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Fecha: 03-Dic-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Con la madre de mi ex-novia

MagicCadiz
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No fue algo buscado y deseo que se repita. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Mi nombre es Eduardo, tengo 26 años. Mido 1,80, moreno, físicamente no me veo mal y tampoco me puedo quejar de cómo me doto la madre naturaleza. Cuido mi cuerpo, aunque eso no es contario, aunque de vez en cuando haga algún exceso. Ahora diré como dicen mis amigos y mis amigas como soy.  Mis amigas me dicen que soy muy atractivo, algo creído y muy sinvergüenza, un sinvergüenza muy gracioso. Con mis amigos coinciden en que tengo un buen carácter, que siempre estoy contento y que me gusta demasiado la juerga y poco amigo de los noviazgos, parejas, compromisos.

Estoy de acuerdo en casi todo. Solo difiero en lo de creído. Desde chico siempre se me dieron bien las chicas, no me puedo quejar. Eso de la fidelidad no va conmigo. Estuve saliendo con una vecina de mi edad durante muchos años y en ese tiempo, en más de una ocasión fui infiel. Lo malo de esta relación es que sus padres eran íntimos amigos de los míos. El caso que un día me pillo de con las manos en la masa, con otra chica y con un simple “A tomar por culo” se acabó nuestra relación de años.

En principio me supo mal, pero luego fue un respiro, era lo que tenía que haber hecho yo hacía tiempo, romper la relación, no porque no sintiera algo por ella, si no por no hacerla daño. Me propuse que no me volviera a pasar. En las familias fue como un terremoto. El único culpable yo. con el tiempo todo se fue calmando, aunque ambas madres siempre intentaban de forma astuta, que tuviéramos un nuevo acercamiento. Por una de mis hermanas supe que ella quería que volviéramos, pero ya que estaba dado el paso, no quería volver a lo mismo. Todo esto sucedió hace 2 años.

Época en la que yo había acabado la universidad y como les ocurren a muchos jóvenes, estaba trabajando en algo que no tenía nada que ver con mis estudios. Pero a joderse tocaba. Peor lo tenía mi ex, que trabajaba en el negocio del padre, desde la mañana hasta última hora de la tarde.

Yo tenía “fama” de rompecorazones y de golfo. Sin embargo, otros, como mis amigos Fede y Kike, esos sí que eran unos grandísimos golfos. Cuando paso lo de mi ex, quede un poco tocado, con pocas ganas de juergas. Varios amigos y amigas me decían de salir, de distraerme, pero no tenía muchas ganas. Hasta que llegaron Kike y Fede, que estos no preguntaban, se metían en mi casa y no paraban de comerme la oreja, por no oírlos acepte salir ese sábado noche, donde empezó digamos que una vida distinta.   

Como acabo de contar, con las chicas había tenido mucho éxito, pero o ellas eran raras o el raro era yo. Porque cuando proponía de salir de lo habitual en el sexo, las más prudentes me despachaban con un no y las otras, me decían desde que me lo tenía que mirar a que era un obseso o un adicto al sexo. Eran bastante conservadoras.

Fede era castaño melena más bajo que yo y trabajaba en el mismo sitio que yo. Kike era moreno, pelo corto como yo y un poquito más alto que Fede. Todos teníamos la misma edad. Los 3 íbamos al mismo gimnasio y salíamos juntos muchos días.

Fuimos a cenar a un sitio de pinchos. Mientras cenábamos me decían que tenían una sorpresa para mí, que esa noche yendo yo, sería una gran noche. Las sonrisas que se echaban entre ellos y el tono de voz que usaban, no presagiaba nada bueno.

Hasta que caí lo que podía ser y les pregunté, porque ellos suelen ser asiduos visitantes de club de parejas. Era rara la semana que no me contaban alguna historia de esos locales, había una que le impactaba mucho a Kike, pero el tío volvía a repetir. Era una madura que cuando follaban, le gustaba meterle el dedo en el culo de Kike. Tal como lo contaba Kike nos partíamos de risa. Y buen cachondeo nos traíamos a costa de él y el secretito, ya que no quería que nadie se enterase.

No sé si me convencieron o me deje convencer, el caso que acepte ir, con el aviso que si me aburría o no me gustaba me piraría y no tratarían de convencerme. Al terminar de cenar pensé que íbamos a ese club y no, decían que había que hacer tiempo, que todavía era muy temprano. Nos fuimos a donde solía estar gente de nuestro grupo. En el grupo casi todos estaban emparejados, estuvimos un buen tiempo con ellos y luego nos marchamos.

El club estaba en una calle discreta y poco transitada y el letrero muy discreto. La primera sorpresa, había que llamar a un timbre. Abrió un negrazo de 2x2 y con una “joven madurita”. Rubia tetona y guapa. Al ver a mis amigos, fue como si fueran de la familia, nos dejaron pasar y eso que había un letrero que decía que los sábados noche, chicos solos no.

Me presentaron a la chica, Meritxell. Luego me dijeron que tenía 39. Desde el principio congeniamos bastante ella y yo. Otra cosa que me hizo gracia fue, que muy amigos, pero lo primero a pagar. La entraba llevaba dos consumiciones. En un momento me explicaron las normas y Meritxell, me enseño el club, que estaba bien diseñado. Aunque tuve la sensación que además de enseñarme el club, me estuvo como exhibiendo a las parejas que veíamos. Por cierto, que las parejas que veía podían ser mis padres, no había ni una pareja de mi edad. Junto al negro, éramos los únicos hombres sin pareja.

Kike nos dejó a Fede y a mí, solos, viniendo al rato con una pareja, cercana a los 50 años, ella de muy buen ver y el normal, algo descuidado en el físico. Nos la presento y ahora mismo no recuerdo sus nombres. Ella no paraba de sonreír y el muy callado. Eduardo me hizo una seña, estirando su dedo, lo que entendí que era la amiga que le metía el dedo por el culo, me tuve que aguantar la risa. Recuerdo que la mujer no se cortaba ni un pelo, se insinuaba descaradamente y después de irse, regreso Kike diciéndome si me apetecía ir con él y con la pareja, con cara de alucine le dije que no, que no iría, tarto de convencerme, pero no lo consiguió.   

Meritxell que se dio cuenta de todo, vino con una sonrisa seductora y me explico mejor el funcionamiento y que allí los maridos en su mayoría estaban para mirar, que poco actuaban. Después de un rato de conversación, Meritxell me contó que había varias parejas que querían conocerme. Se me hacía muy cuesta arriba, es que podían ser mi madre. Le debí de caer bien, porque ella me tranquilizaba con buenas palabras y seguía seduciéndome.

Mis dos amigos desaparecieron con sendas parejas y me dejaron solo. Meritxell que me veía bastante perdido, me daba más conversación y me encontraba avergonzado y cortado, quedándome más cortado cuando me presento a uno de los camareros como su marido Eric, que se veía claramente que era mayor que ella, llevaba un pelo oscuro con el logo del local y se veían unos brazos fuertes, el tío me saludo con un fuerte apretón de manos y paso de nosotros.

La conversación acabo yendo a como me gustaban las mujeres, por no meter la pata, no quise decir cómo me gustaban, no quería que se ofendiera, ya que a mí me gustaban como máximo de 30 años. Era muy lista, algo normal trabajando en un sitio de esos, por lo que me dijo, que la edad no era un hándicap, que cualquiera de las mujeres que había en esos momentos en el local, me volverían loco y me enseñarían de todo. El marido venia con una cazadora puesta, se acercó a su marido, le dio un beso en la boca y después de darle una palmada en el culo le dijo, que se portara bien y que se veían en casa.

Ella me conto que tenían otro bar más y que él se marchaba al otro, para echar un vistazo a los empleados de allí. Luego me pregunto si quería ver lo que hacían mis amigos, solté un “pues vale” y me dijo que la acompañara. Íbamos por un pasillo a oscuras y había como unas ventanas redondas como la de los barcos. Algunas estaban tapadas como con unas cortinas y otras sin nada, en esas se veía de todo. Lo que me puso cachondo.

Me pare en una que me dejo sin palabras, con la boca abierta y con mi rabo que parecía que se me salía del cuerpo.

La imagen era de una mujer madura tumbada boca arriba sobre una camilla, otra mujer comiéndole el coño y un tío de mi edad follándose a la que se lo comía a la otra y esto no era todo. En una de las paredes había dos tíos con tripa cervecera desnudos y atados de pies y manos mirando. No los había visto antes.

Estaba entusiasmado mirando y noto una mano que por detrás se mete entre mis piernas y me toca por encima del pantalón mi rabo. Era Meritxell que se puso también a decirme cosas, por lo que decía le gustaba el tamaño de mi rabo. No tenía prisa, no intentaba ni desabrocharme el pantalón ni bajarme la cremallera, se recreaba poniéndome más cachondo y frotaba sus grandes tetas en mi espalda.

Se acabo lo que se daba, se corrieron y pararon. Me cortaron el momento. Pasamos a otra de las ventanas redondas y si en la otra me quedé con la boca abierta, aquí me dio como un calambrazo, que me hizo retirarme en un primer instante y luego volví a mirar. Era una pareja madura y un hombre solo un poco más joven que ellos, pero muy bien conservado físicamente, rapada la cabeza completamente. El calvo se la follaba de forma “violenta” y el otro miraba y se pajeaba.

Sabía quién era la pareja porque los conocía, eran vecinos míos y muy amigos de mis padres. Eran Neus y Adrián, ella d la edad de mi madre 48 y el un año más que mi padre 55 años. Es que eran muy, muy amigos de mis padres iban siempre juntos a todos los sitios. Comidas, cenas, celebraciones, junto con dos parejas más. Meritxell ya se había agachado y desabrochado mi pantalón y se comía mi rabo. Entre ver como se follaban a Neus, oírla como gritaba, los “insultos” que se decían entre ellos tres y la comida de rabo que me estaban haciendo, estaba en el paraíso.

Lo que más me puso y que hizo que me corriera en la boca de Meritxell fue el ver como Neus se comía el rabo del calvo, con que ganas y como lo hacía, que bestia era metiéndose ese rabo en la boca, que se veía claramente que era más grande que el de Adrián, pero más pequeño que el mío. Una vez terminé de correrme en la boca de mi n nueva amiga, quise ir a algún sitio a follármela y me dijo que no, que ella no jodía con los clientes. No sabía que decirla y se echó a reír y me dijo que no fuera tonto, que es que estaba con “semáforo rojo” pero que le debía una buena “faena”

Ahora no sabía si decirle que conocía a esa pareja o no. Porque si se lo decía lo mismo no me permitían otra vez la entrada. También pensé que como se los fines de semana que se van de cena con mis padres, que no diría nada y vendría esos días. Por lo que guarde silencio y cuando fuimos a la barra, le dije que me despidiera de mis amigos, ella quería que me quedase y le puse una excusa de lo más tonta y me marche. Eso sí, prometiéndole que volvería.

Me fui caminando hasta una avenida cercana para poder tomar un taxi. Esperando aparecieron mis dos amigos diciéndome que esperara, que era un “rajao” y más piropos. Esperando a un taxi, Kike me decía que había sido tonto, con las mujeres que había locas por follar y se reía diciéndome que no me tenía que haber estado de palique con Meritxell, que, con esa, aunque estaba muy buena, no había nada que hacer, que era perder el tiempo.

No quise contar nada de lo que había visto y de lo que había pasado. Me limite a decir, que la próxima vez, que hoy me había pillado de novato. Esa noche cuando me acosté, no me quitaba las imágenes de Neus y Adrián. Los conocía desde niño y la visión que tenia de ellos no era ni por asomo, precisamente esa. Lo que me vino a la cabeza también, era si mis padres y las otras dos parejas, entre ellas los padres de mi ex, estarían también en el ajo, solo de pensarlo me daban escalofríos. No me podía imaginar a mi madre en esa situación.

Los siguientes días cuando veía a mis padres y sus amigos, las bromas que se gastaban y las frases picantes con doble sentido, me daban que pensar, algo que antes no me lo provocaba.

A la pareja de Neus y Adrián ahora los miraba de otra manera, sobre todo a ella, tan distinta a como la vi. No perdía detalle de lo que hablaban de cómo se miraban, quería ver si algo me indicaba que los demás estaban metidos en lo mismo.

Había momentos en que me parecían que todos estaban a lo mismo y en otros momentos no, sobre todo con los padres de mi ex, Diego y Cristina de la misma edad que los míos y tampoco veía a mis padres em eso. De pronto se produjo como un flash, hasta ahora que a esas mujeres las había visto, como mujeres mayores, como decían los maridos, puretas. Las empecé a ver como lo que eran, unas mujeres apetecibles, porque todas ellas estaban bastante bien, aunque a alguna le sobrara algún kilo, algo que no importaba.

Esos pensamientos me llevaron a la primera metedura de pata. Que me quede embobado mirando a Neus y me pillo con el carrito del helado. A partir de ese día no la quitaba ojo, no sabia como entrarla. Que una cosa era saber sus “gustos” y otra que yo le pudiera gustar. Me hacia el encontradizo, me sentaba en la cafetería con ella si estaba mi madre, cosas que antes hacia raramente, nada de eso surtía efecto porque ella pasaba de mí, era como era siempre, muy formal.

Me daba rabia porque con las chicas jóvenes o las de mi edad tenía un éxito rotundo. Al llegar a mi casa oí a mi madre hablando por el móvil, algo nada raro en ella, lo que, si fue raro, es que al oírme cerrar la puerta bajo la voz casi un susurro, en el acto pensé en algo turbio, luego del turbio pase a pensar en algo conspirativo, porque acabo de hablar al saludar yo y me decía que le tenía que hacer un favor, se puso melindrosa y me pidió que después de comer tenía que ir a casa de Cristina para echarle una mano en un problema que tenía.

Quise negarme, no quería coincidir con mi ex y mi madre me juro que estaría Cristina sola. Lo que me hizo pensar que era una treta de las dos, que estaban todo el tiempo detrás de que volviéramos. Me fui a mi cuarto y estuve pensando un escarmiento para las dos, de tal forma que se olvidaran de hacer de celestinas. Tenía que ser algo que las “escociese” pero sin llegar a la falta de respeto. Era muy difícil, además la conocía desde niño.

En la comida le pregunte a mi madre que era lo que tenía que hacer en casa de Cristina y mi madre para no concretar, se hacia la desentendida diciéndome que no sabía bien. Mi padre miraba a mi madre moviendo la cabeza. Mi padre me pidió que trajera la fruta y los oí hablar, mi padre le decía que al final les daría un bufido y habría algún enfado y la respuesta de mi madre fue que las dejara hacer a Cristina y a ella.

Antes de pasar por casa de Cristina avise a mi madre que luego me iría al gimnasio. Cogí la bolsa de deportes y me fui a casa de Cristina. Como siempre me recibió con dos besos y una carantoña en mi cabeza, como si fuera un niño pequeño.

Sin embargo, para mí no fue como siempre. Llevaba puesto un pantalón corto que ya se lo vi en otras ocasiones, apretado y le hacia un culo deseable, esta era de las que le sobraba algún kilo, pero se la veía sugerente y una camiseta de color negro con letras blancas. Otras veces llevaba escote y muy bonito escote.

La camiseta era de cuello redondo así que nada de escote, se notaba que no llevaba sujetador, un poco caídas, pero se le veían más grandes de lo normal y se marcaban los pezones de forma normal, ni mucho ni poco. 

A mi pregunta de que para que necesitaba mi ayuda, la respuesta era la esperada, que no había nada que solo quería hablar conmigo. Aguante resignado el parloteo de Cristina, se lo había preparado bien. Me hablaba de la pareja, de los altibajos, de tener paciencia. Mientras lo hacía yo pensaba mi respuesta, tenía que ser una respuesta directa y certera. Que la dejara sin habla.

Me fije en las letras de su camiseta, era una frase en inglés, el cielo se me abrió. Dudaba hasta que ella supiera lo que ponía, porque de idiomas nada.

Al terminar de hablar que fue bastante tiempo, se me quedo mirando para ver que contestaba y lo cierto que ya hacia un rato que pase de lo que me decía, es como si me hubiese aislado.

Mi contestación la empecé de una forma suave y con total sinceridad. Que a su hija la apreciaba mucho, que incluso seguro que la seguía queriendo, pero que había en una cosa que no nos complementábamos y era en el sexo. Ese era mi toque directo. Cristina se sorprendió, pero se rehízo y quiso saber en que no nos complementábamos.

Aquí venia el toque certero y definitivo. Tu hija es muy “conservadora” en ese terreno. Ves me viene muy bien lo que pone en tu camiseta, que por cierto te queda muy bien. Como esperaba cristina con cara rara pregunto que ponía. LA traducción era lago así, MI FANTASIA SEXUAL ES QUE ME HAGAS ALGO QUE DESPUES NO SEPA NI COMO CONTARLO, Cristina se quedó aturdida.

Se recompuso y trato de convencerme de que el sexo no era tan fundamental, que con los años los hombres se relajaban, que ya me daría cuenta. Ahora el desconcertado era yo, porque no encontraba las palabras exactas para no ofender. Fui suave diciéndole que podía ser verdad lo que estaba diciendo. Pero que a mi si me apetecía hacer cosas que después ella no sepa ni como contarlo.

Cristina no se rindió e hizo un contraataque duro, contra mi persona. Esto desato mi enfado y mi respuesta no fue tan cordial ni suave. Cristina he sido prudente, pero es hora de ser sincero, no me creo que con los años se pase las ganas de sexo y me lo has dicho no creyéndolo ni tú y mucho menos con el pedazo de cuerpo que tú tienes. No me creo que Diego no le da marcha a todas horas. Es que no es como tú dices, si no, no saldrías como sueles salir vestida, para que babeen los tíos mirándote.  

Se ofendió bastante y me “regaño” por mis palabras y mientras lo hacia sus pezones se hicieron enormes y se marcaban en su ajustada camiseta. Verlos así me puso calentorro. Con disimulo me tuve que colocar mi rabo. Me tenía que marchar, que al estar sentados los dos en el mismo sillón y tan cerca era un peligro.

Cambio la conversación y el tono, se interesó por aquello que su hija no quería hacer. O salía corriendo al gimnasio o se liaría. Mi rabo pensó por mí, me quede. Es muy clásica, muy callada, no le gusta cambiar mucho de posiciones, el sexo oral lo hace, pero si termino dentro de su boca, tenemos bronca y de sexo anal ni hablarlo.

Se puso “alterada” su cara cambio de color. Trato de justificar a su hija con excusas que ni ella se creía y como punto final dijo que no sabía porque a los hombres les gustaba tanto hacerlo por detrás, lo dijo como si fuera algo muy malo.

Aproveche para ser más descarado, diciéndole que no me creía que, con ese culo tan deseable, que sé que levanta pasiones por donde pasa, que Diego no lo haya probado, que no se la veía tan “fría” como a su hija. Para mi sorpresa esta vez, no se enfadó ni justifico a su hija, lo que hizo fue decirme que ella no estaba tan bien, que tenía el culo gordo y el pecho caído. Que no me había fijado bien o que lo decía por agradar.

Me hice el serio para decirle que no mentía y añadí una pregunta, que era si su marido Diego había bajado el “ritmo” y ella me contesto que eso eran secretos de alcoba. Que con esa respuesta respondió a mi pregunta y esta vez exterioricé lo que pensaba, dije que me iba porque al final metería la pata, Cristina me sonrió y con algo parecido a una caricia en mi cara me dijo que era un tonto.

Antes de irme me dio las gracias, que, aunque no se creía lo que había dicho de su cuerpo, le había dado una alegría. Volví a repetirle que tenían un buen culo que era verdad. Se levanto y con su culo casi en mi cara, se lo toco diciendo que le sobraba un montón. Estire mi mano, se lo acaricie y le dije que lo tenía perfecto. Repitió que no era verdad y esta vez mis manos, lo tocaban con más énfasis y una de mis manos fue hacia su entrepierna.

Nos quedamos callados y acariciaba cuando me levante y bese su cuello, su nuca. Se estremeció. Tal como estábamos pase mis manos delante, acariciando sus tetas, era demasiado, no me lo creía. Seguía con su cuello y sus hombros. Cambie mis manos, las lleve por debajo de la camiseta y que excitación al sentir esas tetas en mis manos, los pezones duros como piedras. Era brutal y más brutal se volvió cuando ella se echó para atrás hasta que su culo dio con mi bulto.

Fui desabrochando su pantalón sin prisas para que no se alterase y diera por terminado ese momento. Una vez desabrochado pase mi mano por dentro de su pantalón y sus bragas. Tenía mucho pelo en su coño, no como su hija que no tenía ni uno. Estaba mojada, cuando tocaba su clítoris o metía sus dedos dentro, ella apretaba su culo con más ímpetu.

Se animo a llevar una mano hacia detrás y palpo mi rabo. Se dio la vuelta nos miramos y nos besamos. Ahora era ella la que me desabrochaba mi pantalón y yo terminaba de quitarle el suyo. Ahora me cogió el rabo sin nada de por medio y con provocación me decía que bien me había alimentado mi madre. Se agacho sin necesidad de pedírselo como a su hija y joder, joder como la mamaba. Tan cachondo estaba que me costaba no correrme y ella seguía sin tomar un respiro. Me corrí de gusto, nunca mejor dicho. No era como la hija, que cuando notaba el inicio de la corrida, se quitaba diciéndome de todo. La madre además de tragárselo todo, con su lengua lo saboreo.

La tía no paro, siguio mamándomela y eso hizo que siguiera a tope. Se levanto y quise que se tumbara en el sillón para devolverle esa fabulosa mamada y me dijo que no, que se la metiera ya, que no fuera que se arrepintiera y se echara atrás. Se puso de rodillas sobre el sillón, le pregunte si tomaba algo ya que no tenía condón y ella en cambiando su lenguaje me respondió, quieres dejar de hablar y follarme.  

Se la metí y a ella se le escapo una palabra de forma intensa, dios, dios. La follaba con ganas, como solía hacerlo habitualmente, pero me di cuenta de que cuando alguna vez metía con más ahínco mi rabo, cristina gemía de forma distinta, más profundo el gemido y cuando iba a follarla con más potencia, ella se me adelanto diciéndome si eso era todo lo que sabía hacer, follar como un crio.

Sabía que me provocaba. La di un azote fuerte en el culo, diciéndole que, si la puta era lo que quería, pues que se preparase. Se oía el golpeteo de mi cuerpo con el suyo, los gemidos de ella eran algo no visto ni oído por mí. Metí mi dedo pulgar en el culo, que entro muy natural, provocando que ella me dijera, cerdo vamos fóllame.

Que mujer más pasional y sus tetas para un lado y para otro, esas tetas que había visto en bikini o bañador, más ricas de lo que había imaginado. Como disfrutaba la muy puta cuando agarraba sus pezones. De vez en cuando daba algún quejido porque apretaba de más, lo que no me decía era que no lo hiciera.

Se corrió una vez y me dijo que siguiera que no parara que le venía otra vez. Efectivamente le vino otra corrida enseguida. Después de esa segunda vez me dijo que me lo merecía, que la follara por el culo. Que ella me iría indicando.

Mi rabo fue entrando en su culo según me indicaba, mientras yo aprovechaba para preguntarla si nunca le habían follado entre dos y me dijo que ya le hubiera gustado. Ya tenía metida la mitad de mi rabo, que lo hice con bastante lentitud, hasta que Cristina me dijo, todo tuyo cerdo. Se lo termine de meter. Ella se llevó una mano a su coño y folle su culo con bastante “rabia” y muchas ganas, solo de ver como mi rabo penetraba ese culo me hacía casi correrme. Me estaba follando mi primer culo, el culo de la madre de mi ex. Hasta que me corrí, me vacié por completo hasta con mi respiración y ella me pedía que no parase y lo hice cuando ella se corrió otra vez.

Iba a sacar mi rabo cuando me dijo que quieto, cogió la camiseta que la tenía al lado y se la puso en su coño, para no manchar nada. Diciéndome que ahora volví. Me vestí y me quedé esperándola.

Me hizo sentar de nuevo y me contaba que estaba confundida en ese momento, que no se explicaba como habíamos podido llegar a eso y que no debía volver a ocurrir. También me pasaba lo mismo, algún remordimiento me entraba. Nos interrumpió la conversación mi madre que la llamaba al móvil.

Cristina hablo con ella y solo la oía a ella. Aunque era fácil intuir lo que decía mi madre. Cristina le decía que no había podido hablar bien conmigo, que había estado muy esquivo y que a ella tampoco le habían salido las palabras adecuadas, que había sido muy precipitado. El final de la conversación con mi madre fue, que otro día que no trabajase por la tarde me convenciera para que volviera, mi madre le debió de decir el siguiente día que descansaba por la tarde y Cristina le dijo que el viernes le venía bien.

Oír todo eso me sorprendió, porque hacia segundos me acababa de decir que no volvería a ocurrir, que no debía haber pasado. Termino de hablar con mi madre y mirándome me dijo, si ya se lo que he dicho antes. Pero que quieres que te diga, eres guapo, chulo, salvaje y muy cabrón. Una mezcla explosiva para una mujer tan ardiente como yo.

Le dije que me parecía bien y sé que no debía haber hecho la pregunta, pero le pregunte si nunca había puesto los cuernos a Diego. Con mucha tranquilidad me dijo que nunca, no lo mismo de pensamiento, pero que físicamente no. Pero n por falta de oportunidades.  

Como estaba receptiva le pregunte si nunca pensó en ir a un local swinger y me pregunto qué era eso, se lo explique y con una escandalosa risa me dijo si quería matar a Diego de un susto.

Ahonde un poco más soltando una frase que sin ser una pregunta lo era. Seguro que alguno de vuestra “pandilla” habrá ido. Se volvió a reír de la misma forma escandalosa diciéndome que ni locos y añadió, que alguna le haya puesto los cuernos a alguno lo mismo, te diría que sí y de los maridos yo creo que todos les han puesto los cuernos a sus mujeres alguna vez. Si a mí algunos me han tirado y me tiran el lazo más de una vez. Y a mi pregunta de porque no quiso, acompañándome a la puerta me dio una respuesta que me hizo mucha gracia.

Es como el que roba, si te pueden pillar que no sea por robar 1000 euros que sea por robar 1000 millones de euros. Pues en esto igual, si te pillan que sea por hacértelo con un chico joven, fuerte, viril y muy ben dotado. Que estos maridos no están ya para tirar cohetes ni con la pastillita azul. De despedida no me dio ningún beso, pero bien que me agarro y me apretó el culo, dándome una palmada a forma de despedida.


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