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Fecha: 07-Ene-18 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

La Boda (La Fiesta)

Tomas
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Tiempo estimado de lectura: [ 16 min. ]
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Y yo os declaro, marido y mujer… Y con una benévola sonrisa en la boca, el sacerdote se dirigió hacia nosotros: puedes besar a la novia. La iglesia se llenó de un rumor de voces y risas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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La Boda en la Iglesia fue muy bonita, espiritual, en donde refrendamos ante Dios y nuestra familia, nuestro amor; y ante toda la concurrencia y con el micrófono cerca de nuestros labios, para que nadie se quedara sin escuchar, reafirmamos nuestros votos de fidelidad.

La boda había terminado y todo había sido precioso, digno de un cuento de hadas. Mi esposa estaba radiante. La verdad que Alicia se veía muy hermosa, el maquillaje realzaba sus grandes ojos, y su mirada dulce y angelical; su linda carita resplandecía belleza a raudales. Su vestido blanco llenaba cualquier habitación por la que pasaba. Su maravilloso cabello rubio, recogido en un gracioso moño y coronado con un pequeño adorno de flores blancas hacía juego con el resto de su vestuario. Llevaba unos guantes de encaje hasta sus codos. Su vestido era pegado al cuerpo, que ensalzaba sus rotundas curvas, llegaba hasta su cuello, con un corazón le marcaba bien su busto por lo enorme que son. La falda, a pesar de llegar hasta los pies e ir barriendo allá por donde pasaba, dejaba entrever al caminar sus tobillos, cubiertos por unas medias blancas, y rematados con unos exageradamente incómodos pero hermosos zapatos blancos de tacón.

Al salir de la Iglesia todo era felicidad, nos tomamos fotos con mis suegros, cuñados, con mis padres, mis hermanas, todos gritaban por nuestra felicidad. Mis amigos de la secundaria también se tomaron la foto del recuerdo con nosotros y temí que hicieran de las suyas, al parecer se comportaron muy bien. En ese instante apareció el tío segundo - primo de la madre - de Alicia con una filmadora handycam sensor y dijo: ¡yo soy el filmador oficial de la boda¡ Todo nos reíamos, porque la verdad que el tío era un desastre. Él se llama Carlos, viudo, tenía 56 años, pelo canoso, delgado, peludo, brazos fuertes, venas exaltadas y estaba acompañado por el otro tío, llamado Pedro, panzón, bigotón, de 52 años. ¡Solterón empedernido¡

Mientras nos besábamos, los padrinos aplaudían sin hacer demasiado ruido, al igual que gran parte de los invitados a la ceremonia. La madrina, hermana de la novia, llamada Cristina llevaba un ceñido traje rojo que insinuaba gran parte de su exuberante cuerpo, llenando de envidia a las mujeres y de deseo a todos los hombres allí presentes. La verdad que Cristina es muchos más sensual que mi mujer, ya que se viste y se comporta más provocativamente.

Tardarnos alrededor de una hora en acabar con todas las obligaciones siguientes. Las fotos con la familia y amigos, la procesión de felicitaciones, tanto sinceras como de compromiso, las bromas de los amigos, más fotos, más felicitaciones, y así hasta que por fin llegaron al salón del hotel donde iban a celebrar la cena para festejar el magno acontecimiento.

La celebración transcurría por los caminos acostumbrados. Los mozos iban y venían, trayendo y retirando platos y bebidas al ritmo que marcaba la gula de los invitados. Llegó el momento de la torta. En ese momento mi cuñada Cristina - ya muy borracha – me abrazo y me dijo: ¡cuña, cuando la veas esta noche Alicia sin su vestido de novia me vas a agradecer¡ ¿Por que? Le pregunte. ¡El juego de lencería se lo regale yooooo¡ ¡Uuuu - le conteste - , ya me imagino¡ ¡Siii, Imagínate todo¡ Allí me percate que el tío Carlos estaba escuchando la conversación, pero le reste importancia.

Luego las amigas de la novia la buscaron para quitarle la liga de las medias. Llamó la atención de los invitados que Alicia se hacía de rogar para hacerlo. Ella accedió, haciendo un corrillo para que nadie viera más de lo que su imaginación le permitiera. Pero en ese momento, un grupo de mis amigos del trabajo me sacaron un momento de la escena para córtame la corbata y sacarme un zapato para meter algún tipo de bebida con alcohol allí para luego tomárselo. ¡Por ende me perdí ese momento¡

A la distancia veía que mi amigos de la secundaria rodear la silla donde se encontraba sentada Alicia, mientras el tío Carlos filmaba todos los detalles. Acabada la procesión de la liga y de la corbata, comenzó el baile y la fiesta. Los diligentes mozos apartaron todas las mesas del centro del salón, y en la improvisada pista de baile los novios comenzaron a moverse al ritmo del vals. Poco a poco fueron sumándose parejas hasta que la mayoría de los invitados se encontraron bailando un poco de todos los ritmos de bailes de salón conocido y por conocer. Desde el pasodoble hasta el twist, pasando por la lambada y el merengue.

La noche era joven. Mi otro de amigos - de la escuela secundaria - no pensaban dejarlos dormir y tenían la firme intención de alargar la fiesta hasta el amanecer. Incluso algunas de las personas de más edad de la fiesta daban ánimos y lecciones de baile a los más jóvenes, sacando fuerzas de donde nadie podía imaginarse en personas de esa edad. Entre ese grupo de amigos, estaba Estaban y Javier, dos autentico degenerados. Ambos están solteros, eran los últimos que quedaban para casarse.

En la fiesta, todo iba de maravillas. Javier invitó a bailar a mi ahora flamante esposa. Esteban andaba muy sospechoso, hablamos con los dos tíos de Alicia y señalaba continuamente a Alicia. Luego Esteban y volvía a señalar a mi esposa, luego reían con morbo. A todo esto Javier y mi esposa bailan normal, como baila una persona con la novia de su amigo. Alicia bailó con todo mundo, entre familiares y conocidos y por supuesto con la mayoría de mis amigos y todos se comportaron decentemente. Deje de preocuparme y empecé a disfrutar de la fiesta. Por eso es un momento de desentiende de Alicia y fui a tomar unos tragos con mis amigos del trabajo. A todo esto, Carlos ya tenía un buen material fílmico de la fiesta, ya que seguí gravando todo.

Cuando llego el momento del brindis, noté que mi reciente esposa estaba muy mareada (tenia las mejillas coloradas), no paraba de reír, se le estaba subiendo la bebida a la cabeza, y solo le había dado tres o cuatro bebidas, poco alcohol y mucho refresco. Yo también estaba alegre, me había tomado como ocho bebidas bien cargaditas de licor, estaba algo mareado, pero me sentía muy bien. 

Luego del brindis, Alicia se excusó para ir al baño, la acompaña su hermana y su madre. ¡Obvio que el tío Carlos fue atrás de ella con su filmadora¡ Le cuento que la madre de Álica se llamó Yolanda. Tendrá como 57 años, y también es viuda.

Tipo 5 am de la mañana, la fiesta concluyo. Lentamente despedimos uno por uno a nuestros invitados. Cuando se despidieron mis padres, noté que ya no había ninguno de nuestros familiares cercanos, los que quedaban eran familiares lejanos (los dos tíos de Alicia) o amigos de estos familiares, yo casi no conocía a nadie, excepto a mis amigos de la secundaria. Se acercó el cuñado Alicia - casado con Cristina - a nuestra mesa y me dijo:

  • Lucas, podrías darme las llaves del coche… Disculpa, pero mi padre dice que va a ocupar su auto mañana en la mañana
  • Pero él no te dijo que se lo entregase hasta mañana
  • Sí, pero le salió este compromiso de pronto, dijo que lo disculparas
  • Pero ahora ¿quién nos va a llevar a nuestro departamento?
  • Además hay que llevarnos los regalos. Interrumpió Alicia
  • No se preocupen, yo les consigo transporte. Solo esperen un momento
  • Le entregue las llaves y se fue a la mesa donde se encontraba los tíos de Alicia

Estaba muy preocupado, no sabía cómo nos íbamos a ir. El tiempo se me hizo eterno y cuando ya estaban tocando la canción “La barca de oro” que es cuando finaliza el baile, llegó José Luís, el cuñado de Alicia.

  • Ya está arreglado lo de su raid. Se van a ir con los tíos, que son los que van por el rumbo donde está el departamento
  • Muchas Gracias, José Luís, le dije, respirando aliviado
  • De nada hombre, para que somos familia. A poco si te pidiera un favor, ¿no me lo harías?
  • Pues, sí
  • Ya ves, es lo bueno de tener familiares que siempre quieren lo mejor para uno

Les habló a varios amigos y se llevaron los regalos hacia el automóvil. Cuando terminaron, llegó Pablo - que también se suma al viaje - , diciéndonos que nos estaban esperando en el auto. 

El auto, era una vagoneta vieja pero muy amplia, en el capacete tenía una parrilla, en la cual acomodaron todos los regalos. Iban dos personas al frente, eran los tíos de Alicia. En el asiento trasero se encontraban ya sentados Esteban, Javier y Roberto, que se suma a último momento, también soltero. Pablo se subió en las piernas de Roberto.

  • Ya va bien lleno, dijo Alicia
  • Aquí caben - dijo Javier - No sabemos dónde queda el departamento en el que se van a quedar. Además, en un taxi no van a caber todos los regalos. Vamos, suban…

Alicia me miro, como preguntando “¿Me subo? o ¿Qué hacemos?”. Todos empezaron a decirnos que nos subiéramos, las prisas no me dejaban pensar con claridad, así que solo le dije a mi esposa: “Esta bien, vamos”. Pero ante de hacerlo, Alicia se quitó la falda larga del vestido - tenía un sistema abrojos -, ya que si no iba a ser muy incómodo poder entrar en el asiento de atrás con semejante vestido. Ahora el vestido de Alicia se había transformado en un vestido de noche, que le llegaban hasta las rodillas.

Al querer subir al auto, Javier me dijo: “Pero que caballerosidad”, deteniéndome. ¡Primero las damas! Al subir Alicia, tuvo que inclinarse hacia delante proporcionándoles una excelente vista de su busto de sus tíos que no perdían detalle de mi esposa, pues en cada oportunidad la recorrían de arriba y abajo con su cámara de filmación. Al sentarse en las piernas de Javier, este la rodeo con sus brazos de la cintura y se la acomodó para que se sentará más atrás y me imagino que para restregarle el pene. Con el movimiento Alicia, entreabrió las piernas, haciendo que babearan el tío que filmaba, al ofrecerles una preciosa vista de su ropa interior. Finalmente yo me subí en las piernas de Esteban.

Carlos filmaba hacia nosotros, no quitando la cámara de la entrepierna de Alicia, la cual abría y cerraba las piernas al ir forcejeando con Javier. Esteban le decía cosas al oído que hacían reír a mi reciente esposa, varias veces trató de pararse y Javier la sujetaba fuertemente y la volvía a sentar, luego se movía y decía “No Javier, me haces cosquillas” y volvía a reír. Así pasaron los veinticinco minutos que duró el trayecto.

Por fin llegamos. El departamento era pequeño, de una planta, constaba de una recamara con su baño, sala comedor y cocina. En la sala comedor, se encontraba una pequeña cantina, con algunas botellas de licor. Al terminar de bajar los regalos, mis amigos, abrieron dos botellas. Los tíos de Alicia y mis amigos empezaron a beber; de nada sirvió que les dijera que no eran mías esas botellas de vino. Javier se fue habitación y encendió el televisor y se quedó allí, no dándole oportunidad a mi esposa de poder cambiarse de ropa. Esteban tomo la cámara de Carlos y nos empezó a grabar a todos.

Alicia apartó a Javier, cuando este trató de abrazarla para forzarla a bailar. No sé si porque estaba tomada pero tuvo el valor de volver a apartarlo y gritarle que no quería bailar con él. Yo quería estar ya a solas con mi esposa, y mis amigos nada que se iban, les decía que se fueran porque tenía sueño, y ellos contestaban: “No hay pedo, vete a dormir; un rato más y nos vamos”. 

Pablo y Roberto divertían a mi esposa platicándole al oído, cosas picaras. Carlos y Pedro, los tíos de Alicia no le quitaban el ojo de encima, la seguían con una mirada libidinosa a donde quiera que se moviera Alicia. Siempre tratando de ver algo más de lo que enseñaba en su escote o en su entrepierna. 

Javier desde la cocina les habló a Pablo y Roberto, para que le dieran más bebidas a mi esposa. En principio se negaba a tomarla, pero a insistencia de esto se la tomó. Pensé que habían hecho alguna de sus cochinadas a los que estaban acostumbrados, porque no le quitaban el ojo hasta que se tomó la bebida.

A todo esto Esteban se acercó con un cigarro y me lo ofreció.

  • Fuma, me dijo
  • No. Gracias.

¡Que te lo fumes!... No me puedes hacer ese favor, recuerda lo que platicamos en el salón de baile, sobre los favores y los amigos. Te pido de favor que me acompañes con un cigarro, y te niegas. Además te va ayudar en esta noche de bodas, vas a ver… Vamos, fuma ya.

  • ¡Está bien¡

Al encenderlo, el departamento se llenó de un olor a hierba quemada. Esteban me explicaba que el chiste de fumar esos cigarrillos era que uno no debe dejar escapar el humo. Después de terminar el cigarro, me sentí extraordinariamente bien, mis preocupaciones desaparecieron y empecé a reír como tonto por cualquier cosa. Le dije a Esteban que eran milagrosos sus cigarrillos, que me hacían sentir muy bien, me sirvió varias bebidas y me regaló dos nuevos cigarros.

Todos me rodeaban y platicaban conmigo, trataban a toda costa que no me levantase ni mirara en dirección del baño. Dejaron de cuidarme al notar que solo reía como idiota.

Pero al mirar hacia el baño alcancé a ver a Alicia apoya con sus dos manos en el inodoro - en el cual se veían que su vestido lo tenía un poco levantando, viendo sus medias blancas transparentes y esos tacazos que llevaba puesto - y su tío Carlos sobándome el estómago para que pudiera vomitara, mientras le decía:

  • Dale sobrina, échalo todo, decía mientras me sobaba con sus manos sus pechos
  • No, basta Tío, le decía con palabras entrecortadas por la borrachera

Pero él no dejaba de manosearla al mismo tiempo que por atrás se me pegaba a su trasero. Tardé un poco en comprender que era a mi esposa que está allí en el baño.

Una vez que acabo de vomitar, Carlos la abrazó y la llevó a la cama sin dejarla de manosearla.

  • No seas pesado Tío, déjame ya, le decía con palabras cortadas por la borrachera
  • ¡No te preocupes sobrina, no pasa nada, relájate¡
  • Ya vete por favor, quiero que se vayan todos. Solo quiero estar con mi marido, es mi noche de boda….

Quería gritar que la dejaran, que se fueran, que nos dejaran solos, pero no decía nada y solo reía a carcajadas como idiota. Perdí un poco la noción del tiempo. Me encontraba solo en un sillón de la sala. Varias voces, risas y jadeos, provenían de la recamara, torpemente dirigí la vista hacia allá, se podía ver hasta la mitad de la cama. Estuve un rato observándolos, hasta que el sueño me venció.

Al despertar, tenía un fuerte dolor de cabeza. Alicia, estaba desnuda, boca abajo, dormía plácidamente, tenía en su rostro una sonrisa angelical. Me levante, tomo algo para el dolor de cabeza y seguí durmiendo. Estaba muy mal físicamente, literalmente destruido. Me dormido enseguida.

Alicia me despertó con un beso - eran como las 5 de la tarde -; se había bañado y arreglado.

  • Amor, levántate corazón, te hice lago de comer

Al verla tan radiante y alegre, le pregunte.

  • ¿Alicia, que paso anoche, no recuerdo nada?
  • Yo tampoco Lucas, no recuerdo nada..
  • ¿Pero qué te acuerdas de anoche?
  • Si. Bueno la verdad solo me acuerdo de algo, es que tome demasiado, ni cuenta me di cuando se fueron tus amigos. 
  • ¿Hasta dónde te acuerdas?
  • ¡Hasta cuando le dije a tus amigos que se fueran¡
  • Yo no me acuerdo de nada. ¿Pero lo hicimos anche?
  • No se amor, no sé. Hasta la comida me hizo daño. Hoy que fui al baño, al evacuar me salió sangre. Pero mi cuerpo me dijo hoy en la mañana que hicimos algo bueno en la noche… ¿Me perdonas por no acordarme? Ya no vuelvo a tomar así.
  • Sí, claro, pero no fue solo tu culpa, yo también tome de mas
  • Perdón, yo sabía que tenías mucho ilusión de nuestra noche de boda..., te juro que esta noche te compensare
  • ¡Gracias Amor¡

Llegada la noche y después de cenar, Alicia me dijo que tenía una sorpresa para darme, y que me esperaba en la habitación. Luego de unos minutos entre al cuarto. Allí estaba Alicia parado al lado de la cama, lucia tan hermosa. Entonces le dije: ¡Gracias por hacer esto! ¡Gracias a vos por amarme tanto¡ me contestó.

Ella lucia unos guantes blancos, medias blancas de seda, sujetas por un liguero blanco de finos encajes, una tanga blanca con tirantes amarrados a los costados y un delicado corazón transparente, no podían faltar las ligas de encajes en las piernas y el sostén de finos encajes. Su sostén era de encaje blanco, todo transparente, marcándole sus entones pezones. Por último los tacos blancos de punta, y pulsera en los tobillos.

  • ¿Amor, ese el juego de lencería que te pusiste anoche?
  • Sí, es el mismo, menos la tanga, que la puse para lavar…

Yo camine hasta quedar a su lado, y luego la abrace. La empecé a besar con verdadera pasión. Mis manos buscaron las ataduras de la tanga, primero una y después la otra se soltaron, la tanga cayo a mis pies, ahora el broche del sostén lo abrió y este igual cayó al piso, solo quedaba con las medias, las ligas, el liguero, los guantes y los tacos. Así con esas prendas encima se inició el delicioso ritual del amor.

Luego la ayude a sentarme en una esquina de la cama, separe sus piernas y con mis manos me apodere de sus tetas, y con suavidad apreté sus pezones, los acaricie hasta que se hincharon por el deseo; ahora mi lengua inicio un largo y lento recorrido, iniciando en mi cuello y terminando en sus pies. La bese cada centímetro de su cuerpo, pero todavía no tocaba su rajita. Golosamente chupe sus tetas. Su cuerpo se estremecía de placer.

Luego puse mi mano en su vagina, ella se entremedio, pero no de placer, sino de dolor, ya que ella misma me dijo que le dolía. Entonces le dije que la tenía irritada. Y entonces me dijo: ¡Amor, solo quiero que me la metas¡

Entonces la acosté en la cama, y le insertarle mi verga en su concha, le fui metiendo poco a poco hasta que quedo completamente dentro de ella, que soltó un pequeño grito de placer. Alicia me clava clavaba sus uñas en mi espalda, mientras me decía reiteradamente te amo. Luego le levanté las piernas poniéndomelas en los hombros y así la embestí unos minutos, cambiamos a la posición de perrito; ahí se la metí de una sola vez provocando que ella lanzara un grito más fuerte, así me la estaba cogiendo. Ella apretaba las sábanas con las manos, estaba disfrutando mucho, pero también sentía que le dolía mucho.

En un momento me dijo: ¡Para amor, me duele¡ Entonces pare de penetrarle. Déjame ver amor, le dije y prendí la luz. Entonces observé como su vulva esta roja y muy hinchada; también comprobé que al abrirle los cachetes de su ano, vi que lo tenía enrojecido. Entonces le pregunte: ¿Pero Alicia, lo tenes todo irritado y rojo, que te paso? ¡Debe ser la depilación que me hice ayer ante de la boda¡ y se marchó al baño un poco avergonzada.

Luego de unos minutos salió de baño y me dijo: ¡Amor, estoy muy irritada, lo vamos a tener que dejar para mañana¡ ¿Bueno Alicia, pero me vas a ayudar a evacuar? Ella se rio y me dijo que me acomode, que me iba a masturbar.

Me senté al costado de la cama. Mi pija estaba dormida en ese momento, aunque empecé a sentir el cosquilleo que antecede a la erección. Mi esposa se arrodilló frente mío, se sacó el guante y deslizó su mano por mi pierna mientras me miraba con ojos cómplices. Llegó hasta mi pena y empezó a masajearla. En pocos segundos estaba tan dura como antes. Cerré los ojos y me dejé llevar. El placer que sentía era incomparable.

Me olvidé de todo. Era una experta, al parecer, en las pajas. Le acariciarle su cabeza mientras ella murmuraba cosas como "Mi Amor", "¿Te gusta?", "¡Qué duro lo tienes!" o "¿Ya sale?".

  • Amor, ya llego... Le dije yo en medio del goce, mientras sentía que la leche subía por mi pija súper dura y mi mano se deslizaba hacia su boca
  • Pues córrete, bebe..., dijo ella y empezó a lamerme los dedos con su boca calentita

Un grueso chorro blanco de semen salió de la punta mi chota. La leche salió y salió. La mano de mi Alicia quedó embadurnada y toda pegajosa con mi eyaculación. Siguió frotándome la pija un rato más, mientras salían unas otras cuantas gotas de esperma.

  • Parece que lo disfrutaste ¿Te gustó, amor?
  • Ahhhh... mucho Bebe. Gracias por haberlo hecho...
  • ¡De nada amor¡
  • Estuvo muy bueno
  • ¡Vaya! ¿Tanto te ha gustado?
  • Si mucho…
  • ¡Mmm, veo que no se baja¡ ¿No quieres otra?
  • ¡Si por favor...

Entonces empezó a frotarme bien rápido la puntita con su dedo pulgar. Empezó a subir y bajar la otra mano, sin dejarme de acariciar la punta, ahora que mi chota estaba bien lubricada con mi esperma. Sus pezones estaban bien duritos.

Ella seguía con su tarea de hacerme acabar y yo decía completamente fuera de mí, cosas al estilo de "Asiiii...", "Hazme acabar amor..", "¡Qué buenas pajas que haces Alicia!". Por fin, otro chorro de leche un poco más chico pero igual de pegajoso que el anterior, salió de mi pene. La vista se me hizo borrosa, y me quedé mirando el techo, mientras mi Álica seguía masajeándome suavemente. Le acaricié la cabeza y ella me miró y yo le sonreí.

  • Te gustó, Lucas?
  • Mucho. Gracias.
  • Bueno, vamos a dormí amor
  • Hasta mañana Álica

Yo no podía conciliar el suelo, sabía que Alicia tuve sexo en noche la noche de bodas, estaba completamente seguro, lo que no sabía era si fue conmigo y con mis amigos. Durante mucho tiempo me quedó la duda si Alicia realmente se acordaba de lo que había pasado esa noche. Fue hasta un año seis meses después que me enteré con todo lujo de detalles de todo lo que pasó esa noche.

Seguirá….


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