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Fecha: 04-Dic-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

(4) ¡soy enfermera, no puta!

Olga
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Tiempo estimado de lectura: [ 12 min. ]
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Mi paciente parapléjico me pide que le chupe ña verga, sé que no debo hacerlo, soy una mujer casada, pero también sé que se me hace agua la boca Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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(4) ¡SOY ENFERMERA, NO PUTA!

 

         Mientras me depilaba la vagina hice un recuento de mis días con Don Rolo, el lunes que lo conocí ya me había visto mi cosita desnuda por debajo de mi uniforme, el martes me vio desnuda en el baño, ayer miércoles lo masturbé… ¿Qué me estaba pasando? Antes de conocerlo yo era una esposa fiel… y para colmo de males mi esposo había vencido mi resistencia a darme por atrás y me tenía el ano destrozado, pero sentía que me lo tenía merecido por ser tan… bueno, eso.

        Al llegar a mi trabajo me abrió la anciana enfermera y salió dando un portazo, me dirigí a la habitación y Don Rolo no estaba en su cama, lo llamé angustiada y me dijo que esa viaja maldita lo había dejado en el baño, lo encontré sentado en la taza y con una enorme erección ¿Qué le pasaba a este hombre? ¿Vivía siempre con la verga parada? Me contó que le pidió a la enfermera que lo llevara al baño a hacer sus necesidades, pero cuando le pidió que lo limpiara, la viejecita se dio cuenta de su gran erección y salió corriendo, otra vez tendría la señora que buscar otra sustituta… no sé por qué el juego de palabras me sugirió que ya tenía una prostituta de día… ¿Qué pensamientos eran esos?

        Lo limpié y cambiando la rutina lo bañé, me pidió que lo masturbara pero me negué, me dijo que me entendía pero que el accidente lo mantenía con una erección constante, le prometí que iba a investigar y lo sequé con esmero en sus partes íntimas, me relamía de gusto cada vez que tocaba esos huevos peludos y más aún cuando tenía que pelarle el pene para limpiarle la cabeza, el pobre temblaba de satisfacción y yo de la emoción, pero haciéndome la profesional lo llevé a la cama para hacerle su terapia, le dije que si prefería su pijama o la bata, hizo una pausa como queriendo leer mis pensamientos y al final se decidió por la bata, le iba a poner sus bóxer pero se negó, me dijo que no tuviera pena, que se iba a tapar bien.

        Me preguntó que cuando iba a empezar con mis turnos de noche, le conté la molesta discusión con mi esposo y me dijo que lo entendía, que si yo  fuera su mujer tampoco me lo permitiría, alegué que eso era machismo, que las mujeres teníamos todo el derecho de dedicarnos a nuestro trabajo sin condiciones, que yo jamás le diría a mi esposo en que horarios debería hacerlo; me sentía como una de esas feministas radicales y después de hablar hasta por los codos, me dijo:

DON ROLO: Límpiate la baba y deja de mirarme la verga.

YO: ¡Don Rolo! No se la estaba viendo, le estoy haciendo su terapia.

DON ROLO: Sí pero para moverme las piernas no tienes por qué verme la verga.

YO: No lo hacía, pero si así fuera… ¿le molesta?

DON ROLO: Para nada, Lola, me halaga, puedes vérmela cuantas veces quieras… y ya sabes que hay un sobrecito para ti si…

YO: Cállese, don Rolo, eso solo pasó una vez y punto.

DON ROLO: … ¿Sabes? Tu marido hace bien en no dejarte hacer el turno de noche… una chica tan linda como tú… si fueras mi mujer…

YO: ¿Me está coqueteando?

DON ROLO: No, mi reina.

YO: ¡¿Mi reina?!

DON ROLO: No, Lola, no te estoy coqueteando, me gustaría pensar que te estoy seduciendo, pero…

YO: ¡Pero me está pagando como a una prostituta!

DON ROLO: De verdad que contigo no se puede, trato de ser amable y mal interpretas mis palabras, perdóname… sé que para ti solo soy un viejo… y encima parapléjico… no me hagas caso… a veces pienso que hubiera sido mejor quedarme muerto en ese accidente.

        No supe que decir, terminé la terapia y le di sus medicamentos, luego salimos al jardín para que tomara su baño de sol, le pedí su computadora para investigar lo de la erección y efectivamente tenía razón, era increíble como reaccionaba su cuerpo frente a semejante adversidad, me dio mucha lástima y me sequé mis lágrimas, pobre hombre ¿Qué sería de mi esposo si pasara por semejante situación?... ¡¿Qué sería de mí…?! No cabía duda que nosotros los normales nos quejábamos por cualquier tontería… y él… tenía que vivir dependiendo de los demás.

 Luego de un buen rato de sol me dijo que quería ir al yacusi, me fui a poner mi traje de baño y lo encendí, luego lo llevé, no quería que pensara que lo estaba provocando, nos metimos y yo me puse de frente sosteniéndolo con mis pies su pecho velludo, me hacían cosquillitas sus pelitos sobre la planta de mis pies, me dijo que no me fuera a molestar pero que me tenía que preguntar por qué me había decidido a masturbarlo, tragué saliva y traté de explicarle que fue un impulso, que me dio pena ver como se lastimaba cuando lo hacía, que no lo hice por el dinero…

DON ROLO: ¿Te gustó masturbarme?

YO: …eh…

DON ROLO: Dilo sin pena… ¿Tú masturbas a tu marido?

YO: Sí, pero es mi marido.

DON ROLO: ¿Y te gusta masturbarlo?

YO: Ay, don Rolo, no me gustan las preguntas que me hace.

DON ROLO: Sería natural que te gustara… ¿Por qué te quedas callada?... ¿Cómo se llama tu marido?

YO: Mario.

DON ROLO: Pues haz de cuenta que yo soy Mario y me masturbas.

YO: Pero no es lo mismo.

DON ROLO: ¿Prefieres que me lastime?

YO: No, claro que no.

DON ROLO: Entonces…

YO: Salgamos, que ya se me cansaron las piernas.

        Lo llevé a su cama.

DON ROLO: Entonces…

        ¿Qué estaba haciendo? Yo tirada en su cama y con traje de baño con mi paciente… él mi miró con súplica… con la timidez que me caracteriza tome esa enorme verga con mi manita y empecé a masturbarlo, acerqué mi cara para disfrutar de sus chorros de semen en mi boca, le acaricié los huevos, gruñía como hombre de la prehiistórico,desesperado, las expresiones de su cara eran horripilantes, pero su verga era hermosa como ninguna, ya le salía gotitas por la roja cabeza de su pene, le pasé un dedo por ahí y brincó de placer, lo pajeaba con ganas, apretando su verga con mi mano, aumenté la velocidad y cuando creí que iba a obtener mi recompensa de semen, sonó el teléfono, lo puse en altavoz para que pudiera hablar con su abogado, mientras tanto fui a prepararle su almuerzo y me puse mi uniforme.

        Me pidió almorzar a la orilla de la piscina, bajo una sombrilla de sol, cuando le estaba dando su sopa no podía evitar ver ese hermoso bulto bajo su bata, al extremo que por darle la cucharada en la boca se la di en la mejilla por estar viéndole la verga, él sonrió bañado en sopa, iba a traer algo con qué limpiarlo pero sus palabras me sacaron de quicio:

DON ROLO: ¿Qué es esa manchita que tienes atrás?

YO: ¿Dónde?

DON ROLO: ¿Estás en tus días?

YO: No, ¿Qué manchita?

DON ROLO: Esa que tienes en medio de tus nalgas, se nota mucho en tu uniforme blanco.

        Era una manchita de sangre que me había salido del ano por la taladrada que me dio mi marido anoche, me moría de la vergüenza, fui a traer una toallita para asearlo… cual sería mi sorpresa cuando lo veo hundido dentro de la piscina, sin pensarlo me tiré de cabeza para auxiliarlo, aún no sé cómo fui capaz de sacarlo pero lo hice, lo acosté sobre la grama, abrí las piernas y me senté sobre su cuerpo, le presioné el pecho para que expulsara toda el agua que había ingerido hasta que afortunadamente volvió en sí, yo estaba agotada y cuando me miró una sonrisa dibujó su boca torcida.

DON ROLO: Que visión más hermosa… tú sentada sobre mí… con tu vestido mojado… veo tu ropa interior… ay mi reina…

        Como estúpida salté de su cuerpo y me fui a cambiar de uniforme dejándolo tirado sobre la grama, al desnudarme pude observar como mi cosita brillaba húmeda de deseo, me repetía a mí misma ¡Soy enfermera, no puta! Pero debía reconocer que nunca antes había disfrutado tanto mi trabajo como con don Rolo, me limpié la vagina y el ano, me vestí y fui de nuevo a atender a mi paciente, lo levanté y lo senté en su silla.

DON ROLO: Esa manchita solo quiere decir una cosa.

YO: Cambiemos de tema. ¿Quiere que le vaya a traer más sopa?

DON ROLO: No, gracias, ya me llené… ¿Por qué te da pena reconocer que tuviste sexo anal?

YO: ¡Don Rolo! Creo que ya se está pasando de la raya.

DON ROLO: Con tu perdón, pero creo que tu marido te destrozó la raya.

YO: No sea tan abusivo, don Rolo.

DON ROLO: Es normal que se practique sexo anal en el matrimonio… a mí me encantaba.

YO: Pues a mí no, me duele.

DON ROLO: ¿Fue tu primera vez?

YO: No, la segunda y todo por su culpa.

DON ROLO: ¿Y yo que tengo que ver con tu ano?

YO: Pues nada… no me haga caso…

DON ROLO: Ahora me cuentas…

YO: Lo que pasa es que me sentí culpable con mi esposo por culpa suya… me vio mi cosita depilada bajo la mesa… y me sentí infiel… luego me vio desnuda en el baño… y me sentí peor… ayer lo masturbé y hoy otra vez, eso ya no tiene nombre… por eso me dejé dar por atrás, para sufrir mi castigo por comportarme como una mujerzuela.

DON ROLO: Pero no llores, mi reina, ya se va ir acostumbrando tu anito, dichoso tu marido que te disfruta por ahí.

YO: El disfruta pero yo no, me duele mucho.

DON ROLO: Y eso que la tiene chiquita según me dijiste.

YO: Sí, pero me duele.

DON ROLO: Te duele porque tu marido no sabe cómo hacértelo, no te lubrica, no te pone cremita…

YO: Dejemos de hablar de mi ano y vamos que le voy a dar sus medicamentos.

        Lo llevé a la habitación, lo metí dentro de las sábanas, se quitó la bata y lo mediqué, era el momento de su siesta, era mi momento pervertido ¿Cómo podía estar engañando a mi marido con este descaro? él no se lo merecía, tenía que buscar una distracción mientras dormía porque si no iba a parar metida dentro de las sábanas sabroseándome su verga, fui a la biblioteca y abrí un libro, leía pero no entendía nada, mi mente estaba en ese falo que me distraía, tanto de mi lectura como de mis deberes de esposa, dejé el libro y busqué en internet información sobre sexo anal, tenía razón don Rolo, mi marido era un salvaje, no sabía cómo tratar mi anito fruncidito, estaba decidida a pasar comprando un lubricante, yo misma me lo echaría porque si no mi marido podría pensar que tenía experiencia y no quería tener más problemas con él.

        Don Rolo despertó y me pidió que abriera la gaveta de su mesa de noche, habían dos sobres con dinero, según me dijo uno ya me lo había ganado por masturbarlo, aunque no era mi culpa que no haya terminado, pero que el otro es si me atrevía a dar el siguiente paso… le protesté furiosa, le dije que nunca me acostaría con él, que no me faltara el respeto, sentía la cara colorada de la rabia y como siempre él solo me escuchaba, cuando terminé de berrear me dijo que no me estaba pidiendo que me acostara con él, solo…

DON ROLO: … quiero sentir tu boca.

YO: ¡¡Qué!! ¡¡¿Quiere que se la chupe?!!

DON ROLO: Piensa que soy tu marido… ¿A él si se la mamas, verdad?

YO: No me voy a poner a discutir con usted si se la mamo o no, ¿De verdad piensa que soy una prostituta?

DON ROLO: No, Lolita, pero hace tanto tiempo que no disfruto un oral… era de las cosas que más me gustaban en el sexo, hacerlo y que me lo hicieran… ¿A tu marido le gusta?

YO: A todos los hombres les gusta.

DON ROLO: ¿Y a las mujeres?... ¿a ti?... no te quedes callada… no tiene nada de malo que a una mujer le guste chupársela a un hombre.

YO: No, pero siempre y cuando ese hombre sea mi marido.

DON ROLO: O sea que si te gusta… vamos… dímelo.

YO: … pues yo no sé si a todas las mujeres les gusta… pero… a mí… sí.

DON ROLO: Ves que no era tan difícil de aceptarlo… si te gusta tanto… ¿Por qué no te compadeces de este pobre viejo parapléjico y me complaces?

        Salí huyendo al jardín de nuevo ¿Qué tenía este hombre que sus palabras transformaba mi enojo en deseo? Me atormentaba la idea de sentir su verga en mi boca, de manera inconsciente me pasé la lengua por los labios… me sentía furiosa conmigo misma ¿Por qué no me iba?... ¡¿Por qué no renunciaba?!... de una cosa estaba segura, no lo hacía por dinero… lo hacía porque… ¿Por qué me quedaba?... ¿Me gustaba ese hombre?... ¿Cómo?... tenía como como 50 años y era parapléjico… pero esa verga… ¿Era posible enamorarse de una verga?... no lo sabía… pero…

        Entré a la habitación mirándolo a los ojos, le quité las sábanas de encima y me abalancé como una desesperada sobre su verga, lo pajeé, acerqué mi boca, saqué la lengua y le lamí las pelotas, su cuerpo brincó de placer, fui subiendo por su tronco hasta llegar a la cabeza, la lamí con deseo, como lo había hecho la otra vez bajo las sábanas y sin pensarlo dos veces me la tragué hasta la garganta, él con sus manos trataba de quitar el pelo de mi cara para verme mamar su verga, se la chupé como nunca se lo había hecho a mi marido, quería que sintiera mi boca caliente, mi lengua jugueteaba en su cabeza, le acariciaba los huevos peludos y sin pensarlo le pasé el dedo por su ano, él convulsionó y me llenó la boca de semen, que delicia era sentir sus chorros bañándome la garganta, hasta que fue perdiendo su tamaño dentro de mi boca, lo limpié y dije

YO: ¿Era eso lo que quería?

DON ROLO: Eso, Lola, justamente eso, eres la mejor, me haces tan feliz.

        Llegó la sustituta y antes de despedirme don Rolo me señaló los sobres, yo sonreí agradecida, los tomé y salí de esa casa como cuando me recibí de enfermera, me sentía gloriosa… pasé a una farmacia y compré el dichoso lubricante, al llegar a mi casa me desnudé y me lo apliqué abundantemente en el ano, yo misma me metí un dedo, luego dos y hasta tres, esperé a mi esposo con ropa sexi, él se sorprendió al verme, no dijo nada, nos desnudamos, me pidió que me mamara la verga, ¡Dios mío! Acaba de tener la verga de don Rolo en la boca y ahora la de mi marido, me sentía la peor de la putas, me puso de perrita, yo lo guié con mi mano hacia mi orificio trasero y resbaló de forme deliciosa, que diferencia sentía, hasta podría confesar que me estaba gustando, mi esposo pujaba desesperado, así como oía a don Rolo, cerré los ojos e imaginé que era su verga la que me cogía el culo, mi esposo  me acarició el clítoris y eso fue mucho para mi atormentado cuerpo, tuve mi primer orgasmo anal y fue de una manera brutal, casi me desmayo de placer, él feliz me abrazó y nos quedamos dormidos.


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© Olga

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