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Fecha: 11-Ene-18 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mi hermana Julia 10 - Final

piscis
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Julia y Luis han culminado su relación sexual con una sesión de sexo completo y pleno. Ahora pasan a enfocar todo lo que será su relación futura. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Nuestras relaciones se hicieron más tranquilas. Los dos habíamos abandonado nuestros tabúes. Lo mío no era un tabú, pero fue un ansia desaforada por conseguir a Julia y eso tampoco fue bueno.

Nos amábamos con muchísimo cariño y yo me fui haciendo a la idea de que empezaba a estar bien preparado para iniciar mi asalto al sexo contrario en forma de comenzar los escarceos con la muchacha que más me atraía: una jovencita de 16 años, llamada Andrea. Pero bueno, de eso ya hablaré más adelante.

Julia me dio también la noticia de la tristeza y el mal rollo por el que estaba pasando Mónica.

Resulta que su chico, el jugador de fútbol sala, era bastante bueno en su deporte y un equipo alemán llegó a un acuerdo con su actual club y le fichó con un contrato de 3 años y unas cifras muy, pero que muy sustanciosas. Eloy, que así se llama, tuvo que desplazarse a la ciudad donde se encontraba la sede de su nuevo club.

Acababa de marcharse y al despedirse dijo a Mónica que le liberaba de su vinculación afectiva con él. No estaba muy seguro de ser capaz de mantenerse fiel, sentimentalmente hablando, durante tanto tiempo. Alemania estaba muy lejos y le sugirió que lo dejaran estar durante los 3 años de contrato que había firmado.

Mónica estaba destrozada. Quería a Eloy y le dolió mucho su comportamiento. Se deprimió muy seriamente y nosotros asumimos la tarea de que Mónica se recuperase y recobrara su alegría.

- Tendremos que hacer algo con ella, Julia. Yo a Mónica la quiero mogollón. Fue muy cariñosa aquel día de las hogueras. No lo olvidaré nunca. 

- Ya lo sé, Luis. Pero déjame a mí. Estoy en ello y creo que Mónica pronto olvidará a ese capullo. Es un desgraciado que no se la merece.

Ya nos habíamos adentrado en Agosto. No había vacaciones a la vista. Este sería el último año en que la Empresa tenía una prioridad absoluta. El crecimiento sostenido parece que se estabilizaba y mi padre, muy prudente, como siempre, dijo que era el último sacrificio que nos pedía a todos. El año próximo nos resarciremos; prepararemos con ganas un viaje un tanto especial, que estoy empezando a madurar. Ya os lo iré contando a medida que lo tenga más perfilado.

Lo que sí haremos es celebrar el 18 cumpleaños de Julia con una comida un poco más especial. Y tú no te sientas postergado, Luis. A ti también te llegará el momento. El 23 de Agosto es jueves, así que lo pospondremos para el sábado 25.

- ¿Puedo contar con todos vosotros para este último sacrificio?

- ¿Cuándo no te hemos respondido, papá? Le dijo Julia.

Pues no se hable más. Hasta el 25 os permitiré una hora más de despendole por las tardes. No; no me lo agradezcáis. Solo si os portáis bien. Cualquier desmadre os costará caro ¿De acuerdo?

Afronté la semana del 13 al 19 de Agosto con la incertidumbre de lo que podría ocurrir el viernes 17, fecha teórica de la reunión a tres entre Manolo, Julia y yo, en la que se incluía una sesión de sexo en trío, lo que sería una nueva experiencia, al menos en cuanto a Julia y a mí se refiere.

El lunes y martes lo pasamos con Mónica en la playa. Tanto ella como mi hermana hicieron sus pinitos de topless en la zona adecuada para ello, a pesar de mi presencia.

Bueno; yo diría que el que estuviera yo delante era un incentivo más para ellas.

Mónica, que empezaba a mejorar de su depre a pasos agigantados, me dijo.

- Aprovecha Luisito. Ahora me las puedes ver bien, ¿eh? Y no como la noche de San Juan. Pero sigue en pie la prohibición de tocar; que conste. Se veía que empezaba a tener ganas de broma, como era su natural antes de ese desengaño.

 Manolo fue también buen colaborador en la recuperación anímica de Mónica, al no objetar nada a que Julia dedicara una buena parte del tiempo a no dejarla tan sola, en detrimento del suyo.

 A cambio de la falta de vacaciones, nuestros padres aflojaron un tanto su control de labores en la casa y contábamos, además con esa flexibilidad en la hora de llegada nocturna.

Aprendí muchas cosas en ese tiempo y, sobre todo a apreciar a Mónica en su justo valor. Julia no faltaba a la verdad cuando me dijo que Mónica era una buena amiga y una gran persona.

En cinco o seis días Mónica volvió a ser una chica graciosísima, vitalista, y sus ojos recuperaron el brillo que tenían antes. Eso al menos decía Julia, y tenía razones sobradas para saberlo.

Y nos presentamos en la víspera del dichoso y tan esperado día 17.

Desde por la mañana no dejé de aguijonear a Julia con intención de que soltase prenda sobre algo de lo que estaba tramando. Lo único que conseguí es que se enfurruñara un poco. Se lo curé con un par de besos cariñosos y un intercambio de fluidos corporales, a los que ya estábamos habituados. El final fue que Julia tuvo que ponerse un poco seria conmigo y llamarme al orden, cariñosamente.

- Vamos a ver, Luisito. Estoy deseando dejar de decirte Luisito y decirte solo, Luis. Te estás haciendo un hombrecito. Demuéstralo. Deja de atosigarme a todas horas sobre lo que ocurrirá mañana. Mañana llegará y lo descubrirás. Te debe bastar lo que voy a decirte ahora.

- Se trata de Luis, Julia y Manolo. El único nexo entre los tres soy yo. Déjame hacerlo a mi modo. ¿De acuerdo?

- Sí, Julia. De acuerdo. No volveré a preguntar.

Luego pasamos a buscar a Mónica y nos fuimos todos a la playa; a pasar el día y a esperar el viernes.

Nuestros padres ya estaban acostumbrados a que nosotros pasásemos casi todo el día en la playa. Unos buenos bocatas eran suficientes para matar el hambre, así que no les extrañó el plan que teníamos todos esos días: pasar el día entero en la playa, en compañía de Mónica, y nos liberaron de nuestras obligaciones.

El viernes amaneció radiante. Un día de verano con un sol espléndido que presagiaba calor; mucho calor. Era la época.

Tan pronto nuestros padres salieron camino de la empresa yo me levanté y fui inmediatamente a la habitación de Julia. Llamé a la puerta. Julia contestó con voz somnolienta.

- ¿Qué pasa? ¿Se está quemando algo?

- No, Julia; no arde nada. Bueno, el que está que arde soy yo, pero sabiendo que hoy es el día. Venga, levántate.

- Tranquilo, hermanito. Tenemos todo el día por delante. No seas tan impaciente. Me agotas.

- Bueno; tú haz lo que quieras, pero yo voy ya a la ducha y luego bajaré a preparar el desayuno. No me puedo estar quieto; sin hacer nada, reventaré.

Fui a ducharme y me lo tomé con calma. Julia tenía razón, pero no podía disimular la impaciencia que me devoraba.

Luego bajé a la cocina y me puse a preparar el desayuno, tal como le había prometido a Julia.

Cuando faltaba ya poco subí a decírselo para que no se demorase, pero Julia ya estaba en el baño y no tardó en llegar a la cocina.

Llegó recién salida de la ducha, vestida solo con dos toallas: una que le tapaba desde el inicio de los pechos hasta medio muslo y otra que, como si fuera un turbante le recogía el pelo.

Anda, que no vas a tardar en arreglarte ni nada. Te lo estás tomando con demasiada calma, diría yo.

- ¿A qué hora has quedado con Manolo?

- Alrededor de las 10.

- ¿No te parece un poco tarde?

- No; Luis, no. Ya te he dicho que no nos faltará tiempo. Tenemos todo el día por delante. Paciencia.

Se me hizo larguísima la hora que faltaba para la llegada de Manolo. Pensé y pensé cómo sería eso de estar los dos haciendo el amor con Julia al mismo tiempo. Le daba vueltas y vueltas a las posturas. Ya había visto alguna vez esas imágenes en alguna de esas revistas porno que circulan entre los jóvenes, pero no me hacía a la idea de protagonizarlas.

Al fin llegaron las 10 y Julia ya estaba preparada en el salón a la espera de la llegada de Manolo. Para no hacerle esperar Julia oteaba por la ventana, ya que al estar la vivienda un poco elevada sobre el nivel de la calle, cinco escalones, se veía claramente quién llegaba a la puerta.

Julia vio llegar un coche y me avisó.

- Vamos, Luis. Manolo acaba de llegar.

- ¿Qué quieres? ¿Qué vaya a abrirle la puerta?

- No; que te espabiles. Nos vamos.

- ¿Cómo que nos vamos? ¿Por qué? ¿A dónde? ¿No vamos a… bueno… ya sabes?

- Sí; claro que lo sé. A eso vamos. Venga. Date prisa.

Yo no entendía nada, pero cogí la mochila que habíamos preparado para que nos vieran volver con ella -para disimular- y seguí a Julia, que ya iba camino de la puerta.

Salimos y Manolo cogió las mochilas y las puso en el maletero. Al verme me hizo una carantoña y dijo.

- Así que tú eres Luis. El hermanito de Julia. Me alegro de verte, chaval. ¡Ah! Y gracias por el consejo que diste a tu hermana. No lo olvidaré.

Al principio no lo entendí, pero enseguida me di cuenta de que se refería a que recriminé a Julia que no le dejara que se lo hiciera por el culo.

- Yo tampoco olvido que tú insististe con Julia en que me levantase el veto y olvidara su tabú. Así que hoy por tí, mañana por mí.

Subimos al coche y qué pensáis que hice. Eso; justamente eso: preguntar.

- ¿A dónde vamos?

Manolo: o le amordazamos o nos va a estar así, mareando todo el camino.

- Calla, hombre; que enseguida te enterarás. En menos de una hora estaremos en faena, pero antes hemos de hacer alguna recogida.

Arrancó y, por el camino que tomamos, supuse que las sorpresas no habían hecho otra cosa que empezar.

- Nos está esperando, dijo Julia a Manolo. No tengas prisa. Suele ser muy puntual.

La llegada a nuestro destino me dejó sin habla.

A la puerta de su casa, mochila al hombro nos esperaba Mónica.

Al entrar en el coche se sentó a mi lado y me dio un beso.

- Hola, Luisito. ¿Preparado?

- Pues no sé qué decirte. Mejor me calló. Desde que me he levantado no hago más que moverme en un terreno tan distinto al que yo tenía pensado, que ahora mismo voy hacia lo desconocido. Ni idea.

- Ya nos falta poco, Luis. Un pequeño viajecito y luego: el resto del día es nuestro, muchacho.

Manolo enfiló la carretera que nos llevaba a la ciudad y una vez allí callejeó por una parte que para mí era desconocida, hasta que llegamos a nuestro destino: un edificio de dos plantas cuyo bajo daba la impresión de ser algo parecido a un comercio, aunque sus ventanas tenían las cortinas echadas.

Cuando Manolo paró el coche nos dijo que no hacía falta que sacásemos las mochilas: aquí no las vamos a necesitar.

Cuando bajamos la puerta se abrió y nosotros seguimos a Julia, que se había dirigido directamente a la puerta. Entramos.

Tras ella estaba un hombre de una edad parecida a papá, que besó cariñosamente a Julia y nos invitó a pasar. Manolo viene ahora; va a dejar el coche detrás, en el garaje.

Recorrimos un pequeño pasillo y llegamos a una sala con una barra de bar. Estaba iluminada solo por las luces de emergencia, pero era suficiente para que nos pudiésemos ver. Enseguida llegó Manolo.

Se supone que el lector avezado habrá supuesto que nos encontrábamos en el club de los padres de Manolo. Y, efectivamente, así era.

Manolo hizo las presentaciones y ahí fue donde conocí a Raúl, su padre.

Nos condujo al salón grande -el que tiene la cama  redonda- y allí nos sentamos en los divanes.

La situación era un poco fría, puesto que tanto Mónica como yo no teníamos previamente idea de donde Julia nos iba a conducir. Así que fue ella la que tomó la palabra.

Os pido perdón a todos por haber tenido esto tan en secreto, pero es que no pude resistir teneros un poco intrigados.

Os preguntaréis por qué estamos aquí hoy. Os lo voy a explicar.

Dentro de una semana cumplo 18 años y ahora estoy en compañía de las personas que, además de mis padres, más quiero en este mundo. Por varias y diferentes razones: os quiero muchísimo a cada uno de vosotros:

A tí, Luis. Porque eres mi hermano del alma. Te quiero con locura, pero no solo por eso, también por todo lo que ahora compartimos y que es bien conocido de todos vosotros.

A tí, Manolo. Porque te amo con toda mi alma. Porque quiero que vivamos juntos todo el resto de nuestra vida. Porque voy a ser la madre de tu hijo, y porque me has aceptado y amado siempre tal y como soy. Hiciera lo que hiciera.

A tí, Raúl. Porque eres el padre de Manolo, pero no solo por eso. Tú me has cuidado como a una hija cuando lo he necesitado; sin una queja; sin un reproche ante mis comportamientos cuando estaba bajo los efectos del alcohol y la coca. Has sido el primero en apoyar el proyecto de este hijo que Manolo y yo queremos tener. Gracias, Raúl, por todo.

Y a tí, Mónica: alégrate. Mi embarazo no es un “patinazo”. Manolo y yo lo deseábamos y nos hemos alegrado al confirmarlo. Te conozco antes de empezar a salir con Manolo. Eres la amiga perfecta. Me has cubierto siempre que te he necesitado. Sin tu ayuda quién sabe dónde habría llegado mi relación con Manolo; quizá ni hubiese empezado a ser seria. Eres una parte muy importante de todo lo que será mi futuro. Hoy quiero que lo compartas conmigo. Intuyes, más o menos, cómo vamos a terminar todos hoy, pero ya sabes cómo lo enfoco. Yo tenía pensado compartir mi cuerpo con mis dos hombres favoritos: Manolo y Luis. Luis y Manolo; para mí no existe entre ellos ningún orden de preferencia. Pensaba hacerlo solo con ellos.

Luego he pensado; ¿por qué no compartirlo con todos vosotros? A fin de cuentas os quiero mucho a todos y sois una parte muy importante de mi pasado y quiero que lo seáis de mi futuro.

Por eso hoy estamos todos aquí.

Tenemos ahí delante una cama redonda. En ella se suben las mujeres que frecuentan el club y vienen a esta sala en concreto: quieren ser poseídas sexualmente por cualquier hombre que se les acerque.

Yo he estado varias veces en esa cama no hace mucho tiempo, cuando estaba obnubilada por el sexo y el alcohol, y he sido disfrutada por muchos hombres a los que no conocía y posiblemente no volvería a ver. Fue una época negra de mi pasado.

Pero todo eso quedó ya atrás. Es una parte de mi historia que ya conocíais, porque yo misma os la he contado.

Hoy os quiero dar a todos vosotros mi amor, y lo quiero hacer sin ninguna limitación: a todos; a Luis, Manolo, Raúl; y sí; también a tí, Mónica.

Y quiero a la vez gozar de vuestro cariño; del de todos y cada uno de vosotros.

Y de vuestros cuerpos, sin ninguna limitación; tal y como yo os ofrezco el mío. Es lo más que puedo daros. Y quiero hacerlo. Necesito hacerlo.

Julia miró a Mónica, que se encontraba un tanto arrebolada por todo lo que acababa de oír. Se dirigió a ella.

Mónica; siéntete libre. Si Eloy era para tí quién  te impedía comportarte con liberalidad: él ya hizo su elección; y te ha dejado al margen. No le debes ninguna fidelidad. Entiendo que Manolo y Raúl eran desconocidos para tí hasta hace una hora, pero a Luis ya le conoces. Y sé que le tienes mucho cariño.

Desinhíbete. No es tan niño como era aquel sábado de las hogueras. En estos dos meses ha progresado mucho. ¿Por qué no lo compruebas?

Yo entendí al momento la indirecta. Poseer a Julia ya no era para mí la prioridad; a lo largo del día sucedería. Estaba seguro de ello. Así que me dirigí a Mónica y traté de ser con ella todo lo gentil y cariñoso que fuera capaz.

Nos sentamos en un diván, cogí su cara entre mis manos y deposité mis labios sobre los suyos. De inmediato empecé a deslizar la punta de mi lengua sobre ellos al tiempo que se los humedecía.

Mónica no hizo ningún gesto de rechazo y no tardó en seguir mi ejemplo. Nuestra lengua pronto se encontró con la otra y se detuvieron una junto a otra allá donde se encontraron.

- Profesora; ¿Qué tal lo hago?

- Has mejorado mucho. Me has traicionado. Has debido tomar alguna clase particular, cariño.

- Más de una y más de dos. Y no solo de esta materia. He estudiado otras asignaturas y no se me han dado nada mal.

- Pues voy a tener que examinarte de todas ellas. Quiero conocer el grado de excelencia que has alcanzado. Algún pajarito me ha ido contando cosas que necesito verificar. No acabo de fiarme de quien me lo ha dicho. A lo mejor pretende colarme alguna mercancía que le estorba.

- Ni lo sueñes. Esa mercancía es una de la más preciada que tiene. Pero no es tacaña. La comparte.

Tras esa conversación, tan llena de sutilezas, no había ninguna duda. Mónica estaba ya predispuesta a disfrutar del día.

Comenzamos a acariciarnos suavemente. La  blusita de Mónica no tardó apenas en abrirse, mostrándome sus perfectos pechos, que acaricié de una forma suave, acordándome de las indicaciones que la propia Mónica me impartió en la playa.

Mónica cerró los ojos y se dejó acariciar, a la vez que se le escapaban algunos ligeros jadeos, que rápidamente fueron captados por Julia.

Ella ya estaba en la cama del centro, casi sin ninguna ropa ya, y se dirigió a nosotros.

- Tortolitos, acercaos. No estéis tan solos. Esto lo tenemos que disfrutar todos, y juntos lo haremos mucho mejor.

Mónica y yo, ya con solo su braguita y mi slip, nos acercamos a la cama central, incorporándonos de lleno a la celebración que allí tenía lugar.

Las manos de los cinco volaros hacia los pocos vestigios de ropa que cubrían nuestros cuerpos y en cuestión de minutos dieron comienzo una sinfonía de besos y caricias que abarcaron toda la superficie de nuestro cuerpo.

No importaba quien era el donante ni quien era el receptor; como los mosqueteros de Dumas: Uno para todos y todos para uno. Solo había un denominador común: todos eran besos cariñosos; no se había desatado, todavía, ninguna pulsión de tipo pasional.

Las caricias empezaron pronto a centrarse en el órgano sexual de cada otro, de forma que las manos de Julia y Mónica tuvieron con qué entretenerse. Lo mismo nos ocurrió a Raúl, Manolo y a mí. La vagina y pecho de Julia y Mónica se convirtieron en blanco preferido de nuestros órganos táctiles.

Yo dediqué una atención muy, pero que muy especial al coñito de Mónica. Aquel coñito, el primer coñito que apenas vislumbré en una playa, en la penumbra de una noche de San Juan cargada de nubes, aquel coñito que Mónica me dejó entrever, ahora lo tenía a mi alcance; lindísimo, muy rasurado con una rajita insinuante que brillaba por efecto de los flujos que ya la humedecían; aquel coñito estaba ahora a mi disposición y, suavemente, muy suavemente comencé a acariciarlo, primero, y luego a introducir en él uno de mis dedos. Compartí mis caricias con las que le prodigaban las manos de Manolo y Raúl, convencido de que a lo largo del día mi verga lo penetraría. Y, sobre todo, veía a Mónica disfrutar del amor que estaba recibiendo de todos. Se lo merecía. Mónica se lo merecía.

Nuestros dedos recorrieron la anatomía de las dos muchachas, dedicando especial atención a sus puntos erógenos, haciendo que la temperatura de nuestros sexos se elevase continuamente.

Llegó un momento en que la decantación se produjo por generación espontánea.

Fue Mónica la que desató la ruptura del grupo, entendiendo como causa, no un desacuerdo o un mal rollo; al contrario. Mónica se dirigió al padre de Manolo.

- Raúl; nunca he tenido un contacto sexual con un hombre maduro. ¿Te importaría ser tú el que guiaras en esta ocasión, desconocida para mí? Además, creo que es el momento adecuado para que Manolo y Luis compartan por primera vez el cuerpo de Julia. Eso era lo que Julia tenía previsto al principio.

- Estaba a punto de proponértelo, Mónica. El mundo y la vida se han abierto hace poco para esos dos. Dejémosles que saboreen su amor y su cuerpo.

Mónica y Raúl se hicieron a un lado. La anchura de la cama permitía perfectamente ubicarnos en cualquier lugar de  ella sin producir interferencias que pudieran significar una molestia para nuestros respectivos actos amatorios.

Julia se tumbó boca arriba y Manolo a su derecha y yo a su izquierda comenzamos a devorar su cuerpo mitad a mitad.

Nuestras lenguas comenzaron por la oreja que teníamos más próxima y luego transitaron por sus mejillas, sus labios, su cuello y comenzaron a descender buscando sus pechos, cada vez más rotundos debido a su estado de gestación.

Nos detuvimos con fruición, cada uno en el que teníamos a mano, y lo rodeamos con nuestra mano, acariciándolo, cubriéndolo de besos y mordisquitos en el pezón y algún que otro pellizco cariñoso.

Al sentir nuestra manipulación en sus pezones Julia emitía suaves ronroneos y ligeros suspiros. Se contenía, indudablemente, pero lo exteriorizaba lo suficiente para que siguiéramos prodigando caricias en esa zona tan erógena.

Julia no permanecía pasiva. Cada una de sus manos había hecho presa en nuestro miembro y lo acariciaba ligeramente sin dejar en olvido toda esa zona de los testículos.

Nosotros abandonamos esas montañitas llenas de lo que pronto sería alimento de su criatura y nos deslizamos por su vientre hasta llegar al ombligo y de ahí pasar a su abdomen. Dejamos sin explorar la zona próxima a su vagina, reservándola para otro momento y nos deslizamos a través de la parte interior de sus muslos hasta sus rodillas. Alternamos las piernas, de forma que cuando mi boca alcanzaba su entrepierna y saboreaba su néctar, la de Manolo iniciaba la escalada desde la rodilla para conseguir el mismo premio una vez llegado a su objetivo.

Terminado ese recorrido, que repetimos un par de veces, hicimos un cambio de posición, en la que Manolo se colocó entre las abiertas piernas de Julia y comenzó un recorrido a través del monte de venus, clítoris y vagina de Julia, a la vez que yo me coloqué de rodillas a ambos lados de la cara de Julia para que ella dedicase a transitar con su lengua por toda mi verga, a lo largo y ancho, introduciéndosela luego en la boca, hasta que llegó a su garganta, a la vez que Julia se entretuvo lamiendo mis huevos con su lengua.

Pasado un tiempo realizamos el “cambio de la guardia”, como lo bautizó Manolo, e invertimos las posiciones, siendo yo el que tuve el placer de meter mi lengua en la cuevita de Julia, jugueteando con ella en su interior, deslizándola por sus paredes y en todo el límite externo; ese maravilloso anillo que ya estaba suficientemente dilatado como para que se le introdujese aquello que Julia tanto deseaba. ¡Toma, y yo, y Manolo! Todos estábamos ansiosos por culminar nuestra penetración. También Julia.

Ninguno quiso precipitar la situación y de vez en cuando tomábamos un ligerísimo respiro, para reemprender nuestra actividad con renovados bríos.

Por su parte, Mónica ya estaba siendo poseída por Raúl, de lo que tuvimos constancia por los jadeos que se escapaban de su garganta.

Julia dirigió su vista donde estaban los dos y le dijo a Manolo que se alegraba mucho de que Mónica estuviese participando tan activamente, ya que era Mónica la que estaba cabalgando a Raúl, que la recibía tumbado y dirigía su trotecito por medio de sus manos, que no se separaban de su cintura, dándole a la penetración el ritmo preciso.

Para nosotros también llegó el momento que tanto tiempo habíamos estado esperando.

Sobre todo, Julia. Para ella se avecinaba lo que sería su primera doble penetración: vaginal y anal, y la recibiría de las dos personas que más quería.

Fue Julia la que eligió las posiciones de salida.

- Por favor; parad un momento. Me habéis puesto tan caliente que estoy deseando que me penetréis. No esperemos más. Quiero ser poseída por vosotros ahora mismo. Ya. Lo deseo.

- Cómo quieras, mi amor, respondió Manolo. Dirígenos.

- Luis, túmbate boca arriba, -me pidió Julia-.

No hizo falta más indicación. Adopté sin tardar la posición adecuada y Julia se colocó a horcajadas sobre mí. Yo mantuve enhiesta mi verga, sujeta con una mano, para mayor seguridad; Julia se colocó en cuclillas sobre ella y, suavemente, como asegurando que no me haría daño, fue descendiendo al tiempo que mi polla entraba en su vagina hasta tocar con su cérvix.

Julia pidió un poco de paciencia a Manolo.

- Cariño; lubrícame bien el culo y dilátamelo lo más que puedas. Mientras disfrutaré de la verga de Luis y me prepararé para recibir la tuya.

Manolo fue paciente y a veces yo notaba sus dedos recogiendo parte del flujo que el coño de Julia producía, con los que le iba suavizando poco a poco el orificio, ayudándose de la introducción de uno primero y luego dos dedos en el ano de Julia. Si la introducción de los dedos de Manolo coincidía con el momento en que mi verga se deslizaba en el interior de la vagina de Julia, yo los percibía a través de la pared que separaba ambos conductos, lo que me producía un placer adicional.

A la par que Manolo preparaba el ano de Julia para la recepción de su miembro, Julia estaba casi tumbada sobre mí, con lo que su culo estaba muy en pompa, facilitando las labores de Manolo para la dilatación de su esfínter anal, y era yo el que elevaba mi pelvis para que mi polla entrase y saliese de su coñito.

Julia gozaba de lo lindo con mi penetración y lo exteriorizaba con gemidos entrecortados, llegando al punto de desear ser ya doblemente penetrada.

- Manolo, cielo. Métemela. Ya estoy preparada; lo deseo. Estoy ansiosa de ser poseída por los dos. No tardes más. Por favor, Manolo, ¡¡METEMELA!!

Manolo se apresuró y poco a poco le metió su polla; primero el glande y, tras un pequeño descanso fue introduciendo el resto, un centímetro  tras otro, hasta que la tuvo completamente dentro.

Julia comenzó entonces a desatarse, dejándose llevar por la pasión y la excitación que la dominaba.

- Ya podéis hacerlo más fuerte. Los dos. Ya me la podéis meter a lo bruto. ¡¡Me está gustando mucho!! ¡¡¡DOS POLLAS DENTRO DE MI CUERPO!!! ¡¡¡¡¡ES MARAVILLOSO!!!!! ¡¡¡NO ME LAS SAQUEIS!!!

Julia comenzó a elevar el tono de sus gritos, lo que hizo que Raúl y Mónica acelerasen su ritmo, al extremo que en un par de minutos escuchamos cómo Mónica decía:

¡¡¡MEEE   COOORRROOO!!!

Pronto aparecieron por allí los dos.

Mónica se acercó a la cara de Julia y le dijo.

- Julia; ha sido sensacional. ¡¡Qué polvazo me ha echado Raúl!! Tenías razón. Jode de maravilla.

- Te lo dije, Mónica; te lo dije. Y aún te falta que sepas cómo lo hace Luis. ¡Fliparas, Mónica, fliparás!

Raúl también estaba junto nosotros, pero en un segundo plano; sin intervenir. Raúl es muy prudente y muy considerado con los demás -No hace nada si no se lo piden.

Y eso fue lo que ocurrió. Julia lo hizo. Se lo pidió.

- Raúl, cariño. No estés tan solo. Me queda un agujerito libre  ¿Te atreves a ocuparlo?

- Lo que tú digas, Julia.

Raúl llegó a la altura de Julia, cuyos hombros yo estaba sosteniendo con mis brazos, se colocó frente a ella y le ofreció su polla. Julia rápidamente la cogió y se la llevó a la boca, iniciando una felación.

- Qué pena no tener la cámara aquí. Me habría gustado tener unas imágenes siendo poseída por los tres hombres que más quiero; descontando a mi padre; por supuesto.

- ¿De veras querrías que te filmaran, Julia?

- Por supuesto, Raúl; por supuesto.

Raúl se dirigió a Mónica, y le dijo que fuera a la barra del bar. Detrás de la barra -dijo-, cerca de la caja, a la derecha, hay un cajón. Dentro hay una cámara de vídeo. Tráela. ¿Te importa?

Mónica fue y en menos de dos minutos estaba allí con una cámara de vídeo de las más modernas.

Esta la tenemos porque a menudo hay algún socio que tiene la misma idea que tú, Julia.

Raúl le explicó a Mónica cómo tenía que usarla y de inmediato se puso a grabar.

Durante los diez minutos siguientes, aquella cama se convirtió en un Edén. En un paraíso. Julia gemía y gemía bajo la descarga de adrenalina que le estábamos produciendo los tres que la poseíamos.

Manolo y yo habíamos alcanzado un grado tal de compenetración que nuestras pollas alternaban la entrada y salida del orificio que ocupaban; así lo hacía también Raúl, cuya polla también alcanzó a llegar al fondo de la garganta de Julia. Otras veces lo hacíamos simultáneamente: las sacábamos y luego las metíamos los tres de un solo golpe. Entonces era cuando Julia enloquecía de lujuria y placer.

- ¡¡¡QUE CABRONES QUE SOIS!!! ¡¡¡PERO QUE GUSTO ME DAIS!!! ¡¡¡¡¡HACEDLO ASÍ; MUY FUERTE Y A LA VEZ!!!!! ¡¡¡ME VAIS A DESTROZAR ME VAIS A REVENTAR!!! ¡¡¡¡¡PERO DESEO QUE LO HAGAIS!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡HACEDLO; REVENTADME REVENTADME!!!!!!!

Los tres nos esmerábamos en que Julia sintiera todo el placer que nosotros fuéramos capaces de proporcionarle. Y ella lo deseaba; lo necesitaba; nos lo estaba pidiendo a grito pelado. Y a fe que lo conseguíamos, a tenor de los gritos, más bien alaridos que Julia profería continuamente.

Así que redoblamos nuestros esfuerzos para entregarle hasta nuestro último gramo de potencia. Lo hicimos hasta que, al fin, Julia retiró de su boca la polla de Raúl y pronunció lo que transcribo a continuación, volvió a meterse la polla de Raúl en la boca, hasta el fondo, y no dijo nada más.

- ¡¡QUE PLACER; ESTO ES MARAVILLOSO!! ¡¡¡MÁS DEPRISA!!! ¡¡¡QUIERO SENTIROS MUY DENTRO; MAS DENTRO TODAVIA!!! ¡¡¡NO PAREIS HASTA CORREROS!!! ¡¡¡YO ESTOY A PUNTO!!!

- ¡¡MONICA!! ¡¡NO DEJES DE GRABAR!! ¡¡ME VOY A CORRER!!

- ¡¡¡¡¡MEEE EEESTOYYY COOORRIEEENDOOO!!!

Julia se arqueó bajo nuestras pollas, a la vez que recibió en menos de medio minuto, la descarga de Manolo, Raúl y mía, que nos corrimos casi a la vez.

Mónica dejó de grabar cuando estuvimos más tranquilos.

Julia no abrió la boca; retenía allí el semen de Raúl y preguntó por señas a Mónica si quería que se lo diera.

Mónica no lo dudó. Llegó a la altura de Julia y sus bocas se fundieron en un beso en el que Julia le trasvasó parte del semen de Raúl.

Cuando se separaron, Mónica dijo que era una forma de agradecer a Raúl lo gentil que había sido con ella.

Descansamos un poco y Raúl desapareció un ratito.

Al poco volvió con una bandeja de cruasanes y cinco hermosas tazas de chocolate humeante.

Hay que reponer fuerzas. Por lo menos quedan un par de asaltos más. ¿O es que ya estáis hartos?

¡¡Noooo!! Dijimos todos. Seguimos teniendo hambre. Mucha hambre. Verdadera necesidad.

- ¿De qué? Preguntó Raúl. Tengo más cosas.

- Tenemos hambre de amor: pero de amor del bueno, del que todos nos tenemos y acabamos de compartir. De este amor yo nunca estaré harta.

Esa fue la respuesta de Julia y todos asentimos.

Pasamos un rato hablando de cosas diversas y entonces yo supe que Mónica era amiga-confidente de Julia desde los dos últimos años. Justo los que Mónica llevaba viviendo en las cercanías, ya que antes vivía en la parte antigua de la ciudad y su insti no era el mismo.

Mónica conocía todas las aventuras de Julia; -la historia del embarazo a los 15, también- y siempre fue la colaboradora necesaria para las escapadas de Julia con Manolo.

También me enteré de que Julia le encargó que me “espabilara” algo la noche de las hogueras de San Juan, aunque no le dijo cómo en concreto. La clase que me dio fue exclusiva idea de Mónica.

Luego se vertieron algunos comentarios sobre la vida sexual de cada uno, a los cuales yo asistí cómo un simple oyente, incapaz de aportar nada, por mi falta de experiencia en el tema.

Así fue pasando el tiempo cuando Manolo tomó la iniciativa.

- Mónica, cariño. Me siento en deuda contigo y creo que es el momento en que te muestre toda mi gratitud por haber sido el hada madrina que tocó a Julia con su varita mágica y la hizo enamorarse de mí. Sin tu ayuda desinteresada hoy no estaríamos aquí reunidos. Quiero darte una pequeña parte de todo ese amor que tú nos has regalado. Creo que es el momento.

Mónica no respondió, sino que se acercó dónde estaba Manolo y simplemente dijo, mirando a Julia como pidiendo permiso: ámame.

- Ámala, Manolo; ámala.

- Mónica; déjame a mí también que yo te ame.

Los tres se reunieron y Mónica comenzó por tomar el miembro de Manolo entre sus manos y lo acarició, para luego llevarlo a su boca y besarlo y lamerlo a todo lo largo y ancho, antes de intentar tragárselo.

Julia tomó parte mediante un suave manoseo de los pechos de Mónica y un sutil mordisqueo de sus pezones. Manolo pronto se dedicó a procurar el rápido calentamiento de su zona vaginal, mediante sus hábiles lametones que no dejaron un rincón sin explorar.

Cuando todo estuvo a punto Mónica se tumbó en la cama y Manolo la poseyó en la posición del misionero.

Mónica resoplaba al recibir la verga de Manolo en sus entrañas, y tuvo una idea perversa. Llamó a Julia pidiendo que se acercara y le ofreciera su coño para que lo lamiera.

Así Julia fue sobre la cabeza de Mónica y se agachó abriendo sus piernas de forma que su coño quedó sobre la cara de Mónica, que jugueteó con su lengua en el clítoris de Julia, preparándola para una posterior penetración.

Julia se dejaba hacer, mientras que Raúl y yo éramos espectadores privilegiados de aquel trio que se formó casi espontáneamente.

Poco duró, porque Julia me llamó.

- Luis, amor, tengo hambre.

Yo comprendí la insinuación y me acerqué a la cara de Julia, verga en ristre, para que se la comiera. Su posición era propicia, pues estaba apoyada sobre las manos en la cama y no tuve más que ponerla a su alcance y hacerla coincidir con el centro de la diana que era su boca abierta y expectante.

No fue esa la única posición que adoptamos los cuatro, sino que al rato fue Manolo el que se tumbó en la cama y Mónica quién le cabalgaba, con la polla completamente encastrada en su coño, subiendo y bajando sin parar.

En un ligero descanso para recobrar el resuello, Mónica miró como yo tenía ensartada a Julia por el mismísimo culo; Julia en perrito y yo metiéndosela desde atrás, a la vez que Julia chupaba la verga de Raúl.

- Julia, cariño, ¿Me prestas un ratito a Luis? Le preguntó Mónica.

- Claro, cielo. Anda, Raúl, ocupa su puesto.

Yo saqué la polla del culo de Julia y me dirigí a la boca de Mónica creyendo que me la querría mamar.

- No, Luis; la boca no. El culo, Luis. El culo.

Yo me quedé de una pieza porque desconocía si a Mónica le gustaba esa práctica.

- ¿Cómo quieres que te la meta? Mónica.

- Con mucho cuidado, Luis. Lo vas a estrenar.

¿Qué más podía pedir? Recientemente había estrenado el culo de Julia y ahora era Mónica la que me ofrecía el suyo. ¿Qué había hecho yo para tanta dicha?

Me apliqué con todo mi afán a que Mónica se lo pasara bien. Que tuviera su primera experiencia anal llena de satisfacción. Que sirviera para que no la olvidara y ansiara repetirla. Que fuera un motivo más de gozo sexual.

Para ello me aproveché de los fluidos que su coño rezumaba por la penetración que Manolo la estaba realizando. Unté bien mis dedos con ellos y fui lubricando todo el espacio circundante a su orificio, que se presentaba a mi vista con claras muestras de deseo. Se contraía un poco, aunque no  estaba aún en condiciones de recibir mi polla.

Para ello era preciso distenderlo, dilatarlo algo más, y comencé por acariciarlo. Primero a base de recorrer su superficie con la punta de mi lengua, en la que sentía esas ligerísimas oscilaciones y la elevación de sus glúteos, que yo le había abierto  separándolos con mis manos.

Poco a poco traté de introducir un dedo y, muy despacio, logré que entrase la primera falange de mi dedo índice.

Mónica suspiraba y me animaba.

- Sí, Luis. Noto que algo entra. Me gusta. Sigue.

No me precipité. Quería dar tiempo a que su esfínter se dilatase un poco más, hasta permitir la introducción completa de mi verga.

Proseguí y mi dedo fue alcanzando mayor profundidad, hasta que ya lo pude meter completo. Luego lo saqué y lo volví a meter, notando que su ano era cada vez más flexible. Repetí varias veces la operación hasta que el culo de Mónica aceptaba con facilidad la maniobra.

Ensalivé bien mi dedo corazón y me aventuré a meter los dos; despacio; muy despacio. No tardaron mucho en estar los dos dentro y a ello ayudó mucho que Mónica elevase su culo todo lo posible; bueno la verdad es que el culo no lo elevó, sino que su torax se inclinó hasta que su cabeza descansó en el torax de Manolo, quedando su culo más en pompa.

Después de unas cuantas sacadas y metidas de los dos dedos, que una vez en el agujero se encargaban de acariciar sus paredes intestinales, y sintiendo que los jadeos de Mónica aumentaban de volumen, consideré que ya era el momento de intentar que mi verga penetrase aquel lugar aún no explorado.

- Mónica; cariño. Si lo deseas lo voy a intentar. Avísame si te produzco mucho dolor. No aguantes más de lo necesario. No tenemos prisa.

- Sé que algo me dolerá; me lo dijo Julia cuando tú se lo estrenaste, pero también me dolió cuando me rompieron el himen y ahora estoy disfrutando como loca con la polla de Manolo. Merecerá la pena sufrir un poco ahora, a cambio de disfrutar mucho después. Al final saldré ganando. Métemela, Luis.

Apunté bien mi polla a su orificio, bastante dilatado ya, y apreté un poco, al tiempo que Manolo cesaba en sus penetraciones a fin de no interferir en la mía. Con un ligero empujón conseguí al fin que mi capullo rebasase el anillo anal y se deslizara suavemente en su interior.

- ¿Ya Luis? ¿Ya? ¿La has metido?

- Solo el glande. ¿Te ha dolido?

- Muy poco, pero sí que lo he notado.

- A partir de ahora será más fácil, Mónica.

- Pues no pares hasta conseguir meterla toda.

Fui profundizando con tranquilidad, centímetro a centímetro, cada vez un poco más. La sacaba, no del todo, y la volvía a meter un poco más en cada intento. Así conseguí meter media polla al cabo de pocos minutos.

- Tienes media polla dentro, Mónica. ¿Cómo lo llevas?

- Muy bien, cariño; muy bien. Me está gustando mucho: Julia no exageraba. Me dijo que era flipante tenerla toda dentro en el culo. Imagínate tener dos a la vez, tal como tengo yo ahora. Sigue; métela hasta el fondo.

Ya no hice más preguntas. Mónica deseaba que toda mi polla la penetrase y a fe que le iba a llenar el culo con mi verga.

Cada vez intensificaba más mis acometidas, ya pendiente solo de meterla entera cuanto antes. No frenaría si Mónica no me lo pedía, pero Mónica era un manojo de nervios que se retorcía sintiendo en su interior dos hermosas vergas.

Sus apenas 17 años -solo hacía tres meses que los había cumplido- plenos de vitalidad, volcaban sus fuerzas en disfrutar esa primera doble follada de que era protagonista. ¡Y cómo la disfrutaba!

- Qué gusto me estáis dando los dos . Sois unos amantes cojonudos. A la mierda Eloy. Que se joda. Él se lo pierde. Metédmela fuerte. Hasta el fondo. No paréis hasta que me llenéis de leche. Lo estoy deseando. Os amo a los dos. ¡¡¡METEDMELA TODA; HASTA EL FONDO!!!

Manolo y yo, que ya teníamos idea de lo que tanto había satisfecho a Julia, aplicamos a Mónica el mismo tratamiento. Sincronizamos al máximo las entradas y salidas de nuestras pollas: ora alternativa u ora simultáneamente, procedimos a penetrar los dos orificios de Mónica, que disfrutaba como una verdadera perra.

- ¡¡¡QUE MARAVILLA!!!  ¡¡¡QUE CABRONES QUE SOIS!!!  ¡¡¡ME ESTOY DERRITIENDO POR DENTRO!!!  ¡¡¡¡¡MAS FUERTE!!!!! ¡¡¡¡¡ROMPEDME EL CULO!!!!!  ¡¡¡¡¡REVENTADME EL COÑO!!!!!  ¡¡¡¡¡CORREOS!!!!!  ¡¡¡¡¡LLENADME DE LECHE!!!!!!  ¡RAUL TU TAMBIEN!

Raúl dejó un momento el coño de Julia, que lo estaba lamiendo y disfrutando de sus flujos, y llevó presto su polla a la boca de Mónica.

Justo a tiempo, pues estábamos todos ya tan excitados que apenas un par de minutos después se produjo la culminación.

¡¡¡¡¡ME CORRO; MEEE COOOORRRROOOO!!!!!

Fue Mónica la que soltó ese grito tremendo y a partir de ahí se desató, como una especie de eco, la réplica de Raúl, la de Manolo y también la mía. Los tres descargamos nuestros depósitos de semen en los tres orificios de la anatomía de Mónica.

Julia no quiso quedarse al margen y se acercó a Mónica demandando parte de la leche que tenía en  su boca. Recibido el trasvase, Julia ofreció a Mónica su coño para que lamiese sus jugos a cambio de saborear parte de la leche que a Mónica le rebosaba por su coño y culo.

Mónica y Julia terminaron en un 69 fantástico, en el que las dos, principalmente Julia, quedaron ahítas de semen.

Raúl, Manolo y yo nos conformamos con besar a las dos después de que se dieran ese atracón. Algo nos tocó también a nosotros.

Esa fue la finalización de la segunda ronda. Al cabo de una nueva ingestión de chocolate, tuvimos la tercera y última actividad sexual de la mañana.

No viene al caso la composición de los grupos. Eso no era lo más importante y podría resultar hasta repetitivo.

A fin de cuentas éramos los mismos, haciendo lo mismo. Lo fundamental fue compartir nuestro cariño en el cuerpo de los demás. Recíprocamente.

Nos aseamos, utilizando algunos reservados del club, que Julia enseñó a Mónica, que solo lo conocía de referencia.

A las tres de la tarde fuimos a comer los cinco juntos y pasamos la sobremesa ya en la playa. Había que llegar a casa con claras muestras de habernos bañado.

Así concluyó aquella reunión, sorpresiva por lo inesperada y por todo lo que ocurrió en ella.

El día 23, cumpleaños de Julia, nos llevamos una gran sorpresa. A las 8 y media de la mañana oímos el timbre de la puerta y nos encontramos con Manolo y Mónica, que vinieron a felicitarla.

Le trajeron flores y mucho cariño. No hizo falta ninguna insinuación. Los cuatro “okupamos” toda la cama de los papás y nos regalamos todo el amor y el placer que fuimos capaces de compartir. ¡Que fue mucho! Y, por supuesto, ¡¡MUY VARIADO!!

La celebración duró hasta medio día, en que nos trasladamos a la playa.

A la vuelta en casa, Julia pidió a los papás, muy zalamera, que Manolo participase de la comida del sábado.

- Celebro mis 18 años y quiero que Manolo esté presente. Además, he pensado que nada de irnos a un restaurante de postín ni algo parecido. Pedimos una buena paella y la comemos en casa. Estaremos mucho más cómodos.

Papá no se negó y así quedamos.

Llegó el sábado 25 de Agosto. A la 1 llegó a casa Manolo, con un gran ramo de flores para mamá.

Al entrar dio un beso a Julia, en la boca, como no podía ser de otra manera. Mi padre frunció un poco el ceño, pero no pasó de ahí. Estuvo amable.

Llegó la paella y comimos tranquilamente y el café lo tomamos en el salón. Allí se desarrolló lo más sustancial de la comida y se desveló la causa de la insistencia de Julia de que estuviese allí también Manolo.

Fue Julia la que pidió la palabra.

- Papá; mamá. Os quiero mucho, muchísimo. Y os voy a pedir que me escuchéis sin interrumpirme hasta que haya terminado.

- Vale, hija, vale. No te preocupes.

Esto fue lo que Julia nos dijo a todos.

Hace más de un año que Manolo y yo salimos; y nos va muy bien. Pensamos casarnos muy pronto. Supongo que no es una sorpresa para vosotros que os diga que hace ya algún tiempo que mantenemos relaciones sexuales. Seguro que ya os lo habríais imaginado. Hasta aquí todo, más o menos, normal.

Pues bien: estoy embarazada de algo más de tres meses. La criatura nacerá entre Enero y Febrero. Es seguro; todas las pruebas son positivas. No penséis que ha sido un patinazo o un descuido. No. Manolo y yo lo hemos planeado así. Queremos tener ese niño y lo hemos buscado. La boda será en cuanto tengamos todos los papeles arreglados.

-Papá no dijo nada, pero no tenía cara alegre, precisamente-.

Esta vez no abortaré, papá. Esta vez no. La otra vez era una cría y no sabes cuánto aprecio ahora que no me recriminases nada. No hace falta que me digas nada ahora. Siempre he sospechado que tú lo supiste en su momento, pero no quisiste hacerme pasar la vergüenza de tener que contártelo. Mamá se encargó de todo y trató de que yo no te lo dijera nunca, pero yo intuí siempre que lo supiste. Gracias por ese gesto para conmigo. Pero ahora soy adulta y Manolo y yo queremos ese hijo; y lo tendremos.

Espero que esto sea para vosotros una alegría. ¡¡Seréis abuelos!! ¿Qué más podéis pedir?

- Hija, dijo mi padre. No es que esté para tocar castañuelas. Así; tan de repente, me has dejado en fuera de juego. Tengo que asimilarlo.

- Papá; no digas nada ahora, tómate tiempo.

- No sé si lo que hacéis es lo correcto. Pero es vuestra decisión. Deseo que todo sea para vuestra felicidad, y yo solo quiero que seas feliz, Julia. Pero formar una familia no es solo casarse y tener un hijo, o al revés, que es lo mismo. Una familia trae consigo muchas responsabilidades: presentes y cara al futuro. En fin; solo os digo una cosa: siempre podréis contar conmigo y con mamá.

- Gracias, papá; mamá. Y los tres se fundieron en un estrecho abrazo.

Manolo y yo nos miramos con cara de alivio. Todo había resultado mucho más fácil de lo que ellos dos pensaban.

- Manolo; ¿Lo saben ya tus padres?, dijo mamá.

- Sí; mamá. Carla, la madre de Manolo me ha acompañado siempre a los análisis y pruebas. Tengo que pedirte perdón, mamá, por haberte tenido al margen de esto, pero hay razones poderosas para ello. Créeme. Ya te las contaré en otro momento. De mujer a mujer… ya sabes.

- Pues qué hacemos que no llamamos a los padres de Manolo. Si pueden, y quieren, que vengan a tomar café y una copa. Celebrémoslo.

Los padres de Manolo vinieron en cosa de media hora y tuvimos una sobremesa larga y muy agradable.

En ella se pusieron en común los planes que los “chicos” como empezaron a llamar a Julia y Manolo, tenían de cara al futuro inmediato.

Manolo llevaba muy bien sus estudios; solo le quedaba un año. En Julio se había incorporado a la sede regional de un conocido Banco de Inversión, a las órdenes directas del jefe de gestión de Carteras. De momento tenía unos ingresos de alrededor de los 2000 Euros mensuales, y muchas expectativas de futuro. Vivirían en casa de Pedro y Carla, hasta que encontraran un lugar adecuado para su nidito.

La boda se celebró a finales de Septiembre y el 18 de Febrero de 2002 nació Andrea, una preciosa y robusta chiquilla.

Durante el embarazo Julia quiso que siguiese regalándole mi amor, no solo con el consentimiento pleno de Manolo, sino con su incentivación.

- Luis; tú eres una parte muy importante de lo que es esta familia. Compartimos a Julia porque nos queremos y los tres lo deseamos. No debemos olvidarlo nunca ni debatir más sobre ello, dijo Manolo.

Yo inicié una relación con Mónica. Con ciertos condicionantes. De mutuo acuerdo nos condecimos un tiempo con la libertad necesaria para explorar, sobre todo por mi parte, otros caminos. Era preciso que yo experimentase las relaciones con otras chicas antes de tomar una decisión seria sobre los dos. Mónica también tuvo esa libertad.

Así lo hice y tuve tres o cuatro relaciones, que no pasaron de simples aventuras. Siempre me faltaba algo: Mónica. Estando con ellas veía a Mónica y alguna vez casi se me escapa su nombre. No fui capaz de hacer el amor con ninguna porque seguro que en el momento cumbre diría: Mónica.

A Mónica jamás le pregunté qué hizo ella en ese tiempo, ni me importa.

 Mi cariño por Mónica se puso de manifiesto y se fortaleció. Quería a Mónica; amaba a Mónica. Raúl y Manolo fueron los que se encargaron de facilitarnos los espacios adecuados para nuestros encuentros amorosos.

Después del nacimiento de Andrea, Julia me sorprendió con una insólita proposición.

Una tarde de principios de Marzo nos reunimos los tres, Manolo, Julia y yo, como hacíamos muy frecuentemente y Julia lo soltó.

- Luis; escúchame y no me interrumpas. Esto no es una charla. Es un deseo muy profundo. Manolo lo entiende y me apoya completamente. Luis, pon mucha atención.

- Vale, Julia. No he pestañeado hasta ahora.

- Luis. ¡¡Quiero tener un hijo tuyo!!

- ¿Qué dices, Julia? ¡¡¡SOY TU HERMANO!!!

- ¿Me sales con esas ahora, Luis? Anda que no te lo dije yo eso antes ¿Te acuerdas? Aquello es el pasado. Lo importante ahora es el presente: saber si tú quieres ser el padre de un hijo mío o no quieres.

- Perdona, Julia. Me has descolocado por completo. Es lo último que pensaría oír de tus labios. ¿Un hijo mío? No sé si he oído bien. ¿Me acabas de pedir que sea el padre de un hijo tuyo?

- Eso es lo que te he dicho, Luis. Lo he pensado mucho y quiero estar tan unida a tí y que tú lo estés a mí, por encima de todo y de todos, que ser padres de una misma criatura sería un vínculo absoluto e indestructible. Piénsatelo, Luis. Tómate el tiempo que creas necesario y decide en conciencia. Nada va a cambiar entre nosotros sea cual sea tu respuesta.

- De acuerdo, Julia. Lo pensaré.

Tardé dos semanas en decidir mi respuesta, en las cuales un verdadero torbellino de sensaciones e inseguridades me atacaron desde todos los ángulos imaginables. Aquello que me proponía Julia no era compartir su cuerpo, sino crear una nueva vida entre los dos; una vida que sería engendrada por los dos, mi semen y su óvulo. Una vida que llevaría los genes de los dos, nuestra herencia y nuestro adn.

Antes de finalizar Marzo les dije que teníamos que hablar.

- Julia estaba expectante, ya que durante ese tiempo me abstuve de tener ningún contacto sexual con ella. No era un rechazo, sino un tiempo algo de alejamiento para poder reflexionar mejor.

- ¿Has decidido algo respecto a la proposición de Julia? preguntó Manolo, para romper el hielo.

- Sí. Lo he meditado y he reflexionado hasta casi volverme loco. Me he visto con dudas entre mis restos de adolescencia y mis principios de madurez. Al final he concluido confiando en Julia, mi hermana querida.

- Pero, Luis; ¿Quieres o no ser padre de mi hijo?

 - ¿Cómo no voy a querer, Julia? Me casaría contigo si fuera posible. No te enfades, Manolo. Eso no te excluiría a tí. Lo ideal sería un matrimonio a tres. En otras culturas es muy normal. Claro que lo quiero Julia. ¿Tenías alguna duda sobre ello?

- No. No la tenía. Pero estas dos semanas que has tardado en decidirte me han hecho estar sobre ascuas. He comprendido lo que es la impaciencia por alcanzar algo que tanto deseas y entendido lo que tú debiste pasar por todas mis reticencias a tener sexo contigo.

- Yo también estoy contento con tu decisión, Luis. Me alegro y creo que nos unirá mucho más a los tres, pero esto sí que ha de ser un asunto exclusivamente de nosotros tres. Nuestros padres deben estar al margen de ello. No es conveniente que nadie, NADIE, más lo sepa. Solo nosotros.

Así nos conjuramos los tres.

Pues en cuanto termine la cuarentena nos vamos a poner a ello. Manolo se contentará con mi trasero y tú tendrás la exclusiva de mi vagina hasta que las pruebas den positivo.

A finales de Enero de 2003 nació mi hija Yolanda. Fue inscrita cómo hija de Julia y Manolo.

Mis relaciones con Mónica eran ya muy firmes y seguras. Caminaban hacia algo serio; definitivo.

En Marzo de 2004, nació Felipe, tercer hijo de Julia.

Para entonces Manolo ya había terminado la carrera y tenía un puesto directivo en esa Banca de Inversión, como Director financiero de la oficina de la región.

Julia inició estudios de secretariado e inglés y Mónica, se convirtió en una “canguro” ejemplar. Los hijos de Julia la adoraban. Mónica es una madraza vocacional. Le encantan los críos y es muy dulce con ellos, no exenta de seriedad cuando llega el caso.

Yo inicié en Septiembre la carrera de Economía y empecé a trabajar a los 18 años en la oficina en la que Manolo estaba destinado. Era un becario que se afanaba en aprender y ¡vaya si aprendía!

Con mi mayoría de edad inicié mi relación de pareja con Mónica, con la ayuda imprescindible de Manolo y Julia, que nos echaron una mano. Una de las habitaciones en la casa que ahora ocupaban nos la reservaron y así comenzamos nuestra vida en común Mónica y yo. Mónica se convirtió en una especie de segunda madre para los críos de Julia.

En Julio de 2005, casi con 19 años y ya un empleo fijo en la oficina de Manolo, Mónica y yo nos casamos; alquilamos un pequeño apartamento cerca de la casa de Manolo y Julia. Queríamos estar muy cerca unos de otros.

El 15 de Mayo de 2006 nació Verónica, mi segunda hija, primera de Mónica.

El 28 de Agosto de 2007 nació Gabriel, nuestro segundo hijo.

Después del nacimiento de Verónica, Mónica y Julia hablaron muy seriamente y las dos convinieron que el amor de los cuatro era tan fuerte que no era incompatible con el disfrute de nuestros cuerpos.

A partir de ese momento no hubo ya ningún tipo de tabú entre nosotros. Nuestras relaciones no tenían ningún tipo de cortapisas. Únicamente regia la norma de la no imposición.

Nos convertimos en dos familias de “derecho”, pero una sola familia “de hechos”.

En Junio de 2008 terminé mi carrera y ascendí a segundo de Manolo en el Banco de Inversiones.

Manolo compró una finca en el interior, pero no lejos de la costa, buscando la necesaria intimidad para nuestras familias, y la acondicionó para que pudiéramos vivir con plena comodidad. Sería la residencia habitual de nuestras familias.

El verano de 2009 fue la consumación de toda nuestra historia.

Nos trasladamos a vivir las dos familias. Bueno, en realidad éramos una sola familia.

Fue entonces cuando Julia y Manolo hablaron conmigo respecto a Yolanda.

- Creo que no debemos mantener a Mónica al margen de tu paternidad de Yolanda. Mónica forma parte de esta familia y no debemos tener secretos con ella. Es más, creo que Mónica no se opondría a gestar un hijo de Manolo. Eso reforzaría aún más los vínculos que tenemos como una sola familia.

- Yo estuve de acuerdo y Mónica y yo hablamos de ello.

He dicho ya que Mónica es una madraza. Faltó tiempo para que nos reuniéramos los cuatro.

- Manolo, ¿Cómo voy a negarte eso? Nosotros nos entregamos siempre sin reservas; lo sabes. Es nuestra forma de vida. No te daré a tí ese hijo que quieres: os lo daré a todos. A Julia, a Luis, a tí y a mí. Lo mimaré y lo cuidaré al igual que a sus hermanos.

Nuestro vínculo se completó con el nacimiento de Sergio, el 16 de Agosto de 2010, tercer hijo de Mónica, pero en este caso engendrado por Manolo. Fue la contribución de Mónica al lazo indisoluble del grupo familiar. Una parte importante de sí misma.

Ahora, a finales de 2017, seguimos viviendo en la misma finca.

Manolo y yo somos socios en una Empresa que se dedica a gestión y administración de patrimonios y nos va muy bien. Julia es la encargada de todas las relaciones con otras firmas extranjeras, y mano derecha de Manolo y mía en la Empresa.

Mónica tiene vocación de madre y es la que se ocupa del control de toda la prole y administración de la familia. Es el ama de llaves y candados. Nada se hace sin su consentimiento y aprobación.

Mónica es un dechado de dulzura, suavidad, paciencia y eficacia. Tiene un feeling especial para los críos, que la adoran y, sobre todo, la respetan. Mónica tiene una mano de hierro, envuelta en un guante de seda. Pero solo sentimos la suavidad.

Hace ya un tiempo que suscribimos todos los documentos necesarios para que, en caso de falta de alguno de nosotros, por muerte o incapacidad, la tutela de sus hijos pasase al sobreviviente. Una especie de línea de sucesión en la tutela y el cuidado de nuestros respectivos hijos.

Mónica y Julia están guapísimas. Son madres y esposas de lo más felices. Todos somos muy felices. Julia no ha recaído ni una sola vez en aquellas debilidades juveniles. Eso está totalmente olvidado.

Nuestros hijos tienen entre los 15 años de Andrea y los 7 de Sergio. Están educados sin ningún tipo de tabú; ya sufrimos bastante sus padres con eso. Tienen toda la información necesaria para que decidan qué tipo de relación quieren establecer entre ellos, y con nosotros. No hay más limitación que el mutuo respeto y la ausencia de cualquier tipo de imposición o violencia.

¿Cómo hacen uso de esa libertad?

Eso queda a la imaginación de cada uno de los lectores. No es de mi incumbencia descubrirlo. Si ellos quisieran alguna vez contarlo; son libres de hacerlo. Por supuesto; no se lo vamos a impedir. Es parte de su libertad si lo quieren hacer o no.

Podréis haber echado en falta alguna mención o referencia a Pedro, Felisa -mis padres- Carla y Raúl, -los de Manolo-. Los ingleses dicen: no news: good news. “no hay noticias = buenas noticias”

Eso es lo que sucede con los respectivos suegros: siempre están detrás, pero nunca en medio. Son los cuatro muy felices viendo crecer a esa pandilla de nietos; cómo lo somos nosotros.

Raúl hace ya algún tiempo que se deshizo del Club; primero lo tuvo en alquiler a un conjunto de los socios, que luego se hicieron con la propiedad, pagando un buen precio por el local. Manolo se ocupó de invertirlo y obtiene pingües beneficios. Y Carla, encantada de la vida, sin tener que trasnochar; -dice que dormir poco es malo para la piel-.

Mi padre sigue dirigiendo la Empresa familiar, pero ya solo la supervisa; -el ojo del amo es el que engorda el caballo-, pero la casi totalidad de la carga de trabajo recae en uno de los antiguos trabajadores, que conoce muy bien el negocio y es de plena confianza. Tiene el gusanillo de ir de vez en cuando -para no apoltronarme; suele decir-.

Mamá y Julia están cada vez más unidas; son como amigas y confidentes. Ya sabéis sus historias. Julia le acabó contando la razón primordial de su primer embarazo con Manolo. Lo entendió. ¿Cómo no iba a hacerlo? Mamá es un crack.

Papá, igual de “machista”. Genio y figura. Otro crack.

Los abuelos ya empiezan a pensar en jubilarse, de forma definitiva, y andan buscando algún lugar cercano, donde recalar cerca de sus nietos. Sus negocios les van bien y tienen a la vista una vejez tranquila.

                               * * * * * *

Un aporte final.

Nuestra canción favorita; la que define de la manera más adecuada nuestra vida pasada y actual es una muy conocida de Édith Piaf.

NON; JE NE REGRETTE RIEN. La he traducido.

¡No!, no lamento nada.

¡No!, nada de nada.

¡No! no lamento nada.

Ni el bien que me han hecho. 

Ni el mal. ¡Todo eso me da igual!

¡No! nada de nada.

¡No! no lamento nada. 

Eso está pagado, barrido, olvidado...

¡Me importa un bledo el pasado! 

Con mis recuerdos he encendido una hoguera.

Mis tristezas, mis placeres, ¡Ya no los necesito!

Barridos los amores 

Y todos mis temores.

Barridos para siempre. 

Vuelvo a empezar de cero. 

¡No! nada de nada. 

¡No! no lamento nada. 

Ni el bien que me han hecho.

Ni el mal. ¡Todo eso me da igual! 

¡No! nada de nada. 

¡No! no lamento nada.

Porque mi vida; Porque mis alegrías.

Hoy… ¡comienzan contigo...!

Mónica también la ha aceptado como tal, y es el cierre obligado de todas nuestras celebraciones. Así ha sido desde la boda de Julia y Manolo; así lo fue en la mía y así lo seguirá siendo si nuestros hijos así lo quieren.                             

Diciembre 2017.

                               * * * * *

  

  


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