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Fecha: 10-Sep-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Los caprichos de mi tita Laura - Capítulo 2

hijodelnorte
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Tiempo estimado de lectura: [ 21 min. ]
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Mi tía Laura viene de visita y revoluciona mi vida. Continuación de la primera parte. (Resubido de forma correcta) Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Después de la escena del baño me quedé jodido toda la mañana. Apenas crucé dos palabras con mi madre, menos aún con mi padre. A mi tía no la vi apenas, había salido a buscar curro o eso dijo. Yo ya no daba nada por sentado con Laura.

Di muchas vueltas a la posibilidad de confesar todo a mi madre, pero si lo hubiese hecho se habría montado la mundial. Como era sábado mi viejo solo curraba hasta medio día, con lo cual a las dos de la tarde estaba en casa. Comimos los tres, mi tía no apareció.

Al acabar mi madre me mandó fregar, se iba a echar una siesta, mi padre se puso a ver la tele. Estar cada uno por un lado era lo mejor, en mi cabeza podía justificar mi propia relación incestuosa con mi tita, pero la infidelidad me escamaba. Cuando acabé de fregar me fui para mi cuarto, al pasar por el salón mi padre me habló.

-      Voy a salir en diez minutos, tengo que atender un asunto -me soltó sin dejar de mirar la televisión, supe que mentía-. Le dices a tu madre, cuando se despierte que no sé a que hora llegaré.

-      Vale, ya se lo diré.

Respondí con una mentira a la suya. En cuanto entré en mi cuarto agarré el móvil y le escribí un mensaje a Laura. Directamente le preguntaba dónde iba a quedar con mi viejo para follar. Vi la marca de recibido, la de visto y esperé su respuesta.

“Vas a hacer algo si te lo digo?”

“Me cago en todo.”

 “DÍMELO”

“Así me gusta.”

“Sacando el mismo nervio que tu padre.”

“Tenemos que hablar.”

 “Déjate de juegos.”

“Si es para hablar no te lo voy a decir.”

“Si es para jugar…”

“Estoy yo para juegos.”

“Pues este es el juego. Te diré donde hemos quedado, pero tienes que llegar antes y follarme. Si no, seguiré dándole al tema con tu papá.”

Mi tita me mantenía bajo su control, si quería aclarar las cosas mínimamente tenía que quitárselo, la cita era mi mejor opción. Al menos eso me dije a mi mismo, en el fondo la idea de follarme a mi tía Laura me convenció para seguirle el juego.

“Vale.”

“Dónde?”

Me escribió la dirección, salí del mi cuarto disparado, el salón estaba vacío, la televisión apagada. Oí la puerta de la escalera cerrarse, aún tenía tiempo. Al salir al rellano vi que mi padre había cogido el ascensor, yo bajé las escaleras corriendo. Echando el hígado llegué antes abajo, me fui para la calle y agarré mi ciclomotor.

Al montarme me percaté de que me había dejado el casco en casa, no había tiempo para volver así que tiré sin él. Iba por delante de mi padre, iba a aclarar las cosas con mi tita, iba a follármela…, hasta que un local me dio el alto.

Me hizo pasar por la rutina: amonestación y lección de seguridad vial. Yo que estaba nervioso le insté a que acelerara el proceso. Solo conseguí cabrearle y me inmovilizó la moto. Me calmé, acepté todo el castigo con una sonrisa falsa y en cuanto me dejó eché a correr.

La cita era en un hostal de tres estrellas, estaba en una calle relativamente céntrica, aunque poco transitada. Al llegar y no ver el coche de mi padre me creí ganador. Iba a entrar cuando en la recepción atisbé a mi tita y mi viejo. Me cagué en todo lo que se me vino a la cabeza, había perdido, pero no iba a aceptarlo. Agarré el móvil y llamé a mi tía. Medio escondido, en la entrada, le vi contestar y alejarse de mi padre para hablar.

-      Demasiado tarde sobrinito -me saludó con esas.

-      No, mira a la puerta -lo hizo y yo me asomé un poco más para que me viese bien.

-      Mira tú dentro, tu papi ya está aquí y ha pagado la habitación.

-      Mándale a la mierda, vente conmigo.

-      Ya claro, ¿a dónde?

Pensé rápido, tenía que sacar a Laura de allí. Necesitaba que se fuese conmigo para aclarar las cosas. No, en realidad para follar. Eso era lo que me movía de verdad, eso era lo que le movía a ella.  

-      Al río. Cogemos el parque y tiramos para arriba. Hay una zona de chopos, se hace botellón allí.

-      ¿Quieres que follemos en público?, que malo eres.

-      No, hoy estará desierto hay quedada en la zona de la uni.

-      Que pena, pensaba que eras más divertido -menuda guarra estaba hecha.

-      No me jodas, prefieres hacerlo con mi padre como una puta cualquiera o volverte a sentir como una cría -mi mente giraba en torno a la breve historia que mi madre interrumpió el primer día-. Tu verás, pero aquí tienes una polla de veinte años que te lo va a hacer pasar mejor -caí en su juego, o mejor dicho acepté los términos.

-      Espérame a la vuelta de la esquina, me voy a librar de tu viejo.

Me planté en la esquina, mirando de vez en cuando hacia la entrada del hostal. Vi salir a mi viejo furibundo y encaminarse en mi dirección. Pasó encabronado, yo le di la espalda y recé para que no me reconociese. No lo hizo, siguió un poco más para delante, dobló otra calle y desapareció de mi vista. Al poco llegó mi tía a mí, me sobresaltó la rojez en su mejilla izquierda.

-      ¿Te ha pegado el cabrón? -no me podía creer aquello de mi padre, que fuese infiel pase, pero un maltratador no me lo podía creer.

-      No me salgas caballero andante que esta mañana tu casi haces lo mismo -le detuve, pretendía continuar andando, le sostuve la barbilla y observé el golpe-. Solo ha sido una torta, por cortarle el rollo.

-      Lo siento, es culpa mía. Joder que mierda estamos haciendo -me llevé las manos a la cabeza en gesto desesperado.

-      Mira Marcos, soy lo bastante mayor y resuelta para saber mandar a la mierda a un tipo que me pone la mano encima. Tu padre nunca lo había hecho, a no ser que yo se lo pidiese mientras follábamos.

-      Pero no es eso solo, es todo. Joder que eres mi tía y me has comido la polla y yo a ti el coño.

-      Y bien que nos lo hemos pasado. Ya te he dicho mil veces que yo no soy una mojigata como tu mamá, si quiero follarme a un tío lo hago y punto. Hace años quise follarme a tu padre y lo hice, ahora quiero hacerlo mismo contigo. ¿Sabes por qué?

-      No, no tengo ni puta idea de porque pasa nada de esto.

-      Porque eres más guapo, más joven y la tienes más grande que tu viejo. Además que el que seas mi sobrino me pone de una manera especial, y estoy segura de que a ti te pasa lo mismo conmigo.

Terminé asintiendo, joder me volvía loco por lo buena que estaba y porque era mi tía, ese morbo era irrefrenable. Aceptar aquello debería haber hecho más fáciles las cosa, pero con mi tita eso no pasaba. Le cogí de la mano y le besé en los labios, le metí la lengua y me encontré con la suya. Fue nuestro primer beso de amantes, nos dejó el mejor de los sabores a los dos.

-      Ahora que mi padre se ha pirado, ¿vamos al hostal?

-      No. Me has prometido recordarme mis años mozos tira para la chopera.

-      Pero será mejor… ¿Y si nos pillan?

-      Más morbo, incesto y exhibicionismo. Mira como me estoy poniendo.

Llevó la mano que le estrechaba bajo sus vaqueros, noté su humedad y el debate quedó zanjado. Ella marchó primero, yo la seguí un paso por detrás imaginando que en apenas unos minutos me iba a acostar con esa mujer. Iba con una camiseta que le quedaba apretada marcando sus curvas superiores, pero además llevaba unos vaqueros que le hacían el culo mil veces más apetecible.

Seguimos el itinerario que había comentado. Por el parque fuimos de la mano, como enamorados, aunque probablemente pareciésemos madre e hijo por la diferencia de edad. Luego anduvimos por la ribera un trecho, nos cruzamos con un par de caminantes que paseaban al perro y poco más. Al final saltando por un paso de piedras nos llegamos a la chopera.

Más bien nos refugiamos allí, estábamos ya lejos del centro, a veinte minutos andando. En esa zona de nuestra pequeña ciudad desaparecen los bloques de pisos, tan solo hay un par de casas de dos plantas y quedaban lejos de la chopera. Luego están los altos árboles que aislaban de la vista, pues el lugar es una especie de isla o más bien península, que el río rodea.

Pasaban la seis de la tarde, era un sábado de primeros de septiembre, pero hacía algo de frío. Nos sentamos en un trozo de hierba, la mayor parte del lugar estaba con la tierra al aire del trajín de las fiestas que allí se montaban, de hecho algo de basura se veía entre matorrales. A pesar de todo yo sabía que íbamos a estar tranquilos, hoy se bebía en otro parte.

Tras estar algo así como un minuto callados, para escuchar si había alguien cerca y quizás solo porque la tranquilidad del lugar invitaba a ello, me lancé a besar a mi tita en el cuello. Sabía que buscaba en mí decisión y se la iba a dar. Ella simplemente echó la cabeza hacia atrás para facilitar mi tarea. Yo me volví sobre ella, como un Drácula de serie B, agarré sus tetas por encima de la camiseta. No tenía demasiada experiencia en lo que venía después, pero esta parte de los preliminares me la sabía al dedillo. Fui a levantarle la camiseta para comerle las tetas bien y me detuvo.

-      ¿Ya no te preocupa que nos pillen?

-      No -contesté seco y volví a lo mío, a tratar de levantarle la camiseta.

-      ¿Por qué? -siguió frenándome.

-      No sé, ha sido llegar aquí tenerte, ya no puedo parar.

-      Estás cumpliendo lo prometido y recordándome mi juventud.

Laura misma se quitó la camiseta, no llevaba sujetador, yo lo había notado al palpar por encima, pero verlo lo hacía todo más caliente. Le comí las tetas, recorrí toda su carne con mis labios y mi lengua se deleitó con sus pezones. Pensé que en toda mi vida no iba a encontrarme con una mujer igual, me estaba enamorando de mi tita.

Mientras hacíamos todo esto estábamos sentados, al final para facilitar las cosas, colocando la camiseta sobre la hierba, Laura se tumbó y yo continué. Mi tita me acariciaba el pelo y apretaba mi cabeza contra su cuerpo. Fui besando cada vez más abajo, mi lengua jugueteó en su vientre, sobre el ombligo, sacándole unas cosquillas que le hicieron reír y temblar.

Por fin alcancé su cintura y el cierre de sus vaqueros, se los abrí y ella levantó el culo para que se los pudiese bajar un poco. Le dejé el culo al aire, de nuevo, iba sin ropa interior. Su coño se abría ante mí, a la luz del día me resultaba más apetecible. Me sonreí por todo, ella me vio y no se pudo resistir a comentarlo.

-      Era por ir conjuntada, nada arriba y nada abajo -yo no dije ni pio, pensando solo en que me iba a comer ese coño de nuevo-. Ya sabes lo que tienes que hacer, despacito y con buena letra.

De día, en mitad del rio, me puse a devorar a mi tita allí donde mejor sabía. Todavía me daba alguna indicación, si bien yo recordaba todo lo que me había dicho el día anterior. Mi lengua recorría su raja, de arriba abajo, luego separaba sus labios y la metía. Con mi pulgar de mi mano derecha masajeaba su clítoris que se iba endureciendo poco a poco.

Esta vez, seguramente gracias también a las circunstancias, conseguí por mí mismo que mi tita empezase a respirar profundo y a gemir bajito. Le estaba dando gusto, su mano volvía a jugar en mi pelo, apretándome contra sí.

-      Para ya, métemela.

Tiró de mi pelo para que le mirase a la cara, asentí a su orden. Me eché sobre mi tía, me abrí los pantalones y saqué mi polla. No estaba del todo duro, pero sus manos y un buen morreo me dejaron listo. Al notarme duro, Laura, me guio hasta que se la clavé. Su humedad y sus entrañas abrazaron mi rabo apretándolo, acababa de empezar y era mi mejor polvo.

Empecé a moverme sobre ella y mi tita debajo de mí. Al principio los movimientos eran sutiles, prácticamente solo frotábamos nuestros cuerpos. Poco a poco el ritmo aumento y yo cargaba con fuerza, Laura se agarraba a mis caderas acompañando mis embestidas. Los dos gemíamos y nos comíamos la boca hasta que escuchamos un ladrido.

Nos bloqueamos, inmóviles por un segundo, después yo cubrí a mi tía con mi cuerpo quería evitar que le viesen. Me quedé así un minuto y ella empezó a reírse en mi oído.

-      Ha sido lejos tonto -me mordió el lóbulo.

-      Joder me he cagado -reí con ella.

-      El perrito me ha dado una idea, levántate.

Le hice caso, me levanté y esperé a que ella cambiase de postura. Se bajó los vaqueros hasta las rodillas, se colocó a cuatro patas ofreciéndome el culo.

-      Dale, como un par de perros.

Me enganché a ella, con una rodilla hincada en la hierba y la otra pierna doblada. Empecé a darle con fuerza desde el primer momento. A petición suya cayeron un par de azotes en su culo perfecto. Esa postura, con el dominio que me daba, mi tita acentuando las embestidas con un gemido gutural y el morbo de toda la situación me llevaron a explotar sin control. Me corrí parte dentro y algo fuera, sacándola rápido, manchándole la espada a mi tita. Gruñí de gusto y algo de cabreo, me jodió correrme antes que ella, quería que llegásemos juntos en plan peli romántica.

Mientras recuperábamos el ritmo de respiración normal, mi tita me pidió que le limpiase. Me pasó un pañuelo de papel y eliminé los chorretones de leche que le había dejado en la espalda. Al acabar me levanté y oteé el horizonte, para asegurarme de que estábamos solo. Ella seguía a cuatro patas, desnuda de las rodillas para arriba, llevándose los dedos al coño y moviendo las caderas a un ritmo hipnótico. El orgasmo que yo no había sido capaz de darle se lo dio ella misma.

Satisfecha se llevó los dedos, aquellos que salían de donde se mezclaban nuestros fluidos a la boca. Se relamió y exageró un gesto de deleite mirándome directamente a los ojos. Luego se volvió aponer la camiseta, se recolocó el pantalón y se quedó sentada en la hierba. Me senté a su lado, los dos habíamos recuperado la compostura.

-      ¿Te ha gustado? -le pregunté inseguro.

-      Sí -me acarició la mejilla, su mano conservaba la humedad de su saliva-. Pero la próxima vez será mejor, estoy segura.

De un nuevo beso, uno más profundo.

-      Si no hiciese tan fresco podíamos quedarnos aquí toda la tarde.

-      ¿Tan seguro estás de que no va a venir nadie?

-      Sí, hoy están todos en la campa frente a la universidad vieja.

-      ¿Y eso?

-      Pues porque la semana que viene empiezan los novatos, y la siguiente los veteranos ya tenemos que ir.

-      Son novatadas entonces.

-      No, para eso queda. Es beber porque sí, en realidad no hace falta un motivo.

-      ¿Vas a ir? -le miré y todo mi ser decía “no, quiero estar contigo”-. Imagino que si no fuese por mí irías.

-      Habría ido, pero para tomar un par de cachis y estar con estos.

-      Lo que hace que no me tomo uno de esos, ¿vamos? -ahora mi cara era de sorpresa.

-      No sé, va a estar plagado de niñatos y…

-      Y no quieres que te vean con tu vieja tita.

-      No, que va si me ven contigo lo único que les va a dar es envidia.

-      Razón de más, vamos y me presentas como a tu novia.

Se levantó sin darme lugar a replica y empezó a desandar el camino. Mientras regresábamos al centro convenimos en que yo me pasase por casa para pillar un par de chaquetas, la noche refrescaría y los cascos. Así podía recoger mi ciclomotor de donde lo dejé aparcado tras la amable invitación del policía local, ya ni me importaba aquello.

De esta forma mi tita me esperó donde me habían parado, yo hice frente a mi padre que estaba quemado, me la sudaba, y expliqué a mi madre que llegaría tarde. Medio a hurtadillas me metí en el cuarto de invitados y rebusqué en la maleta de mi tía, hasta encontrar una cazadora vaquera, me pareció que eso le quedaría bien, aunque no soy nada bueno para los temas de ropa. Escondiendo su prenda bajo la mía y con los dos cascos dejé la casa.

Nos reunimos, ella se calzó su chaqueta, era más corta de lo que parecía y le daba un look de MILF total. Yo con una sudadera me monté a los mandos, al agarrárseme Laura, de paquete sentí ganas de arrancar y escaparnos juntos.

Me conformé con un breve trayecto hasta la zona de tapeo, donde picamos algo antes de pasarnos por el botellón. Tampoco era plan llegar muy pronto, había chateado con mis colegas e iban a pasarse sobre las nueve. Nosotros alternamos hasta las nueve y media, charlamos de todo y llegamos a conocernos mejor. Inconscientemente mi actitud para con mi tía se volvió la típica de novios. 

Me hice a la idea de presentar a Laura a mis colegas como mi novia, iban a flipar. Llegamos a aquella campa mal iluminada donde casi quinientas o seiscientas personas, agrupados de cinco en cinco, bebían, charlaban y escuchaban cada uno su música favorita.

Con mi tía de la mano me abría paso hasta llegar a mis colegas, saludé a algún conocido por el trayecto y me fijé en que se les iban los ojos a mi acompañante. Al final di con mis amigos Daniel y Javito, el primero se había traído a su primo pequeño. Les saludé con un abrazo y me dispuse a hacer las presentaciones cuando Laura se me adelantó.

-      Hola chicos, soy Laura la tita de Marcos -la sorpresa de mis amigos fue mayor que si hubiésemos seguido el plan de fingir ser novios, que para mí ya no era un teatrillo-. Dadme dos besos chicos, que no muerdo.

Con las presentaciones hechas y mi tita dueña de la situación de nuevo Daniel nos sirvió algo de beber. Allí charlando con mis colegas Laura desplegaba todos sus encantos. Casi en cada frase colaba un doble sentido que arrancaba sonrisas cómplices. Se mantenía muy recta y mostraba su figura con algún exagerado gesto. Así fue mi tita desplegando una red de seducción, que atrapó a mis dos amigos y al primo de Daniel, Jorge.

Estuve algo celoso durante todo el juego, sobre todo mis preocupaciones se proyectaban en Javito. Dani es un chico normal, como yo, de metro setenta y poco, guapete y delgado. Ahora bien, Javi, es un rompe-bragas. Un tío alto y fuerte, que se machaca en el gimnasio, de visita bimensual a la peluquería y que por todo esto y yo qué sé más siempre se lleva al huerto a todas las chicas.

Así que allí me encontraba yo a la defensiva viendo los ojitos de cordero de Daniel y Jorge, frente a los de lobo de Javito. Mi tía tenía una mirada aún peor que la de este último, podía desarmarnos a cualquiera con un guiño.

Cuando se había tomado un par de cachis, yo solo uno que luego tenía que coger la moto, mi tía pidió algo más fuerte:

-      Con esto no me voy a coger el pedo, ¿no hay nada más? -paseó su mirada por los cuatro hasta detenerla en Javito.

-      Hombre, tengo yo aquí esto -sacó una botella de ron.

-      Me encanta el ron -lo dijo con tono lascivo, al menos a mí me lo pareció.

-      Ten -sacó un vaso de plástico para echarle.

-      Trae para acá.

Mi tía agarró la botella y bebió un trago a morro. Mis amigos le corearon llamando la atención de algunas personas cercanas. Yo me mantenía tenso hasta que me agarró el culo y me lanzó una sonrisa pícara. Con aquella muestra de complicidad me conseguí relajar y disfrutar un poco.

El tiempo pasó volando y no miré la hora, pero era tarde cuando mi tía preguntó dónde podía ir a mear. Le indicamos donde iba todo el mundo, detrás de una tapia para dar a la pared trasera de un polideportivo municipal. Para allá se fue, al poco, también se marchó Javito. Yo ni me enteré, estaba hablando con Dani.

-      Joder, como está tu tía.

-      Cuidado con lo que dices.

-      Hombre, ya sabes que perro ladrador poco mordedor. Pero vamos que pedazo de madurita, ¿tiene novio?

-      Sí, bueno creo que algo tiene -estaba pensando en mí para ese puesto.

-      Joder que suerte tiene que tener, y que desgracia se le viene encima.

Puse cara de no entender y con la mano que sujetaba el vaso Dani señaló a Javito. Se le distinguía entre la multitud por lo alto que es, había alcanzado a mi tita e iban hablando. La idea que me pasó por la cabeza fue la misma que a mi amigo, me excusé de Daniel y Jorge y salí tras la pareja.

Con algún empujón, que me terminaban devolviendo, logré salir del gentío. Pero había perdido de vista a Javito y a Laura. Me fui hacia la zona que usaba la gente de retrete esperando encontrarles. Llegué a la tapia y contra la pared del polideportivo, a unos veintitantos metros reconocí a Javi. No había ni una farola que funcionase en ese trozo. Tuve que forzar la vista hasta localizar a mi tía, al menos eso creía.

Estaba en cuclillas mirando hacia mí como a un metro de Javi que, mirando hacia la pared, estaban haciendo lo suyo. Se tenían que estar viendo el uno al otro con perfecta claridad, de hecho me pareció que hablaban. La sangre me hervía, lo que empeoró cuando ella se levantó y se acercó a él. Ahora sin duda hablaban y algo aún peor que eso, ella le acariciaba el pelo y su otra mano no estaba a la vista. Javito movió la cabeza de lado a lado vigilando si les veían. Cuando se aseguró, o al menos creyó hacerlo, empezó a meterle mano. 

Estaba seguro de que le estaba haciendo una paja mientras ella le dejaba sobarle las tetas. Me cabreé y me encaminé hacia ellos. Demasiado tarde, Javito le cogió de las caderas y le puso contra la pared. En un momento mi amigo empezó a culearle, yo avanzaba con el puño apretado, haciéndome daño en la mano. Alguien con quien me crucé me cogió del codo y me detuve.

Mi tita me miraba con una sonrisa, estaba allí frente a mí. Me besó en los labios, y me dijo al oído.

-      Cuando acabes nos vamos, tus papás ya estarán dormidos.

Asentí, fingí que estaba perfectamente calmado y que iba a mear. Tras perder el tiempo un rato volví con el grupo, me reí al pensar que Javito ya había ligado y se había calzado a una de buenas a primeras, también de mi loco ataque de celos. Nos despedimos de mis colegas y volvimos a casa.

Intentamos cruzar la casa sin hacer ruido, pero mi tita Laura iba un peor que yo y soltaba risas tontas de tanto en cuanto. Yo iba delante, la casa a oscuras, ella agarrada a mi culo, decía que para no chocarse con nada. Así íbamos hasta que llegamos a la cocina, mi madre salía con un vaso de agua, al vernos nos echó una mirada de basilisco.

-      ¿De dónde venís?

-      De tomar algo hermanita, tranquila -contestó mi tía riéndose.

-      Mira como viene, con cuarenta años…

-      Mamá no pasa nada, ya nos vamos a dormir.

Seguimos camino y fingimos ir cada uno para nuestro cuarto, mi madre nos vigilaba desde el salón. Esperé para que se fuese de vuelta a la cama un buen rato y me colé en el cuarto de invitados, mi tía estaba completamente desnuda sobre la cama. Me tumbé como pude a su lado y empezamos a besarnos.

Volvimos a hacerlo, esta vez ella se subió sobre mí. Me cabalgó al ritmo que quiso, guio mis manos donde le apeteció, y llegó al orgasmo tumbándose sobre mí y ahogando sus gemidos mordiendo mi hombro izquierdo.

-      Vete a tu cuarto, que mañana seguro se pasa tu padre a hacerme una visita.

-      No, no quiero que te vuelva a tocar.

-      Si te quedas aquí nos matan a los dos, vete anda. Solo será una mamada, no es gran cosa.

-      No, duerme tú en mi habitación y yo aquí, así mañana cuando venga con las mismas le largo.

-      No sé si va a funcionar, pero vale.

Se levantó y salió desnuda para mi cuarto, yo me quedé tumbado viendo su culo alejarse. También me pareció ver una sombra en el pasillo, no le di importancia. A la mañana siguiente cuando mi viejo apareció, yo me desperté al oír que abría la puerta, se quedó cortado. Para terminar de largarle solté un bostezo exagerado, entreabrí los ojos y le pregunté.

-      ¿A dónde vas papá?

-      A ver que tal habías llegado anoche.

-      De puta madre, apenas tomé un cachi, ya me levanto.

-      Bien -miró alrededor-, estás en el cuarto de tu tía -señaló lo obvio y reí.

-      Donde acerté, igual bebí algo más.  

Me levanté, en calzoncillos y le miré con cara de sueño. Sin saber dónde meterse se largó. Yo me fui al salón y me senté a ver la televisión, eran las siete de la mañana de un domingo, no ponían nada bueno, pero así hacía guardia para que mi padre no se acercase a mi tía.

Más tarde ese día los dos tuvieron una charla, eso me contó mi tita, en que ella le dejó claro que lo suyo se había acabado. Parecía cierto porque mi viejo se pasó el día de un humor de perros y dejando caer pullas a mi tía cada dos por tres. Mi madre estuvo excepcionalmente callada, incluso en algún punto apoyó a mi padre cuando increpaba a Laura sobre el tema del trabajo.

Esa noche, de domingo a lunes, nos la tomamos con calma, no hicimos nada, y a la mañana siguiente mi padre no apareció. Yo salí a correr y al volver me junté con mi tita en el baño, jugueteamos un poco hasta que se abrió la puerta.

-      ¡Dios mío!

Gritó mi madre al ver cómo le comía las tetas a mi tía mientras ella me pajeaba.

Continuará

P.S.

Muchas gracias por el apoyo a la primera parte. Aquí tenéis la segunda entrega y pronto os traeré la tercera. Me tenéis a vuestra disposición aquí y en mi mail. Un saludo.

HijodelNorte


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