...! Por fin me dijo algo bonito.- Dijo mientras se reía por el piropo. -No soy ningún ángel, seguramente soy más diablesa.- Se acercó más a mí para que la oyese bien. -Mi nombre es Corina, ¿como te llamas tú?- Le dije mi nombre y me dio un beso en la mejilla. -Ahora ya nos conocemos debidamente.- bailamos por un momento sin hablar nada hasta que ella intervino otra vez... ¿en que estás pensando?- seguramente me dijo eso al ver la cara de incredulidad que tenía al bailar con aquel belleza.

-Es que no suelo bailar con chicas tan lindas, y me preguntaba si...- me interrumpió de inmediato y ella soltó...

-¿Que pensabas, que soy una “bandida, una “singona “? (Son algunas referencias a cómo se conocen allí a las putas) me dijo con cara de enfado... Me quedé algo sorprendido y con la  abierta sin saber cómo responder a eso...

-Jajaja, que bobito eres, te estoy gastando una broma, pero es que me ha encantado ver la cara que has puesto.-

-Vaya, aparte de guapa eres graciosa, ¿hay algo más de ti que me vaya a sorprender?-

-Pues no lo se, tendrás que comprobarlo tú, si me invitas a una copa, lo mismo descubres más.-

Una de sus amigas vino a su encuentro y le comento que se iban a otro lugar para invitarla a acompañarles, me sorprendió que rechazase irse y quedarse conmigo, se despidieron y vi como el grupo de las dos chicas y chicos salían del local.

-No te apetece estar con tus amigos?- le pregunté intrigado de por qué no se fue con ellos.

-Realmente la chica que acaba de venir era mi única amiga, los demás son solo conocidos, ellas ya van con sus novios y no me apetece estar yo sola con parejas.- me miro sonriente y continuo -¿Me vas a invitar a esa copa o voy a tener que hacerte bailar más hasta que te convenza?-

Evidentemente no solo la invite a una bebida, sino que estuvimos un buen rato allí tomando más. Mientras nos íbamos conociendo y también soltándome con algún que otro baile mientras ella me acompañaba. Descubrí que no tenía novio actualmente, que solo tenía amigos, también me pregunto por el día que la conocí mientras ella era camarera de aquel hotel turístico en la otra parte del país. Le conté todo, hasta lo de pedirle matrimonio a Liz, a lo que ella me preguntó que había pasado. Le comenté que habíamos peleado y que solo hace unas semanas que nos separamos...

-Es que las mujeres dominicanas tenemos la sangre caliente y es difícil controlarnos.- me dijo sonriente. La noche había avanzado mucho y yo ya no podía tomar más, no quería despedirme de Corina, pero al día siguiente tenía muchas cosas por hacer y no quería estar con resaca y cansado.

-¿Dónde vives?- le pregunte ya cambiando de conversación.

-¿Por que lo dices?-

-Es que he de volver ya, mañana he de hacer algunos papeleos, por si quieres que te acompañe a casa en taxi.-

-No vivo muy lejos, pero es que de verdad que no me apetece volver a casa.-

-Entonces..., ¿nos despedimos aquí?- Le dije sin saber cómo hacer para volver a verla, aunque quizás pensé que ella solo quería a alguien que la acompañase por esa noche nada más, mientras bailaba y bebía.

-Pues a mi si se me ocurre que no tenemos por qué despedirnos, si tú quieres puedo acompañarte a tu cada.- No me podía creer lo que me estaba proponiendo aquella espectacular chica... -Ademas no es tan tarde, y si quieres hasta te puedo enseñar algunos pasos de baile para que así te animes más cuando vengas a uno de estos sitios.- me dijo con una sonrisa burlona.

No podía negarme, ni quería hacerlo, realmente me agradaba su compañía y el que estuviésemos solos en mi residencia podía dar mucho más de sí, así que la invite a venir encantado. No tardamos mucho en llegar,la hice pasar al salón y se sentará en el taburete de la barra donde tenía un pequeño mini bar, serví dos copas de champán y brindamos por ese momento.

-Tienes una casa muy bonita- me comentó después de darle un sorbo a su bebida.

-No es mía, tan solo la alquile durante mi estancia y pronto la dejaré.-

-Es una pena que te marches tan pronto, eres uno de los pocos extranjeros que he conocido que haya sido tan dulce conmigo, todos los demás solo querían cogerme nada más.- Al decirme eso vi un brillo especial en sus bonitos ojos verdes.

-Chica, no sé si te has visto alguna vez en el espejo, pero me parece tan evidente con lo buena que estás, que no debe sorprenderte.- le respondí con sinceridad.

-Todos son unos mamahuevos que no me interesan lo más mínimo.- haciendo un gesto de despareció mientras lo decía. Luego me pregunto. -Dime papito, ¿dónde está el baño?-

Le indiqué la puerta donde se encontraba y nos dirigimos juntos, yo al salón y ella al aseo. Encendí el equipo de música y sintonicé una emisora de radio donde ponían buenas canciones. Sobre el sofá tenía algunas prendas, y me puse a recogerlas e intenté que estuviese todo un poco más ordenado y limpio mientras ella no estaba.  O me di cuenta de su presencia hasta que ella habló...

-Ya estoy aquí.-

Gire la cabeza al escucharla, y lo que vi en ese momento es como si se hubiesen abierto las puertas del cielo... Estaba plantada de pie, solo en sujetador y tanga negros, con sus dos manos apoyadas en su cadera y mirándome fijamente. Me quede embobado por la impresionante figura que se presentaba semidesnuda ante mi,  con la boca abierta y sin poder soltar ni una palabra.

-¿No vas a decirme nada..., ¿que te parezco?- diciéndomelo en tono de voz sensual. Después de unos instantes sin poder pronunciar ni un solo sonido de mi boca, pude responderla.

-Me has dejado mudo... ¿de verdad que no eres un ángel?-

-¿Ves?, por eso estoy aquí contigo, eres tan dulce, que me haces sentir especial, no como todos esos babosos que se me arriman.-

Me percaté que no se había quitado los tacones, haciendo aún más estilizado y bello su cuerpo. Vino caminando hacia mí con unos andares que parecían de una modelo profesional, se colocó frente a mi rostro y con una delicadeza y sensualidad increíble, acercó sus labios a los míos para besarlos dulcemente.

-Voy a hacer que este hombrecito se olvide por completo de esa tonta prometida que te ha dejado escapar.- Me rodeó con sus brazos, apoyando sus manos en mi espalda para hacerme acercar más a ella mientras continuaba con el beso. Sacó su lengua y fue lamiendo mis labios con ella de un modo tan erótico, que me hizo poner la polla que me dolía mantenerla dentro del pantalón. Corina notó la dureza que le rozaba entre el monte de Venus y la barriga, me miro con los ojos entrecerrados y colocó una mano en mí abultado paquete.

-Veo que te gusta lo que te hago.- me dijo a la vez que se mordía el labio inferior con sus dientes. Dio un paso hacia atrás y puso sus manos detrás de su cabeza levantando su cabello rubio y hacer que su melena parezca alborotada, hacía lentos movimientos muy sensuales al ritmo de la música romántica que sonaba en ese momento en la radio. Se viró dándome la espalda, pero sin dejar de mirarme mientras lo hacía girando su cabeza hacia mi. La visión de ese trasero respingón y perfectamente moldeado era como estar en el paraíso. Justo donde terminaba su espalda y se juntaba con su culo, tenía un bonito lunar sobre la nalga derecha. Quito las manos de su cabeza y se dispuso a soltar el cierre de su sujetador, lo dejó caer al suelo para girarse de nuevo poniéndose frente Ami, tapando con sus manos las tetas firmes que poseía.

-Estás muy callado señor Vincent, ¿eso es que te gusta lo que ves?-

-Lo adoro, señorita Corina.- Respondiéndole del modo cortes que me había preguntado... Despejó el pecho de sus manos, dejándome ver esos rosados pezones que ya estaban tiesos, fue bajándolas hacia los laterales de su cadera metiendo los dedos gruesos por debajo de la cinta de su tanga para bajársela... -Gírate de nuevo, quiero observar bien ese lugarcito que tienes detrás-

-¿Te gusta mi lunar?-

-Se ve delicioso- le respondí.

Hizo lo que le pedí, pero esta vez antes de darse la vuelta se acercó a mi y me dio un empujón para que me sentara en el sofá que había detrás mío. Ya sentado y ella frente a mi dándome la espalda, a escasos centímetros de mi cara a la altura de sus nalgas. Arqueó la espalda inclinándose un poco hacia delante, fue bajando la pequeña braguita hasta dejársela al nivel de sus rodillas, y parándolas allí le agarre de los muslos y di un beso en su lunar. Ella me miro mientras mantenía esa posición inclinada y sacando el culo hacia atrás, me dijo...

-¿Sabes que me gusta papito?... me encanta un hombre rudo, que me trate como una sucia puta cuando me ponga caliente, adoro que sea dulce conmigo en el día y un cochino cabrón en la cama.-

Acababa de escuchar las palabras mágicas que tanto deseaba en una mujer. Agarre con fuerza  sus muslos para acercar bien ese redondo culo a mi boca, y le di un bocado a la nalga que tenía el lunar.

-Ummmmm, si, muérdeme más fuerte, ¡márcame!- Succionaba y mordía la molla de su culo con fuerza, y a ella parecía gustarle. Al momento le abrí todo lo que pude los cachetes de su culo, dejándome ver el sonrosado ano que tenía y la rajita de su coño. Lamí con intensidad desde el chochito húmedo hasta el precioso agujerito de su culo, recorriéndolo varias veces. Ella no paraba de gemir de placer pidiéndome más. En ese momento la cogí en peso e hice que se recostara en el sofá donde estábamos. Yo aún sentado y ella en posición de lado con su hermosa cara a la altura de mi paquete... Me desabrocho la bragueta y saco todo mi miembro junto a los huevos, lo cogió por la base y empezó a restregárselo por toda su cara... Mirar esa carita tan dulce y bella siendo usada de ese modo tan perverso, hizo que no pudiera contener el morbo que me había provocado. Le cogí del cabello alzando la cabeza hacia atrás mientras ella no dejaba de mirarme a los ojos. Sostuve su barbilla con la otra mano y a continuación le di una bofetada en ese rostro de muñequita que tenía.

-Asi coñooo... pega a esta puta y enséñale a mamar una pinga como es debido.- Me lo decía adoptando una cara de zorra, ansiosa de más. Estire más de su pelo y le di varios azotes más a su mejilla. “Ahhhhh..., Ayyy, mmmm....” gritaba y gemía entre el dolor y placer que le provocaban mis palmeadas, mordía sus labios con rabia y me miraba con intensidad cada vez que la azotaba... -Soy una puta sucia que necesita que la castiguen..., ummmm, ay papito ¡quiero tragarme esa pinga ya!-

Justo después de decirme eso, coloqué ambas de sus manos detrás de su espalda y las sujeté fuertemente con una de las mías, con la otra dirigí la punta de mi polla hacia su boca y se la metí para que la saboreara y chupara a placer.

-Te la vas a comer entera, quiero sentir como tú barbilla roza mis pelotas mientras tienes mi verga metida en tu garganta.- Solté mi miembro y puse la mano sobre la cabeza de Corina, empuje con fuerza hacia abajo, mientras ella se insertaba en su boca todo lo largo de mi pene hasta el fondo, la hice subir y bajar esa cabecita varía veces más haciéndome una buena mamada, para después presionarla hasta el fondo, sintiendo la punta de mi glande hasta el interior de su tráquea... Pasados unos segundos así, notaba como intentaba soltar sus manos del agarre que mantenía con la mía para intentar librarse del trozo de carne que llenaba su boca y no la dejaba respirar. Tire de su pelo hacia arriba, dejando libre la entrada de su boca, empezó a respirar jadeando rápidamente, a la vez que de sus labios le chorreaba un incesante hilo de babas y saliva que había producido por tener mi trance en lo profundo de su garganta. Me goteaba sobre mi polla y mis pelotas todo aquello que desprendía de su boquita abierta.

-Puto... me vas a asfixiar...- me dijo en el momento que pudo coger aliento.

Volví a golpearle en la cara con la palma de la mano por haberme llamado así. Se quejó de la bofetada, pero la aceptó sin más.

-Ahora limpia todo eso que has ensuciado.- Le indiqué mientras rozaba con mis dedos todo ese jugo transparente que había depositado de lo profundo de su boca. Le solté las manos de detrás de su espalda y ayudándose de sus dedos sorbió toda la espesa saliva que había producido.

-Veras que limpio te dejo.- me respondió mientras succionaba con sus gorditos labios todo lo que resbalaba de mi pene, y con una de sus manos ahora liberada, recogía con sus dedos el resto que se había posado en mis huevos. Poniendo su cabeza mirando hacia arriba y con la boca abierta completamente con su lengua sacada al máximo que podía, dejó caer las babas que le goteaban y escurrían de sus dedos hacia el interior de su hermosa boca, se relamió mientras se tragaba su propia saliva, y me dijo... -¿No tienes nada más para mí?-

-Móntate encima y cabalgame.- Se puso a horcajadas sobre mis muslos y se metió toda mi verga hasta el fondo de su vagina... Empezó a moverse haciendo movimientos circulares con su cadera mientras la tenía clavada hasta el fondo, con mi glande rozando su útero.

De repente empezó a soñar el pitido de un móvil, era el de Corina que tenía dentro de su bolsita colocado junto a nosotros en el sofá. Ella no le hizo caso y siguió follandome con intensidad, notando como me apretaba con sus muslos mojados del flujo de su coñito y clavándome sus uñas sobre mis hombros. Al poco volvió a soñar el teléfono, serían como las 5 de la madrugada y le dije que lo cogiera por si era una emergencia. Ella sin sacársela de su chochito, alcanzó su bolso y sacó el celular para responder...

-Hola mi amor, ¿que ocurre, por qué me llamas a estas horas?- yo seguía agarrándola de las caderas haciendo que continuase con su meneo mientras hablaba.

-Ay si, yo también te hecho de menos papi, pero es que aquí es muy tarde y ya dormía...-

...”¿papi”?, ¿era su padre quien la llamaba a estas horas, y por que le dijo que aquí es muy tarde, acaso no era la misma hora en todo el pais?... pensé mientras oía la conversación de esa linda rubia mientras me montaba.

-Cariño mío, ¿ves como te cojo la llamada a la hora que sea?, eso es por que te quiero mucho y pienso en ti hasta en sueños.- Eso estaba claro que no se lo decía a su padre... Ahora ella empezó a sacarla y meterla chocando sus nalgas con mis muslos, mientras escuchaba lo que le decía su interlocutor al otro lado de la línea.

-Mmmmm, si mi amor, tan solo de imaginarlo ya me mojo.- Después de decirle eso a la persona con la que hablaba, acercó su boca a mis labios y empezó a chuparmelos. Ella gemía sin ocultar el sonido, y también provocaba más ruido al chocar su culo contra mis muslos mientras se la metía.

-¿Que ruidos oyes cariño?, yo no oigo nada.- le respondía Corina al teléfono mientras intensificaba los movimientos de sus caderas.

-No te preocupes de nada, dentro de poco estaremos juntos y podremos disfrutar de todo lo que soñamos..., yo también te amo mi cielito.- Hizo el sonido del beso como despedida hacia la otra persona, pero dándomelo en mi boca para que sonase fuerte, se despidió con un “te deseo” colgando la llamada.

-Así que... ¿uno de tus amigos?-

-Calla y chíngame.- me respondió con deseo. Le tire del pelo y le insistí en quien era quien la llamaba a estas horas.

-Me parece demasiado afecto para ser un solo amigo, yo te he contado la verdad sobre mi, si tú no haces lo mismo, esto se acaba aquí y ahora.- ...La bellísima rubia me muero con los ojos entrecerrados con cara de auténtica perversa y me respondió algo que no me  esperaba...

-Ese que me acaba de llamar no es ningún amigo...- Se tomo una pausa y prosiguió. -Es mi marido.- Me quede algo perplejo ante la noticia, y quedándome en silencio sin dejar de mirarla a los ojos, le provoque que continuara con su explicación... -Mira es solo un viejo que conocí mientras trabajaba en el resort. El es un hombre mayor que vive en Italia, y si, me estoy aprovechando casándome con él para que me saque del país y dejar esta vida de miseria.-

Ahora empezaba a encajarme todo un poco más. No era una puta cómo llegué a pensar en un principio, pero si una chica interesada en busca de una vida mejor, y gracias a su cuerpo y su belleza, había encontrado al típico viejo turista confiado del que poder aprovecharse.

-¿Recuerdas?, no soy un ángel, soy una diablesa.- Volvió a intensificar sus movimientos de cadera justo después de decírmelo. -Dame tú lechita, lléname entera por la puta singona que soy.- me dio un bocado en el cuello con fuerza al decírmelo, a lo que yo la cogí de sus brazos y apretándola con intensidad la baje de mí para posarla sobre el sofá boca abajo... -¿Por que me la sacas?, fóllame coñooo!-

Pronto se dio cuenta de por que lo hice, me puse de rodillas apoyándolas a ambos lados del sofá junto a su espalda y comencé a azotar su sabroso culo con bastante fuerza.

-Me haces daño cabron!... pero no pares, soy una guarra y me lo merezco.- Cuando ya empezaba a ponerse roja toda la zona de sus nalgas, deje de pegarle en el culo y me posicione tras el.

-Ábretelo bien con las manos y sácame el culo hacia fuera.- Asi lo hizo, y metí mi boca en el pliegue de su chochito para morderlo con verdadera ansia. A ella le encantaba la rudeza como le trataba su coñito abultado, de hecho la excitacion que estaba sintiendo hizo que uno de sus dedos empezara a acariciar la entrada de su chiquito ano. Yo veía a escasos centímetros de mi, como ese dedo suyo empezaba a introducirse en su agujerito trasero.

-Mojamelo papito, esta muy seco y no me entra bien.- Sacó la punta del dedo de su culo y lo puso tieso delante de mis labios para que se lo humedeciera. -Que rico me comes mi coñito corazón..., pero tienes que saber que gozo como una perra cuando me llenan mi cubito.- Sacó su dedo de mi boca y se lo metió hasta el fondo de su ano, notaba como ella misma movía su dedo dentro del culo a través de la fina pared de piel que lo separaba de su sexo, con mi lengua dentro de él.

-¿Así que te gusta por detrás, verdad puntita?-

-Mmmmmm..., si, lo amo, esa sensación de como me abren el ojete me vuelve loca.-

Haciendo que se pusiese de rodillas, acerqué mi miembro a la entrada del rosado agujero que estaba ocupado por uno de sus dedos. Se lo quite dejando la entrada libre para mi goteante glande que ya empujaba para abrirse paso en esa estrecha cueva.

-Uffffff...siii!, lo adoro, rómpeme el culo, déjamelo abierto!- Escupí sobre mi polla mientras iba introduciéndosela y escuchar lo que me pedía con ansiedad... -Mmmm, que rico se siente, con una pinga tan sabrosa como la tuya, clávamela hasta el fondo...- Conseguí tocar con mi pubis sobre la carne de su trasero, y al llegar hasta el fondo empecé a sacarla y meterla con más rapidez. La entrada de su retaguardia la recibía al principio oponiendo resistencia, pero después ya se deslizaba con más facilidad -Asiii..., soy tu puta zorra, ¿te gusta com mi culo se traga todo tu pollón?- 

Ahora ella después de decirme eso movía su cuerpo alante y atrás, siendo ella la que hacía todo el movimiento y yo estando totalmente quieto. Se sacaba la polla por completo y con sus manos abría las nalgas todo lo que podía, para así darme una visión de todo su ano dilatado, que apretaba y aflojaba.

-¡Clávamela otra vez!- me gritaba a la vez que cogía con su mano mi verga y la guiaba de nuevo al abierto túnel de su culo. Yo estaba a punto de la corrida, y ella a la vez se masturbaba con sus dedos, acariciando rápidamente su clítoris.

Estallé en una explosión de placer, llenándole su recto con todo mi semen mientras lo apretaba fuertemente la base del pene. Al escuchar mis gritos de placer, ella pronto consiguió su orgasmo, con mi polla inundando su agujero trasero y sus dedos apretando su botoncito rosado del bollo carnoso y abultado que poseía, y sintiendo las contracciones que hacía su esfínter aprisionándomela... Después de unos instantes de recuperación ella me comentó.

-Puedo ser tu chingona particular si quieres.-

-¿Tú no tienes un marido que ya te mantenga?-

-Mientras el no está aquí, yo sería solo para ti.-

-Ademas, ¿no me dijiste que no eras una bandida?-

-Pero puedo serlo solo contigo, sabes que te voy a hacer todo lo que tú quieras.- La mire con gesto de intriga y curiosidad.

-Ya sabía que no podía ser tan fácil estar con una chica tan bonita como tú.-

-Anda que tú también eres muy guapo y joven, aquí las mujeres se morirían por un hombre como tú.-

-¿Ah si?, ¿y que es lo que quieres por ser mi putita?- Se quedo un rato pensándolo y finalmente me dijo.

-No hace falta que me pagues, para eso me casé con mi viejo maridito, pero si puedes hacer que venga contigo a estar en tu casa y te encargues de darme las cosas que necesite cuando te las pida.-

Acepte su propuesta y nos fuimos a la ducha juntos, allí nos manoseamos y enjabonábamos el uno al otro. Nos fuimos al dormitorio y le ofrecí un camisón de encaje que compré a Lizbella, pero que estaba sin estrenar. Se lo puso y nos acostamos en el colchón para descansar, la noche había pasado rápidamente, pues sin darme cuenta, por la ventana ya asomaban los primeros rayos del día que iluminaban la estancia. Nos quedamos un rato abrazados, dándonos caricias y susurrándonos cosas sucias como si fuésemos dos amantes, cuando de repente escuche el timbre de la casa que llamaban. No le hice mucho caso, pensé que sería el cartero que se habría equivocado o algo así, cuando volvió a soñar el timbre de nuevo, esta vez repetidamente y con insistencia...

Me puse un pantalón corto y una camisa y fui al recibidor a abrir la puerta. Mis ojos aún no estaban acostumbrados a la luz intensa del día, y al abrir el portón de la entrada, entrecerré los ojos para que no me encandilase el sol que me daba de cara... Delante de mí había una figura de una mujer, que al principio no pude adivinar quien era, por la ceguera que me producía la intensa luz, haciendo mi visión borrosa... y al momento escuché una voz que me hizo abrir los ojos de par en par.

-Hola papi...!- me fije en ese cuerpito moreno y esa cara tan dulce que solo poseía mi Pam.

-No puedo estar sin ti, me he escapado de casa temprano para venir a verte.- se abalanzó hacia mí y me rodeó con sus brazos fuertemente.

-Cariño, ¿has venido sola, donde está tu madre?-

-Ella cree que he ido al instituto- me dijo eso mirándome con cara de pena. -No entiendo nada de lo que ha pasado, he hecho todo lo que queríais y encima tengo que ver como mi papi me abandona..., otra vez no por favor.- Me decía entre sollozos.

-Mi princesita, no llores más, no te he abandonado, tan solo nos peleamos tú mami y yo, pero te digo queriendo como antes.-

-Pero no te vayas, si tú te vas me voy contigo.-

-No puedes hacer eso, aún no eres mayor y además, ¿como crees que se quedaría tú querida mami si no apareces?-

-Me da igual, si ella no te quiere, entonces yo si, y me casare contigo.- me decía mientras m apretaba más fuerte aún.

-No es tan fácil mi vida..., anda pasa adentro y cuéntame.- Se sentó en uno de los taburetes que estaban en la cocina mientras preparaba un café calentito. Pamela venía vestida con el uniforme escolar, que debido a lo desarrollado que tenía su cuerpo, se le notaba todo muy apretado. Serví las tazas de café y así poder despejarme de todo lo que bebí esa noche, mas el hecho de no haber dormido nada.

-Papi yo te hecho mucho de menos, si tú me quieres, me quedaría a vivir contigo.- me decía desesperadamente mi jovencita mulata, mientras daba los primeros sorbos a su taza.

-A ver mi amor, yo también te extraño, y ojalá pudiera tenerte conmigo siempre, pero so no se puede hacer. Primero por que aún no tienes la mayoría de edad y Segundo por que no quiero hacer sufrir a tu mamita. ¿Lo entiendes, verdad cariño?-

-Pues entonces vuelve a casa y convencemos a mami para que hagáis las paces y estar los tres de nuevo juntos.- Justo al acabar de pronunciar su frase apareció Corina, vestida solo con el camisón semitransparente.

-Buenos días.- nos saludó a los dos mientras se encaminaba a nuestro encuentro en la barra de la cocina. -¿No hay café para mi?- me dijo mientras rozaba su mano sobre uno de mis hombros al pasar a mi lado... Pamela se quedó un rato estupefacta al ver con sus ojos la hermosa mujer que me acompañaba.

-¿Quien pinga es esa!?- soltó la pequeña mulatica de su boca, con ente tono de rabia y sorpresa.

-Cariño, yo no soy esa, tengo un nombre, y soy quien está haciendo feliz a Vincent.- le respondió la rubia mientras me abrazaba por detrás... Pamela estaba a punto de estallar de celos y rabia al ver a esa chica tratarme de ese modo.

-Vamos a relajarnos chicas.- Dije a modo de intervenir e intentar rebajar la tensión que se estaba acumulando... -Esta chica jovencita y preciosa que ves aquí es Pamela, es la hija de la prometida que te conté.-

-Pues si que es bonita, pero un poco rabiosa para ser tan joven.- Respondiendo Corina a mi presentación. Antes de que Pam saltara con algún comentario a lo que le dijo la chica rubia que acababa de conocer, yo intervine.

-Pam, ella es Corina, y aunque no te acuerdes,  nos vimos por primera vez en el viaje que hicimos a Punta Cana, y hoy nos hemos encontrado por casualidad.

-Si, si, una puta aprovechada que quiere robarme a mi papi.-

Se bajó del taburete y me abrazo para hacerme sentir suyo. Corina nos miraba en ese momento con gracia y ternura, aún habiendo escuchado de la adolescente morena que la había llamado puta. Pamela mirando fijamente a los ojos claros de la hermosa chica blanca, empezó a comerme la boca con suma dedicación, sin apartar la desafiante mirada hacia Corina... Sin embargo a ella hasta le hizo gracia la reacción de la joven  y se sirvió una taza de café sin inmutarse por el beso que mi Pamelita me estaba dando. Después de besarme me abrazo del cuello sin soltarme y apoyaba su cara en mi pecho, pero aún sin perder de vista a la rubia que nos acompañaba.

-Pues si va a ser tu hijita, parece que te quiere como si fueses su amante.- Dijo Cori intentando mantener esa tensión que parecía hacerle gracia.

-Pues si!, lo quiero como me sale de la raja del bollo, y a ti no te importa.- le respondió una airada Pamela.

-Me da igual que hayas estado con ella, yo solo quiero estar contigo, quiero pasar todo el día junto a ti papi, y quiero que me hagas una mujer. Quiero sentir lo que haces a mami y a otras chicas con las que hayas estado, quiero que me la metas y hacer que te sientas muy feliz..., ¡papi déjame chingarte!, solo quiero que estes contento de tu nenita mulata, puedes estar con tu pinga dentro de mi todo el día si quieres.-

-Vaya con la dulce niñita.- intervino Corina, -Si quieres puedes compartir conmigo a tu papi, no creo que puedas aguantar todo el día con una pinga como esa metida en ti.-

-...Haz que se vaya y fóllame papito.- me susurraba esta vez la pequeña Pam al oído... -Me vas a chingar todo el día como tú quieras, ya tengo mi coñito mojado, y te mamare la pinga y los huecos hasta que te corras mil veces.- continuo diciéndome con sus labios rozándome una de mis orejas -...y ademas te voy a meter toda mi lengua en tu culo rico, te voy a dejar muy mojado y limpio ahí detrás.-

Terminando de susurrarme y haciendo realidad en sus palabras todo el deseo y el morbo que me provocaba esa escultural morenita con cara inocente y cuerpo de escándalo. Ante mi se encontraba una chica adolescente, de piel tostada y cuerpo voluptuoso deseando hacer realidad todas mis fantasías, y al lado, una bellísima chica de pelo rubio y un cuerpo que parecía el de una modelo, que también haría cualquier cosa que le pidiese.

¿Como hacer para que ambos deseos se materializasen en ese momento, sabiendo lo mal que habían comenzado a conocerse las dos chicas...? La dulce e inocente Pamela, y la descarada Corina...

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