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Fecha: 26-Sep-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Marta la mujer de Raúl

Rafael
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Tiempo estimado de lectura: [ 18 min. ]
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Raúl era hermano de Fernando un amigo de la mili, que falleció en un accidente de coche hace ya 10 años, es era el más pequeño de los hermanos, y estaba casado con Marta un ejemplar de mujer, el problema que tenía Raúl es que los espermas los tenia débiles y no dejaba preñada a Marta. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Pues como os iba diciendo Raúl el hermano de mi amigo de mili, Fernando, me conto su problema, y estaba buscando soluciones, yo le contaba las vivencias de su hermano cuando teniamos 20 años, nos juntabamos tres en la mili Fernando, Nacho y yo Juan, el dije que en la mili nos mediamos las pollas, y que su hermano y yo estabamos igual 17 cm, pero que Nacho era un potentao en polla tiene 23 cm, ademas tengo entendido que ha estado casado ya tres veces y tiene tras hijos de la tres mujeres, se que es un putero, que presupe de su buen parecido y de su polla, si quieres hablo con él y le doy tu telefono, seguro que no tiene problemas por preñartela, pero comentaselo, porque le puede pasar como a la mia que se envicie con la polla de Nacho, y te deje, o te pasa como a mi que dejo a Amalia mi mujer que folle con quien quiera, pero nuestro matrimonio sigue adelante.

Pues esta es la historia es una de tantas en la que dos personas que se quieren deciden llevar más allá su amor y tener un hijo. Como se suele decir, fruto de su amor. Pero no siempre la vida le trata a uno cálidamente. A veces todo se tuerce y lo que parecía un proyecto maravilloso se convierte en una experiencia dolorosa, difícil de llevar. Así nos tocó vivir lo que a continuación les voy a narrar.

Marta lo quería. ¡Definitivamente sí!

Aquella mañana regresamos temprano del médico. Ya teníamos el resultado de la última in vitro que nos podíamos costear. A Marta le había bajado la regla.

Anteriormente habíamos probado con varias inseminaciones, pero no habían dado resultado tampoco. Empezaba a pasarnos factura. Nos sentíamos inválidos, nulos. El problema era mío. Poca movilidad y bajo número de espermatozoides. Ya no podíamos más. La ingesta brutal de medicamentos, inyecciones y demás, habían hecho que Marta engordase unos kilitos. Ya no era la chica de 25 añitos que había conocido hacía años y como ella decía, con “tipín de modelo”. Pero aun así, era preciosa. Esos kilitos de más habían hecho que se formase con curvas de verdad. Toda una mujer. Con su 1, 65 de estatura hacía que los hombres se girasen para ver su culo cuando entrábamos a un buen restaurante, o una discoteca. Su pecho también había aumentado, pero en eso estaba contenta. Pasó de una 85 a una talla 90. Estaba encantada cuando se ponía ropa escotada. Se lucía en casa delante del espejo (y en la calle, pensaba yo). Tenía ahora 36 años, y era toda una señora. Combinaba la espontaneidad y la lujuria de una jovencita con la presencia y la educación de una mujer refinada y culta. Una mezcla claramente explosiva.

Después del mal trago, decidimos darnos un tiempo para aclarar las ideas. Un tiempo de relax, ya veríamos qué hacer. Estuvimos viajando unos meses y dedicándonos al trabajo casi al cien por cien. De alguna forma, nos habíamos distanciado. Teníamos sexo de cuando en cuando y cada vez era más gris. Esa lujuria de Marta había amainado. Hasta el reencuentro con Nacho….

La última vez que vi a mi buen amigo Nacho fue en la despedida de soltero de un amigo en común. A la boda no fue, si mal no recuerdo. Hacía más de 8 años. Era el único del grupo de amigos que no había querido estudiar e ir a la universidad para hacerse “un hombre de provecho”. Siempre había estado de aquí para allá trabajando en lo que le ofrecían. Con el tiempo pensé que todos le envidiábamos de alguna u otra forma. Era libre. Pero un buen día desapareció. Unos decían que se había ido a trabajar al extranjero, otros que había conocido a una chica y se había casado en Sevilla. Cada uno contaba una versión diferente. La verdad es que había desaparecido sin más. Así, como un pájaro libre, voló y voló sin importarle lo que dejaba atrás.

Pero aquel día, aquella mañana, nos lo encontramos en la puerta del Hipermercado. Como si nada hubiera pasado. Salía con dos bolsas de compra. Iba con ropa de trabajo, estaba sucio.

¡La sorpresa se dibujó en nuestras caras y nos dimos un buen abrazo!

-Hombre Raúl!!! Casi ni te reconozco!

-Pues tú no has cambiado Nacho! Cuánto tiempo! Cómo te va? Bueno, lo primero, recuerdas a Marta?

Nacho se quedó asombrado con la transformación de Marta. La última vez que la vio era una veinteañera. Se dieron dos besos y charlamos un rato, pero él llevaba prisa y nos intercambiamos los números de teléfono para quedar lo antes posible.

Esa noche Marta y yo charlamos sobre él:

-Pues iba muy sucio Raúl, como si no le fuesen bien las cosas. Parecía que no se cambiase de ropa en la última semana. Pobre. Estoy intrigada de cómo le habrá ido.

-Seguro que le ha ido bien, aunque a Nacho la vida nunca le sonrió especialmente. Mañana le llamo y quedamos el sábado. A ver qué le parece.

Al día siguiente hablé con Nacho y le invité a cenar en casa. El aceptó encantado. Me comentó que traería el vino, que teníamos muchas cosas que recordar!

Y por fin llegó el sábado. Marta se había puesto un vestido negro ajustado, y se había maquillado realmente bien. Estaba guapísima. Yo le dije que tampoco era para tanto, que no íbamos de boda y todo eso, pero ella argumentó que una cita así no se tenía todos los días. Y la verdad es que tenía razón.

A las 9 de la noche llegó Nacho. Vestía unos vaqueros algo sucios y una camiseta ajustada que mostraba la buena forma física que tenía con casi 38 años. Estaba mazas (debió de pensar Marta al verle). Nos sentamos y tomamos algo. Nos empezó a contar las andanzas de sus últimos años:

-Pues todas las historias que contaron sobre mí tienen algo de verdad. Conocí a una chica de Sevilla. Me enamoré perdidamente de ella. Dejé todo lo que aquí me ataba, que era poco la verdad (excepto vosotros, mis amigos, claro…) y me fui a Sevilla. Nos casamos y tuve tres hijos con ella. Fuimos felices durante los primeros años pero al final nos separamos. Entonces conocía a gente que me ofreció irme a Brasil a trabajar. Temas de construcción, ya sabéis, y allí volví a casarme con una chica brasileña. Allí me fue muy bien, tuve otros dos hijos y era feliz. Pero todo se acaba y decidí volver a España hace un año. Aquí alquilé un piso pequeño, pocos gastos, estoy un poco apretado de pasta. Y voy subsistiendo. Trabajo para unos tipos, unos polacos, reformas y eso, ya sabéis. Y conocí a Susana. Actualmente vivimos juntos. Bueno, cuando no nos peleamos, ya sabéis. Está embarazada de tres meses. La muy zorra ha sabido pillarme jajajajajaja…

Después de aquella historia comprendí que Nacho estaba en situación precaria. Era un vividor, un mal padre y un “busca vidas”. Hablaba despectivamente cuando mencionaba a sus ex mujeres. Era obvio que había cambiado. La vida le había cambiado. O tal vez siempre fuese así.

Cenamos mientras nos tomamos la botella de vino que trajo Nacho. Era vino peleón de ése que entra bien y sale fatal. Y nos sentamos a tomar una copa en el salón. Nacho no había parado de mirar el cuerpo de Marta desde que entró por la puerta. E incluso se había atrevido a hacer comentarios como: “Vaya Marta, que cuerpazo tienes, qué comes? Jajajaja” o “Raúl Raulito, pero qué mujer que tienes, eres afortunado mamón!”.

La verdad es que esos comentarios me resultaron mal sonantes y fuera de lugar, pero sonreí e hice como si no me importasen. Total, era mi amigo de toda la vida! Eran bromas. O eso pensaba yo.

Una vez en el sofá Marta dijo:

-Bueno, voy a preparar unas copas. Os dejo unos minutos para que habléis de vuestras cosas.

Nacho se la comió de arriba abajo cuando Marta se levantó y fue a la cocina. No se cortaba para nada. Creo que el vino le había desinhibido aun más.

-Recuerdas Raúl la noche que nos fuimos todos de putas? Ahí sí que lo pasamos bien eh?

Aquel recuerdo no me era tan grato. Aquella noche nos emborrachamos todos los amigos y acabamos no sé por qué en un puticlub. Marta por aquella época estaba acabando la carrera y estaba estudiando en casa. El muy cabrón lo sabía. Qué quería obtener con ese comentario?

-Sí que lo recuerdo sí. Siempre has sido un canalla Nacho! Pero háblame de ti, cómo estás, cuéntame.

-Pero si ya os he contado mi puta vida Raúl, qué más quieres saber? Háblame de ti y de tu mujer. Cómo es que no tenéis hijos ya? Seguro que te la estás follando pero bien follada eh? Como a la puta aquella jajajaja

Sus comentarios hacia mi mujer cada vez eran más sucios. Por un momento pensé en lo que sucedería si Marta se enteraba de aquello. De cómo me había ido de putas con mis amigos mientras ella estudiaba con esfuerzo en su habitación. Intenté alejar ese pensamiento de mi mente. Nacho era un descarado.

Regresó Marta con las copas en la mano.

-Bueno chicos, se me ha ido un poco la mano con el vodka!

-No te preocupes Martita, las copas como las mujeres me gustan bien cargadas jajajaja

Otro comentario más. Estaba imparable. Nos tomamos finalmente dos copas más entre risas y anécdotas. Marta se contoneaba en el sofá y sonreía cada vez más a los comentarios de Nacho. En un par de ocasiones la miré y estaba deleitándose con el cuerpo de éste, que se marcaba en la camiseta. También la pillé unas cuantas veces mirando el paquete que se le notaba en el pantalón. Nacho estaba medio tumbado en el sofá y eso facilitaba que aquel bulto que tenía destacase más en su figura. He de reconocer que tenía que tener un buen trasto ahí metido. Marta debió de pensar lo mismo. De pronto recordé que hacía más de 1 mes que no teníamos ningún tipo de relación sexual.

-Bueno, ahora soy yo el que tiene que ir al baño. Marta, cuida bien de nuestro invitado.

Salí del comedor y fui al servicio. Hice mis necesidades y me eché un poco de agua en la cara. El alcohol se me estaba subiendo, llevaba tiempo sin beber y me estaba haciendo efecto muy deprisa. Pensé en no tomar ninguna copa más.

Al llegar al salón vi que Nacho se había cambiado de sitio. Ahora estaba sentado al lado de mi mujer y le decía algo al oído. Marta asentía y reía de vez en cuando. Así estuvieron un par de minutos más, hasta que decidí entrar y romper el encanto. Sentía una mezcla de celos y excitación. No entendía cómo aquella situación no me ponía violento y echaba a Nacho de mi casa. El muy cabrón estaba calentando a mi mujer delante de mis narices!

-Perdona Raúl, te he quitado el sitio!

-No no tranquilo, no te muevas. Habéis hecho muy buenas migas.

Todos nos reímos y nos acabamos la copa. Nacho nos contó una anécdota muy sucia de Brasil. El tío no se cortaba:

-Y la tía se montaba encima de mí y se movía como una loca! Y cuando se corría la hija de puta se me meaba encima! Podéis creerlo? Yo sólo lo había visto en las películas, pero es cierto joder! Y tuve que recorrerme miles de kilómetros para poder ver eso, es la hostia!

Marta no paraba de reírle las gracias y Nacho la complacía con todo tipo de historias y chorradas que se le iban ocurriendo. La verdad es que tenía mucho mundo, en todos los sentidos.

En ese momento se le ocurrió la idea a Marta de tomar la última copa:

-Anda cariño, vete a ponernos la última copa pero no me la cargues mucho que voy ya un poquito mareada jijijijijji

-Sí Raúl, vete a la cocina un ratito anda jajaja

Se echaron a reír los dos. Era obvio que a Marta se le había subido el vino y las dos copas, y a Nacho también. El muy cabrón había puesto la mano en la pierna de Marta, a la altura en la que se acababa el vestido negro y empezaban sus medias. Mi mujer no dijo nada, es más, la muy zorra sonreía.

Me levanté y fui a la cocina, dejándoles solos en el comedor. Aunque no pretendía beber más, me serví la última copa un poco menos cargada.

Cuando tuve las tres copas preparadas, me acerqué despacio a la puerta del salón y observé unos segundos en silencio. Marta estaba muy pegada a Nacho, se había dejado caer casi en su hombro, y el muy cabrón le seguía diciendo cosas al oído.

Decidí entrar y romper una vez más el encanto.

-Bueno bueno, ya estoy aquí con las copas. He de reconocer que se me está subiendo el Vodka a la cabeza!

Nacho se echó a reír y dijo:

-Y a mí también se me está subiendo otra cosa Raulito! Es que entre el calor del alcohol y lo buena que está Martita aquí no hay quién pare, ya sabes!

Los dos se miraron unos segundos mientras yo dejaba las copas en la mesa. Marta estaba hipnotizada con el paquete que se le notaba en el pantalón al cabrón de Nacho. Y él se comía el cuerpo de Marta, lo recorría de cabo a rabo, y luego sonreía. Era un cerdo!

Nos tomamos la última copa entre risas. Yo me sentía molesto con la actitud de mi amigo, pero me dolía más cómo se estaba comportando Marta. Menuda zorra pensé.

Contra todo pronóstico, Nacho se levantó y dijo:

-Bueno, os tengo que dejar. Pero estoy seguro que nos veremos muy pronto.

Nos despedimos un poco apresuradamente y Nacho desapareció escaleras abajo. Dónde iría con tanta prisa? De qué habían estado hablando tan acarameladamente en mis ausencias?

No pude contenerme y le pregunté a Marta:

-Marta, de qué habéis estado hablando? Estás muy rara esta noche, qué pasa?

Marta no paraba de sonreir.

-De verdad quieres saber lo que hemos hablado? Jijiji

-Pues claro que sí! Me he sentido apartado esta noche. Le has estado calentando! A mi amigo!

-Raúl, no soy yo el que ha calentado a nadie esta noche. Más bien el calentón me lo he llevado yo cariño..

-Pero qué estás diciendo! Marta, qué habéis hablado?

-La primera vez que nos dejaste a solas, le pregunté cuál era el secreto para tener tantos hijos y tan fácil. Y me ha contestado algo que al principio me ha sonado muy mal, pero ahora que lo pienso tiene toda la razón jijijijiji

Marta se dejó caer en la cama mientras se quitaba las medias. Estaba muy sexy, muy atractiva. Era obvio que la lujuria había vuelto a su vida. La muy zorra pensé. Así que se ha puesto caliente con Nacho, qué zorra. Prosiguió contando la conversación:

-Y Nacho me ha contestado sin pestañear: no hay ningún secreto, sólo una buena polla y mucha leche de la buena. Yo soy lo que llaman un lechero.

-Un lechero? Pero Marta qué dices! Qué coño es eso?

-Eso le pregunté, que qué era eso de ser un lechero, y me contestó que él echa mucha leche cuando se corre. Bastante más que un hombre normal. Vamos, que te baña entera jijijijiji

-Vaya vaya, así que te apetece un baño de leche o qué? Serás guarra! Bueno, y la otra conversación? Cuando he ido a preparar las copas?

-Pues en ese momento se ha pegado mucho a mí, y me ha susurrado al oído que me hacía todos los hijos que yo le pidiera. Bueno, si los dos queríamos claro. Lo siento cariño, pero he de reconocer que tu amigo Nacho me ha puesto bien cachonda esta noche. No sé si el alcohol, su cuerpo, sus conversaciones… Y como me miraba el muy cabrón. No sé, pero estoy súper excitada.

-Su cuerpo? Venga ya Marta, más bien dirás su paquete! Que te lo has comido con la vista joder!!!

En ese momento Marta se levantó el vestido y separó las piernas. Mirándome se separó el tanga negro y me dejó ver su coñito rasurado totalmente empapado. Brillante por los jugos. Se separó los labios y me dijo:

-Cómeme el coñito. Haz que me corra bien que estoy como loca. Mira como me ha puesto ese cerdo. Míralo…

Definitivamente, la lujuria había regresado a la vida sexual de Marta, y de paso a la mía. Y estaba muy contento por ello. Me sentía engañado por lo que había pasado esa noche pero a la vez sentía una tremenda excitación. Nacho había revivido nuestra vida sexual.

Me agaché para comer el coño de mi mujer, y lo lamí como un perro, de arriba abajo, tragando sus jugos, mientras mi mujer se apretaba los pechos como si quiera exprimirlos. Hacía meses que no degustaba su coñito y me deleité cerca de 20 minutos. Marta se corrió varias veces en mi boca. Me encantaba ese sabor. Sabor de coño corrido...

-Sigue… Sigue comiéndotelo bien… Así… Con la lengua... Cómetelo bien guarro...

Se retorcía en la cama mientras me apretaba la cara contra su coñito. Estaba cachonda perdida y yo ayudé a que se pusiese aún más. No sé por qué pero empecé a decirle guarradas que no eran propias de mí:

-Qué guarra estás. Como te calienta el cerdo de Nacho eh? Putón! Que te comías su paquete con la mirada. Guarra…

Marta respondía a mis guarradas calentándose más y más. Se apretaba los pezones con fuerza, se los pellizcaba mientras gemía como una loca.

-Sigue guarro, sigue comiéndomelo, prepáralo para que el cabrón de tu amigo se lo folle... Qué polla tiene que tener el muy cabrón…

-Te gusta como te como el coño putón? Seguro que ahora te dejarías follar por Nacho eh? Quieres su polla verdad?

-Sí… Necesito notar ese pollón dentro de mí... Que me llene bien de leche… Que me llene enterita…

No entendía cómo podían salir esas palabras de mi boca, pero cada vez me excitaba más la idea. Me excitaba la idea de que Marta fuese follada por el cabrón de Nacho, que ese cerdo se aprovechase de mi mujer, de mi Marta. Notaba mi polla a punto de reventar...

Marta se abrió aún más de piernas y empezó a gemir muy rápido. La muy puta se iba a correr. Metí los dedos en su coño y empecé a moverlos velozmente, notando lo húmedo que estaba, lo abierto y cálido que lo tenía.

-Me voy a correr, me voy a correr… Ahhhhh mi coñitooooooooo!!!

Marta se corría como una loca mientras se apretaba los pechos con fuerza. Con la cabeza de lado, con gesto de gusto y dolor y una mueca torcida en su cara de satisfacción de puta.

Quedó tumbada en la cama. Juntó las piernas y se acarició con sus manos por encima del coño. Se movía lentamente con pequeños espasmos que alteraban su postura. Se gustaba así, así de zorra…

Aproveché para sacarme la polla por la bragueta del pantalón. He de reconocer que no tengo una polla grande ni tampoco tengo mucho aguante en la cama, pero hasta aquel día creía que era más que suficiente para contentar a mi mujer.

Me tumbé encima de ella y le metí poco a poco la parte de la polla que tenía fuera del pantalón. Qué gusto sentí… La muy puta lo tenía hirviendo y había mojado un poco las sábanas con sus flujos. Marta empezaba a moverse hacia mí para meterse más mi polla. Noté como me sujetaba por la espalda y me apretaba contra ella.

-Así cabrón, métemela entera, lléname con tu polla cabrón…

Yo estaba tan excitado que enseguida noté como me venía el orgasmo y paré en seco, intentando no moverme dentro de su coñito, intentando que se me pasasen las ganas de correrme. Pero Marta empezó a moverse debajo de mí, pidiendo polla y más polla. Noté como su coño me apretaba la polla y no pude aguantar.

-Para cariño, para que me voy a correr… Para para, para Marta!!!

Pero la muy puta no paró. En dos segundos empecé a llenar su coñito con mi leche. Casi grité de gusto mientras que apretaba sus nalgas para clavar más mi polla. Me quedé muy quito encima de ella, pero Marta me separó con la mano y se giró para que saliese de ella.

Nos quedamos tumbados uno al lado del otro, sobre la cama revuelta. Yo tomaba aire como podía y vi que Marta se levantaba, abría el armario y revolvía la ropa de un cajón. Sacó una caja y vino de nuevo a la cama.

Me incorporé y vi que sacaba de la caja un vibrador de unos veinte centímetros y con un grosor más que considerable. Era de color negro, flexible pero duro, con un capullo bastante acentuado y redondo. Tenía incluso las venas a los largo del tronco. En la parte de abajo había un botón que giratorio para la intensidad de la vibración.

Yo no daba crédito a aquello, pues jamás me contó que tenía semejante artilugio escondido en un cajón del armario. Marta sacó un tubo de vaselina y untó la polla de goma de arriba abajo hasta que quedó muy brillante. La muy puta estaba desatada, ya no le importaba lo que yo pensase de ella.

Se puso a cuatro patas encima de la cama, con el culito en pompa y el vestido negro recogido a la altura de la cintura. Tenía los pechos fuera del vestido y le colgaban con los pezones de punta mirando hacia la cama. Me miró y me ofreció el vibrador. Lo cogí esperando instrucciones.

-Ya que no tienes polla para follarme utiliza ésta mi queridito cornudo. Dale gusto de una puta vez a tu mujer, aunque sea con polla ajena.

Introduje lentamente el capullo de aquel pollón de plástico negro. Entraba muy bien. Noté que mi semen hacía también de lubricante. Marta soltó un pequeño gemido, mitad gusto mitad molestia, debido al grosor supuse, pero no paré de ejercer fuerza hacia su coño. Cuando me quise dar cuenta estaba más de la mitad dentro de su coño. Marta permanecía callada, respirando rápido, con la cabeza baja y los ojos cerrados. Empecé el movimiento del mete saca y Marta empezó a gemir con más continuidad. Gemía a cada metida de aquel pollón negro. Estaba claro que estaba acostumbrada a jugar con él, su coño se adaptó rápidamente a su grosor. La muy puta lo disfrutaba bien disfrutado.

-Así cornudito, sigue así… Qué pollón tiene tu amigo… Seguro que es así de gordo! Ahhh… Dale un poquito a la vibración…

Giré un poquito el botón y la polla de plástico empezó a vibrar despacio. Sentía un ligero cosquilleo en la mano mientras metía y sacaba el vibrador de su coño. Marta estaba gozando de lo lindo. Mi polla ya no le satisfacía, me había convertido en su mamporrero particular. Su marido degradado a eso, y lo peor era que volvía a notar como mi polla se empalmaba de nuevo producto de sus sucios y humillantes comentarios.

Decidí intentar meter más profundo aquel pollón y alargué las metidas ayudándome de las dos manos. Marta empezó a encoger el culito, a arquearse, pero no dejaba de gemir como una puta loca. Vi que ella era consciente de que estaba usando las dos manos y eso debió de darle más morbo.

-Qué dentro la noto, ahhhhhhh… Qué dentro! Dale fuerte cornudo que me voy a correr!!

Aceleré el ritmo como ella pidió y noté como la muy puta empezaba a correrse viva, con gemidos guturales que le salían del mismo estómago. Decidí aumentar la potencia del vibrador hasta el máximo para hacer gozar más a la puta de mi mujer.

-Ahhhhh me corro como una puta… Ahhhhh

Taladré el coño de mi mujer durante más de 1 minuto, hasta que ya no pudo aguantar más y saqué de ella la polla vibradora de un golpe! Sin delicadeza! Marta soltó un grito muy agudo y se tumbó de lado en la cama. Yo miraba como su cuerpo se retorcía víctima de varios espasmos incontrolados. Se apretaba con las dos manos el coñito por encima, como tapándolo para que nada entrase, para que tuviese un respiro. La muy puta.

Permanecimos un cuarto de hora tumbados en la cama. El uno al lado del otro. Marta tenía los ojos cerrados y respiraba profundamente, con tranquilidad. Se había quedado muy bien. Yo temía el momento en el que empezase a hablar, temía lo que pudiese decir. Estaba expectante hasta que por fin habló:

-Raúl, eres consciente de que esto ya no se sostiene verdad? Yo necesito más y no me refiero sólo a tener un hijo. Me refiero a mi vida sexual, necesito un hombre a mi lado. Ya me entiendes verdad?

Asentí. No sabía que decir. Nacho apareció en mi mente. Me sonreía. No supe si era un ángel que había venido a salvar nuestro matrimonio o si era un gran cabrón que iba a usarnos como el que usa un clínex y nos iba a dejar tirados, o algo peor. No obstante, en ese momento le vi como la salvación. Pronto descubriría cosas que jamás pude imaginar


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